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Full text of "Anales de la Sociedad Científica Argentina"

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ANALES 



DE LA 



SOCIEDAD científica 

ARGENTINA 



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MÁY 

Director :,- Ingeniero EDUARDO AGUIRRE 
Secretarios : Agrimensor Alejandro Foster y señor FÉLix'-ft--OoifiS.r__ 

REDACTORES 



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Ingeniero doctor Valentín Balbin, ingeniero Ángel Gallardo, señor Juan B. Am- 
brosetti, ingeniero José S. Corti, ingeniero Santiago E. Barabmo, doctor Pedro 
N Arata ingeniero Federico Birabén, doctor Eduardo L. Holmberg doctor 
Roberto Weruicke, doctor Raimundo Wilmart, ingeniero Nicolás de Chapiroü, 
ingeniero Benito J. Mallol, ingeniero Carlos Paquet, ingeniero Miguel Iturbe, 
ingeniero Vicente Castro. 

ENERO-FEBRERO 1901. — ENTREGA I -4^*0 M O LI 



PUNTOS Y PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN 

LOCAL DE LA SOCIEDAD, CEVALLOS 269, Y. PRINCIPALES LIBREF 
Por raes • $ ™/ii i Oí 



Por año • 

Número atrasado. 



' JI/L12 1926 



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— para los socios » 

La suscripción se paga anticipada 



BUENOS AIRES 

IMPRENTA Y CASA EDITORA DE CONl HERMANOS 
684 — CALLE PERÚ — 684 



1901 



JUNTA DIRECTIVA 



Presidente Ingeniero doctor Manuel B. Bahía. 

Vicc-Presidente r Doctor Eduardo L. Holmberg. 

Id. 2° Señor Enrique Chanourdie. 

Secretarlo de actas Señor Luis Miguens. 
— correspondencia Ingeniero Arturo Prins. 

Tesorero Ingeniero Ignacio Aztiria. 

Bibliotecario Señor Luis Curutchet. 

Ingeniero doctor Marcial R. Candioti. 

Ingeniero doctor Carlos M. Morales. 

'pte Qnei ingcnicro Arturo M. Lugones. 
Vocales Ingeniero Eleodoro A. Damianovich. 

Agrimensor Cristóbal M. Hicken. 

Ingeniero Armando Romero. 

Ingeniero Sebastián Ghigliazza. 
Gerente Señor Juan Botto. 



índice de la presente entrega 



JcAN B. Ambrosetti. Rastros etaográficos, comunes en Calchaquí y México 5 

E. Hf.buero Ductoux. Aluminotérniica 15 

Primera reunión del Congreso Científico Latino-Americano. Terminación de sus 

tra bajos 18 

Fu)fti!NTiNO Ameghino. L'áge des formations sédimentaires de Patagonie fsuite) . . 20 
G. r.oRTAUn. Análisis micrográfico de los aceros al carbono. Traducción de E. He 

rrero Ducloux (continuación) 40 

Biiii.iocRAFíA : Hariot, LísIc dfi phanérogiimes el criptogames vasculaires récol- 
tées h la Terre-de-Feu par MM. Willems et Rousson. — Revista do Museu 
Paulista.— NEfjF.R, Beitrag zur Kenntnnis der Phyllaclinia.— Negrr, Uredineae 
et Ustilageneae Fuegianae a P. Dusen collectae 46 



ANALES 



DE LA 






b-V It.i , 



ANALES 



DE LA 



SOCIEDAD científica 

ARGENTINA 



Director .-.Ingeniero EDUARDO AGUIRRE 
Secretarios : Agrimensor Alejandro Foster y señor Félix F. Outes 



TOMO LI 



Pmnaer^ semestr-e de 1901 



BUENOS AIRES 
IMPRENTA Y CASA EDITORA DE CONI HERMANOS 

— CALLE PERÚ — 684 

1901 



RASTROS ETNOGRÁFICOS 

COMUNES EN GALGHAQUÍ Y MÉXICO 
Por JUAN B. AMBROSETTI 



En uno de mis paréntesis á los esludios Calchaquíes, emprendí 
la lectura de la primera parte de la obra : México á través de los 
siglos, que contiene el magistral trabajo arqueológico del señor 
Alfredo Chavero. 

Muchísimos datos he encontrado en ella, que bien pueden servir 
de jalones á las grandes invasiones precolombianas de los pueblos 
de Sud América. 

Desde que empecé á publicar mis Notas de arqueología Calcha- 
qui (1), he insistido en la similitud de algunos objetos j costumbres 
de nuestros valles con los de los indios de Nuevo México ; es decir, 
los llamados genéricamente Pueblos, tales son : los fetiches ani- 
males, el peinado de moño, etc. 

Anteriormente Lafone-Quevedo (2) y Ten-Kate (3), habían notado 
otro tanto como en los Zemes, la muerte de la alfarería por perfo- 
ración, lo que he encontrado también en una pipa de esteatita, 
etc., etc. 

Para explicarme el simbolismo de las urnas funerarias, estu- 



(1) Boletín del Instituto Geográfico Argentino, 1896 á 1899, 

(2) On Zemes fron Catamarca. American Antropologist, 1891. 

(3) Rapport sommaire sur une excursión archéologique dans les provinces de 
Catamarca, Tucuman et de Salta. Revista del Museo de La Plata. Tomo V, pági- 
na 329 y siguientes. 



6 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

diando sus figuras antropo y zoomorfas casi siempre, con exclusión 
del sol y predominio en cambio de la serpiente, he tenido que va- 
lerme de la leyenda pre-incásica del norte del Perú, es decir, de la de 
Catequil y Piguerao (1), en una palabra, el culto del rayo y el true- 
no general en toda la región oeste del continente americano, y co- 
nocida en muchas de sus ramificaciones y representaciones por la 
del pájaro de la tormenta ó Thunder Bird. 

Nuestros Calchaquies, estudiados en minucioso detalle, nada 
tienen de peruanos, y mucho menos de los de la época incásica, y 
si algunos rastros hallamos comunes á ellos, creo que deben refe- 
rirse á una época muy anterior; á la de las grandes invasiones 
continentales. 

El Calchaquí tiene más del Ay mará que del Quichua, y este idioma 
que aún se habla en la República Argentina, es de importación post- 
colombiana, y fué introducido por los yanaconas que venían con 
los españoles y divulgado por aquellos entre los Calchaquies sub- 
yugados, á lo que contribuyeron también mucho los misioneros 
venidos del Perú, los que á su vez lo habían aprendido en los Cole- 
gios del Cuzco y Lima. 

Esto mismo he tratado de demostrarlo en otro trabajo (2), y día 
á día se acumulan nuevas pruebas que confirman estas afirma- 
ciones . 

El señor Chavero jalona algunos puntos de una gran invasión 
Norte-Sur de los Nahoas, y estos Nahoas parecen haber sido los 
antecesores de los Pueblos de Norte América, con quienes tanta 
similitud tienen los Calchaquies. 

Dejemos la palabra al señor Chavero (3) : 

« Ya hemos dicho como los nahoas, á pesar de proceder de la 
región oriental, se vieron obligados á ocupar la cordillera que de 
norte á sud atraviesa nuestro continente inclinándose á la parte 
occidental, de manera que mientras por el lado oriental quedan 
grandes y extensas llanuras, en el del Pacífico es verdaderamente 
una lengua de tierra que se extiende desde la parte más septen- 
trional hasta Perú y Chile. Siendo esta zona, entre la cordillera y el 



(1) Ambrosetti, Divinidad Catequil (?). Notas de Arqueología Calchaquí, n" 
XII. 

(2) Los Incas no dominaron la región Calchaquí. Notas de arqueología, etc., 
n° XVIII. 

(3) México á través de los siglos, página 107. 



RASTROS ETNOGRÁFICOS COMUNES EN CALCHAQUÍ T MÉXICO 7 

Pacífico, la de la raza nahoa, digámoslo así, comprenderemos 
cómo en los primeros tiempos se extendió por ella hasta el Perú ; 
pero cortada en diferentes lugares por sucesos posteriores, la en- 
contramos ya localizada en la parte noroeste entre los grados 23 y 
38, extendiéndose, según algunas opiniones, hasta el 42. Ningún 
territorio podía ser más á propósito para el desenvolvimiento de la 
raza, pues de dicho grado 42 hasta nuestra frontera, se ensancha 
la zona, abrazando las magníficas llanuras que forman hoy la Ne- 
vada, Utah, Nuevo México y Arizona, comprendiendo además el 
riquísimo país de California. Este país era más importante en 
aquellos tiempos y más propicio á las costumbres agrícolas de los 
nahoas; pues, por los estudios que del terreno se han hecho, se 
ha conocido que antes había en él caudalosos ríos y depósitos de 
agua que debieron fertilizarlo grandemente; pero la parte más 
importante de aquella región fué, sin duda, la que pertenece á 
nuestro actual territorio y comprende Sonora y Sinaola. Toda la 
región era el Chicomoztoc » . 

Más adelante, en la página 247, vuelve á tratar de la dispersión 
geográfica de las primeras emigraciones nahoas é indica el porqué 
del aislamiento de varios de sus grupos á causa de la intromisión 
de los quichés. 

Volvamos á oir al señor Cha vero (1) : 

« Veamos que deducciones podemos sacar de estos hechos. Pri- 
mera, que antes de que las invasiones dividieran al territorio en 
diversos pueblos y la lengua en diferentes dialectos, hubo una gran 
nacionalidad que se extendió desde el Istmo, por la costa del Pací- 
fico, hasta llegar al Michuacán y colindar con los chichimeca ; se- 
gunda, que aquella raza bajaba en esos primeros tiempos más al 
sud, casi hasta llegar al Perú, pero que fué cortada por la quiche, 
como lo comprueban los popolocos que quedaron aislados por la 
parte de Guatemala; y tercera, que aquellos pueblos se habían 
formado de las emigraciones nahoas hacia el sur, pues, que sus 
lenguas, á pesar de las muchas modificaciones que sufrieron en el 
transcurso de no pocos siglos, conservaron su carácter polisilábico 
y cierta analogía con el nahoa, siendo bastante notable en el tarasco 
de Michuacán ». 

Después, y esto es de suma importancia, establece la distribución 



[1) Página 247. 



8 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

geográfica del aimará, ligándolo con el chapaneco ó mangue de 
Chiapas; y da la explicación de esas grandes sacudidas que del 
Perú llegaron hasta Nicaragua, y que, según suponemos nosotros, 
serían la continuación de las invasiones del Tucumán y Collasuyo 
al Perú, engrosadas en su marcha por otras naciones, y de las que 
nos habla Montesinos en sus memorias (1). 

He aquí el dato del señor Chavero (2) : 

« Pues bien, el huabe tiene gran analogía con el nagradan de 
Nicaragua, y lo mismo sucede con el chapaneco; á su vez, por los 
estudios de M. Brinton, sabemos con certeza que el chapaneco ó 
mangue de Chiapas es hermano del mangue de Nicaragua, y este 
lo es del aymará del Perú. Ya ahora nos explicamos perfectamente 
la tradición conservada por Remesal y la emigración de los qui- 
chés. 

« Por guerras y conmociones que hubo hacia el Perú, y que alcan- 
zaron á Nicaragua, los habitantes de esta región, siguiendo al pa- 
recer la costa oriental, penetraron en los valles del Usumacinta y 
continuaron hasta el Istmo en donde fueron detenidos por los tza- 
poteca, de donde resultó que fuese destruida la civilización palem- 
kana ; que el pueblo antiguo se refugiase en la costa de Zakloh- 
pakab y que los quichés bajaran á Ixinché á fundar un nuevo 
reino. Viene á ser confirmación de esto que lo mismo se encuentran 
chontales al sud de Nicaragua que en las costas del Potonchan y 
elXicalanco, lugares en que Chontal significa extranjero. Ya hemos 
dicho que probablemente esta invasión tuvo lugar en el siglo xi. » 

Ahora bien, ya tenemos dos grandes invasiones inter-continen- 
lales, en la región oeste, que abarcan la enorme zona entre las 
sierras de Córdoba ó quizas, desde Mendoza hasta el norte de 
México. Un estudio serio y comparativo de las innumerables ins- 
cripciones sobre rocas (petroglyfos) que se hallan esparecidas en 
todo ese trayecto, quizás más adelante, nos dé alguna clave que nos 
descifre mejor sus itinerarios. 

Además, la enorme cantidad de hachas de -piedra pulida con 
surco, de un tipo común, que podemos llamar occidental, y que en- 
contramos en la región oeste de la República, tan parecidas, por no 
decir iguales, á las del hemisferio americano norte, de las que 



(1) Memorias antiguas historiales del Perú, capítulos 8, 11, 13 y 14, cuyos 
extractos lie dado bq mi trabajo sobre la Divinidad Catequil (?). 

(2) Página 417. 



RASTROS ETNOGRÁFICOS COMUNES EN CALCHAQUÍ Y MÉXICO 9 

tantos ejemplares ha publicado ya, en su hermosa serie de volú- 
menes, el Bureau of Ethnology. La dispersión geográfica del culto 
de la serpiente, símbolo del rayo, su representación iconográfica 
con plumas ó trazos flamíjeros tan abundantemente representada 
en todos los objetos calchaquíes y pueblos; y el rol que aún des- 
empeña este animal en las prácticas supersticiosas de esos pueblos 
de Nuevo México, para pedir agua. La leyenda pre-incásica de los 
hermanos Catequil y Piguerao, esos héroes meteorológicos, provis- 
tos de armas celestes, que luchan con las nubes, y salvan la tierra 
sedienta haciendo producir la lluvia, y cuyos rastros creo haber 
hallado en Calchaquí, se halla también en una forma parecida 
entre los Pueblos, primando sobre todas ; como la de los hermanos 
Ma'asewe y TJyuuyewé, nacidos también de una virgen y del sol 
entre los Indios Sia (1); y la de los hermanos de la Iliada Zuñi, 
que el sol creó por sí mismo y á quienes dio entre otras cosas un 
arco y una flecha (el arco iris y el relámpago), héroes también 
meteorológicos (2), algo nos pueden probar al respecto. 

Si alguien pudiera observar la inmensa área de dispersión que 
se fija á estas viejas razas invasoras, no debe de olvidar la no me- 
nos inmensa porción de Sud América que abarca la raza guaraní, 
la que, está fuera de duda, se extendió desde el mar Caribe y mu- 
chas de sus islas hasta las puertas mismas de la ciudad de Buenos 
Aires. 

A medida que aumenten los estudiosos de la arqueología y etno- 
grafía americana, y sobre todo estudiosos desapasionados y sin 
ideas preconcebidas y que hagan sus observaciones ñi süu, muchas 
cosas y datos se han de descubrir que arrojarán más luz sobreesté 
asunto importante. 

Por mi parte, sin mayores pretensiones y simplemente como 
datos, doy los siguientes, que, en lo que se relaciona con los Cal- 
chaquíes, han sido publicados ya en su mayor parte, en un trabajo 
inserto en estos mismos Anales, con el título de Costumbres y 
supersticiones de los valles Calchaquíes de Salta (3). 

Se trata de algunas prácticas supersticiosas iguales á otras me- 



(1) The Sia, by Matilda Coxe Stevenson. ElevenLh annual Report of the Bu- 
reau of Ethnology, 1889-90. pág. 43 y sig. 

(2) Zuñi fetiches by Franck Hamilton Cushing, en el Second Annual Report 
of the Bureau of Ethnology, 1880-81, pág. 13. 

(3) Tomo XLI, año 1896, pág. 41 y sig. , 



10 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

xicanas, que indudablemente, quieren decir algo más que curiosas 
coincidencias. Estas son : 

1° El lavatorio del viudo ó de la viuda, en la muerte de su con- 
sorte. 

2° El perro, para ayudar al viaje del muerto. 

3* El buscar el espíritu de los niños. 






En los valles Calchaquíes (Departamentos de Molinos y Cachi), 
cuando una persona casada muere, ocho días después se procede 
al lavatorio. 

En esta ceremonia intervienen todos los parientes y amigos. 

La noche anterior velan las ropas del muerto sobre una mesa ó 
en el suelo, colocándolas de modo que representen una forma hu- 
mana. 

Al día siguiente, bien temprano, se dirigen todos hacia el río ó 
arroyo más próximo, llevando, si el muerto ha sido un hombre, su 
caballp ensillado, el perrito y demás objetos que le pertenecieron, 
sin olvidar las ropas, el a,lrado, la pala, en una palabra todo lo que 
en vida usó. 

Si es mujer, á sus ropas agregan : el huso^ el peine, los lizos y 
demás piezas del telar, ollas y demás objetos que le pertenecie- 
ron. 

Una vez en el arroyo, los parientes y amigos empiezan el lavato- 
rio, lavando primero el viudo ó viuda, bañándola bien, lavándole 
después la cabeza, para recién peinarla, pues desde la muerte del 
consorte no se ha podido tocar, ni arreglar el cabello. 

Lavan después los demás útiles minuciosamente; y al caballo 
después de haberlo tuzado y compuesto, lo largan. 

Al perrito, en cambio, le dan bien de comer y después lo ahorcan 
y entierran junto al sitio del lavatorio. 

En México, nos dice el señor Chavero (pág. 120), que los misio- 
neros encontraron la siguiente costumbre, la que, con justo motivo, 
llamó su atención : « cuando moría el marido ó la mujer, cojían 
al viudo ó á la viuda y cubriéndole el rostro con una manta, luego 
que celebraban los funerales del difunto, lo llevaban con gran prisa 
cil río y allí lo zambullían tres veces en el agua, con el rostro hacia 



RASTROS ETNOGRÁFICOS COMUNES EN CALCHAQUÍ Y MÉXICO 11 

el oriente, repitiendo tres días la ceremonia. Después lo ponían en 
una casa cerrada por todas partes durante ocho días, y no había 
de comer carne, ni pescado, sino pinole ó izquitle, y no le había 
de ver ninguno de sus parientes ». 

Como se ve no puede haber dos costumbres más iguales, el lava- 
torio del viudo se hacía después de los funerales, lo que equival- 
dría más ó menos á los ocho días, como en el valle Calchaquí. 

Lo del encierro del viudo tiene también su equivalente en nues- 
tros valles, y una forma de ello, se puede considerar en las ceremo- 
nias del cabo de año de la muerte del consorte ; en esa época y á la 
vuelta del pueblo más próximo, donde han hecho rezar una misa 
por el alma del finado, la viuda se encierra y los parientes se sien- 
tan afuera de la casa rodeándola, conversando en voz baja, mas- 
cando coca, bebiendo chicha ú otra bebida, hasta las doce de la 
noche, hora en que la viuda aparece derrepente, vestida de rojo ó 
cualquier otro color vivo, para indicar así que se ha despojado del 
luto, lo que da margen á que los parientes abandonen su compos- 
tura y den principio al baile, que se sigue hasta el otro día, en 
medio de sendas libaciones. 

Entre los Indios Sia (1), de Nuevo México, también tienen una 
costumbre parecida. Si el marido muere, la mujer es bañada 
después del entierro por una de las mujeres de su clan. 

Esta operación se hace para que el viudo quede aliviado de gran 
parte de su dolor, y su tristeza se reduzca á lo más mínimo po- 
sible. 

Cuando muere la esposa, el marido es bañado por una mujer de 
su propio clan. 

El baño ó lavatorio del viudo ó viuda entre los Zuñi se hace por 
una razón diferente (la autora no dice por qué). 

Cuando muere una criatura, el padre y la madre son bañados, 
pero la criatura no se baña si algunos de sus padres muere (2). 



(1) The Sia by Matilda Coxe Stevenson (Mortuary Customs, pág. 145), en 
Eleventh Annual Report of the Burean of Ethnology, 1889-90. 

(2) E[ texto inglés es el siguiente : If a husband dies the wife is bathed after 
the buí'ial by a female member of her clan, this is done that the one remaining 
niay be cleaused of much of sorrovo and be only a little sad. Wen a wife dies 
the husband is bathed by a female member of his clan. The bathing of the remai- 
ning husband or wife ¿n Zuñi is done for a very different reason. When a child 
dies boih the paternal and maternal parents are bathed; but children are not 
bathed when a parent dies. 



42 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Esta coslubre de bañar a] viudo, que persiste aún en estos días 
en pueblos tan separados, pero que dadas las condiciones de aisla- 
miento en que viven, hace que se conserve, es un dato de suma 
importancia que hay que tener en cuenta, para que, agregándolo á 
los otros escasos queja hemos descubierto, nos desvíe de la cómoda 
senda de atribuirlo todo á meras casualidades, y nos haga ver 
siquiera algp claro, en el laberinto de las invasiones prehistó- 
ricas. 






En México, el viaje de los muertos nos suministra otro dato de 
sumo interés, y es el que se refiere á la ayuda del perrito para lle- 
gar á la segunda mansión ó Mictlán, una de las cuatro que consti- 
tuían sus regiones de ultratumba y á donde iban los que morían 
de enfermedad natural. 

El viaje se efectuaba, según el señor Chavero (pág. 106), del si- 
guiente modo : 

« Para llegar á la segunda mansión llamada Mictlán, en que rei- 
naban Mictlántecuhtli y Mictláncihuatl, tenían que hacer los muer- 
tos un largo viaje. Le explicaremos siguiendo el orden de la pin- 
tura geroglífica. 

« El muerto había de pasar primeramente el río llamada apano- 
huaya. Necesitaba para atravesarlo del auxilio de un perrillo, techi- 
chi. Para esto hacían llevar al difunto un perrito de pelo bermejo, al 
que ponían al pescuezo un hilo flojo de algodón. Contaban que 
cuando el difundo llegaba á la orilla del apanohuaya, si el perro lo 
conocía por su amo, lo pasaba á cuestas nadando, y que por eso los 
naturales criaban á este efecto dichos perrillos ; lo que hacían con 
los de color bermejo, pues los de pelo blanco ó negro, no pasaban 
el río/porque el de pelo blanco decía : yo me lavé, y el de pelo ne- 
gro : estoy manchado. 

«Esta leyenda propular acredita su origennahoa, pues, en México 
había sólo el perro üzcuintli, y el techichies el precioso perrillo con 
pelo de nuestra frontera, conocido por de chihuahua. » 

Ahora bien, el perrito que los Calchaquíes, aún hoy día, ahorcan 
y entierran en la ceremonia del lavatorio del viudo, tiene por objeto 
para que su alma sirva de cabalgadura al alma del muerto en su 
viaje de ultratumba. 



RASTROS ETNOGRÁFICOS COMUNES EN CALCHAQUÍ Y MÉXICO 13 

La descripción de ese viaje no he podido conseguirla, creo que 
deben de haberla perdido ja con la influencia cristiana, puesto que 
que ellos dicen : que el muerto va allá arriba ó al cielo; pero la 
práctica de hacer acompañar al alma del muerto por el alma del 
perro para que le sirva de cabalgadura (1), esa queda j se conser- 
vará aún durante mucho tiempo. 

En una tumba del oeste de Molinos, que contenía seis cadáveres, 
encontré el esqueleto de un perro; actualmente lo está estudiando 
el profesor doctor Nehring, de Berlín, j de su especie podremos 
saber algo pronto. 

Esta segunda coincidencia, entre ambas costumbres funerarias, 
vale la pena de que no pase desapercibida. 



* * 



El doctor Ed. Seler, en su trabajo sobre La Magia en el antiguo 
iV/eícico (2), habla de otra costumbre muy curiosa, que tiene su 
equivalencia en el valle Calchaqus, y es la que se refiere al extravío 
del tonallió alma del niño, ó pérdida del espíritu. 

Dice el doctor Seler : El mirar al agua era otra práctica muy en 
voga. Jacinto de la Serna refiere que en casos de grave enfermedad 
en un niño, y cuando se sospechaba haberse extraviado el tonalli, 
es decir la dicha del niño, como lo traduce el autor, su espíritu 
protector, ó como también podría traducirse : el alma del niño ; se 
solía sostener el cuerpo de la criatura sobre una fuente de agua con 
la cara hacia abajo; si el reflejo de esta última era obscuro, debía 
temerse por la vida de la pequeña enferma, pero siendo claro, la 
enfermedad no era de consideración. 

Una de las creencias que entre los actuales calchaquíes me lla- 
maron más profundamente la atención, fué la del alma doble, á una 
de las cuales que llaman espíritu, tiene la facilitad de perderse ó 
abandonar á las personas, sobre todo á los niños. 

Las madres, para que sus hijos no pierdan el espíritu, los fu- 
migan con basuras que han recogido en los cuatro ángulos de la 

(1) Hay que notar que los ríos en Calchaquí no son para ser pasados á nado. 

(2) Traducción bajo este título en la revista El Siglo XX. Tomo I, n" 2, Buenos 
Aires, 1900. 



14 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

casa, y que arrojan sobre una pequeña fogata, después de rezar un 
Credo . 

Otras, no contentas con esta operación, todas las tardes á la ora- 
ción, hacen recorrer por otras chinas, los lugares por donde han 
andado las criaturas durante el día, con el objeto de que llamen á 
gritos á sus respectivos espíritus á fin de que^ por casualidad, no 
vayan á quedarse perdidos por allí. 

Los gritos que dan son los nombres de las criaturas. 

Compárese esta pérdida del espíritu calchaquí, con el extravío 
del tonal li mexicano. 






Dejo al lector los comentarios; pero al terminar me pregunto 
una vez más ¿es posible ser indiferentes antes estas coincidencias, 
y atribuir todo simplemente á la obra de la casualidad, ó se deben 
considerar ya de una vez como producto de algún antiquísimo con- 
tacto entre nuestras tribus andinas (calchaquíes), y. esas otras del 
hemisferio norte llamadas nahoas, pueblos, etc. ? 



Noviembre 1900. 

Juan B. Ambrosetti. 



ALUMINOTERMICA 

POR E. HERRERO DUCLOUX 



Bajo este nombre se comprenden las nuevas aplicaciones del 
aluminio, presentadas en la Exposición Universal de Paris del 
año pasado; se trata de obtener con él metales puros y elevadas 
temperaturas. 

A Meissau y Alelou'is se deben las primeras experiencias de este 
género y su explicación teórica, y á Goldschmidt, fabricante de 
productos químicos, la aplicación industrial de los fenómenos de 
la aluminotérmica. 

El principio general puede explicarse así : 

Siendo considerable el calor de formación de la alúmina, debe 
poseer el aluminio — en virtud del principio del trabajo máximo — - 
un poder extraordinario para reducir un gran número de óxidos 
metálicos, es decir, todos aquellos cuyo calor de formación es 
inferior al de la alúmina. 

En este caso se hallan los óxidos de hierro, nickel, cobalto, 
cromo y manganeso. 

Goldschmidt ha experimentado sobre el óxido de hierro y h.a 
establecido que si en una mezcla de este cuerpo y aluminio en 
granos se provoca por un artificio cualquiera la reacción, ésta se 
propaga en la masa entera. Como artificio empleó; un pico de 
Bunsen con el cual calentaba la masa de un punto cualquiera y 
luego sustituyó este medio por una mezcla de peróxido de bario y 
aluminio en polvo. 

El peróxido de bario abandona fácilmente su oxígeno al contacto 
de la llama de un fósforo y se tiene : 

3Ba02 4- 4 Al = SAFO^ -f 3Ba. 



16 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Iniciada así la reacción en una nnezcla de óxido de hierro y 
aluminio, se obtiene finalmente : 

Fe^03 + Al = A1203 + Fe2. 

Para realizar la experiencia se puede operar en un crisol, haciendo 
una mezcla íntima de estos cuerpos, etc., en las preparaciones que 
las ecuaciones químicas determinan; en el centro de la superficie 
superior se pone una pequeña cantidad de la mezcla bario-alunrinio, 
se enciende ésta y toda la masa entra en fusión. 

Si se deja enfriar el crisol y se rompe se hallará alúmina en la 
superficie y en el fondo un botón de hierro que se desprende 
fácilmente del crisol. 

El método ha sido ya aplicado á un gran número de óxidos y 
entre ellos deben citarse los de nickel, cromo y manganeso, cuyos 
precios soportan p^fectamente los gastos que exigen los procedi.- 
mientos aluminotérmicos. 

Tratándose de la fuerza de los productos obtenidos, debe hacerse 
notar que supera este método al del horno eléctrico, puesto que este 
último produce solamente metales carburados destinados á ser 
purificados por operaciones ulteriores, mientras que la alumino- 
térraica da metales puros, siendo puros los cuerpos que se mezclan. 

Cuando se somete al método de Goldschmidt el óxido de cromo, 
se obtiene un corindón colorado en rosa por el cromo que lleva el 
nombre de corubi señalado por el mismo autor. 

Refiriéndonos á la obtención de elevadas temperaturas, debemos 
señalar entre las aplicaciones la soldadura de rieles. 

He aquí como se procede : se reúnen los rieles á soldar por 
tirantes de tornillo, se adapta un molde de hierro alrededor de la 
soldadura, y se reviste el molde con la arena empleada comunmente 
para este objeto. Por otra parte, se prepara en un crisol refractario 
(recubierto interiormente de magnesia para impedir la disgregación 
de los silicatos que lo constituyen) la cantidad necesaria de termita, 
mezcla de óxido de hierro y aluminio, se inicia el fuego y se vierte 
la masa fundida en el molde. 

La temperatura que se alcanza es suficientemente elevada para 
ablandar los extremos de los rieles; y al cabo de algunos instantes, 
basta obrar sobre los tirantes para producir la soldadura por 
presión. Enfriada la masa, algunos golpes de martillo bastan para 
desprender la capa de hierro que rodea la soldadura gracias á 



ALUMINOTÉRMICA 17 

una ligera costra de alúmina interpuesta entre aquél j los rieles. 

Fundándose en el ntiismo principio, se ha conseguido soldar 
tubos y rectificar piezas metálicas. 

Entre los metales obtenidos por la aluminotérmica figuran el 
cromo, el manganeso, el nickel, el cobalto, el niobio y el oxidulo 
de vanadio que resiste á ser reducido y que sólo ha podido ser 
obtenido como tal V^O. 

Como compuestos del mismo origen citaremas el ferroboro, el 
cobre manganífero, el ferrotilano y el corubí de que hemos hablado. 

Estos son, á grandes rasgos, los resultados obtenidos en este 
moderno método metalúrgico que abre á la industria nuevos 
horizontes de una importancia considerable. 



AN, SOC. CIENT, ARG. — T. Ll 



PRIMERA REUNIÓN 



CONGRESO CIENTÍFICO LATINO-AMERICANO 



TERMINACIÓN DE SUS TRABAJOS 



Los señores Samuel A. Lafone Qiievedo y Félix F. Outes encarga- 
dos por el comité ejecutivo del Congreso Científico Latino-Americano 
para reunir, coordinar j correr con la publicación de los materiales 
correspondientes á la sección de ciencias antropológicas y socioló- 
gicas que forman el tomo V de los resultados de ese brillante 
certamen, han dado cima á sus trabajos con la publicación del 
mencionado tomo. 

De los 22 estudios presentados en dicha sección han sido elimi- 
nados todos aquellos cuyos autores resolvieron publicarlos sin 
esperar la aparición del volumen correspondiente. 

Encabeza el tomo el resumen del estudio del profesor Pedro 
Scalabrini, Demostración filológica de los conocimientos de los 
Indios. Luego sigue una erudita investigación del señor Daniel 
Barros Grez sobre la palabra gaucho, origen probable de este nom- 
bre y su significación. 

La raza pampeana y la raza guaraní ó los indios del Rio de la 
Plata en el siglo XVI, por el señor Samuel A. Lafone Quevedo, es un 
detenido estudio de etnografía comparada de la región austral de 
este continente. 

El señor Florencio de Basaldúa ofrece una Contribución al estu- 
dio de la prehistoria é historia de la nación Eskalduna. 

El guaraní y los cuá itd ó tucumbó pokintang. Piedras escritas é 



PRIMERA REUNIÓN DEL CONGRESO CIENTÍFICO LATINO-AMERICANO 19 

hilo anudados se titula un curioso trabajo del señor Carlos Honoré. 

Daniel Barros Grez trata de descifrar en una ingeniosa monogra- 
fía la inscripción americana prehistórica del cajón del Alto Tingui- 
ririca en Chile, 

El señor Guido Boggiani presenta un detenido estudio de lin- 
güística sudamericana sobre los idiomas Payaguá y Machicuí. 

Los primitivos habitantes de San Juan, los Huarpes, son objeto 
de estudio especial por el señor Desiderio Segundo Aguiar, termi- 
nando el interesante tomo con una paciente investigación biblio- 
gráfica del señor Carlos Prince sobre Libros doctrinarios en idiomas 
y dialectos índicos-peruanos. 

Pueden estar satisfechos los iniciadores del Congreso Científico 
Latino-Americano del hermoso resultado obtenido, pues es alen- 
tador que, á pesar de tratarse de una primera reunión en la que 
indudablemente había que tropezar con inconvenientes, puedan 
presentarse cinco gruesos volúmenes de comptes-rendus. 



L' AGE 

DES 

FORMATIONS SÉDIMENTAIRBS DE PATAGONIE 

Par florentino AMEGHINO 

(Siiüe) 



CONNEXION AVEC L AFRIQUE 

Nous avons vu que des le crétacé supérieur, la Patagonie possé- 
dait une faune d'ongulés conslituée par des types assez variés, 
faune qui n'étail pas venue de rAmérique du Nord qui était alors 
séparée de l'Amérique du Sud. Le continent australien est aussi hors 
de question puisqu'il n'a jamáis eu d'ongulés. D'un autre cote on 
ne peut douter que les ongulés sud-américains ont une origine 
commune avec ceux des autres continents. D'oü sont-ils done 
venu? 

On a supposé que l'Amérique du Sud a regu sespremiers ongulés 
par la voie de l'Afrique a travers l'aneien continent antarctique 
(Lydekker, 61 , pages VI, 85 et passim) mais plus haut nous avons 
vu que l'Antarclica est antérieure á Tépoque de la grande dispersión 
des ongulés. 

D'apres M. Arthur Sraith Woodward, l'Amérique du Sud doit 
avoir regu sa faune de mammiféres de la méme región inconnue 
d'oü sont sorties les faunes de Puerco et de l'eocéne inférieur de 
l'Amérique du Nord (1) .Cela non plus neparait pas probable puis- 
que les types du crétacé de Patagonie sont indisputablement plus 

(1) 66, Smith Woodward, Arthur., Outlines of Vertébrate Palaeontology, 
p. 429, a. 1898. 



l'AGE des FORMATIONS SEDIMENTAIRES DE PATAGONIE 21 

anciens que ceux du Puerco el de caracteres plus généralisés. Ce 
que probablement a conduil aux paléontologistes á considérer la 
fannede Puerco comme tres primitive, c'estla transition apparente 
qu'on y observe entre les ongulés et les soi-disant Créodontes de la 
méme formation, de sorte qu'ils sont embarrases pour en definir 
les limites. On a eru que cela indiquait qu'on étaitprés de la souche 
d'oíi se seraient diversifiés les oogulés et les carnassiers primitifs 
(Créodontes), tandis que la véritable interprélation me parait tout 
autre. La plupart des soi-disant Créodontes de la faune de Puerco 
(Chriacus, Protochnacus, Oxyclaenus, Claenodon, Tricentes, Triiso- 
don, etc.), n'ont pas de reiation avec les véritables Créodontes ; ees 
formes doivent étre considéreos comme des ongulés primitifs qui 
s'étaient adaptes a un régime carnassier, les dents ayant repris en 
conséquence d'une maniere plus ou moins complete la forme tran- 
chante qu'elles avaient chez leurs anciens prédécesseurs, les 
Microbiotheridés. II en est de méme des soi-disant Primates 
(Indrodon), rongeurs (Mixodectes) et édentes primitifs {Hemiganus, 
Onychodectes) de la méme faune. Les types reslants sont tous 
évidemment plus spécialisés que les formes corresponda ntes de 
Patagonie. Les Neoplagiaulax, Polymastodon, etc., de la faune de 
Puerco sont des animaux beaucoup plus spécialisés que n'importe 
quel autre Diprotodonte de Patagonie. Les véritables Créodontes de 
la faune de Puerco (Dissacus, iHdymictis), sont plus spécialisés et 
plus éloignés des Marsupiaux polyprotodontes que les Sparasso- 
dontes de Patagonie. Les ongulés de la méme faune sont aussi plus 
spécialisés que les formes correspondentes de la formation guara- 
nienne de Patagonie. 

Puisqu'on trouve tous les types primitifs de mammiíéres dans 
le crétacique de Patagonie, c'est-á-dire dans une formation beau- 
coup plus ancienne que celle de Puerco, je ne vois pas la nécessité 
de placer le berceau des mammiféres tertiaires dans une región 
inconnue. 

Ce n'est qu'en Patagonie qu'on trouve des ongulés primitifs dans 
les mémes formations crétaciques contenant des nombreux poissons 
et reptiles mésozoiques de types tres variés, Nous en concluons 
done que c'est en Patagonie, que c'est dans TAmérique du Sud 
qu'onl pris origine les ongulés, et que de ce continent ils se sont 
disperses sur les autres contrées de la terre. 

Cetle dispersión, d'aprésce que nousavons vu plus haut, n'ayant 
pu s'accomplir ni a travers l'Antarctica, ni par l'Amérique du Nord, 



22 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

il faut admettre qu'elle s'est effectuée a traversTAtlantiquesurdes 
Ierres aujourd'hui disparues qui meltaient en connexion la partie 
oriéntale de FAmérique du Sud avec l'Afrique occidentale. 

Cette ancienne connexion dont aujourd'iiui on peut démontrer 
l'existence d'unefagon tres evidente, existait probablement déjá á 
partir des temps paléozoiques, du moins si Ton en juge par la 
flore fossile identique que l'on trouvedepuis le centre de l'Argentine - 
et dans l'Afrique raéridionalejusqu á dans linde. D'áprés Neumayr 
l'Afrique et l'Amérique du Sud étaient unies pendant les temps 
mésozoiques etcette unión est clairement indiquée par la présence de 
quelques reptiles d'une conformalion particuliére qu'on les a trouvé 
fossiles dans le Brésil meridional (Stereopternuin) et dans l'Afrique 
du Sud (Mesosaurus) dans des couches supposées d'áge triasique 

Selon M. H. v. Ihering cette connexion a persiste jusqu'á une 
époque géologique relativement récente ; il soutient que pendant le 
crétacé et le commencement de l'eocéne, il y avait un grand conti- 
nent qui s'étendait de ouest a est depuis TAmérique du Sud jusqu'á 
rinde, comprenant l'Afrique et auquel il donne le nom d'Archelo- 
nis, L'existence de ce continent est démontrée par la distribution 
géographique de deux familles de poissons d'eau douce, les Chro- 
midés et les Characinidés, dont les espéces, en nombre considera- 
ble, on ne les trouventque dans l'Amérique tropicale, dans l'Afrique 
(Madagascar inclus) et dans l'Inde. En outre, l'auteur porte a 
l'appui de sa thése de nombreux cas semblables pris chez d'autres 
familles de poissons, dans les reptiles, les mollusques, etc. (Voir 
49, pages 3 á 8 ; 50, pages 438 et passim ; 46, etc.). M. Lydekker 
aussi fait mention d'un nombre considerable de cas de distribution 
géographique pris dans toutes les classes des vertebres, et que 
l'on ne peut expliquer qu'á l'aide d'une ancienne connexion de 
l'Afrique avec l'Amérique du Sud (61 , pages 1 28 á 1 34). 

Pour que la faune crétacée de mammiféres ait pu passer en 
Afrique suivant la route de l'Archelenis, il faut admettre que la 
Patagonie etle Brésil n'étaient alors qu'une terre continué córame 
aujourd'hui ; pour constater que cette émigration réellement a eu 
lieu, nous allons signaler des faits bien précis et d'une interpréta- 
tion bien facile. 

Les anciens mammiféres patagoniens, pour que sous des formes 
plus ou moins modifiées aient pu arrivés jusqu'á l'Amérique du 
Nord, ont du passer, premiérement en Afrique, d'Afrique en Euroa- 
sie, et d'ici, dans l'Amérique septentrionale. Tous certainement 



L AGE DES FORMATIONS SEDIMENTAIRES DK PATAGONIE 23 

n'ont pas parcourucelterouted'un boutál'autre, mais si la théorie 
est exacte nous devons constater : 1° l'exislence d'une serie de mam- 
miféres de dispersión incompléte, qui n'étant pas arrivés ál'Améri- 
que du Nord doivent étre limites á l'Amérique du Sud, i'Afrique et 
l'Euroasie, ceux de l'ancien continenl devant étre les plus récents ; 
2" l'existence de groupes de mammiféres representes a la fois dans 
TAmérique du Sud, en Afrique ou j]uroasie et dans l'Amérique du 
Nord ; dans ees groupes leurs représentants sud-américains doivent 
étre apparu les premierset les nord-américains^ les derniers. 

II est vrai que nous ne connaissonsabsolument rien des mammi- 
féres du tertiaire ancien de I'Afrique, mais cá que nous savons de 
ceux de l'Amérique du Sud et d'Euroasie nous sert de poin t de repaire 
pour restaurer le passé du continent noir. Tout groupe qui étant 
fossile en Euroasie dans le tertiaire el qui se trouve aussi dans 
le crétacé de l'Argentine, doit avoir existe en Afrique pendan t 
l'eocéne. 

Ló connexion entre I'Afrique et l'Amérique du Sud cessa á la fin 
du crétacé ou au commencement de l'eocéne, pour reparaitre, 
quoique d'une maniere plus incompléte, á la fin de l'oligocéne et 
dans le raiocéne ancien ; de celte deuxiéme connexion je m'en occu- 
perai plustard; ici je ne vais rappeler que les faits concernant 
la connexion ancienne. 

Dans la premiére serie, nous avons. 

a) Les Edentés, á notre époque repandus en Araérique, en Afri- 
que et dans l'Asie méridionale. Dans l'Argentine on les Irouvent 
des le crétacé inférieur; íossiles en Euroasie a partir de l'eocéne 
mnyen, n'apparaissent dans l'Amérique du Nord qu'á la fin du 
miocéne, mais non commedes immigrants venus d'Euroasie, sinon 
de l'Amérique du Sud, sur le pont qui venait de surgir. TI y adéjá 
quelques années que M. Lahille a expliquée la distribution géo- 
graphique des édentésau mojen d'un continent qui autrefoisreliait 
I'Afrique á l'Amérique du Sud (1). 

6) Les insectivores á dents triangulaires comme les Chrjsochlo- 
ridés, les Centetidés et les Potamogalidés, qui habitent I'Afrique, 
sans représentants connus, ni actuéis ni fossiles, ni dans l'Euroa- 
sie, ni dans l'Amérique du Nord. On les trouvent fossiles en Pata- 
gonie oú ils sont representes par les Necrolestidés, un représentant 

¡1) 67, Lahille, F., Contributions a Vétude des édentés a bandes mobiles de 
la République Árgentine, in 4°, p. 6, a. 1895. (Anal. Mus. La Plata). 



24 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

du méme groupe, le genre. Solenodon vivant encoré á Cuba. M. 
Lvdekker avait déjá reconnue la concordance entre la párente de 
toutes ees formes et leur distribution géographique (61 , pages 70-7 1 ) 
quoique il n'en explique pas la cause. 

c) Les Hyracoídes(Damans) aujourd'hui confinés dans l'Afrique 
oriéntale et méridionale el dans le sud-ouest de l'Asie. Fossiles 
dans EuroasJe et en Patagonie, Pas de vestiges dans l'Amérique du 
Nord. En Patagonie ils apparaissent dans le crétacé supérieur et 
en Euroasie dans le miocéne supérieur. Avant la découverte des 
Hyracüídes de Patagonie (Archaeohyracidae), M. Noack (1) a re- 
connuque les plus proches parents des Hjracoídes, c'étaient les 
Tjpothéres, ce que d'aprés lui indiquait une ancienne connexion 
entre l'Afrique et l'Amérique du Sud. 

Dans la deuxiéme serie, nous avons. 

a) Les carnassiers primitifs, Sparassodontes et Créodontes, au- 
jourd'hui complétement disparus; fossiles dans l'Amérique du 
Nord, en Euroasie et dans l'Amérique du Sud. Les Sparassodontes 
qui sont ceux de caracteres plus généralisés et ceux qui s'éloignent 
davantage des carnassiers placentaires, sont limites á l'Amérique 
du Sud ; on les trouvenl en Patagonie a partir du crétacé supérieur. 
Les Créodontes qui sont plus prés des carnassiers récents, appa- 
raissent dans l'eocéne ancien d'Euroasie et de l'Amérique du 
Nord. 

b) Les Pedimanes (Didelphvdés et Microbiothéridés). Actuéis et 
fossiles dans les deux Amériques. Sans représentants vivants sur 
l'ancien continent; fossiles en Europe. En Patagonie on les trouvent 
a partir du crétacé inférieur; ils apparaissent en Europe dans 
l'eocéne supérieur, peut-étre dans l'eocéne moyen, et dans l'Amé- 
rique du Nord dans l'oligocéne supérieur pour disparaitre dans le 
miocéne ancien. Les üidelphydés actuéis de l'Amérique septentrio- 
nale sont des immigrants venus de l'Amérique méridionale a l'épo- 
que pliocéne sur le pont qui venait de surgir. 

cj Les Rongeurs hystricomorphes sont aussi décisifs. A notre 
époque ils habitent les deux continents, mais ils sont plus nom- 
breux dans l'Amérique du Sud et en Afrique ; on les trouvent fossi- 
les dans l'Amérique du Sud, en Euroasie et dans l'Amérique du 
Nord. En Patagonie on les trouvent a partir du crétacé supérieur 

(1) 68, Noack, T., Neue Beitráge zur Kenntniss der Sáugethier. Fauna von 
Ostafrica, in Zool. Jahrb., 1894, p. 523-535. 



l'aGE des FORMATIONS SEDIMENTAIRES DE PATAGONIE 25 

(faune pyrotherienne); ils n'apparaissent en Euroasie que dans 
I'eocéne supérieur et prennent un granel développemenl pendant 
l'oligocéne. Dans l'Amérique du Nord ils n'y sonl penetré qu'á 
répoque pliocéne venant de l'Amérique du Sud sur le méme pont 
que lesDidelphydés et les édentés. M. Tycho Tullberg, dans son 
grand ouvrage tout récent, sur les rongeurs (1), par Télude de 
la distribution géograhique et géologique de ce groupe de rongeurs 
arrive aussi á la conclusión que l'Atrique et TAmérique du Sud 
élaient uiiies á la fin de l'époque mésozoíque. 

d) Les Prosimiens : á nolre époque ne sont representes qu'en 
Afrique, dans TAsio du sud-est et les iles adyacentes ; fossiles dans 
la Patagonie, en Afrique, dans l'Euroasie et dans PAmérique du 
Nord. En Palagonie on les trouvent en plein crétacé avec la faune 
du Notostylops; en Euroasie ils apparaissent dans I'eocéne ; dans 
l'Amérique du Nord font défaut dans les faunes eocénes plus an- 
ciennes de Puerco etTorrejon. II faut en outre remarquer que les 
plus proches parents des Notopithécidés crétacés de Patagoniesont 
les Adapidés de I'eocéne d'Europe ; ees deux groupes sont aussi les 
prosimiens qui se rapprochent davantage des ongulés primitifs de 
Patagonie (Protypothéridés et Isoteranidés). 

e) Les ongulés du sous-ordre des Ancylopodes, tous complét,e- 
ment disparus ; on les connaít fossiles en Patagonie, en Europe et 
dans l'Amérique du Nord. En Patagonie ils apparaissent dans le 
crétacé inférieur, deviennenl tres abondants dans le crétacé supé- 
rieur et ne disparaissent que dans I'eocéne supérieur ou dans l'oli- 
gocéne. En Europe ils apparaissent dans I'eocéne supérieur et 
disparaissent avant la fin du miocéne. Dans l'Amérique du Nord 
ils n'apparaissent que dans le miocéne et n'arrivent pas au plio- 
céne. 

/) Le sous-ordre des ongulés Condylarlhres, aujourd'hui complé- 
tement éteint. En Patagonie ils apparaissent deja parfaitement 
constilués {Didolodus, Amgh., 1897 = Polyacrodon, Roth, 1899) en 
plein crétacé au-dessous de couches á Synecliodus, Lepidotus, 
Ceratodus, etc. En Europe et dans TAmérique du Nord on ne les 
trouvent qu'á partir de I'eocéne ancien. Tout récemment M. Osborn 
a mit en doute l'existence de véritables Condylarthresen Europe (56, 
pages 10-11). Pourlant, tout en acceptant les critiques de Schlos- 

¡1) 69, Tycho Tullberg., Uber das system der Nagethiere. Eine Phylogene- 
tische Studie, p. 491, a. 1899. 



26 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ser (I) comme élant correcles, il reste toiíjours un genre d'Eger- 
kingen qu'on n'a pas encoré pu séparer de Euprotogonia, le 
rapprochement avec les Primates n'étant pour le moment qu'une 
insinuation. Tout en acceptant aussi que les Pleuroaspidolheridae 
puissent se rapporteráun autresous-ordre(56,pñge 10), il resterait 
toujours le Conaspidotherium Ameghinoi Lemoine (2) =-Plesipliena- 
codus Remensis Lemoine (3) de la base del'eocéne de France dont 
la relation avec le Phenacodus de Peocéne moyen de TAmérique du 
Nord et avec le Dtdo/oí/ws da crétacé de Palagonie paraít inatta- 
quable. 

g) LesProboscidiensetleursprédécesseursdiiectslesPyrothéres. 
Les Proboscidiens sont limites aujourd'hui á l'Afrique el l'Asie 
méridionale ; á l'état fossile on les trouvent en Afrique, dans l'Eu- 
roasie et dans les deux Amériques. Les plus anciens Proboscidiens 
sont les Pyrothéridés du crétacé supérieur de Palagonie. En Euroasie 
ils apparaissent dans le miocéne moyen, peut-étre dans le miocéne 
inférieur solis la forme de Dinotherium, et nepénétrentdans TAmé- 
rique du Nord sous la forme de Mastodon qu'á la fin du miocéne; 
de la sont descendus vers le sud, pour arriver dans TArgentinc au 
commencernent du pliocéne. 

La distribution géologique et géograpliique de lous les groupes 
dont je viens de faire mention, prouveni avec une évidence complete, 
que leur point de départ c'esl 1 Amérique du Sud, que d'ici ils onl 
passé en Afrique, d'ici en Euroasie, et d'Euroasie dans l'Amérique 
du Nord, d'oíi quelques uns sont descendus vers le Sud, revenant 
une autre fois á leur point de départ quoique complétement 
changés. 

J'ai tracé le chemin parcoiiru par celle ancienne émigration, 
pour la premiére fois en 1897, dans 30, 43 et 10. Dans celle der- 
niére publication, je disais : 

« Les grandes émigrations des types sud-américains se sont réa- 

(1) 70, SCHLOSSER, Max., Bemerkungen zu Rütimeyefs eocaene Sáugethier- 
welt von Egerkingen, in Zool. Anzeiger, n° 446, a. 1894. 

;2j 71, Lemoine, Víctor., Étude d'ensemble sur les dents des mammiféres 
fossiles des environs de Reims, in Bull. Soc. Géol. de France, 3" ser., t. XIX, 
pag. 265, 275-276, Planche X, fig. 30* et 30% a. 1891. 

Í3) 72, Lemoine, Víctor., Étude sur les conches de l'eocene inférieur rémois 
qui contiennent la faune cernaysienne et sur deux types nouveaux de cette 
faune, in Bull. Soc. Géol. de France, t. XXIV, p. 343-344, pl. XIV, fig. 2, 3 et 
4, a. 1896. 



l'aGE des FORMATIONS SÉDIMENTAIRES DE PATAGÓN lE 27 

lisées par l'Aírique d'oü ils sont passés en Asie3 et en Europe, d'ici 
dans l'Amérique du Nord, quelques iins ayant continué leur 
migration vers le sud jusqu'á atleindre le poinl de (Jépart oú ils 
sont arrivés complétemenl transformes au point de n'étre presque 
plus reconnaissables. » 

« Les Pyrotheridae peuvent nousfournir un exemple tres frappant 
de cetle migration á travers les continents et les ages géologiques. 
Oes animaux constituent indisputablement la souche des Pro- 
boscidiens qui n'apparaissent dans Tancien continent qu'á partir 
du miocéne sous la forme de Dtnotherium. Les Pyrotheria doivent 
élre passés en Afrique vers la fin du crétacé ou au commencement 
du tertiaire et se sont transformes graduellement en Dwotherium ; 
c est sous cette forme qu'iis gpparaissenl en Asie et en Europe 
pendant le miocéne moyen. Le Dinotherium ou une forme voisine 
s'est transformé en Mastodon et en Elephas, genres que Ton Irouve 
dans tout Tancien continent et sont passés aussi dans TAmérique 
du Nord, le Mastodon vers la fin du miocéne et V Elephas au commen- 
cement du Pliocéiie. Ce dernier genre n'a pas dépassé l'Amérique 
céntrale, mais \e Mastodon, continuant sa migration vers le sud, 
passa risthme de Panamá qui venait de surgir et envahissant 
l'Amérique du Sud arriva pendant Tépoque pampéenne dans l'Ar- 
gentine, son point de départ sous la forme de Pyrotlierium, quand 
ses ancélres étaient deja disparus de ce continent depuis plusieurs 
apoques géologiques. C'est la méme route que suivirent aussi les 
anciens Notohippidae et les Sparassodonta pour arriver a leur point 
de départ sous la forme de chevaux (Equidae) et de carnassiers 
(Carnívora). C'est aüssi la méme route suivie par les rongeurs hys- 
trif'omorphes et les Didelphys (Microbiotheridae), avec la seule 
différence qu'aprés ce long voyage, en arrivant á leur point de 
départ, ils retrouvérent leurs fréresqui avaienl prosperé et s'étaient 
multipliés d'une maniere considerable. » 

^< D'aprés ees nouvelles idees, c'est l'ancien continent qui aurait 
fourni successivement les faunes mammalogiques de l'Amérique 
du Nord, et s'il en est ainsi, cliacunedeces faunes doit étre un peu 
plus moderne que oelle correspondante d'Europe. Ces faunes, 
successivement cantonnées dans l'Amérique du Nord, continent 
qui n'était pas encoré en communication avec l'Amérique du Sud, 
se sont spécialisées donnant origine aux formes les plus étranges. 
Pour ce qui regarde a la plus ancienne de ces íaunes, celle des 
couches de Puerco, sa spécialisation a été portee á un si liaut degré 



28 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

qu'elle est disparuepar extinction de la maniere la plus complete' 
íi'ajant laisséabsolument aucun descendant. » (Ameghino, 10, pag. 
416-417, a. 1897). 

Ces idees ont paru pas mal hardies, voire méme paradoxales ; 
mais, la premiére impression passée, elles ont fait du chemin. Des 
naturalistes comme Tullberg qui s'est occupé spécialement de 
Télude de la distribution géographique des mamraiféres, admet 
l'existence d'anciennes migrations de l'Amérique du Sud á FAfrique 
(69, page 491-492). Des paléontologistes comme Osborn qui na- 
guére encoré considérait l'Amérique du Nord comme le centre de 
dispersión des maramiíéres, croit aujourd'hui que l'Afrique a été 
le centre de dispersión de plusieurs groupes de mammiféres qui 
ont passé successivement en Euroasie et dans TAmérique du Nord 
arrivant quelques unsjusqu'á l'Amérique du Sud (56, pages 56 á 
59) ; il ne lui reste á reconnaítre que l'ancienne migration de 
l'Amérique du Sud á l'Afrique. 

Le jour que Ton reconnaitra le chemin du cercle immense par- 
couru par les mammiféres crétaciques de Patagonie tel que je Tai 
reconstruit n'est certainement pas bien loin. 

Comme dans le cas de l'Australie et derAmeriqueduNord,peut- 
on déterminer d'une maniere assez precise á quelle époque a cessé 
la communication terrestre entre l'Afrique et l'Amérique du 
Sud? 

Les antécesseurs des Proboscidiens, les Pyrothéres du crétacé 
supérieur de Patagonie n'ont pas passé au tertiaire inférieur de la 
méme región ; on peut done en conclure qu'ils ont dú passer en 
Afrique á la fin du crétacé avant le coraraencement du tertiaire. 
D'un autre cóté nous avons un aulre groupe d'ongulés, celui des 
arliodactvles, tres abondanls en Afrique et en Euroasie, lequel 
quoique descendant des anciens Condjlarthres de Patagonie, il s'est 
certainement constitué dans l'ancien monde oíi ses débris íossiles 
sont innombrables ; on les trouvent déjá en abondance dans l'eocéne 
mojen et plusrarement dans l'eocéne inférieur. Aucun Artiodactyle 
n'a penetré dans l'Amérique du Sud avant le raiocéne, car on n'a pu 
en rencontrer aucun vestige dans lesformations tertiaires anciennes 
de Patagonie, et nous en concluons que la connexion avec l'Afrique 
s'est interrompue tout á fait au sommet du crétacé, avant la for- 
mation du groupe desongulés artiodactjles. 



l'age des formations sédimentaires de patagonie ^y 

FORMATION CENOZOIQUES Oü TERTIAIRES 

DÉTERMINATION DE l'aGE DES FORMATIONS TERTIAIRES 

Pendant les temps mésozoiques, les provinces zoologiques, sur- 
toulceiles de la faune marine, n'étaient pas si Iranchées qu'á Tere 
lertiaire; souvenlles genreset mémequelquesespéces, s'étendaient 
surpresque toute la face de la terre. La corrélation et le synchro- 
nisme des formations mésozoiques des différentescontrées est ainsi 
relalivement facile á établir. Ce sont surtout les céplialopodes 
qu'on utilise pour la distinction des étages. Avec Tere tertiaire les 
céphalopodes ont dispara et les provinces zoologiques se sont accen- 
tuées. Chaqué región de la terre ajant alors une faune distincte, il 
en resulte que la corrélation et le synchronisme est assez facile á 
établir pour les couches d'une méme región, mais tres difficile pour 
des couches de régions tres éloignées. 

Pour la détermination de Táge des formations tertiaires on n'uti- 
lise presque exclusivement queles mollusques ; une conche étant 
donnéeon juge déla place géologique qu'elle doit occuper selon 
Texistence ou l'absence de quelques formes, et aussi d'aprés les 
affinités que les espéces paraissent présenter avec d'autres formes 
de couches connues et dont Táge est fixé. Cette méthode, excellente 
pour reconnaítre les horizons des contrées déjá bien connues au 
point de vue géologique et paléontologique, je la considere comme 
étant de peu de valeuret tres arbitraire pour corrélationner les cou- 
ches d'une región inconnue avec cellos d'une región connue mais 
tres éloignée. Diré, par exemple, qu'une forraation ne peut-étre 
mioceno parce que le genre x on ne le rencontre que dans le plio- 
céne ; ou le genre y n'est qu eoceno, etc., non seulement ce n'est 
pas une raison scientifique, mais c'est aussi clore la porte aux 
investigations sur les époques d'apparilions et disparitions des 
espéces, des genres et méme des familles. Je me rappelle d'avoirlu 
il n y a pas longtemps un passage de l'éminent paléontologiste M. 
Álbert Gaudry, dans lequel il dit que les recherches recentes des 
paléontologistes aboutissent surtout á reculerTantiquité de presque 
tontos les formes ; cela est une grande vérité. La présence de cer- 



30 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

lains genres dans un horizon géologique d'Line región, ne veut pas 
diré que les ménnes genres ont du nécessairement habiter les autres 
régions de la Ierre á la naénne époque. Un type dispara dans une 
región peut avoir continué á exister dans une autre ; une forme 
qui dans une contrée n'apparaít qu'á une certaine époque, peut 
avoir vecu bien avant dans des régions plus ou moins éloignées. II 
est inutiie que j'en cite des exemples car ils sont Irés nombreux et 
tres con ñus. 

La raéthode de juger l'áge des formations tertiaires d'aprés les 
aftinités des espéces, quand il s'agit de contrées éloignées et sans 
points de repére innmédiats, est aussi incertaine. Cetle méthode 
s'appui sur uneerreurdeia plus claire évidence, celui desupposer 
qu'une espéce a du vivre parlout á la mérae époque, ne lenant pas 
comple des émigrations des étres pendant les époques géologiques ; 
pourtant, ees émigrations ont fait apparaitre des espéces identiques 
ou tres ressemblantes dans des formations d'époques souvent tres 
différentes. Cette maniere de juger iaisse trop de liberté personnelle 
ce qui fait qu'elle se préte a Tarbitraire. Les formations eogénes 
conliennent des espéces a affinités crétacées, et d'autres a affinités 
neogénes, ou encoré vivantes; cela étant un fait reconnu, c'est 
naturel qu'on peut vieillir ou rajeunir une íormation selon les 
appréciations personnelles des auteurs, c'est-á-dire selon qu'ils 
prétenl plus d'attention et d'importance, soit aux espéces d'aspect 
anclen, soit a celles d'aspect moderne. 

Si avec cette méthode on ne peut pas avoir de certitude dans la 
déterraination de Táge et le synchronisme des formations, on ne 
peut pas non plus déterminer l'áge relatií des différentes formations 
d'une ménne contrée géologiquement peu connue et éloignée des 
régions qui pourraient servir de point de repere. Aux raisons raen- 
tionnées plus haut, il faut ajouter que la science malacologique 
n'est pas encoré assez avancée pour que d'aprés l'examen d'un 
certain nombre d'espéces, on puisse en déterminerl'ágerelatif sans 
en connaítre les procédences géologiques. 

La preuve de toutes mes assertions se trouve dans les opinions 
extremes que l'on a émi sur l'áge géologique des formations du 
lertiaire ancien de Patagonie. Je vais diré seulement quelques 
mots des résultats de MM. Ortmann et Hatcher a ce sujet. M. Ort- 
mann, un malacologiste des plus distingues, a étudié les coquilles 
fossiles recueillies par Hatcher en Patagonie, pour en tirer des 
indications sur l'áge des formations. Dans les premiers íravaux 



l'AGE des FORMATIONS SÉOIMENTAIRES de PATAGONIE 31 

(1897), d'aprés les coquilles les couches fossiliféres du patagonien 
et du santacruzien sont déterminées comme élanl respeclivement 
eocénes et miocénes (12, pages 337-338). En 1899, les mémes cou- 
ches, jugées d'aprés les mémes fossiles, et par les mémes auleurs, 
devientient oligocénes et miocénes ! (2, pages 99 á 104). En 1898, 
M. Ortmann, d'aprés les mollusques fossiles, considere le tertiaire 
lignitifére inférieur de Punta Arenas comme étant au-dessous du 
Patagonien el le refere a Teocéiie (1), donnant a l'ensemble de ees 
couches le nom de « Magelianian beds». L'annéc aprés le méme au- 
teur insiste sur l'áge eocéne et sur l'antériorité de ees couches sur 
cellespatagoniennes; en outre il trouvequebeaucoup de formes pré- 
sentent des affinités avec des espéces crétacées (2). Presque aussitot, 
ees mémes cauches, considérées eocénes, toujours jugeant d'aprés 
les mémes fossiles, deviennent de l'eocéne supérieur et de l'oligo- 
céne! (2, pages 97-99). Au chronométre géologique á criterium 
changeant selon les besoins de la cause il faut ajouter encoré un 
renversement de succession, car, le tertiaire lignitifére inférieur de 
Punta Arenas (Magelianian beds) non seuleraent n'est pas au- 
dessous du Patagonien sinon qu'il est d'un age beaucoup plus re- 
ceñí que cette derniére formalion. C'est plus qu'il n'en faut; la 
méthode reste pour moi définitivement condamnée. Pour les ré- 
gions manquant de poinls repére, elle ne serlniá sjnchroniser les 
couches ni á déterminer leur age relatif. 

Est-ce done que les mollusques ne sont pas utilisables pour la 
détermination de l'áge des formations? Cerlainemenl oui, mais 
dans ce cas on place la charrue devant les boeufs en voúlant leur 
faire diré ce qui ne disenl pas. 

Un chronométre géologique, doit étre d'une parfaite égalité da ns 
la maniere de juger les fails, laissanl á l'auteur ou opéraleur le 
moins de liberté possible. A ce point de vue, la méthode ancienne 
qui jugede l'áge des lerrains par la proportion du nombre des es- 
péces éteintes en relation avec celles vivantes, c'est la seule appli- 
cable avec profit dans lecas de nos formations. Sur ce point je suis 
parfaitemenl d'accord avec A. Doering qui dit : « et tant que la 

(1) 73, Ortmann, Arnold E., Preliminar y Report on somenew marine Ter- 
tiary horizons discovered by Mr. J. B. Hatcher near Punta Arenas, Magellanes, 
Chile, in Amer. Journ. of Science, vol. VI, p. 478-482, a. 1898. 

(2; 74, Ortmann, A. E., The Fauna of the Magelianian Beds of Punta Are- 
nas, Chile, in Amer. Journ. of Science, vol. VIII, p. 427-432, a. 1899. 



32 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Science ne posséde pour cette délerrnination chronologique de 
moyens plus parfaits, dans la classification de nos formations sud- 
américaines noiis ne pouvons pas prescinder de l'applicalion de 
cette base quoique imparfaite qu'elle soit » (19, page 442). C'est 
un fait bien connu, que les étres qui se trouvent ensevelis dans 
les couches d'une ménie conlrée^ sont d'autant plus différents de 
ceux vivants encoré dans la niéme región qu'iis sont de couches 
plus anciennes, et d'autant plus ressemblants qu'iis viennent de 
couches plus recentes. Les grandes divisions de Tere tertiaire onl 
eté établies d'aprés la proportion des espéces éteintes de moUus- 
ques, et quoique on ait critiquée cette méthode, jusqu'á mainle- 
nant c'est la plus commode, la plus pratique, la plus rationnelle, 
et la seule qui se préte á des conclusions genérales toujours d'égale 
valeur et comparables les unes aux autres sans en exceptuer celles 
des régions les plus éloignées. Les résultats sont partout complé- 
tement d'accord avec les données stratigraphiques. 

Si j'ai tant insiste sur ees faits c'est pour que Ton voit que ce 
n'est pas capricieusement que j'ai determiné l'áge des formations 
tertiaires de Patagonie, sinon queje me suis toujours guidé par une 
logique inflexible, utilisant un chronométre géologique interpreté 
toujours de la méme maniere et donnant toujours et partout les 
mémes résultats. 

Les vertebres, et spécialement les mammiféres, fournissent aussi 
des renseignements tres importants, et quand, comme il arrive 
dans le tertiaire de l'Argentine, il y a prédominance des formations 
d'eau douce ou sous-aéréennes sur celles marines, les débris des 
mammiféres comme chronométre géologique présentent encoré 
plus d'importance que les mollusques. 

II est vraie, que dans ce cas aussi, chaqué grande contrée de la 
Ierre ayant eu sa faune particuliére, c'est bien difficile d'établir la 
corrélation et le synchronisme des faunes des régions éloignées. 
Pourtant, la loi du changement graduel et successif étanl vraie 
pour tout le monde organique^, il est possible aussi de juger de 
l'áge des formations par le dégré de changement de la faune 
mammalogique. Jugeanl á grands traits, une formation ne conte- 
nant que des espéces actuelles est cerlainement récente. Quand il y 
a mélange d'espéces actuelles el d'espéces éteintes accompagnées 
de quelques genres également éteints, nous sommes dans le qua- 
ternaire. Quand on est en présence d'une faune dont la presque 
totalité des espéces sont éteintes mais se distribuantdans des genres 



l'aGE des FORMATIONS SÉDIMENTAIRES de PATAGONIE 33 

pour la plupart encoré vivanls, nous sommes dans le pliocéne. Une 
formation avec la tolalité des espéces éleinles et plus de la moitié 
des genres égalementdisparus, est certainement miocéne. Quand la 
presque totalité des genres sont éteinls, nous nous Irouvons dans 
Toligocéne oa dans l'eocéne supérieur. Quand nous arrivons á des 
couches ou tous les mammiféres sont de genres disparus, et la plu- 
part se distribuant dans des farailles ou des sous-ordres qui n'exis- 
lent plus, nous sommes certainement dans l'eocérie inférieur. En 
combinant ees données avec les renseignements tires de l'apparition 
et la disparition de certains groupes, on peut arriver á des resulta ts 
encoré plus précis. D'ailleurs, on n'a qu'á jelter un coup d'oeil sur 
les résultats que cette méthode d'investigation nous a donnée au 
sujet des anciennes connexions de l'Amérique du Sud á la fin des 
temps mésozoiques pour en apprécier iramédiatement toute la 
portee. 

Mais. la plus grande importance des mammiféres c'est pour re- 
connaítre l'áge relatif des formationsd'une méme contrée. L'évolu- 
tion phylogénétique des mammiféres est beaucoup mieux connues 
que celle des mollusques, de sorte que dans la plupart des cas on 
peut déterminer l'ancienneté relative des genres et des espéces rien 
que par l'exaraen de leur morphologie. Ceci permet de les utiliser 
pour déterminer l'áge relatif des grandes formations d'une méme 
contrée avec une certitude presque absolue. II y a quinze ans que 
je me sers des mammiféres á ce point de vue avec le succés le 
plus complet. L'áge des faunes de Monte Hermoso et de Catamarca 
par rapport aux faunes pampéenne et entrerienne (Paraná) ; celui 
de la faune santacruzienne par rapport á celle entrerienne ; de la 
faune pyrothérienne par rapport á celle santacruzienne, et de la 
faune patagonienne par rapport aux deux derniéres : c'est-á-dire, 
l'áge relatif de cinq grandes faunes mammalogiques de l'Argentine 
je l'ai determiné rien que par l'état d'évolution des mammiféres, 
bien avant de connaítre les relations slratigraphiques des forma- 
tions correspondantes, qui, d'ailleurs n'ont fait que confirmer mes 
conclusions. A ce propos, il y a quelque temps que dans une lettr^ 
á un de ceux de mes collégues que je tiens en plus haute estime, je 
lui disais : « Ma connaissance des mammiféres de l'Amérique du 
Sud, me permets d'assurer queje peut déterminer l'áge d'un gise- 
ment d'aprés ses mammiféres fossiles, naturellement á condi- 
tion qu'ils y soient representes par plusieurs genres de groupes 
différents ; dans ce cas il m'est possible d'identifier la faune avec 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. Ll 3 



34 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

une de celles déjá connues, ou, s'agissant d'une íaune nouvelle 
indiquer entre lesquelles de celles déjá connues on devra l'interca- 
ler. Ma confiance en ceci est tellemenl absolue que s'il venail á 
étre démontrer d'une maniere precise queje me suis trompé sur la 
place choronologique relative que j'ai assigné á une seule de ees 
faunes, ce jour-lá j'abandonnerais pour toujours les études paléon- 
toiogiques. » 



TRANSITION DU CRETACE AU TERTIAIRE 

Dans mes derniéres publicalions et d'aprés les observations cíe 
Carlos Araeghino, j'ai établi qu'en Patagonie il n'y a pas de discon- 
tinuité entre les íormations du crétacé supérieur et du tertiaire 
inférieur. Gette continuitéest démontrée par la superposition con- 
cordante des couches crétaciques et eocéniques, par leur passage 
graduel et par le changement gi-aduel de la faune. II a été établi 
que dans la succession des formalions terrestres le passage du cré- 
tacé au tertiaire s'effectue par les couches á Pyrotherium. 

Dans son réceni travail, M. Hatcher arrive á des conclusions 
complétement opposées aux precedentes (2, pages 95 et 108), puis- 
que selon lui, en Patagonie il n'y aurait pas de terrains représentant 
l'eocéne moyen et inférieur; aprés la déposition déla formation 
guaranienne, toutela región aurait été élevée et soumise á l'érosion 
durant la iongue période des premiers temps tertiaires. II dit : 
« For a long period following the déposition of the Guaramtic beds 
all Ihis región was elevated and subjected to erosión. During this 
long period of early Tertiary erosión the entire series of strata 
constituting the Guaranitic and Lower Lignito beds were in many 
places completely carried away, as has evidently been the case in 
the Lake Pueyrredon región ; while in the vicinity of Lake San 
Martin and at various localities over the interior, remnants of the 
Guaranitic beds are still left hawing partially resisted the early 
Tertiary erosión to wich they were subjected » (2, page 95). 

L'auteur fait tous les efforts possibles pour démontrer qu'en 
Patagonie manque le tertiaire ancien, sans s'apercevoir qu'il se 
conlredit, puisqu'il admet que dans le fond des vallées d'érosion 
creusées dans le crétacé il a pu s'y déposer des couches sédimen- 
taires á partir des premiers temps tertiaires. En outre, pour lui le 



l'age des formations sédimentaires de patagome 35 

tertiaire le plus ancien de Patagonie serait ce qu'il appelle les 
Magdlamans beds de Punta Arenas; or, ibid, page 99, il dit que 
ees couches descendent jusqu'á une profondeur inconnue, n'ayant 
vu leur partie inférieure, nulle part. Ne connaissant done pas la 
base de ce qu'il considere le plus ancien tertiaire de la contrée, 
comment peut-il affirmer la discordance genérale du crétacé etdu 
tertiaire ? 

Que ce prétendu hiatus entre le crétacé et le tertiaire n'existe pas, 
cela découle des renseignements mémes que fourni M. Hatcher. Au 
commencemenl du tertiaire, la Patagonie, dit-il, était une terre 
élevée et sujette á une forte erosión. Que sont done devenues les 
enormes masses de roches guaraniennes, etc., emportées par la 
dénudation? La réponse est bien facile; ees masses se sont dépo- 
sées dans les parties basses et le long des cotes de la mer formant 
des dépóts sédimentaires sjnchroniques avec cette époque de dénu- 
dation, c'est-á-dire, appartenanls aux premiers temps tertiaires, 
au commencement de Teocéne. A cette époque la región occidentale 
et montagneuse de la Patagonie était une terre émergée et sujette 
ala dénudation; l'on constate réellement un grand hiatus entre le 
seconiiaire et le tertiaire; si M. Hatcher s'était contenté de diré que 
cet hiatus existe dans la región qu'il a parcouru il n'y aurait rien 
á diré, mais voulant généraliser ses observations locales il tombe 
dans l'erreur. Dans l'extréme meridional de la Patagonie, dans la 
región oriéntale occupée par la mer patagonienne, et dans la región 
céntrale du territoire du Chubut, il y a transition complete entre 
les formations marines et sous-aérienne du guaranien et les for- 
mations sous-aériennes et marines du patagonien. 

II en est de méme dans le versant occidental des Andes sur la 
cote du Pacifique ; ici aussi, durant la fin du crétacé etle commen- 
cement du tertiaire la región de la cordillére était sujette a une 
grande dénudation, et ce n'est que plus a l'ouest, le long de la cote 
actuelle qu'on observe des dépóts tertiaires d'origine marine se 
succédant graduellement et sans discordance aux dépóts crétaci- 
ques. Cette succession graduelle que quelques auteurs avaient mit 
en doute d'aprés quelques discordances locales de peu d'impor- 
tance (1) a été reconnue tout derniérement pendant les grandes 

(1) 75, Steinmann, Deecke W., und Moricke W., Ueber das Alter und die 
Fauna der Quinquina Schichten in Chile, a. 1895, in Neuen Jahrb. für M. 
Geol. etc., t. X. a. 1895. 



36 ANALES DE LA SOCIEDAD CiENTÍFICA ARGENTINA 

excavations du port militaire de Talcahuano, de telle sorte á ne 
plus laisser dans l'espritle moindredoute.Lecreusement du grand 
bassin mit á jour les couches crétacées de l'áge de Quinquina 
passant graduellement aux couches tertiaires en stratificalion con- 
cordante, le passage élant aussi graduel au point de vue géologique 
que paléontologique (1). 

En ce qui concerne le versant oriental, cette transition a élé 
reconnue aussi par les auteurs plus récents. 

M. Mercerat dans 24, page 108 ; 23, page 395, et 25, page 313, 
il affirme que d'aprés ses observations, dans la Patagonie australe 
il y a transition complete entre le crétacé supérieur et le tertiaire 
inférieur. 

Tout derniérement M. Hauthal estarrivéaux mémes conclusions, 
donnant sur cette question des détails bien précis que je crois utile 
de reproduire. « Von den Ergeboissen meiner sechsmonatlichen 
Reise im sudwestlichen Patagonien (Gegend zwischen «Ultima 
Esperanza» und «Lago Argentino» will ich hier vorláufig folgende 
hervorheben ». 

« Im Gegensatze zu Steinmann konnte ich in der von mir be- 
suchten gegend eine Discordanz zwischen Kreide und Tertiár nicht 
beobachten.In den von Darwin ais «Thonschiefer» angesprochenen 
sandigraergeligen, z. Th. auch thonigen, mehr bróckeligen ais 
schieferigen Gesteine fand ich an vielen Orten (Ultima Esperanza, 
Cerro Solitario, Cerro Pajne, etc.), Inoceram.us, wenig Ananchytea 
(ovatus?) und einzelne Exemplare eines dem Pachydiscus nahe- 
stehenden Haploceratiden. Diese «Thonschiefer», in denen auch 
viele Pflánzenreste, aber nur in Form von eigenthümlichen Wur- 
zeln vorkommen, sind im Gebiete der Vorcordillere (so naruentlich 
am Cerro Payne) stark gefaltet ; weiter ostiich jedoch in den iso- 
lirten Vorbergen, welche hier den Uebergang von der Cordillere in 
die Pampa vermitteln (Cerro Ballena, Ostende des Cerro Toro, Cerro 
Cazador, Cerro Solitario, etc.), verlieren sieallmáhlich die Faltutig 
und tauchen in nahezu horizontaler Lagerung, mit leichter Nei- 
gung nach Osten, unter die ihnen in vollkommener Concordanz 
auflagernden tertiáren Schichten. » 



¡1) 76, NoGUÉs, A. F., Sur l'áge des terrains a lignites du sud du Chili. Le 
groupe d'Arauco équivalent chilien du groupe de Laramie et de Chico-Tejón de 
l'Amérique du Nord, ia Actes de la Société Scientifique du Chili, i. V, p. 34 á 
52, a. 1895, 



l'age des formations sédimentaires de patagonie 37 

« Diese Pfliinzenreste finden sich in einem grauen, feinen Sands- 
tein, der allmáhlich ir? einen gruñen, gróberen Sandstein übergeht, 
worin nesterweise zahlreiche Fossilien mit ausgesprochen tertiáren 
Charakter ; ich spreche diesen gruñen, 6-800 m. raáchtigen 
Sandstein ais Eocán an. Weiter nach oben stellen sich mergelig- 
thonige Schichten ein mit denselben Fossilien, wie sie für die nnio- 
cánen Schichten bei Santa Cruz charakteristisch sind. » (Hauthal, 
77, pag. 436-437) (1). Dans 57, pages 43-45, le méme auleur 
donne une section montrant la concordance de loutes les couches á 
partir du cenomanien inférieur jusqu'au terliaire récent. 

La conclusión evidente en est que M. Hatcher a tort, que ses aftir- 
mations ne sont pas sérieuses puisque malgré ce qu'il en dit^ en 
Patagonie existe une transition graduelle entre le crétacé et le ter- 
tiaire. 



FORMATION PATAGONIENNE 



Le tertiaire le plus ancien, qui succéde immédiatement au cré- 
tacé, est constitué pa r la serie de couches qu'on designe sous le nom 
de « Formation patagonienne ». Avant les recherches de C. Ame- 
ghino, on plagait dans cette formation tous les dépots marins 
crétaciques et tertiaires que l'on connaissait d'un bout á Tautre de 
la Patagonie. D'accord avec les nouvelles recherches^ en 1894 (4, 
pages 3 á 8) j'ai limité ce nom á la formation marine du tertiaire 
inférieur qui s'étend tout le long des falaises de la cote de l'Atlan- 
tique depuis le Chubut jusqu'au Monte Observación au sud de 
l'embouchure du Rio Santa Cruz. Dans ce trajet cotier, elle atteint 
son máximum de développement á Puerto San Julián oü elle pré- 
sente á peu prés 300 métres d'épaisseur. Au-dessus vient une 
autre formation marine d'un caractére paléontologique assez diffé- 
rent que j'ai distingué avec le nom de formation santacruzienne et 
de laquelle je m'en occuperai plus loin. 

La formation patagonienne repose sur les dépots de la formation 
guaranienne, soit sur les gres rouges et jaunátres á Dinosauriens, 

(1) 77, Hauthal, Rudolf, Ueher patagonisches Tertiár, etc., in Zeitschr. d. 
Deutsch. geolog. Gesellschaft. a. 1898, p. 436-440. 



38 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

soit sur les couches á Pyrotherium ou sur les couches marines de 
l'étage sehuenien, le plus souvent en concordance. Quand ees 
diíférents genres de dépots du guaranien font défaut, alors elle 
repose directement, quoique toujours en discordance, sur la for- 
mation des gres bigarrés. 

Le guaranien et le patagonien sesonl succédé l'un a l'autre sans 
discontinuité ; le prétendu hiatus que d'aprés M. Hatcher separe 
ees deux formations nous avons vu qu'il n'exisle pas. Quant á une 
autre formation lertiaire (Magellanian beds) qui d'aprés le méme 
auteur serait plus ancienne que le patagonien, nous verrons bien- 
tót que c'est une erreur ; l'affirmation de l'auleur repose sur un 
renversemenl de succession, ayant pris une serie de couches du 
santacruzien qui se Irouvenl au-dessus du patagonien connme 
étant en dessous. 

En comparant les fossiles du versant oriental des Andes avec 
ceux du versant occidental, dans nies derniers travaux (10, pages 
512-513; 11, pages 125 a 127) je suis arrivé á démontrer que le 
patagonien correspond au sjstéme de couches du tertiaire inférieur 
du Chili, de Lebú, qui est plus anclen que le tertiaire de Matanzas 
et Navidad. Les couches de Lebú ont regu le nom d'étage « iebu- 
vien » et réposent en stratification concordante sur les couches 
crétaciques du quiriquinien, le passage entre le crétacé et le ter- 
tiaire étant la aussi graduel et insensible. (Voir Nogués, 76, pages 
34 a 52). 

Derniéremenl (11, pages 123 et 127), quoique d'une nnaniére 
provisoire, j'ai divisé cette puissante formation en deux parties : 
l'étage «julien», comprenant la moitié inférieure et caractérisé 
paléontologiquemenl par l'abondance de débris de brachiopodes et 
d'équinodermes; l'étage « leonien » comprenant la moitié supé- 
rieure, caractérisé par la présence de VOstrea Hatcheri et une 
moindre abondance de débris de brachiopodes et d'équinodermes. 
J'ajoutais qu'une connaissance plus complete permettrait peut- 
étre de la partager dans un plus grand nombre d'étages. 

M. Hatcher (2, pages 101-103) critique fortement cette división, 
s'appuyant sur des raisons qui n'ont pas beaucoup de valeur scien- 
ti fique ; ses grands arguments se réduisént á faire mention de 
quelques espéces supposées á tort exclusivos de l'étage inférieur 
comme existant aussi dans l'étage supérieur sans avoir compris le 
caractére de mon travail. Je n'ai pas dit que toutes les espéces que 
je mentionne dans chacun de ees étages leur soient exclusives ; j'ai 



LAGE DES FORMATIONS SÉDIMENTAIRES DE PATAGONIE 39 

caraclérisé ees étages par la présence, Tassociation ou l'abondance 
relative de certa i nes formes, el c'est facheux qu'il ne se soit pas 
rendu compte de la véritable signification des tableaux de la page 
125 de ma « Sinopsis ». C'esl ainsi que quelques espéces qui figu- 
rent dans ees lableaux eomme constituant la fauíie de l'élage julien 
(ex. Terebratula patagónica) se trouvent mentionnées non seule- 
menl eomme faisanl parlie de la faune de l'étage suivanl mais 
aussi de celle de la íormation santaeruzienne. Parmi les mammifé- 
res i! trouvera les Astrapotheridés, les Proterotheridés, les Neso- 
dontidés, ele. , eités eomme caraeléristiques de ees deux étages, et 
un peu plus loiti il trouvera les mémes raammiféres mentionnés 
au nombre deeeux eonstituant la faune de la formation santaeru- 
zienne. 

(A suivre.) 



ANALTSIS MICROGRAFICO 

DE 

LOS ACEROS AL CARBONO 

Por G. CARTAUD 
(traducción de e. herrero ducloux) 

( Continuación J 



Descripción de los métodos. — Se sabe desde hace mucho tiempo 
que calentando al aire una placa bruñida de ciertos hierros meteó- 
ricos, se cubre de coloraciones muy bellas, dibujando la estructura 
del metal : son las figuras de Widman-sttátten. Estas mismas figu- 
ras se obtienen también bajo la apariencia de un moaré por el ata- 
que de la placa pulida, por un ácido. 

Estos hechos en su sencillez envuelven la base de dos métodos 
que pueden aplicarse á los aceros y aleaciones : el método por re- 
cocido y el método por ataque. El método por recocido se fun- 
da sobre la mayor ó menor facilidad con que los elementos consti- 
tuyentes se oxidan ; la placa bruñida se recubre de una capa fina 
de óxido, cuyo espesor variable produce un tinte que va del ama- 
rillo al azul claro pasando por el pardo, rosa, púrpura y azul obs- 
curo. Si se calienta, por ejemplo, una placa de spiegeleisen hacia 
250°, el carburo definido (FaMn)^C menos oxidable, toma un color, 
amarillo, mientras que el resto del metal, solución de este carburo 
en el exceso de hierro, tomará una coloración azul. Pero este méto- 
do, que ha dado buenos resultados en el análisis de los bronces 
(M. Guillemin) y de los latones (M. Charpy), del spiegel y otras 
fundiciones (M. Martens), no es, en general, aplicable á los aceros, 
y en este último caso se prefiere emplear hoy el método del ata- 
que. 



ANÁLISIS MICROGRÁFICO DE LOS ACEROS AL CARBONO 41 

Este método se funda sobre la desigual alterabilidad de los cons- 
tituyentes de una aleación bajo la acción de un agente determina- 
do ; uno de ellos cederá á la acción destructora, permitiendo á los 
demás aparecer en relieve sobre él. Sin embargo, el empleo del 
método no da resultados satisfactorios sin ciertas precauciones ; 
así, siendo la estructura de los aceros muy delicada, un ataque 
enérgico produciría preparaciones casi ininteligibles, y sólo des- 
pués de pacientes esfuerzos se ha logrado hallar los reactivos más 
convenientes, su dilución y el tiempo de su acción para conseguir 
buenas preparaciones. A pesar de ésto, sea como fuere, éstas no 
tienen nunca mucha finura, pues aunque los constituyentes se ha- 
llan bien señalados, siempre están algo degradados por el ata- 
que. 

M. Osmond ha desarrollado un procedimiento dirigido al mismo 
fin, pero que da preparaciones bien netas, combinando el bruñido 
y el ataque y que él mismo denomina «bruñido-ataque». Cuando 
se pule un sólido no homogéneo sobre un apoyo elástico, sus dis- 
tintos constituyentes se gastan desigualmente «según sus propie- 
dades específicas y sus dimensiones absolutas », de ésto resulta que 
después de un cierto número de fricciones se obtiene una desnive- 
lación mutua de los elementos á causa de ese « bruñido en bajo 
relieve». El apoyo que se prefiere es el pergamino húmedo, tendi- 
do sobre una tabla é impregnado de rojo de Inglaterra ó de sulfato 
de cal. Si se humedece el pergamino con una solución incapaz de 
corroer por sí misma, pero cuya actividad, se desarrolla por el fro- 
tamiento, al bruñido distinto de los elementos se añadirán los efec- 
tos de un ataque parcial, lentamente progresivo, descubriendo los 
menores detalles de la estructura. La sensibilidad del procedimien- 
to es tal, que ciertos elementos como la sorbita y la troostita, de 
detalles estructurales bastante delicados para no poder ser resuel- 
tos sino con fuertes aumentos, adquieren en la luz normal colora- 
ciones que varían del amarillo al azul y al negro, pasando por el 
pardo. Estas coloraciones son debidas en este caso á la disgrega- 
ción íntima del constituyente^ que tiene por consecuencia la des- 
composición de la luz y la absorción de ciertas radiaciones. 

En cuanto á los elementos no coloreados por el bruñido-ataque, 
puede decirse que conservan y aún adquieren un pulimento más 
perfecto que el que al principio poseían. El reactivo empleado por 
M. Osmond es la infusión de regaliz, la bebida tan conocida llama- 
da coco y que según algunos bruñidores posee preciosas propieda- 



42 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

des. Casi inactivo al principio, este licor se vuelve más activo, 
alterándose con el tiempo ; pero esta instabilidad tiene sus incon- 
venientes, por lo cual sería muy conveniente poseer un reactivo de 
una preparación fácil y de efectos constantes ; después de algunas 
investigaciones, el nitrato de amoníaco en solución diluida ha sa- 
tisfecho estas exigencias. 

Es con el auxilio de tales métodos como se ha podido aislar y 
caracterizar en los aceros al carbono los seis elementos inmediatos 
siguientes : ferrita, cemenlita, martensita, austenita, troostila y 
sorbita, á los cuales conviene agregar la perlita, constituyente bi- 
nario, mezcla de laminillas alternadas de ferrita y cementita. 

Los reactivos generales empleados por M. Osmond son : para el 
bruñido-ataque el coco y el nitrato de amonio ; para el ataque sim- 
ple la tintura oficinal de yodo. Cuando se trate de un acero cuya 
procedencia se ignore, será prudente emplear la marcha sistemá- 
tica siguiente : 

1° Bruñido en bajo relieve, poniendo en evidencia los elementos 
duros : cementita y martensita ; 

2° Bruñido-ataque, distribuyendo los elementos en dos grupos : 
constituyentes que no se colorean (ferrita, cementita, martensita y 
aun tenita) y elementos que se colorean (sorbita, troostita y á la 
larga la martensita). 

La preparación es pasada sobre el bruñidor de paño para qui- 
tarle las coloraciones y dejar el bajo relieve, después atacada por 
el yodo que repartirá también los elementos en dos grupos : los que 
no se colorean (ferrita y cementita) y los que se colorean (sorbita, 
troostita^ martensita y austenita). 

Llegando á este punto, el análisis se halla muy avanzado y si se 
tiene aún alguna duiia, se podrán tomar como guía algunas reac- 
ciones particulares y las siguientes consideraciones : la troostita 
sera siempre vecina de la martensita, la sorbita de la perlita y la 
austenita de la martensita saturada. 

Pasemos ahora á la descripción de cada uno de estos elementos. 

Ferrita. — Es así como M. Eowe ha designado al hierro práctica- 
mente puro, considerado como elemento aislado ; es la ferrita la 
que constituye naturalmente la trama de los aceros, dulce y extra- 
dulce. Durante la solidificación de una masa de acero, el hierro se 
individualiza á partir de ciertos centros para dar cristales que^ por 
su limitación mutua, producen «granos», poliedros irregulares, 



ANÁLISIS MICROGRÁFICO DE LOS ACEROS AL CARBONO 40 

equiáxicos ó alargados, convexos, ele, según las condiciones de 
trabajo ó de recocido, cuyas dimensiones y forma, dependen esen- 
cialmenle de los tratamientos caloríficos ó mecánicos sufridos por 
la pieza ó de la presencia de una impureza. El intervalo que los 
granos dejan entre sí puede ser rellenado por un «cemento» de 
solidificación posterior á la de los granos. Si se tiene una placa 
bruñida de acero dulce, es fácil hacer aparecer los contornos de los 
granos por uno de los métodos siguientes : 

1° Por ataque : se sumerge la placa por algunos segundos y va- 
rias veces, si fuese necesario, en la tintura de yodo oficinal, se seca 
después de cada inmersión hasta que las juntas aparezcan negras, 
quedando blanca la ferrita. El ácido azólico á dos por mil puede 
obrar del mismo modo, pero se corre el riesgo de dejar sobre la 
ferrita una capa de óxido que da por sus diferencias de espesor 
todos los matices del reconocido ; 

2° Por bruñido en bajo relieve : Después de una fricción prolon- 
gada sobre pergamino húmedo impregnado de rojo, la ferrita ad- 
quiere al principio un perfecto bruñido se disgrega superficial- 
mente y luego vuelve á pulirse, apareciendo la red conectiva por la 
desnivelación mutua de los granos bruñidos al mismo tiempo que 
por su relieve propio. El bruñido-ataque conduce más rápidamente 
al mismo resultado, pero sin que la ferrita se coloree, porque la 
capa de óxido se gasta durante el bruñido por el pergamino ; 

3° Por deformación mecánica : Basta dar un martillazo sobre un 
borde de la sección bruñida, para producir una desnivelación de 
los diferentes granos por el deslizamiento de unos sobre otros. Pero 
en este caso el fenómeno es más complejo : ciertos granos presentan 
uno ó más sistemas de estrías paralelas, que podrían provenir de 
deslizamientos, en el interior de los granos, á lo largo de los planos 
de clivaje en In pasta cristalina. Sea como fuere, esta última cues- 
tión no ha sido aún dilucidada y su estudio está á la orden del día. 

Estos métodos nos han revelado la existencia de granos, de los 
cuales sólo hemos podido ver las secciones producidas por el pla- 
no de preparación. ¿ Cómo puede ponerse en evidencia la natura- 
leza cristalina de su substancia? Si siguiendo el ejemplo de M. Hexu, 
de Berlín, se hace un ataque valiéndose del CuCP, 2(NH^)CI en solu- 
ción diluida, se ve, después de haber quitado, por un ligero frota- 
miento, la capa de cobre precipitado, que los granos han sido co- 
rroídos, produciendo figuras de corrosión análogas á las que daría 
una sal de simetría cúbica. 



44 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Además, se nota que estas figuras, todas semejantes y orientadas 
paralolamonte en ia extensión de un misino grano, no tienen la 
misma apai'iencia en los vecinos, ni la misma orientar-ión ; las figu- 
ras (le corrosión obtenidas representan todas las posiciones posibles 
de un cubo, que se presentase por una de sus caras, ó por una 
arista ó por un vértice. Esto demuestra claramente que cada grano 
es un fragmento de cristal independiente, cuyos ejes cristalinos no 
parece que tengan relación alguna con los ejes de los granos veci- 
nos, debiendo considerarse esta disposición como muy feliz para 
los meci'inicos, porque en un metal así conslituído la continuidad 
de los clivajes se rompe perla multiplicidad de las juntas de los 

granos integrantes. 

« 

CemenMa. — La cementita es un carburo de liierro Fe;íC, aislado 
químicamente por Muller, Abel, Osmond y Wertli, en el cual el 
liierro puede ser reemplazado en cualquier proporción por el man- 
ganeso y el cromo. 

Es Mr. Howe quien le ha dado este nombre, porque forma la tra- 
ma principal de los aceros de cementación^ con un porcentaje ele- 
vado de carbono. Al estado de cementita se encuenti-a todo el carbo- 
no llamado de recocido, de cementación ó combinado. 

La cementita es el más duro de los elementos constitutivos de los 
aceros al carbono ; puede colocarse en el seis de la escala de Mohs 
y aún en el siete de la misma si se trata de cementita cromada. Uti- 
lizando esta propiedad característica, se pone en evidencia : basta 
pulir en bajo relieve para que la cementita apai-ezca sobre la masa 
dulce, adquiriendo un precioso bruñido. 

En el pulimento preparatorio, la dureza de la cementita se mani- 
fiesta porque se bruñe antes que los demás cuerpos ; se puede ver, 
en efecto, que una serie de rayas lia desaparecido en la cementita, 
cuando aún subsiste en las partes dulces. 

Puede también evidenciarse esta dureza, rayando la preparación 
bruñida con una aguja de acero templado ; procediendo así^ la 
raya se encontrará interrumpida en todos los puntos donde atra- 
viese una banda de cementita algo espesa. Behrens había llegado á 
fundar todo un método excrelométrico sobre fenómenos de este gé- 
nero ; había preparado una serie de agujas de durezas distintas que 
hacía correr sobre las preparaciones bruñidas, pero sin poder ob- 
tener resultíidos absolutos. 

Cuando un constituvente duro esta aislado en láminas finas, 



ANÁLISIS MICROGRÁFICO DE LOS ACEROS AL CARBONO 45 

puede ser rajado por una aguja menos dura que él y fácilnriente se 
comprende que tanto como la dureza, influye el tamaño de los ele- 
mentos en el hecho de la raya. 

La cementita no se colorea ni por el hruñido-ataque, ni por el 
yodo y el ácido nítrico; se distinguirá de la ferrita por su pulido 
más perfecto y por hallarse en relieve sobre los demás constituyen- 
tes. 

No existe aislada sino en el acero que contiene más de 0.9 % de 
carbono y su distribución está íntimamente ligada á las condicio- 
nes de enfriamiento. Las junturas de los granos de los aceros duros 
no templados están siempre marcadas por una red de cementita. 

Si el enfriamiento ha sido rápido, las juntas aparecen como eri- 
zadas de pequeñas laminillas paralelas, muy semejantes á una raíz 
muy fibrosa, y el exceso de cementita se dispone en el interior de 
los granos en uno ó varios sistemas de laminillas paralelas muy 
finas, en relación con los clivajes cristalinos de la pasta que las 
envuelve. 

Si el enfriamiento es lento, las juntas de cementita son más es- 
pesas, las inclusiones más raras y el aspecto general más compacto. 

(Continuará.) 



BIBLIOGRAFÍA 



CIENCIAS NATURALES 

Hariot {?.). "Liste des phanérogaraes et criptogames vasculaires récol- 
tées á la Terre-de-Feu par MM. "Willems et Rousson (1890-1891), en : 
Journal de Botanique, año 14% n" 5, p. 148-153. — París, 1900. 

En este pequeño trabajo, que poco agrega al conocimiento de la flora fueguina, 
se enumeran 130 especies de fanerógamas y criptógamas vasculares. 

A. Gallardo. 

Revista do Museu Paulista, tomo IV, 1900. 

El cuarto volumen de esta importante publicación, dirigida por nuestro distin- 
guido miembro correspondiente, doctor H. von Ihering, se halla nutrida de inte- 
resantes materiales científicos, siguiendo el precedente resultado por los tomos 
anteriores. 

Después de un informe sobre el progreso durante el año 1898 del Museo Pau- 
lista, escrito por su director el doctor von Ihering, encontramos una descripción 
de los nidos y huevos de las aves del Brasil, por el señor Carlos Euler, que fué 
durante varios años cónsul suizo en Cantagallo. Este artículo, que nos interesa 
directamente porque muchas de las especies de aves son comunes á la República 
Argentina y al Brasil, comprende una detallada parte descriptiva, otra compara- 
tiva y finalmente una tercera biológica. 

Como apéndice al trabajo de Euler, publica el doctor von Ihering, una lista de 
las aves observadas en Cantagallo y Nueva Friburgo. 

El señor José de Campos Novares firma un elogioso artículo necrológico sobre 
el botánico brasilero Joaquín Correia de Mello, cuyo retrato publica. 

Muy interesante y de gran importancia para nosotros es el catálogo crítico- 
comparativo de los nidos y huevos de las aves del Brasil que presenta correcta- 
mente ilustrado el doctor von Ihering, quien aprovecha esta oportunidad para 
recomendar á las personas estudiosas y amantes de la naturaleza que habitan la 
campaña, el interés que ofrece para la ciencia la recolección de observaciones fide- 
dignas sobre la vida y costumbres no sólo de las aves sino también de los demás 
animales indígenas. 



BIBLIOGRAFÍA 47 

Ocúpase el señor Kayser de alguiws fósiles paleozoicos del Estado del Paraná 
que ilustra con dos buenas láminas. 

En este artículo se describen dos nuevas especies de moluscos paleozoicos : 
Spirifer Ilieringi y Sp. borbai. 

Contribuye el doctor J. Bach con una breve nota sobre el curare. 

Relata el señor Schupp algunas observaciones que ha tenido ocasión de hacer 
sobre los cambios de color de la pequeña rana Hyla pudchella. 

Ru sus observaciones sobre algunos caracoles terrestres del Brasil, describe 
Henry Suter las siguientes nuevas especies : Streptaxis tumescens, St. interrup- 
tns, Pyramidula patagónica, P. Schuppi y Pupalheringi. Una lámina acompaña 
á este artículo. 

El señor Paldaof describe y figura en una nota sobre la arqueología riogran- 
dense varios morteros de piedra y otros artefactos hallados en el estado del Río 
Grande del Sud. 

Sob7'e algunos peces de San Pablo. Brasil., nos dan datos y descripciones los 
señores C- H. Eigenmann y A. A. Nonis. Establecen los nuevos géneros Impar- 
ftnis, Goeldiella, Iheringichthys, Bergiella (nombre ya empleado anteriormente, 
Perugia y Catabosis y describen en portugués las nuevas especies siguientes : 
Nannoglanisbifasciatus , Impar finís piperatus. Iheringichthys labrosus, Parodon 
tortuosus, Tetragonopterus multifasciatus, Catabasis acuminatus y Myletes 
tieté. 

En las notas sobre Coccideas brasileras debidas al señor T. 0. A. Cockerell se 
describe una especie nueva : Eriococcus brasiliensis. 

El señor Adolfo Herapel en un extenso artículo sobre las Coccideas brasileras, 
después de recordar los remedios más eficaces para destruir estos enemigos de 
las plantas, estudia 131 especies de las cuales son nuevas las 64 siguientes : 
Icerya brasiliensis, I. Schrottkyi, Eriococcus perplexus, E. armatus, Dactylopius 
grandis, D. setosus. D. secretus, Phenacoccus spiriferus, Solenococcus tuber- 
culatus, S. baccharidis, Cryptokermes brasiliensis, Stigmacocciis asper, Apio- 
coccus gregarius, A. singularis, A. asperatus, A. globosus, Tectococus ovatus, 
Lecaniodiaspis rugosus, Tachardia cydoniae, T. rubra, T. parva. T. rosae, T. 
ingae, Lecanium brunfelsia, L. gracile, L. ornatum, L. durum, L. glanulosum, 
L. santhoxylum, L. infrequens , L. discoides, L. mayteni, L. eugeniae, L. jabo- 
ticabae, L. laniyerum, L. campomanesiae, Ceroplastes amazonicus, C. grandis, 
C. novaesi, C. communis, C. variegatus, C. speciosus, C. lucidus, C. purpureus, 
C. formosus, C. rarus, C. cultus, C. cuneatus, C. formicarius, C. rotundus, C. 
simplex, Tectopulvinaria albata, Protopulvinaria convexa, Pulvinaria ficus, P. 
eugeniae, P. depressa, P. granáis., Lichtensia argentata, L. ? attenuata, Aspidio- 
tus fOdonaspis) janeirensis, A. fChrysomphalusJ paulistus, Pseudisctmaspis 
linearis, Diaspis australis y Diaspidistis multilobis. Son nuevos los siguientes 
géneros : Crypthokermes, Stigmacoccus, Apiococcus, Tectococcus, Tectopulvi- 
naria, Pseudischnaspis y Diaspidistis. Una clave dicotómica para la clasificación 
de las subfamilias, y otras para los géneros de las principales subfamilias facili- 
tan la determinación de estos pulgones. Un índice alfabético hace más cómoda 
la consulta de este artículo, ilustrado con ocho láminas que contienen 94 figuras, 
y acompañado de una lista bibliográfica de los trabajos referentes á las Coccideas 
en general y particularmente á las del Brasil. 

El doctor von Ihering, nos suministra datos anatómicos sobre los caracoles del 



48 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

género Solaropsis acerca de los cuales nada cierto se sabía. En el mismo artículo 
se describea y figuran las conchas de las nuevas especies Solaropsis Pilsbryi, S. 
Bachi y Psadara Derbyi. Dos claves dicotómicas permiten clasificar las especies 
brasileras de los géneros Solaropsis y Psadara, de cuyas especies Ihering señala 
la distribución geográfica. 

Termina el importante volumen de 600 páginas que dejamos rápidamente ana- 
lizado con una bibliografía de los trabajos referentes á la Historia Natural y á la 
Antropología del Brasil, aparecidos durante el año 1899, incluyendo algunos 
artículos que tratan del terciario de Patagonia, y un elogioso análisis de las Notas 
de Arqueología calchaquí de nuestro distinguido consocio J. B. Ambrosetti. 

A. Gallardo. 

]\íeg"er (F. W.). Beitrag zur Kenntniss der Grattung Phyllactinia (nebst 
einigen neTien argentinischen Erysipheenj, en : Berichte der Deutschen 
botanischen Gesellschaft, XVII. Generalversammlungheft, 2' parte, p. 235-242. 

Con motivo de sus estudios sobre algunas Filactinias argentinas, ha hecho el 
autor interesantes observaciones sobre las células peniciladas de este género de 
hongos, cuya función era hasta ahora completamente desconocida. Estas células 
peniciladas son ciertas células prolongadas del peritecio y difieren en cada espe- 
cie, no sólo por su tamaño, sino también por su ramificación especial. Neyer 
considera que la presencia constante de estas células en el género Phyllactinia 
y su completa ausencia en las otras Erisífeas, suministra un buen fundamento á 
la división propuesta por Palla de la familia de las Erisifáceas en las dos subfa- 
milias Erisífeas y Filactíneas. 

Parece que estas células en forma de pincel sirven para fijar el peritecio de 
estos hongos sobre las hojas de la planta huésped alas que son transportadas por 
medio del viento. 

En este interesante trabajo se describen tres nuevas especies : Phyllactinia 

clavariaeformis que vive sobre las hojas de algunas especies de Ribes, de Em~ 

bothrium coccineum Forst., y de Adesmia en la República Argentina; Erysiphe 

Fricki que habita sobre el Genm chilense en la Cordillera y Microsphaera Myos- 

chili que se desarrolla sobre las flores de Myoschilos oblongus en la República 

Argentina. 

A. Gallardo. 

IVeg^er (F. W.). Uredineae et Ustilagineae Fuegianae a P. Dusén oollec- 

tae, en : Ofversigt af Kongl. Vetenskaps-Academiens Fórhandlingar, n" 7, p. 
745-750, 1899. 

La mayor parte de las Uredíneas y Ustilagíneas recogidas por Dusén en la 
expedición sueca á la Tierra del Fuego, dirigida por Otto Nordenskjóld durante- 
los años 1895 y 1896, pertenecen á especies ya conocidas, algunas de las cuales 
han sido descriptas por el profesor Spegazzini. 

Sólo dos de las 19 especies enumeradas son nuevas, á saber : Uromyces Nor- 
denskjóldi Dict. que vive sobre algunas especies de Vicia y Accidium Senecionis 
acanthifolii que habita sobre el Senecio acanthifolius Hombr. et Jacq. 

A. Gallardo. 



SOCIOS HONORARIOS 



r>r. Germán Burmeister f. — Dr. Benjamín A. Gould f — Dr. R. A. Philippi. 

br. Guilloniu. Riiwsonf.— Dr. Carlos Berj?. — Dr. Juan J. J. Kyle. — Ing. LuisA.Huergo rnadre) 

Ing. J. Mendizábal Tamborrel. — Dr. Valentín Balbin. 



SOCIOS CORRESPONDIENTES 



Aguilar Rafael México. 

Arecbavaleta, José Montevideo. 

Arieaga Rodolfo de Montevideo. 

Ave-Lallemant, Germán Mendoza. 

Brackebusch, Luis Córdoba. 

Carvalho José Garlos (Uo Janeiro. 

Gordeíro, Luciano Lisboa. 

Lafone Quevedo, Samuel A. . . . Catamarca. 



Lillo, Miguel Tucuraan. 

Morandi, Luis Villa Colon(U.) 

Paterno, Manuel Palermo (U.). 

Reid, Walter F Londres- 

Scalabrini, Pedro Corrientes. 

Tobar, Carlos R Quito. 

Villareal, Federico Lima. 

Von Jhering, Hermán San Paulo (B.) 



SOCIOS ACTIVOS 



Acevedo Ramos, R. de 
Adano, Manuel. 
Aguirre, Eduardo. 
Alberdi, Francisco N. 
Albert, Francisco. 
Almeida, Arturo M. 
Alric, Francisco. 
Alvarez, Fernando. 
Amadeo, Alejandro M, 
Anasagasti, Ireneo. 
Anasagasti, Horacio 
Ambrosetti, Juan B. 
Arata, Pedro N. 
Arigós, Máximo. 
Arce, Manuel J. 
Arce, Santiago. 
Arroyo, Frankiin. 
Atíenza, Mario. 
Aubone, Carlos. 
Avila Méndez, Delfln. 
Avila, Alberto 
Aztiria, Ignacio. 



Bahia, Manuel B. 
Bancalari, Juan. 
Bancalari, Juan M. 
Barabino, Santiago E 
Barilari, Mariano S. 
Barzi, Federico. 
Basarte, Rómulo E. 
Battilana Pedro. 
Baudrix, Manuel C. 
Bazan, Pedro. 
Benoit, Pedro (hijo) . 
Berro Madero, Miguel 



Berro Madero, Carlos 
Beron de Astrada, M. 
Besana, Carlos. 
Bessio, Moreno Nicolás 
Biraben, Federico. 
Bosch, Benito S. 
Bosch, Eliseo P. 
Bosch, Anreliano R. 
Bonanni, Cayetano. 
Bosque y Reyes, F. 
Brian, Santiago 
Buschiazzo, Francisco. 
Buschiazzo, Juan A. 
Bustamante, José L. 



Cáceres, Dionisio R. 
Gáicena Augusto. 
Cagnoni, Alejandro N 
Cagnoni.Juan M. 
Candioti, MarcialR. 
Gánale, Humberto. 
Canovi, Arturo 
Cano, Roberto. 
Cantilo, José L. 
Cantón, Lorenzo. 
Carranza, Marcelo. 
Cardóse, Mariano J. 
Cardoso, Ramón. 
Carrique, Domingo 
Casullo, Claudio. 
Castellanos, Carlos T. 
Castex, Eduardo. 
Castiglione, Enrique. 
Castro, Vicente. 
Cerri, César. 



Cilley, Luis P. 
Chanourdie, Enrique. 
Chapiroff, Nicolás de 
Checchi, Amoldo. 
Cheraza, Gerónimo. 
Chiocci Icilio. 
Chueca, Tomás A. 
Clérice, Eduardo E. 
Cobos, Francisco. 
Cock, Guillermo. 
Collet, Garlos. 
Coni, Alberto M. 
Cornejo, Nolasco F. 
Corvaian Manuel S. 
Coronen, J. M, 
Coronel, Policarpo. 
Corti, José S. 
Courtois, U. 
Cremona, Andrés \ 
Cremona, Victor. 
Gurutchet, Luis. 
Curutchet, Pedro. 



Damianovich, E. A. 
Darquier, Juan A. 
Dasseii, Claro C. 
Dates, Germán. 
Davila, Bonifacio. 
Davel, .Manuel. 
Duwney, Carlos. 
Domínguez, Juan A. 
Dorado, Enrique. 
Douce, Raimundo. 
Doyle, Juan. 
Duhart, Martin. 



Dancan, Carlos D. 
Dufaur, Estevan F. 

Echagüe, Carlos. 
Elia, Nicanor A. de 
Eppens, Gustavo A. 
Estevez, José 
Estevez, Luis. 
Estrada, Miguel. '^ 
Espinasse, Jorge. 
Etcheverry, Ángel 
Ezcurra, Pedro 

Fasiolo, Rodolfo I. 
Fernandez, Daniel. 
Fernandez, Alberto J- 
Ferrari, Rodolfo. 
Ferreyra, Miguel 
Fierro, Eduardo. 

Fynn, Enrique. 
Flores, Emilio M. 
Fraga, Antonio. 
Franco, Vicente, 
Foster, Alejandro. 
Friedel Alfredo. 

Gainia, Alberto de. 
Gallardo, Ángel. 
Gallardo, José L. 
Gallego, Manuel. 
Gallino, Adolfo. 
Gallo, Delfín 
Gamberale, Humberto. 
Gándara, Federico W. 



SOCIOS ACTIVOS (Continuación) 



Garay, José de 
García, Carlos A. 
Gentiliui, Pascual. 
Geyer,Carlos. 
Ghígliazza, Sebastian. 
Gioachini, Arriodante. 
Giménez, Joaquín. 
Giménez, Ángel M. 
Girado, José I. 
Girado, Francisco J. 
Girado, Alejandro . 
Girondo, Juan. 
Girondo, Eduardo. 
Gollan, José E. 
Gómez, José C. 
Gómez, Pablo E. 
Gonzales, Arturo. 
González, Agustín. 
González Leiong, G. 
Gradin, Carlos. 
Granella, Antonio. 
Gregorina, Juan 
Guido, Miguel. 
Gutierrei;, Ricardo P. 

Hainard, Jorge. 
Herrera Vega, Rafael. 
Herrera Vega, Marcelino 
Herrera, Nicolás M. 
Heury. Julio 
Hicken, Cristóbal. 
Holmberg, Eduardo L. 
Hubert, Juan M. 
Huergo, Luis A. (hijo). 
Hughes, Migueh, 
Hutchison, Lorenzo. 

Iriarte, Juan 
Isnardi, Vicente.' 
Israel, Alfredo C. 
Iturbe, Miguel. 

Jaeschke, Víctor J. 
Jaureguiberri, Luis. 
Juni, Antonio. 
Jurado, Ricardo. 

Krause, Otto. 
Klein, Hermán 
Klímann, Mauricio. 

Labarthe, Julio. 
Lacroze, Pedro. 
Lagos García, Garlos 
Lagrange, Carlos. 
Langdon, Juan A. 
Laporte Luis B. 
Larregui, José 
Larguia, Carlos. 
Latzina, Eduardo. 
Eavalle C, Carlos. 
Lavergne, Agustín 
León, Emilio de 
Leonardis, Leonardo 
Lehmann, Guillermo. 
Lehemann, Rodolfo. 



Lehmann Nitsche, R. 
Levy, Raúl. 
Lizarralde, Daniel 
López, Aniceto. 
López, Martin J. 
López, Pedro J. 
Loyola, Luis. 
Lucero, Apolinario. 
Lugones. Arturo. 
Lugones Velasco, S^"', 
Luíggi, LUÍS 
Luro, Rufino. 
Ludwigí Garlos. 



Machado, Ángel. 
Madrid, Enrique de 
Mallea, Benjamín 
Mallol, Benito J. 
Marín, Placido. 
Marquestou,Alejandro 
Marcet, José A. 
Martini, Róníulo E. 
Mary, Antonio. 
Matharán, Pablo. 
Massini, Carlos. 
Massini, Estevan. 
Massini, Miguel. 
Maza, Benedicto. 
Maza, Juan. 
Malíenzo, Emilio. 
Mattos, Manuel E. de. 
Meana, Néstor. 
Medina, José A. 
Méndez, Teófilo F. 
Mendizabal, José S. 
Morían, Eduardo 
Mermos, Alberto. 
Meyer Arana, Felipe. 
Miguens, Luis. 
Mignaqui, Luis P. 
Millan, Máximo D. 
Mitre, Luis. 
Molina, Waldino. 
Mon, Josué R. 
Monsegur, Sylla 
Morales, Carlos Maria. 
Moreno, Jorge 
Morón, Ventura. 
Mosconi, Enrique 
Mosto, Andrés. 
Mugica, Adolfo. 

Naon, Alberto 
Navarro Viola, Jorge. 
Negrotto, Guillermo. 
Newton, Artemio R. 
Newton, Nicanor R. 
Niebuhr, Adolfo. 
Newbery, Jorge. 
Noceti, Domingo. 
Nogués, Pablo. 
Ñongues, Luis F. 

Ocampo, Manuel S. 
Ochoa, Arturo. 
O'Donell, Alberto C. 



Oiazabal, Alejandro M. 
Olivera, Carlos C. 
Oliveri, Alfredo 
Ortiz, Diolimpio 
Orzabal, Arturo. 
Otamendi, Eduardo., 
Otamendi, Rómulo. 
Otamendi, Alberto. 
Otamendi, Juan B. 
Otamendi, Gustavo. 
Outes, Félix F. 

Padilla, Isaías. 
Padula, ümberto. 
País y Sadoux, C. 
Paitoví Oliveras A. 
Palacios, AlbertoC. 
Palacio, Emilio. 
Páquet, Carlos. 
Parera Muñoz, Carlos. 
Paz, Manuel N. 
Pelizza, José. 
Pereyra, Emilio. 
Petersen, H. Teodoro. 
Pigazzi, Santiago. 
Pouyssegur, Luis. 
Piaña, Juan. 
Piaggio, Antonio. 
Pírovano, Juan, 
Puente, Guillermo A. 
Puiggari, Pío. 
Puiggarí, Miguel M. 
Prins, Arturo. 

Quintana, Antonio, 
Quiroga, Atanasio. 

Raffo, Bartolomé M. 

Ramos Mejía, Ildefonso 

Rebora, Juan. 

Recagorri, Pedro S. 

Repello, Luis M. 

Repossiní, José. 

Relies, Antonio. 

Reynoso, Higínio 

Riglos, Martiniano. 

Rivara, Juan 
Rivas Jordán, Leandro. 

Rodríguez, Luis C. 

Rodríguez, Miguel. 

Rodriguez González, G. 
Rodríguez de la Torre, C. 

Roífo, Juan. 

Rojas, Esteban C. 

Rojas, Félix. 

Romano, Mario. 

Romero, Armando. 

Romero, Carlos L. 

Rosetti. Emilio. 

Rospide, Juan. 

Ruiz Huídobro, Luis. 

Saenz Vahente, A. 
Saenz, Mario. 
Sagastume, José. M. 
Sallovitz, Manuel. 



Sánchez, Emilio J. 
Sanglas, Rodolfo. 
Santángelo, Rodolfo. 
Santí!lan,Santiago P. 
Sauze, Eduardo. 
Senillosa, José A . 
Saralegui, Luis. 
Sarhy, José S. 
Sarhy, Juan F. 
Schickendantz, Emilio. 
Seguí, Francisco. 
Selva, Domingo. 
Señal, Gabriel. 
Senillosa, Juan A. 
Seurot, Edmundo. 
Seré, Juan B. 
SchaW, Garlos E. 
Silva, Ángel. 
Sílveyra Luis 
Simonazzi, Guiüermo 
Siri, Juan M. 
Soldani, Juan A. 
Solier, Daniel (hijo). 
Solveyra, Mariano 
Spínola, Nicolás 
Speroni, Daniel C. 
Swenson, U. 

Taiana, Hugo. 
Taiana, Alberto. 
Tamini Crannuel, L. A. 
Tassi, Antonio 
Taurel, Luis F. 
TejadaSorzano, Carlos. 
Texo, Federico 
Thedy, Héctor. 
Torrado, Samuel. 
Trelles, Francisco M. 
Tressens, José A. 

Uriarte Castro Alfredo. 
Uriburu, Arenales. 

Valenzuela, Moisés 
Valerga, Oronte A. 
Várela Rufino (hijo) 
Vázquez, Pedro. 
Vidal, Magín. 
Vidala, Baldomero. 
VillanovaSanz,Florenci° 
Villegas, Belisario. 

Wauters, Garlos. 
Wernicke, Roberto 
Whíle, Guillermo. 
Wilmart, Raimundo 
Williams, Orlando E. 

Yanzí, Amadeo 

Zabala, Carlos. 
Zalazar, Benjamín. 
Zamboní, José J. 
Zavalia, Salustiano. 
Zeballos, Estanislao S. 
Zunino, Enrique. 



ANALES 



DE LA 



SOCIEDAD científica 



ARGENTINA 



/^a^U,;¡i SvA 



.^ FEB 9 



1927 



Director :,- Ingeniero EDUARDO AGUIRRE 
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REDACTORES 



Ingeniero Ángel Gallardo, señor Juan B. Ambrosetti, ingeniero José S. Corti, in- 
geniero Santiago E. Barabino, ingeniero Federico Birabén, ingeniero Nicolás 
de Chapiroff, ingeniero Carlo"s Paquet, ingeniero Vicente Castro, ingeniero Claro 
C. Dassen, doctor Enrique Fyn, doctor Róiiuilo E. Martini, ingeniero Eleodoro 
A. Damianovich, ingeniero Eduardo Latzina, doctor Atanasio Quiroga, señor 
Antonio Paitovi Olivera. 



MARZO-ABRIL 1901. — ENTREGA III y IV. — TOMO LI 



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Ingeniero Armando Romero. 

Ingeniero Sebastián Ghigliazza. 
Gerente Señor Juan Botto. 



índice de la presente entrega 



Valentía Balbin (necrología) 49 

Carlos Berg. Notas críticas referentes á las Contribuciones al estudio de las Aves 

chilenas de Federico Albert 55 

Florentino Ameghino. L'áge des formations sédímentaires de Patagonie fsuitej . . 65 
Bibliografía : León, Apuntes para una bibliografía antropológica de México. — 
MoRTiLLET, Le préhístorique. Origine et antiquíté de l'homme. — Anales del 
Museo Nacional de Montevideo. — Holmberü, Viaje por la Gobernación de los 
Andes. — Dusén, Die Gefasspflanzen der Magellanslander nebst einem Beitrag 
zur Flora der Ostküste von Patagoníen. — Müller, Estática gráfica aplicada á 
las construcciones 92 




Doctor "Valentín Balbín 



VALENTÍN BALBIN 

f EL 18 DE ENERO 



La Sociedad Científica Argentina ha perdido en el doctor Valentín 
Balbin uno de sus miembros honorarios más distinguido. Durante 
los períodos en que ocupó la presidencia de la sociedad fué marcado 
su paso por brillantes iniciativas y supo mantener incólume el 
prestigio de nuestra asociación. 

Los Anales pueden ostentar en sus páginas sus eruditos trabajos, 
los que quedarán como recuerdos indelebles del maestro y del 
amigo. 

« El doctor Balbin fué uno de los primeros alumnos inscriptos en 
los registros del Colegio Nacional, al fundarlo el respetado Jacques, 
bajo cuya égida estudió los primeros rudimentos de la ciencia. 

Terminados los estudios preparatorios, pasó á la Universidad, 
siendo^ también en este caso, uno de los primeros que tuvieron el 
valor de romper la rutina, hasta entonces sin solución de continui- 
dad, de estudiar ciencias sociales todos los aspirantes á adquirir 
un título académico, á cuyo efecto ingresó á la Facultad de Cien- 
cias Exactas, en buena compañía, si hemos de juzgar por los solos 
nombres de Huergo, Villanueva, White, Lavalle, Silveyra y Brian, 
que fueron de los que obtuvieron los primeros títulos de ingeniero 
en facultad nacional. 

Habiendo dado cima á sus estudios profesionales, y compren- 
diendo, como otros de sus condiscípulos, lo nominal que bajo este 
punto de vista resultaba entonces el título adquirido, dada la esca- 
sa enseñanza que se daba en nuestra incipiente escuela de ingenie- 
ría, Balbin, como aquellos, se trasladó á Europa, en procurado 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. Ll 4 



50 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

conocimientos que no era posible alcanzar aquí^ donde ni siquiera 
se habían ejecutado aún, — era en 1870 — obras públicas que pu- 
dieran servir de enseñanza eficaz á flamantes ingenieros como 
ellos. Allí pudo satisfacer sus anhelos de estudio, visitando obras 
y obradores ; estableciéndose luego, durante algún tiempo, en Lon- 
dres, desde donde remitió los materiales que debieron importarse 
para la construcción del edificio de la nueva Penitenciaría, cuja 
adquisición le fué encomendada por el gobierno de la provincia de 
Buenos Aires. 

De regreso de su gira de estudio, fué nombrado ingeniero resi- 
dente de la Comisión de Obras de Saneamiento, con cuyo motivo 
estuvo al frente — en 1886-87 — de !a dirección de la fábrica de 
ladrillos de San Isidro, ocupando luego un cargo más importante 
en la Comisión de las aguas corrientes de esta Capital, siendo, por 
lo tanto, un factor importante de su higienización. 

En 1880 fué nombrado inspector general de obras hidráulicas 
del Departamento de Ingenieros Nacionales, con cuyo motivo diri- 
gió, entre otros trabajos no menos importantes, los estudios y eje- 
cución de las obras de conducción de agua á San Luis, desde el 
embalse del Potrero de los Funes. Fué por esa época que produjo 
su trabajo sobre sistema de medidas y pesas de la República Ar- 
gentina, dando así origen á la normalización de las mismas en el 
país y á la adopción del sistema métrico decimal como medida ofi- 
cial para toda la República. 

Poco después se trasladó á la Pampa, á practicar operaciones 
geodésicas — el trazado de un meridiano entre otras — en los terri- 
torios que recién se habían conquistado al indio, operaciones que 
sirvieron de base á la mensura, subdivisión y consiguiente pobla- 
ción de aquella inmensa zona arrancada á la haraganería y á la 
impericia de sus seculares y nómades moradores. 

Luego, durante no menos de una década, el ingeniero Balbín se 
dedicó, casi exclusivamente, á sus estudios predilectos, las mate- 
máticas, en las que alcanzó á descollar hasta el punto de asentar 
esa fama de sabio cuyo cetro no le ha sido discutido por ninguna 
otra inteligencia de Sudamérica y que se expandió naturalmente 
por los centros científicos de Europa primero y de todo el mundo 
muy pronto, fama que comprueban los muchos títulos de miembro 
correspondiente ú honorario que le otorgaron, por decenas, asocia- 
ciones de las más renombradas del mundo, y que le obligó á man- 
tener una correspondencia sostenida con numerosas autoridades 



VALENThN BALBIN 51 

científicas diseminadas á los cuatro puntos cardinales del globo, 
circunstancia que hizo aumentar la especial afición que siempre 
tuvo, á la par de loa estudios matemáticos, por los filológicos, pues, 
más de una vez se vio precisado á descifrar hasta los cabalísticos 
caracteres de algún sabio del Celeste Imperio, notan desprovisto 
de ellos como aparentan creerlo sus modernos civilizadores. 

Diu-nnte esos años, se dedicó á la enseñanza en cuerpo y alma, 
dirigiendo la evolución que él mismo inició en los programas y 
métodos de enseñanza de la Facultad de Ciencias Exactas, como lo 
declararon en su sepelio quienes fueron de sus más aventajados 
discípulos, y lo reconoció la misma Facultad, otorgándole primero 
el título de doctor en ciencias exactas, y, más tarde, el de Académi- 
co honorario, yaque no pudo conseguir retenerlo á la cabeza de su 
cuerpo docente. 

En este período, el más fecundo de su vida^ ven la luz sus Ele- 
mentos de cálculo de los cuaterniones (1887), y aparecen sus tra- 
ducciones de obras, muy útiles en la enseñanza de las matemáticas 
puras y aplicadas : Elementos de Estática Gráfica, porJ. Schlotke 
y Geometría Analítica, ^ov Casey(l888), Método de los cuadrados 
mínimos, por Merriman y Trazado de curvas dadas en coordenadas 
cartesianas, por G. Woolsey Johnson (1889), las conferencias de 
Newberg sobre i /(^M/zos sistemas de barras articuladas (1890), y 
por fin, en 1894, la Geometría plana moderna, de Richardson y 
Ramsay. Durante lósanos de 1889 y 1890 publicó también la Re- 
vista de matemáticas elementales para difundir su estudio en el 
país y facilitar la tarea de los alumnos de nuestras Facultades ; dio 
cima á su Tratado de Estereométria Genética en 1894. 

Desligado, por propia voluntad, y debido tal vez á un exceso de 
susceptibilidad, de esa Facultad que tanto le debía, el doctor Bal- 
bín volvió á hacer vida de ingeniero, aceptando el cargo de direc- 
tor de las obras del Riachuelo, á cuyo frente estuvo hasta que la 
intriga — con la cual nunca quizo luchar — lo obligó á entregarse 
nuevamente á sus libros, que tanto quería, y hasta que fué llama- 
do á ocupar un cargo que pocos tenían tantos títulos para desem- 
peñarlo como él: el de rector del Colegio Nacional (casa Central), á 
cuyo cargo llevó el prestigio de su nombre. 

En esta nueva situación, que tanto encuadraba con su modo de 
ser, con sus inclinaciones, con sus conocimientos, hizo todo lo que 
esas condiciones le permitían hacer: palpando las necesidades de 
la enseñanza secundaria, se dedicó, en medio de sus tareas direc- 



52 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

tivas, á redactar textos de matemáticas elementales y otros apro- 
piados á la enseñanza del latín, y allí habríaestado tal vez hasta el 
fin de sus días, si su acción bien definida no hubiese dado en la 
incompatibilidad con propósitos ministeriales seguramente menos 
determinados. 

Y en medio de tan arduas tare.is, el doctor Balbín, movido por 
sentimientos patrióticos, hallaba aún el tiempo suficiente para 
dedicarse á escribir un tratado de Fortificación de campaña (1895), 
destinado á los jóvenes ingenieros y oficiales de ejército, que en 
esos momentos se preparaban, con no menos estusiasmo patrió- 
tico, á ser elementos conscientes y eficientes de la defensa na- 
cional ! 

Otro instituto de enseñanza científico al que llegó la benéfica in- 
fluencia de este ilustrado ingeniero, fué la Escuela Nacional de Mi- 
nas de San Juan, la que visitada por él en 1892, fué objeto de un 
extenso y bien fundado informe al que acompañaba un nuevo plan 
de estudios muy distinto del vigente entonces, él que fué adoptado 
por el poder ejecutivo, y que rige hasta hoy. 

Tampoco debe omitirse, en esta reseña de los servicios prestados 
á su país por el doctor Valentín Balbín, que hace algunos años el 
poder ejecutivo le comisionó para traducir documentos importantes 
relacionados con nuestros pleitos internacionales, tarea que solo 
podía encomendarse á una persona que, además de sus profundos 
conocimientos del idioma en que aquellos se hallaban formulados, 
reuniese otras importantes condiciones. 

La última etapa de la carrera profesional del ingeniero Balbín, 
fué su estadía en la dirección general de obras hidráulicas del Mi- 
nisterio de Obras Públicas, á raíz de fundada esta nueva secretaría 
de Estado. Esto fué ayer, y todos sabemos que se retiró cuando 
quedó plenamente convencido que su dignidad le impedía conser- 
varse en su puesto. 

¡La dignidad! este fué en todo tiempo el rasgo típico de su ca- 
rácter moral y no es el que menos ha de recomendar al doctor Bal- 
bín á la consideración de las futuras generaciones, cuando éstas se 
asombren ante la decrepitud moral que carecieriza á la época pre- 
sente, pues no es permitido suponer siquiera que puedan perdu- 
rar las anormales condiciones psicológicas que nos mueven hoy á 
transigir con tanta inmoralidad. 

Terminaremos estos incompletos rasgos biográficos del doctor 
Valentín Balbín, recordando que fué también académico titular y 



VALENTÍN BALBIN 53 

profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, y presidente déla 
Sociedad CientíHca Argentina en varias épocas; que tomó una par- 
le activa importante en las deliberaciones del Congreso Científico 
Latino Americano celebrado en esta Capital durante el año 1898, y 
que, entre las muchas honrosas distinciones de que fué objeto du- 
rante su vida de sabio, el gobierno francés le otorgó, en 1897,1a 
condecoración de Oficial de Academia ». 



Enrique Chaisourdie. 

[De la Revista Técnica). 



DISCURSO DEL DOCTOR CARLOS M. MORALES, DELEGADO 
DE LA « SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA » 

« La Sociedad Científica Argentina, me ha designado para dar el 
último adiós al doctor Valentín Balbín, que figuraba en la lista 
reducida de sus miembros honorarios, que desempeñó el cargo de 
presidente durante varios períodos y que ilustró su tribuna y sus 
anales con sus conferencias y publicaciones. 

« No es sólo la República Argentina la que está de duelo por la 
muerte del ilustre ciudadano que la honró con sus profundos co- 
nocimientos en las ciencias exactas, es la América toda que pierde 
en él su primera cabeza matemática. 

«Fué el ingeniero Balbín de los primeros que obtuvieron su di- 
ploma en la Facultad de Buenos Aires, y desde entonces, durante 
treinta años, su acción fecunda se ha traducido en obras públicas 
dirigidas y llevadas á cabo con una honradez y competencia que 
está en la conciencia de todos los que lo trataron ; en notabilísimos 
textos de enseñanza, en obras matemáticas que han merecido elo- 
gios de eminencias europeas no acostumbradas á prodigarlos sino 
al mérito real; y no contento con su producción propia, tradujo 
obras didácticas que han sido y serán de gran utilidad para la ju- 
ventud estudiosa. 

« Desde las matemáticas elementales hasta las altas concepcio- 
nes de la matemática moderna, todo lo alcanzó su inteligencia 
privilegiada, servida por un amor al estudio tan excesivo, que ha 
sido uno de los factores que más han contribuido á su temprana 
muerte. 



54 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

« Su obra sobre cuaterniones á la que dedicara lodo el esfuerzo 
de su inteligencia, su tratado de Estereométria Genética que con- 
densaba por primera vez en forma de libro la síntesis de las pu- 
blicaciones diseminadas en revistas científicas, y tantas otras, ha- 
rán destacar su figura en el futuro, mostrando la labor de este 
gran estudioso en medio de una época de materialismo y fríos 
escepticismos. 

«Él inició la reforma de la enseñanza en nuestra Facultad de 
ciencias exactas, allí fué maestro en la más amplia acepción de la 
palabra, enseñando cuanto sabía, prodigándose por decir así, lle- 
vando de la mano á sus discípulos á través del campo aparente- 
mente árido de las matemáticas, para llegar á la verdad, suprema 
aspiración de los que sienten y de los que piensan, 

« Su modestia y quizá su modo de ser^ — hay que decir la verdad 
delante de los restos del que durante su vida le rindió culto inal- 
terable; — han sido causa de que su personalidad no tuviese la 
figuración brillante á que tenía derecho por sus virtudes, por su 
talento y por su saber. 

«Figuración brillante he dicho porque se pierde en el doctor 
Balbín al par del hombre de ciencia, al que fué funcionario auste- 
ro, incorruptible, al que rendía culto ferviente al honor de un ape- 
llido llevado sin mancha. 

«Si hay justicia, señores, debe pasar por ésta ciudad un hálito 
de tristeza porque desaparece un hombre en el cual se podía tener 
fe ciega, porque se sabía que los intereses á él confiados estaban 
custodiados por una integridad, una gran ilustración y un carác- 
ter, amalgama difícil de hallar por desgracia en nuestra frágil en- 
voltura humana. 

« Al dar e! postrer adiós al doctor Valentín Balbín, en nombre 
de la Sociedad Científica Argentina, lo doy, desdólo íntimo de mi 
ser, al maestro y al amigo.» 



NOTAS CRÍTICAS 



REFERENTES Á LAS 



CONTRIBUCIONES AL ESTUDIO DE LAS AVES CHILENAS 



DE FEDERICO ALBERT. 
POR 

CARLOS BERG 



Desde algún tiempo el señor Federico Albert, de Santiago de 
Chile, viene publicando en \os Anales de la Universidad de Chileuna. 
serie de trabajos relacionados con la fauna ornitológica de aquel 
país, con el título de Contribuciones al Estudio de Aves chilenas. 

El autor, al enviarme la primera remesa de sus publicaciones, 
la acompañó de una carta en que me pidió mi opinión sobre el 
mérito de aquellas. 

Mis muchas tareas me impidieron ocuparme pausadamente de 
ios trabajos en cuestión, para formarme un juicio exacto de su va- 
lor científico, y probablemente las cosas habrían quedado en este 
estado si no hubiera mediado una circunstancia que me incitó á 
proceder á su revisión. 

El hecho fué que revisando la Revista Chilena de Historia Natu- 
ral con objeto de mis Rectificaciones y Anotaciones d la Sinopsis de 
los Hemipteros de Chile, de Edwyn C, Reed, tropezé con un nuevo 
trabajo del señor Albert, aparecido en dicha revista (año IV, p. 7. 
1900). 

Casi á primera vista llamó mi atención un error craso de nomen- 
clatura. 

Ocúpase el señor Albert en este trabajo de la familia Plataleidae, 
describiendo la única especie, á la cual llama Ajaja rosea, en lu- 



56 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

gar de Ajaja ajaja, demostrando así su ignorancia respecto á 
las reglas de nomenclatura sentadas por los Congresos de Zoología 
(París 1889 y Moscova 1892). 

Semejante error hízome comprender que la capacidad científica 
del señor Albert no estaba cimentada en bases sólidas, y que con- 
vendría revisar cuanto antes sus producciones en las cuales, á no 
dudar, debía encontrar tela en que cortar, como efectivamente 
sucedió, pues son muchos y graves los errores de sistemática y 
otros en que ha incurrido; errores que no conviene cubrir benévo- 
lamente con el manto del silencio, otorgando así carta de ciuda- 
danía á herejías que comprometen el sano culto de la ciencia. 

Y no se me juzgue como demasiado severo, cuando digo que 
raras veces se ha presentado al paladar de la crítica un guiso de 
aves peor aderezado que esas Contribuciones ornitológicas del 
señor Albert, pues otro fallo no merecen. 

Debo advertir aquí, que á mi regreso de Europa, en 1897, encon- 
tré una carta de aquel señor, en la cual me comunicó su intención 
de escribir sobre la avifauna de Chile, pidiéndome al mismo tiempo 
consejos para la mejor ejecución de semejante trabajo. 

Pronto siempre para ayudar á los que desean iniciarse en el 
campo literario de la Historia Natural, contesté al señor Albert, in- 
dicándole todas las obras y publicaciones menores que debería 
consultar, trazándole, por decirlo así, un itinerario seguro, para 
que no diera pasos en falso, y produjera algo bueno. El señor Al- 
bert, ó bien no ha seguido mis consejos, dejando de consultar los 
autores que le había indicado, ó no habrá sabido aprovechar sus 
publicaciones : en ambos casos debería haber economizado gran 
parte de la tinta que ha empleado para dar á luz estos estudios or- 
nitológicos. 

Pero entremos en materia. 

Tomando al azar cualquiera de las entregas de hs Contribuciones 
en cuestión, se me presentó la en que se trata de la familia Capri- 
mulgidae. 

Su revisión no me ofrecía mayores dificultades, pues hace 
apenas un par de años que me había ocupado de clasificar los 
caprimúlgidos de la colección ornitológica del Museo Nacional á 
mi cargo. 

Según el señor Albert, los Caprimulgidae están representados en 
Chile por una sola especie, « Caprimulgus bifasciatus Gould », á la 
cual el novel autor adscribe la siguiente sinonimia : 



' NOTAS CRÍTICAS 57 

Caprimulgus miclmus Phil. 

— gularis Phil. 

— obscurus Phil. 

— parvulus Gould 

— decussatus Tsch. 

— aeguicdiidaius Peale 

— conterminus Peale 
Síenopsis longirostris Cass. 

— reticulatus Gray . 

— bifasciata Sel, 

— macrorhyncha Salvad. 

— ruficervix Sel. 
Antrostomus bifasciatus Bp. 

— decussatus Bp. 

— longirostris Bp. . 

— parvulus Sel . 

¡Qué maraña sinonímica y qué ignorancia supina! 

¡El señor Albert enumera una sola especie de caprimúlgido para 
laavifauna de Chile, la denomina, contra las reglas modernas de 
nomenclatura, Caprimulgus bifasciatus Gould en lugar de Ste- 
nopsis longirostris (Bp.) Cass., y en la sinonimia confunde 
cuatro especies diferentes ó buenas! Allí van : 

Stenopsis longirostris (Bp.) Cass. (1825-1851) es bonaspe- 
cies, con la sinonimia siguiente: Caprimulgus bifasciatus 3 . Gó . 
(1837), Caprimulgus conterminus Peale (1858), Caprimulgus andi- 
nus Phil. Landb. ('Í860) y Stenopsis reticulatus G. R. Gray (1869). 

Caprimulgus parvulus J. Gd. (1837) es oivdi buena especie 
y genéricamente diferente de la anterior. Bonaparte la había colo- 
cado, en 1850, en el género Antrostomus que es sinónimo de Capri- 
mulgus L., y Cassin, en 1858, en el de Stenopsis. 

También Stenopsis decussata (Tsch.) Hart. (1844-1892) es 
especie distinta de las anteriores; su sinonimia es: Caprimulgus 
aequicaudatus Peale (1848) y Stenopsis macrorhyncha Salvad. 
(1868). 

Por último, la cuarta bona species es Stenopsis ruficervix 
Sel. (1866). 

Estas cuatro especies diferentes han sido ligadas entre sí y refun- 
didas en una única por el autor chileno. No alega razones de nin- 
guna clase para semejante fusión, lo cual prueba que no ha llegado 
á este resultado por las vías científicas, sino que ha procedido 



58 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

arbitrariamente, cayendo de error en error, indudablemente por- 
que no conoce bien el ave que pretende describir con tanta soltura 
y porque no ha sabido beber en buenas fuentes acerca de los Ca- 
primulgidae, como son las monografías del muy meritorio espe- 
cialista Ernst Hartert, de Tring, publicadas en 1892 y 1897 (1), las 
cuales me han servido de guía para mis clasificaciones de los ca- 
primúlgidos del Museo que dirijo, y ahora me facilitan también 
estas observaciones críticas. 

Ahora bien, sentado el hecho de que el señor Albert, mediante 
su enmarañada sinonimia, ha hecho una sola especie de cuatro dife- 
rentes, nos vemos forzosamente en el caso de preguntar, ¿cuál de 
las cuatro especies ha tenido en vista? y cuáles de ellas pertenecen 
á la fauna chilena? 

Hay que advertir que siendo las tres especies citadas del género 
Stenopsis muy semejantes entre sí, no es posible resolver á cuál 
de ellas se refiere la descripción dada por el señor Albert, si bien me 
inclino á suponer que el autor haya tenido en vista k Stenopsis 
longirostris (Bp.) Cass. 

En cuanto á la otra cuestión^ es decir, cuáles de las cuatro espe- 
cies entremezcladas por el señor Albert se encuentran en Chile, po- 
demos asegurar, á pesar de lo consignado por este autor;, que 
pertenecen á aquella fauna, Stenopsis longirostris (Bp.) Cass. y 
Stenopsis ruficervix Sel., por lo tanto, cuando menos, dos especies. 
A esto hay que agregar, que habiendo sido observado Caprimulgus 
parvulus J. Gd. en Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y la Argentina, 
es más que probable que exista también en territorio chileno; en 
este caso serían tres las especies de caprimúlgidos de la fauna 
chilena. 

Además, Lesson,en el año 1839, describe un Caprimulgus exilisy 
encontrado en Chile, especie que no han podido examinar autores 
modernos, suponiéndola idéntica á Chordeiles acutipennis pruino- 
sus (Tsch.) Hart., descripta del Perú; si resultara exacta la indica- 
ción de Lesson (lo que es probable), habría entonces que agregar 
esta cuarta especie más. 

Con lo que dejo expuesto habría lo suficiente para corroborar el 



(1) Hartert, E., Cypselidae, Capriraulgidae, Podargidae and Steatornithidae . 
En : Cat. of the Birds in the Brit. Mus. XVI. London, 1892. 

Hartert, E., Podargidae, Capriraulgidae and Macropterygidae. En: Das Tier- 
reich. I. Berlín, 1897. 



NOTAS CRÍTICAS 59 

juicio que he emitido respecto á este trabajo ornitológico del señor 
Albert, por aquello de que para muestra basta un bolón ; empero, 
para mayor abundancia, quiero aún ocuparme de otra familia de 
que trata dicho autor en una de las últimas entregas de su publi- 
cación, á saber los Ardeidae, con lo cual concluiré estas Notas 
críticas. 

De esta familia enumera y describe las siguientes especies: 
1° Árdea cocoi Linné; 2° Árdea egretta Gmelin; 3° Árdea candi- 
disswia Cjme]iu; 4° Ardetta exilis Gmelin y '6° Nycticorax griseus 
Stricklaad. 

En cuanto á la primera especie, casi todo va bien, con excepción 
de que falta la indicación del sinónimo Árdea fuscicollis Vieill. y 
de que para el de Árdea maguari figura el curioso autor «Spix 
Avium» (?!). 

Muy embrollado es lo que se relaciona con la segunda especie. 
Primero, no pertenece al género irrfea L., sino al género Hero- 
dias Boie; segundo, la sinonimia dada por el señor Albert causa 
horror. Contiene nombres de especies que nada tienen que hacer 
con la en cuestión y que no pertenecen á la fauna de Chile, sino 
que se encuentran en otras partes del globo, como África, Asia, 
Australia y Europa. Así, por ejemplo, Egretta flavirostris Bp. es 
Mesophoyx brachyrhyncha (Brehm) Sharpe, que ha sido 
observada hasta ahora sólo en África; Árdea magnifica Verr., 
Egretta modesta Bp. y Herodias flavirostris Gray (part.) son sinó- 
nimos de Herodias alba (L.) Gray, la cual se halla en Europa, 
Asia y África; Árdea flavirostris Wsig\., Egretta syrmatophora Bp., 
Herodias flavirostris Gray (pari.) y Herodias syrmatophora Goulá, 
pertenecen como sinónimos á Herodias timoriensis (Cuy.) 
Sharpe, que habita en la China, en el Japón y en Australia, y, por 
último, Árdea brasiliensis Briss. es sinónimo de Tigrisoma li- 
neatum (Bodd.) Sharpe, garza observada hasta ahora en Trinidad, 
la Guayana, Norte del Brasil, Ecuador, Panamá y el Perú. 

La tercera especie que enumera el señor Albert con el nombre de 
Árdea candidissima Gmelin, tampoco pertenece al género ArdeaL., 
sino á Leucophoyx Sharpe, y el sinónimo Árdea ohula que le 
adscribe es, según toda probabilidad, sinónimo de Florida cae- 
rulea (L.) Sp. Baird, especie aun no observada en Chile. 

Respecto á la cuarta especie, Ardetta exilis (Gm.) Gray, está 
bien determinada, pero á pesar de su muy corta sinonimia, ha 
sabido el autor introducir un error, pues, Ardetta ¡mnctata Gray, 



60 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

que hace figurar, pertenece como sinónimo á Ardetta pusilla 

(Vieill.) J. Gd., ave australiana, y no á Ardetta exilis (Gm.) 
Gray. 

Con la quinta especie enumerada por el señor Albert, le ha pasado 
algo de bien curioso. En primer lugar ha hecho una mezcolanza 
de tres especies diferentes, que para él constituyen una sola. Estas 
especies son : Nycticorax nycticorax (L.) Lcht. (1758-1854), 
Nycticorax cyanocephalus (Mol.) Fras. (1782-1848) y Nyc- 
ticorax tayazu-guira (Vieill.) Sharpe (1817-1898), las cuales 
ha reunido en una sola: Nycticorax griseus Strickl. 

En segundo lugar hay que advertir que Nycticorax griseus es un 
sinónimo de la especie Nycticorax nycticorax (L.) Lcht., que 
no se encuentra en Chile. 

Tercero y último, las dos especies Nycticorax cyanocepha- 
lus (Mol.) Fras. y N. tayazu-guira (Vieill.) Sharpe, que habi- 
tan en Chile, figuran en el trabajo del señor Albert sólo como sinó- 
nimos del erróneamente citado N. griseus Gm. 

A todo esto hay que agregar que el señor Albert no ha enumerado 
otra especie chilena de los Ardeidae, á saber Ardetta involu- 
cris (Vieill.) Sel. Salv. (1823-1869). 

Recapitulando resulta que^ deduciendo de la lista del autor el 
Nycticorax nycticorax (L.) Lcht. (N. griseus Albert!) y agregando 
las tres especies no enumeradas por él, se conoce hasta ahora siete 
especies de ardéidos para la avifauna de Chile. 

En cuanto á la rectificación de los 32 nombres sinonímicos que 
el señor Albert agrega á su. Nycticorax griseus, se me dispenserá de 
ella, porque sería asunto largo y fastidioso. 

Como hasta aquí solamente me he ocupado de cuestiones de sis- 
temática y de nomenclatura, y para que no se crea que en lo demás 
el trabajo del señor Albert tenga méritos que compensarían los erro- 
res á que me he referido, conviene dejar constancia de que tam- 
bién adolece de defectos en la parte descriptiva. Así, por ejemplo, 
es á veces bastante difícil reconocer á qué especie se refiere la des- 
cripción, cuando hay varias muy parecidas entre sí. 

También dejan bastante que desear estas descripciones con res- 
pecto á las expresiones empleadas. Omito la indicación de ejem- 
plos poco lisonjeros para el autor. 

Tampoco no ha sido muy feliz eri sus diagnósticos escritos en un 
latín lleno de errores gramaticales y con términos castellanos lati- 
nizados, verbigracia : listatus, marcatus, etc. 



NOTAS CRÍTICAS 61 

Es sensible ver que á menudo personas que podrían ser muy 
útiles al estudio de la Historia Natural," quieran tender el vuelo de- 
masiado alto, perdiendo lastimosamente su tiempo, y contribuyendo 
á la difusión de errores; y es igualmente sensible que publicaciones 
serias, como en el caso que nos ocupa los Anales de la Universidad 
de Chile, admitan trabajos de esta naturaleza. 

¡Ojalá no predicáramos en desierto! 

Buenos Aires, XI. 31. 1900. 



LA DESTRUCCIÓN DE LA MAMPOSTERIA 

POR LOS GASES CLOACALES 
Por el Doctor JUAN J. KYLE 



La cloaca máxima que conduce las aguas cloacales de la ciudad 
de Buenos Aires al Río de la Plata esta provista de trecho en trecho 
de pozos de ventilación, cuyas bocas en forma de chimeneas ó to- 
rres se elevan á algunos metros de altura como habrán observado 
todos los viajeros entre Barracas y Quilmes. Desde hace algunos 
años en algunos de dichos pozos han aparecido rajaduras en 
la manipostería que han llamado la atención de los ingenieros 
que tienen á su cargo las obras de salubridad. Los desperfectos 
interesan no solamente el cemento ó mortero, hasta los ladrillos á 
máquina se han fracturado, partiéndose en varias secciones gene- 
ralmente longitudinales. Con el objeto de investigar !a causa de 
este fenómeno, pedí que se rae enviara una cantidad de los ladri- 
llos y del mortero adherente para proceder á su análisis en el caso 
de haber motivo de creer que la destrucción no sea debida á una 
fuerza mecánica como el asiento del subsuelo, sino á una acción 
química de algún agente desconocido. 

Tanto los ladrillos como el mortero de cemento y arena cuarzosa 
parecen muy húmedos, aun después de estar expuestos al aire 
durante varios días. El mortero se desprende fácilmente del ladri- 
llo, y éste presenta en las superficies internas cristalizaciones de 
sulfato de calcio, viéndose en algunas partes eflorescencias de 
cristales mucho más solubles que son de alumbre amoniacal con- 
teniendo fierro. Los ladrillos y mortero enrojecen el papel de tor- 



LA DESTRUCCIÓN DE LA MAMPOSTERÍA POR LOS GASES CLOACALES 63 

nasol puesto on contacto con ellos, debido al ácido sulfúrico, cuja 
presencia fué acusada en el análisis cualitativo. He practicado el 
análisis cuantitativo del mortero obteniendo el resultado siguiente : 

Agua. , 19.60 

Acido sulfúrico libre 0.90 

Sulfato de calcio 26.37 

Sulfato férrico 1 . 7o 

Arena cuarzosa 50 . 75 

Magnesia, álcalis, etc G.63 

100.00 

Es evidente que la composición del mortero ha sido completa- 
mente alterada, no le queda absolutamente cal libre ni carbonata- 
da; toda se ha convertido en sulfato, y estando éste empapado en 
un líquido ácido, es fácil comprender que su dureza y tenacidad 
han sido afectadas desfavorablemente. 

Un trozo de ladrillo, sin mortero adherente, fué pulverizado, y 
tratado por agua destilada y en el líquido acuoso se determinó el 
ácido sulfúrico, hallándose 2,128 por cien partes del ladrillo, ha- 
bía también 0,5 por ciento de alúmina y óxido férrico. Se ve, pues, 
que la arcilla ha sido parcialmente descompuesta por la acción del 
ácido sulfúrico pero que la mayor parte de éste se halla en estado 
libre. Me parece incuestionable que la mampostería de las torres 
ventiladoras ha sido destruida ó cuando menos seriamente deterio- 
rada por la acción del ácido sulfúrico sobre la arcilla y sobre el 
cemento ó mortero calcáreo, 

¿ Cómo se ha formado el ácido destructor ? Según mi parecer el 
origen del ácido ha sido el gas sulfurado ; hidrógeno sulfurado y 
vapores amoniacales que desprenden las aguas infectas que con- 
duce la cloaca máxima y las que escapan de los pozos de ventila- 
ción. Gmelinensu Randbook of Chemistry (vol.2, p. 198), dice: que 
una mezcla de hidrógeno sulfurado y de aire atmosférico dirigida 
sobre un paño de hilo bien mojado ala temperatura de 40° á 50° C, 
ataca la fibra debido á la formación de ácido sulfúrico. Cita el 
mismo autor el caso interesante siguiente. 

En los baños sulfurados de Aix en la Savoia, las paredes que 
son de piedra calcárea se cubren de sulfato de cal y los ganchos de 
fierro se convierten en vitriolo verde. Se ha observado igualmente 
que en la Toscana los vapores volcánicos ricos en hidrógeno sulfu- 



(34 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

rado no contienen el ácido sulfúrico, pero en contacto con la tierra 
el carbonato calcico de ésta se convierte en sulfato. 

Corno se rae ha informado que las rajaduras de las torres de 
ventilación no se observan en las paredes de la cloaca misma, es 
probable que la oxidación de los gases sulfurados tiene lugar en 
la mampostería más directamente expuesta al aire atmosférico, 
donde se hallan los factores necesarios para la formación del ácido 
sulfúrico, ó sea el hidrógeno sulfurado, el oxígeno y un material 
poroso, caldeado por los rajos del sol. La presencia de amoníaco 
en el alumbre que se cristaliza sobre los ladrillos, se explica fácil- 
mente por la presencia de este gas en el agua cloacal, sea en estado 
libre sea bajo la forma de sulíhidrato. Opino que el deterioro de 
los pozos de ventilación de la cloaca máxima es debida á la acción 
química del ácido sulfúrico sobre el material arcilloso y calcáreo, 
y que este ácido proviene de la oxidación del hidrógeno sulfurado 
formado durante la putrefacción de las aguas cloacales. Los inge- 
nieros sanitarios aleccionados por el caso presente, deberán prote- 
gerlas construcciones expuestas ala acción de los agentes destruc- 
tores á que he hecho referencia, procurando la impermeabilidad 
de la mampostería por medio del asfalto ú otra materia análoga. 



L'AGE 

DES 

FORMATIONS SÉDIMENTAIRES DE PATAGONIE 

Par florentino AMEGHINO 

(Suite) 



Tous les exemples crassociation d'espéces dont il fait mention 
pour démontrer que le patagonien ne constilue qu'un seul étage 
n'ont pas de valeur par les raisons suivantes : 

1° L'auteur confond les formes véritablement caractéristiques ne 
reconnaissant pas de dlíférence entre des espéces servant á caracté- 
riser les étages, ce qui embrouille toute la question. Les buitres en 
présentenl un exemple. II ne reconnait pas de différence entre Os- 
írea Hatcheri Ort. du patagonien et VOstrea patagónica Orb. var 
Philippi Ort. du santacruzien, et pour augmenter encoré la confu- 
sión il identifie ees deux espéces avec Ostrea ingens Zitt. du tertiaire 
de la Nouvelle-Zélande, espéce certainement bien difieren te de cel le 
de Patagonie. 

2° Le cas de San Julián oü il aurait trouvé les espéces que je 
mentionne comme de l'étage julien associées á une espéce d'huítre 
qui se trouverait aussi dans le superpatogonien, ne prouve absolu- 
ment rien, puisque nous avons vu que l'auteur confond l'buítre du 
patagonien avec celle du santacruzien. En outre il ne nous dit pas 
leniveau dans lequel il a recueilli lesfossiles, condition indispen- 
sable pour juger de leur antiquité, car á San Julián s'j trouvenl 
representes les deux étages : le julien á la base et le léonien en dessus. 

3° La présence un peu plus au sud, mais á un niveau un peu 
supérieur, de Terebratula patagónica et Siphonalia noachina, n'a 
rien de surprenant puisque précisément je cite ees deux espéces 
comme se trouvant depuisla basejusqu'au sommet du patagonien. 

4" Dans le cas de l'embouchure du Rio Santa Cruz, nous sora- 

AN. SOC, CIENT. ARG. — T. LI 5 



66 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

mes encoré en présence d'espéces que, comnne Terebratula patagó- 
nica, j'ai constaté qu'on les trouvent dans toute la serie. Ce qu'il dit 
de l'association de l'huítre est sans valeur par la confusión dont 
j'ai déjá parlé plus haut. Quant á la présence de Jheringia (Amathu- 
Síaa/ííeajangíw/a/a, sans la déclarer inri possible, je consta te qu'aucun 
desnombreuxnaturalistesqui depuis Darwin ontfaitdescoUections 
dans la méme localité, ne l'a jamáis rencontrée. En outre, les cou- 
ches íbssiliféres de cette localité ont une épaisseur de plus de 250 
métres, et comme l'auteur ne dit pas la hauteur d'oü il a obtenu ses 
fossiles, tout ce qu'il dit aii sujet de l'association des espéces n'a 
pas d'importance, d'autant plus que M. C. imeghino, m'informe 
que dans cette localité, tout á fait en haut des falaises il j a une 
couche fossilifére marine d'époque símtacruzienne. 

5° Les couches marines inférieures de Monte Observación sont du 
patagonien supérieur (étage léonien), le patagonien inférieur n'é- 
tant pas ici á découvert ; les couches marines snpérieures sont du 
superpatagonien. Cucullaea alta mentionnée par Tauteur des cou- 
ches inférieures est dono a sa véritable place, puisque c'est une 
des espéces que j'ai indiqué comme se trouvant dans l'étage léo- 
nien. Voluta Ameghinoi, Terebratula patagónica et Dentalium 
octocostatum recueillis par Hatcher dans la partie supérieure sont 
aussi a leur véritable place puisque ce sont des espéces superpa- 
tagoniennes. La présence dans ees mémes couches superpatago- 
niennes de Siphonalia noachina prouve tout simplement que cette 
espéce est com muñe aux deux formalions. Quant á Ostrea ingens, 
selou lui des mémes couches, nous sommes en présence d^un nom 
qui parait introduit a propos pour que Ton ne puisse plus se recon- 
naítre ; pourtant, je suis en état d'affirmer que dans les couches 
superpatagoniennes de cette localité, en fait d'huítres on ne ren- 
contre que VOstrea patagónica Orb. var. Philippii Ort. bien facile á 
distinguer de \ Ostrea Eatcheri de l'étage inférieur. 

6° A propos des fossiles du Lac Pueyrredon je crois utile de pla- 
cer sous les yeux des lecteurs ce qu'il en dit. « At the base of the 
marine Tertiary in the Lake Pueyrredon section, wich according to 
Ameghino should be Supra-Patogonian beds, we havetheíollowing 
five Juliense species, Terebratella patagónica, Bouchardia Zitteli- 
Rhynchonella nigricans, Pectén geminatus, Echinarachnius juliense, 
and Perna quadrisulcata, a Leonense species, together with Ostrea 
ingens, a Leonense and Supra-Patagonian species». Pourquoi ees 
couches seraientd'aprés moi superpatagoniennes? C'est bien cu- 



l'age des formations sédimentaires de patagonie 67 

rieiix ; ni Carlos Ameghino ajamáis visité cette localité, ni j'en ai 
jamáis vu des fossiles, ni j'en ai jamáis parlé ! L'auteur confond en 
outre avec Rhynchonella nigricans, Sow, la Rhynchonella plicigera, 
Ihr., qui en est bien difiéreme. Pour VOstrea ingerís je n'ai qu'á 
répéter que l'auteur avec ce nom confond deux espéces d'áge dif- 
férent et quant á Terebratella patagónica on la Irouve dans toute 
la sene. Toulefois, si j'avais á juger de l'áge des couches de cette 
localité d'aprés la liste de fossiles donnée par l'auteur, vu la prédo- 
minance des brachiopodes et leur référence á des espéces du pata- 
gomen inférieur, je les placerais dans l'étage juléen. 

T Dans les couches supérieures du superpatagonien du cours 
supérieur du Rio Chalia (Sehuen) et du Rio Chico, il aurait recueilli 
Terebratula patagónica, Rhynchonella nigricans (sans doute plici- 
gera Ihr.) et Echinarachnius juliensis, espéces de julien associées á 
Turritella argentina du léonien et Ostrea ingens du léonien et du 
superpatagonien. Or, toutes ees espéces sont du patagonien, et il 
est probable que l'huítre soit en réalité Ostrea Hatcheri. Or étant 
ainsi, je ne vois pas pourquoi ees couches doivent étre du superpa- 
tagonien plutót que du patagonien. 

De tout ce qui precede, il resulte clairement que l'auteur en 
questionn'arien prouvé; avec ses critiques il ne fait qu'embrouiller 
la question sans aucun profit. Par exemple, il dit (ibid., page 103) 
que les couches terliaires du cours supérieur du Rio Chalia, de 
Schell Gap et du lac Puevrredon d'aprés moi seraient du superpa- 
tagonien, tandis qu'il y a une préponderance des espéces que j'ai 
donné comme propres de la base du patagonien. 

Je n'ai fait mention de l'existence du superpatagonien dans le 
cours supérieur du Sehuen (Chalia) et Rio Chico qu'une seule fois, 
dans M, page 133, et cela d'aprés l'autorité de M. Hatcher selon 
ses renseignements publiés dans 12, page 338, S'il a pris pour du 
superpatagonien des couches contenant la faune de la base du 
patagonien, ce n'est pas á moi la faute ; il doit se critiquer lui 
méme, mais cette douloureuse expérience me fera méfier de píus 
en plus de ses renseignements. Quant aux couches du lac Puejrredon 
je ra'en refere a ce que j'en dis plus haut. 

Bref, tous les arguments de M. Hatcher se basent sur une suite 
de confusions des espéces, des localités et des étages correspondants, 
confusión qui parait n'avoir d'autre but qu'un pretexte pour criti- 
quer, embrouiller et faire de la chicane. 

L'association de quelques espéces qui en d'autres localités sont 



68 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

reconrmes comme se distribuant dans deuxétages superposés, n'im- 
porte qui rinterprélerait comme indiquanl la présence de couches 
de Iransilion. M. Halcher pense autremeni ; cela lui fourni le pre- 
texte pour ne pas reconnaítre l'existence d'étages différents dans la 
íormation patagonienne, qui d'aprés lui présenterait absolumentla 
méme faune depuis la base jusqu'au sommet, faune qui serait en- 
coré la méme dans l'étage superpatagonien de la formation santa- 
cruzienne ! Rien qu'un fait sufñt a démontrer le peu de fondement 
des raisonnements de l'auteur. II s'agit d'un ensemble de dépóts 
marins tertiaires de plus de 500 métres de puissance, qui s'éten- 
dent sur une vaste región et se sont déposés tout le long d'une cote 
océanique ouverte, et que malgré l'énorme espace de temps qu'ils 
représentent, ne montreraient aucune variation de faune dans toute 
leur épaisseur. Cela n'est pas sérieux et je m'en tiens á mes divi- 
sions. 

Dans Science (27, page 263), en faisant une revisión critique d'un 
travail du docteur Ihering sur les moUusques de la formation pata- 
gonienne, M. Hatcher écrit : « Following Dr. Ameghino, von Ihe- 
ring considers the Patagonian and Suprapatagonian (Santa-Cruz) 
beds, as quite distinct and proceeds to set íorth at some lenglh the 
paleontologic and lithologic features wich according to him are 
characteristic of each. Happily we ha ve here for the first timeade- 
finitive locaütj given where ihe Patagonian beds may be observed 
in their typical development and exhibiling those lithologic and pa- 
leontologic features, which, according to Dr. von Ihering, distin- 
guish them from the Suprapatagonian beds. This alone is a most 
important point, since it gives us a definiiebase from which tostart 
in a comparative study of the Tertiary formations of Patagonia, as 
they are understood by Drs. von Ihering and Ameghino. It is to be 
hoped that the latler author will also, in the no distant future, realize 
the importance of givingat least some one definite localityat which 
each of the various geological horizons (Mesozoic and Tertiary) that 
have been named by him al various times may be found and stu- 
died ». Or, les points oü se présente le patagonien typique, je les ai 
indiques depuis 1894 (4, pages 4 á 7), ouvrage bien connu de M. 
Hatcher, puisqu'il le cite assez souvent, et ees iocalités sont les 
mémes qu'il indique dans 12, page 334. C'est dans cette méme 
localité typique de Santa Cruz que le naturaliste voyageur du mu- 
sée de Sao Paulo a recueilli les derniers fossiles étudiés par le doc- 
teur Ihering, et c'est moi qui condescendant a une demande de M. 



LAGE DES FORMATIONS SÉDIMENTAIRES DE PATAGONIE 69 

liiering, j'ai indiqué á M. Bicego celte localité comrae étanl la plus 
appropriée pour collectionner des íossiles caractéristiquesdu Pata- 
gonien. En oulre, M. Ihering a indiqué les localités de tous les ios- 
siles patagonieiis collectionnés par C. Ameghino. 

A. quoi bon done ce «Happily we liave here for ihe first time, 
etc., etc.?» Le procede de M. Halcher á mon égard est plus qu'in- 
juste ; je ne sais pas á quoi cela répond, mais toute sa discussion 
ne porte pas Tempreinte de la franchise, du sérieux et du respect 
que Ton doit Irouver dans les travaux exclusivennent scientifiques 
et qui n'ont d'autre but que la recherche de la vérilé. 



L'AGE DE L4 FORMATION PATAGONIENNE 



La formation patagonienne depuis Darwin et d'Orbigny qui l'on 
fait connaítre jusqu'á Doering qui est un des derniers auteurs qui 
s'en sont occupés, on l'a toujours considérée conime eocéne ; So- 
werby, Bravard, Phiüppi, Hupé, Rémond de Corbineau, Nogués, 
etc., sont d'accord sur ce sujet. Par le fait, il ne s'est elevé de 
doute sur son age que depuis qu'on a trouvé des débrís de mam- 
uiiféres dans les formations qui s^j trouvent immédiatementsuper- 
posées ou qui gisent en dessous. De nrion cote, Jugeant par les 
caracteres de la faune malacologique et par les données stratigra- 
phiques de C. Ameghino, j'ai consideré le patagonien commerepré- 
sentant l'éocéne inférieur. 

M. Hatcher, dans son premier mémoire (12, page 337), accepte 
Táge éocéne de cette formation, déraontrée par les mollusques fossi- 
les desquels i! en a donné la liste. Pourtant, comme il paraít qu'il 
a toujours besoin de critiquer, prétextant que j'ai attribué le pata- 
gonien au crétacé^ il la prend longuement avec moi, cherchant á 
prouver le contraire ! La vérité est que j'ai toujours consideré la 
formation patagonienne comme éocéne ; une seule fois j'ai dit que 
cette formation avait commencé avec le crétacé supérieur, puisque 
les dépots marins de cette derniére époque on les considérait alors 
comme tertiares et la transition du crétacé au tertiáire est presque 
insensible, mais j'ajoutais que la véritable formation patagonienne 
était indisputablemenl éocéne (7, page 97). Presque aussitot j'ai 
place ees dépots marins avec fossiles mesozoíques dans le crétacé 



70 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

supérieur (10, pages 406, 408, ol 0-511 ; 11, pages 117-122) les sé- 
paranl ainsi de la véritable jormalion patagoniemie a laquelle je ii'ai 
jamáis attribué un age crétacique comme on veut me le faire diré. 

Dans son récent mémoire, M. Hatclier change d'avis ; le patago- 
nien n'est plus de l'éocéne, sinon de Toligocéne supérieur et du 
miocéne (2, page 104). Pour prouver cet age relativenient récent, 
il s'engage dans une longue dissertalion sur la soi-disant erreur 
stratigraphique des fréres Ameghino, qui auraient place le patago- 
nien au-dessus du santacruzien, ele. Je ne sait pas trop ce que cela 
peutavoir á faire avec la queslion de l'áge de la formation ; en 
tout cas il s'agit d'une confusión des formations, qu'avaient fait 
mes prédécesseurs et sur laquelle je m'expliquerai en traitant de la 
formation sancruzienne. 

Pour justifier ce changement d'opinion au sujet de l'áge de la 
formation patagonienne, M. Hatcher fait appel aux noms de MM. 
Moericke, Steinmann, Cosman el Dalí. Je ne connais aucunepubli- 
calion oíi ce dernier ail manifesté son opinión ; quant aux publica- 
tions des trois premiers, elles ne concordenl pas avec les vues de 
l'auleur. 

Les observations de MM. Moericke el Steinmann (1) se référent 
aux couches de Navidad au Chili, que ees auteurs rapporlenl á 
l'oligocéne et sont plus modernes que le lebuvien de la méme con- 
trée, qui représente le palagonien ; les couches de Navidad corres- 
pondent en partie au santacruzien et en parlieáune époque encoré 
plus récente, de sorte que les observations des auteurs en queslion 
ne font que confirmer l'áge éocéne de la formation patagonienne. 

M. Cossmann (77, pages 107-110 (2) reconnait que beaucoup de 
coquilles recueillies a Yegua Quemada sont d'aspect éocénique, 
tandis que d'autres ressemblent a des formes miocéniques, el cela 
lui fail croire qu'on a mélangé des espéces provenant de deux ho- 
rizons diíférents : un éocéne et l'aulre miocéne. Cemélange n'exisle 
pas, mais dans la loca lité en queslion il y a en eífet les deux for- 
mations, le palagonien au-dessous el le santacruzien au-dessus ; en 
oulre, comme la pluparl des formes d'aspect oécéniques, on les 



(1) 78, Moericke, W., und Steinmann, G., Die Tertiárbildungen des nordlichen 
Chile und ihre Fauna, in Neuen Jahrbuch für Mineralogie, etc. Beilageband X, 
1896, página 597 á 603. 

(2) 79, Cossmann, M., Revue critique de paléozoologie, annéel898, page 107 et 
suivantes. 



l'age des formations sédimentaires de patagonie 71 

trouvenl dans le patagonien, il en resulte que les vues de M. Coss- 
mann sont une confirmation de Táge éocéne de cette formalion. Le 
méme auleur, dans une autre publication plus récenle (80, page 
2) (])en décrivant une pelite coUection de coquilies de la formalion 
sanlacruzienne (2), il s'adhére á l'opinion de M. Ihering qui consi- 
dere le sanlacruzien comme oligocéne, ce qui confirme encoré l'age 
éocéne du palagonien. En oulre, M. Ihering qui a étudié soigneu 
sement les moUusques fossiles du palagonien recueilli par C. Ame- 
ghino el posséde un malériel beaucoup plus riche el plus choisi 
que celui recueilli par M. Halcher, considere la formalion palago- 
nienne comme éocéne (8, pag. 340-372; 88, pag. 36-46). 

M. Halcher cile encoré M. Ortmann qui a éludié les mollusques 
du Palagonien el les considere comme provenants de l'oligocéne le 
plus récenl el surlout du miocéne. Mais cel auleur avail d'abord 
rapporté les mémes fossiles á l'éocéne ; en outre, d'aprés les mol- 
lusques, non seulement il confond le palagonien avec le sanlacru- 
zien, sinon que dans certaines localilés il a invertí leur succession 
(Magellanian beds, etc.), de sorte que son opinión a ce sujet a 
perdu toule valeur. 

D'aulres argumenls ou raisons scienlifiques que puissent justi- 
fier le changement d'avis de M. Halcher, je n'en vois pas. C'eslvrai 
qu'il m'accuse de vouloir vieillir la formalion palagonienne pour 
la faire concorder avec ma Ihéorie de la grande antiquilé de la 
formalion sanlacruzienne, mais je répliquerai a mon lour que les 
changemenls el confusions de M. Halcher semblent n'avoir d'aulre 
bul explicable que celui de rajeunir autanl que possible la forma- 
lion sanlacruzienne. 

Dans mes Iravaux j'ai donné Irés en délail les argumenls sur les- 
quels je m'appuie pour affirraer l'age éocéne de la formalion pala- 
gonienne ; ici je n'ai besoin que d'insisler sur les qualre poinls 
fondamenlaux suivanls : 

I" Au poinl de vue climalologique. La faune palagonienne indi- 
que un climat chaud, comparable a celui des conlrées Iropicales. 



(1) 80, CossMANN, M., Description de quelques coquilies de la formation san- 
lacruzienne en Patagonie, pages 1 á 22 et deux planches, in Journal Conchy- 
liologie, 1899. 

(2) Les fossiles décrits par M. Cossmann ont été recueillis par C. Ameghino et 
font partie de la serie que pour l'étude et la détermination j'avais envoyée á M. 
Ihering. 



72 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Pour trouver une faune indiquant un climat semblable dans Thé- 
misphére nord il faut descendre jusqu'á Téocéne. 

2" Au point de vue corrélatif. Le patagonien présente aveclecré- 
lacé de Patagonie les ménnes rapporls que le sjstéme de Lebu au 
Chili avec le crétacé de la méme región. La faune malacologique 
indique que le patagonien correspond au lebuvien, étage que MM. 
Hatcher et Ortmann confondent encoré avec le systéme de Navidad, 
qui est d'époque plus récente. Le lebuvien repose en concordance 
parfaite sur le crétacé quiriquinien, la transilion étant graduelleel 
insensible, aussi bien au point de vue stratigraphique que paléon- 
tologique (voir Nogués, numero 76). Le lebuvien étant certainement 
eocéne, le patagonien doit étre égalernent éocéne. 

3° Au point de vue exclusiveraent paléontologique. La faune 
patagonienne, dans tous les embranchements est presque totaJe- 
ment diíférente de la faune actuelle, ce qui indique une grande 
antiquité. La faune de mollusques est constituée presque en totalité 
d'espéces ou formes éteintes et cela indique clairement l'áge eocéne. 

4" Au point de vue exclusivement stratigraphique. Dans la Pata- 
gonie céntrale et oriéntale, le patagonien repose directement sur le 
crétacique le plus récent en concordance parfaite; le passage d'une 
formation á l'autre étant graduel et insensible, aussi bien au point 
de vue stratigraphique que paléontologique, cela indique que le 
patagonien représente le tertiaire le plus ancien, c'est-á-dire; l'éo- 
céne. 

Par l'énumération des íossiles, on pourra juger assez facilement 
de l'áge de la formation. 

FAUNE 

La découverte des mammiféres de la formation patagonienne est 
récente ; j'en ai donné une liste provisoire d'aprés les recherches de 
C. Ameghino et de M. Roth, dans 14, page 11. Pourtant, d'aprés 
les derniéres recherches il est évident que M. Roth a décrit comme 
d'une méme époque des formes provenantes du patagonien et 
d'autres qui sont incontestablement des couches á Pyrotherium, 
comme en est le cas avec le Propac/iy rucos, Eutrachytherus, etc. 
Je crois done sage de m'en teñir exclusivement aux matériaux 
recueillis par C. Ameghino dans les gisements dont l'áge relatif a 
été fixé avec certitude. 

Dans le patagonien d'eau douce ou sous-aérien on reconnaít deux 



l'age des formations sédimentaires de patagonie 73 

faunes distincteS;, une plus récente que je designe sous le nom de 
Faune des conches ci Astrapothericulus, et l'autre plus ancienne qui 
portera le nom de Faune des conches á Colpodon. 



FAUNE DES COUCHES A ASTRAPOTHERICULUS 

Les couches á Astrapothericulns sont des dépots d'eau douce ou 
sous-aériens que Ton trouve a l'intérieur de la Patagonie dans la 
región de ri vieres Chico, Sehuen et Deseado ; ees dépots apparaissent 
précisement oü disparaít le patagonien marin et en représente la 
partie supérieure. 

Parmi les mammiféres de cet étage, l'Astrapothericulus c est le 
plus íréquent et le plus facile a reconnaitre; je le prend done 
comme tjpe pour désigner l'ensemble de cette faune. Le signe "^ 
indique que le lype est deja representé dans le patagonien inférieur 
(couches a Colpodon) ; le signe f que le type a passé au santa- 
cruzien. Les types indiques comme nouveaux, sont décrits dans 
un autre travail en voie d'impressioii. 



MAMMALIA 



Protypotheridae * f 
Protypotherium sp ? 
Choichephilum diastematum Amegh. 
Icochilus ulter Amegh. 
Toxodontia * f 
Nesodontidae ^ f 
Nesodon impinguatus Amegh. 
kdinoiherium rotundidens Amegh. 
Astrapotheroidea * f 
Astrapotheridae '^ f 
Astrapothericulus Iheringi Amegh. 

» hebetatus Amegh. 
Litopterna * f 
Proterotheridae * f 
Proterotherium prosistens Amegh. 



74 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Heptaconus obcallatus Amegh. 
Licaphrium debile Amegh. 
Diadiaphorus zamius Amegh. 

NOTOHIPPIDAE * 

Morphippus corrugatus Amegh. 
Ancylopoda ^ f 

HOMALODONTOTHERIDAE * f 

Diorotherium aegregium Amegh. 
Rodentia * f 

COENDIDAE * 7 

Steiromys principalis Amegh . 
» annectens Amegh. 

VlSCACIDAE * f 

Perimys aff. perpinguis Amegh. 
» aff. p/awarís Amegh. 

EOCARDIDAE * J 

Eocardia prisca Amegh. 

Luanthus propheticus Amegh. 

Gravigrada * f 

Megalonychidae * f 

Hapalops curvus Amegh. 

Pelecyodon arcuatus Amegh. 

Schismotherium binum Amegh. 

Prepotheridae "^ 7 

Prepotherium deseadense n. sp. 

Glyptodontia * f 

Propalaehoplophoridae * f 

Propalaehoplophorus exilis Amegh. 

Propalaehoplophorus sp. de la taille de P. australis Mor. 

Cochlops sp. plus pelite que C. muricatus Amegh. 



AVES 

Stereornithes "^ f 

Phororhacidae * f 
Pho^'orhacos sp, de petite taille. 

Dans cetle faune, toutes les espéces, avec la seule exception de 
deux ou Irois douteuses, différent de celles de la formation santa- 



l'age des formations sédimentaires de patagonie 75 

cruzienne. Sur les 23 genres sus-inentionnés, 17 ont passé ala 
formation sanlacruzienne ; ce sont : Protypotheriuin, Icochilus, 
Nesodon, Adinotherium, Proterotherium, Heptaconus, Licaphrium, 
Diadiaphorus, Steiromys, Perimys, Eocardia, Hapalops, Pelecjo- 
don, Schismotherium, Prepotherium, Propalaehoplophorus et Co- 
chlops. II n'y a que cinq genres du patagonien inférieur, Nesodon, 
Adinotherium, Steiromys, Perimys et Luanlhus. Les quatre genres 
suivants, Nesodon^ Adinotherium, Steiromys et Perimys, on les 
trouventdansle patagonien inférieur, dans le patagonien supérieur 
et dans le santacruzien. Ces données prouvent que les couches á 
Astrapothericulus sont plus rapprochées du santacruzien que du 
patagonien inférieur. 

Dans cette faune, les deux faits qui mérilentle plus d'attention, 
sont: 1° l'absence complete de Myocastoridés, si abondants dans 
le santacruzien ; ils ne s'étaient pas encoré diversifiés des Eocar- 
didéS;, le genre Luanthus constituant la souche des deux groupes; 
2° la présence de representa nts de la famille des Notohippidés 
qui sont les véritables ancétres des chevaux ; l'évolution postérieure 
de ce groupe s'est accomplie en dehors du continent sud-améri- 
cain, selon toutes les probabilités, en Afrique. 

FAUNE DES COUCHES Á COLPODON 

Les premiers débris du genre Colpodon décrits par Burmeister, 
furent trouvés prés de l'embouchure du Rio Chubut, dans la partie 
inférieure de la formation patagonienne ; il y a de cela a peu prés 1 5 
ans. En 1898, Charles Ameghino, trouva plus á Tintérieuretíaisant 
suite au patagonien marin, des dépols d'eau douce ou sous-aériens, 
contenant une faune de mammiféres complétement nouvelle ; cette 
faune dififére aussi bien de celle plus ancienne des couches a Pyro 
therium, que de celle plus récente des couches á Astrapothericulus, 
et encoré d'avantage de la faune santacruzienne. Cette faune nou- 
velle qui correspond au patagonien inférieur, je la designe sous le 
nom de Faune des couches a Colpodon, parce que ce genre c'est le 
plus abondant et le plus caractéristique. Le signe "^indique que le 
type est deja representé dans la faune des couches a Pyrotherium ; 
le signe f que le type a passé á la faune des couches a Astrapothe- 
riculus ; le signe § que le type est arrivé jusqu'á la faune santacru- 
zienne. Les types indiques comme étant nouveaux sont décrits dans 
un autre mémoire en voie d'impression. 



76 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



M4MMALIA 
Simioidea § 

HOMÜNCULIDAE § 

Homunculües pristinus n. g., n. sp. 
Püheculites minimus n. g., n. sp. 
Typotheria * f § 
Hegetotheridae * § 
Pachy rucos politus n. sp. 
Protypotheridae * f § 
Cochilius volvens n. g., n. sp. 

» pendens n. sp. 

» columnifer n. sp. 
Toxodontia * f § 
Nesodontidae * f § 
Proadinotherium Mustersi n. sp. 
Pronesodon vates n. sp. 
Astrapotheroidea * f § . 

ASTRAPOTHERIDAE ^ f § 

Astrapotherium herculeum Amegh. 

» crassum n. sp. 

» minusculum n. sp. 

Parastrapotherium ruderarium n. sp. 
ADcylopoda * f § 

HOMALODONTOTHERIDAE * f § 

Homalodontotherium sp. ? 

Leontinidae * 

Colpodon propinquus Burm. 

Litop terna * f § 

Proterotheridae "^ t § 

Prolicaphrium speciilatum n. g., n. sp. 

» spectabile n. sp. 

Prothoatherium lacerum n. g., n. sp. 

*» scamnatum n . sp . 

Mesorhinidae "^ § 
Cramauchenia normalis n. g., n. sp. 

» insólita n. sp. 

Notohippidae * f 



l'age des formations sédimentaires de patagonie 77 

Argyrohippus Boulei n. g. n. sp. 
» fraíerculus n. sp. 

Rodentia "" f § 

COENDIDAE f § 

Steiromys nectus n. sp. 

Eosteiromys homogenidens n. g. n. sp. 

Acaremys (Pro tacar emy s) prius n. sp. 

ECHYNOMYIDAE § 

Adelphomys (Protadelphomys) latus n. sp. 
Spaniomys (Prospaniomys) priscus n. sp. 

ViZCACIDAE f § 

Perimys dissimilis n. sp. 
» incurvus n. sp. 
» transversus n. sp. 
» mcavatus n. sp. 

EOCARDIDAE * f 

Luanthus initialis n. sp. 
Allotherria * f 

Mannodontidae f 

Eomannodon multituberculatus n. gen. n. sp. 

Paucituberculata "^ f § 

Abderitidae § 

Abderites crispus n. sp. 

» bicrispus n. sp. 
Parabderites bicrispatus n. g., n. sp. 
Epanorthidae "^ § 
Palaepanorthus primus n. g., n. sp. 

» secundus n. sp. 

Pedimana * § 

MiCROBIOTHERIDAE "^ § 

Pachybiolherium acclinus n. g., n. sp. 
Oligobiotherium divisus n. g., n. sp. 
Sparassodonta * § * 

BORHYAENIDAE § 

Pseudoborhyaena macrodonta n. g., n. sp. 

» longaeva n. sp. 

Prothylacynidae § 

Pseudothylacynus rectus n. g., n. sp. 
Hathlyacynidae § 
Cladosictis centralis n. sp. 



78 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Cíadosictis externa n. sp. 
Gravigrada "^ f § 
Megalonychidae * f § 

Proschismotherium oppositum n. g., n. sp. 
Hapalo'ides ignavus n. g., n. sp. 

» ponderosus n. sp. 

» laeviusculus n. sp. 



GLYPTODONTIA * f § 



Propalaehoplophoridae "^ t § 
Propalaehoplophorus aíF. exilis Amegh. f 

» sp. de la taille de australis Mor. 
Dasypoda * § 
Dasypidae * § 

Proeutatus aíf. Zagena Amegh. § 
Prodasypus centralis n. sp. 
Prozaedius humilis n. sp. 
Peltateloidea ^ § 
Peltephilus granosus n. sp. 
Stegotherium variegatum n. sp. 
Pseudostegotherium (Uangeaudi n. g., n. sp. 



A^'ES 

Anseres ^ § 

Preoneornis roridus n. g., n. sp. 
Stereornithes * f § 
Phdrorhacos chubutensis n. sp. 
Brontornis modestus n. sp. 
Eucallornis latus n. sp. (1) 



(1) Eucallornis, ñora nouveau en substitution de Callornis. Amegh., 1894, 
préoccupé. 



l'age des formations sédimentaires de patagonie 79 



BATRACHIA 



Leptodactylidae 

Teracophrys rugata n. g., n. sp. 

Teracophrys vermiculata n. sp. 



Sur cette liste, il n'y a que deux ou trois espéces qui paraissent 
se rapporter á d'autres d'horizons plus receñís. Sur les 39 genres de 
mammiféres de cette liste, les huit suivants ont apparu dans la 
faune du Pjrotherium : Proadinolherium, Pronesodon, Parastrapo- 
therium, Palaepanorthiis, Proéutatus, Prodasypus, Peltephilus et 
Prozaédjus. II y a 16 genres qui sont arrivés jusqu'á la faune san- 
tacruzienne: Pachyrucos, Astrapotherium, Homalodontotherium, 
Steiromys, Perimys, Abderites, Cladosictis, Propalaehoplophorus, 
Proéutatus, Prodasypus, Prozaédyius, Peltephilus etStegotherium. 
II reste 23 genres qui semblent exclusifs de cet horizon et lui 
donnent un cachet tout spécial. 



faune de la formation patagonienne marine 



MAMMALIA 

Les mammiféres marins de cette formation nous sont connus en 
partie par les descriptions de Lydekker (1) et les quelques notices 
que nous avons publiés dans 4, 7 et 11. Le Cetotherium Moreni 
décrit comme provenant du patagonien du Chubut (81) vient d'une 
formation plus récente, certainement néogéne. 



(1) 81, Lydekker R., Cetacean skulls from Patagonia, in An. Mus. La Plata, 
1894. 

82, The La Plata Museum, in Natural Science, vol. IV, 1894, 

83, On the Skull of a Shark-toothed Dolphin from Patagonia, in Proceed. 
Zool. Soc. of London, 1899, p. 919-922. 



80 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

CETÁCEA 

SQUALODONTIDAE 

Prosqualodon auslralis Ljd . 

ARGYROCETIDAE 

Argyrocetus patagonicus Ljd. 

, PLATANISTIDAE 

Diochotichus Benedeni (Mor.) Amegh. 

DELPHINIDAE 

Globicephalus éocaenus kmegh. 

PHYSETHERIDAE 

Physodon patagonicus Lyd. 
Diaphorocetus Poucheti (Mor.) Amegh. 

BALAENIDAE 

Eucetites juliensis Amegh. 

AVES 

Les oiseaux fossiJes de la f ormation patagonienne marine ont été 
décrits et figures par Moreno et Mercerat dans 20, et par nous dans 
36 et 14. Les tjpes nouveaux de celte'lisle seront décrits en détails 
dans un autre mémoire. 



l'age des formations sédímentaires de patagonie 81 



IMPENNES 



SPHENISCIDAE 

PalaeosphenisGus patagonicus Mor. el Mer. 
» Menzbieri Mor. el Mer. 

» Bergi Mor. el Mer. 

» robustus Amegh. 

» nereius n. sp. plus pelile que P. Bergi 

Tarse-mélalarse long de 32 millimélres el large de 14 millimé- 
tres dans sa partie la plus élroile. 

Paraptenodytes antarcticus (Mor. el Mer.) A.megh. 

Paraptenodytes curtus n. sp. plus pelile que la precedente. 
Tarse-métatarse long de 40 nnillimélres el large de 22 naillimelres 
vers le milieu. 

Paraptenodytes granáis n. sp. plus grande que P. antarcticus. 
L'exlrémilé dislale du íémur a 36 millimélres de diamélre Irans- 
verse, el l'exlrémilé proximale de I'huraérus 35 millimélres. 

Paraptenodytes Andrewsi n. sp. giganlesque; l'humérus esl long 
de 15 cenlimétres el son exlrémilé proximale a 47 millimélres de 
diamétre Iransvérse. 

Aplerodytes ictus n. g., n. sp. Dans ce genre l'aileélait compléle- 
ment alrophiée ; de rhumérus ne reslail que l'exlrémilé proximale 
d'un diamélre de 21 millimélres avec un prolongemenl slyloíde de 
4 centimélres de longueur. 



PISCIA 

TELEOSTEI 

SAUROCEPHALIDAE 

Portheus patagonicus n. sp. Denls longues de 2 á 3 cenlimé- 
tres, creusesel de seclion cylindrique ou sous-cylindrique. Palago- 
nien inférieur. Toules les espéces connues de ce genre, sonl créla- 
ciques. 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. Ll ' 6 



82 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



SELACHII 



MYLIOBATIDAE 

? Myliobatissp. Espécegigantesquequi, parla taille, s'approchait 
áe M. Penioni de Téocéne d'Egjpte. 

?Myliobatis sp. Un peu plus petite et pourvue de dents en pavé á 
racine plus courte et plus aplatie. 

?Myliobatis sp. Beaucoup plus petite que la precedente. 

? Myliobatis sp. Encoré plus petite, comparable á M. toliapicus de 
réocéne d'Angleterre. 

CARCHARIDAE 

Galeocerdo mixtus n. sp. De la taille de (}. aduncus Agas.; les 
dents en différent par le cóne plus oblique et plus applati, a cou- 
ronne plus basse et racine plus haute, caracteres qui les rappro- 
chent de celles de M. latidens, mais la dentelure est plus fine. 



LAMNIDAE 

Oxyrhina hastalis Agas. Cette espéce, dans l'hémisphére nord on 
la trouve depuis l'oligocéne jusqu'au pliocéne. 

Oxyrhina aíT. Desori Agas. Méme distribution géologique que 
l'espéce precedente. 

Oxyrhina uncidens n. sp. Tres grande, a^ec les dents crochues, 
fortement penchées en arriére, avec le bord antérieur convexe, le 
postérieur concave, la base tres la rge et peu excavée. Patagonien 
inférieur. 

Lamna appendiculata Agas. Espéce fréquente dans le crétacé su- 
périeur d'Europe et dans le crétacé de Patagonie. Patagonien infé- 
rieur. 

Odontaspis aíf. cuspidata Agas. Espéce que l'on trouve en Europe 
depuis l'eocéne jusqu'au nniocéne inférieur. 

Oxyprinichthys prioniferus n. g., n. sp. Dents triangulaires, 
droites, un peu convexes sur les deux faces, á racine petite et com- 
primée el bords finements dénteles. Patagonien inférieur. 



l'age des formations sédimentaires de patagonie 83 

Oxyprinichtliys aprioniferus n. sp. Mémes caracteres, mais sans 
dentelures sur les bords. Patagonien iriférieur. 

Carcharo'ides totuserratus n. g., n. sp. Dents triangulaires, de la 
grandeur de celles de Lamna appendiculata, portant une paire de 
tubercules latéraux assezgros et pointus; bords dénteles aussi bien 
ceux du cóne central que ceux des cúspides latéraux. Patagonien 
inférieur. 

, Carcharodon chubutensis n. sp. Aussi grande que C. megalodon ; 
les dents en différent par le bord poslérieur plus creusé, et par la 
présence sur la base d'une paire de saillies larges et basses 
et á bords dénteles comme le grand cóne principal; oes saillies 
sont accon:ipagnées d'une paire de tous petits tubercules básales. 
Ces caracteres sont plus fortement marqués sur les dents postérieu- 
res que sur les anlérieures. 



NOTIDANIDAE 

Notidanus ultra n. sp. Plus grand que N. gigas, bord déntele 
antérieur des dents formant une ligne sigmoíde, et couronne tres 
basse en proportion de la hauteur de la racine. 



MOLLUSCA 

Pendant longtemps les mollusques de la íormation patagonienne 
n'étaient connus que par les travaux de d'Orbigny (!) et ceux de 
Sowerby (2) qui publia les rnatériaux recueillis par Darwin. Plus 
lard Philippi (3) publia de nouveaux rnatériaux, ainsi que MM. 
Rociiebruneet Mabille (4). Jusqu'alors les collectionneursn'avaient 
pas fait de distinctions d'étages ni de formations. Les recherches 



(1) 84, D'Orbigny, A., Voy age dans l'Amérique Méridionale , t. III, Géolo- 
gie,Paléontologie, París, 1842. 

(2) 85, Sowerby, Description of tertiary fossil shells from South America, ia 
Darwin Geol. Obs. on South America, London, 1845. 

(3) 86, Philippi, R. A., Fósiles terciarios y cuartarios de Chile, ená", San- 
tiago, 1887. 

(4) 87, RocHEBRUNE et Mabille, Mollusques, in Mission scienlifique du Cap 
Horn. VI, Zool. 1889. 



84 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

recentes de C. Ameghiiio poursuivies d'une maniere systéraatique 
non seulement ont considérablemenl augmenté le nombre des 
espéces, mais ont encoré permis de les distribuer par étages et par 
formations. Les invertébrés recueillis par C. Ameghino ont été dé- 
crits par Ihering dans 8, 9 et 88 (1); ceux recueillis par Hatcher 
ont été décrits par Ortmann dans 89 et 90 (3). 

Dans cette liste, S, indique que l'espéce se trouve aussi dans la 
formation santacruzienne ; L, qu'on la trouve aussi dans le lebu- 
vien du Chili ; N, qu'on la rencontre égaleraent dans le systéme de 
Navidad au Chili. 



UMELLIBRANCHIA 

Ostrea Hatcheri Orí. = 0. percrassa Ih. D'aprés la derniére opi- 
nión de Ortmann, cette buitre serait égale á O. ingens Zitt. du 
tertiaire de Nouvelle-Zélande. Ihering, et je crois qu'avec beaucoup 
de raison, n'accepte pas cette identifica tion (3). 
Pectén patagonensis Orb. 
» geminatus Sow. 
» praenuncius Ih. 

» fissocostalis Ih. D'aprés Ortmann = geminatus Sow. 
Modiola andina Ort. 
Perna quadrisulcata Ih. 

Pinna semicostáta Ph. (N.) var. magellanica Ih. 
Mytilus aíF, chorus Mol. Fossile aussi dans le tertiaire du Chili. 
» magellanicus Chem., ñde Ort. ; vivant sur les cotes de 
Patagonie. 

Cucullaea alta '^oy^ . =^ multicostata Ih. ; fossile aussi dans le 
tertiaire de la Nouvelle-Zélande. 

Cucullaea Dalli Ih. ; tres rapprochée de C. crassatina Lam. de 
l'éocéne parisieifi. 



(1) 88, Ihering, H. v., Die Conchylien der patagonischen Formation, in Neuen 
Jahrbuch für Miner. Geol u. Pal., a. 1899, p. 1-46. 

(2) 89, Ortmann, A. E., On some of the large Oysters of Patagonia, in Amer. 
Journal of science, vol. IV. p, 355, Noviembre 1897. 

90, Sinopsis of the Collections of invertebrate fossils made by the Princeton 
Expedition to Southern Patagonia, Ibid. vol. X, p. 368-381, a. 1900. 

(3) 91, Ihering, in Rev. Museo Paulista, vol. IV, p. 564, a. 1900. 



l'age des formations sédimentaires de patagonie 85 

Pectunculus pulvinatus Lam., espéce de l'éocéne parisién, var. 
cuevensis Ih. (S). D'aprés Ortmann = P. IbariVh. = P. magella- 
nicus PFi. 

Limopsis (Trigohocoelia anteaj insólita Sow. (S.); représentée par 
une forme voisine dans le tertiaire de la Nouvelle-Zélande. 
Limopsis añ. araucana Ph. (L.). 
Nucula (Neilo) oriiata Sow. 

» patagónica Ph. 
Leda oxyrhynclia Ph. (L. N.). 

» Errazurizi Ph. (L.). 
Car dita patagónica Sow. 
» inaequalis Ph. (S.). D'aprés Ortmann = C. patagónica 

Sow. 
» Volckmanni Vh. {L.). 
Crassatella Lyelli Sow. 
» quarta Ort. 

» Kokeni Ih. 

Astarte sp. 
Lucina Ortmanni Ih. 
Corbis (Fimbria) patagónica Ph. 

Cardium multiradiatum Sow. (L. N.), fossile aussi dans le ter- 
tiaire de la Nouvelle-Zelande. 
» puelchum Ph. 
» pisum Ph. 

» Philippiilh. (S.), var. pauciradiata Ih. 
Venus meridionalis Sow. (L. S. N.). 

» Volckmannil^h. (N.), var. argentina Ih. 
» chiloensis Ph. (L?) 
» patagónica Ph. 

» aff. wna/iaía Ph.; fossile dans le tertiaire de Chiloé, au 
Chili. 

» Darwini Ph. 
Dosinia laeviuscula (Ph.) Ih. 
Psammobia patagónica Ph. 
Mactra Darwini Sow. 

)) rugata Sow. (L. N.). 
Tellina tehuelcha Ih. 

» santacrucensis Ih. 
Glycimeris nucleus Ih. 
» regular i s Ort. 



86 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Corbula Hatcheri Orí. 
Martesia (Pholas) patagónica (Ph.) Ih, 
» pumita Ort. 

SCAPHOPODA 

Dentalium majus Sow. (L.). 



GASTROPODA 

Lio tía Scotti Orí. 

Gihbula (Trochus) collaris Sow. (L. N.). 
Calliostoma Cossmanni Orí. 
'» Garretti Ori. 

» Iheringi Orí. 

Crucibulum dubium Orí. 
Galerus (Trochita) araucanus Ph. (L.). 
Turritella ambulacrum Sow. (S. L. N.). 
» argentina Ih. 
» patagónica Sow. (L. N.). 
» breantiana Orb. var. indecusata Ih. 
» elachista Roch. el Mab. 
» Steinmanni Ih. = affims Moricke, nec Hupé. 
On la trouve aussi dans la formalion enlrerienne el dans le ler- 
liaire de Coquimbo, au Chili. 

Turritella affinis Hupé, nec Moricke, fide Orlmann (S. L.) el cré- 
lacé d' Algarrobo au Chili. 

Vermetus aíf. intortus Lam. ; espéce de l'oligocéne d'Europe. 
Crepidula gregaria Sow. (S. L. N.). 
ISatica, consimilis Ih. (S.). 

» fámula Ph. (L. N.) ; d'aprés Orlmann, l'élat jeune de N. 
ovoidea Ph. 

i^atica secunda Roch y Mab. (S. L. N.) = TV. obtecta Ph. = N. 
VidaliVh. 
Aporrhais (Chenopus) araucanus Ph. (L.). 
Struthiolaria ornata Sow. 

)) ornata Sow. var. densestriata Ih. 

» Ameghinoilh. (S.); voisine de S. chilensis Ph. du 

terliaire du Chili, el d'aprés Orlmann idenlique. 



L'AGE des FORMA.TIONS SÉDIMENTAIRES DE PATAGONIE 87 

Dolium ovulwn Ort. 
Tritonium Bicegoi Ih. 

» Morgani Ort. 
Cominella (Buccinum) annae Ort, 
Buccinum (Fusus) obessumVh. (N.). 
Ficula Carolina Orb. (S.). 
Siphonalia (Fusus) noachina Sow. (S?). 

» aíf. nodosa Mart. espéce actuelle de la Nouvelle- 

Zélande. 

Siphonalia subrecta Ih. Selon Ortmann =: S. (Fusus) Dameykoa- 
nwsPh. (N.). 

Fusus Darwinianus Ph. (L. N.). 
» archimedes Ort. 
» torosus Ort. 
» cancellatus Ort. 
» Pilsbryi Ort. 
Pyrula ventricosa Sow. 

» aíf. Hombroniana Ph. ; espéce du crétacé d'AIgarrobo, 
Quiriquina, etc., au Chili. 

Trophon (Fusus) patagonicus Sow. 

» pyriformis Ih. (S.). 
Urosalpinx elegans Ort. 
Mureoo Hatcheri Ort. 
Marginella Oliviformis Ort. 
Voluta alta Sow. (N.). 
» triplicata Sow. (N.). 
» d'Orbygniana Ph. 
» Petersofii Ort. 

» gracilior Ih. = F. gracilis Ph. nec Sow. = F. Philippiana 
Dalí. 
Voluta quemadensis Ih. (S.); selon Ortmann = F. gracilior Ih. 
» Pilsbry Ih. ; d'aprés Ortmann = F. Domeykoana Ph. 
(L. N.) el crétacé de Quiriquina. 

Pleurotoma (Fusus) discors Sow. (L. N.). 
Drillia santacruzensis Ort. 
Cancellaria gracilis var. major Ih. 

» Vidali Ph. 

Borsonia patagónica Ort. 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



BRACHIOPODA / 

/ 

T" 

Rhynchonella squamosa Hutlon; espéce du tertiaire de Nouvelle- 
Zélande et d'Australie, et selon Ortmann = R. pixydata actuelle de 
Kerguelen. 

Rhynchonella plicigera Ih. Selon Ortmann =; R. nigricans vi- 
vante et tertiaire de la Nouvelle-Zélande, mais M. Ihering conteste 
cette identification. 

Magellania (Terebratula) patagónica Sow. ; présente aussi dans 
le tertiaire de la Nouvelle-Zélande. 

Magellania (Terebratula) dorsata (Gmel.) ; espéce vivante sur 
les cotes de Patagonie. 

Magellania (Terebratula) globosa? Lam., espéce vivante. 

Bouchardia Zitteli Ih. 

BRYOZOA 

Melicerita triforis Ort. 

Reticulipora patagónica Ort. 

Tennysonia subcylindrica Ort. 

Celaría fistulosa L. ; espéce vivante cosmopolite; fossile dans 
l'oligocéne d'Europe et le tertiaire de la Nouvelle-Zélande. 

Aspidostoma giganteum (Busk). 

Heteropora pellicullata Waters ; vivante áu Japón et a la Nou- 
velle-Zélande. 

CRUSTÁCEA 

Scalpellum juliense Ort. 
Balanus varians Sow. (S.). 

Verruca laevigata Sow.; vivant sur les cotes de l'Amérique du 
Nord. 

ECHINODERMATA 

Cidaris antárctica Ort. 



l'AGE des FORMATIONS SÉDIMENTAIRES DE PATAGONIE 89 

Hypechinus (Echinus) patagonicus Des. 
Echinoraclinius juliensis Des. 
Schizaster Ameghinoi Ih. 
Toxopneustes praecursor Ort. 

Cyrtoma posthumum Ort. ; genre consideré jusqu'aujourd'hui 
comme étant exclusivement crétacique. 



VERMES 

Serpula patagónica Ort. 
Terebella magna Ort. 

Nous avons vu que le patagonien sous-aérien contient les débris 
de deux faunes distinctes de mamraiféres. La faune des conches á 
Astrapothericulus du patagonien supérieur se rapproche de la 
faune santacruzienne d'avantage qu'aucune autre des faunes 
manimalogiques connues de cette méme contrée. La faune des 
couches á Colpodon du patagonien inférieur, esl au contraire une 
íaune mixte, présentant des relations d'un cóté avec la íaune du 
crétacé supérieur '(couches á Pyrotherium), et de l'autre avec la 
faune du Patagonien supérieur (couches á Astrapothericulus) et 
avec la faune santacruzienne. Dans ees deux faunes mammalogiques 
de la formation patagonienne, tous les genres sonl éteints, et ils 
appartiennent á des familles et á des sous-ordres presque tous 
disparus. Nous sommes done certainement en présence de faunes 
d'áge éocénique. Entre le tertiaire et le crétacé il j a transition 
complete aussi bien dans la succession des faunes que dans la 
succession straligraphique. 

Les mammiféres marins ne sont pas aussi décisifs, faute de teruies 
de comparaison. Dans l'hémisphére nord^, les cétacés avec Texcep- 
tion des Zeuglodontes, n'apparaissent qu'á la fin de l'oligocéne et 
ne deviennent abondants qu'á la fin du miocéne. L'abondance 
relalive des débris de cétacés dans la formation patagonienne a 
été souvent invoquée comme constituantunepreuve de l'áge récent 
de la formation, oubliant que ees animaux, comme tous les autres 
n'ont pu apparaitre á la fois, simultanément^ dans les mers de 
toute la face de la terre. Or les cétacés du Patagonien sont ceux qui 
dans la conformation du cráne s'éloignent le moins des mammiféres 
terrestres; cela veut diré qu'iis sont plus primitifs, moins spécia- 
lisés, et nécessairemenl doivent étre plus anciens que ceux de 



90 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

l'hémisphére nord, ce qui est d'accord avec la grande antiquité de 
la formalion palagonienne. Ges caracteres primitifs du Prosqua- 
ladon Lyd., et surtoul de VArgyrodelphis Lyd. ajant été mis en 
lumiére par MM. Lydekker (dans 81) et A. Smith Woodward 
(dans 66, pages 272-273) il est inutile que j'v insiste d'avantage. 

Avec les poissons il est arrivé quelque chose de semblable. On a 
référé le patagonien au miocéne et méme au pliocéne parcequ'ony 
trouve des dents fossiles qu'on a idenlifiées avec celles á'Oxyrhina 
hastalis et Carcharodon megalodon des formations neogénes d'Eu- 
rope. Comme on l'a vu plus haut, les dents de Carcharodon de la 
formation patagonienne sont certainement d'une espéce diíFérente 
quoique voisine et presque aussi grandes que le C. megalodon. Les 
dents altribuéesacettederniére espéce ont été receuilliesauChubut, 
oú, en outre de la formation patagonienne, se trouvent aussi repré- 
senlées les formations santacruziennes et enlrerrienne, done, si ees 
dents sont réellemenl de C. megalodon, il est presque certain qu'eiies 
proviennent d'une formation plus récente que le patagonien. 

Pour VOxyrhina hastalis, l'identification non seulement parait 
juste, SI non qu'en outre on peut diré que c'est l'espéce qui dans 
cette formation a laissé le plus de débris; probablement elle a vecu 
dans tout l'hémisphére sud, car on en a trouvé aussi des dents 
dans le tertiaire du Chili, et dans les dépots lertiaires de la Nnuvelle 
Zélande, dont l'áge géologique n'est pas encoré bien fixé. On aurait 
lort de considérer la présence de cette espéce comme une preuve 
de Táge récenl de la formation, car, quoiqueen Europe on la trouve 
rarement dans le pliocéne anclen, elle est tres ahondante dans le 
miocéne et on la rencontre encoré dans toute la serie oligocéne, 
tandis que de TAmérique du Nord on la cite comme espéce caracté- 
ristique de Téocéne de l'Alabama et de la Caroline du Sud. II en 
est á peu prés de méme de deux autres espéces du tertiaire euro- 
péen rencontrées dans le patagonien : VOxyrhina Desori apparait 
dans Téocéne moyen et se prolonge jusqu'au miocéne, tandis que 
VOdontaspis cuspidata on la rencontre depuis le miocéne jusqu'á la 
base de l'éocéne. II íaut aussi rappelerlefaitquelegenre Oxyrhina 
tres fréquent dans le crétacé supérieur d'Europe on ne le rencontre 
plus dans le tertiaire inférieur de la méme región; sa réapparition 
dans l'éocéne supérieur indique done une réimmigration puisque 
dans l'Argentine on le rencontre sans interruption dans toutes les 
formations marines a partir du crétacé supérieur. 

En plus, en fait de poissons, il n'y a dans le patagonien une 



l'AGE des FORMATIONS SEDIMENTAIRES de PATAGONIE 91 

seule espéce qiii ailleiirs soit exclusive des formations néogénes. 
Snns m'arréler sur les types nouveaux, surlout sur les types 
genériques qui certainement indiquenl une grande antiquitégéolo- 
gique, je rappelerai seulement la pvésence áe Portheus patagonicus 
et Lamna appendiculata ; Portheus esl un genre dont toules les 
espéces connues sont caractérisliques; Lamna appendiculata esl 
une espéce caractéristique du crétacé supérieur d'Europe el ahon- 
dante dans le crétacé supérieur de Patagonie. Ces espéces donnent 
á la formalion patagonienne un cachet d'antiquilé qui ne permel 
pas de la référer á une époque plus récente que l'éocéne. Encoré 
une fois, au point de vue paléontologique, la partie inférieure 
présente une transition au crétacé. 

(A suivre.) 



BIBLIOGRAFÍA 



I. — CIENCIAS NATURALES 

liCÓn (N.). Apuntes para una bibliografía antropológica de México 
(SomatologíaJ, in 8°, México, 1901, 

El doctor Nicolás León encargado de la sección de Antropología y Etnografía 
del Museo Nacional de México ha tenido la excelente idea de reunir en un peque- 
ño folleto y como un mero ensayo una lista de publicaciones sobre antropología 
mexicana. Aunque la historia de aquella ciencia en México sólo data de 1864, 
época en que llególa Comission scientifique du Méxique, el doctor León ha con- 
seguido reunir'en esta primera lista, 167 diferentes títulos. 

De desear sería que el autor pueda ofrecer en una segunda edición, un libro de 
informaciones tan copiosas como el que sobre la misma materia, pero referente 
al Perú, publicó no ha mucho tiempo, George A. Dorsey, el encargado de la sec- 
ción de Antropología del Columbia Field Museum, de Chicago. 

FÉLIX F. OüTES. 

IMortillet (G. et A.). Le Préhistorique. Origine et antiquité de 1'h.oninie, 
un volumen in 18°, París, 1900. 

Los editores Schleicher de París, han reimpreso por la tercera vez la clásica 
obra de Gabriel de Mortillet, Le Préhistorique 

La nueva edición publicada bajo la dirección de Adrián de Mortillet, hijo del in- 
signe paleoetiiólogo francés ha sido corregida y aumentada de manera tal que bien 
puede considerarse como una nueva obra, habiendo dedicado el señor Mortillet 
especial atención á los últimos descubrimientos hechos por la paleoetnología. 

La primera parte de la obra está consagrada á un detenido estudio sobre el an- 
tecesor del hombre y las trazas de su industria, halladas en los terrenos terciarios. 

Estudia detenidamente un punto lleno de interés, cual es el del Pühecanthro- 
pus erectus ese curioso ser intermediario entre los grandes monos antropoides del 
género Gibon y la raza humana de Neanderthal, descubierto en Java en 1894 
por Eugenio Dubois. 

Mientras que en la segunda parte nos ofrece una detallada reseña sobre las pri- 
meras razas humanas, sus caracteres antropológicos, su evolución industrial, el 
medio físico en el cual se desarrollaban, la flora, la fauna, etc., para terminar con 
una prolija enumeración de los principales yacimientos arqueológicos de todos 
los países. 



BIBLIOGRAFÍA 9" 

La obra de Mortillet no necesita recomendación, pues por sí sola puede presen- 
tar los títulos suficientes para ser admitida sin reticencia alguna. 

FÉLIX F. OUTES. 



Anales del Museo Nacional de Montevideo, publicados bajo la dirección 
del profesor J. Arechavaleta. Fascículos XVII-XVIII, Montevideo 1900-901. 

En el fascículo XVII el doctor A. Fórmica Corsi termina su estudio sobre los 
« Moluscos del Uruguay » , interesante monografía cuyo valor resalta tanto más si 
se tiene en cuenta que no existía con anterioridad á ella, obra alguna especial so- 
bre la Malacología de las repúblicas cisplatinas. 

El estudio del doctor Fórmica Corsi describe 172 especies, como pertenecientes á 
la República Oriental del Uruguay. Pero si el autor continúa haciendo investiga- 
ciones sistemáticas, pronto tendrá que enriquecer su hermosa monografía, pues 
hay que recordar que se trata de un primer ensayo. 

Por lo demás es meritorio el trabajo del doctor Fórmica Corsi por haber reuni- 
do en un solo cuerpo la copiosa bibliografía dispersa en un gran número de pu- 
blicaciones. 

En el fascículo XVIII el erudito director del Museo de Montevideo, doctor José 
Arechavaleta, continúa su estudio sobre la Flora del Uruguay. 

FÉLIX. F. OUTES. 

Holmberg' (E. A.), viaje por la Gobernación de los Andes (Puna de 
Atacama), 1 vol. in-S", Buenos Aires, 1900. 

Los vastos desiertos que forman el territorio agregado á la República Argen- 
tina en virtud del laudo arbitral pronunciado por el ministro de los Estados Uni- 
dos William Buchauan, han dado tema al joven y competente naturalista del_ Mi- 
nisterio de Agricultura, señor Eduardo A. Holmberg para confeccionar un libro 
en el que reúne de una manera somera los resultados obtenidos en una excur- 
sión realizada en los comienzos del pasado año de 1900 en la Gobernación de 
los Andes. 

Por las materias que trata el autor, puede dividirse su estudio en una intro- 
ducción y dos partes. 

Pasa en revista el señor Holmberg en la primera, la bibliografía y cartografía 
referente á la Puna de Atacama, haciendo una prolija reseña tanto de los auto- 
res argentinos como chilenos, precedido todo esto por un ligero esbozo de los 
trabajos de los escritores coloniales que han hecho referencias al mismo asunto. 

Forma la primera parte, el relato de viaje, hecho como lo hemos dicho más 
arriba de una manera rápida, constituyendo el material de la segunda una ojea- 
da general sobre el territorio de Atacama. 

Está dedicado el primer capítulo á Molinos, el rico y bello departamento salteño 
ubicado en el seno de los valles Calchaquíes, debiendo ser San Pedro de Moli- 
nos el futuro asiento de la capital del nuevo territorio. 

Son sumamente curiosas las revelaciones que hace el señor Holmberg sobre 
el trato que reciben los peones en Calchaquí y especialmente en Molinos, siendo 
necesarísima la intervención de las autoridades en el asunto. 

Luego en el capítulo II describe el trayecto que media entre Molinos y 



94 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Luracatao donde existe la magníflca propiedad del señor Isasmendi. Hay en es- 
ta finca 200 cabezas de ganado caballar, 5000 ovejas, 4000 cabras y 5000 bu- 
rros y ha alcanzado el maíz en su crecimiento á dos metros de altura. 

La Encrucijada, Ciénega Redonda y los nevados de Cachi forman el tema 
del capítulo III. La Encrucijada se llama á un ensanchamiento de la Quebrada 
de Luracatao. A poca distancia de este último punto la vegetación indica clara- 
mente que el viajero se halla en la vecindad de las Punas para luego, en la Cié- 
nega Redonda, recobrar el perdido esplendor, siendo aquel lugar un verdadero 
oasis de verdura. 

Pasada la planicie del Talarse distinguen perfectamente los majestuosos neva- 
dos de Cachi en una de cuyas cuchillas se halla el antiguo mojón que separaba á 
la Argentina de Bolivia y tras él, actualmente, el nuevo territorio de los Andes. 

Capítulo IV: Pastos Grandes el único caserío de la Puna formado por siete 
ranchos y una capillita, villorio situado al pie del cerro del mismo nombre. 

Describe detenidamente el señor Holmberglas industrias de los habitantes de 
Pastos Grandes que consisten únicamente en la fabricación de tejidos y la expor- 
tación de la sal. 

El material del siguiente capítulo es á la verdad poco variado, pues los acci- 
dentes que presentan la Quebrada del Huaire, Pampa Ciénega y Peñas Blancas 
es la eterna repetición de lo que el general chileno Boonen Rivera llama con 
sobrada razón «paisajes lunares ». 

En el capitulo VI presenta el autor un proyecto de reglamentación de la caza 
de vicuñas fAuchenia vicuña), la que se hace hoy en día de una manera brutal 
y que. si continúa de esa manera pronto concluirá con la especie, terminando 
el capítulo con el relato de la última parte del itinerario, habiéndose precipita- 
do el regreso á causa de lo avanzado de la estación. 

Como hemos dicho el capítulo Vil forma lo que hemos dado en llamar se- 
gunda parte, la que contiene una ojeada general sobre el territorio de Atacama. 

El estudio del señor Holmberg aunque encarado con un criterio perfectamente 
científico, adolece de un defecto — perfectamente subsanable en futuros trabajos 
— cual es la falta de método, inconveniente que también habrán notado los lec- 
tores de esta nota al recorrer el breve examen que hemos hecho de la ubicación, 
diremos así, de los materiales que lo forman. 

Buenas ilustraciones, debidas algunas de ellas al lápiz del joven naturalista, 
sirven de complemento á las descripciones del texto. 

FÉLIX F. Cutes. 



Dnsén (P.). Die Gefasspflanzen der Mag-ellanslander nebst einem 
Beitrag zur Flora der Ostküste von Patagonien, en : Svenska expeditio- 
nen tul Magellanslánderna, tomo III, número 5, página 169. 

El botánico sueco P. Dusén, que acompañó al doctor Otto Nordenskjold en la 
expedición realizada á la Tierra del Fuego y estrecho de Magallanes durante los 
años 1895-97, acaba de publicar una importante obra sóbrelas plantas vasculares 
de esas regiones á la que agrega sus observaciones sobre la ñora de una parte de 
la costa oriental de Patagonia. El conocimiento de las producciones naturales del 
extremo sud de nuestro continente ha aumentado considerablemente con la pu- 
blicación de los resultados no sólo de la expedición sueca que acabamos de men- 



BIBLIOGRAFÍA 95 

ciooar sino también de la expedición hamburguesa del doctor Michaelsen y de la 
expedición antartica belga. Desgraciadamente el lamentable fallecimiento del 
doctor Alboff interrumpió los estudios que había emprendido sobre la flora fue- 
guina, sobre la cual sólo alcanzó á publicar los primeros resultados obtenidos en 
la misión que le había confiado el Museo de La Plata. 

El artículo que ahora publica Dusén contiene una relación histórica de todo^ 
los viajes botánicos realizados á la región magallánica y una lista bibliográfica de 
los trabajos aparecidos sobre ella que es de mucha utilidad para los estudios ulte- 
riores. 

Reseña también el viaje por él .realizado durante el cual recogió personalmente 
la mayo/ parte de las plantas coleccionadas, salvo algunas recolectadas por Nor- 
denskjold en el Seno de Última Esperanza. 

De la Tierra del Fuego se describen las siguientes nuevas especies : Chilio- 
phyllum fuegianum O. Hofím. ; Senecio alloeophyllusO. Hoffm., S. subpandura- 
Uis, Collomia pusilla Daséü, Astragalus brevicaulis Dnsén, Adesmia carnosa 
Dusén, Cardamine pygmaea Dusén, Ranunculus caespi'tosus Dusén, Atriplex 
Reichei Volkens, Koenigia fuegiana, Uncinia triquetra Kückenth., Agrostis 
fuegiana Hack, Poa atropidiformis Rack., A tr opis parviflorus ñack., Bromus 
pellitus Hack, Agropyrum elymoides Hack., Hymenophyllum caespitosum Christ., 
y H. Duseni Christ. 

Pertenecen al extremo sud de la Patagonia las especies nuevas que á continua- 
ción se enumeran. Nassansvia modesta O. Hoffm., N. hryoidesO. Hoffm., ience- 
ria lanígera O. Hoffm., L. Hoffmanni Dusén, Adesmia Negeri Dusén, Hexapíera 
Nordenskjoldi Dusén, Symphyosternon hyckholmi Dusén, Fristagina australis 
Neger y Bromus patagonicus Hack. 

Son comunes á la Patagonia austral y á la Tierra del Fuego las nuevas especies 
siguientes: Senecio Nordenskjoldi O. Eoñin. , Nassauvia Nordenskj óldi O. Hoffm., 
Rumex decumbens Dusén, y Ephedra nana Dusén. 

Dusén considera con razón que aún falta mucho para el completo conocimiento 
de las zonas por él estudiadas. 

Es de notarse la gran cantidad de malas yerbas europeas importadas, sin duda, 
con los rebaños de ovejas, cuya cría se extiende de día en día en la región 
magallánica. 

Respecto á la costa oriental de Patagonia, Dusén se limita á dar cuenta de al- 
gunas colectas hechas por él entre Puerto Madryn y la boca del Río Santa Cruz, 
describiendo las nuevas especies Baccharis Duseni O. Hoffm. Senecio stipellatus 
O. Hoffm., Dusenia patagónica O. Hoffm. (n. sp.,n. g.), Nassauvia scleranthoi- 
des O. Hoffm., Lycium chubutense Dusén, L. durispinum Dusén y Eryngiiim 
chubutense Neger. 

Antes de terminar este análisis recordaremos que el doctor Carlos Spegazzini 
ha comenzado á publicar en los tomos XLVII y XLVIH de nuestros Anales un 
importantísimo trabajo Nova addenda ad Floram Patagonicam, basado sobre las 
colecciones recogidas por el autor en 1897-98, á lo largo del Río Negro, por 
Carlos Ameghino en los mismos años en el territorio de Santa Cruz, por nuestro 
lamentado consocio, doctor Juan Valentín, en el Chubut, á fines de 1897 y por 
Julio Koslowsky en 1898, en el interior del mismo territorio. Estas dos últimas 
colecciones se conservan en el Museo Nacional de Buenos Aires. 

A. Gallardo. 



96 ANALES DE LA SUCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



n. - CIENCIAS EXACTAS 



JVfüller (H.). Estática gráfica aplicada a las construcciones. Traduc- 
ción de los ingenieros J. Romagosa é Iberio Sanromán. 2 vol. in-8°, y 1 at- 
las. Buenos Aires, 1901. 

« Esta primera traducción á nuestro idioma de tan importante obra, es el fruto 
del trabajo del malogrado ingeniero Romagosa y del señor ingeniero Iberio San- 
román y viene á prestar un notable servicio á todos los que se dedican" á esta 
clase de estudios científicos, con tanto más provecho cuanto que siendo Alema- 
nia, puede decirse, la madre de esta ciencia que cuenta apenas 30 años de edad 
y siendo el idioma alemán tan distinto del nuestro, hubieran pasado muchos años 
quizás careciéndose de la enseñanza completa del insigne maestro alemán en es- 
ta materia que ha llegado á ser el abe de la ciencia aplicada á las más atre- 
vidas concepciones del genio en el arte de la construcción. 

« Nadie antes de 1870 se hubiera atrevido á concebir la torre Eiffel y hoy en 
el dominio de la Estática Gráfica los alumnos de nuestra Facultad de ingeniería 
pueden, sin temor, dar cima á empresas mucho más arriesgadas que la que ad- 
miró al mundo en la penúltima exposición francesa. 

« La obra traducida tiene la singular ventaja de ser lajmás práctica entre todos 
los tratados existentes sóbrela materia y resuelve con la aplicación de los más 
sencillos procedimientos gráficos, todas las cuestiones de aplicación á la cons- 
trucción y á la teoría de la elasticidad mientras que otros autores conocidos, 
Levy, por ejemplo, tienen el inconveniente de ser demasiado analíticos. 

« El primer tomo de la importante obra, contiene la composición de las fuerzas 
en el plano. Momentos de inercia y momentos centrífugos de las secciones planas; 
tensiones de los sóticulidos prismáticos. Teorías de los sistemas relados estática- 
mente determinados, con exclusión del estudio de las deformaciones. 

« En el segundo tomo se estudia la deformación de los sistemas reticulados 
planos. Sistemas reticulados planos estáticamente indeterminados. Aplicaciones 
en que se estudian circunstanciadamente las principales vigas estáticamente in- 
determinadas ; primero el arco con dos articulaciones, luego los arcos con viga 
rígida, después el arco empotrado en sus dos extremidades y finalmente la viga 
continua. 

« Lástima, sin embargo, que las lecciones de esta transcendental obra que antes 
de ser traducida servían como apuntes dados por los profesores á los alumnos de 
nuestra facultad, hoy, que la obra es conocida en buen castellano, es muy proba- 
ble que sea olvidada como texto de enseñanza por el prurito que tienen nuestros 
maestros en la facultad de oponerse á señalar un texto de enseñanza á los alum- 
nos, tal vez con el único propósito de querer;'pasar por muy peritos en la mate- 
ria, mientras sus alumnos no descubren las obras que les sirven para dictar sus 
cátedras. 

«Ninguno como este libro podrá satisfacer mejor las condiciones de un buen 
texto de enseñanza. 



SOCIOS HONORARIOS 



l)r. Germán Burmeister f. — Dr. Benjamín A. Gould f — Dr. R. A. Philippi. 
üi . Guillermo Rawsonf. — Dr. Carlos Berg. — Dr. Juan J. J. Kyle. — Ing. LuisA.Huergo (padre). 
Ing. J. Mendizábal Tamborrel. — Dr. Valentín Balbin. f 



SOCIOS CORRESPONDIENTES 



Aguilar Rafael México. 

Arechavaleta, José Montevideo. 

Aneaga Rodolfo de Montevideo. 

Ave-Lallemant, Germán Mendoza. 

Brackebusch, Luis Córdoba. 

Carvalho José Carlos Hio Janeiro. 

Lafone Quevedo, Samuel A. . . . Catamarca. 

Lillo, Miguel Tucuman. 



Morandi, Luis Villa Colon{U.) 

Paterno, Manuel Palermo (It.). 

Reid, Walter F. Londres- 

Scalabrini, Pedro Corrientes. 

Tobar, Carlos R Quito. 

Villareal, Federico Lima. 

Von Ihering, Hermán San Paulo (B.) 



SOCIOS ACTIVOS 



Acevedo Ramos, R. de 
Adano, Manuel. 
Aguirre, Eduardo. 
Alberdi, Francisco N. 
Albert, Francisco. 
Almeida, Arturo M. 
Alric, Francisco. 
Alvarez, Fernando. 
Amadeo, Alejandro M, 
Anasagasti, Ireneo. 
Anasagasti, Horacio 
Ambrosetti, Juan B. 
Arata, Pedro N. 
Arigós, Máximo. 
Arce, Manuel J. 
Arce, Santiago. 
Arditi, Horacio. 
Arroyo, Franklin. 
Atíenza, Mario. 
Aubone, Carlos. 
Avila Méndez, Delfín. 
Avila, Alberto 
Aztiria, Ignacio. 



Bahia, Manuel B. 
Bancalari, Juan. 
Bancalari, Juan M. 
Barabino, Santiago E. 
Barilari, Mariano S. 
Barzi, Federico. 
Basarte, Rómulo E. 
Battilana Pedro. 
Baudrix, Manuel C. 
Bazan, Pedro. 
Benoit, Pedro (hijo). 



Berro Madero, Miguel 
Berro Madero, Carlos 
Beron de Astrada, M. 
Besana, Carlos. 
Bessio, Moreno Nicolás 
Biraben, Federico. 
Bosch, Benito S. 
Bosch, Eliseo P. 
Bosch, Anreliano R. 
Bonanni, Cayetano. 
Bosque y Reyes, F. 
Brian, Santiago 
Buschiazzo, Francisco. 
Buschiazzo, Juan A. 
Bustamante, José L. 



Cáceres, Dionisio R. 
Cáicena Augusto. 
Cagnoni, Alejandro N. 
Cagnoni,Juan M. 
Candioti, Marcial R. 
Canale, Humberto. 
Canovi, Arturo 
Cano, Roberto. 
Cantilo, José L. 
Cantón, Lorenzo. 
Carranza, Marcelo. 
Cardóse, Mariano J. 
Cardoso, Ramón. 
Carrique, Domingo 
Casullo, Claudio. 
Castellanos, Carlos T. 
Castex, Eduardo. 
Gastiglione, Enrique. 
Castro, Vicente. 



Cerri, César. 
Gilley, Luis P. 
Chanourdie, Enrique. 
Chapiroff, Nicolás de 
Checchi, Amoldo. 
Gheraza, Gerónimo. 
Chiocci Icilio. 
Chueca, Tomás A. 
Clérice, Eduardo E. 
Cobos, Francisco. 
Cock, Guillermo. 
GoUet, Garlos. 
Coni, Alberto M. 
Cornejo, Nolasco F. 
Corvalan Manuel S. 
Coronel!, J. M. 
Coronel, Policarpo. 
Corti, José S. 
Courtois, U. 
Cremona, Andrés V . 
Cremona, Victor. 
Gnrutchet, Luis. 
Curutchet, Pedro. 



Damianovich, E. A. 
Darquier, Juan A. 
Dasseu, Claro C. 
Dates, Germán. 
Davila, Bonifacio. 
Davel, Manuel. 
Dawney, Carlos. 
Domínguez, Juan A. 
Dorado, Enrique. 
Douce, Raimundo. 
Doyle, Juan. 



Duhart, Martin. 
Duncan, Garlos D. 
Dufaur, Estevan F. 

Echagüe, Carlos. 
Elía, Nicanor A. de 
Eppens, Gustavo A. 
Estevez, José 
Estevez, Luis. 
Estrada, Miguel. 
Espinasse, Jorge. 
Etcheverry, Ángel 
Ezcurra, Pedro 

Fasiolo, Rodolfo I. 
Fernandez, Daniel. 
Fernandez, Alberto J* 
Ferrari, Rodolfo. 
Ferreyra, Miguel 

Fynn, Enrique. 
Flores, Emilio M. 
Fraga, Antonio. 
Franco, Vicente, 
Foster, Alejandro. 
Friedei Alfredo. 

Gainia, Alberto de. 
Gallardo, Ángel. 
Gallardo, José L. 
Gallego, Manuel. 
Gallino, Adolfo. 
Gallo, Delfín 
Gamberale, Humberto. 
Gándara, Federico W. 



SOCIOS ACTIVOS (Continuación) 



Garay, José de 
García, Carlos A. 
Gentiliui, Pascual. 
Geyer,Carlos. 
Ghigliazza, Sebastian. 
Gioachini, Arriodanle. 
Giménez, Joaquín. 
Giménez, Ángel M. 
Girado, José I. 
Girado, Francisco J. 
Girado, Alejandro 
Girondo, Juan. 
Girondo, Eduardo. 
Gollan, José E. 
Gómez, José C. 
Gómez, Pablo E. 
Gonzales, Arturo. 
González, Agustín. 
González Leiong, G. 
Gradin, Carlos. 
Granella, Antonio. 
Gregorina, Juan 
Guido, Miguel. 
Gutiérrez, Ricardo P. 

Herrera Vega, Rafael. 
Herrera Vega, Marcelino 
Herrera, Nicolás M. 
Henry. Julio 
Hicken, Cristóbal. 
Holmberg, Eduardo L 
Hnbert, Juan M. 
Hucrgo, Luís A. (hijo) 
Hughes, Miguel. 
Hulchison, Lorenzo. 

triarte, Juan 
Isnardí, Vicente. 
Israel, Alfredo C. 
Iturbe, Miguel. 

Jáeschke, Víctor J. 
Jaureguiberrí, Luis. 
Juni, Antonio. 
Jurado, Ricardo. 

Krause, Otto. 
Klein, Hermán 
Klimann, Mauricio. 

Labarlhe, Julio. 
Lacroze, Pedro. 
Lagos García, Carlos 
Lagrange, Carlos. 
Langdon, Juan A. 
Laporte Luis B. 
Larregui, José 
Larguia, Carlos. 
Latzina, Eduardo. 
Eavalie C, Carlos. 
Lavergne, Agustín 
León, Emilio de 
Leonardís, Leonardo 
Lehmann, Guillermo. 
Lehemann, Rodolfo. 



Lehmann Nitsche, R. 
Levy, Raúl. 
Lizarralde, Daniel 
López, Aniceto. 
López, Martin J. 
López, Pedro J. 
Loyola, Luis. 
Lucero, Apolinario. 
Lugones, Arturo. 
Lugones Velasco, S^"" 
Lui'ggi, Luis 
Luro, Rufino. 
Ludwig, Carlos. 

Machado, Ángel. 
Madrid, Enrique de 
Mallea, Benjamín 
Mallol, Benito J. 
Marín, Placido. 
Marquestou, Alejandro. 
Marcet, José A. 
Martini, Rómulo E. 
Mary, Antonio. 
Matharán, Pablo. 
Massini, Carlos. 
Massíni, Estevan. 
Massini, Miguel. 
Maza, Benedicto. 
Maza, Juan. 
Matienzo, Emilio. 
Mattos, Manuel E. de. 
Meana, Néstor. 
Medina, José A. 
Méndez, Teófilo F. 
Mendízabal, José S. 
Morían, Eduardo 
Mermos, Alberto. 
Meyer Arana, Felipe. 
Miguens, Luis. 
Mignaqui, Luis P. 
Millan, Máximo D. 
Mitre, Luis. 
Molina, Waldino. 
Mon, Josué R. 
Monsegur, Sylla 
Morales, Carlos María 
Moreno, Jorge 
Morón, Ventura. 
Mosconi, Enrique 
Mosto, Andrés. 
Mugica, Adolfo. 



Naon, Alberto 
Navarro Viola, Jorge. 
Negrolto, Guillermo. 
Newton, Artemío R. 
Newton, Nicanor R. 
Niebuhr, Adolfo. 
Newbery, Jorge. 
Noceti, Domingo. 
Nogués, Pablo. 
Nougues, Luis P. 

Ocampo, Manuel S. 
Ochoa, Arturo. 
O'Donell, Alberto C. 



Olazabal, Alejandro M. 
Olivera, Carlos C. 
Oliveri, Alfredo 
Orliz, Diolimpio 
Orzabal, Arturo. 
Otamendi, Eduardo. 
Otamendi, Rómulo. 
Otamendi, Alberto. 
Otamendi, Juan B. 
Otamendi, Gustavo. 
Outes, Félix F. 

Padilla, Isaías. 
Padula, Umberto. 
Pais y Sadoux, G. 
Paítovi Oliveras A. 
Palacios, AlbertoC. 
Palacio, Emilio. 
Páqijet, Carlos. 
Parera Muñoz, Carlos 
Paz, Manuel N. 
Pelizza, José. 
Pereyra, Emilio. 
Petersen, H. Teodoro 
Pigazzi, Santiago. 
Pouyssegur, Luís. 
Piaña, Juan. 
Piaggío, Antonio. 
Pirovano, Juan. 
Puente, Guillermo A. 
Puiggari, Pío. 
Puiggari, Miguel M. 
Prins, Arturo. 



Quintana, Antonio. 
Quiroga, Atanasio. 

Raffo, Bartolomé M. 

Ramos Mejia, Ildefonso 

Rebora, Juan. 

Recagorri, Pedro S. 

Repello, Luis M. 

Rettes, Antonio. 

Reynoso, Higinio 

Riglos, Martiniano. 

Rivara, Juan 
Rivas Jor'dán, Leandro. 

Rodríguez, Luis C. 

Rodríguez, Miguel. 

Rodríguez González, G. 
RodriguézdelaTorre,C. 

Roífo, Juan. 

Rojas, Esteban C. 

Rojas, Félix. 

Romano, Mario. 

Romero, Armando. 

Romero, Carlos L. 

Rosetti, Emilio. 

Rospide, Juan. 

Ruiz Huidobro, Luis. 



Saenz Valiente, A. 
Saenz, Mario. 
Sagastume, Joáé. M. 
Saílovitz, Manuel. 



Sánchez, Emilio J. 
Sanglas, Rodolfo. 
Santángelo, Rodolfo. 
Santillan, Santiago P. 
Sauze, Eduardo. 
Senillosa, José A. 
Saraleguí, Luís. 
Sarhy, José S. 
Sarhy, Juan F. 
Schickendantz, Emilio . 
Seguí,Francisco. 
Selva, Domingo. . 
Senat, Gabriel, 

Senillosa, Juan A. 

Seurot, Edmundo. 

Seré, Juan B. 

SchaW, Garlos E. 

Silva, Ángel. 

Silveyra Luís 

Simonazzi, Guillermo. 

Siri, JuanM. 

Soldani, Juan A. 

Solíer, Daniel (hijo). 

Solveyra, Mariano 

Spinola, Nicolás 

Speroni, Daniel C. 

Swenson, U. 

Taiana, Hugo. 
Taiana, Alberto. 
Taminí Crannuel, L. A. 
Tassi, Antonio 
Taurel, Luis F. 
Tejada Sorzano , Carlos 
Texo, Federico 
Thedy, Héctor. 
Torrado, Samuel. 
Trelles, Francisco M. 
Tresséns, José A. 

Uriarte Castro Alfredo. 
Uriburu, Arenales. 

Valenzuela, Moisés 
Valerga, Oronte A. 
Várela Rufino (hijo) 
Vázquez, Pedro. 
Vidal, Magín. 
Videla, Baldomcro. 
VíllanovaSanz,Florenci° 
Villegas, Belisario. 

Wauters, Garlos. 
Wernicke, Roberto 
White, Guillermo. 
Wílmart, Raimundo 
Williams, Orlando E. 

Yanzi, Amadeo 

Zabala, Carlos. 
Zalazar, Benjamín 
Zamboni, José J. 
Zavalia, Salustiano. 
Zeballos, Estanislao S. 
Zunino, Enrique. 






ANALES 



DE LA 



SOCIEDAD CIENTÍFICA 

ARGENTINA 



Director :. Ingeniero EDUARDO AGUIRRE 
Secretarios : Agrimensor Alejandro Foster y señor Félix F. Outes 

REDACTORES 



Ingeniero Ángel Gallardo, señor Juan B. Ambrosetti, ingeniero José S. Corti, in- 
geniero Santiago E. Barabino, ingeniero Federico Birabén, ingeniero Nicolás 
deChapiroíf, ingeniero Carlos Paquet, ingeniero Vicente Castro, ingeniero Claro 
C. Dassen, doctor Enrique Fyn, doctor Rómulo E. Martini, ingeniero Eleodoro 
A. Damianovich, ingeniero Eduardo Latzina, doctor Atanasio Quiroga, señor 
Antonio Paitovi Olivera. 



MAYO 1901. — ENTREGA V. — TOMO LI 



PUNTOS Y PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN 

LOCAL DE LA SOCIEDAD, CEVALLOS 289, Y PRINCIPALES LIBRERÍAS 

Por mes $ Wn l-OO 

Por año » 12.00 

Número atrasado » 2.00 

— para los socios n i.OO 1 

La suscripción se paga anticipada 



V 



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BUENOS AIRES 
IMPRENTA Y CASA EDITORA DE CONI HERMANOS 

684 — CALLE PERÚ — 

1901 



JUNTA DIRECTIVA 



Presidente. Doctor Carlos M. Morales. 

Vice-Presidente 1° Arquitecto Juan A. Büschiazzo. 

Id. 2° Ingeniero Domingo Selva. 

Secretario de actas Señor Manuel J. Arce. 
— correspondencia Señor José Larregul 

Tesorero Ingeniero Luis A. Huergo (hijo). 

Bibliotecario Señor Nicolás Bessio Moreno. 

Doctor Eduardo L. Holmberg. 

Ingeniero Arturo Prins. 

Ingeniero Ignacio Aztiria. 
Vocales { Ingeniero Sebastián Ghigliazza. 

Ingeniero Antonio Piaggio. 

Ingeniero Higinio Reynoso. 

Señor Luis Curutchet. 



índice de la presente entrega 



Memoria del Presidente de la Sociedad Científica Argentina, correspondiente al 

XXVIII» período 97 

Ángel Gallakd >, Las matemáticas y la biología 112 

Samuel A. Lafone Qüevedo, Supuesta derivación súmero-asiria de las lenguas 

Kechua y Aymará • 123 

Informe del doctor Carlos Berg, delegado de la Sociedad Científica Argentina al 2° 

Congreso Científico latino-americano reunido en Montevideo 132 

La segunda reunión del Congreso Científico latino-americano ". 125 

Bibliografía : Delachaüx, Atlas meteorológico de la República Argentina. — Sve- 

DELius, Algen aus den Lándern der Magellanstrasse und Westpatagonien 143 

Movimiento social - 144 



MEMORIA ANUAL 

DEL PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTLNA 



CORRESPONDIENTE 

AL XXVIII" PERÍODO (1° ABRIL DE 1900 Á 31 DE MARZO DE 1901) 

leída EN LA ASAMBLEA DE 1° DE ABRIL DE 1901 



Señores socios : ^ 

De acuerdo con lo que establece el artículo 22, inciso 9", del Re- 
glamento general, voy á daros cuenta detallada del estado de la So- 
ciedad j de su marcha durante el XVIII período administrativo. 

Socios. — La Sociedad cuenta en la fecha con 365 socios activos, 
o honorarios y 14 correspondientes. 

El número de socios activos el 1° de abril de 1900 era de 512, 
el de honorarios 6 y el de correspondientes 15. 

Han ingresado durante el período '12 y se han reincorporado 2. 

Han salido 161, de los cuales 16 han renunciado, 143 han sido 
declarados cesantes por la junta Directiva de acuerdo con el artí- 
culo 15 del Reglamento y 3 han fallecido. 

Los tres socios activos cuyo fallecimiento lamentamos, son: do'-- 
íor Emilio Matienzo. José Vidal y Carlos Travers. 

También se ha tenido que deplorar el fallecimiento del socio ho- 
norario doctor Valentín Balbín y el del socio correspondiente en 
Lisboa, señor Luciano Cordeiro. 

He aquí la nómina de los socios aceptados durante el período: 

Máximo D. Millan, José M. Gollan, Manuel Sallowitz, Emilio M. 
Flores, Jorge Newbery, Mario Saenz, Francisco Gándara, Arturo 

AN. SOC CIENT. ARG. — T. Ll 7 



98 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

M. Almeida, Juan M. Hiibert, Eómulo E. Martini, Miguel M. Gi- 
ménez, Horacio Arditi, Garlos Larguía (reincorporado), Pedro Váz- 
quez (reincorporado). 

Asambleas. — Solamente una Asamblea se ha realizado, y ésta lu- 
tuvo lugar el 2 de febrero próximo pasado, en la que se procedió á 
la renovación de la Comisión redactora de los Anales. 

Conferencias. — Tres han sido las conferencias dadas, dos de 
ellas en el Politeama Argentino, el 3 de agosto próximo pasado, 
con motivo de la fiesta que se realizó en conmemoración del XXVIÍ 
aniversario de la Sociedad, en cu vas conferencias disertaron los 
señores Juan B. Ambroselti y el agrimensor Cristóbal Hicken, el 
primero sobre «Una excursión por Córdoba y Salta» y el segun- 
do sobre «El mate ». 

Excursiones y visitas. — Una sola visita se ha efectuado, y ésta se 
realizó el 22 de abril próximo pasado al «Establecimiento Recoleta» 
de las Obras de Salubridad. 

Junta Directiva. — En la Asamblea del 2 de abril del año próxi- 
mo pasado quedó constituida la Junta Directiva para el XXVIII pe- 
ríodo administrativo, en la forma siguiente: 

Presidente : Ingeniero, doctor Manuel B. Bahía. 

Vicepresidente I" : Doctor Eduardo L. Holmberg. 
— 5"; Señor Enrique Chanourdie. 

Secretario de actas : Luis Miguens. 

— correspondencia : Ingeniero Arturo Prins. 

Tesorero: Ingeniero Ignacio Aztiria. 

Bibliotecario : Señor Luis Curutchet. 

Vocales : Ingeniero, doctor Marcial R. Candioti, Carlos M. Mora- 
les, Teniente coronel, ingeniero Arturo M. Lugones, Ingeniero Eleo- 
doro A. Damianovich, Agrimensor Cristóbal M. Hicken, Ingeniero 
Armando Romero, Ingeniero Sebastián Ghigliassa. 

Así constituida ha funcionado hasta la fecha á excepción de los 
señores Chanourdie y Damianovich quienes el 8 de junio próximo 
pasado, renunciaron de vicepresidente y vocal respectivamente. 

Durante el período se han celebrado 21 sesiones en las cuales se 
han considerado y despachado todos los asuntos entrados, y toma- 
do las sio;uientes resoluciones : 



MEMORIA DEL PRESIDENTE 99 

Htihieiulo sido invitada la Sociedad n lomar parte en los feste- 
jos que con motivo de la Exposición de 1900, en París, celebraría 
la « Sociedad de Ingenieros Civiles de Francia», se nombró para 
representarla en xiicho acto á los señores ingenieros Guillermo 
Wliite y Ángel Gallardo. 

Se nombró al ingeniero Santiago E. Ba rabino para representar á 
la Sociedad en el VIH Congreso Internacional de Navegación que 
debía celebrarse en Roma. 

Con motivo de haberse adherido la Sociedad al Congreso Indus- 
trial Argentino, resolvió otorgar una medalla de oro como premio 
al mejor trabajo que se presentase sobre el siguiente tema : 

« Posibilidad deia fabricación del cemento en nuestro país », que 
corresponde á la Sección IV, Minería, de los temas de dicho con- 
greso. 

Sobre el mencionado tema no se presentó ningún trabajo, y por 
lo tanto, no hubo lugar á le entrega del premio acordado. 

Como es de práctica se resolvió festejar el XXVII aniversario de 
la fundación de la Sociedad con una velada científica, la que se 
realizó el 3 de agosto próximo pasado en el Politeama. 

Habiéndose presentado al Concurso á que la Sociedad invitó á 
sus socios, un trabajo sobre « Transformación de ecuaciones», se 
nombró ¿i los señores doctores Marcial R. Candioli, Carlos M. Mo- 
rales, Valentín Balbín, Claro C. Dassen é Ignacio Aztiria, para dic- 
taminar sobre dicho trabajo, cuyos señores comunicaron que á su 
juicio no era merecedor á la distinción de una medalla de oro. 

Se resolvió rebajar aun peso moneda nacional, el precio de las 
entregas de los Anales de años atrasados, para los socios, como así 
mismo hacer un descuento de 10 por ciento al socio que compre 
6 tomos y 20 por ciento al que adquiera 1 tomos ó más. 

La Sociedad se ha adherido al 11° Congreso Científico Latino Ame- 
ricano que debía celebrarse en Montevideo del 20 al 30 de marzo 
del corriente año, y nombró para representarla en las sesiones de 
dicho congreso, á los señores ingeniero Luis A. Huergo, y doctores 
Carlos Bergy Carlos M. Morales. 

Habiendo fallecido el socio honorario doctor Valentín Balbín, la 
Junta Directiva, en su sesión del 18 de enero próximo pasado, re- 
solvió designar al doctorearlos María Morales para hacer uso de 
la palabra en nombre de la sociedad, en el acto déla inhumación 
de sus restos y enviar una corona. 



100 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Memorias. — Han sido presentadas las siguientes memorias que 
fueron publicadas oportunamente en los Anales : 

Los Ferrocarriles de Chile, por Juan Velázquez Giménez, 

El Génesis y la obra de un naturalista de nuestros días, por Fe- 
derico Birabén. 

Memoria anual del Presidente de la « Sociedad Científica Ar- 
gentina », correspondiente al XXVII período administrativo, por 
Marcial R. Candioti. 

Presencia de mamíferos Diprotodonles en los depósitos tercia- 
rios del Paraná, por Florentino Ameghino. 

Los nuevos estudios sobre la fecundación de las fanerógamas, 
por Ángel Gallardo. 

Los afirmados de Buenos Aires, por Carlos M. Morales. 

Mycetes Argenti'ienses, por Carolo Spegazzini. 

XXVLl aniversario de la fundación de la « Sociedad Científica 
Argentina», por M, R. C. 

La yerba mate, por Cristóbal M. Hicken. 

Por Córdoba y Salta, por Juan B. Ambrosetti. 

Estudios sobre las tarifas diferenciales y su aplicación en la lie- 
pública Argenlina, por 3. Courau. 

r Age des formations sédimentaires de Patagonie, por Florentino 
Ameghino. 

informe del delegado de la « Sociedad Científica Argentina », 
ingeniero Ángel Gallardo, en los festejos que con motivo de la 
Exposición celebró la Sociedad de Ingenieros Civiles de Francia. 

Apuntamientos para el estudio de la Arqueología Argentina, por 
Félix F. Outes. 

Las ruinas de Londres de Quinmivil (CsíaimRrcíi), por Hilarión 
Furque. 

Durmientes de quebracho colorado para vías férreas, por J. Cou- 
rau. 

Análisis microgrdfico de los aceros al carbono, por G. Cartaud 
(traducción de E. Herrero Ducloux). 

Congresos científicos de París, por An^íel Gallardo. 

Necesidad de fundar una sociedad de americanistas, por Félix 
F. Outes. 

Desinfección de los útiles empleados en las peluquerías, por José 
M. Sagastume. 

Rasgos etnográficos comunes en Calchaquí y México, por Juan B. 
Ambrosetti. 



MEMORIA DEL PRESÍDEME 101 

Priuiera, reunión del Congreso Científico Latino Americano, ler- 
mi nación de sus Irabnjüs. 

¡Sotas críticas referentes d las contribuciones al estudio délas Aves 
chilenas de Federico Albert, por Carlos Berg-. 

La destrucción de la mamposlería por los gases cloacales, por J. 
J. J. Kyle. 

Biblioíírafías varias. 



•'O' 



Anales. — Las entregas de los Anales han aparecido con bastan- 
te regularidad durante el período. 

Por razones de economía, y con el objeto de poder abonar algu- 
nas cuentas de los Anales, atrasadas, la Junta Directiva resolvió 
hacerlos aparecer dedos en dos meses á contar del mes de noviem- 
bre próximo pasado hasta el presente mes de abril, y suspender 
las reimpresiones para los autores. 

En la Asamblea del 2 de febrero próximo pasado, se procedió á 
la renovación de la Comisión Redactora, la que quedó constituida 
en la siguiente forma : 

Director : Ingeniero Eduardo Aguirre. 

Secretarios : Ingeniero Alejandro Foster y señor Félix F. Cu- 
tes. 

Redactores: Ingenieros Ángel (Gallardo, Eleodoro A. Damiano- 
vich, Claro C. Dassen, Eduardo l.atzina, Santiago E. Barabino, Jo- 
sé S. Corti, Nicolás de ChapiroíT, Vicente Castro, Federico Biraben, 
Carlos Paquet; doctores Atanasio Quiroga, Enrique Fynn, Rómulo 
E. Martini y señores Juan B. Ambrosetli y Antonio Paitovi. 

Esta terminará su mandato el 30 de noviembre próximo incluso 
el Director y los Secretarios. 

El tiraje de los Anales es de 800 ejemplares. 

El número de suscriptores es muy reducido, pues solo alcan- 
za á 4. 

La Dirección propuso la supresión de los avisos en la carátula 
de los Anales por cuanto la impresión de éstos no daba resultado, 
pues dicha impresión costaba .36 pesos y últimamente sólo se per- 
cibían 6 pesos moneda nacional. 

Han contribuido á la publicación de los Anales, los siguientes 
señores : 

Juan Velázquez Giménez, Federico Birabén, Marcial R. Candioti, 
Florentino Ameghino, Ángel Gallardo, Carlos M. Morales, J. Cou- 
rau, Félix F. Outes, Hilarión Furque, E. Herrero Ducloux, José M. 



402 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AUGENTINA 

Sagastume^ Juan B. Ambrosetti, Cristóbal M. Hicken, Carlos Berg, 
Juan J, J. Kyle y la Redacción. 

Secretaria — Ha sido desempeñada con toda laboriosidad y com- 
petencia por los señores ingenieros Arturo Prins y Luis Miguens 
como secretario de correspondencia el primero y de actas el se- 
gundo. 

Ellos han atendido al despacho de todos los asuntos entrados y 
resueltos por la Junta Directiva, la correspondencia social y la re- 
dacción de las actas. 

Los libros de actas de la Junta Directiva y Asambleas, copiador de 
notas y demás auxiliares han sido llevados en forma y se encuen- 
tran en buen estado. 

Han mantenido las relaciones de la Sociedad con las del país y 
del extranjero, habiéndose redactado 302 notas cuyas copias exis- 
ten en los libros respectivos. 

Tesorería — Ha sido desempeñada durante todo el período por 
elingeniero Ignacio Aztiria, con toda actividad y contracción. 

El estado de la Sociedad puede verse por los cuadros que se 
agregan á esta memoria. 

Los libros de Tesorería han sido llevados en forma, están al día 
y se encuentran en buen estado. 

Biblioteca — Ha sido desempeñado el puesto de bibliotecario, por 
el señor Luis Curutchet. 

Los dalos que á continuación se expresan demuestran el progreso 
realizado durante el año en nuestra Biblioteca : 

Se han recibido en calidad de donación 54 volúmenes y 60 fo- 
letos . 

Hé aquí la nómina de los mencionados volúmenes : 

Martel, E. A., La Speleogie, 1 vol., París, 1900. 

Morea, Jorge, Les Moteurs d explosión, \ vol., París, 1901. 

Gaché, Samuel, Les logements ouvriers á Buenos Aires, 1 vol., 
París 1901. 

Maurain, Ch., Le Magnetisme du fer, 1 vol., París, 1900. 

Zayas, Enrique R. de. Les Etat-Uiiis Mexicains, 1 vol.. París, 
1899. 

Anómimo, Construcción du Port de Montevideo (proyecto) ¡''parte, 
Travaux Maritimes, J^añs, 1900. 



MEMORIA DEL PRESIDENTE 103 

Gutiérrez, J. M., Educación común de la capilal, provincias y 
territorios nacionales, Buenos Aires, 1900. 

Anónimo, los establecimientos ganaderos de la sociedad anónima 
« La Olivera ■», Buenos Airas, 1900. 

Río, Manuel M., Las finanzas de Córdoba en los últimos 20 años 
■1879- 189S, I vol., Córdoba 1900. 

Anónimo, (M. de A. é Ind.) El Caballo Argentino, i vol., Buenos 
Aires, 1900. 

González, Joaquín y.. Censo Escolar del Distrito LV, 1 vol., Bue- 
nos Aires, '1900. 

Hoyos, Sainz Luis de, Etnografía vol. Ill y IV^ 2 vol., Ma- 
drid, 1900. 

Duay, León, Nouvelles Reclierches Philologiques sur Tantiquité 
Américaine, \ vol., París, 1900. 

Deniker, J., Haces et Peuples de la Terre, 1 vol., París, 1900. 

Moreno, Federico, Las Irrigaciones de la Costa, 1 vol., Lima, 1900. 

Sala, Gabriel, Apuntes de Viaje del R. P. Gabriel Sala, 1 vol., 
Lima, 1900. 

Lamoilier, Paul, Traite tliéorique et practique de tisage, 1 vol., 
París, 1900. 

Minet, Adolphe, Traite theorique et practique d' electro -Chimie, 
1 vol., París, 1900. 

Rene, Philippe, Le Bouclier et les méthodes nouvelles de percement 
des souterrains, 1 vol., París, 1900. 

Bast, Omer de, Elément du calcul et la mesure des courants alter- 
natifs, París, 1900. 

Corthell, Elmer L., Congreso Internacional de Navegación, \ vol., 
Washington, 1900. 

Zubizarreta, R., Elementos de Derecho civil, lomo I, (Duplicado), 
1 vol., Asunción, 1899. 

Sesiones del periodo legislativo del año í899 de la Cámara de 
Diputados (Paraguay), 1 vol., Asunción, 1899. 

ídem de Senadores, (Paraguay), 1 vol. Asunción, 1899. 

Arnold, E., Desenroulement et de la contruction des induits des 
machines dinamo électriques á courant continu, 1 vol., París, 1900. 

Veiga, ¥., Estudios médico legales sobre el Código Civil Argentino, 
1 vol., Buenos Aires, 1900. 

Moreno, T^oáovo, Descripción geográfica de laprovincia de Corrien- 
tes, 1 vol. Corrientes, 1899. 

Berro, Mariano B. , Razón ó Fe, 1 vol. Montevideo, 1900. 



104 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Zubiaiir, J.B., La enseñanza práctica é industrial en la República 
Argentina, I vol., Buenos Aires, 1900. 

Berro, 3Iariano E., Ciudad y Campo, I voJ, Montevideo, 1900. 

Quesada, Ernesto, Nuestra Raza, I vol., Buenos Aires, 1900. 

Caveglia, Crescentino, Sulla teoria delle travié dei lastroni di ce- 
mento ármalo carecati di pesi, 1 vol., Buenos Aires, 1900. 

Levv, Lucien, Microhes et destillerie, 1 vol., París, 1900. 

Holmberg, Eduardo A., Viage por la Gobernación de los Andes, 
\ vol., Buenos Aires. 1900. 

Thosy Codina^ Silvino, Andorra, Reconocimiento físico, geoló- 
gico minero,^] vol., Barcelona, 1885. 

Anónimo, Albun de estática gráfica dos caminhos de ferro por- 
tugueses das provincias ultramarinas, 1 vol., Lisboa, 1898. 

Anónimo, Oración inaugural pronunciada en la apertura del curso 
académico de J 900- J 901, \ vol., Habana, 1900. 

Anónimo, Datos parala materia médica mejicana, 3" parte, I vol., 
iMéjico, 1900. 

Menutelli, Federico, Soluzione gráfica di alcuni problemi di geo- 
grafía matemática, I vol., Roma. 

Eiffel, G., Travaux scienli fiques executés á la tour de trois cent 
métres JSS9-I900, 1 vol., París, 1900. 

Lix Klet, Carlos, Estudios sobre producción, comercio, finanzas é 
intereses generales de la República Argentina, í vol., Buenos Ai- 
res, 1900. 

Mortillet, Gabriel, Le Préhisíorigue. Origine et Anliquité de 
riiomme. I vol., París. 1900. 

Latzina, Eduardo, Tratado metódico de matemáticas elementales, 
1 vol., Buenos Aires, 1900. 

Poimax, H., Cours de Physique mathématique. Electricité et opti- 
que, 1 vol., París, 1901. 

Anónimo, Concurso para la conslrucción y explotación de un 
puerto en la ciudad del Rosario (compuesto de M vol.), Buenos Ai- 
res, 1900. 

Adenicís contribuyen también al aumento de la Biblioteca las 
246 publicaciones que se reciben en cai;ge de los Anales pro- 
cedentes de los siguientes países : Alemania 4, Austria Hungría 
o, Francia 24, Bélgica 4, España 9, Holanda 2, Inglaterra 5, 
Italia 32, Succia y Noruega 5, Portugal 9, Rumania 1, Rusia 16, 
Suiza 3, Brasil 9, Colombia 3, Chile 8. Perú 2, Costa Rica 3, 
Venezuela I, Uruguay 6, San Salvador 6. Estados Unidos de 



MEMORIA DEL PRESIDENTE 105 

Norte América 32, Méjico 7, Cuba I, Filipinas i, Japón .3, Nueva 
Gales del Sud 1, Argentina 28, Ecuador I, y las siguientes á que 
está suscrita la Sociedad : 

// Costriitlore, L'Arcliiteclura nella Síoria é nella pratica por 
Breymann, Trattalo genérate teórico practico dell'Arle dell'lngeg- 
nere, Nouoelles Anuales de la Construction por Opperman. 

Durante el período se han establecido los siguientes canges 
nuevos. : 

Revista Comercial é Industrial de Minas, Santiago de Chile. 

Revista Historia de Entre Ríos, Paraná. 

Revista del Centro Universitario, La Plata. 

The Ingineering Magazine, Nueva York. 

Revista Politécnica, Buenos Aires. 

El Pensamiento Latino, Santiago de Chile. 

Mathematisch Naturvissenchaftlichen Mitteilungen, Sttugart. 

Balletin of Llie Lloyd Library of Botan ij-P liar macy and Materia 
Medica, Cincinati. 

Travaux de la Société des Sciences P/njsico -chimiques , Khankf, 
Rusia. 

Librari/ Augastinn College. Rock Island, Estados Unidos de 
América. 

Revista de Ciencias Matemáticas, ¡VIoscow. 

La Biblioteca Politécnica, San Peterburgo. 

Las Ciencias Físico Matemáticas en la actualidad y en el porvenir, 
Moscow, 

Revista de la Liga Agraria, Buenos Aires. 

Oficina Internacional de Canges, Montevideo. 

Bulletin of tlie Indiana Academy, índianopolis, Estados Unidos 
de América. 

La Biblioteca es constantemente consultada en el local de la So- 
ciedad y se han prestado durante el perío H4 obras osean 167 
volúmenes para ser llevados á domicilio por los socios. 

La Sociedad contribuye al fomento de varias bibliotecas públicas 
del país enviándoles gratuitamente los Anales. 

Gerencia. — Ha continuado á cargo del señor. Juan Botto, quien 
como en años anteriores, ha secundado eficazmente á los secreta- 
rios, tesorero y bibliotecario en sus diferentes funciones. 

Archivo. — El archivo se encuentra en perfecto estado y se han 



108 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

figregado oportunamente todos los documentos entrados durante 
el período. 



Señores socios : 

Os he dado cuenta de la marcha de la Sociedad durante el pe- 
ríodo en que he sido honrado con su Presidencia. 

Sólo me resta el expresar á la asamblea mis expresivas gracias 
por la confianza que depositó en mí y al mismo tiempo manifesta- 
ros que son mis mayores deseos que en el próximo año social 
adquiera nuestra benemérita asociación nuevos títulos que la ha- 
gan acreedora á la consideración pública. 

He dicho. 

Manuel B. Bahía. 



MEMORIA DEL PRESIDENTE 



107 



Movimieiiio general de la Caja de la Sueiedad Científica Ar- 
gentina durante el XXVIII" período administrativo (1° de 
abril de 1 »00 á 3 I de marzo de 1901). 

ENTRADAS 
Existencia en caja en 31 de marzo de 

1900 $ m/n ^03 -i3 

1900 Abril 836 » 

Mayo 907 » 

Junio 750 » 

Julio 712 y> 

Agosto 1.561 » 

Septiembre 676 70 

Octubre 670 » 

Noviembre 626 60 

Diciembre 638 » 

1901 Enero 882 80 

Febrero 554 » 

Marzo 31 626 50 

Total $ m/n 9.544 03 

Á deducir, salidas 9.375 28 

Existencia en Caja en 31 de marzo de 1901 . 1 68 75 

Banco de la Nación Argentina (en depósito) : 74 08 

242 83 

SALIDAS 

1900 Abril $ m/n 937 83 

Mayo 874 35 

Junio 662 17 

Julio 683 27 

Agosto 1.697 92 

Septiembre 620 23 

Octubre 576 36 

Noviembre 571 59 

Diciembre 402 62 

1901 Enero 1 .251 37 

Febrero 307 82 

Marzo 31 789 75 

Total $ m/n 9.375 28 

Buenos Aires, marzo 31 de 1901. 
S. E. ú 0. V» B» 

Ignacio Aztiria, Bahía, Luis Miguens, 

Tesorero. Presidente. Secretario. 



108 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Movimiento de Cuotas mensuales durante el XXVIII" perío- 
do administrativo. (1° de abril de 1 900 á 31 de marzo 
de 1901). 

FIRMADOS 
Recibos firmados, hegún libro de planillas en: 

1900 Abril $ ni4 948 » 

Mayo 822 » 

Junio ... 828 » 

Julio 826 » ' 

Agosto 840 » 

Septiembre 820 f> 

Octubre 802 )^ 

Noviembre 800 » 

Diciembre 790 » 

1901 Enero 1.206 » 

Febrero 788 » 

Marzo 31 , 788 » 

Total $ m/n 10.258 » 

Á cobrar en 31 de marzo de 1900 4.394 » 

Total á cobrar... $ xn^ 14.652 » 
A deducir : 

Cobrados 8.184 » 

Anulados 2.352 » 10.536 » 

Á cobrar en 31 de Marzo de 1901 . $ m/^^ 4.1 16 » 

COBRADOS 

Recibos cobrados^ según libro de Caja, en: 

1900 Abril $ m/^ 756 » 

Mayo 828 » 

Junio... 712 » 

Julio 712 » 

Agosto .■ 756 » 

Septiembre 646 » 

Octubre 610 » 

Noviembre 608 » 

Diciembre 600 » 

1901 Enero 848 » 

Febrero 536 » 

Marzo 31 572 » 

Total. $ m/n 8.184 » 

Buenos Aires, marzo 31 de 1901. 

S. E. ú 0. V» B' 

Ignacio Aztiria, Bahía, Luis Miguens, 

Tesorero. Presidente. Secretario. 



MEMORIA DEL PRESIDENTE 



109 



Ufoviinionto d<' recibos de Anales durante el XXV'III» perío- 
do administrativo. (1° de abril de 1 í»00 á til de marzo 
de lOOl). 

FIRMADOS 



Recibos firmados, según libro de planillas, en : 

1900 Abril $ m/n 80 » 

Mayo 79 » 

Junio..... 38 y> 

Julio — 

Agosto 56 » 

Septiembre 30 70 

Octubre .' 60 » 

Noviembre '. 18 60 

Diciembre 38 » 

1901 Enero 34 80 

Febrero 18 » 

Marzo 31 42 » 

Total $ m/n 495 60 



COBRADOS 



Recibos cobrados, según libro de Caja, en: 

1900 Abril 

Mayo 

Junio 

Julio 

Agosto 

Septiembre • . • 

Octubre 

Noviembre 

Diciembre 

1901 Enero 

Febrero 

Marzo 31 

Total $ m/n 

Buenos Aires, marzo 31 de 1901. 



80 


)■) 


79 


» 


38 


» 


44 


» 


30 


70 


60 


» 


18 


60 


38 


)) 


34 


80 


18 


» 


54 


50 



495 60 



S. E. ú 0. 


Y" B» 


Ignacio Aztiria, 


Bahía, 


Tesorero. 


Presidente, 



Luis Miguens, 

Secretario 



lio ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



iVlovimionto de Socios durante el XX!'!!!" período administra- 
tivo. (1° de abril! de 1 OOO al 31 de marzo de 1901) 

Número de socios activos en 1° de abril de 1900 512 

Han ingresado durante el período . 12 

Se han reincorporado 2 

Total 526 

Han salido por diferentes causas 161 

Quedan en 31 de marzo de 1901 365 

Socios ausentes que no pagan 68 

Socios que pagan •, . . 297 

Pagan cuota de -4 $ m/^ 116 

Pa£ran cuota de 2 » 181 



Total de socios 297 

Socios Honorarios 5 

Socios Correspondientes 14 

En este período han fallecido el socio honorario doctor Valentín Balbin y 
el socio correspondiente en Lisboa señor Luciano Cordeiro. 

Buenos Aires, marzo 31 de 1901. 



LüIS MlGUENS, 

Secretario. 



S. E. ú 0. 


yo B» ^ 


Ignacio Aztiria, 


Bahía, 


Tesorero. 


Presidente. 



MEMORIA DEL PRESIDENTE 



111 



Baiaiioe «le c*oiiipi*obación en 31 de ilíarzo de 1901 

fXXVlII" período, /" de abril de 1900 d 51 de marzo de ■1901) 



87 

72 

75 

9 

18 
84 
76 



66 
67 
81 
91 
90 
71 
51 
73 
70 
7 
82 



CUENTAS 



Caja 

Banco de la Nación Argentina . 

Muebles y útiles. 

Museo 

Nicho en la Recoleta 

Biblioteca 

Edificio social (Cevallos 269) . . 

Acciones á cobrar 

Socios 

Gastos generales 

Contribuciones mensuales .... 

Donaciones 

Ganancias y pérdidas 

XXVII" Aniversario de la Sociedad 

Anales de la Sociedad 

Acciones del edificio social 

Banco Hipotecario de la Provincia 

Suscritores á los Anales 

Capital 

Balance de entradas 

Concurso para estudiantes 

Sumas iguales 



CUENTAS 



9.544 03 

74 08 

1.116 53 

289 54 

219 07 

42.622 37 

12.894 98 

690 » 

14.652 » 

4.492 30 



4.885 88 
J.226 30 
3.863 79 



792 





495 


60 


59 


507 


51 


156 


.365 


98 



9.375 28 



133 88 



2.400 » 

10.536 » 

10.258 
400 

761 
2.991 20 
4.790 

495 60 
54.329 51 
59.507 51 

388 



SALDOS 



156.365 98 



168 75 

74 08 

982 65 

289 54 

219 u7 

41.622 37 

10.494 98 

690 » 

4.11G » 

4.492 30 



4.885 88 
465 30 
872 59 

792 » 



10.258 
400 



4.790 



54.329 51 



70.165 51 70.165 51 



Buenos Aires, marzo 31 de 1901. 



S. E. ú 0. 


yo B" 




Ignacio Aztiria, 


Bahía, 


Luis Miguens, 


Tesorero. 


Presidente. 


Secretario. 



CONGRESO DE LOS MATEMÁTICOS 

(PARÍS, 1900) 



LAS MATEMÁTICAS Y LA BIOLOGÍA 



COMUNICACIÓN PRESENTADA EN FRANGES 
Por ángel GALLARDO 

Delegado de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Natnrales 
de la Universidad de Buenos Aires 



(1) 



Á primera vistn parece haber cierta contradicción en el eníipieo 
(le los procedimientos de las ciencias exciclas para el estudio de 
cuestiones tan complejas como las biológicas que son aún vagas y 
poco precisas. 

Las aplicaciones de los métodos matemáticos á la biología han 
suscitado en efecto muchas objeciones y algunas personas no ven 
en ellas más que simples «juegos de números». 

Para reducir las cuestiones biológicas á problemas matemática- 
mente solubles es necesario en general simplificarlas por medio 
de hipótesis más ó menos numerosas y nada es más fácil que 
introducir inexactitudes ó errores en la simplificación de un 
fenómeno complejo. La más pequeña divergencia inicial es además 
exagerada por la rígida inflexibilidad de los razonamientos mate- 
máticos y conduce á resultados absurdos, mientras que el razona- 
miento ordinario puede compensar los defectos del punto de partida 
apoyándose á cada paso en la observación y la experiencia. El 
peligro aumenta por la pretención de imponer estas falsas conclu- 
siones como verdades absolutas expresadas por medio de fórmulas 
matemáticas por las cuales se tiene un cierto respecto supersticioso. 

(1) Bajo el título Les Malhématiques etla IHologie ha aparecido un resumen de 
esta coinuoicación en VEnseignement mathématique, año III, p. 25-30, Paris. 
enero de 1901. Desgraciadainente se han deslizado en él algunos errores por no 
haber tenido ocasión de revisar las pruebas de imprenta. 



LAS MATEMÁTICAS Y LA BIOLOGÍA 413 

Alguien ha dicho, á causa de esta clase de conclusiones, que la 
aplicación del cálculo de probabilidades á las ciencias morales es 
el escándalo de los matemálicas. 

Todas estas objeciones no deben dirigirse á los métodos mismos 
sino á la manera de servirse de ellos, pues ningún procedimiento 
es bueno cuando se le emplea mal. Las matemáticas son un admi- 
rable instrumento pero no pueden dar más de lo que se pone en 
ellas y, á causa de su propia exactitud y de su propia delicadeza, 
deben ser usadas con la mayor prudencia y circunspección. 

Los procedimientos de las ciencias exactas y, en particular, los 
trazados gráficos, permiten presentar bajo una forma sintética un 
gran número de datos y alivian así la atención que puede entonces 
aplicarse á la observación de relaciones y particularidades que de 
otro modo habrían pasado desapercibidas. 

Creo, pues, que las aplicaciones de las matemáticas á la biología 
son legítimas con tal que se hagan con la prudencia necesaria y 
que no nos propongamos la solución de cuestiones demasiado 
complicadas, imperfectamente conocidas, que no tienen nada 
que ganar por un tratamiento exacto para el cual no están aún 
maduras. 

Los problemas bijlógicos estudiados matemáticamente son ya 
numerosos y cada día lo serán más á medida que los hechos de 
observación sean mejor conocidos. Por otra parte, esto mismo es lo 
que ha sucedido con la física. 

Se han aplicado así con éxito los métodos de la mecánica y de la 
resistencia de materiales al estudio de las formas de los huesos y 
de las articulaciones; los principios de la íiidráulica á la determi- 
nación de la forma y de los calibres de los vasos sanguíneos, etc. 
Roux y su escuela de la mecánica del desarrollo de los organismos, 
Cope y los neolamarquianos americanos y muchos otros sabios 
han penetrado por esta vía indicada hace ya bastante tiempo por 
Fick. 

Deseo llamar especialmente la atención de los matemáticos, 
que toman parte en este Congreso, hacia las aplicaciones de los 
métodos estadísticos al estudio de los problemas biológicos de la 
variación y la correlación de los caracteres, de la herencia y de la 
evolución de los seres vivientes. 

El estudio cuantitativo de los organismos fué iniciado por 
Quételet y Galton en el terreno antropológico y constituye hoy en 

AN. SOC. CIENT. ARG, — T. LI 8 



114 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

día, una rama importante de la biología, la biostadistica ó biomé- 
trica. 

El estudio cuantitativo de los animales puede ser designado bajo 
el nombre de zoostadísHca, mientras la fitosladistica será el estudio 
estadístico de las plantas. 

Sería muy largo dar una lista bibliográfica de todos los artículos 
biostadísticos (cerca de 150), lista que puede encontrarse por otra 
parte en el libro de Dunckery en los trabajos de Ludwig. 

Indicaré solamente aquí los nombres de las personas que se 
ocupan de esta nueva dirección de investigaciones en diversos 
países, dejando de lado á los antropólogos. 

Además de Galton, uno de los fundadores de la biostadistica, de 
Pearson (á quien se deben los mayores progresos de los métodos 
matemáticos) y de sus discípulos Beeton, Faweet, Filón, Lee, VVhi- 
teley y Yule, podemos citar en Inglaterra los nombres de Bateson, 
Thompson, Vernon, Warren y Weldon para la zoostadística y de 
Pledge para la fitosladistica. 

En Alemania, Duncker (que ha hecho una buena exposición 
elemental del método) y Heincke se ocupan de zoología ; W. Haacke, 
Jost, Vóchtingy Weisse de botánica. En particular el profesor Lud- 
wig ha trabajado mucho sobreestá última materia y ha encontrado 
que los trazados gráficos de la mayor parte de los caracteres varia- 
bles de los vegetales presentan vértices en los números de la serie 
de Fibonacci 

( - 8, + 5, — 3, + í^. - 'I . + 1 , 0,1) 

I, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89,144... 

que los matemáticos llaman serie de Gerhardt ó de Lame. 

En los Estados Unidos encontramos á Blankinship, Brewster, 
Bullard, Bumpus, Davenport (que ha escrito un libro elemental 
muy práctico) y Field para la zoología y á Lucas para la botánica. 

El iniciador de los estudios experimentales y del cultivo de los 
casos de variación normal y teratológica de las plantas es el emi- 
nente director del jardín botánico de Amsterdam, profesor H. de 
Vries, seguido en Holanda por VerschaeíFelt y en Bélgica por de 
Bruyker, Mac Leod y Vandevelde. 

En Suiza, Amann ha escrito en francés sobre la variación de los 
musgos y Camerano ha estudiado en Italia la variación de los 
batracios. Pons se ha ocupado en Francia de esta cuestión y no 



LAS MATEMÁTICAS Y LA BIOLOGÍA 115 

conozco sobre el asunto más que un artículo del profesor Giard y 
los análisis críticos de Coutagne y de Varigny. 

En (in, en la República Argentina, Lahille ha publicado trabajos 
sobre la variación de los animales y yo sobre la de las plantas. 

En general el método de la estadística de la variación consiste 
en la mensuración de los caracteres variables y en el tratamiento 
délos datos numéricos así obtenidos por los procedimientos del 
cálculo de las probabilidades. 

Para facilitar los cálculos, se disponen los números en series, 
reuniendo todas las magnitudes iguales en una clase. Frecuencia 
de la clase es el número de medidas iguales que contiene. La 
media de las variaciones es dada por la fórmula 



en la cual V representa el valor de una clase y /" su frecuencia. 
La media es la abscisa del centro de gravedad del sistema de 
frecuencias. 

El modo es la clase más frecuente ó bien la abscisa correspon- 
diente á la ordenada más larga. 

Para las representaciones gráficas se toma, sobre el eje délas 
abscisas, longitudes que representan, á cierta escala, las clases ; 
sobre las ordenadas octogonales correspondientes se llevan longi- 
tudes proporcionales á las frecuencias respectivas. 

El polígono empírico de la variación del carácter dado se obtiene 
ligando por medio de líneas rectas las extremidades de las ordena- 
das sucesivas; es cerrado por las ordenadas extremas (en caso que 
no sean nulas) y por el eje de las abscisas. El límite de este polí- 
gono será la curva de variación empírica del carácter considerado, 
{sinóptica, de Coutagne), llamada también curva galtoniana, en 
honor de Galton. 

El estudio matemático de estas curvas ha realizados grandes 
progresos gracias á los trabajos de Pearson publicados por la 
Sociedad Real de Londres. 

Quételety Galton habían hecho ya notar que en la mayor parte 
de los casos las curvas de variación siguen más ó menos la ley de 
Gauss de la distribución de los errores accidentales y se esforzaban 
en reducir todas las curvas á este tipo considerado como norma/. 



116 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Ahora bien, esta curva normal de probabilidades coincide bastante 
exactamente con el trazado gráfico del desarrollo del binomio de 

Newton ( ^ + ^ ) , cuyo exponente n es un número muy grande; 

la curva es por consiguiente simétrica, es decir que las probabi- 
lidades de las desviaciones positivas y negativas son iguales (1). 
Pero hay otras curvas de variación claramente asimétricas que no 
es posible reducir á la ley de Gauss. 

Pearson ha calculado la ecuación de una curva general de pro- 
babilidades que corresponde muy aproximadamente á la binomial 
(p -+- (})'', en la cual p y q son cualesquiera con tal que su suma 
sea igual á la unidad, símbolo matemático de la certeza en el 
cálculo de las probabilidades. La ley de Gauss es pues un caso 
particular de la de Pearson. Ha demostrado también que existe 
una relación geométrica, independente de /z, entre la curva de 

/ 1 -1 \ " 
Gauss y la binomial (^ + 5) , lo que justifica el empleo de la 

ecuación 

_ x^ 

aún para valores pequeños de n, como se hacía desde hace largo 
tiempo en los cálculos estadísticos. 

La ecuación general de la curva de probabilidades es de la 
forma 

Para las aplicaciones á la estadística Pearson ha deducido de 
ella cinco tipos de acuerdo con la simetría ó asimetría de las 
curvas y la extensión limitada ó ilimitada de la variación. 

Tipo L Curvas asimétricas, limitadas en las dos direcciones : 

(1) Para mayores esclarecimientos respecto á ios elementos del cálculo de las 
probabilidades y la teoría de los errores pueden consultarse los tratados especiales, 
como por ejemplo el Método de los Cuadrados mínimos de iMansfield Merriman, 
traducido por nuestro lamentado socio honorario el doctor Valentin Balbín. (Esta 
nota, asi como las siguientes no figuran en la comunicación original y han sido 
agregadas en la traducción.) 



LAS MATEMÁTICAS Y LA BIOLOGÍA 1 1 7 

Tipo II. Curvas simétricas limitadas en las dos direcciones : 






Es un caso particular de la precedente en que a, = (11 J m^ = m2. 
Tipo III. Curvas asimétricas, limitadas en una dirección : 



y = y'(>+l) 



Tipo IV. Curvas asimétricas, limitadas en las dos direcciones: 

y = yo (eos 0)^'" e- "^^, 

ce 
en la cual tq 0^ -• 

Es la forma más frecuente de las curvas biológicas asimétricas. 
Este tipo ha sido estudiado por Poisson bajo forma de serie. 

Tipo V. Curvas simétricas, ilimitadas en las dos direcciones, 



2/=yoe 



Es la curva normal ó de Gauss. 

En todas estas fórmulas : 

i/o = ordenada mayor modal ó la mayor frecuencia, que debe 
ser calculada para cada tipo. 

y = longitud de la ordenada á la distancia x de y^. 

a = una parte del eje de las abscisas que hay que calcular en 
función de ios datos empíricos. 

e = base del sistema de logaritmos naturales ó neperianos. 

£ = índice de variabilidad (que se define más adelante). 

Para las curvas asimétricas se calcula el índice de asimetría 

d 
A ^ - 

e 

en función de la distancia d entre el modo y la media y el índice de 
variabilidad e. En las curvas simétricas el modo y la media coin- 
ciden y el índice A es nulo. 



dl8 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Las tres constantes : modo, media é índice de variabilidad, 
caracterizan una distribución de variaciones de un tipo dado. 

Para determinar á cuál tipo de curva corresponde un polígono 
empírico dado, Pearson ha encontrado un método fundado en la 
discusión de las relaciones entre los cuatro primeros momentos del 
sistema de frecuencias respecto á la ordenada del centro de grave- 
dad del sistema. 

Una vez determinado el tipo de la curva teórica se la puede 
calcular de acuerdo con su ecuación y los datos empíricos de la 
distribución de frecuencias considerada. Para el cálculo de los tres 
primeros tipos es necesario emplear una tabla de los valores de la 
integral euleriana F y para el cálculo del tipo IV, tablas de las 
líneas trigonométricas circulares. En cuanto á la curva normal ha 
sido tabulada hace largo tiempo. 

La concordancia entre la teoría y la observación puede ser deter- 
minada por medio de fórmulas especiales. Es en general muy 
satisfactoria y el método de las curvas de probabilidad de Pearson 
puede ser aplicado no sólo á las cuestiones biológicas sino también 
á toda clase de problemas estadísticos en que figuren curvas asi- 
métricas. 

La curva general deberá ser empleada teóricamente de preferen- 
cia á la de Gauss en todos aquellos casos en que se ignora si el 
fenómeno estudiado sigue exactamente esta última ley. Pero en la 
práctica se prefiere más bien tratar como normales las curvas que 
no se apartan mucho de ellas (1). 

Todas las curvas consideradas hasta aquí son simples ó de un 
solo vértice (monomorfas, de Bateson); son curvas unimodales. 

(1) La curva de Gauss da la ley de probabilidades del juego de cara ó cruz 
mientras que la curva general de Pearson expresa las probabilidades de tirar uno 
ó varios puntos determinados á los dados ó de sacar una ó varias cartas fijas en 
el juego de barajas. En el caso del juego de cara ó cruz las probabilidades de 
cada acontecimiento son iguales é independientes y puede expresarse cada una 

de ellas por-; la curva de probabilidades es simétrica. En el juego de dados la 

probabilidad, en cada tirada, de obtener un punto determinado es ^, mientras 

5 
que la de no sacarlo es ^ ; estas probabilidades son independientes de las tiradas 

anteriores. Por fin, la probabilidad de sacar una carta en el juego de barajas no 
sólo es desigual á la de no sacarla sino que depende además de las cartas que se 
han sacado antes y que ya no están en el juego. Las curvas que dan las proba- 
bilidades del juego de dados y de cartas son asimétricas. 



LAS MATEMÁTICAS Y LA BIOLOGÍA H9 

Ciertas curvas, aunque unimodales, deben ser consideradas como 
compuestas de dos ó varias curvas simples (curvas complejas, 
curvas de Livi, de Ludwig). Pearson ha dado un procedimiento 
para descomponerlas cuando están formadas por dos curvas sim- 
ples pero este método iio es práctico y ni siquiera se tiene un crite- 
rio para distinguir una curva simple de una compleja. Las curvas 
complejas resultan de la superposición de varias curvas en el 
estudio de un material heterogéneo. Así pueden producirse por una 
mezcla de caracteres variables é invariables, por la suma ó dife- 
rencia de curvas de un mismo modo pero de variabilidad diferente 
ó bien de curvas de modos diferentes. Estas últimas dan lugar á 
curvas complejas cujo vértice es aplanado; algunas veces, al 
aumentar el número de ordenadas ó clases, aparecen los vértices 
de las componentes. 

Penetramos así en la categoría de las curvas multimodales ó de 
varios vértices (pleiomorfas de Bateson). 

Ludwig ha propuesto designar los vértices por les letras a, [3, y, S, 
etc., según su importancia relativa. 

Falla aún una teoría matemática de las curvas multimodales y 
ni siquiera se sabe si deben ser encaradas siempre como el con- 
junto de varias curvas simples ó bien si hay algunos casos en que 
se las puede considerar como una sola curva de varios vértices, 
susceptible de ser expresada por una función periódica. 

¿Cómo puede medirse la variabilidad de los caracteres? Es 
fácil comprender que un carácter muy variable dará lugar á una 
curva aplanada • mientras que la variación de un carácter poco 
variable estará representada por una curva estrecha y realzada. 

La extensión total de la variación á lo largo del eje de las 
abscisas ha sido empleada por algunos autores como apreciación 
de la variabilidad, pero esta medida es defectuosa porque no da 
cuenta de la concentración de las variaciones alrededor de la 
media. 

4horabien, esta concentración es precisamente lo que nos inte- 
resa evaluar porque dos caracteres pueden tener la misma exten- 
sión empírica de variación con una distribución de frecuencias 
completamente diferente y por lo tanto con una variabilidad dife- 
rente. 

Una buena medida de la concentración es suministrada por la 
raíz cuadrada de la desviación cuadrada media de Airy que cons- 



120 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFÍCA ARGENTINA 

lituje por consiguiente el índice de variabilidad más empleado. 
Está expresado por la fórmula : 



s/'- 



S ('X^ f) 



en la cual: 

X = desviación de la media (abscisa del baricentro del sistema) 
para cada clase. 

f^= frecuencia de cada clase, 

Puede verse que para el caso de la curva normal el índice de 
variabilidad es el error medio de la teoría de los errores. Su cua- 
drado es inversamente proporcional al doble del cuadrado del 
módulo de precisión. La probabilidad de una desviación dada 
aumenta pues á medida que e aumenta. El índice de variabilidad 
está representado por la porción del eje de abcisas comprendida 
entre la ordenada del baricentro y la ordenada de uno de los 
puntos de inflexión de la curva normal ('!). 

El índice de variabilidad e es también el radio de giro del sistema 
de frecuencias alrededor de la ordenada del centro de gravedad y 
por consiguiente continúa siendo una buena medida de la variabi- 
lidad aún para los casos que no rige la ley de Gauss. 

Para que e sea el radio de giro es necesario suponer que las 
frecuencias estén concentradas á lo largo de las ordenadas corres- 

(1) La ecuación de la curva normal 

y = Voe 2^' ' 
puede escribirse, en función del módulo de precisión h, así : 

y = y,e " W 
recordando que el cuadrado del módulo de precisión h es -. 

1 



La derivada segunda 



"'=2 



es nula para — S/i^ac* + 1 ^= O, es decir que la curva tiene puntos de 
inflexión para 

X = ±: ^-= = ± e 

h J/2 



LAS MATEMÁTICAS Y LA BIOLOGÍA 121 

pondientes, lo que sucede en efecto en muchos casos (variaciones 
del número de órganos) (I). 

Pero en el caso de una variación continua (longitud, pesos, etc.) 
se debe considerar á las frecuencias uniformemente distribuidas 
sobre toda la superficie comprendida dentro de la curva de varia- 
ción. Pearson ha sido así conducido á calcular los momentos de 
la superficie de variación descompuesta en rectángulos ó trapecios, 
de donde resulta una ligera modificación de los momentos jj por 
consiguiente^ del radio de giro ó Índice de variabilidad. 

Se obtienen otras medidas de la variabilidad por medio de la 
desviación media de Lagrange y por el valor cuartil de Galton, que 
no es otra cosa que el error probable de la teoría de los errores. 
Cuando se trata de curvas normales puede emplearse indiferente- 
mente cualquiera de estas cantidades, pero para los otros tipos de 
curvas el único que conserva su significado como radio de giro es 
el índice de variabilidad, mientras que la desviación media y el 
error probable sólo sirven para apreciar la variabilidad de los 
casos sometidos á la ley de Gauss. 

El índice de variabilidad es un número concreto expresado por 
la misma unidad que los valores de las clases; no puede pues 
servir para comparar la variabilidad de diferentes caracteres. 

Para medir la variabilidad relativa se ha propuesto el empleo 
de coeficienles de variabilidad. Pearson divide el índice de variabi- 
lidad por la media y multiplica el cociente por 100; obtiene así 
un número abstracto que puede ser comparado á los coeficientes 
de variabilidad de otros caracteres ó de otras formas. Duncker cree 
sin embargo que los coeficientes de variabilidad no tienen signifi- 
cación morfológica alguna. 

(1) Es sabido que el radio de gira es la distancia á la cual habría que concen- 
trar la raasa de un cuerpo que gira alrededor de un eje para que su momento 
de inercia respecto á dicho eje permanezca el mismo. Es pues una buena medida 
de la distribución de la masa alrededor del eje ó, en el caso actual, de la distri- 
bución de las variaciones alrededor de la ordenada media, es decir de la varia- 
bilidad del carácter estudiado. 

El cuadrado del radio de giro es igual al momento de inercia dividido por la 
masa total, lo que efectivamente resulta de la formula 



en que las x son las distancias de las frecuencias f al eje de rotación que pasa por 
el baricentro. 



122 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Para el estudio de la correlación de los caracteres, de la herencia 
y de la evolución, se han encontrado fórmulas cuja simple enume- 
ración saldría de los límites de esta noticia. Los resultados obte- 
nidos son muv interesantes y están llenos de promesas para el 
porvenir. 

Antes de terminar, llamo especialmente la atención de los mate- 
máticos hacia las deficiencias más notables del método estadístico 
que son, según Duncker, una determinación y una análisis cómo- 
dos de las curvas complejas y la investigación de la relación entre 
los coeficientes de correlación y las curvas individuales de las 
variaciones correlativas. 

Debemos esperar que, gracias al empleo prudente de los nuevos 
métodos para el estudio de los problemas biológicos de la variación, 
de la correlación, de la herencia y de la evolución, estas cuestiones 
se harán más precisas y adquirirán un carácter verdaderamente 
científico, puesto que, como dice lord Kelvin, « sólo se conoce bien 
un fenómeno cuando es posible expresarlo por medio de números». 



SUPUESTA DERIVACIÓN SUMERO-ASIRIA 



LENGUAS KECHUA Y AYMARÁ 

Por SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO M. A. 

CON UNA NOTA COMPLEMENTARIA POR FÉLIX F. OUTES 



(1) 



El año pasado de 1900 el doctor Pablo Patrón, publicó en Lima 
un folleto con este título: Origen del Kechua y del Aymará. En el 
texto de su discurso trata el autor de establecer que ese origen se 
debe á una raza Súmero-Asiria de la Mesopotamia. 

Atrevida es la proposición, y una que no será aceptada sin serias 
discusiones. Harto difícil era la tarea de querer probar que el Ke- 
chua ó el Aymará descendían del Súmero ó del Asirio ; pero la do- 
ble filiación de ambas lenguas cuadruplica la dificultad. 

En primer lugar la lengua Súmera y la Asiría nada tienen en 
común entre sí. La primera, por lo mismo que el doctor Patrón 
dice que es Mongólica, de ninguna manera puede confundirse con 
la segunda, que es Semítica. Será que el Asirio le tomó voces al 
Súmero, pero en este caso debe hacerse notar el empréstito ; por- 
que ello afecta fundamentalmente al argumento. 

Para que el Súmero y el Asirio se encuentren confundidos en la 
Mesopotamia y en el Perú es indispensable una de estas hipó- 
tesis: 

r Que todo el mundo hubiese nacido Súmero y después lo hu- 
biese conquistado ó colonizado el Asirio ; 

2* Que la Mesopotamia y el Perú, con algunas etapas intermedias 
ya perdidas, hubiesen sido las así favorecidas; 

(1) Discurso de recepción del miembro iionorario Pablo Patrón, Origen del 
Kechua y del Aymará. Lima, 1900. 



124 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

3* Que la Caldea Súmera después de asirianizarse hubiese con- 
quistado ó colonizado el Perú ; 

4^ Que por casualidad los mismos fenómenos raciales y lingüís- 
ticos se hubiesen producido en ambas regiones. 

Estos puntos, no se tocan en el trabajo del doctor Patrón, yes 
sensible; porque en general un origen Súmero excluye á otro Asi- 
rio, y vice-versa ; desde luego hay obligación de explicar con toda 
claridad y ejemplos concluyentes, las razones que abonan en favor 
del doble y tan complejo origen. Cada vez que se halla una homofo- 
nía Súmera debe acompañarse con la correspondiente voz Asiría, 
porque sólo así nos haremos cargo de las probabilidades en pro y 
encontrado la semejanza. Por otra parte, importa mucho poder sa- 
ber si la tal semejanza se halla en los casos en que la voz Asiria es 
de las tomadas al Súmero. 

Seria es la tarea de derivar cualquier idioma de un origen mixto 
de Súmero y Asirio; pero nos queda otra, si no mayor, al menos de 
igual dificultad : la derivación de dos lenguas americanas de las 
anteriores dos lenguas Asiáticas. No pretendo yo que el problema 
sea imposible, como lo pensaba el doctor Daniel Brinton, pero ar- 
duo y muy arduo es, doblándose la dificultad (innecesariamente 
según yo creo) por el mero hecho de haber involucrado dos idio- 
*mas tan distintos como el Kechua y el Aymará. 

Verdad es que estas dos lenguas son americanas, geográfica y 
políticamente ligadas, que una á la otra se ha lomado un gran nú- 
mero de palabras (para los efectos de esta discusión concedamos 
que el Aymará se las tomó al Kechua); pero de esto á identificarlas 
y derivar las dos de una mezcla del Súmero y de! Asirio, sin más 
ni más, es cosa inadmisible. En el cuerpo del trabajo se hacen re- 
ferencias al Kechua, al Chinchaysuyu y al Aymará, como si lo mis- 
mo fuesen los dos primeros que el tercero, cuando lo cierto es que 
aquéllos son dos ramas del mismo tronco, y éste un idioma bien 
distinto. 

Permítaseme que compare ligeramente los dos idiomas Kechua 
y Aymará ; para más detalles, me refiero al tomo Vde los Resulta- 
dos del Congreso Científico Latino-Americano del año 1898, publi- 
cado recién en 1900 : Lavaza Pampearía y lavaza Guavani (pági- 
nas 78-79. Tiraje aparte). 



DERIVACIÓN SÚMERO-ASIRIA DE LAS LENGUAS KECHUA Y AYMARÁ 1:25 





Kechua 




Aymará 


Agua 


Yacu, Unu. 


Agua 


Urna. 


Cabeza 


Urna. 


Cabeza 


Phekeña 


Yo 


Ñoca. 


Yo 


Ha tj Na 


Tú 


Cam. 


Tú 


Huma. 


Él 


Pay. 


Él 


Hupa. 



SUBFIJOS POSESIVOS 



Mío 


y- 


Tuyo 


yqui 


Suyo 


n. 



Mío 


ha. 


Tuyo 


ma 


Suyo 


pa. 



Baste lo de arriba para probar que hay mucho que andar y que 
escribir antes que se puedan confundir estas dos lenguas en un 
origen común ; sobre todo aquí también hay que poner especial 
cuidado para distinguir entre las homofonias que corresponden al 
vocabulario exclusivo de cada una de las dos lenguas estas, cosa 
que no parece que se haya hecho. 

Resulta pues, que con una rapidez vertiginosa se toman el Sú- 
mero y el Asirio, dos lenguas radicalmente distintas, oriundas de 
Mesopotamia, se declaran origen común de otras dos propias del 
Perú, digamos en los antípodas, que si bien tienen algunas voces 
y su aglutinancia en común, se diferencian tanto entre sí, que se- 
ría aventurado por ahora llamarlas ramas de un mismo tronco, 
aun cuando nazcan las dos del árbol americano. 

En la página 9, se sienta esta proposición: «En esa región (la 
Mesopotamia) han vivido las razas Kechua y Aymará». En seguida 
se pasa á establecer la ley que se supone rige entre el Súmero y el 
Kechua en sus respectivos fonetismos. Un poco más adelante están 
las equivalencias entre el Asirlo y el Kechua. Del Aymará poco se 
dice ; esto equivale á conceder que para los efectos de la compara- 
ción Sútnero-Asiria tanto vale el Kechua como el Aymará, lo que 
fácilmente puede demostrarse que no es así. Por ejemplo : 

Kechua Aymará 

Mar, Laguna Cocha Mar, Laguna Cota 

Mujer Huarmi. Mujer Marmi. 



126 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

De aquí resultan las ecuaciones Ch := T y Hu (W) = M : esto en 
palabras que son comunes entre los dos idiomas ; de las otras no 
diremos nada, porque no veo que leyes fonéticas se puedan esta- 
blecer entre vocabularios radicalmente distintos. Se explican dife- 
rencias como estas : Griego, Mitir (1) ; Latín, Mater ; Alemán, Mut- 
ter ; Ingiés, Mother ; Español, Madre; Francés, Mere, etc.; pero 
entre Urna « Cabeza » en Quichua y Phekeña « Cabeza » en Aymarás 
no cabe interequivalencia de sonidos. Otro tanto puede decirse de 
Yacu y Unu «Agua»; y si Vnu puede identificarse con lima, es 
cosa que no se ha probado. El Kechua es muy celoso de sus vocales 
y si fuere cierto que la u Kechua puede convertirse en a Aymará, 
habría que demostrar que la segunda u en unu se aparta de la re- 
gla de la primera, por estas ó aquellas razones. 

En cuanto á las vocales se nos dice que en Kechua y Aymará son 
tres, a, z=: e; w = o; y que en Súmero y Asirlo, son las mismas 
tres; pero nada se agrega en cuanto al intercambio de los tres so- 
nidos. 

Veamos ahora cómo se aplica el canon fonético que se establece 
en las páginas 10 á 12. 

Padre : Adda (Súmero) = Tata ; Hatha : Casta (Aymará). 

La ecuación forzosa es r= ¿>, según la tabla establecida para 
el Kechua. La H, según la misma puede ser G ó X, ó Z, y la Th se- 
ría una Z. Entran aquí tantas complicaciones que el ejemplo así 
pelado no basta. Para que Adda equivalga á Tata hay que probar 
que Tata es igual á Atta, y también que Tata y Hatha (Casta) son 
radicalmente iguales. (Véasela página 13). 

Á renglón seguido se halla esto : 

«Padre: Abu (tísirio) = Auki {kymavá) =: Apu: Señor (Ayma- 
rá)». En la página 25, tenemos: 

« Enemigo: Abu (Asirlo) = Auki (Aymará) = Auka (Kechua) ». 

Según la tabla B = U, U = M. La K, Kechua, esto es Aymará, 
es igual á D, G, K, T, X ó Z (¿¿??). La 1 será /. ¿En qué queda- 
mos? 

Dejemos de lado lo de los sonidos y vamos á los significados. 
Auqui ó Auki y Apu, son voces del vocabulario común entre el Ke- 
chua y Aymará, lo que debió hacerse notar. En cuanto á la voz 
Auqui ó Auki, no hallo en Bertonio que diga « Enemigo» ; por el 
tatiirario ii¿ca equivale á «Enemigo », tanto en Kechna como en 

(1) La e larga suena como í en Griego. 



DERIVACIÓN SÚMERO-ASIRIA DE LAS LENGUAS KECHUA Y AYMARÁ 127 

Aymará. No será esto cosa de mayor importancia, pero llama la 
atención ; sobre todo se llenan renglones con palabras dichas Ay- 
marás que en realidad son más bien Kechuas, ó por lo menos de 
propiedad común. 

En cuanto al Hatha, efectivamente significa «Casta », como tam- 
bién « Semilla y Semen ». Falta saber si el Adda del Súmero ad- 
mite tal interpretación. 

Página 14. Mujer: i^a/ (Súmero). Sallayacuy González Holguín 
da. Sallalla ó Sallay, « Los enamorados ó amancebados». No sé 
que pueda aceptarse ésto como argumento en prueba de que el 
Sal « mujer» (Súmero) equivalga ai Salla « mujer » (líechua). En 
la página 25 se dice Absánu, «lazo », « cuerda » (Asirlo), equivale 
á P/iala (Ajmará). Se niega que la / medial pueda «existir» en 
Aymará, aunque el vocabulario de Bertonio está lleno de tales pa- 
labras. Por lo demás se procede así : Ab = Pha ; Sd = Ra. Del 
Nu nada se dice. 

Mujer : Marhitu (Asirlo) = Marmi. Mala (Aymará). 

Eso de meterse con raices Semíticas no es para mí. Lo que si sé 
es que Marmi es por el Kecliua Warmi, Uarmi ó Huarmi. Mala, 
dice Bertonio que es, «India natural délos Yungas de Larecaja ; 
entiendo porque tienen su color marchitado». Se ve, pues, que la 
idea áemujer no entra aquí para nada. Para que este ejemplo sir- 
va de algo, falta que descomponer la voz Marhitu, y que acompa- 
ñar la equivalencia Súmera. 

Piojo: ¿/'¿/¿í (Asirlo) = Zappa (Aymará). En Kechua sería Ussa, 
Moti ú Occa, así que aquí parece que se trata de una voz propia 
del Aymará, según lo que se vio más atrás, á propósito de Absá- 
nu = Phala, si Ab = Pha, parece que Ub debería equivaler á Phu. 
¿Cuál es la ley fonológica que establece que la U asirla equivalga 
á la 4 del Aymará ? 

En la página 55 y número 84, se dice, que Zi es « fuerte », « ser 
fuerte», etc., y se ocurre al Kechua Quiti, «Comarca», «Circui- 
to», etc. Como más abajo se da la ecuación Z:= 5, bien pudo 
haberse citado el Sinchi «fuerte», « ser fuerte » de esta misma 
lengua; porque al úü chi =. ti, y la n medial puede ser el aumento 
eufónico conocido. 

En cuanto á los numerales sucede lo de siempre, se inventan 
significados y sobre ellos se fundan argumentos y derivaciones. 
Citemos un ejemplo : 

«Dos : Gas, Kas, Tab, Min (Súmero). En Kechua el dos está for- 



128 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

mado de 1 + 1 , is + gis; lileralmente ichkicli; pero se ha conser- 
vado en ichkay ó ishkay». 

Esto no está muy claro, ni es muy satisfactorio ; y asi va lo 
demás. 

En cuanto á los pronombres se pasa del Súmero al Asirlo, como 
si no hubiese más distancia entre uno y otro, que del Castellano al 
Portugués, mediante equivalencias tan generales que puede decir- 
se abarcan el alfabeto entero. Cuando un sonido equivale á dos ó 
Qjás deben establecerse los casos en que se pueden admitir los 
cambios á uno ú otro. 

No puedo prescindir de citar aquí un ejemplo más de los méto- 
dos empleados por el autor. Página 23. 

Vestido : Apxu (Ásirio) = Ppacha : ropa (Kechua). Vestido . Abxu 
(Asirlo) = Aksu : saya (Kechua). 

¿Por cuál nos quedamos? Está claro hasta la evidencia que si 
la una derivación está bien, la otra tiene que estar mal. 

¿Por qué no se contentó con dar esta ecuación : ipxu ó Absu = 
Aksu? 

Las leyes fonológicas que establece el doctor Patrón son tremen- 
das por su universalidad. Helas aquí : 

D (Súmero) = K, T, Ch, Tch (Kechua). 

K (Súmero) = K, T, Ch (Kechua). 

T (Súmero) = K, T, Ch (Kechua). 

X (Súmero) = K, Ch, Sh, H (Kechua). 

Z (Súmero) = K, Th, S, ff (Kechua). 

G (Súmero) = K, Ch, H (Kechua). 

P (Súmero) = P (Kechua). 

B (Súmero) = P, U, Hu (Kechua). Etc., etc., etc. 

El laberinto de equivalencias es vasto y faltan las que correspon- 
den á la F, M, N, fí, S y Ü. No se explica cómo se limita este inter- 
cambio, ni menos los casos en que debemos preferir una letra á la 
otra. Tampoco se explica la diferencia, que sin duda existe, entre 
una Ch= Dó T, Ch = G, Ch = K, Ch = Sy Ch = X. 

En la página 12, se dice así: «La fonética asiría es la misma 
que la primordial de las lenguas semíticas. Su relación principal 
con el Kechua es la siguiente, etc. ». 

No liay para qué reproducir la tabla, todo pasa como en el Sú- 
mero. 

En otro parrafillo se nos asegura que lo mismo es el Kechua que 
el Aymará, al objeto de la identificación de las letras, que según 



DERIVACIÓN SÚMERO-ASIRIA DE LAS LENGUAS KECHUA Y AYMARÁ 1^9 

los ejemplos, tan pueden quedarse en sus casas como campeárse- 
las por el damero de todo el alfabeto, ios tres á cinco mil años, y 
media circuoíerencia del mundo no obstantes. 

Siento no tener aquí la obra de Lenormant, para poder examinar 
las voces Súmeras y Asirías entre sí, y para ver qué proporción de 
éstas ceden á las muy comprensivas reglas de interequivalencia 
fonética. Esta parte de mi crítica quedará para mejor ocasión ; 
pero anadie se le escapará que es fundamental; porque á una 
«Ley de Grimm » tan amplia como la que invoca el autor no de- 
bería haber muchas excepciones. 

En resumen. El doctor Patrón asegura que « las consonantes sú- 
meras se cambian ó subsisten en elKechua» en la forma que el 
da, que según otra media página, es ley que también rige para 
Asirio. De allí parte á derivar voces Kechuas y Aymarás indistin- 
tamente del Súmero y del Asirio, sin tener en cuenta para nada 
que estas dos lenguas sólo tienen en común el suelo en que se ha- 
blaron y la escritura que las ha conservaiJo hasta nuestros días. 

Tampoco se hace notar que entre las aludiiias lenguas asiáticas 
y americanas, materia de esta derivación, se cuentan de tres á 
cinco mil años, según el caso, y media circunferencia del mundo 
terráqueo, con vastos intervalos de océano, para que sea más com- 
pleta la solución de continuidad. 

Por último la fonética de la lengua Aymará se despacha con estas 
palabras : 

«Sólo es menester precisar que es la misma del Kechua, aunque 
con un carácter más gutural y duro, y que además emplea al prin- 
cipio de las palabras la letra L». 

Más atrás se ha visto que el Aymará tiene voces Kechuas, con 
ciertas variantes en su fonetismo, que se pueden reducir á una ley 
fonológica muy bonita, pero para las voces que son del escalafón 
K.echua, se entiende. No se crea, empero que mediante las ecua- 
ciones M ^= U, T = Ch, L = /?, se podrán convertir voces propias 
del Aymará en otras propias del Kechua. Nada se dice sobre esto 
no obstante que es tan radicalmente esencial ; nada se establece 
que pueda probar que tanto vale pata como tapa, atpa como apta ; 
cuando se trata de una identificación ; ni una sola vez se hace no- 
tar que las voces son las más de ellas temas complejos en que hay 
que distinguir entre sonidos que son orgánicos de la raíz, y los 
otros que no pasan de ser articulaciones ó accidentes gramaticales. 
Á lo que se ve nada importa el orden de las letras y de las sílabas. 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. Ll 9 



130 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Las vocales tan firmes en Kechua, pueden pasar á ser cualquier 
cosa en Súmero ó Asirio. Se presupone como la cosa más natural 
de! mundo que el Kechua y el Aymará existían ya hace 3000 ó sean 
5000 años, según el caso, y si existían, que las formas actuales de 
las palabras eran las de aquellas edades remotas. ¡El Kechua y el 
Aymará, lenguas para las que aun hoy no se ha descubierto un 
alfabeto que llene todas las exigencias de su enmarañada fono- 
logía ! 

El trabajo del doctor Pablo Patrón, no puede considerarse sino 
como un juguete etimológico ; carece de todo valor científico, y no 
se hubiese hecho materia de un juicio crítico tan extenso como 
éste á no ser que se dice ser la síntesis de otro estudio de mayores 
proporciones, sin duda el mismo que acaba de presentarse al se- 
gundo Congreso Científico Latino Americano en Montevideo, el que 
ha merecido ser agraciado con una audición de dos horas diarias 
durante las sesiones de siete días. Si no se han ofrecido ejemplos 
y argumentos más convincentes que los que figuran en el folleto 
aludido, hay que confesar que se ha perdido el tiempo deplorable- 
mente. ¿Qué dirán los orientalistas y filólogos de Europa y Norte 
América, cuando sepan que de un sólo bolazo, en la portada del 
siglo XX un Congreso Científico, tiene que oir que el Kechua y el 
Aymará, se derivan indistintamente del Súmero y del Asirio? Les 
bastaría leer el título para doblar la hoja, y largar esta exclama- 
ción : i Cosas de la America Latina ! 

Museo de La Plata, Abril 8 de 1901. 



])fota. — Me he informado con sumo placer del estudio crítico del señor 
Samuel A. Lafone Quevedo sobre la teoría del doctor Pablo Patrón respecto de 
un supuesto origen Súmero-Asirio de los idiomas Quichua y Aymará. A título de 
información y casi podríamos decir como complemento de lo manifestado por el 
señor Lafone, queremos dar unos breves datos sobre lo expuesto por el doctor 
Patrón en el Congreso Científico Latino Americano, reunido el pasado mes de 
marzo en Montevideo y en el cual he actuado directamente como secretario de la 
sección de ciencias antropológicas. 
El orden que siguió el conferenciante en su exposición fué el siguiente : 
En las cuatro primeras disertaciones el doctor Patrón expuso el origen délas 
len'^uas Quichua y Aymará y sus relaciones con los caracteres cuneiformes. Para 
lo primero se valió de la tabla fonológica analizada por el señor Lafone, pero 
en manera alguna justificó ciertas equivalencias incomprensibles. Para lo segundo 
estudió comparativamente un gran número de frases súraero-asirias y quichuas- 



DERIVACIÓN SÚMERO-ASIRIA DE LAS LENGUAS KECHUA Y AYMARÁ 131 

aymaraes, pero en aquellas palabras que presentaban una forma rara, no obstante 
la mencionada tabla de equivalencias, trataba de justificar las anomalías que 
presentaban por un supuesto desconocimiento en los quichuas de la escritura 
cuneiforme ó poruña suavización del sonido de la palabra original al ser adquirida 
por los indígenas sud-americanos. Luego si presentaba una raíz asiría poseedora 
de varias acepciones escogía aquella más conveniente para su sistema de descom- 
posición de palabras. 

Eq las conferencias subsiguientes trató de refutar la teoría de Halevy sobre la 
no existencia del Súmero. Criticó las interpretaciones del señor Lafone sobre los 
« Ojos de Imayraana y el señor de la Ventana », artículo publicado por dicho 
señor en el Boletín del Instituto Geográfico Argentino, llegando á la conclusión 
de que los cuadrados interpretados por el señor Lafone eran rastros de la escritura 
paleo-cuneiforme. 

Finalizó el doctor Patrón la síntesis de su trabajo con una investigación sobre 
el dios peruano Viracocha y un detenido estudio de las ruinas pre-incásicas de 
Tiahuanaco. Por lo demás inoficioso rae parece el decir que el autor dedicó un^a 
parte de su trabajo á probar que en el Perú era conocida la escritura cuneiforme 
presentando para ello numerosos ejemplos de un valor convencional. — 12 de 
Abril de 1901. — Félix F. Outes. 



INFORME DEL DOCTOR GARLOS BERG 

DELEGADO DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA EN EL SEGUNDO CONGRESO 
CIENTÍFICO LATINO AMERICANO REUNIDO EN MONTEVIDEO 



Buenos Aires, mayo 10 de 1901. 

Señor Presidente de la Sociedad Científica Argentina, ingeniero 
Carlos M. Morales. 

La Sociedad Científica Argentina, me había honrado con la mi- 
sión de representarla, como Delegado, en el Segundo Congreso 
Científico Latino Americano, que tuvo sus sesiones en Montevideo, 
durante los días 20 á 31 de Marzo del año corriente. 

Por recargo de trabajos, sólo hoy me es posible remitir al señor 
Presidente una breve relación sobre el desempeño de mi cargo. 

La sesión festiva de apertura del Congreso se efectuó el 20 de 
Marzo, con grande solemnidad y suntuosidad en el Teatro de Solis, 
y con asistencia de los señores ministros de Relaciones Exteriores y 
Fomento de la República Oriental del Uruguay, de miembros del 
gobierno, del presidente electo del Congreso, doctor Roberto Wer- 
nicke, del Comité Organizador, los delegados de diez naciones lati- 
noamericanas, los adherentes al Congreso y un público numerosí- 
simo, compuesto de todo lo más selecto de la sociedad montevi- 
dense. 

En esta sesión, por el gran número de discursos y su extensión 
y la hora avanzada, no tomé la palabra, para hablar en nombre de 
la Sociedad Científica Argentina, como había tenido la intención 
de hacerlo. Debo mencionar que en esta reunión el señor profesor 
José Arechavaleta, presidente del Comité Organizador, citó con al- 
gunas palabras á la Sociedad Científica Argentina, como iniciadora 
de esta clase de certámenes científicos. 



INFORME DEL DOCTOR CARLOS BERG 133 

Aprovechando la primera ocasión propicia, tomé la palabra en la 
sesión de apertura de la sección de Ciencias Físicas, Químicas y Na- 
turales, para hacer resaltar los méritos de la Sociedad Científica 
Argentina, como iniciadora de los congresos científicos latinoame- 
ricanos, y hablar de su actividad y propaganda científica, docu- 
mentadas en su importante publicación los Anales. 

El presidente temporario, doctor Barbosa Rodríguez^ propuso 
entonces un voló especial de reconocimiento á la Sociedad Científica 
Argentina, y la asamblea resolvió por unanimidad que éste le fue- 
ra transmitido por nota oficial, y así íué protocolizado en el acta 
de aquella sesión. 

El importante diario El Siglo invitó á cada uno de los seño- 
res delegados á contribuir con un autograma á la formación de un 
álbum conmemorativo del Segundo Congreso; con este motivo de- 
diqué á la Sociedad Científica Argentina las siguientes palabras, 
que fueron publicadas en el diario mencionado, en el número del 
31 de Marzo : 

(.<■ Si los Congresos Científicos Latino Americanos obtuvieren los 
resultados deseados de la Sociedad Científica Argentina, iniciadora 
de ellos, habrá alcanzado un grandioso triunfo y se habrá asegura- 
do los vivos agradecimientos de los pueblos latinos americanos por 
muchísimas generaciones». 

También en el banquete de despedida que tuvo lugar en el Tea- 
tro Solis el 31 de Marzo, habiéndome el señor presidente del Con- 
greso concedido la palabra inmediatamente después del discurso 
de ofrecimiento por el doctor Manuel B. Otero, aproveché la opor- 
tunidad para llamar nuevamente la atención de los congresales y 
del público presente, sobre el alto mérito á que se ha hecho acree- 
dora la Sociedad Científica Argentina, por su iniciativa respecto á 
los congresos científicos en la América latina, y saludé y felicité á 
la reunión en nombre de la Sociedad. 

En cuanto á los trabajos realizados por el Congreso, creo innece- 
sario extenderme por ser en su mayor parte ya conocidos por las 
publicaciones de la prensa diaria; además, debe aparecer lodo lo 
relativo á este asunto en las publicaciones especiales que dará á luz 
á su tiempo, el Comité Organizador del Congreso. 

Saludo al señor presidente atentamente, manifestándole los sen- 
timientos de mi más alto aprecio. 

Carlos Berg. 



La segunda reunión 



CONGRESO CIENTÍFICO LATINO-AMERICANO 



La iniciativa de la Sociedad Científica Argentina de celebrar un 
Congreso Científico Latino Americano, cuja primera reunión tuvo 
lugar en Buenos Aires el mes de abril de 1898, ha tenido un éxito 
definitivo á juzgar por el brillante resultado de la segunda reunión 
celebrada en la ciudad de Montevideo en los días 20 á 31 de marzo 
del corriente año. 

Los trabajos presentados en las diferentes secciones han sido 
numerosos, y algunos de ellos de notoria importancia, como podrá 
apreciarse una vez que se haga la publicación de todos ellos por la 
comisión designada al efecto. 

El día 20, á las 10 ante meridiano, tuvo lugar la sesión preparato- 
ria á fin de designar las autoridades del Congreso recayendo el 
nombramiento de presidente en la persona del doctor Roberto 
Wernicke, argentino. 

La sesión de inauguración tuvo lugar ese mismo día á las 3 pa- 
sado meridiano, en el Teatro Solis, presidiendo el acto el doctor 
Wernicke v los señores ministros de Relaciones Exteriores y de Fo- 
mento. Puede decirse que la primera sociedad y el elemento inte- 
lectual de Montevideo se habían dado cita para asistir á la solemne 
inauguración. 

Abrió el acto con un hermoso discurso el señor Ministro de Rela- 
ciones Exteriores, doctor Manuel Herrero y Espinosa, pronuncian- 
do luego unas breves palabras el doctor Wernicke, designando al 
doctor Manuel B. Otero para hacer uso de la palabra en nombre de 



LA SEGUNDA REUNÍÓX DEL CONGRESO CIENTÍFÍCO LATINO-AMERICANO 135 

la comisión organizndoni ; después de éste hablaron el doctor Ma- 
nuel Victorino Pereira, delegado brasilero, doctor Pedro J. Corona- 
do, delegado argentino, doctor Pimentel, delegado mexicano, doc- 
tor Pablo Patrón, delegado peruano, doctor Cecilio A. Baez, delegado 
paraguayo y doctor Francisco Cobos, delegado argentino. Alternan- 
do con los discursos se tocaron los himnos de las naciones adheren- 
tes al Congreso. 

El siguiente día se constituyeron las mesas de las respectivas 
secciones en que se había resuelto organizar las tareas del Congreso. 

La de la sección de Ciencias Médicas quedó constituida en la for- 
ma siguiente: Presidente, doctor Manuel Victorino Pereira, brasi- 
lero ; vice, doctor Manuel Arroyo, delegado oficial de Guatemala; 
vocales, doctores Eduardo Moore y Daniel García Guerrero, chile- 
nos; y secretarios, los doctores Agustín Turenne y José Brito Fores- 
ti, orientales. 

La. sección de Ciencias Sociales y Jurídicas, organizó su mesa en 
la forma siguiente: Presidente, doctor Sa Vianna, delegado brasile- 
ro; vice, doctor Guruchaga, delegado chileno; y secretarios, los 
doctores González, paraguayo y García Acevedo, oriental. 

La sección de Ciencias Pedagógicas se constituyó así: Presidente 
honorario, doctor Rafael Herrera Vegas, venezolano; presidente, 
doctor Juan C. Carrillo, boliviano; vice, señor Pablo A. Pizzurno, 
argentino; y secretarios, las señoritas Enriqueta Compte y Kiqué 
y Luisa Guarnoscbelli, orientales. 

La sección de Ciencias Físico-químico-naturales, designó como 
presidente al delegado brasilero, doctor Barbosa Rodríguez, y como 
secretario al señor Severino de Olea. 

Para presidente de la sección de ciencias antropológicas fué 
nombrado el doctor Pablo Patrón, delegado peruano, vice presi- 
dente, el doctor Pedro Scalabrini, delegado argentino y secretario 
el señor Félix F. Outes, argentino. 

La sección de Ingeniería y Ciencias Exactas, constituyó su mesa 
en la forma siguiente: Presidente, ingeniero Alfredo Lisboa, dele- 
gado brasilero; vices, ingeniero Luis A. Huergo, delegado argenti- 
no, élgnacioE. Infante, chileno; y secretarios, ingenieros Melitón 
González y Coralio J. Enciso, orientales. 

El ingeniero Alfredo Lisboa, elegido presidente de esta sección, 
es natural de Sucre (Bolivia), ciudadano brasilero, doctoren mate- 
máticas por la universidad de Córdoba, é ingeniero civil por la es- 
cuela de ingeniería de Gand (Bélgica), miembro déla asociación 



136 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de ingenieros de Lisboa, del Club de ingenieros é Instituto Politéc- 
nico de Río^ del Instituto de ingenieros civiles de Londres, de la 
Sociedad de Geografía de Río, inspector de los puertos de Pernam- 
buco V autor del proyecto de mejoramiento de Recife ; de 1886 á 
1889, ingeniero jefe de la comisión desanidad del estado de San 
Pablo, y autor de los proyectos para provisión de aguas en algunas 
ciudades de Río Grande. 

Organizada la sección se resolvió que los temas fuesen tratados 
en el orden siguiente: 



INGENIERÍA, CUARTA SECCIÓN 



I. Elasticidad y resistencia de materiales. — '\° Federico Viljareal 
(Lima), Definición de las vigas que trabajan á flexión; 2° Cirilo Guz- 
man (Santiago), Sobre resistencia de materiales. 

II. Ferrocarriles internacionales sud-americanos. — Francisco 
José Prado (Santiago de Chile), Combinación de los ferrocarriles de 
Chile con Bolivia y la República Argentina (memoria). 

III. Cuestiones urbanas. — I ° Carlos María Morales (Buenos Aires), 
Mejoras edilicias en la ciudad de Buenos Aires (memoria) ; 2° Juan 
Monteverde (Montevideo), Proyecto de saneamiento para Montevideo 
(memoria). 

IV. Construcciones civiles. — Antonio Llambías de Olivar (Mon- 
tevideo), Hospitales departamentales. 

V. Navegación y puertos.— \° Luis Luiggi (Bahía Blanca), Nue- 
vos faros de la República Argentina (memoria); 2° Federico García 
Martínez (Montevideo), El faro de la isla de loóos (memoria) ; 3° 
Luis A. Huergo (Buenos Aires), Informe sobre el puerto de Buenos 
Aires {á pedido del comité de organización, conferencia); 4° Floren- 
cio Michaelson (Montevideo), El proyecto de puerto para Montevideo 
(^memoria); 5° Jorge Duclout (Buenos Aires), El proyecto de concur- 
so para el puerto del Rosario de Santa Fe (conferencia); 6° Melitón 
González (Montevideo), Sobre un proyecto para la navegación inte- 
rior de la América del Sud; 7° Francisco J. Ros (Montevideo), Con- 
tribución para el estudio del régimen general del Rio de la Plata; 
8° Florencio Basaldúa (La Plata), Canalización para navegar y de- 
secar el bajo ü-béra (memoria); 9° Gabriel Carrasco (Buenos Aires), 



LA SEGUNDA REUNIÓN DEL CONGRESO CIENTÍFICO LATINO-AMERICANO 137 

Influencias de las manchas del sol en las crecientes de los ríos del 
Plata (conferencia). 

VI. ingeniería militar. — Emilio Korner (Santiago de Chile'), 
¿Hay y cuáles son las ciencias militares? 

VIL Matemáticas, astronomía y mecánica racional. — 1° Federico 
Villareal (Lima), Geometría de cuatro dimensiones (memoria); 2° A. 
Obreclit (Santiago de Chile), Consideración sobre el principio de 
d' Alemberl ; Movimiento del plano de la órbita de la luna (memorias); 
3° Gabriel Carrasco (Buenos Aires), La unidad horaria en la Améri- 
ca del Sud(contereñcidi); 4° Virgilio Raffinetti (La Plata), £/ huso 
horario, su aplicación en las repúblicas sudamericanas; 5° Aquilas 
Lugani, Aparatos para la delerminación automática del tiempo ver- 
dadero y medio; Aparato para la determinación automática de la 
latitud y longitud en el mor; 6° Enrique Legrand (Montevideo), La 
astronomía en el siglo XLX. Fotografía del cielo y de la astronomía 
estelar; T Carlos Honoré (Montevideo), Pruebas de la existencia del 
sol interior y consecuencias. 

Algunos de éstos trabajos no fueron leídos por no hallarse pre- 
sentes sus autores, resolviéndose previo informe de los miembros 
que al efecto habían sido designados, que serían publicado con los 
demás presentados. 

Por indicación del ' ingeniero Michaelson, que fué aprobada por 
los miembros de la sección, el ingeniero Duclout dio una conferen- 
cia sobre el régimen del Río de la Plata. 

Las conclusiones principales á que se llegó y que fueron aproba- 
das por la sección, son las siguientes : 



La sección declara : que sería de gran utilidad que los gobiernos 
de los países de la América Latina, incluyesen en la legislación de 
obras públicas disposiciones que hicieran obligatoria la presenta- 
ción de los títulos y permitiesen á las empresas públicas el acceso 
á la propiedad privada á los efectos de la confección de planos «ca- 
tastrales ú otros necesarios para el estudio de proyectos ó ejecución 
de obras públicas. 



438 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

II 

La sección declara: que es conveniente que los gobiernos de los 
países de la América Latina, dicten disposiciones que obliguen á 
hacer las obras de saneamiento de las habitaciones, mediante pre- 
sentación de los planos correspondientes y bajo la más estricta vi- 
gilancia. 

III 

La sección declara : que sería del mayor interés para el progreso 
de la navegación en los países de la Annérica Latina, la adopción 
de un moderno sistema de faros y señales acústicas, el perfeccio- 
namiento de los existentes, y además que se adoptasen reglas uni- 
formes para los colores de boyas, valizas y luces en los puertos y 
ríos que podrían ser con ventaja las de la convención de Washing- 
ton ya admitidasen la Repúblicas Argentina, del Uruguay y Brasil. 

Especialmente cree quesería de gran utilidad señalar de manera 
clara y completa la entrada del Rio de la Plata. 

IV 

La sección considera de gran interés para los varios gobiernos 
adherentes al Congreso, la reunión de datos sobro el dragado, sea 
por administración, sea por empresa; los precios, modos de medir 
al material, y de analizar el metro cúbico del mismo, á fin de au- 
mentar los numerosos datos reunidos ya sobre esta cuestión en los 
Congresos Internacionales de Navegación, con otros referentes á 
nuestras regiones; y de poder en el próximo Congreso discutir las 
ventajas prácticas de las cuestiones relativas á estos asuntos. 



La sección declara : que es conveniente que los países de la Amé- 
rica Latina, unifiquen su sistema horario, poniendo en práctica el 
de los Husos horarios aprobado por el Congreso Internacional de 
Roma de 1883. 

Opina también que sería de gran utilidad la aceptación del sis- 
tema de contar las horas de cero á veinticuatro, como se ha esta- 
blecido ya en varias naciones. 



LA SEGUNDA REUNIÓN DEL CONGRESO CIENTÍFICO LATINO-AMERICANO 139 

VI 

La sección hace votos para que los países de la América Latina 
den á los puertos principales, profundidades aniílogas á las de los 
grandes puertos de los otros continentes; y que en caso de reque- 
rirse canales de acceso dragados en el limo, los gobiernos hagan 
practicar ensayos de defensa mediante obras permanentes, con el 
objeto de reducir en lo posible, los onerosos gastos de conservación 
que en la actualidad demandan, los cuales gravitan sobre el inter- 
cambio de productos con perjuicio de la industria y del comercio. 

VII 

La sección vería con agrado que los gobiernos de las naciones 
representadas en este Congreso, se preocuparan del establecimiento 
de edificios hospitalarios en los núcleos importantes de población 
en el interior de sus respectivos estados, fomentando y ayudando 
la iniciativa particular como un deber de higiene pública y de hu- 
manidad. 

VIII 

La sección cree de grande interés general para los países de la 
cuenca del Plata : 

a) Establecer una centralización de las observaciones de alturas 
de aguas en los ríos y de las caídas de lluvia para poder establecer 
un servicio de previsión de las crecientes, especialmente en el río 
Uruguay ; 

b) Que los gobiernos d(í los tres países limítrofes con el río Uru- 
guay, se pongan de acuerdo para la rápida realización del progra- 
ma del señor ministro de obras públicas de la Argentina, doctor Ci- 
vil, para la navegación de dicho río hasta Santo Tomé. 

IX 

La sección cree que debe alentarse á los gobiernos de los países 
latino-americanos para que habiliten á los Observatorios Astronó- 
micos comprometidos en la obra internacional déla Carta del Cielo, 
y que no han podido hasta ahora darle ejecución, para realizarla, 
dando así á la América Latina el puesto que entre las naciones ci- 
vilizadas le corresponde. 



140 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Como se ve por lo que precede, ha sido importante la labor lle- 
vada á cabo por la Sección Ingeniería j Ciencias Exactas, y si se 
tiene en cuenta que en otras secciones se han presentado mayor 
número de trabajos que en ésta, puede formarse idea del éxito 
alcanzado en la segunda reunión del Congreso Científico Latino 
Americano. 

Alternando con las tareas de las diversas secciones se efectuaron 
visitas á los edificios públicos y establecimientos industriales. 

Así el día 24 por la tarde los miembros del Congreso asistieron 
al acto de inauguración del Observatorio Meteorológico Municipal, 
á cuyo frente estará el seííor Luis Morandi, ya conocido por sus 
trabajos mientras estuvo al frente del Observatorio del Colegio Pío de 
Villa Colón. Esa misma tardetuvo lugar el corso de las flores que en 
honor de los congresales se celebró en el hermoso Paseo del Prado. 

El 25 por la mañana se efectuó una visita al Hospital de Caridad 
y ese mismo día por la tarde se visitó la Cárcel Penitenciaría. 

El 26 por la mañana los miembros de la sección de ingeniería 
y ciencias exactas visitaron la gran estación del Ferro-carril Cen- 
tral del Uruguay, hermoso edificio que dejó justamente impresio- 
nados á los visitantes. 

Ese mismo día alas 9 p. m. tuvo lugar el recibo que en honor de 
los delegados extranjeros, dio en su domicilio particular el señor 
l'residente de la República. 

El 27 á la 1 p. m. se efectuó una fiesta en Villa Dolores, hermoso 
paseo donde tienen una gran colección zoológica los esposos Rossell 
Rius. 

El día 28 por la tarde los congresales visitaron el Museo y Bi- 
blioteca Pedagógica. 

El 29 los miembros de la sección Ingeniería y Ciencias Exactas 
se trasladaron á Pando población cercana á Montevideo á fin de 
visitar la fábrica de cementos que funciona en esa localidad. Allí 
fueron obsequiados con un almuerzo, regresando por la larde. 

El día 25 se efectuó una excursión á la Colonia. Se partió de Mon- 
tevideo alas 8 a. m. en un tren expreso que puso la empresa á dispo- 
sición délos congresales estando de regreso á las 1 i p. m. de ese día. 
Fué un hermoso paseo que dejó gratos recuerdos entre los asistentes. 

El día 30 á las 2 p. m. tuvo lugar la .recepción de los congresales 
en la Universidad, pronunciando elocuentes discursos el rector doc- 
tor Pablo de María, doctor Gonzalo Ramírez en nombre del consejo 
superior, doctor Sa Viana, delegado brasilero y doctor Carlos M. 



LA SEGUNDA REUNIÓN DEL CONGRESO CIENTÍFICO LATINO-AMERICANO 141 

de Pena decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. 
Ese mismo día los miembros de la Sección Ingeniería y Ciencias 
Exactas visitaron la Facultad de Ingeniería mereciendo justos elo- 
gios, los modelos de construcciones mecánicas, instrumentos, etc. 
destinados á la enseñanza. 

El domingo 31 á las 10 a. m. tuvo lugar en el Ateneo la solemne 
sesión de clausura ; en ella se dio cuenta de las conclusiones á que 
se había llegado en las respectivas secciones, las que fueron apro- 
badas sin discusión. 

Acto continuo se resolvió por unanimidad que el próximo congre- 
so se reúna en la ciudad de Rio Janeiro, debiendo celebrarse el 
año 1905. 

Finalmente la reunión de clausura tuvo lugar ese mismo día á 
las 3 p. m. Hicieron uso de la palabra en ese acto el señor Ministro 
de Fomento doctor Gregorio L. Rodríguez, el doctor Wernicke, pre- 
sidente del congreso, y el doctor Pimentel delegado mejicano. 

Las tareas del congreso tuvieron un hermoso epílogo en el ban- 
quete con que fueron obsequiados los delegados extranjeros en el 
TeatroSolis, hallándose éstedesbordantedeunaselecta concurrencia. 
Los delegados argentinos regresaron por la Colonia en un tren 
expreso que puso á su disposición el señor Ministro de Fomento, 
siendo acompañados por éste hasta dicha ciudad. En las estaciones 
intermedias grupos de pueblo saludaron á los miembros del con- 
greso con exclamaciones entusiastas, adquiriendo las proporciones 
de una verdadera manifestación popular la recepción que hizo la 
población de la Colonia. 

Esa vuelta triunfal á través de pueblos que saludaron á los en- 
viados por una nación hermana para estrechar vínculos en nombre 
de la ciencia y de la concordia americana, dejará inolvidables re- 
cuerdos en los que tuvieron la dicha de presenciar el espectáculo. 

En la Colonia se embarcaron los delegados argentinos en un va- 
por de las obras del puerto de esta ciudad á la que llegaron el 1° 
de abril á las 7 p. m. 

Puede decirse que la segunda reunión del Congreso Científico 
Latino Americano ha tenido un éxito completo. 

Algunos han puesto en duda la utilidad de estos congresos cre- 
yendo que en estos países jóvenes de América, no hay suficientes 
elementos científicos para promover reuniones de esta naturaleza, 
y que los que presentan trabajos en ellos pueden publicarlos en 
las revistas científicas. 



142 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Creemos que están equivocados los que así piensan ; la reunión 
de estos congresos sirve de estímulo para la presentación de traba- 
jos que deben ser juzgados en esos torneos del saber y de la inteli- 
gencia, en ellos se conocen hombres que se han dedicado á las mis- 
mas profesiones ó que han profundizado las mismas ramas del 
saber humano ; en esas reuniones se ponen en relación los que tie- 
nen la dirección de trabajos públicos y se comunican mutuamente 
datos prácticos ó se ponen de acuerdo para procedimientos ulterio- 
res de carácter general, y finalmente se estrechan vínculos entre 
países que deben marchar unidos hacia sus grandes destinos. 

Por esto será fecunda la idea del ingeniero Ángel Gallardo á 
quien es deber de estricta justicia recordar en esta reseña. 

Hagamos votos porque el próximo congreso que debe reunirse en 
Rio de Janeiro supere aún el éxito de los ya celebrados. 



BIBLIOGRAFÍA 



Delacliaux (E. A. S.'- Atlas meteorológ-ico de la República Argentina. 
Primera parte : Provincia de Buenos Aires. J vol. iu 4°. Buenos Aires 1901. 

El distinguido cartógrafo del Museo de La Plata, señor Enrique A. S. Delachaux, 
ha tenido la feliz idea de comenzar la publicación de un « Atlas Meteorológico de la 
República Argentina », obra útilísima si se considera la íntima relación que existe 
entre el conocimiento perfecto del clima que tenemos y la agricultura, la gana- 
dería, etc. La obra emprendida por el señor Delachaux comienza como es natural 
por la provincia de Buenos Aires, la más importante por su población, sus indus- 
trias, etc., y por ser también la única que posee un regular número de estaciones 
meteorológicas ó pluviométricas que si bien no son en la cantidad que sería de 
desear soa suficientes para utilizar sus informes en una obra de la índole de la que 
nos ocupa. Han servido al señor Delachaux como fuentes auxiliares de datos para 
complementar su trabajo las publicaciones mantenidas por el Observatorio de 
La Plata y la Oficina Meteorológica Nacional, cuyas referencias son de una impor- 
tancia y seriedad indiscutible. 

La obra de que nos ocupamos está dividida en cinco capítulos : Temperatura, 
Presión atmosférica y viento. Humedad relativa, Lluvia y anomalías meteoroló- 
gicas notables. 

Dedica como se ve el autor un capítulo especial alas anomalías meteorológicas 
experimentadas en la provincia de Buenos Aires en 1900, como ser la fatal semana 
de fuego (29, 1 á4, IL, y las copiosísimas lluvias del mes de marzo del mismo año 
cuya cantidad en la región al norte del rio Salado puede computarse, « en casi la 
mitad de la que recibe normalmente en un año ». 

Á 24 asciende el número de láminas que acompañan al trabajo del señor Dela- 
chaux en las que está expresada de una manera gráfica y perfectamente detcostra- 
tiva el sinnúmero de datos recogidos y coordinados por el autor á quien felicitamos 
por su estudio cuyos defectos si es que los hay, tienen por causa lo deficientes de 
los datos recogidos hasta ahora. 

FÉLIX F. OUTES. 

Svedelius ¡N.). Algen aus den Landern der Magellan strasse und 
"Westpatagonien. I. Ch.loroph.yGeae, en : Svenska Expeditionen till Ma- 
gellanldnderna, tomo III, páginas 283-316, Estocolmo, 1900. 
Las algas estudiadas en este artículo fueron recogidas por el botánico sueco 
P. Dusén, que acompañó al doctor O. Nordenskjóld en la expedición á la re- 
gión magallánica durante los años 1895-97. Como el material estaba muy bien 
conservado en formalina ha sido posible observar y describir minuciosamente 
las particularidades de estructura de estas plantas australes que eran en parte co- 
nocidas sólo de una manera artificial. Además de otras especies conocidas se 
describe una nueva, Siplwnocladus hrachyartrus. Tres buenas láminas acompa- 
ñan este trabajo. 

A. Gallardo. 



MOVIMIENTO SOCIAL 



En la asamblea general celebrada el 8 de abril próximo pasado se eligió la nueva 
Junta Directiva en reemplazo déla saliente. Quedó constituida como sigue : 

Presidente : Doctor Carlos M. Morales. 

Vice-presideníe 4° : Arquitecto Juan A. Buschiazzo. 

Vice-presidente 2" : Ingeniero Domingo Selva. 

Secretario de actas : Señor Manuel J. Arce. 

Secretario de correspondencia : Señor José Larregui. 

Tesorero : Ingeniero Luis A. Huergo (hijo). 

Bibliotecario : Señor Nicolás Bessio Moreno. 

Vocales : Doctor Eduardo L. Holmberg, ingeniero Arturo Prins, ingeniero 
Ignacio Aztiria, ingeniero Sebastián Ghigliazza, ingeniero Antonio Piaggio, inge- 
niero Higinio Reynoso, señor Luis Curutchet- 

La Junta Directiva en su sesión del 26 de abril próximo pasado resolvió nombrar 
al señor Félix F. Outes para represoLtar á los Anaces de la sociedad en el Con- 
greso de la prensa argentina, que se celebrará en Buenos Aires del 27 al 29 del 
corriente. 



SOCIOS HONORARIOS 



Dr. Germán Burmeister -f. — Dr. Benjamín A. Gould f — Dr. R. A. Philippi. 
bi. Guillermo Rawsonf. — Dr. Carlos Berg. — Dr. Juan J. J. Kyle. — Ing. Luis A. Huergo (padre). 
Ing. J. Mendizábal Tamborrel. — Dr. Valentín Balbin. f 



SOCIOS CORRESPONDIENTES 



Aguilar Rafael México. 

Arechavaleta, José Montevideo. 

Arieaga Rodolfo de Montevideo. 

Ave-Lallemant, Germán Mendoza. 

Brackebusch, Luis Córdoba. 

Garvalho José Carlos Hio Janeiro. 

La jne Quevedo, Samuel A. . . . Catamarca. 

Lillo, Miguel Tucuman. 



Morandi, Luis Villa Colon(U.) 

Paterno, Manuel Palermo (It.) . 

Reid, Walter P. Londres 

Scalabrini, Pedro Corrientes. 

Tobar, Carlos R Quito. 

Villareal, Federico. Lima. 

Von Ihering, Hermán San Paulo (B.) 



SOCIOS ACTIVOS 



Acevedo Ramos, R. de 
Adano, Manuel. 
Aguirre, Eduardo. 
Alberdi, Francisco N. 
Albert, Francisco. 
Almeida, Arturo M. 
Alric, Francisco. 
Alvarez, Fernando. 
Amadeo, Alejandro M, 
Anasagasti, Ireneo. 
Anasagasti, Horacio 
Ambrosetti, Juan B. 
Arata, Pedro N. 
Arigós, Máximo. 
Arce, Manuel J. 
Arce, Santiago. 
Arditi, Horacio. 
Arroyo, Franklin. 
Atienza, Mario. 
Aubone, Carlos. 
Avila Méndez, Delfín. 
Avila, Alberto 
Aztiria, Ignacio. 



Bahia, Manuel B. 
Bancalari, Juan. 
Bancalari, Juan M. 
Barabínn, Santiago E. 
Barilari, Mariano S. 
Barzi, Federico. 
Basarte, Rómulo E. 
Battilana Pedro. 
Baudrix, Manuel C. 
Bazan, Pedro. 
Benoit, Pedro (hijo). 



Berro Madero, Miguel 
Berro Madero, Carlos 
Beron de Astrada, M. 
Besana, Carlos. 
Bessio, Moreno Nicolás 
Biraben, Federico. 
Bosch, Benito S. 
Bosch, Eliseo P. 
Bosch, Anreliano R. 
Bonanni, Cayetano. 
Bosque y Reyes, F. 
Brian, Santiago 
Bus'hiazzo, Francisi o. 
Bus hiazzo, Juan A. 
Buf amante, José L. 



Cáceres, Dionisio R. 
Cálcena Augusto. 
Cagnoni, Alejandro N. 
Cagnoni.Juan.M. 
Candioti, Marcial R. 
Gánale, Humberto. 
Canovi, Arturo 
Cano, Roberto. 
Cantiío, José L. 
Cantón, Lorenzo. 
Carranza, Marcelo. 
Cardóse, Mariano J. 
Cardóse, Ramón. 
Carrique, Domingo 
Casullo, Claudio. 
Castellanos, Carlos T. 
Castex, Eduardo. 
GaF'Jglione, Enrique. 
Castro, Vicente. 



Gerri, César. 
Gilíey, Luis P. 
Chanourdie, Enrique. 
Ghapiroff", Nicolás de 
Checchi, Amoldo. 
Cheraza, Gerónimo. 
Chiocci Icilio. 
Chueca, Tomás A. 
Clérice, Eduardo E. 
Cebos, Francisco. 
Cock, Guillermo. 
Cellet, Carlos. 
Geni, Alberto M. 
Cornejo, Nolasco F. 
Gorvalan Manuel S. 
Coronel!, J. M. 
Coronel, Policarpo. 
Gorti, José S. 
Courtois, U. 
Cremona, Andrés V 
Cremona, Víctor. 
Curutchet, Luis. 
Curutchet, Pedro. 



Damianovich, E. A. 
Darquier, Juan A. 
Dasseii, Claro G. 
Dates, Germán. 
Davila, Bonifacio. 
Davel, Manuel. 
Dawney, Garlos. 
Domínguez, Juan A. 
Dorado, Enrique. 
Douce, Raimundo. 
Doyle, Juan. 



Duhart, Martin. 
Duncan, Carlos D. 
Dufaur, Estevan F. 

Echagüe, Carlos. 
Elía, Nicanor A. de 
Eppens, Gustavo A. 
Estevez, José 
Estevez, Luis. 
Estrada, Miguel. 
Espinasse, Jorge. 
Etcheverry, Ángel 
Ezcurra, Pedro 

Fasiolo, Rodolfo 1. 
Fernandez, Daniel. 
Fernandez, Alberto J* 
Ferrari, Rodolfo. 
Ferreyra, Miguel 

Fynn, Enrique. 
Flores, Emilio M. 
Fraga, Antonio. 
Franco, Vicente, 
Foster, Alejandro. 
Friedel Alfredo. 

Gainza, Alberto de. 
Gallardo, Ángel. 
Gallardo, José L. 
Gallego, Manuel. 
Gallino, Adolfo. 
Gallo, Delfín 
Gamberale, Humberto. 
Gándara, Federico W. 



SOCIOS ACTIVOS (Continuación) 



Garay, José de 
García, Carlos A. 
Gentiliui, Pascual. 
Geyer,Carlos. 
Ghigliazza, Sebastian. 
Gioachini, Arriodanle. 
Giménez, Joaquín. 
Giménez, Ángel M. 
Girado, José I. 
Girado, francisco J. 
Girado, Aleiandro 
Girondo, Juan. 
Girondo, Eduardo. 
Gollan, José E. 
Gómez, Jnsé C. 
Gómez, Pablo E. 
Gonzales, Arturo. 
González, Agustín. 
González Lelong, G. 
Gradin, Carlos. 
Granella, Antonio. 
Gregorína, Juan 
Guido, Miguel. 
Gutiérrez, Ricardo P. 

Herrera Vega, Rafael. 
Herrera Vega, Marcelino 
Herrera, Nicolás M. 
Heury. Julio 
Hicken, Cristóbal. 
Holmberg, Eduardo L. 
Hnbert, Juan M. 
Huergo, Luis A. (hijo). 
Hnghes, Miguel. 
Huichison, Lorenzo. 

Iriai te, Juan 
Isnardi, Vicente. 
Israel, Alfredo C. 
Iturbe, Miguel. 

Jaeschke, Víctor J. 
Jaureguiberri, Luis. 
Juni, Antonio. 
Jurado, Ricardo. 

Krause, Otto. 
Klein, Hermán 
Klimann, Mauricio. 

Labarthe, Julio. 
Lacroze, Pedro. 
Lagos García, Garlos 
Lagrange, Carlos. 
Langdon, Juan A. 
Laporte Luis B. 
Larregui, José 
Larguía, Carlos. 
Latzina, Eduardo. 
EavaUe C, Carlos. 
Lavergne, Agustín 
León, Emilio de 
Leonardis, Leonardo 
Lehmann, Guillermo. 
Lehemann, Rodolfo. 



Lehmann Nitsche, R. 
Levy, Raúl. 
Lizarralde, Daniel 
López, Aniceto. 
López, Martin J. 
López, Pedro J. 
Loyola, Luis. 
Lucero, Apolínario. 
Lugones, Arturo. 
Lugones Velasco, S^»"". 
Luiggi, Luís 
Luro, Rufino. 
Ludwig, Carlos. 

Machado, Ángel. 
Madrid, Enrique de 
Mallea, Benjamín 
Mallol, Benito J. 
Marín, Placido. 
Marquestou, Alejandro 
Marcet, José A. 
Martini, Rómulo E. 
Mary, Antonio. 
Matharán, Pablo. 
Massini, Carlos. 
Massini, Estevan. 
Massini, Miguel. 
Maza, Benedicto. 
Maza, Juan. 
Matíenzo, Emilio. 
Mattos, Manuel E. de. 
Meana, Néstor. 
Medina, José A. 
Méndez, Teófilo F. 
Mendizabal, José S. 
Merian, Eduardo 
Mermos, Alberto. 
Meyer Arana, Felipe. 
Miguens, Luís. 
Mignaqui, Luís P. 
Millan, Máximo D. 
Mitre, Luis. 
Molina, Waldino. 
Mon, Josué R. 
Monsegur, Sylla 
Morales, Carlos María. 
Moreno, Jorge 
Morón, Ventura. 
Mosconi, Enrique 
Mosto, Andrés. 
Mugica, Adolfo. 

Naon, Alberto 
Navarro Viola, Jorge. 
Negrotto, Guillermo. 
Newton, Artemío R. 
Newton, Nicanor R. 
Niebuhr, Adolfo. 
Newbery, Jorge. 
Nocetí, Domingo. 
Nogués, Pablo. 
Ñongues, Luis P. 

Ocampo, Manuel S. 
Ochoa, Arturo. 
O'Donell, Alberto C. 



Olazabiil, Alejandro M. 
Olivera, Carlos C. 
Oliveri, Alfredo 
Orliz, Diolimpio 
Orzabal, Arturo. 
Otamendí, Eduardo. 
Otamendi, Rómulo. 
Otamendi, Alberto. 
Otamendi, Juan B. 
Otamendí, Gustavo. 
Outes, Félix F. 



Padilla, Isaías. 
Padula, ümberto. 
País y Sadoux, G. 
Paitoví Oliveras A. 
Palacios, AlbertoC. 
Palacio, Emilio. 
Páquet, Carlos. 
Parera Muñoz, Carlos. 
Paz, Manuel N. 
Pelizza, José. 
Pereyra, Emilio. 
Petersen, H. Teodoro, 
Pigazzi, Santiago. 
Pouyssegur, Luís. 
Piaña, Juan. 
Piaggio, Antonio. 
Pirovano, Juan. 
Puente, Guillermo A. 
Puiggarí, Pío. 
Puiggari, Miguel M. 
Prins, Arturo. 



Quintana, Antonio. 
Quiroga, Atanasío. 

Raffo, Bartolomé M. 

Ramos Mejía, Ildefonso 

Robora, Juan. 

Recagorri, Pedro S. 

Repello, Luis M. 

Rettes, Antonio. 

Reynoso, Higinio 

Riglos, Martiniano. 

Rívara, Juan 
Rivas Jordán, Leandro. 

Rodríguez, Luis C. 

Rodríguez, Miguel. 

Rodríguez González, G 
RodriguezdelaTorre,C. 

Roifo, Juan. 

Rojas, Esteban C. 

Rojas, Félix. 

Romano, Mario. 

Romero, Armando. 

Romero, Carlos L. 

Roselti, Emilio. 

Rospide, Juan. 

Ruiz Huidobro, Luís. 

Saenz Valiente, A. 
Saenz, Mario. 
Sagastume, José. M. 
Saílovitz, Manuel. 



Sánchez, Emilio J. 
Sanglas, Rodolfo. 
Santángelo, Rodolfo. 
Santillan, Santiago P. 
Sauze, Eduardo. 
Senillosa, José A . 
Saralegui, Luís. 
Sarhy, José S. 
Sarhy, Juan F. 
Schickendantz, Emilio . 
Seguí, Francisco. 
Selva, Domingo. 
Señal, Gabriel, 
Senillosa, Juan A. 
Seurot, Edmundo. 
Seré, Juan B. 
SchaVí, Carlos E. 
Silva, Ángel. 
Sílveyra Luis 
Simonazzí, Guillermo. 
Siri, Juan M. 
Soldani, Juan A. 
Solíer, Daniel (hijo). 
Solveyra, Mariano 
Spínola, Nicolás 
Speroni, Daniel C. 
Swenson, U. 

Taiana, Hugo. 
Taiana, Alberto. 
Tamini Crannuel, L. A. 
Tassi, Antonio 
Taurel, Luís F. 
Tejada Sorzano , Carlos . 
Texo, Federico 
Thedy, Héctor. 
Torrado, Samuel. 
Trelles, Francisco M. 
Tressens, José A. 

Uriarte Castro Alfredo. 
Uriburu, Arenales. 

Valenzuela, Moisés 
Valerga, Oronte A. 
Várela Rufino (hijo) 
Vázquez, Pedro. 
Vidal, Magín. 
Vidala, Baldomero. 
Villanov.aSanz,Florencí° 
Villegas, Belísarío. 

Wauters, Carlos. 
Wernicke, Roberto 
White, Guillermo. 
Wilmart, Raimundo 
Williams, Orlando E. 

Yanzi, Amadeo 

Zabala, Carlos. 
Zalazar, Benjamín. 
Zamboni, José J. 
Zavalia, Salustíano. 
Zeballos, Estanislao S. 
Zuníno, Enrique. 



ANALES 



DE LA 



SOCIEDAD científica 



ARGENTINA 



ik FEB 9 1927 ^¡ 



Director .-.Ingeniero EDUARDO AGUIRRE xJ^t,..^ ..,c-£>^ 

Secretarios : Agrimensor Alejandro Foster y señor Félix F. Outes 

REDACTORES 



Ingeniero Ángel Gallardo, señor Juan B. Ambrosetti, ingeniero José S. Corti, in- 
geniero Santiago E. Barabino, ingeniero Federico Birabén, ingeniero Nicolás 
de Chapiroff, ingeniero Carlos Paquet, ingeniero Vicente Castro, ingeniero Claro 
C. Dassen, doctor Enrique Fyn, doctor Rómulo E. Martini, ingeniero Eleodoro 
A. Damianovich, ingeniero Eduardo Latzina, doctor Atanasio Quiroga, señor 
Antonio Paitovi Olivera. 



^. 



JUNIO 1901. — ENTREGA VI. — TOMO LI 



PUNTOS Y PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN 

LOCAL DE LA SOCIEDAD, CEVALLOS 289, Y PRINCIPALES LIBRETIÍAS 

Por raes $ m/n I.OO 

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BUENOS AIRES 

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1901 



JUNTA DIRECTIVA 



Presidente Doctor Carlos M. Morales. 

Vice-Presidente i° Arquitecto Juan A. Buschiazzo. 

Id. 2° Ingeniero Domingo Selva. 

Secretario de actas Señor Manuel J. Arce. 
— correspondencia Señor José Larreguj. 

Tesorero Ingeniero Luis A. Huergo (liijo). 

Bibliotecario Señor Nicolás Bessio Moreno. 

Doctor Eduardo L. Holmberg. 

Ingeniero Arturo Prins. 

Ingeniero Ignacio Aztiria. 
Vocales { Ingeniero Sebastián Ghigliazza. 

Ingeniero Antonio Piaggio. 

Ingeniero Higinio Reynoso. 

Señor Luís Curutchet. 



índice de la presente entrega 



Pablo Patrón, Perú primitivo. Los dioses de la tempestad 145 

Juan B. Ambrosetti, Noticias sobre Ja alfarería histórica de Santiago del Estero. 166 

Carlos M. Morales, Las mejoras edilicias de Buenos Aires 177 

Bibliografía : C. Berg, Comunicaciones del Museo Nacional de Buenos Aires. — 
BoGGiANí, Compendio de etnografía paraguaya moderna. — Boletín de la Acade- 
mia Nacional de Ciencias en Córdoba 187 

Movimiento social 190 



PERÜ PRIMITIVO 

LOS DIOSES DE LA TEMPESTAD 

Por pablo PATRÓN 



Publicaciones muj importantes han sido hechas en la República 
Argentina por Ambrosetli j Quiroga sobre esta materia en diversas 
obras y revistas científicas. Pero como ellas, á pesar de su valer, 
contienen errores graves y no arrojan toda la luz necesaria para 
comprender este asunto, voy á tratar de él, desde el punto de vista 
de mis estudios y descubrimientos. Nunca se ha explicado con más 
exactitud y detalles este intrincado punto de los dioses de la tem- 
pestad como lo voy á hacer en este artículo. Sin jactancia alguna, 
puedo asegurar que sólo siguiendo los procedimientos que empleo, 
se puede llegar á los resultados exactos que consigno. 

El primer dios en este mito es Katuilla, el relámpago. ¿Por qué 
se le llamó así ? Es imposible dar una respuesta satisfactoria sin 
recurrir á la lengua Súmera en primer lugar y en segundo á la 
Asirla, idiomas hablados en la Mesopotamia en los albores de la 
Historia y con los cuales se relacionan íntimamente las lenguas 
Kechua y Aymará. 

Katuilla se compone de dos palabras, Katu é illa. La primera 



viene de fc^ Gad, mano en súmero (1) ; la g se cambia en k, 




la a subsiste, porque las vocales súmeras no se cambian en las vo- 
ces kechuas, y por último la d se transforma en t, porque cuando el 
radical comienza por k \a d no puede ser sino t ó ch. Confirma esta 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. LI 10 



146 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

derivación la existencia en súmero de las variantes posteriores 
siguientes : Kád y Kat (2). Como el asirio se hablaba en la misma 
región, ha tenido influencia para trasmitir ciertas voces suyas á los 
idiomas andinos y para influir también hasta cierto punto en la 
formación de las voces derivadas del súmero. Como mano en asi- 
rio es Kátu (3) la voz kechua ha tomado la u final y de allí la voz 
completa Katu. 



La otra palabra es £> — -^ \J j *'/ (4) luz, brillo, etc. (5). La i 

subsiste, la I se cambia en // y con la a final resulta illa. Pero ¿ por 
qué termina esta voz en a y no en o, w ó i? La razón es la siguien- 
te : las voces súmeras tienen al final lo que se llama un comple- 
mento fonético, y uno de ellos es la « repetición de la última conso- 
nante seguida también de una vocal » (6). En este caso el 
complemento fonético es la como lo prueba la escritura siguiente : 

^ — ^^'^\ i>- ^^--~j T v"^ — '^^1^9 O) 5 y por eso la voz ke- 

il la ag 

chua es illa. 

Conviene recordar que en asirio dios era dH>-4~ '^^^ (^) '^^ ^^^~ 



va- 



de se había originado para el radical sumérico p, — ^ — I el 

lor fonético il (9) ; por eso illa tenía para los kechuas un doble 
significado. Las lenguas han conservado en el Perú primitivo esta 
doble corriente : illa era el apelativo que daban los naturales álos 
dioses protectores de sus animales (10), illa era un amuleto y prin- 
cipalmente el amuleto por excelencia, la piedra bezoar, illa era 
calificativo de antigüedad y de nobleza (11). En cuanto á la idea de 
luz basta recordar el verbo illarii, resplandecer, relumbrar (12), 
el cual se compone de illa luz y de la partícula ri, que vale en 
kechua por « dar principio ó comenzar de nuevo» (13). 

Viene pues perfectamente al relámpago el nombre de Katuilla, 
« mano de fuego ». 

Antes de continuar hay que dilucidar porqué se ha tomado para 

^^ J íio ^^ 1 il que también quiere decir 




LOS DIOSES DE LA TEMPESTAD 147 

brillo, luz (14). A la primera le corresponde endiúñoKakasiga{\^) 
y esta voz se ha conservado en Aymará. La primera k no ha cam- 
biado ni tampoco la vocal siguiente ; la otra k se ha hecho más dura 
por la elisión de la segunda vocal y la contracción de las letras s y 
g en ch, resultando así Kakhcha, rayo (16) y conservando siempre 
las consonantes radicales. 

Illapa, rayo, se compone de il, luz, y de la partícula pa, que 
indica continuación, serie, repetición (17). El apelativo esta ajus- 
tado á las condiciones del meteoro; pero hay una coincidencia 
sobre la cual debe llamarse la atención. El compuesto cuneiforme 

ps <J '*^ P'~P—i ^>— I *^^^^ ^'^^^' corresponde correcta- 

il la ab 

mente á illapa, pues en kechua no se usa la sílaba ap sino pa. 



Chuquilla, trueno, viene de '^ f — jH dug, palabra (19), y de 



illa, luz, rayo ; significa pues palabra del rayo ó de Dios. Cobo 
traduce chukuilla, resplandor de oro (20), lo cual es inaceptable, 
pues no se trata del relámpago, sino del trueno ; y no cabe ningu- 
na duda, pues todos le dan este apelativo. Así Ondegardo dice, 
tratando de los sacrificios « hablando así en las palabras al Chu- 
quiilla ó trueno » (21). 

Katekil ó Katekilla se descompone en Kat, mano, como ya está ex- 
plicado, en <;^| I [> igi, faz (22), y en illa, luz, lo que da « ma- 
no y faz luminosas». La doble terminación il ó illa manifiesta la 
formación sumérica de la palabra. 

Los nombres analizados indican claramente la antigüedad de 
esta idolatría, pues están formados de voces anticuadas y yuxta- 
puestas ó aglutinadas. Poroso los incas, respetando seculares tra- 
diciones religiosas, levantaron en su templo del Cuzco y en los 
principales de su imperio, una capilla para los dioses de la tem- 
pestad (23). 

En esto conservaban la tradición asiática. Las ciencias primiti- 
vas de los súmeros se basaban en la existencia de dos grupos de 
espíritus dominadores del mundo y repartidos por todas partes. 
Los buenos espíritus estaban bajo la dependencia del « Espíritu de 



148 A^ALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

la Tierra» en cuyo interior ó centro residían. Los malos, por el 
contrario, tenían por jefe el «Espíritu del Cielo» donde habitaban. 
Entre los malos espíritus, que llenos de temor invocaban, figuran 
en primera línea los espíritus ó demonios de la tempestad (24). 

Las mismas ideas y los mismos sentimientos tenían los andinos: 
se horrorizaban ante las tempestades, temblaban y aun morían de 
miedo, cuando solos eran sorprendidos por ella en la puna ; y en- 
tonces decían que el muerto había sido sacrificado ó herido por 
Katekilla (2b) . kun en tiempo de los incas temían los indios al 
mismo Cielo y siendo el culto oficial el del Sol, este astro simboli- 
zaba sin embargo para ellos la desgracia. «Lo que comunmente 
todos creían y tenían porte, dice Santillan, es que el que era bue- 
no, cuando moría volvía adonde había venido, que era debajo de 
la tierra, j que allí vivían los hombres y tenían todo descanso ; y 
que el que era muerto por justicia ó hurlaba, ó hacía otros pecados^ 
cuando se moría iba al Cielo, donde hay fuego, y allí pagaban por 
ellos » (26). Un prelado que fué obispo de Trujillo en el Perú, dice 
sobre el particular : «Y creían que cuando la Luna no parecía, iba 
al otro mundo á castigar los ladrones que habían muerto, vicio que 
sobre todos se aborrecía entre ellos. Si sueñan con el fuego y can- 
deladas dicen que les ha de sobrevenir alguna enfermedad grande 
y peligrosa, según la cantidad de fuego que han soñado» (27). 
Cuando en sueños veían el Sol ó la Luna estaban creídos que mori- 
ría alguno de sus parientes (28); y esta preocupación subsiste hoy 
mismo (29). 

Con el trascurso del tiempo se sabe que el culto cambió en Meso- 
potamia, los buenos dioses subieron al cielo, distribuidos en tria- 
das supremas, los principales de ellos. En una aparece Baman, el 
dios de la atmósfera, reuniendo en su persona los atributos de la 
tempestad y de los buenos efectos de su lluvia. Lo representaban 
con una corona de fuego, una hacha en la mano izquierda y el 
símbolo del rayo en la derecha (30). 

Ambrosetti ha publicado la lámina adjunta como una muestra 
inconográfica de la divinidad de Katekil (31) (fig. I). La misma 
ha sido insertada por Quiroga como una imagen del dios del 
aire (32). Dicha figura existe en un huaco de pasta muy fina pro- 
veniente de Santa María y hoy incluido en la colección Quiroga. 
«Las dos figuras, dice Ambrosetti, que cubren ambas mitades del 
puco son iguales y representan un ser fantástico, un monstruo de 
cuerpo diforme, con una cola parada y enroscada sobre si misma,. 



LOS DIOSES DE LA TEMPESTAD 



149 



detrás dei lobo arqueado. La cabeza bien destacada, redonda y al 
parecer rodeada de una aureola de fuego que forma una especie de 
corona plutónica, tiene una expresión de terrible ferocidad^ con la 
boca abierta, mostrando los dientes, con ancha nariz y grandes ojos 
formados por una espiral. Un solo brazo grueso, monstruoso y ter- 
minado por otra aureola de fuego que le da un aspecto de tener 
largas uñas, completa esta figura singular. Todo el cuerpo, lo mis- 
mo que los brazos, está formado por una serie de óvalos de diver- 
sos lamafios, conteniendo en su interior otros óvalos negros, sepa- 
rados de los primeros por una zona blanca. La posición de la figura 
es como si estuviese flotando en el aire y pronta á precipitarse so- 
bre alguien» (33). 

Es indudable el aspecto plutónico de la cabeza, las manos no lo son 



i\-^ *""""'" 




tan claramente, pues los que parecen apéndices flamígeros no son 
sino los cinco dedos de la mano. Para convencerse de esto basta 
ver la figura análoga á la que se trata publicada por Lafone Que- 
vedo y copiada de una tinaja proveniente también de Catamarca y 
á la cual le da él el nombre de Tinaja Blamey (34). 

Los óvalos que forman el cuerpo de la figura representan para 
Ámbrosetti huevos, «y la abundancia de ellos, según el criterio de 
los indios al dibujarlos, no tuvo otro objeto sino el de insistir más 
sobre una idea, de manera que esto nos indicaría que ese personaje 
salió de un huevo y que todo su cuerpo, parte por parte, no se ha- 
bía formado sino de la substancia del huevo » (35). 

Esta interpretación se funda en que, según la mitología índica, 
Katekil salió de un huevo. No creo exacta la interpretación. Los 

P f77 

súmeros usaban como idiograma de tempestad pizid 

f>-L-i_L 




150 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

este signo y el mismo significaba círculo, redondo y en ambos ca- 
sos se pronunciaba mr (36), A mayor abundamiento existía otro 

signo /^v^lT también denominado mir y que significaba vien- 



to (37). La confusión sin la escritura era muy fácil y natural que 
ocurriera, y así los óvalos ó círculos vinieron á ser una representa- 
ción fonética de la tempestad y principalmente del viento. Tan es 
así, que en una olla de barro de Copayán, descrita porQuiroga, 
hay una figura reproducida en la lámina adjunta, que no tiene 
nada que ver con el origen de Katekil j que, sin embargo, tiene 
numerosos óvalos, uno en cada ojo, en la boca y cuatro grandes á 




su alrededor (38). Como todo el aspecto de este ser fantástico corres- 
ponde en un todo á un dios vulcánico y tempestuoso^ es claro que 
los óvalos representan, como se ha dicho, el viento (fig. 2). 

El adorno del borde del vaso de la lámina primera reproducido 
al pie, tiene también su importancia. El signo x varias veces repe- 
tido se asemeja mucho al paleo cuneiforme x correspondiente al 

signo fcfc (39) que entre otros significados posee el de brillar, 

resplandecer, etc. (40). Las rayas verticales lllll si se les distri- 
buye en grupos de á dos guardan una gran semejanza con el paleo 
cuneiforme II símbolo del agua (41). 

El dibujo de la vasija es completo y guarda perfecta armonía. 
Creo que en la parte fundamental, Ambrosetti está en la verdad y 
que muy bien podría ser tan extraño personaje una figuración de 
Katekil, lo mismo digo respecto de la figura de la lámina segunda: 
es también para mí una encarnación de Katekil. 



LOS DIOSES DE LA TEMPESTAD 151 

El mismo cántaro de la figura primera trae pintado un pájaro en 
el interior y es el aquí representado (fig. 3). « Tiene el cuerpo for- 
mado por un óvalo, dentro del cual y separado por una zona blan- 
ca, hay ese otro óvalo negro. Las plumas del dorso y cola erizadas 
tienen también algo deigneo» (42). Debajo de la cabeza y delante 
del pecho hay una serie de circulitos dispuestos alrededor de uno 
central (43). Ambrosetti interpreta este pájaro siguiendo á Brinton 
y ve en él la imagen de Piguerao. Quiroga lo denomina el Ave-Suri 
como « un volátil que surca los altos cielos, como divinidad atmos- 
férica y luminosa, pruébanlo los suris estrellados » (44). 

Los óvalos, su color y el aspecto flamígero del plumaje caracte- 
rizan perfectamente el ave de la tempestad ; y si hasta aquí Am- 
brosetti y Quiroga están en la verdad, luego se apartan de ella por 
que la dicha ave no os ni el dios Piguerao ni un avestruz. En la 




leyenda de Katekil se habla de un ser denominado Guamansuri, y 
este es justamente el apelativo del ave en cuestión. Uuamansuri 
quiere decir « águila brillante » porque Huaman es voz kechua 

que significa águila y suri viene del súmero \ / sur (45) bri- 




llar, deslumhrar. Termina en i porque así pasaba en súmero, como 
lo prueba el ejemplo siguiente: ^ \ // H 1 ^í (-i-S)- 




sur ri 

« Los pequeños circulitos con el otro central situado delante de 
él, parece representar astros ó el sol » (47). No opino así, pues los 
dichos puntos son signos de la unidad (48) en la escritura paleo 
cuneiforme, así es que hay que sumarlos todos y ascienden á diez. 
Lo primero que uno se pregunta es qué significa ese diez (fig. 4 y 5); 
la respuesta es concluyeme. Están dispuestos en círculo los dichos 



152 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



puntos para representar una estrella, porque el nombre del pájaro 
es ave luminosa, y por eso mismo se ve en las dos figuras adjuntas 
la dicha ave llevando en su cuerpo cuatro y cinco estrellas (49). El 
número diez vale en este caso simbólica y fonéticamente. Los dio- 
ses tenían entre los raesopotámicos sus números correspondientes, 
y al dios de la atmósfera con quien se había confundido el del 
fuego, le tocaba el número diez (50). Esta cantidad se dice en sú- 



mero 



<^| ^w« (51) y por ^ igual k, los kechuas leían kun. Ahora 





Fig. i 



Fig. 5 



bien, este vocablo es homófono de ^ ~3^x ¡CZJ^ ^^^^ (^^) fuego, 

(53) y de ^--7- kun (54) brillar, resplandecer (55). 

El águila era una ave sagrada entre los kechuas, Molina (56) 
trae noticias detalladas de su culto ; y los misioneros agustinos ha- 
blando de las idolatrías de Conchucos, refieren que el demonio se 
le aparecía al sacerdote principal, llamado Yulamango, en figura de 
águila'(57). 

El nombre mismo del ave es un argumento incontestable : Hua- 

man viene de P — \-<{ T bag, ave (58), que por ba igual hua y g 

igual m da huam y de \y^-\~- an, cielo (59). iíwaman- quiere decir 

según esto « ave del cielo, ave celeste » (60). 

No discrepa este hecho de las tradiciones asiáticas : en Mesopota- 



LOS DIOSES DE LA TEMPESTAD 153 

mía un disco con alas de águila era el símbolo de Dios y los genios 
benéficos estaban provistos de enormes alas de águila (61). 

Venidos los kechuas á América, se encontraron con el ave de los 
Andes, la cual no pudo destronar al águila pero recibió un nombre 
emblemático, el de Kuntur, que significa literalmente hijo de Kon. 

Katekil erei hijo de Ataguju y Riallepara facilitar su tarea supone 
que debe leerse Atachuchu «Padre de los mellizos»; pero no se 
salva así la dificultad, ya que Chuchu no es en kechua mellizo. 

La explicación es otra. Ata viene de pl^j ^-^ i ^^^^' 

ad da 

padre, Señor (62). Guyu es una sílaba repelida que corresponde en 
la fonética kechua á una h rudamente aspirada ; el origen de la as- 
pirada hu no puede ser otro que el de una g ó una x. En este caso 
corresponde la segunda letra, de manera que huhu ha debido ser 
en súmero xuxu. La repetición es signo de plural y como xu es 
hombre, resulta que ataxuxu es «padre de los hombres». Para 

desvanecer toda duda hay que justificar para el signo t>''|^| ^^ 
el valor hombre en súmero. Es así, por las razones siguientes : 1° el 



-Wvíí 



indicado signo significa hombre en asirio (63) y 2° 
este idiograma quiere decir pueblo, multitud en súmero (64) y 
corno el segundo signo ¡"^"riYT expresa la abundancia, la pleni- 
tud (65) es claro que el primero debe significar hombre. 

Cieza escribeque los antiguos peruanos llamaban á Dios ^rnawm, 
apelativo extraño y que parece equivocado; pero no hay tal cosa, 
pues pertenece al grupo de ad, padre, por trueque de la d en r. De 

ffcT fcl de ub por b igual m viene um, región celeste (66), y como 

na es la preposición, se tiene que Arnaum es literalmente «padre 
del Cielo» (67). 

En honor de Atahuhu «tenían grandes corrales y estos tenían 
por una parte la pared muy alta y tenían dentro unos hoyos donde 
hincaban unos palos para hacer las fiestas, y en medio ponían 
uno y revolvíanle con paja y atábanla y el que había de sacrificar 
subía encima del palo, vestido de unas vestiduras blancas y mata- 



154 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ban un Coi y ofrecían la sangre á Ataguju y él comíase la carne y 
otros mataban ovejas y echaban la sangre al palo» (68). 

Llama la atención este palo a! cual se le echaba la sangre ele la 
víctima ; esto quiere decir que era considerado como una represen- 
tación de la divinidad. Costumbre añeja era esta y que se conservó 
por tradición ; en el santuario del templo de Pachakamak no había 
en representación del dios sino un palo mal labrado é incado en la 
tierra, muy sucio y hediondo (69). La causa de esta práctica creo 

que se originó en que el signo ^IIllj:— 1 "'^^ incluido en el nombre 

de dios expresaba también la voz madero (70). 

Tócale su turno á Piguerao que, como ya se ha dicho Ambrosetti 
siguiendo á Brinton (71), lo confunde con el ave que se acaba de 
tratar. Desde luego hay que fijarse en que Kaíu, mano de fuego, es 
el relámpago; Illapa, luz continuada, el rayo; Chukuilla, voz de 
Dios ó de la luz, el trueno y Katekilla, mano y faz de luz. Falta, 
como se ve, el granizo y Piguerao se refiere á este fenómeno. Viene 

de ^yy ^ — ,9'6^ (72), brillar; la sílaba gue es la pronunciación 

suave de la g en castellano, de manera que en súmero, donde esta 
letra se cambia fácilmente con m por su sonido dulce, debe escri- 
birse simplemente ge. Esta palabra correspondería á j | ^ ■ | 

gi (73), príncipe. Rao es granizo (74) y así Piguerao equivale á 
«Príncipe brillante del granizo». 

Es indispensable hacer una ligera disertación sobre la voz Rau. 

Los Súmeros expresaban la lluvia con el ideograma ^ p r^T~ 

que significa | [7 agua del ])— ■^. — I— cielo y se lee sig, lluvia. De 

sig por s igual cli, i vocal invariable, g igual k y repitiendo la voz 
han formado los kechuas chtkchi, granizo, con elisión de la última 
consonante (75). Los andinos le han dado al mismo ideograma otra 
lectura ; el signo de cielo lo han leído sa (76), que por s igual r da 
ra ¡ y cómo u es agua, han hecho por u igual o, rau, agua del cie- 
lo, y han llamado así el granizo 1 (77) 

Volvamos al mito primitivo. Los guachemines, que Rialle califica 
de tenebrosos, son para él y para Ambrosetti las nubes de la tor- 



LOS DIOSES DE LA TEMPESTAD 155 

menta (80). Soy de la misma opinión y voy á confirmar el juicio de 
Rialle y de Ambroselli. El estudio filológico de la palabra da la clave 
de todo. 

> V 

tXj bad, elevación, altura (81) por ba igual hua, d 




igual ch y la vocal eufónica final da guache. <. I ^i, 

Ni ^S> — 

obscuridad, tinieblas (82) no ha sufrido variación; nes igual mes 

Y IW^ W~ es signo de plural (83) y del conjunto resulta que Gua- 

chemines igual Huachemines , vale por obscuridad, tinieblas de la 
altura, del cielo. 

Es el momento de hablar de la lluvia. Los kechuas la llamaron 

para, voz que se compone de \ par, blanco, brillante (84) y de 
a, agua (85), agua clara, pura, brillante. En la escritura cu- 
neiforme el solo signo AY tiene el valor fonético bar ó par leído 

por los kechuas para y así ese signo, ideograma de día, era el fone- 
ma de lluvia para los kechuas. En la escritura paleo cuneiforme el 

signo de que se trata esta representado por <í y (86) que venía á 

ser como ideograma el día y por su valor fonético bar, la lluvia, 
por eso se ye en muchos cántaros, correspondientes indudable- 
mente á agua, reproducida esta figura (fig. 6). Puede verse en la 
lámina adjunta la dicha figura alternando con cruces que tienen 
el mismo significado. 

Otro signo cuneiforme de hechura, muy fácil también fué adop- 
tado por los indios para expresar lluvia ; se trata de p — 1~ bar (87) 

y como su paleo cuneiforme es una cruz + (88), esta resultó con 
el tiempo un ideograma de lluvia, habiendo sido en su origen sim- 



156 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

plemenle un fonema. No se necesita poner más figuras para demos- 
trar que la cruz es signo de lluvia ; muchos americanistas lo han 
dicho y en el caso presente Quiroga j Ambrosetti lo han probado 
hasta la evidencia. 

Debe hacerse presente que en el paleo cuneiforme usado por los 
súmeros para expresar lluvia, forma parte del ideograma la cruz 
(89). 

Atahuhu mandó á Katekil al cerro Ipuna (90) y este nombre se 
refiere también á lluvia, Ippu en kechua (91). El origen de esta 



palabra es 







ib (92), región celeste y de >C3Ij 1 I tZ 
u, agua (93). Ha inQuído la voz asiria ibbu, blanco, puro, brillan- 




Fig. 6 



te (94) homófona de la anterior y que para corroborar más su in- 



fluencia se escribe con 



6ar (95), expresión de lluvia para 



los andinos. 

También se halla relacionada la serpiente con el mito de la tem- 
pestad (96), hecho sobre el cual han llamado la atención muchos 
americanistas y sobre el cual se han expedido bien, respecto del 
Perú, Polo y Ambrosetti (97). Pero ninguno de ellos señala las cau- 
sas de la adoración de este reptil en sus relaciones con la tempes- 
tad, de las razones generales relativas al rayo y al movimiento de la 
serpiente no han pasado. Voy á darlas detalladamente. Amar, cule- 
bra en kechua y aimará, se compone de Y^Z^^T^iK L?~i ^ 
permanecer, habitar, amar (98) y de <| m, tierra, suelo (99). El 
signo <w I \ ^ amar, brillante, esplendente, brillo, esplendor 



LOS DIOSES DE LA TEMPESTAD 



157 



(100) es homófono del anterior y pone de manifiesto el parentezco 
de la serpiente con' los fenómenos luminosos, corroborado por la 
semejanza existente entre el movimiento tortuoso de reptil y las 
lineas onduladas con que se representaba la luz en la primitiva 
escritura cuneiforme (101). En Caldea, la culebra era la represen- 
tación de Ea, el abismo de las aguas, y de allí su gran papel en la 
vida de ultratumba (lor). En muchos cántaros sacados de tumbas 
en Catamarca, se ha visto que las figuras pintadas en ellos tenían 
en lugar de ojos cabezas de serpientes (102). Mucho se han esforza- 
do Ambrosetti y Quiroga por hacer luz sobre el particular, pero el 
resultado no ha sido completamente satisfactorio. Amaru, serpien- 
te, tiene en asirio por homófono el verbo Amáru, que significa ver 




Fig. 7 



y á amaru que vale por « ser muerto » (103). La explicación escon- 
cluyentey á mi ver muestra que el culto de la serpiente ha sido 
también de origen asirio. 

Toca tratar ahora otro punto que no se puede pasar en silencio: 
los amuletos de carácter mixto, ofidio y fálico, estudiados por Am- 
brosetti, quien, con bastante juicio, los califica de simbólicos de 
la lluvia benéfica y fecundadora (104). Como explicación general, 
no se puede pedir más, pero falla señalar el papel que juega el falo 
en este caso. 

Para esto, es indispensable estudiar una figura copiada de un 
cántaro peruano, por Squier (105), y calificada por él de «dios del 
aire» (fig. 7). No son interpretaciones las que faltan ; por el momento 
recuerdo la de López, quien cree que la dicha figura representa á 
Topa-taruca (el ciervo ardiente) uno de los signos del Zodiaco (106); 



158 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

y la de Lafone Quevedo, que la juzga fálica, j en este concepto la 
relaciona íntimamente con el culto de Tojiapa (1 01). Francamente 
no estoy de acuerdo con ninguna de ellas. Desde luego salta á la 
vista por la posición de la figura en el aire, que es un ser que 
vuela, y por eso la ha calificado de aérea, Squier. Pero la cara con 
la lengua serpentiforme, los atributos que lleva en la mano dere- 
cha y la masa ó cetro de la izquierda, así como la cola ondeada á 
guisa de serpiente, prueban que se trata de un ídolo relacionado 
con el aire y el fuego, es decir con la tempestad. El falo colosal que 
lleva en el cuello parece completamente incongruente; pero se re- 
fiere á Katekil como un dios bueno, que da la lluvia fecundante 
que cubre la tierra de flores y frutos. Es por esta íaz que se explica 

la presencia del falo. Su nombre en súmero es y "^V i us (108) y 

significa á la vez miembro viril y fructificar. Esta aceptación es la 

que conviene en esta circunstancia especialísima. Para desvanecer 

cualquiera duda, lleva el ídolo cuatro signos iguales sobre una 

línea horizontal en el centro del cuerpo, los que corresponden al 

^ <I <1 <l 
paleo cuneiforme ^ ^ ^^ (109) el cual significa protección, 

beneficio, grano, cereal (110). La semejanza no es absoluta porque 
los andinos se han contentado con señalar simplemente cuatro se- 
millas por todo símbolo, prescindiendo de la forma triangular. En 
el falo ofídico de Ambrosetti (1 11), como puede verse en la lámina 
adjunta, están marcados los campos de sembrío con sus canales de 
irrigación, lo cual ratifica la interpretación dada (fig. 8). 

No se crea por esto que yo niegue la existencia del culto fálico en 
el Perú primitivo. 

Quiroga, en su última é interesante obra, siguiendo á Rialle y 
Brinton, ha llamado la atención sobre la existencia de cántaros ó 
de vasos en las manos de los ídolos emblemas de la tempestad, 
ilustrando la materia con citas oportunas y con numerosas figuras 
(112). En efecto, las piezas cerámicas reproducidas por el escritor 
argentino no dejan lugar á duda y con el complemento de lo que 
trae Garcilasso, en un cantar traducido por el dicho escritor Qui- 
roga. Me limito, pues, á confirmar lo dicho por Quiroga y á expo- 
ner como he hecho antes la causa de este hecho. Vasija, cántaro, se 



dice en súmero k¡ \/ bur y significa á !a vez agua corriente, 




LOS DIOSES DE LA TEMPESTAD ' i 59 

río (113). En el primer sentido ha dado en kechua puru, de bur, 
vasija y R^ — ] \]^ — ^^' ''^^^^ (IH), literalnfienle vasija para 
agua, cántaro de ag'iia. Olla, vasija, cántaro se dice también en 
súmero fciij[4^ cÍM(/ (115) que suena en kechua chuc y viene á 
ser así homóíbno del calificativo del trueno. Más, estas dos coin- 





cidencias no son sino causas coadyuvantes ; la eficiente es que 
/(v\ ^rr ^^^^ significa en súmero á la vez cántaro y tempes- 
tad (116). 

Para concluir voy á tomar en cuenta dos nombres del rayo que, 
aunque conservados por autores fidedignos y competentes, parecen 
por su forma, tan distante de la de las voces kechuas, vocablos 
equivocados. Libir lo llama Domingo de Santo Tomás (1 1 7) y Dibiak 
lo denominan Ondegardo y Viilagomez (118). La primera voz es 



160 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 




súmera pura ^^^Z!^ f | \^^^^- \ ^^bir que vale por príncipe, se- 
ñor (119), y la segunda está formada por una contracción de la an- 



terior y la palabra ^--4 y ag, fuerte, elevado (120) ; calificativos 

ambos que corresponden perfectamente al rayo, señor de la tem- 
pestad, poderoso señor, llamado así por antonomasia. 

Creo haber suministrado un conjunto de datos importantes y 
nuevos, por una parte, y por otra una nueva prueba justificativa 
de la exactitud de mis doctrinas. 



bibliografía 



1. HoMMEL, Sumerische, Lesestücke, número 268. 

2. Brunnow, a classified list of all simple and compound cimeiform ideo- 
graphs, número 7063. 

3. Delitzsch, Assyrisches, Handworterbuch, página 598. 

4. Lenormant, Éiudes accadiennes, tomo 1°, 3" parte, número 222. 

5. PiNCHS, Texts, part III, página 124. 

6. Lenormant, La langue primitive de la Chaldée, página 56. 

7. Brunnow, obra citada, número 4849. 

8. Delitzsch, obra citada, página 59. 

9. Brunnow, obra citada, número 423. 

10. Idolatrías de Conchucos en Colección de documentos inéditos del Archivo 
de Indias, publicados por Torres de Mendoza, tomo 3°, página 5 y siguientes. 

11. GoNZALES HoLGUiN, VocabulaHo Qquichua. 

12. GoNZALES HoLGUiN, Vocabulavío citado. 

13. GoNZALES HoLGUiN, Gramática Qquichua, libro 3°, capítulo 2" párrafo 
XXXVI . 

14. líOMMEL, Sumerische, etc., número 427. 

15. Brunnow, obra citada, número 4847. 

16. Bertonio, Vocabulario Aymará. 

17. GoNZALES HoLGUiN, Gramática, citada. 

18. Brunnow, obra citada, número 4851. 

19. HoMMEL, Sumerische, obra citada, número 14. 

20. Historia del Nuevo Mundo, tomo 3'. 

21. Instrucciones sobre las idolatrías de los indios, capítulo VI, en el Confes 
sionario, Lima, 1585. 



^LOS DIOSES DE LA TEMPESTAD 161 

22. HoMMEL, Sumerische, etc., número 351 ; Brunnow, obra citada número 
9259. 

23. ÜARCILASSO, Comentarios Reales, 1° parte ; Cobo, Historia del Nuevo Mun- 
do, tomo 3° ; Velazco, Historia del Reyno de Quito, tomo 1°; etc. 

24. HoMiMEL, Historia de Asiria en Historia Universal de Oncken, tomo 1". 

25. Ondegardo, Instrucciones, citada. 

26. Tres relaciones de antigüedades peruanas. 

27. Reina Maldonado, El perfecto prelado. 

28. Reina Maldonado, El perfecto prelado. 

29. LoRENTE, Costumbres del indio. 

30. HoMMEL, Historia, citada ; Maspero, Histoire des peuples de l'Orient, 
tomo 1° ; Lenormant, Histoire Ancienne de VOrient, tomo 5°. 

31. Notas de arqueología Calchaquí, página 83 y siguientes. 

32. La cruz en América, página 79 y 80. 

33. Ambrosetti, obra citada, página 83. 

34. Las Huacas de Chañar Yaco en Revista del Museo de La Plata, tomo 3'. 

35. Ambrosetti, obra citada, página 92. 

36. HoMMEL, Sumerische, etc., número 261 ; Ledrain, Dictionnaire de la lan- 
gue de Vancienne Chaldée, página 306. 

37. HoMMEL, Sumerische, etc., número 304. 

38. QuiROGA, La cruz en America, página 99 y 100. 

39. Lenormant, Études, obra citada, número 234. 

40. IIoM3iEL, Sumerische, etc., número 311. 

41. Menant, Manuel de la langue assyrienne, página 24. 

42. 43 y 44. Ambrosetti, Notas, citada, página 84 y 92. 

45. HoMMEL, Sumerische, etc., número 92. 

46. Brunnow, obra citada, número 2961. 

47. Ambrosetti, Notas, citada, página 92. 

48. Halevy, Revue Senitique, 1897, en la parte bibliográfica. 

49. QuiROGA, La cruz en América, página 154, 155 y 156. 

50. M ÁSPERO, Histoire, citada, tomo 1°, página 673. 

51. HoMMEL, Sumerische, etc., número 310. 

52. Brunnow. obra citada, número 4571. 

53. HoM.uEL, Sumerische, etc., número 155. 

54. Brunnow, obra citada, número 5562. 

55. HoMMEL, Sumerische, etc., número 211. 

56. Fábulas y ritos de los Incas. 

57. Documentos inéditos del Archivo de Indias, tomo 3°. -Zulamango es pri- 



m 



er sacerdote : zula viene de ^"- p^- rT— — ^ gula, primero, grande. (Le 






u 



drain, obra citada, página 95). 

58. Brunnow, obra citada, número 2047 ; Hommel, Sumerische, etc., núme- 
ro 66. 

59. Hommel, Sumerische, etc., número 13. 

60. Los otros valores de bag dan en kechua paka, águila ; huakamayu y 
Huachhua, apelativos de aves. 

AN. SOC CIENT. ARG, — T. LI 11 



162 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

61. Lenormant et Babelon, üistoire, citada, tomo 5°. 

62. Brunnow, obra citada, número 4165 ; Hommel, Sumerische, etc., número 
138. 

63. Brunnow, obra citada, número 2051 ; Delitzsch, obra citada, voz Amelu. 

64. Ledrain, obra citada, página 228. 

65. Hommel, Sumerische, etc., número 104. 

66. Ledrain, obra citada, página 178. 

67. Cieza de León, del señoría de los Incas. 

68. Relación ya citada de los misioneros agustinos. 

69. Estete, Su relación en Jerez, Conquista del Perú. 

70. Hommel, Sumerische, etc., número 138. 

71. Ambrosetti, Notas, citada, página 92, 

72. Brunnow, obra citada, número 7506. A Pi le corresponde en asirio Kaka- 
siga. 

73. Ledrain, obra citada, página 73- 

74. ViLLAGOMES, Carta pastoral ya citada. 

75. Eom.MEL, Sumerische, etc., número 440; Gonzales Holguin, vocabulario 
citado. 

76. Brunnow, número 424. 

77. Lo mismo ha pasado en Aymará, Kunu, nieve, se ha formado por z igual 
k, de Zunnu, lluvia en asirio (Bektonio, vocabulario citado) ; Delitzsch, obra 
citada. 

80. Ambrosetti, Notas, citada, página 86. 

81. Hommel, Sumerische, etc., número 145. 

82. Hommel, Sumerische, etc., número 324. 

83. Lenormant, La langue primitive, etc., página 136. 

85. Hommel, Sumerische.^ etc., número 286 ; Ledrain, obra citada, página 400. 
81. Hommel, Sumerische, etc., número 440. 

86. Lenormant, Études, citada, número 425. 

87. Brunnow, obra citada, número 1722. 

88. Lenormant, Études, citada, número 69. 

89. Menant, Manuel, citado, página 28. 

90. Relación de los Padres Agustinos en Documentos inéditos del Archivo de 
Indias, tomo 3°. 

91. Gonzales Holguin, Vocabulario, citado. 

92. Hommel, Sumerische, etc., número 401. 

93. Ledrain, página 172. 

94. Muss Arnolt, Assyrisch-Englisch-Deutsches. Handwórterbuch, página 4. 

95. Brunnow, obra citada, número 1754. 

96. Ambrosetti, Notas, citada, página 171. 

97. Polo, La Piedra de Chavin, Lima, 1900. 

98. Ledrain, obra citada, página 21 á 22. 

99. Ledrain, obra citada, página 176. 

100. Ledrain, obra citada, página 21. 

101. HALEVr, Revue Senitique, 1897, parte bibliográfica. 
lOr. Lenormant, La magie chez les Chaldéens, página 207. 

102. Ambrosetti, Notas, citada, página 172. 

103. Muss Arnolt, obra citada, página 59 y 60. 



LOS DIOSES DE LA TEMPESTAD 163 

104. Notas citadas, página J70. 

105. Squier, Travel and exploration of the lancl of Ihe Incas, página 188. 

106. Deíix letlres a propos d'archénlogie péruvienne, página 20 y siguientes. 

107. Revista del Museo de La Plata, tomo 3°. 

108. IloMJiEL. Sumesrische, etc , número 181 ; LEortAiN, obra citada, página 200. 

109. Lenormant, Eludes, citada, número 348. 

110. Ledrain, obra citada, página 437. 

111. Notas citadas, página 170. 

112. La cruz en América, página 157 á 162. 

113. EoMMEL, Sumeris che, etc., número 263; Ledrain, obra citada, página 
51 y 52. 

114. Ledrain, obra citada, página 172. 

115. HojiJiEL, Sumerische, etc., número 226. 

116. HoMMEL, Sumerische, etc., número 304. 

117. Vocabulario Qquechua. 

118. Informaciones, citadas ; Carta pastoral, citada. 

119. Ledrain, obra citada, página 276 ; Hommel, Sumerische, etc., número 262. 

120. Ledrain, obra citada, página 9. 



ARQUEOLOGÍA ARGENTINA 

NOTICIAS 

SOBRE LA 

ALFARERÍA PREHISTÓRICA 

DE SANTIAGO DEL ESTERO 
Por JUAN B. AMBROSETTI 



La primer noticia sobre la alfarería prehistórica de Santiago del 
Estero fué dada por el doctor Germán Burmeister en una nota nú- 
mero 36 de su Descripción física de la República Argentina (1) en 
la que refiriéndose á las urnas funerarias halladas en las Islas si- 
tuadas entre los brazos del Río Paraná, dice : que se han hecho, 
hallazgos semejantes en Santiago del Estero y Tucumán. 

M᧠tarde el doctor Florentino Ameghino (2) trae noticias más 
explícitas en los siguientes párrafos : 

« En la provincia de Santiago del Estero se han encontrado repe- 
tidas veces grandes urnas funerarias pintadas de colores variados, 
conteniendo esqueletos humanos, acompañados depequeños vasos, 
platos de barro, y numerosos objetos de piedra ; pero en el mayor 
número de casos^ estos restos preciosos para el estudio de las po- 
blaciones primitivas, de esos puntos, se han perdido completa- 
mente para la ciencia. 

«Algunos, sin embargo, han llegado á manos del señor Moreno, 
quien ha formado una notable colección de objetos de Santiago, 
cuyo estudio arrojará seguramente mucha luz sobre la grave cues- 
tión de las civilizaciones que ahí pueden haberse sucedido». 

(1) Tomo I, página 126. 

(2) La antigüedad del hombre en el Plata, tomo I, página 518. 



NOTICIAS SOBRE LA ALFARERÍA^PREHISTÓRICA 165 

El doctor Francisco P. Moreno en 1882 (1) complementa los da- 
tos del señor Ameghino y nos habla de la importancia de la Alfa- 
rería santiagueña bajo el punto de vista artístico con estas palabras : 
« En Santiago del Estero vivió un pueblo dotado de un sentimiento 
artístico muy avanzado; la alfarería allí es aún más fina, más ele- 
gante, que las de Troya y Micenas en la Grecia antigua^ sus colo- 
res persisten con una viveza admirable » (2). 

Con estos antecedentes pasaremos á ocuparnos de algunos pocos 
elementos deque podemos disponer á fin de aumentar con nues- 
tro escaso contingente los conocimientos que se tienen sóbrelas 
antigüedades santiagueñas, lo que esperamos sirva de suficiente 
aliciente á los estudiosos para dirigir sus investigaciones hacia esa 
región de nuestro suelo aun virgen de cosechas arqueológicas. 

En 1898, durante un rápido viaje que hice á la ciudad de Santia- 
go del Estero por cuestiones ajenas á mis estudios arqueológicos, 
tuve ocasión de hacer una pequeña excursión al lugar llamado 
Tarapaya, gracias á la amabilidad del señor Manuel Maldonado, 
poseedor de una finca en ese lugar. 

Tarapaya es un punto situado á unos seis kilómetros al noroeste 
de la ciudad de Santiago sobre un terreno elevado m4s ó menos 
cinco metros de la misma y que domina el río Dulce. 

En las partes del terreno lavadas porlas aguas, ó playas como se 
les llaman, hállanse á trechos innumerables restos de alfarería, 
rolos en pequeños fragmentos debido al pisoteo del continuo andar 
del ganado. 

De estos fragmentos recogí una gran cantidad, de los que he se- 
leccionado los que pasaré á describir más adelante. 

Allí mismo hallamos tres urnas de barro negro, liso, y bastante 
toscas con unos apéndices salientes redondeados y cortos en vez de 
asas; lastres urnas contenían restos de niños ya muy destruidos. 

(1) El origen del hombre Sudamericano . Anales de la Sociedad Científica Ár- 
gentina, tomo XIV, página 216. 

(2) No conozco la coleccióa dp antigüedades santiagueñas á que hace referen- 
cia el doctor iMoreno y que supongo debe estar depositada en el Museo de La Pla- 
ta ; la que es de desear sea publicada por su director una vez que termine sus 
patrióticas y beneméritas funciones de perito argentino en la cuestión de límites 
con Chile. 



166 



ANALES DÉ LA* SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 






1%- 5 




■ny. 




15 



¡h 






i 




h 




ib 



FiG. 1. — Fragmentos de Tarapaya 



NOTICIAS SOBRE LA ALFARERÍA PREHISTÓRICA 167 

Una de estas urnas estaba abrazada y perforada por las raíces de 
un viejo algarrobo, loque puede dar una ¡dea de su antigüedad. 

Las asas que se hallan en las urnas son salientes, anchas, grue- 
sas y cortas, sin dejar agujero entre ellas y la pared del vaso; en 
otras son substituidas por un relieve en forma de herradura, cuyo 
arco es masó menos cerrado según los casos como en el fragmento 
(figura ], número I) lo que se puede considerar más bien un 
adorno. 

Un pedazo de borde de factura tosca, muestra una protuberan- 
cia saliente con un gran agujero que no llega al otro lado, y sobre 
esto, otras protuberancias más pequeñas, parece que hayan queri- 
do representar una cabeza tosca de animal con la boca abierta, lo 
que no sería extraño, pues adornos iguales son muy comunes en 
las alfarerías calchaquinas. 

Algunos restos de bordes nos muestran poca variación en los 
mismos : en general han sido lisos y poco inclinados hacia 
afuera. 

Un solo ejemplar hace excepción, estando doblado casi en án- 
gulo recto; otro presenta en toda su extensión, sobre su parte su- 
perior, pequeñas escotaduras, unas al lado de otras, y parece ha- 
ber pertenecido á un puco sin pinturas ni otros adornos. 

Como grabados sobre las paredes, poco de notable puede descri- 
birse : hay fragmentos con su superficie externa, densa y comple- 
tamente rayada con líneas que se cruzan en ángulo recto. Estos 
ejemplares son toscos y gruesos. 

Otros de pasta más fina muestran bandas en relieve, angostas 
y llenas de escotaduras verticales, y en un ejemplar estas bandas 
son muy delgadas sin escotaduras (figura 1, números 15 y 16). 

Un pequeño fragmento de borde liso (figura \ , número 2) al pa- 
recer de un pequeño puco, de pasta fina, rojo, pulido en ambas 
caras y con una faja negra pintada en la externa, muestra un agu- 
jero cerca del borde mismo, á un centímetro. 

Este agujero ha sido perforado de afuera para adentro, de modo 
que en la cara interna aparece de un diámetro la mitad menor 
que en la externa. 

Que haya sido un simple agujero de suspensión, me parece poco 
creíble, pues no permite pasar por él sino un hilo muy delgado 
inadaptable para ese objeto. 

¿No será más bien lo que ha indicado el señor Ten-Kate, de los 
fragmentos agujereados de los valles Calchaquíes, es decir, un 



168 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

modo especial de matar la alfarería por perforación coqio entre los 
Shiwis ó Zuñís? (1). 



Alfarerías rojoy negro.— De esta serie he recogido los fragmentos 
más variados en cuanto al espesor, grado de cocción, pulido y pin- 
tura. 

Hay fragmentos desde pocos milímetros de espesor, de pasta ho- 
mogénea, fma y de aspecto de loza, pulidos en ambas caras, hasta 
otros toscos de un centímetro de grueso, mal cocidos y sin pulido 
alguno. 

Los escasos ejemplares con borde, muestran éste casi siempre 
recto, y en algunos poco salido hacia afuera. 

El color rojo es casi siempre vivo, de aspecto de sangre, más 
brillante naturalmente en los ejemplares pulidos. 

El color negro ha sido aplicado en fajas ó líneas sobre el rojo, 
con una variedad infinita en cuanto al ancho y disposición de las 
mismas. En algunos, las líneas son finas y delicadamente traza- 
das en sentido horizontal : una, dos, tres, cuatro y aún cinco y 
separadas entre sí por trechos variables. Otras veces estas líneas 
son onduladas ó muestran en su borde inferior una serie de picos. 

Varias piezas muestran un dibujo reticulado de líneas negras grue- 
sas ó delgadas, que parece haber cubierto por completo al objeto. 

En otros ejemplares, las líneas se hallan diagonalmente pintadas ; 
ó formando círculos ó cuadrados concéntricos. 

Muchas vasijas han sido decoradas exterior é interiormente, y 
algunas otras sólo en una parte; de las primeras citaré un frag- 
mento con líneas finas afuera y círculos concéntricos al interior ; 
ó con líneas gruesas negras exteriormente, mientras que al inte- 
rior, el negro cubre casi toda la pared, dejando aparecer dibu- 
jos de lineas rojas, finas, diagonales, círculos, etc. 

En los valles calchaquíes, cuenca de Londres, se halla alfarería 
igual. Poseo un precioso vaso cilindrico, rojo, y decorado de ne- 
gro, con los mismos tonos de estos fragmentos de Santiago, que 
hallé en Saujil, cerca de Pomán (provincia de Catamarca). 



(1) Rapport somaire sur une Excursión Archéologique dans les Provinces de 
Catamarca, de Tucuinan et de Salta. Revista del Museo de la Plata, tomo V, 
página 348. 



NOTICIAS SOBRE LA ALFARERÍA PREHISTÓRICA 169 






Alfarerías blanco y negro. — Algunos pocos fragmentos nos mues- 
tran el empleo de estos dos colores casi siempre en el interior 
de las vasijas, uno de ellos sólo está pintado con ambos exterior- 
mente, los restos que quedan hacen suponer que la vasija tenía 
una orla ó más de grecas : el interior es tosco. Un fragmento de 
borde, al interior, presenta, cubierto de una capa blanca, ras- 
tros de una greca grande negra, á pesar de estar muy borrado; 
otro una serie de diagonales finas negras y el exterior comple- 
tamente negro. 

Finalmente, el fondo de una pequeña vasija, exteriormente tos- 
ca, tiene el interior blanco cubierto de líneas negras, formando 
seguramente cuatro grupos de grandes ángulos concéntricos que 
se tocan por sus vértices, y cuyos lados terminarían quizá en el 
borde del objeto, (fig. 1 , número 3) 






Alfarerías blanco y rojo. — Fuera de un fragmento en que apa- 
rece un dibujo reticulado de líneas finas rojas sobre fondo blanco 
al exterior (fig. 1, número 4), los demás muestran el empleo de 
estos colores sólo al interior. Todas estas alfarerías han sido exte- 
riormente rojas pero lisas, de pasta fina, y bordes rectos y 
tamaño pequeño : su forma en general parece haber sido la de 
pequeños platos ó pucos. 

Sobre fondo blanco mate, se ven fragmentos con el mismo di- 
bujo reticulado, anteriormente citado; otros con indicación de 
círculos aislados ; otros con paralelas perpendiculares al borde, 
en gran cantidad; y en otro, tres paralelas finas horizontales se- 
guidas de una horizontal ondulada y muy separada de ésta, otra 
linea gruesa horizontal. 

Sobre fondo rojo, los fragmentos que poseo son muy pocos, pero 
muestran líneas pequeñas blancas que se cortan, ya sea en el 
mismo punto ó alternativamente (fig. 1, número 5). 






Alfarería negro, rojo y blanco. — A juzgar por los pequeños frag- 
tos que hemos recogido en Tarapaya, los objetos de alfarería ador- 



170 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

nados con estos tres colores debían ser tan alegres y bonitos 
como sus congéneres calchaquíes de la cuenca de Londres y Tino- 
gasta (I) y los elogios que el doctor Moreno ha tributado á los 
especímenes santiagueños, se ve que han sido justos. 

Las pinturas han sido ejecutadas indiferentemente al exterior 
como al interior de los objetos; en el primer caso, el interior es ge- 
neralmente liso, rojo y desprovisto de otras pinturas; — en el se- 
gundo, la parte externa es rojo intenso, pulida, y dibujada con 
una faja negra. 

Los bordes son lisos, casi perpendiculares, ya hayan pertene- 
cido á vasos cilindricos, á pequeños pucos ó á vasijas también 
pequeñas. 

Los dibujos más elementales son:1° sobre fondo rojo ladrillo 
fajas paralelas y alternadas, negra, blanca y roja, en sentido hori- 
zontal exteriorraente (íig. 1 , número 6) ; 2° sobre fondo blanco 
rayas finas de dos ó tres milímetros, perpendiculares a.l borde y 
radiales al fondo del puco, interiormente, en grupos de á tres, 
rojas, alternadas con otros grupos iguales negros (fig.l, número?); 
3° sobre fondo blanco interiormente rayas gruesas horizontales de 
un centímetro, negras, alternadas por dos rojas, á su vez alternadas 
con otras blancas algo más angostas (2). 

4° Fragmento de borde, pinturas externas, fondo blanco, gruesa 
faja negra de uno y medio centímetros, y en seguida, también ho- 
rizontalmente dispuestas, fajas de un cuarto de centímetro en el 
siguiente orden : blanca, roja, blanca, roja, blanca, negra, blan- 
ca, negra, blanca, roja, blanca, roja(fig. 1, número 8). 

Perpendiculares ú horizontales, los dibujos varían según como 
han alternado estos colores, su mayor ó menor intensidad, el 
grueso de las fajas, el fondo sobre el cual han pintado, etc. 



Viene ahora una serie de fragmentos en que estos mismos tres 
colores han servido para reproducir al infinito y con mucha va- 
lí) véase las magníficas planchas en colores de cerámica calchaquí editadas 
y repartidas á pocas personas por el Museo de La Plata ; pero aún no publica- 
das. Principalmente la que contiene los números 1 á 14. 

(2) Hay que advertir que el color blanco es siempre mate, y por muchas cau- 
sas toma un tinte amarillento ante ó amarillo, y el negro tiene á veces tonos 
azulados. 



NOTICIAS SOBRE LA ALFARERÍA PREHISTÓRICA 171 

riedad, el dibujo adjunto de una ollila de Santa María (fig. 2), 
dibujo que se repite mucho en los objetos calchaquíes, pintados, 
y de pequeño tamaño (fig. 1 , números 9, 10 y II). 

Se trata de dividir el objeto en varios campos en sentido verti- 
cal, generalmente dos ó tres, y cada uno de estos campos en otros 
dos en sentido diagonal, por medio de rectas ó líneas onduladas. 
Estos campos opuestos están uniformemente cubiertos de color rojo 
el uno y de negro el otro, y las líneas onduladas que los dividen 
participan del mismo color del campo, según el lado á que perte- 
nezcan. , 

Estos campos de color tienen una forma más ó menos triangu- 




FiG. 2. — Santa María (Prov. Catamarca; 

lar, y dentro de ellos, cerca de su base, presentan una figura cir- 
cular con otros círculos al interior. 

Esta figura es muy característica en la alfarería calchaquí,y 
estos elementos fundamentales que acabo de describir, persisten 
con rara tenacidad en un sinnúmero de objetos, á pesar de estar 
rodeados por muchas y diversas figuras, también de líneas ya on- 
duladas ó ya rectas. 

Algunas veces hay espacios entre estos campos donde los colores 
están dispuestos en fajas alternadas, rojas ó negras. Estas fajas 
son gruesas y su interior presenta una serie de pequeñas líneas al- 
ternadas, del color de la vasija ; es decir, que el pincel no ha he- 
cho masque contornearlas con cuidado, rellenando el resto de pin- 
tura (íig. 1, número 12). 



172 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



llnaollita de otra forma, pero con este mismo dibujo, ha sido publi- 
cada por el doctor H. D. Hoskold en los Proceedings ofthe Cotteswold 
Club en 1892 (I) bajo el número 1 con la siguiente descripción : 
« Vaso pintado en rojo y negro y con lineas en zig-zag, encontrado 
en una lumba india en los alrededores de Gualfin (Catamarca) ». 
El doctor Hoskold en esa publicación, con la idea deque estos obje- 
tos podían pertenecer al tiempo de los Incas, ha creido ver en los 
zig-zag una representación de los rayos del sol, y para explicarse 
esto ha supuesto que todos los objetos que se relacionan con los 
Incas, debían llevar los emblemas solares, pero que cuando el sol 
mismo, por falta de espacio, no podía ser representado, los indios 
figuraban partes de él, como en este caso, los zig-zag que atravie- 
san al objeto, y que él cree equivalen á los rayos angulares del sol. 

Nosotros no nos adherimos á este modo de pensar, por las razo- 
nes expuestas en todos nuestros trabajos, en los que negamos la 
influencia Incásica en las viejas civilizaciones calchaquinas. 

En cuanto á la parte artística de esta ollita, el doctor Hoskold 
reconoce que es de muy buena clase, y que por esto debe haber per- 
tenecido á un jefe de tribu. Nosotros agregaremos que estas piezas 
son mucho más abundantes de lo que se supone, y que, como he- 
mos dicho ya, son características de la región de los valles de Lon- 
dres, Tinogasta y anexos, y también de Santiago del Estero. 



Entre todos los fragmentos hallé dos cuya factura es más primi- 
tiva, á pesar de persistir sus colores. La mano del artista no ha sido 
cuidadosa, ni experta. Uno de ellos (figura 1, número 13) muestra 
los restos de un gran cuadrado blanco orlado por gruesa línea negra 
y otra roja, con un círculo negro azulado en su interior, y una man- 



(1) Catalogue of a collection o f South American indian objects made in the 
Argentine Republic from 1882 to 1886 : and presented to the Cotteswold Natura- 
lisCs field Club by H. D. and C. L. Hoskold. Con una lámina, página 309 á 324, 
lleva la fecha de 15 de enero de 1892. 



NOTICIAS SOBRE LA ALFARERÍA PREHISTÓRICA \TS 

cha redonda roja en su centro ; la parte exlerna de este fragmento 
es tosca, roja, y con trazas de haber tenido una faja negra. 

El otro fragmento (figura 1 , número 14) tiene los dibujos direc- 
tamente pintados sobre sucara externa ; compuestos de líneas rojas 
que se cruzan dejando cuadrados vacíos entre ellas. Al cruzarse 
forman triángulos rellenados de pintura del mismo color. 

Este fragmento conserva parle de dos espacios libres entre las 
líneas rojas : uno de ellos, ocupado por un cuadrado mal hecho de 
trazos azules con tres líneas rojas, dos arriba y una abajo en su in- 
terior, que le da un aspecto de cara humana. El otro espacio pa- 
rece haber tenido un cuadrado negro. 

La cara interna de este fragmento, es tosca sin dibujo, ni pintura 
y todo rayado. 



URNA JESÚS FERNANDEZ 



* El señor Jesús Fernández obsequió al Museo Arqueológico del 
Instituto Geográfico, con este magnífico ejemplar de la Cerámica 
precolombiana de Santiago del Estero. 

El ejemplar llegó en muy buenas condiciones de conservación 
con el siguiente rótulo : 

« Tinajalpintada y barnizada (PuÑu llunchiska) hallada á cuarenta 
centímetros de profundidad, en la chacra Rivadavia del señor Jesús 
Fernández, departamento de Robles, provincia de Santiago delEstero. 
El lugar donde se ha hallado la tinaja es un Llajta (gasta) manco ; 
es decir un pueblo viejo, abandonado por los indígenas antes de la 
conquista según todas las probabilidades ». 

La urna (figura 3) tiene un cuerpo globular, con un gollete corto 
anular provisto de un borde plano saliente, y descansa sobre una 
base también anular de diámetro pequeño, propia para ser ente- 
rrada. 

Dos asas anchas y gruesas de una sola pieza, sin agujeros que las 
separe de la pared de la urna, sobresalen en el arranque del tercio 
inferior del cuerpo. 

El color de la tinaja es rojo, y las pinturas que cubren son ne- 
gras, ocupando el gollete y los dos tercios superiores del cuerpo co- 
mo una faja. El gollete muestra dos líneas gruesas quebradas que 
lo rodean completamente. 



'1'7'i ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

El cuerpo está ocupado por dos figuras iguales, una á cada fren- 
te, representando aun ser fantástico, en el que predomina una cara 
hun:iana convencional. 

Esta cara enrierge dentro de una masa negra, de contornos ondu- 




FiG. 3. — Urna Jesús Fernández 

lados en la parte superior y fuertemente escotados en la inferior. 

La nariz está formada como en las figuras calchaquíes por un 
trazo grueso que nace de la frente, llega hasta cerca de la mi- 
tad del óvalo, se termina bruscamente y separa los dos ojos, forma- 
dos por círculosú óvalos con un punto central. 

Debajo de la nariz, pero separadas de ésta por un trecho, hay 
tres líneas verticales cortas, que se unen al borde inferior del óvalo 



NOTICIAS SOBRE LA ALFARERÍA PREHISTÓRICA 175 

las cuales representan, á mi modo de ver, la boca con sus dientes. 
En el anverso éstas están substituidas por una mancha. De ambos 
lados de la cara y del borde del óvalo salen seis líneas iguales ¿I 
las de la boca que se dirigen hacia el centro, pero sin llegar á 
tocarse, y dejando un espacio libre entre la nariz y la boca. 

A los costados de esta cara, y separados por una gruesa barra ne- 
gra, hay otros dos espacios libres, más ó menos triangulares, con 
la base hacia abajo, y del vértice interno de estos triángulos bajan 
otras l.íneas gruesas (5 de un lado y 4 de otro) encorvadas, que nO 
llegan á tocar la base. 

Estas líneas creo que representan las alas ó las plumas de toda 
esta figura, que parece estar en actitud de volar. 

Las escotaduras de la parte inferior dan lugar á seis apéndices 
gruesos que terminan bruscamente en una recta; los dos externos 
más largos, gruesos curvos y convergentes; los que le siguen, más 
cortos y muy poco divergentes, y los del centro más largos que los 
anteriores y verticales. 

Esta figura se repite en el otro frente y se unen entre sí sobre la 
región de las asas, por medio de líneas gruesas, provistas de picos, 
que se desarrollan en espirales. 

¿ Qué puede representar esta figura volando? Por lo pronto una' 
divinidad atmosférica ; su color negro, ;y las líneas espirales nos 
permiten suponer que se trata de una representación de la tor- 
menta y quizá del pájaro de la tormenta ó Thunder Bird, lo que 
tendría que ver con la Leyenda preincásica de Catequiel y Pigue- 
rao ; leyenda cuyos rastros creo haber descubierto en Calchaquí y 
que formaba la base de su mitología atmosférica (1). 

¿Qué indios habrán sido los que poblaron esta región de Santia- 
go, y que nos han legado estos curiosos especímenes de alfarería 
prehistórica ? 

Las analogías de los fragmentos deTarapaya con los encontrados 
en la región Diaguita-calchaquina de Caíamarca, y la representa- 
ción mitológica de la urna Jesús Fernández, que tiene algo que ver 
con las otras representaciones de la misma región, como también 
la coincidencia de los hallazgos citados por el doctor Moreno de 
moluscos (de especies que viven actualmente en el Océano Pacífico), 
en urnas conteniendo huesos humanos hallados en las orillas del 



(1; Ambrosetti, Notas de Arqueología Calchaquí, número Xll. Divinidad Ca- 
¿equil {?). Boletín del Instituto Geográfico Argentino. Tomo XVIII, página 351 



176 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

río Dulce (1) y también en los valles Calchaquíes (2) me hacen su- 
poner con algunos visos de verdad que se trata de los mismos in- 
dios y déla misma civilización, esa civilización que podemos lla- 
mar: Diaguita-Calchaquí. 



Enero 6 de 1901. 



(1) Moreno, Exploración Arqueológica de la provincia de Catamarca, en la 
Revista del Museo de la Plata, tomo I, página 211. 

(2) Ten-Kate, Rapport sommaire, etc., página 347. 



LAS 

MEJORAS EDILIGIAS DE BUENOS AIRES 

Por CARLOS MARÍA MORALES 

MEMORIA PRESENTADA \L SEGUNDO CONGRESO CIENTÍFICO LATINO-AMERICANO, 
REUNIDO EN MONTEVIDEO 



Pocas ciudades habrán sufrido una transformación tan completa 
del punto de vista edilicio, como la de Buenos Aires en estos últi- 
mos 20 años. 

En efecto, la edificación ha experimentado grandes mejoras, tan- 
to estéticas como higiénicas, se ha hecho una transformación com- 
pleta en sus afirmados, lo mismo que en sus plazas, parques y 
paseos, y también en los servicios de asistencia pública, alumbrado 
y limpieza. 

Trataremos cada una de estas mejoras con la extensión posible 
dentro de la que debe tener este trabajo y teniendo en cuenta que 
algunas de ellas las hemos tratado por separado en memorias es- 
peciales. 

EDIFICACIÓN 

Puede decirse que hasta veinte años atrás la edificación de Bue- 
nos Aires presentaba un aspecto uniforme que daba á esta ciudad 
un sello especial y característico. 

Su edificación, por lo general baja, ha ido desapareciendo de la 
parte central y ha sido sustituida por grandes edificios, de los que 
si bien no todos por desgracia pueden servir de modelo como gusto 
arquitectónico, hay muchos ya que dan una nota de buen gusto y 
sirven para neutralizar el mal efecto de aquellos. Mucho falta por 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. Ll - 12 



178 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

hacer á este respecto ; no siempre los propietarios buscan á los más 
competentes para que dirijan sus construcciones^, sino á los que 
ofrecen, aunque sólo sea aparentemente, más ventajas económicas, 
pero como dejo dicho, ya hay buenos ejemplares diseminados por 
la ciudad y poco á poco el buen gusto se irá imponiendo. 

También ha mejorado la edificación en estos últimos años del 
punto de vista de la higiene. Hoy, por lo. general, se emplean bue- 
nos materiales, convencidos de la verdad del viejo aforismo de que 
lo caro sale barato. También ha mejorado la distribución en gene- 
ral ; rompiéndose con la rutina que sin excepción se seguía en la 
construcción de casas de familia : una fila de habitaciones, y un 
zaguán que se prolongaba desde la puerta de entrada hasta el fondo. 

En cuantoá la cantidad, es notable el desarrollo que ha tenido la 
edificación en estos últimos años; en los diagramas de la figura 1, 
se demuestra los progresos alcanzados desde el año 1879 hasta el 
31 de diciembre de 1900, pudiendo observar simultáneamente el 
aumento de población en el mismo intervalo de tiempo. 

Como se ve, la edificación, exceptuando un pequeño descenso el 
año 1881 , resultado quizá de los trastornos políticos del 80, va en 
aumento hasta fines del año 1888. Empieza entonces el malestar que 
hizo explosión el 90 y se produce el descensoque indica el diagrama 
hasta fines del año 91. Un nuevo descenso se produce el año 95, 
relacionado quizá con los sucesos políticos de dicho año. Se inicia 
luego un aumento hasta llegar al año 1897 á marcar el record en 
eii la edificación, con 27.945,72 metros. El año 1900 se han cons- 
truido en Buenos Aires 4000 edificios. 

El aumento de población, en cambio, no presenta estas alternati- 
vas ; el diagrama acusa un aumento constante, hasta fines del 90, 
baja con displicencia el 91, en lo hondo de la crisis, para volver á 
seguir su marcha triunfal hacia la cumbre. 

Pero este desarrollo de la edificación que tiene indudablemente 
sus ventajas, presenta á su vez inconvenientes que voy á indicar 
someramente. 

La edificación en Buenos Aires se extiende principalmente á los 
barrios nuevos que se entregan á la especulación, de donde resulta 
que zonas en donde sólo había terrenos ocupados por huertas ó 
quintas, en el breve espacio de tiempo de uno ó dos años á lo sumo, 
se transforman por completo ; se abren calles, se subdividen en lo- 
tes para la venta y poco después surgen los edificios como por arte 
■ de encantamiento, y al poco tiempo empiezan las exigencias de 



Diagrama del aufo 1899 



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Diagrama del aumento inmigratorio, vegetativo y de la edificación desde el año 1899 
hasta el 31 de diciembre de 1900 






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LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 179 

los propietarios ú ocupantes pidiendo pavimentos, luz, y servicios 
de agua y limpieza, sin tener en cuenta que no producen ni con 
mucho los gastos que demandarían esos servicios. Se reproduce aquí 
el fenómeno físico que presenta el niño que crece más de lo regular, 
llegando en cierto momento, no obstantes las fuerzas vitales que 
impulsan ese crecimiento, á ver alterada su salud. 

La Municipalidad viene estudiando los medios de obviar estos in- 
convenientes; por de pronto, y salvo casos especiales en que el per- 
juicio es evidente, no se concede á los propietarios de terrenos que 
solicitan la apertura de nuevas calles, indemnización alguna por la 
cesión de las superficies que dichas calles les toman y las cuales 
tienen obligación de escriturar á la municipalidad, sin cuyo requi- 
sito no se da líneas para edificar con frente á ellas. 

Además, se halla ala consideración del Consejo Deliberante un 
proyecto de ordenanza por el cual se establece un impuesto por el 
derecho de apertura de calles, y es probable que antes de poco se 
dicte otra ordenanza disponiendo que los propietarios de terrenos 
que abran nuevas calles pagarán íntegramente el importe del afir- 
mado que en ellas se construya. 

Actualmente, la edificación en Buenos Aires se halla regida por 
un reglamento de construcciones que sancionado por primera vez 
el año 1887 ha sufrido diversas modificaciones, siendo la última 
la sancionada el año 91 . 

Existen actualmente en Buenos Aires 5375 manzanas edificadas 
que comprenden un total de 1Ji5.440 casas 



TRAZADO DE CALLES Y AVENIDAS 

Fuera de la parle central delineada por don Juan de Garay, el 
trazado de la ciudad se aparta de la regularidad del damero que 
presenta aquella; evidentemente se ha procedido en épocas pasadas 
sin seguir un plan general, adoptando trazados parciales sin rela- 
cionar los unos con los otros. 

A fin de salvar este inconveniente y adoptar un criterio uniforme, 
el Departamento de Obras públicas procedió á confeccionar el plano 
oficial del municipio que hoy existe y que fué terminado el año 
1895. Terminado este trabajo, la intendencia designó una comisión 
de ingenieros para que en unión del citado departamento provec- 
íase el trazado definitivo. El proyecto confeccionado por esa comi- 



180 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

sióii fué, poco después, aprobado por el Consejo Deliberante, y es 
el que se tía seguido fielmente desde entonces para el trazado y 
apertura de nuevas calles y avenidas. 

Indicaré á grandes rasgos el criterio que guió á la comisión en 
su trabajo. 

Desde luego se dejaron subsistentes los grandes caminos, no obs- 
tante su trazado irregular, para lo cual se formó trazados parcia- 
les limitados por esos caminos, que se transformarán en amplias 
avenidas. 

Se proyectó también, además de la avenida de Nortea Sur, entre 
las calles de Artes y Cerrilo, que había sido proyectada anteriormen- 
te con el ancho de 35 metros, cuatro avenidas diagonales que par- 
ten de los ángulos Noroeste y Sudoeste del futuro palacio del Con- 
greso, y de los ángulos Nordeste y Sudeste de la plaza Lorea. 

Quizá estas dos últimas no se lleven á cabo, pero creo que llega- 
rán á ser una hermosa realidad la de Norte á Sud y las dos prime- 
ras, éstas porque afectan terrenos y edificaciones menos valiosos y 
aquéllas porque su trazado á través de las manzanas, como el de la 
Avenida de Mayo, es de más fácil realización, siempre que el Hono- 
rable Congreso sancione la ley pedida por la Municipalidad y sin lo 
cual será muy difícil que esta gran obra, que tanta trascendencia 
tendría para el adelanto de Buenos Aires, se lleve á cabo. 

También proyectó la comisión una serie de plazas y parques ; así 
se ha indicado en los terrenos de la Chacarita de los Colegiales el 
Parque del Oeste, y esta idea debe en breve convertirse en realidad^ 
pues el gobierno nacional acaba de hacer entrega á la Municipali- 
dad, de esos terrenos, al fin indicado. Este parque comprenderá 
1.700.000 metros cuidrados. Próximo á éste debe empezarse en 
breve la construcción del Parque Rancagua en el antiguo enterra- 
torio de la Chacarita, que comprenderá 56.000 metros cuadrados. 

Además, se indicaba en el proyecto una serie de plazas y paseos 
de menor extensión, convenientemente distribuidos en todo el mu- 
nicipio. Como es sabido, don Juan de Garay determinó el ejido de la 
ciudad en 1580, dándole una legua de fondo al Oeste y 24 cuadras 
de frente, midiendo 12 hacia el Norte desde el mojón que se puso 
en la esquina de la Catedral, y las otras 12 desde el mismo mojón 
hacia el Sur formando una superficie de 960 cuadras cuadradas. 

Los límites de este ejido eran la hoy calle de Arenales por el nor- 
te, la de San Juan por el Sud. y Río de la Plata por el Este y la ca 
lie hoy de Gascón por el Oeste. 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 181 

Eli ciianloá la Iniza de laciiidarl compronrlida dentro de este 
ejido, estaba constituida por un rectángulo de 16 cuadras de frente 
por 9 de fondo al Oeste, ó sea una superficie de 144 cuadras cua- 
dradas. Los límites de esta traza eran, por el Norte la hoy calle de 
Córdoba, por el Sud la de Chile, por el Este la de Balcarce y 2o de 
Mayo y por el Oeste la de Salta y Libertad. 

Veintidós años más tarde, en 1602, fue necesario aumentar esta 
traza, y en consecuencia el Cabildo ordenó que en vez de nueve cua- 
dras al Oeste tuviese 12. 

El trazado de Garay comprendía manzanas de 140 varas de lado 
y calles de M varas de ancho, que se cortaban en ángulo recto, pre- 
sentando la forma de un damero. Las calles estaban extendidas de 
Norte á Sud y de Este á Oeste. 

Saltan á la vista los inconvenientes de este trazado, pero como 
dice muy bien el distinguido estadígrafo señor Alberto B. Martínez 
en su Estudio topográfico de Buenos Aires, del que tomamos los 
datos que preceden : «La forma adoptada por Garay se justifica, 
en primer lugar, por el respeto que él debía á las disposiciones 
que imperaban sobre esta materia; en segundo lugar, por el atraso 
en que en este sentido se encontraban en el siglo xvi, todas las ciu- 
dades de la tierra, con calles tortuosas y estrechas, y con trazas 
caprichosas que, más que á prescripciones .topográficas y sanitarias 
que noexis.tían, respondían á necesidades de defensa ó de comer- 
cio de las primeras agrupaciones ; y en tercer lugar, á la poca ó nin- 
guna fe que seguramente él tenía en la futura grandeza de la ciu- 
dad que fundaba». 

No describiré el proceso lento que se observa en el crecimiento 
de esta ciudad desde su fundación hasta 1 81 0, que puede estudiarse 
con minuciosidad en el interesante estudio de Martínez que he ci- 
tado. Sólo mencionaré que en ese largo período de tiempo, en que 
la vida colonial transcurre sin iniciativa, se destaca como honrosa 
excepción, el virrey don Juan José de Vértiz, el más progresista de 
cuantos han gobernado en el Río de la Plata. 

Llega por fin la revolución y con ella se inician grandes aconte- 
cimientos políticos y una época de transformación para Buenos Ai- 
res. Pero cuando esa transformación se acentúa, es cuando en el 
ministerio del general Rodríguez y en la presidencia más larde, se 
hace sentir la iniciativa fecundadel ilustre estadista don Bernardi- 
noRivadavia. 

Recorriendo el registro oficial de esa época, se ve la acción eficaz 



182 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de este gobernador de grandes vistas, que con clara visión del por- 
venir dicta medidas que en esa época debieron parecer innecesarias 
y supérfluas para la generalidad. 

A él se deben las avenidas de Callao y Entre Rios, las de Rivada- 
via, Corrientes, Santa Fe, jalSud, las de Belgrano, Independencia 
y San Juan, y hoy existen con el ancho que él les fijó, 30 varas, por 
decreto de Mayo de 1827. Además, decretó el ensanche de las calle 
Juncal, Patagones é Ituzaingó, pero en estas últimas no se llevó á 
cabo esa mejora, debido seguramente á que no hubo después quien 
supiese continuar la obra por él decretada y llevada en gran parte 
á la práctica. Como se ve, el plan de Rivadavia consistía en trazar 
una serie de avenidas de Este á Oeste, y sueediéndose cada cuatro 
cuadras. En otro decreto, que disponía el ensanche de las calles á 
15 varas, se establecía también que no se edificase ó reedificase una 
esquina sin ochavarla. Tampoco se cumplió después esta disposi- 
ción, que recién 40 años más tarde se puso en práctica. 

El ancho de las calles de Buenos Aires es muy variable; existen 
de 11, 14, 16, 20 y 30 varas, y si empleo esta unidad, es por ser la 
que se menciona en las respectivas ordenanzas que fi'jaban esos an- 
chos. 

Como he dicho, las de 11 varas corresponden al trazado de don 
Juan de Garay, y las de 20 varas, que es el ancho que rige actual- 
mente para las nuevas calles responden á una ordenanza de 13 de 
abril de 1875. Considero suficiente este ancho para las calles del 
municipio dando á las avenidas el de 26 metros. Por excepción pue- 
de adoptarse mayor ancho como se ha hecho en la Avenida de Mayo, 
que tiene 30 metros; y como se hará en las nuevas avenidas pro- 
yectadas, que tendrán 35 metros. El número de calles abiertas que 
existen actualmente es de 800 que comprenden á 12.700 cuadras, 
do acuerdo con el trazado general aprobado, faltan aún por abrir 
13.200, de manera que cuando la ciudad de Buenos Aires esté to- 
talmente dividida en manzanas, tentrá 25.900 cuadras. 

La primera disposición relativa á los permisos de edificación se 
dictó por el Cabildo el 9 de julio de 1590, y según puede verse en 
la página 74 del tomo I de los Acuerdos del extinguido Cabildo el 
impuesto que debía pagar el vecino al delmeador era una ga- 
llina! En cambio, 300 años después, ha habido permiso en la Ave- 
nida de Mayo que ha importado 50.000 nacionales. 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 183 



CATASTRO 

Varias veces se ha emprendido la obra del catastro eii Buenos Ai- 
res, pero interrumpida en (Hferentes épocas, el trabajo hecho se 
perdía. El año 1892 se (lió comienzo por la municipalidad al levan- 
tamiento del plano catastral, obra que se continúa en la actualidad 
por una oficina especialmente encargada de ese trabajo. El perso- 
nal es desgraciadamente reducido, pues como es sabido, conviene 
emplear en este trabajo un gran número de operadores á fin de que 
hecho en el menor tiempo posible resulte menos costoso en general 
y se pueda llevaren forma la tarea permanente de su conservación.. 

Hasta la fechase ha tropezado en la práctica con un serio incon- 
veniente, la falta de una lej de Catastro como existe en otras par- 
tes, que permita á los operadores proceder sin la pérdida de tiempo 
que origina actualmente la resistencia que oponen algunos propie- 
tarios ú ocupantes de las casas. 

Existen hasta ahora hechos mil seiscientos Parcelarios, cuyos 
originales se hacen sobre papel tela, en una misma escala. 

Relevada primeramente la manzana, trigonométricamente, y cons- 
truido por abscisas y ordenadas el perímetro, pasa á ser llenada 
con las medidas de parcelas tomadas por los agrimensores. 

Un empleado especial señala en seguida el Parcelario en una hoja 
de papel, para calcular con método contradictorio las superficies 
de las parcelas, parte edificada y parte sin edificar. 

Planos parroquiales. — Los Parcelarios previas poligonaciones 
de parroquias, se agrupan para formar láminas que se llaman Pla- 
nos Parroquiales, escala de uno por mil, la cual permite figurar, 
dentro de la mensura numerada, la división y numeración parce- 
laria. 

Planos de zonas. — Los Planos Parroquiales previas igualmente 
poligonaciones en perímetros á su vez mayores, se agrupan para 
formar Planos de zonas á escala de uno por cinco mil en que las 
manzanas siguen conservando su numeración. 

Mapa general del munícipio. — Con los Planos de Zonas se cons- 
truirá el Mapa ^^enera/ previas triangulaciones del orden que co- 



184 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

rresponda para ligar entre sí las poligonaciones yuxtapuestas, apa- 
reciendo figurada la delimitación de zonas. 

Tanto los parcelarios, como los Planos Parroquiales, Planos de 
Zonas y Mapa general, llevan marcadas las abscisas y ordenadas 
desde el punto inicial délos trabajos. 

Libros catastrales. — Cada una de las manzanas tienen su Pla- 
nilla establecida según un tipo uniforme, contiene la «Planilla » 
todos los datos y elementos conque se conserva el catastro, formán- 
dose los « Libros Catastrales» en número de tres (uno ó más vo- 
lúmenes de cada uno por parroquia) á saber : 

1" Planillas primitivas . — Registro que corresponde á lo que en 
Francia se llama «Etat de Section ». 

2° Lista Alfabética de Propietarios. — Serie de registros parro- 
quiales con los cuales se formará ulteriormente el Registro general 
del municipio. 

3° Matriz Catastral. — Registro de aquellos elementos necesa- 
rios para que en su columna « Mutaciones », aparezca claramente 
deducido y consignado todo cambio efectuado en la propiedad por 
traspaso de dominio, acción de parte ó totalidad de otra parcela, ó 
modificación en las construcciones ó construcciones nuevas, y en el 
cual ha de basarse la valuación por quien corresponda para obje- 
tos de la Contribución Directa, Impuesto general municipal, Aguas 
Corrientes, si es que una valuación única se implanta para esos va- 
rios fines en el municipio de la Capital. Como el Registro anterior, 
la Matriz Catastral primeramente llevada por parroquia, abarcará 
más tarde al municipio todo. 

Los tres Registros ó libros catastrales, con sus debidas llama- 
das de uno á otro, han sido constituidos tomando del Catastro de 
Francia y otros países de Europa cuanto parece convenir para lle- 
gar á formar aquí lo que en Francia, para objetos rentístico-admi- 
nistrativos, se llama «Role de Contribution Directe». 

La Comisión encargada de la dirección de estos trabajos ha confec- 
cionado el siguiente proyecto de ley que ha sido elevado al Ministe- 
rio del Interior para que á su vez lo remita al Honorable Congreso : 

« Art. 1°. — Se delega en la Municipalidad de la Capital el rele- 
vamiento del Catastro geométrico parcelario del Distrito federal, 
sobre la base de los trabajos hechos por ella hasta la fecha. 

« Art. 2°. — El Catastro no dará ni quitará derecho. Su misión 
será demostrar el hecho existente, la posesión actual. 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 185 

« Art. 3°. — Las parcelas se rotularán al nombre de los posee- 
dores que resulten en el acto del relevamiento. 

« Las que estén en cuestión se rotularán al nombre del poseedor 
de hecho, con correspondiente anotación. 

« Las que no tengan poseedores conocidos, se rotularán provi- 
soriamente al nombre de la Municipalidad. 

« Art. 4". — Los planos y demás elementos catastrales serán lle- 
vados al dia por la Oficina del catastro, para lo cual será ésta in- 
mediatamente informada : 

« 1° Por los escribanos públicos, en cuanto á cambios, transfe- 
rencias, accesiones ó desmembraciones de la propiedad ; 

« 2° Por el Departamento de ingenieros de la Municipalidad en 
cuanto á construcciones nuevas ó modificaciones en la construc- 
ción. 

« Art. 5°. — La deterioración de un mojón del Catastro, será pe- 
nada con una multa de 20 á 100 pesos. 

« Su remoción lo será con la de 500 pesos, ó en su defecto con 
dos meses de prisión. 

« Art. 6°. — Los empleados del Catastro, suficientemente auto- 
rizados, tendrán derecho de entrar en las propiedades particulares 
para ios objetos de la presente ley, así durante el período de for- 
mación del Catastro, como cuantas veces sea necesario en seguida 
para rectificaciones ú operaciones c omplementarias. Quien á ello 
se opusiere será penado con una multa de 50 pesos por la prime- 
ra vez, y de 100 pesos por cada una de las sucesivas. 

« Art. 7°. — Los propietarios podrán asistir á las operaciones 
del Catastro, y dar indicaciones tendentes á ilustrará los emplea- 
dos encargados de ellas. 

« Una vez concluidas las operaciones, les será pasado á cada 
uno por la Oficina, una cédula llamándoles á presentarse á fin de 
manifestar su adhesión á lo diseñado, ó expresar sus observacio- 
nes en contra. 

« De no ser atendidas éstas, podrán recurrir á los tribunales or- 
dinarios, rehusándose hasta tanto aceptar la valuación y consi- 
guiente fijación de impuestos basada en operación tachada de 
error. 

« Art. 8°. — Los trabajos del Catastro se ejecutarán bajo la direc- 
ción de una comisión (Comisión Directiva del Catastro), compuesta 
de personas técnicas, en número de siete, nombradas por el Inten- 
dente municipal. 



186 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

« La Comisión someterá al Intendente los reglamentos orgánicos 
complementarios de la presente ley ; la organización de la Oficina 
del Catastro, y nombramiento de sus empleados, así como la in- 
versión que se dé á las eatradas propias de la Oficina establecidas 
en los artículos 10, 1 !' y 1 2 . 

« Arl. 9". — El Poder Ejecutivo de la nación organizará las co- 
misiones valuadoras de la propiedad sobre la base y principios 
que se deducen del Catastro, dando cabida en ellas al elemento 
municipal, á fin deque sean regidos por una norma uniforme los 
impuestos de todo orden. 

« Art. 10. — Los escribanos públicos, al dar cuenta á la Oficina 
del Catastro de cambios por haber en la propiedad en las cuales 
intervengan, según el artículo 4°, recogerán en la misma Oficina 
un diseño representando los hechos modificados, á más de todas 
las indicaciones de ubicación, dimensiones, superficie y colindan- 
tes, á fin de acompañarlos al nuevo instrumento público que for- 
mule. 



(Continuará). 



BIBLIOGRAFÍA 



C Berg". Comunicaciones del Museo Nacional de Buenos Aires. 
18 de marzo de 1901. N°. 8. 

Nueve artículos interesantes componen el material altamente científico del úl- 
timo número de las Comunicaciones del Museo Nacional de Buenos Aires. La 
mayor parte de estos trabajos corresponden, como siempre, á nuestro querido 
profesor doctor Berg, quien con su contracción continua al estudio nos da un 
ejemplo más de laboriosidad, proverbial ya en éL 

En un artículo referente al género Epipedonota, describe el doctor Berg algu- 
nas especies argentinas conocidas y tres desconocidas, por lo tanto nuevas para 
la ciencia, procedentes de Salta y Patagonia. 

En otro artículo propone la sustitución del nombre genérico de hemípteros 
Stenocoris, que Bergroth había llamado Dallasia, por Dallasiellus. 

En algunas notas ornitológicas nos da á conocer datos muy interesantes sobre 
el gorrión y avestruz, negando con respecto á este último, la existencia de la 
Rhea nana como buena especie. 

En sus notas herpetológicas, resultado de la revisión del material del Museo, 
propone el cambio de varios nombres genéricos de acuerdo con las reglas de no- 
menclatura aceptadas. 

También los moluscos argentinos han de quedar agradecidos al Director del 
Museo que se haya acordado de ellos colocándolos en el lugar que les correspon- 
de salvando así algunos errores y omisiones cometidas por ciertos naturalistas 
con tan interesantes como humildes representantes de la fauna argentina. 

Si notamos que estos cincos trabajos del doctor Berg, están escritos, cada uno 
en un idioma distinto, latín, francés, alemán, inglés y castellano y que posee 
además perfectamente el ruso y el griego, nos habremos dado cuenta del raro don 
de lenguas que posee. 

Ángel Gallardo, publica en un extenso artículo, observaciones muy intere- 
santes sobre los cambios de sexualidad en las plantas. Estas notas han sido 
originadas por una pregunta que formulara el doctor Spegazzini sobre si las 
plantas dioicas podrían en ciertos casos volverse monoicas ó hermafroditas, 
pregunta que el señor Gallardo contesta afirmativamente apoyado en numerosas 
observaciones. 



188 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Fauvel, trae la descripción de una nueva especie de Estafilino de la Tierra del 
Fuego y que dedica al doctor Berg con el nombre de Hyobates Bergi. 

Cocksell también dedica á nuestro profesor una especie nueva de Ceroplastes 
con el nombre de Ceroplastes Bergi. 

Cristóbal M. Hicken. 



I5og"g;"iaili (G.). Compendio de Etnografía paraguaya moderna. 1 vol. 
in-8°. Asunción, 1900. 

Merece un sincero aplauso el distinguido autor de / Ciamacoco por la pu- 
blicación de su nuevo estudio etnográfico, pues indudablemente realiza obra bue- 
na al reunir en un solo volumen y en forma compendiada, el resultado de sus 
pacientes investigaciones practicadas entre las tribus paraguayas. Nadie mejor 
que el señor Boggiani conoce más á fondo la vida íntima de los numerosos núcleos 
de población indígena repartidos en el territorio que forma el Paraguay propia- 
mente dicho y el Chaco paraguayo, región esta última comprendida entre los ríos 
Paraguay y Pilcomayo al E. y S. W. y los territorios chiquitano y chiriguano 
al N. y W. 

El plan que se ha trazado el autor para este nuevo trabajo es bien sencillo. 
Estudia en la primera parte publicada á los Tobas, Machicúis (Toosle, Sújen, 
Lengua, Angaité, Sauapaná, Sapuqní y Guana), terminando con los Chamacocos. 

En la segunda parte que debe aparecer próximamente, estudiará á los Guara- 
níes, impropiamente llamados Caangúas, á los Guayanás, Guayaquis y Paya- 
guás. 

Disentimos con el autor en cuanto al método de investigación por él emplea- 
do. En primer término deja de lado á un punto esencialísimo en la moderna et- 
nografía, rae refiero á la soraatología, esa poderosa ayuda para el investigador 
que no estudia en el terreno. 

No es suficiente que el autor diga, por ejemplo, que los Tobas son altos, etc. Es 
esencial dar cifras que son más elocuentes que las opiniones de muchos autores 
reunidos. 

Es indispensable que los viajeros concienzudos como el señor Boggiani no ol- 
viden su trousse de voyage de instrumentos antropológicos con la cual podrían 
tomar mediciones, apreciar ángulos faciales, saber la fuerza muscular y el pesó 
de los individuos que estudian y aun modelar de una manera general su cráneo. 

Todo esto es muy importante y se hace notar más aun su falta en un libro co- 
mo el de nuestro amigo Boggiani, cuya obra se hace simpática desde su titulo y 
que sería aun más interesante si presentase cuadros comparativos sobre la altura, 
las mediciones craniométricas, etc., de las diferentes tribus y sub-tribus estudia- 
das. Todo ello es más importante, á nuestro entender, que las diferencias de cos- 
tumbres que puedan presentar esas agrupaciones indias, diferencias que más de 
una vez pueden ser ocasionales ú obedecer á influencias extrañas. También sería 
conveniente que el señor Boggiani ofreciese fotografías — una por lo menos en 
cada tribu — de individuos que él, con su buen criterio, creyese fuesen caracterís- 
ticos. 

Respecto al método expositivo haremos una observación al señor Boggiani. En 
manera alguna puede relegarse á segundo término la descripción de los caracteres 
antropológicos de un grupo étnico, es el primer parágrafo que debe preceder á 



BIBLIOGRAFÍA 189 

esta clase de estudios. Por lo demás la división más coaveniente es el agrupar 
las materias en dos partes, la una antropológii;a y la otra sociológica. En la pri- 
mera tratar únicamente de la somatología, encarándolas observaciones hechas 
con un criterio verdaderamente científico, mientras que en la segunda se pasaría 
en revista temas como la dispersión de la tribu, etimología de su nombre, histo- 
ria, usos y costumbres, etc. Esta metodología es perfectamente aplicable á su 
«Compendio de Etnografía». 

Hacemos estas ligeras indicaciones guiados por el propósito de que el señor 
Boggiani, si se digna tomarlas en cuenta, se acuerde de ellas al publicar la se- 
gunda parte de su interesante estudio que de desear sería fuese imitado en nues- 
tro país. 

FÉLIX F. OUTES. 



Boletín de la Academia Nacional de Ciencias en Córdoba (R. A.), en- 
tregas 2" y 3', tomo XVI. Buenos Aires, 1900. 

Han aparecido dos nuevas entregas de la conocida publicación mantenida por 
el distinguido núcleo de profesores de la Academia de Ciencias de Córdoba. 

El doctor Federico Kurtz nos ofrei;edos eruditos estudios sobre fitología. El pri- 
mero es un Ensayo de íina bibliografía botánica de la Argentina, el que á no 
dudarlo contribuirá áfacilitar la tarea de los futurosinvestigadores en esa materia. 

No se ha reducido el autor á citar únicamente las obras que se especializan con 
nuestro país sino que enumera detenidamente todas aquellas que se refieren á 
regiones que tienen relaciones más ó menos íntimas con la flora argentina, pues 
al confeccionar su lista bibliográfica no ha tenido en cuenta los límites políticos 
del territorio en cuestión sino que se ha preocupado de buscarle otros más na- 
turales. 

El título del segundo estudio es Collectanea ad floram argentinam, Remar- 
ques et observations sur des plantes exotiques ou peu connues de l'argentine, 
al que precede su autor con una advertencia en la que manifiesta que sólo se 
trata de datos recogidos por diferentes personas ó hallados en obras en las que 
no se supondrá más de una vez se encuentren referencias sobre la flora argen- 
tina. 

El doctor Guillermo Bodenbender continúa la publicación de sus Comunica- 
ciones mineras y mineralógicas [IV á V). Difícil es dar un resumen en una bre- 
ve nota como esta del contenido de las comunicaciones del distinguido geólogo 
que estudia en esta nueva serie, los criaderos de wolfrarn de las sierras de Cór- 
doba y de San Luis, como asimismo los de mica de la primera de estas localida- 
des, terminando la serie con un detenido estudio sobre los criaderos de vanadio, 
plomo y molibdeno déla mina «Sala», en la provincia de San Luis y de galena 
de la llamada «La piedra baya -> en la misma provincia. 

Forma parte de la tercera entrega de la revista que nos ocupa los Antecedentes 
y documentos de la demarcación de límites entre las provincias de Córdoba y la 
Rioja. 

FÉLIX F. OUTES. 



MOVIMIENTO SOCIAL 



Han ingresado á la Sociedad en el carácter de socios activos los señores Vicen- 
te Segovia, doctor Pablo Beek, Domingo A. Baez, Teodoro F. Mirón, Luis Gotusso, 
Miguel A. Gallardo, Juan B. Iraeta, Arturo Silveyra, Luis María Torres, Diego F. 
Cutes, doctor Luis M. Drago, doctor Pedro O. Luro, Juan de la Cruz Puig, Inda- 
lecio Coquet, 

Se han reincorporado los señores Juan Abella, Eugenio Zamudio, Antonio Ba- 
buglia, Fernando Segovia, E. Candiani, E. Sarrabayrouse, Ramón Castañeda, Ri- 
cardo Martí. 

Se ha resuelto continuar la publicación de la « Revista del Archivo » de la 
Sociedad, comisionando para dirigir ese trabajo al señor Félix F. Cutes. 



índice general 



MATERIAS COfiTElDAS EN EL TOMO OIJIICUAGÉSIMO PRIMERO 



Páginas 

Rastros etnográficos comunes enCalchaquí y México, por Juan B. Anibrosctti. 5 

Aluminotérmica, por E. Herrero Dh«;Ioux 15 

Primera reunión del Congreso Científico Latino Americano. Terminación de sus 

trabajos 18 

L'áge des formations sédimentaires de Patagonie fsuitej, por Florentino Anie- 

ghlno 21. 65 

Análisis micrográfico de los aceros al carbono, por «. Cartau«l (Traducción de 

Herrero Ducloux) 40 

Valentín Balbfn 49 

Notas criticas referentes á las Contribuciones al estudio de las aves chilenas de 

Federico Albert, por Carlo.« Uerg 55 

La destrucción de la manipostería por los gases cloacales, por Juan j. j. Kyie. . 62 
Memoria anual del Presidente de la Sociedad Científica Argentina correspondiente 

al XXVIII" periodo 97 

Las Matemáticas y la Biología, por Ángel Gallardo 112 

Supuesta derivación Súmero-Asiria de las lenguas Kechua y Aymará, por Samuel 

\. i^afone Qnevedo con una nota complementaria, por Félix F. Outes 123 

Informe del doctor Carlos Berg delegado de la Sociedad Científica Argentina en 

el 2° Congreso Científico Latino Americano 132 

La segunda reunión del Congreso Científico Latino Americano 134 

Perú primitivo. Los Dioses de la Tempestad, por Pablo Patrón 145 

Arqueología argentina. Alfarerías de la provincia de Santiago del Estero, por. Juan 

B. Aiuitrosetti 164 

Mejoras edilicias de la ciudad de Buenos Aires, por Carlos M. Morales 177 



BIBLIOGRAFÍA 



Ciencias naturales 

Anales del Museo Nacional de Montevideo 93 

Boletín de la Academia Nacional de Ciencias en Córdoba 189 



49á ÍNDICE GENERAL 

Comunicaciones del Museo Nacional de Buenos Aires 187 

DüsEN (P). Die Gefasspflanzen der Magellanslander nebst einem Beitrag sur Flora 

der Oslkuste von Patagonien 94 

Hariot (P.)- Liste des Plianérogames et Criptogames vasculaires récoltées a la Terre 

de Feu par MM. Willems et Roussau 46 

Nkger (F. W.). Beitrag zur Kemtniss der Satiung Pliyllactinia 48 

— UrecLinae et Ustilagineae Fuegianae P. Dusen collectae 48 

Revista do Musen Paulista 4C 

SvKDELius (N.). Algen aus dem Landern der Magellanslrasse und Westpatagonien. 143 



Antropología y Etnografía 

Bof.GiANí (G.). Compendio de Etnografía paraguaya moderna , 188 

León (N.). Apuntes para una bibliografía antropológica de México 92 

MoRTiLLET (G. et A.). Le Préhistorique 92 



Varias 

Delachaux (E. a. S.). Atlas Meteorológico de la República Argentina 143 

HouiBERG (E. A.). Viaje por la Gobernación de los Andes 93 

MüLLER (A.). Estática gráfica aplicada á las construcciones 96 

Movimiento social ^ 144, 190 



SOCIOS HONORARIOS 



l)r. Germán Burmeisler f. — Dr. Benjamín A. Gould f — Dr. R. A. Philippi. 
bi. Guillermo Rawsonf — Dr. Carlos Berg. — Dr. Juan J. J. Kyle. — Ing. Luis A. Huergo (padre). 
Ing. J. Mendizábal Tamborrel. — Dr. Valentín Balbin. f 



SOCIOS CORRESPONDIENTES 



Aguilar Rafael México. 

Arechavaleta, José Montevideo. 

Arieaga Rodolfo' de Montevideo. 

Ave-Lallemant, Germán Mendoza. 

Brackebusch, Luis Córdoba. 

Garvalho José Carlos l-io Janeiro. 

Lafone Quevedo, Samuel A. . . . Catamarca. 

Lillo, Miguel Tucuman. 



Morandi, Luis Villa Colou(U.) 

Paterno, Manutl Palermo (It.). 

Reid, Waller F Londres 

Scalabrini, Pedro. . .■. Corrientes. 

Tobar, Carlos R Quito. 

Villareal, Federico Lima. 

Von Ihering, Hermán San Paulo (B.) 



SOCIOS ACTIVOS 



Abella Juan 

Acevedo Ramos, R. de 
Adano, Manuel. 
Aguirre, Eduardo. 
Alberdi, Francisco N. 
Albert, Francisco. 
Almeida, Arturo M. 
Alric, Francisco. 
Alvarez, Fernando. 
Amadeo, Alejandro M, 
Anasagasti, Ireneo. 
Anasagasti, Horacio 
Ambrosetli, Juan B. 
Arata, Pedro N. 
Arigós, Máximo. 
Arce, Manuel J. 
Arce, Santiago. 
Arditi, Horacio. 
Arroyo, Franklin. 
Atienza, Mario. 
Aubone, Carlos. 
Avila Méndez, Delfín. 
Avila, Alberto 
Aztiria, Ignacio. 

Babuglia, Antonio 
Babia, Manuel B 
Bancaiari, Juan. 
Bancalari, Juan M. 
Barabino, Santiago E. 
Barilari, Mariano S. 
Barzi, Federico, 
Bisarte, Rómulo E. 
Battilana Pedro. 
Baez, Domingo A. 
Baudrix, Manuel C. 
Bazan, Pedro. 



BíHck, Pablo 
Benoit, Pedro (hijo). 
Berro Madero, Miguel 
Berro Madero, Carlos 
Beron de Astrada, M. 
Besana, Carlos. 
Bessio, Moreno Nicolás 
Biraben, Federico. 
Bosch, Bnnito S. ' 
Bosch, Eliseo P. 
Bosch, Anreliano R. 
Bonanni, Cayetano. 
Bosque y Reyes, F. 
Brian, Santiago 
Buschiazzo, Francisco. 
Buschiazzo, Juan A. 
Bustamante, José L. 

Cáceres, Dionisio R. 
Candiani, Emilio 
Cálcena Augusto. 
Cagnoni, Alejandro N. 
Cagnoni.Juan M. 
Candioti, Marcial R. ' 
Gánale, Humberto. 
Canovi, Arturo 
Cano, Roberto. 
Camilo, José L. 
Cantón, Lorenzo. 
Carranza, Marcelo. 
Cardóse, Mariano J. 
Cardoso, Ramón. 
Carrique, Dom n 
CasuUo, Claudio. 
Castellanos, Carlos T. 
Castañeda. Ramón 
Castex, Eduardo. 



Gastiglione, Enrique. 
Castro, Vicente. 
Cerri, César. 
Cilley, Luis P. 
Chanourdie, Enrique. 
Chapiroff, Nicolás de 
Checchi, Amoldo. 
Cheraza, Gerónimo. 
Chiocci Icilio. 
Chueca, Tomás A. 
Clérice, Eduardo E. 
Cobos, Francisco. 
Cock, Guillermo. 
Gollet, Garlos. 
Coni, Alberto M. 
Coquet, Indalecio 
Cornejo, Nolasco F. 
Corvalan Manuel S. 
Coronel!, J. M. 
Corone!, Policarpo. 
Corti, José S. 
Courtois, U. 
Gremona, Andrés V 
Gremona, Víctor. 
Curutchet, Luis. 
Curutchet, Pedro. 

Damianovich, E. A. 
Darquier, Juan A. 
Dassen, Claro C. 
Dates, Germán. 
Davila, Bonifacio. 
Davel, .Manuel. 
Dawney, Garlos. 
Domínguez, Juan A. 
Dorado, Enríqu e. 
Douce, Raimundo. 



Doyle, Juan. 
Duhart, Martin. 
Duncan, Carlos D. 
Dufaur, Estevan F. 
Drago, Luis M. 

Echagüe, Carlos. 
Elía, Nicanor A. de 
Eppens, Gustavo A. 
Estevez, José 
Estevez, Luis. 
Estrada, Miguel. 
Espinasse, Jorge. 
Etcheverry, Ángel 
Ezcurra, Pedro 

Fasiolo, Rodolfo 1. 
Fernandez, Daniel, 
Fernandez, Alberto J* 
Ferrari, Rodolfo. 
Ferreyra, Miguel 

Fynn, Enrique. 
Flores, Emilio M. 
Fraga, Antonio. 
Franco, Vicente, 
Foster, Alejandro. 
Friedel Alfredo. 

Gainia, Alberto de. 
Gallardo, Ángel. 
Gallardo, José L. 
Gallardo, Miguel A. 
Gallego, Manuel. 
Gallino, Adolfo. 
Gallo, Delfín 
Gamberale, Humberto 



SOCIOS ACTIVOS (Continuación) 



Gándara, Federico W. 
Garay, José de 
García, Carlos A. 
Gentiliui, Pascual. 
Geyer, Carlos. 
Ghigliazza, Sebastian. 
Gioachini, Arriodante. 
Giménez, Joaquín. 
Giménez, Ángel M. 
Girado, José I. 
Girado, Francisco J. 
Girado, Alejandro 
Girondo, Juan. 
Girondo, Eduardo. 
Goilan, José E. 
Gómez, José C. 
Gómez, Pablo E. 
Gonzales, Arturo. 
González, Agustín. 
González Lelong, G. 
Gotusso, Luis 
Gradin, Carlos. 
Granella, Antonio. , 
Gregorina, Juan 
Guido, Miguel. 
Gutiérrez, Ricardo P. 

Herrera Vega, Rafael. 
Herrera Vega, Marcelino 
Herrera, Nicolás M. 
Henry. Julio 
Hicken, Cristóbal. 
Holmberg, Eduardo L. 
Hubert, Juan M. 
Huergo, Luis A. (hijo). 
Hughes, Miguel. 
Hutchison, Lorenzo. 

Iraetu, Juan B. 
Iriarte, Juan 
Isnardi, Vicente. 

Israel, Alfredo C. 
Iturbe, Miguel. 

Jaeschke, Victor J. 
Jaureguiberri, Luis. 
Juni, Antonio. 
Jurado, Ricardo. 

Krause, Otto. 
Klein, Hermán 
Klimann, Mauricio. 

Labarthe, Julio. 
Lacroze, Pedra. 
Lagos García, Garlos 
Lagrange, Carlos. 
Langdon, Juan A. 
Laporte Luis B. 
Larregui, José 
Larguia, Carlos. 
Latzina, Eduardo. 
Lavalle C, Carlos. 
Lavergne, Agustín 
León, Emilio de 
Leonardis, Leonardo 
Lehmann, Guillermo. 
Lehemann, Rodolfo. 



Levy, Raúl. 
Lizarralde, Daniel 
López, Aniceto. 
López, MartinJ. 
López, Pedro J. 
Loyola, Luis, 
Lucero, Apolinario. 
Lugones, Arturo. 
Lugones Velasco, S^"'^. 
Luiggi, Luis 
Luro, Rufino. 
Luro, Pedro C. 
Ludwig, Carlos. 

Machado, Ángel. 
Madrid, Enrique de 
Mallea, Benjamín 
Mallol, Benito J. 
Mario, Placido. 
Marquestou,Alejandro 
Marcet, José A. 
Martini, Rómulo E. 
Marty, Ricardo 
Mary, Antonio. 
Matharán, Pablo. 
Massini, Garlos. 
Massini, Estevan. 
Massini, Miguel. 
Maza, Benedicto. 
Maza, Juan. 
Matienzo, Emilio. 
Mattos, Manuel E. de. 
Meana, Néstor. 
Medina, José A. 
Méndez, Teófilo F. 
Mendizabal, José S. 
Merian, Eduardo 
Merraos, Alberto. 
Meyer Arana, Felipe. 
Miguens, Luis. 
Mignaqui, Luis P. 
Millan, Máximo D. 
Mitre, Luis. 
Molina, Waldino. 
Mon, Josué R. 
Monsegur, Sylla 
Morales, Carlos Maria. 
Moreno, Jorge 
Morón, Ventura. 
Morón, Teodoro F. 
Mosconi, Enrique 
Mosto, Andrés. 
Mugica, Adolfo. 

Naon, Alberto 
Navarro Viola, Jorge. 
Negrotto, Guillermo. 
Newton, Artemio R. 
Newton, Nicanor R. 
Niebuhr, Adolfo. 
Newbery, Jorge. 
Noceti, Domingo. 
Nogués, Pablo. 
Ñongues, Luis P. 

Ocampo, Manuel S. 
Ochoa, Arturo. 
O'Donell, Alberto C. 



Olazabal, Alejando M. 
Olivera, Carlos C. 
Oliveri, Alfredo 
Orliz, Diolimpio 
Orzabal, Arturo. 
Otamendi, Eduardo. 
Otamendi, Rómulo. 
Otamendi, Alberto. 
Otamendi, Juan B. 
Otamendi, Gustavo. 
Outes, Félix F. 
Cutes, Diego E. 

Padilla, Isaías. 
Padula, Umberto. 
Pais y Sadoux, G. 
Paitovi Oliveras A. 
Palacios, AlbertoC. 
Palacio, Emilio. 
Páquet, Carlos. 
Parera Muñoz, Carlos. 
Paz, Manuel N. 
Pelizza, José. 
Pereyra, Emilio. 
Petersen, H. Teodoro. 
Pigazzi, Santiago. 
Pouyssegur, Luis. 
Piaña, Juan . 
Piaggio, Antonio. 
Pirovano, Juan. 
Puente, Guillermo A. 
Puig, Juan de la C. 
Puiggari, Pió. 
Puiggari, Miguel M. 
Prins, Arturo. 

Quintana, Antonio. 
Quiroga, Atanasio. 

Raífo, Bartolomé M. 

Ramos Mejía, Ildefonso 

Rebora, Juan. 

Recagorri, Pedro S. 

Repello, Luis M. 

Relies, Antonio. 

Reynoso, Higinio 

Riglos, Martiniano. 

Rivara,Juan 
Rivas Jordán, Leandro. 

Rodríguez, Luis C. 

Rodríguez, Miguel. 

Rodríguez González, G. 
Rodríguez de la Torre, C. 

Roífo, Juan. 

Rojas, Esteban C. 

Rojas, Félix. 

Romano, Mario. 

Romero, Armando. 

Romero, Carlos L. 

Rosetti, Emilio. 

Rospide, Juan. 

Ruiz Huidobro, Luis. 

Saenz Valiente, A. 
Sagastume, José. M. 
Sailovítz, Manuel. 
Sánchez, Emilio J. 
Sanglas, Rodolfo. 
Santángelo, Rodolfo. 



Santillan, Santiago P. 
SarrabayrousCjEuge"'" 
Segovia, Fernando 
Sauze, Eduardo. 
Segovia, Vicente 
Seníllosa, José A. 
Saralegui, Luis. 
Sarhy, José S. 
Sarhy, Juan F. 
Schickendantz, Emilio. 
Seguí, Francisco. 
Selva, Domingo. 
Señal, Gabriel. 
Seníllosa, Juan A. 
Seurol, Edmundo. 
Seré, Juan B. 
Schaw, Garlos E. 
Silva, Ángel. 
Sílveyra Luís 
Sílveyra, Arturo 
Simonazzi, Guillermo. 
Siri, Juan M. 
Soldaní, Juan A. 
Solier, Daniel (hijo). 
Solveyra, Mariano 
Spinola, Nicolás 
Speroni, Daniel C. 
Swenson, U. 

Taiana, Hugo. 
Taiana, Alberto. 
Taminí Grannuel, L. A. 
Tassi, Antonio 
Taurel, Luis F. 
Tejada Sorzano, Carlos. 
Texo, Federico 
Thedy, Héctor. 
Torres, Luis M. 
Torrado, Samuel. 
Trelles, Francisco M. 
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Vázquez, Pedro. 
Vidal, Magín. 
Videla, Baldomcro. 
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Villegas, Belisario. 

Wauters, Garlos. 
Wernícke, Roberto 
While, Guillermo. 
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SOCIEDAD científica 

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Director : Ingeniero EDUARDO AGÜIRRE 
Secretarios : Agrimensor Alejandro Foster y señor Félix F. Outes 

REDACTORES 

Ingeniero Ángel Gallardo, señor Juan B. Ambrosetti, ingeniero José S. Gorti, in- 
geniero Santiago E. Barabino, ingeniero Federico Birabén, ingeniero Nicolás 
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JULIO 1901. — ENTREGA I. — TOMO LII 



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Señor Luis Curutchet. 



índice de la presente entrega 



Pablo Patrón. Huirakocha. Conferencia dada en los salones de la Sociedad Cien- 
tífica Argentina, el 12 de junio de 1901 5 

Carlos M. Morales. Las mejoras edilicias de Buenos Aires f continuación J 38 

Miscelánea 46 



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5-(9(^'S^ 



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SOCIEDAD científica 

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Director :- Ingeniero EDUARDO AGUIRRE 
Secretarios : Agrimensor Alejandro Foster y señor Félix F. Outes 



TOMO LII 

Segundo semestife de 1901 



BUENOS AIRES 

IMPRENTA Y CASA EDITORA DE CONI HERMANOS 
684 — CALLE PERÚ — 684 

1901 



HUIRAKOGHA 



CONFERENCIA DADA EN LOS SALONES DE LA « SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA » 
EL 12 DE JUNIO DE 1901 

Por pablo PATRÓN 



Señor Presidente : 
Señores : 

De los reinos del Eufrates y el Tigris han venido á América, en 
época remota, los Kechuas y Aimaraes, pobladores principales del 
Tahuantinsiiyo. Esta rotunda afirmación descansa en un hecho 
científico : los idiomas kechuas y aimará provienen del súmero y 
del asirlo. Patentizado el estrecho parentesco de ambos grupos lin- 
güísticos, el asiático y el americano, un reguero de luz ha disipado 
las obscuras brumas del pasado. 

La unidad de expresión del pensamiento conservada después de 
tantos siglos como han trascurrido desde que los hombres de la 
Mesopotamia emigraron á América, no ha podido ser, por su natu- 
raleza, un hecho aislado, ha debido traer consigo identidades y se- 
mejanzas en lascreenciasy costumbres, en los conocimientos y artes 
deesos pueblos, capaces por sí solas de revelar su común origen, 
por más que hoy los contemplemos separados por la inmensa cuenca 
del Pacífico, sin saber aún cuándo ni cómo pasaron de un conti- 
nente á otro. 

Si el alma de un pueblo palpita en su lengua, sus sentimientos 
más íntimos respecto de sí mismo y de la naturaleza que lo rodea 
viven en sus ideas religiosas. Cuando se posee lo que podría lla- 
marse la metafísica primitiva, el concepto que un pueblo se ha 
formado de la divinidad, entonces se puede interpretar y descubrir 
la evolución de sus artes y el grado de su cultura moral. Por estas 



6 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

razones inicio el paralelo entre los caldeos y los andinos, con el 
estudio del mito de Huirakocha, el dios más célebre del Tahuan- 
íinsuyo. 



I 



Las creencias primitivas de los súmeros eran hijas del temor 
que les inspiraban los malos espíritus esparcidos en el mun- 
do. Eran de formas horrorosas y sólo vivían pensando en da- 
ñar á los hombres. Otros espíritus eran, por el contrario, de natu- 
raleza buena y protectores de la humanidad, en cuyo beneficio lu- 
chaban contra los primeros. Todos los malos demonios estaban bajo 
el poder y dirección de uno de superior categoría, llamado « Espí- 
ritu del cielo » ; y los buenos demonios obedecían también á otro de 
más alto rango, denominado «Espíritu de la tierra ». 

El buen principio, «espíritu de la tierra», llamado también 
« señor de la tierra », fué ya convertido en la época más remota en 
personificación principal del abismo de las aguas, siendo así ver- 
dadero dios del mar al propio tiempo que déla tierra» (I). En la 
más remota face de la religión suraérica, dice el historiador Hom- 
mel, representaba un papel principal, al lado de los malos espíri- 
tus, el bueno de la Tierra, cuya morada estaba en la profundidad, 
ó sea en el gran abismo de las aguas, llamado Nu7i, por lo que se 
vea veces identificado con este mismo elemento primitivo (2). 

Como resultado de las ideas anteriores el gran espíritu de la tierra 
y del agua vivía en el océano ó zona acuosa queá manera de cerco 
rodeaba la tierra; el dicho espíritu era representado en forma de 
un pez, por lo que se llamaba « el pez exaltado » ; también era sim- 
bolizado por un magnífico buque, en el cual se suponía que daba 
vuelta á la tierra para cuidarla y protegerla (3). 

Este « dios bueno » fué llamado en un principio, en términos 

suméricos, «señor de la tierra», ó sea In-kia, de i>-|| in, señor, 

<J I -tJ ki, tierra, y j [7 ^> agua (4) ; posteriormente se simplificó 
esta expresión en Va ó Ea, que quiere decir « casa » ó « morada » de 
las aguas », de ^] j jT * ^ ^ casa y el anterior a, agua (5). 



HÜIRAKOCHA 7 

Esla forma elemental y primitiva del dios Ea, creación de los sú- 
meros (6), está perfectamente señalada en sus himnos y conjuros 
religiosos. Se ha dicho que este dios era el principa! de ios buenos 
espíritus, y así eii un conjuro cimtra diferentes demonios y enfer- 
medades son todos ellos calificados de « enemigos del dios Ea » ; así 
también en una fórmula imprecatoria contra la enfermedad de la 
cabeza salida tJe los infiernos se suplica que el « precepto de Ea 
cure al enfermo» (7). Como la residencia habitual de Ea era en 
el seno de las aguas fué fácilmente transformado, como ya se ha 
dicho, en un dios ictiomorfo y denominado en los escritos religio- 
sos « el gran pez del océano », «el pez sublime» (8) ; y el nom- 
bre mismo del dios Ea equivale en la escritura cuneiforme al ideo- 
grama de pez (9). 

Otro de sus atributos principales, y una de sus figuras represen- 
tativas era la serpiente (1 0). Este símbolo no debe llamar la atención 
desde que Tiamat el mar, el caos primitivo era representado por el 
mismo ofidio (11). 

También se encuentra celebrado el dios Ea como « el rey del 
océano», y su navio defendido por leones del desierto, y del cual 
dice uno de los himnos : « que el navio delante de tí navegue sobre 
los canales. Que el navio detrás de tí navegue sobre la superficie » 
(de las aguas) (12), 

Más tarde, cuando los súmeros se mezclaron con los semíticos, 
Ea entró en la religión común de ambos pueblos figurando tanto 
en las cosmogonías como en las triadas de los dioses arregladas por 
los sacerdotes de Babilonia. Existen varias cosmogonías caldeas 
que se encuentran en lo que hasta aquí ha podido ser descubierto 
ó descifrado de los textos cuneiformes. Es cosa clara que composi- 
ciones de este género han sido hechas en Babilonia, trasmitidas 
á la Asiría, y confiadas libremente á la escritura sin que ninguna 
de ellas fuese la definitiva y única autorizada (1 3). 

La de Damascio está en conformidad con uno de los fragmentos 
de la narración cosmogónica encontrada en los ladrillos caldeos. 
Dice ésta en substancia : «Cuando arriba no se había dado nombre 
aún al cielo, abajo no tenía nombre todavía la ti'erra, — y el abis- 
mo de las aguas (apsú), fué su creador, — el caos del mar el que 
engendró á todos ellos — entonces se reunieron sus aguas; — las 
tinieblas (?) no habían desaparecido todavía (?j, ninguna planta 
había brotado aún. Cuando no se había creado todavía ninguno 
de los dioses, ni ellos tenían nombre alguno, ni destino tampoco 



o ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

por ellos determinado, ~ entonces fueron creados también losgran- 
des dioses, — aparecieron también el dios Luchniu, la diosa Lac- 
hamu, — hasta quecrecieron... — el diosAnshar, la diosa Rishar, 
fueron creados. Ellos hicieron largos los días... — El dios Anu (el 
diosEw ?)...(! 4). Damascioha conservado intactoy sin alteración el 
texto transcripto arribay cujo origen corresponde « á la época proto- 
caldea » (15). «Entre los bárbaros, dice él, los babilonios parecen pa- 
sar en silencio el primero de todos los principios, y se imaginan en 
seguida dos. Toathé (Tiamat) y Apasón (Apsu), y hacen de Apason 
el esposo de Toathé á quien llaman la madre de los dioses. De su 
unión hacen nacer un hijo único, Moymis (Mummu), quien me pa- 
rece ser el mundo inteligible salido de los dos primeros principios. 
De los mismos viene en seguida otra generación Daché y Dachos 
(Luchmu, Lachamu). Sigue una tercera de los mismos padres í^is- 
raré (Ki-Sar) y Assoros (Assur-Sar), de quien nacen tres dioses: 
Anos (Ana-Anu), Illinos (Elim-Bel) y Aos (Ea) ; por último el hijo de 
Aos y de Dauke (Daukina) es Bélos (Bel-Marduk) del cual ellos di- 
cen haber sido el demiurgo » (16). 

Los tres últimos dioses Anu, Bel y Ea,, « parecen ser las primeras 
personas reales de la generación del mundo, pues los pares ante- 
riores tienen un carácter más visiblemente simbólico». Esta aprecia- 
ción de Smith seguida hoy por los asiriologistas es la verdadera 
(17) ; así Hommel afirma sobre este punto que « Kishar es también 
la personificación femenina de Anu (Analu), pero aquí significa la 
Tierra, respectivo al dios Ea, del cual parte luego el restode la crea- 
ción. También Luchmu y Lachamu no significan sino Anu y Anatu, 
ó sea Cielo y Tierra, esto es, Anu y Ea » (18). 

Por eso se expresa Máspero en los términos siguientes: « A medi- 
da que las generaciones emanaban una de otra, su vitalidad au- 
mentaba y su carácter personal era más definido; la última no 
comprendía sino seres de un carácter original y de individua- 
lidad bien marcada; Anu el cielo lleno de sol durante el día y sem- 
brado de estrellas en la noche, Inlil-Bel el rey de la tierra, y Ea el 
soberano de las aguas y el sabio por excelencia » (19). Pero el últi- 
mo, Ea, es el que aparece con más frecuencia en la escena^ como 
dice Lenormand, es él quien desempeña el papel de creador, de de- 
miurgo, y de gobernador de la humanidad (20). 

El otro texto cosmogónico que aún no ha sido encontrado en los 
antiguos documentos cuneiformes, es conocido por los fragmentos 
de Berosio. «Hubo un tiempo en que todo era tinieblas y agua, es- 



HUIRAKOCHA. 



cribe él, y en este medio se engendraron espontáneanjenle anima- 
les monstruosos y de figura muy particular : hombres con dos alas, 
y algunos con cuatro, de dos caras, de dos cabezas, una de hombre 
y otra de mujer, sobre un solo cuerpo con ambos sexos á la vez; 
hombres con piernas y cuernos de cabra ó con pies de caballo ; 
otros semejantes á los hipocentauros con los miembros posteriores 
caballunos y los anteriores humanos. Había también toros de cabe- 
za humana, perros con cuatro cuerpos y cola de pescado, caballos 
de cabeza canina, hombres con cabeza igual, animales con cuerpo 
y cabeza caballunos y cola de pez ; otros cuadrúpedos en los cuales 
todas las formas animales estaban confundidas, peces, reptiles, 




Fk 



serpientes y toda clase de monstruos maravillosos presentándola 
mayor variedad en sus formas, y cuyas imágenes se ven en las pin- 
turas del templo de Bélos. Una mujer llamada Omoroca {Um-Uruk, 
la madre de Uruk), presidía esta creación ; lleva en la lengua de 
los caldeos el nombre de Thavatth (Ttamat), que significa en griego 
la mar; se le identifica también con la luna » (21). 

El ictiomorfismo de Ea también aparece claramente en Berosio. 
«En una época en que Caldea y Babilonia estaban habitadas por 
un conjunto de hombres de diferentes naciones que vivían sin ley 
á la manera de las bestias, salió de esta parte del mar Eritreo que 
limita la comarca, un animal de sexo masculino, llamado üannes, 
cuyo cuerpo era el de un pez. Bajo su cabeza de pez tenía otra ca- 
beza y pies también semejantes á los de un hombre, unidos á una 



10 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

cola de pescaflo. Su voz era articulada, su lenguaje humano. Su 
imagen se ha conservado hasta hoj» (21). 

Oannes es la forma helénica del nombre asirlo Ea nunu, Ea pez, 
lo mismo que la forma trascripta porHiginio, Euahanes corresponde 
al apelativo sumérico Ea han, que también significa Ea pez (22). 

Bajo la forma en que lohadescripto Berosio como un hombre pez 
con cauda de águila cubierto por una enorme piel de peje, cuyas 
fauces palpitantes se elevan sobre su cabeza, así se le ha descu- 
bierto en cilindros de piedra y en figuras de terracota halladas en 
Babilonia, y también en esculturas y bajo-relieves extraídos de los 
palacios asirlos (23). 

El culto de Ea fué el más antiguo de la religión mesopotámica ; 
antigüedad atestiguada porque él floreció en el punto de partida 
de la religión sumérica, en la primera face de Urudugga «ciudad 
de Ea », y también en la semítica Eridu sobre la ribera izquierda 
del Eufrates, no lejos del lugar denominado hoy Abu-Shahrein (24). 

En la mezcla de las primitivas creencias suméricas y semíticas, 
^unos dioses fueron conservadosy otros desaparecieron confundidos 
con sus rivales ; pero todos sufrieron alteraciones más ó menos no- 
tables al formar parte de la religión común y de carácter oficial. 
«Así Bel, el señor déla Tierra, Ea el jefe de las aguas, subieron al 
cielo que no les pertenecía, y se instalaron en él al lado de Anu. » 
«Su elevación simultánea al rango supremo no dejó de desnatura- 
lizarlos en parte. Anu, Bel, Ea, eran al principio, personajes in- 
completos, limitados, aprisionados cada uno de ellos en un concep- 
to único, y reducidos á los atributos que se juzgaba indispensables 
para el ejercicio de su poder en un campo determinado, en el cielo, 
sobre la tierra, en las aguas ; al superar cada uno á sus rivales 
hubieron de apropiarse ciertas cualidades que les permitieran á 
cada uno de ellos regentar en los dominios de los otros. Su ser cre- 
ció, y de dioses que eran del cielo ó la tierra ó de las aguas, se 
convirtieron en dioses á la vez de cielo, tierra y aguas. Su persona 
se compuso desde entonces de varias capas estratificadas conser- 
vando como núcleo cada dios el ser que era al principio » (25). 

Así se comprende que Ea reciba en las inscripciones los calificati- 
vo de « antiguo », de «padre de los dioses», de « señor del mundo 
inferior, señor de las tinieblas, dueño de los tesoros ocultos, el que 
hace recorrer al sol las cuatro regiones del cielo » ; que convertido 
en luz divina sea la inteligencia que dirige el universo y se le lla- 
ma «el dios de la vida pura, el señor del mundo visible, el señor 



HÜIRAKOCHA 



H 



de los conocimientos, de la gloria, de la vida y de la especie huma- 
na» (26), 

En cuanto á dios del agua, del mar, del océano le estaban con- 
sagradas la región meridional de la tierra y la zona meridional del 
cielo á causa de que el mar quedaba al sud de Babilonia; j por 
esto mismo el lugar del dios en el cielo fué imaginado al sur j 
tenía por vía celeste el trópico de Capricornio (27). 

Estudiado y comprendido así el dios Ea desde su carácter más 
simple hasta su elevación á la triada suprema, se puede fácil 




Fif 



y provechosamente compararlo con el supremo dios de los an- 
dinos. 

Villar primero y Uhle después, han reunido todos los testimonios 
y citas comprobatorios de que Huirakocha era el nombre déla di- 
vinidad éntrelos andinos (28). Cieza de León dice que los Cañaris 
adoraban al creador de todas las cosas denominándolo Huirako- 
cha, que los nativos del Collao, así como todos los otros pueblos de 
la sierra, le daban igual apelativo y lo colocaban arriba en el cielo; 
de los Cañase indios de Jauja afirma lo mismo, y por último refie- 
re que, antes de la dominación incaica, los naturales del país 
« llamaban y tenían por Hacedor de todas las cosas á Tisiviraco- 
cha» (29). Betanzos asegura también que Con Tisi Viracocha Pa- 
chayachachic es el nombre del dios Hacedor del mundo en la len- 
gua de los andinos (30). El licenciado PoloOndegardo, hace presente 



12 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

que Huirakocha era tenido por «señor supremo de todo» y ado- 
rado «con sunia honra ». 

El jesuíta peruano Blas Valora da como un hecho sabido y ordi- 
nario, que «cuando el Inca sujetaba cualquiera nueva provincia y 
había mandado llevar al Cuzco el ídolo principal de ella, y había 
apaciguado los ánimos de los señores y de los vasallos, mandaba 
que todos los indios, así sacerdotes y adivinos, como la demás 
gente común adorasen al dios Ticci Viracocha, por otro nombre 
llamado Pachacamac, como á dios poderosísimo, triunfador de los 
demás dioses» (31). El sabio Acosta asegura que las naciones ame- 
ricanas «sienten y confiesan un supremo Señor Hacedor de todo, 
al cual los del Perú llamaban Viracocha; y le ponían nombre de 
gran excelencia, como Pachacamac ó Pachayachachic, que es crea- 
dor de cielo y tierra, y Usapii, que es admirable, y otros seme- 
jantes» (32). 

En la información oficial del virrey Toledo, efectuada en Yucay, 
en 1571 , declararon muchos indios viejos «que antes que entrasen 
los españoles, ellos y sus padres y todos los demás indios adoraban 
á Viracocha, al cual tenían por Hacedor de todas las cosas; y que 
también adoraban al Sol, á Pachacamac y á otros dioses, porque 
los tenían por cosas muy allegadas á dicho Viracocha» (33). ¿Para 
qué acotar más autoridades? basta saber que el cronista Herrera, 
Cabello de Balboa, al autor de la Relación anónima, el capellán 
Cristóbal de Molina, el licenciado Montesinos y el indígena Santa 
Cruz Pachaculi, todos están á una y de acuerdo con los autores adu- 
cidos (34). Solo agregaré lo escrito por el jesuíta Cobo: «hacían- 
se, dice, los primeros sacrificios solemnes á cada dios de su propia 
hacienda, y al Viracocha de la de todos; porque fuera de los sacri- 
ficios que dirigían ácada uno de los dioses particulares y segundas 
causas, que eran de la hacienda que para este efecto se les aplica- 
ba de la gruesa, de la que se beneficiaba y recogía por cuenta y en 
nombre de la Religión, de esa misma hacienda ofrecían los mis- 
mos dioses particulares al Viracocha como á señor universal de 
todo» ; y agrega que aunque dirigiesen el sacrificio á cualquiera 
dios de los particulares, hablaban primero con el Viracocha, que 
tenían por creador (35). 

Esto nos revela que Huirakocha no sólo era tenido como dios; si- 
no adorado por tal en las ceremonias ordinarias del culto, no sólo 
en los tiempos primitivos, sino hasta en la época de la dominación 
incaica, siendo señores absolutos los hijos del sol. 



HÜIRAKOCHA 



13 



Pero en lanto que no se comprenda clara mente qué quiere decir 
la voz Huirakocha, no se podrá avanzar sobre terreno sólido. Ella 
corresponde, según se ha visto, al dios supremo, y aunque hay 
una cierta uniformidad generalmente aceptada en cuanto á su sig- 
nificado simbólico y religioso, no pasa lo mismo con su interpreta- 
ción literal. Montesinos escribe: « lUatici Huirá Cocha, que quie- 
re decir el resplandor y abismo y fundamento en que están todas 
las cosas; porque ¿7/rt significa el resplandor y ¿m fundamento ; 
¡mira, antiguamente, antes de corromperse se llamaba pz'níd!, que 
es el depósito de todas las cosas, y cocha, abismo y profundi- 




Fig. 3 



dad» (36). En la Relación anónima se lee : «Creyeron y dijeron 
que el mundo, cielo y tierra, y sol y luna, fueron creados por otro 
mayor que ellos: a este llaman ///a Tecce, que quiere decir luz 
eterna. Los modernos añadieron otro nombre, que es Viracocha, 
que significa dios inmenso de Pirua, esto es, á quien Pirua, el 
primer poblador de estas provincias adoró...» (37). Cobo, pone ala 
letra : «El de Ticciviracocha era tenido por misterioso, el cual, in- 
terpretado, significa «fundamento divino » (38). Garcilaso, que 
niega á dios el nombre de Huiracocha, juzga esta palabra* como 
apelativo propio, simple, sin que por lo tanto nada valga para com- 
prenderlo el valor de los dos vocablos que lo forman. Por esto 
confiesa que no sabe su significado (39), y que el atribuido por los 



14 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

españoles de «grosura de la mar », de vira grosura y cocha mar, 
es inaceptable, pues según las reglas de la construcción kechua 
quiere decir al pie de la letra « mar de sebo », de vira sebo y cocha 
mar. En efecto, Zarate, Cieza y otros han conservado en sus obras 
la explicación de «espuma ó grasa de la mar» como la dada ge- 
neralmente por los conquistadores á la voz de que se trata (íO). 

Entre los modernos abundan también las opiniones. Tschudi ha 
vertido primero este apelativo como « mar, origen y fin de todas las 
cosas» (41), y después como «mar de aire, de luz » (42). Markham 
ha seguido la tradición popular: « espuma del mar» (43). Barranca 





Fiff. 



identifica á Huirakocha con luz, calor, « mar de luz », de calor en 
una palabra con el sol (44). Middendorf lo refiere á fenómenos vol- 
cánicos, «Kon-Ticsi-Huira-Cocha : dios del fluido ígneo del inte- 
rior de la tierra ; literalmente «lago de lava caliente» (45). López 
lo entiende de diferente modo : pero guiándose siempre por las ideas 
de Montesinos: «Huirá Kocha el espíritu del abismo». Illa Tiksi, 
Huirá Kocha » el espíritu del abismo fundador de la luz celeste», 
áeHuira-cocha, soplo del abismo ; Tiksi, fundador ; Illa, luz ó fuego 
(46). Villar da como resultado de su estudio que Uira-cocha Illa 
T ekse- Viracocha \a\en por gran infinito, luz y principio universal 
(47). LatoneQuevedo la interpreta en un sentido fálico (48) ; Douay 
la descifra como « emanation du ciel » (49). 

Últimamente Lafone Quevedo ha escrito sobre este punto lo si- 



HÜIRAKOCHA 15 

guíenle acocha dice — laguna, mar, — pero también puede expli- 
carse así: — co-agua-c/írt-partícula verbal, — iJ'¿r a-gordura, 
abundancia — es decir, que el tema en su totalidad querría decir 
— El hacedor del agua de la fertilidad — en otras palabras — El 
Dios del Agua: otro Neptuno como el de los Romanos, otro Tlaloc 
como el de los Mejicanos» (50). 

El signo I j|, [expresa la idea de un suelo cubierto de agua 

más ó menos profunda, y así abarca desde pantano hasta lago, 
acepción esta última no muy usual en Mesopotamia por ser escasos 
los lagos propiamente dichos, y sí abundantes los pantanos (51). 
Su pronunciación Sumérica es Zug, de donde por z = k, u = o, 
g = ch se forma la voz kechua kocha laguna (52). Esta formación 
está también de acuerdo con la obtenida por la lectura fonética de 

7 ^ — í 
cada uno de los signos componentes del que se trata. Así ^ 

55.1 ; — i 

tiene como uno de sus valores fonéticos gud = koch; y jj7suena 

a (53) y así resulta /coc/ia laguna. Como se ve, estamos muy distantes 
de la raíz ko agua; ella existe y su origen se encuentra en súmero; 

pero es como el signo o-Of ^u = ko, en ^-tí j ^tí zu-ab casa 

del agua (53^). 
El signo cuneiforme correspondiente al dios de que se trata con- 

fundido con el abismo de las aguas es U^-o-4- f/i¿ ó ¿i¿ (54) y el 

paleo cuneiforme que le corresponde tiene dos formas siendo una 

de ellas c^ I (55); la cual puede ser leída según los valores fo- 

r>' ■ / 



néticos de sus componentes, que como se sabe es una de las ma- 
neras como se forman las voces kechuas. 

El signo p — I— tiene entre sus fonemas el de bir (56), que por 

b = hu, i vocal que subsiste invariable y la r, da huir, que con su 
complemento fonético correspondiente terminado en a da huirá, 
(57). El otro signo ya se ha visto que se lee gud = koch, de donde 
kocha. Y resulta completamente formado el nombre del dios Huirá- 



16 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

kocha, como simple lectura fonética del paleo cuneiforme ideogra- 
ma del abismo de las aguas. 

Podría caber lugar á duda si esta fuera la única voz kechua ó 
aimaráque se formase por este sistema, pero como ya queda expli- 
cado es un sistema corriente de derivación. 

Antes de avanzar es indispensable exponer de dónde se han ori- 
ginado las aseveraciones de Montesinos y del autor déla Relación 
Anónima. Dice el primero que el apelativo original del gran dios de 
que se trata fué Pirlma Pirua. 

Uno de los nombres de Ea era escrito así^— 1| 1 1 I ^ív-4-que vale 

como ideograma por «casa del abismo de las aguas » (58). La lec- 
tura fonética de este apelativo puede hacerse del siguiente modo : 
el primer signo vale por bid = pir (59) y el segundo vale también 
porc/w = n¿, y juntando ambas sílabas con la terminación a resulta 
pir-rua ; pero como en kechua no hay r fuerte queda reducido á 
Pirua . 

El segundo no aplica á Huirakocha el nombre de Pirua sino al 
primer poblador « de estas provincias ». La confusión ha nacido de 

que en súmero x^li^íV significa soldado (60); y de que el signo 

T ^ 

1^. i ,. . que hemos visto forma parte del paleo cuneiforme de Hm- 

rakocha (es decir del abismo de las aguas) ; vale en asirio por Biru 
hijo, descendiente (61); existiendo también en este idioma la voz 
Pirliu que significa también descendencia (62). Así es que ha po- 
dido muy bien aplicársele al primer poblador de estas tierras el 
calificativo de Pirhua en cuanto que era descendiente de los meso- 
potámicos y quizá si con este nombre fueron llamados los hijos de 
los inmigrantes. 

Se confirma todavía esto más con la famosa dinastía de los Pi- 
ruas de que habla Montesinos en los albores de la Historia del 
Tahuanlinsuyo. 

Falta ahora tratar del significado de cada uno de los componen- 
tes de Huirakocha como simple palabra kechua. Huirá correspon- 
de tanto á un antiguo nombre del abismo de las aguas (63) como 
al Asirio Biru hondo, profundo, y aplicado como calificativo jus- 
tamente por los mismos asirios á las aguas del mundo inferior (64). 
Kocha está ya explicada y no hay para que repetir lo dicho (Qi"). 



HUIRAKOCHA 1 7 

Ha causado muchas dificultades y tropiezos el apelativo del arco- 
iris kochauira (65) en cuanto que se compone de las mismas voces 
ée huirakocha colocadas en sentido inverso. Todo el problema se 
aclara sabiendo que kocha es en kechua lago y que uira viene en 

este caso del súmero n>Í bir, resplandor^ brillo (66); y que existe 

también en asiriola vozberu que tiene el mismo significado (67). Ko- 
chauira quiere decir el brillo, el resplandor del lago ó de las aguas. 

Antes de tratar de los epítetos aplicados á Huiracocha hay que 
ver si han conservado ó no los andinos la idea del abismo de las 
^guas. En efecto así ha sido y hay pruebas en ese sentido. 

« Lo que comunmente todos creían y tenían por fe, dice Santi- 
llán, es que el que era bueno, cuando moría volvía á donde había 
venido, que era debajo de la tierra, y que allí vivían los hombres y 
tenían todo descanso; y el que era muerto por justicia ó hurtaba, ó 
hacía otros pecados, cuando se moría iba al Cielo, donde hay fue- 
^0, y allí pagaban por ellos » (68). Garcilazo ha conservado otro 
dato precioso : que la tierra, según los indios, descansaba sobre 
un abismo acuoso. « Quando el sol se ponía, dice el Inca, viéndole 
transponer la mar (porque todo el Perú á la larga tiene la mar al 
poniente) decían que entraba en ella, que con su fuego y calor se- 
caba gran parte de las aguas del mar, y que como un gran nada- 
dor daba una zabullida por debajo de la tierra para salir otro día 
•al oriente; dando á entender que la tierra está sobre el agua » (69). 
Lo mismo suponían los caldeos. 

Se usa en kechua la frase tekse kocha que en su sentido recto quiere 
decir laguna del origen, del principio, del cimiento. Bonanegra la 
emplea en su Ritual en la frase «Oh madre mar del cabo del mundo 
llueve » : « cammama cocha, tecce cocha parachimui (10), en donde se 
ve que tekse kocha quiere decir cabo del mundo. De manera que en 
los confines del mundo hay una laguna que le sirve de fundamento. 

En una oración conservada por Santa Cruz Pachakuti se dice á 
Huirakocha hanancochamantarayac, hurincocha tiyancayca; «desde 
el abismo de los cielos en que permaneces; desde el abismo de la 
tierra en que estás » (71). El padre Oré en la oración que transcribe 
atribuyéndola al inca Kapak Llupanki dice al creador entre otras 
cosas : «Oh Hacedor, ¿ adonde estás ? ¿ es en lo alto del cielo ó en 
los abismos? (72). 

En un conjuro al demonio Kañakhuay yauirka, dice el monarca 

AN. SOC. CIENT. 4RG. — T. LIl 2 



18 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Rapak Yupanki en nombre del Hacedor : nHananpachap, hurin- 
pachap, cochamanta rayacpa, cuya traducción es : Del cielo, de la 
tierra, del que yace en lo profundo del mar » (73). 

Entre los epítetos dados á Huirakocha por Molina en las oracio- 
nes por él recogidas, se encuentra el de apacochanó /iapocochan(l^) 
y el cual es susceptible de la explicación siguiente. Se ha visto en 
las páginas anteriores que uno de los ideogramas correspondientes 



Fig. 5 



á Ea valia por « casa del abismode las aguas ». El signo corriente 
correspondiente á casa es Í^I^Ij «^ C^o), es decir ap. Uno de ]o& 



c^p í? 

paleo cuneiformes del abismo de las aguas es h/¡ , y puede leer- 
se fonéticamente, por í i gud = koch (76), y por ^ = ^_/>-4_ 






an (77), kochan; que unido al valor anterior ap da apakochan. 

Caylla, otro epíteto de Huirakocha, sacado también de las oracio- 
nes de Molina, es traducido por LafoneQuevedo «entero, completo » 
(78). Disiento de su opinión, y descompongo la palabra en cuestióa 

en /Ca proveniente de "p^hapez (79), y en í7/a luminoso, venerable^ 



HÜIRAKOCHA 19 

celeste (80) ; y así Kailla vale por pez luminoso, venerable, celes- 
te; uno de los nombres más conocidos de Ea. 

Acuupu calificativo sacado también de Molina es vertido por La- 
fone Quevedo por ceremonia, y dice que á Huirakocha se le 
decía «señor déla ventana, señor de la ceremonia» (81). No es 
aceptable esta interpretación, pues, acna y apií dan acuapu, pero 
no acuupu, pues las vocales son fijas en kechua y no existe 

"fp ? 

la transformación de doble a en u. La descifración es otra. <¡ 



Este signo pu corresponde por los signos simples de que está formado 
y <MÍ á I y^ I pues, i bes lo mismo que <\ desde que am- 



bos expresan agua ; por consiguiente, se le puede considerar como 
un ideograma déla idea fundamental del abismo de las aguas 
(82). El significado sumérico de este signo pu no es conocido gene- 
ralmente, pero Hommel le da el de cisterna ó pozo (83). Ak viene 



del súmero a^ pH c^ — l.que significa hacer (84), y ?2í/ es la voz 

súmera "^ nu hombre (84^). Según esto, desde que pu expresa la 

idea del abismo de las aguas ó sea de dios, la palabra completa 
akufupu significa dios, hacedor de los bombines. 

Cieza de León, Betanzos, Molina y Montesinos escriben tisi ó 
tici uno de los calificativos de Huirakocha; pero como no les ha 
sido posible á los autores entender esta voz, el mismo Montesinos 
da el ejemplo falseándola, pues le atribuye el significado de funda- 
mento, que corresponde á teksi ó tiksi (85). Sin embargo el signi- 
ficado de ti&i es preciso : se compone de í?"«>— <í p (86) vida y vfczí 

.si dar (87) de modo que con este epíteto se llama á Huirakocha dador 
de la vida. Respecto de illa no rae extiendo por que esta voz ha 
sido perfectamente estudiada por mí en un trabajo reciente (88) 
en el cual pruebo que le corresponde la idea de luz y también la 
de divinidad. /Con otro délos apelativos dados á Huirakocha es 
posterior á los otros ya estudiados y corresponde perfectamente á 
la fusión de unosdioses en otros cuando ya las ideas claras que 
se tenían de cada uno de ellos se iban borrando. 

Solamente de paso diré que Kon es una divinidad ígnea. 



20 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

.Ya es tiempo de conocer que rol desempeña Huirakocha en las 
tradiciones cosmogónicas y en las leyendas de la creación. Véase 
como refiere Betanzos la creación del mundo, según los indígenas: 
«En los tiempos antiguos, dicen ser la tierra é provincia del Perú 
escura y que en ella no había lumbre ni día. Que había en este 
tiempo cierta gente en ella, la cual gente tenía cierto Señor que la 
mandaba yá quien ella era subjeta. Del nombre desta gente y del 
Señor que la mandaba no se acuerdan. Y en estos tiempos que esta 
tierra era toda noche, dicen que salió de una laguna que es en esta 
tierra del Perú en la provincia que dicen de Collasuyo, un señor 
que llamaron ConTici Viracocha, el cual dicen haber sacado consi- 
go cierto número de gentes del cual número no se acuerdan. Y como 
esto hubiese salido desta laguna, fuese de allí á un sitio ques junto 
á esta laguna, questá donde hoy día es un pueblo que llaman Tía- 
guanaco, en esta provinciaya dicha del Coliao ; y como allí fuese él y 
los suyos, luego allí en improviso dicenque hizo el sol y el día, y que 
al sol mandó que anduviese por el curso que anda; y luego dicen 
que hizo las estrellas y la luna. El cual Con Tiei Viracocha, dicen 
haber salido otra vez, antes de aquella, y que en esta vez primera 
que salió, hizo el cielo y la tierra, y que todo lo dejó escuro ; y que 
entonces hizo aquella gente que había en el tiempo de la escuridad 
ya dicha; y que esta gente le hizo cierto deservicio á este Viraco- 
cha ; y como della estuviese enojado, tornó esta vez postrera y salió 
como antes había hecho, y á aquella gente primera y á su Señor, 
en castigo del enojo que le hicieron, hízolos que se tornasen piedra 
luego». 

« Así como salió y en aquella misma hora : como ya hemos dicho, 
dicen que hizo el sol y el día, y luna y estrellas : y que esto hecho, 
que en aquel asiento de Tiaguanaco, hizo de piedra cierta gente 
y manera de dechado de la gente que después había de producir, 
haciéndolo en esta manera: Que hizo de piedra cierto número de 
gente y un principal que la gobernaba y señoreaba y muchas mu- 
jeres preñadas y otras paridas y que los niños tenían en cunas, 
según su uso ; todo lo cual ansi hecho de piedra, que lo apartaba 
á cierta parte ; y que él luego hizo otra provincia allí en ¡Tiagua- 
naco, formándolos de piedras, en la manera ya dicha, y como los 
hobiese acabado de hacer, mandó á toda su gente que se partiesen 
todos los que él allí consigo tenía, dejando solos dos en su compa- 
ñía, á los cuales dijo que mirasen aquellos bultos y los nombres 
que les había dado á cada género de aquellos señalándoles ydicién- 



HÜIRAKOCHA 



21 



doles : « éstos se llamarán los tales y saldrún de tal fuente en tal 
provincia y poblarán en ella, y allí serán aumentados ; y éstos sal- 
drán de tal cueva y se nombrarán los fulanos, y poblarán en tal 
parte ; y ansi como yo aquí los tengo pintados y hechos de piedras, 
ansí han de salir de las fuentes y ríos, y cuevas y cerros, en las 
provincias que ansi os he dicho y nombrado ; é iréis luego todos 
vosotros por esta parte (señalándoles hacia donde el sol sale) di- 
vidiéndoles á cada uno por si y señalándoles el derecho que debe 
llevar». (89). 

Á pesar de las dificultades de la traducción, de las roturas de los 
ladrillos, y de lo fragmentado del texto sumérico, por una parte, 




Fi.£ 



la confusión y las contradicciones del texto de Betanzos por otra, 
ambas leyendas, la caldaica y la andina, tienen la misma substan- 
cia, concuerda n en el fondo. El lago más grande del Perú, el Titi- 
caca, existía cuando todo era noche, antes de losdiosesy los seres, 
exactamente lo mismo que el mar del caos de los caldeos; del seno 
de ese lago nace Huirakocha, como la encarnación de su poder, y 
hace los astros, la luz, es decir, las deidades, y crea el hombre y 
las demás criaturas ; exactamente como engendró el abismo de las 
aguas á £a y esta divinidad realizó la creación atribuida por los 
andinos á Huirakocha. El paralelo es perfectamente igual. 

Huirakocha realizó en Tiahuanako la creación. Óigase lo qué 



22 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

dice Molina: «Tienen tannbién otra fábula en que dicen que el 
Hacedor tuvo dos Hijos que el uno llamaron ymay manaviracocha 
y el otro tocapo viracocha, y que concluydo el acedor las gentes y 
nagiones y dar tra^-as y lenguas y aver enviado al cielo el sol y 
luna y estrellas cada uno á su lugar desde en tierra Huanuco conno 
está dicho el hacedor á quien en lengua destos yndios le llaman 
pacha yachachi y por otro nombre ticiviracochan que quiere decir 
incomprehensible Dios vino por el camino de la fierra visitando y 
viendo á todas las naciones como avian comengado á multiplicar 
y cumplir lo que se les avia mandado... » 

« Digen también en esta misma fábula que en gierra Huanuco 
donde digen higo todas las gentes higo todas las diferencias de aves 
macho y hembra de cada uno y dándoles cantos que avian de can- 
tar cada uno é á los que avian de rresidir en las montañas que se 
fuesen á ellas y á los que en la tierra cada uno á las partes y luga- 
res que avían de rresidir y que así mismo hizo todas las demás 
diferencias de animales de chuá uno macho y hembra y todas las 
demás diferengias de cuylebras y demás savandijas que en la tie- 
rra ay mandando á cada uno que los que avían de yr á las monta- 
ñas fuesen á ellas y los demás fuesen por la tierra, y que allí ma- 
nifestó á las gentes los nombres y propiedades que las aves y 
animales y demás savandijas tenían» (90). 

Huirakocha era adorado por los andinos y tenía sus santuarios 
propios hasta en tiempo de los Incas. Uno de sus templos estaba 
en Konkacha, varias de las huakas de los sekes del Kusko le esta- 
ban también dedicadas, su imagen era reverenciada públicamente 
en las principales fiestas religiosas y los mismos hijos del sol le 
rendían un culto particular (91) ; pero su santuario más antiguo 
y notable era el de Tiahuanako. El testimonio de Cieza, y la corres- 
pondencia y uniformidad que se descubre entre la tradición y las 
figuras y escultura de Tiahuanako, son pruebas concluyentes 
de lo dicho. «Fuéronleen muchas partes hechos templos, refiere 
Cieza, en los cuales pusieron bultos de piedra á su semejanza, y 
delante dellos hacían sacrificios : los bultos grandes que están en 
el pueblo de Tiahuanako, se tiene que fué desde aquellos tiem- 
pos...» (92) 

El mismo Molina enlaza pues las estupendas ruinas de Tiahua- 
nako con Huirakocha. Llanos Zapata dice: «La diversidad de las 
estatuas de hombres, y mujeres de piedra que se admiran en este 
sitio, tienen varias posturas. Las que representan hombres ti^aen 



HUIRAKOCHA 23 

vasos en las manos en acción de quien bebe, ú ofrece á otro, que 
está sentado en ademán de quien brinda. Las que figuran muje- 
res, traen niños en los brazos, faldas y espaldas» (93). Estas pie- 
zas han debido ser labradas en recuerdo de los hombres y tribus 
creados por Huirakocha en ese lugar; perdido el recuerdo de su 
origen los andinos inventaron otro fabuloso, pero basado siempre 
en la tradición: esas estatuas habían sido hombres de carne v 
hueso, hechuras de Huirakocha y por él convertidos en pie- 
dra (94). 

¿Qué mucho que así pensaran los indios en cuanto á ciertas es- 
culturas, cuando no conservaban el recuerdo de en qué tiempo ni 
por quién había sido levantada la ciclópea fábrica de Tiahuanako? 
Grandiosa y de remota antigüedad hay que aceptarla á ojos cerra- 
das. « Yo pregunté á los naturales, dice Cieza, si estos edificios se 
habían hecho en tiempo de los ingas, y riéronse desta pregunta, 
afirmando lo ya dicho, que antes que ellos reinasen estaban he- 
chos, mas que ellos no podían decir ni afirmar quien los hizo... ; 
JO para mí tengo esta antigualla por la más antigua de todo el 
Perú; y así, se tiene que antes que los ingas reinasen, con muchos 
tiempos, estaban hechos algunos edificios destos... » (95). Hasta 
Garcilazo, encomiador sin tasa de los Incas, confiesa la verdad: 
« Los naturales dicen, que todos estos edificios, y otros, que no se 
escriven, son Obras antes de los Incas, y que los Incas, á semejan- 
za destas, hicieron la Fortaleza del Cozco, que adelante diremos; y 
que no saben quién los hizo... » (96). 

« Dos cosas hallo yo en estos edificios dignas de que no se pasen 
de corrida y sin ponderallas, escribe Cobo : la primera, la grande- 
za admirable de las piedras y de toda la obra; y la segunda, su 
grande antigüedad ». «Lo cierto es que no hay memoria desto 
entre los indios, porque todos confiesan ser obra tan antigua, que 
no la alcanza su noticia. En lo que conforman es en que muchos 
siglos antes que los Incas comenzasen á gobernar, estaban ya edi- 
ficados; antes es fama entre los mismos indios, que los Incas hi- 
cieron las grandes fábricas del Cuzco y de las otras partes de su 
reino por la forma y modelo deste. » «No me atrevo yo á dar pare- 
cer resueltamente en cosa tan dudosa ; pero, si conjeturas valen, 
saco por las que aquí hallo (y no son tan livianas que no tengan 
harto peso), que es obra de notable antigüedad : y sea la primera, 
la que las mismas piedras del edificio muestran, que no pueden 
dejar de haber pasado largos tiempos, pues han bastado las llu- 



24 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

vias á gastarlas, y consumirlas en gran parte... » «El segundo ar- 
gumento que yo hallo de su antigüedad aun me hace más fuerza, 
y es, la multitud de piedras labradas que hay debajo de la prime- 
ra ; porque es así, que ultra de las que se ven sobre la superficie, 
así de las que se han caido de los edificios, como otras muy gran- 
des que están apartadas dellos, pone admiración verlas que se 
sacan de debajo de la tierra y el modo como se hallan ; porque es- 
tando como está el suelo de todo aquel campo, llano, parejo y cu- 
bierto de yerba, sin señal alguna de barrancas ni derrumbaderos. 



rf^ 




en cualquiera parte que caben la tierra por más de media legua 
en torno délas ruinas sobredichas, á uno y ádos estados de hondo 
se halla el suelo lleno destas piedras labradas, y entre ellas muy 
grandes y hermosas losas, que parece estar enterrada aquí alguna 
ciudad » (97). 

De este mismo sentir son los viajeros é historiadores modernos. 
De D'Orbigny á Uhle y de Prescott á Pi y Margall no hay discrepan- 
cia en el fondo (98). 

Pues bien, estas famosas ruinas son los vestigios del más añejo 
templo de Huirakocha, como dice Cieza, y levantado en su honor 
en conmemoración de la creación del mundo hecha por él en esos 
lugares. 



HUIRAKOCHA 



25 



No es mi objeto describir las ruinas, y para el fin que me pro- 
pongo me basta estudiar la gran portada monolítica Akapana. 

Nadie ha expresado con más claridad, sentirlo con major viveza 
el valor simbólico de Tiahuanaco y su carácter eminentemente 
religioso que el distinguido escritor argentino don Bartolomé 
Mitre. 

El dice : 

«El bajo relieve del gran monolito es una verdadera composición 
sintética, una obra original con tipos singulares, que tiene su uni- 
dad, que debió tener en su tiempo un significado mítico y una in- 
terpretación religiosa, en la cual se combina la alegoría con el sim- 
bolismo. 

«La unidad de la composición resulta de la acción convergente 




P'ig. 7 bis 



de todas las figuras hacia una figura focal, que á su vez irradia la 
suya por atributos comunes á todos, los que por vía de ornamenta- 
ción, se reproducen á sus pies, como una anotación ó como un co- 
mentario ilustrativo. 

« La figura central no es precisamente la humana, no obstante 
estar calcada sobre su tipo ; y sus detalles son meras indicaciones 
de los rasgos fisonómicos expresados por las líneas elementales 
de un contorno anguloso. 

« Las figuras accesorias, acercándose más á la forma humana 
unas, difiriendo completamente de ella en su facción capital las 
otras, pertenecen, empero, al mismo género de la que domina la 
alegoría y centraliza la acción. Los atributos de las figuras son 
idénticos^, y sólo difieren en cuanto al número y el tamaño. 



26 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



« La idea religiosa está tan de relieve en la piedra de Tiahuanaco, 
como la idea guerrera en el bronce de la columna de Vendóme ; 
ambas se destacan de bulto, y se explican y comentan por sí mismas 
con independencia de todo texto escrito. 

« Por eso, en presencia de las figuras angulosas que antes he- 
mos descrito, se tiene la evidencia de tener por delante la imagen 
sistemática, matemática del Dios sin nombre de la raza desconoci- 
da, que lo concibió según su ideal de convención y lo grabó en pie- 
dra según su canon hierático » (99). 

Intuición verdaderamente genial revelan estas palabras, ellas me 




Yvcaptarapotoccnj ó PacarinancacpavnanchQni 




iVCa.ra,s¿^oco 




Fií 



relevan de insistir más sobre el carácter general de las ruinas. 

Uhle mira en ese dios desconocido á Huiracocha, pero fundán- 
dose sólo en consideraciones indirectas : en que las tradiciones mi- 
tológicas enlazan siempre á este dios cou el Titikakay Tiahua- 
nako, en que su culto era muy antiguo y estaba muy extendido 
desde el período preincaico; y en que no siendo la figura central 
de la portada monolítica de Akapana imagen del Sol, debe ser la 
efijiede Huirakocha (100). 

No hay necesidad de recurrir á eslos circunloquios, pues, el ídolo 
de que se trata lleva en sí mismo sus caracteres personales y dis- 
tintivos. 

« Había en la ciudad del Cuzco un templo llamado Quishuarcan- 



HUIRAKOCHA 27 

cha, pone Cobo, dedicado al dios Viracocha, el cual le edificó Pa- 
chaculic', y por su mándalo se puso en él una imagen de bulto de 
este dios, la cual era de figura humana del tamaño de un mu- 
chacho de diez años, toda maciza de muy fino oro (101). Así del 
aspecto señalado por Cobo es ol bajo relieve central de Akapana 
(fig. 1). 

Para desvanecer toda duda, esta figura tiene en la parte central 
del cuerpo un pez con cara humana (fig. 2) figurando todo él un 
barco. El gran valor de este símbolo no necesito encarecerlo ; es la 
representación característica de dios Ea de que ya he tratado. Tam- 
bién en piezas de cerámica se encuentra el mismo pez con cara 
humana llevando sobre su cabeza la media luna distintiva de la 
divinidad (102) figura conocida y que ha sido lomada antes de 
ahora por la de una sirena (fig. 3). 

La representación de Huirakocha en la cerámica es un hecho 
corriente, y se le conoce en su clásico cuerpo de hombre niño y en 
que lleva siempre en la cabeza la media luna de que he hablado y 
de que siempre está acompañado ya de los seres que crea ó de 
sus dos hijos Yimaimana Huirakocha y Tokapo Huirakocha como 
puede verseen las láminas adjuntas (fig. 4 y 5). En la época del im- 
perio incaico Huirakocha se transforma en un Ore; ó?2 tomando así 
el tipo de la nobleza del imperio (fig. 6). 

Pero volvamos al estudio de la figura central de Akapana. Hui- 
rakocha tiene los brazos extendidos sujetando en cada mano un 
cetro largo, el uno como serpiente y el otro con cabezas de pájaros. 
Estos cetros llevan marcados una serie de rectángulos situados unos 
debajo de otros ; y no solo se encuentran allí los rectángulos sino 
que la cabeza del ídolo es cuadrada, cuadradas las que penden 
de sus brazos y toda la serie transversal de ellas que tiene en 
hiparte inferior del busto, y sobre las cuales se levantan en el 
mismo cuerpo del ídolo dos hileras de cuadrados también transver- 
sales siendo los de la superior semejantes á las de los cetros. In- 
dudablemente que debe tener algún valor simbólico una figura geo- 
métrica como ésta tan profusa y sistemáticamente repetida. Corro- 
bora esta idea el que en la cara de otra cabeza colosal existente en 
Tm^fiíana/ío se encuentra dibujada la misma figura debajo de los 
ojos y al costado de las mejillas ; y cuando cosa análoga también se 
nota en otra colosal cabeza (fig. 7 y 7 bis). 

El signo de que se trata es, en efecto, un paleo cuneiforme : un 
cuadrado expresa las ideas de poder y grandeza (103), calificativos 



28 



ANA.LES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



apropiados á la idea de dios ; dos cuadrados unidos es un solo sig- 
no que expresa las ideas de creación y fuerza (104). 

Santo Cruz Pachakulek ha conservado y trasmitido en su libro 
una tradicional y confusa memoria de esto, pues hablando de la 
representación que hizo Manko Kapak de su origen, dice: 

« Este ynga Mancocapac fué enemigo de las huacas, y como tal 
los destruyó al curaca Penaocapac con todos sus ydolos; y lo mis- 
mo lo venció á Tocaycapac, gran ydolatra, y después lo mandó que 
labrara ai lugar donde nació. Al fin los labró los yndios por orden 
de Mancocapac, deshaziendo la casa y edificando canterías, á ma- 




Fk 



ñera de ventana, que eran tres ventanas que signicaban la casa 
de sus padres, de donde descendieron, los cuales se llamaban, el 
primero, Tampottoco, el segundo Marasttoco, el tercero Suticttoco, 
que fueron sus tios agüelos maternos y paternos, que son como 
este» (103)(fig. 8). 

A pesar de la curiosísima gramática del indio, la idea se traslu- 
ce, pues relaciona las ventanas con la descendencia. Confirma es- 
te juicio el significado de los nombres que da á las tales ventanas : 
Suti en kechua significa nombre (106) y toco viene de la raíz su- 
mérica tugh ó tud producir, crear (107); de modo que la primera 
palabra significa creación ó producción de los nombres, y como 
para los caldeos los seres no existían sino desde el momento en 
que tenían un nombre (108), Suticttoco vale, pues, por creación de 
los seres. La segundase compone de Maras y tud que significan en 



HUmAKOCHA 



29 



súmero, respectivamente, ser, varón, creación (109), es decir que 
Marastloco expresa nacinniento ó creación de los seres varones. La 
tercera se compone de Tampu, voz kechua que expresa la idea de 
habitación, de lugar, y de la ja conocida raíz tud; de modo que 
esta última voz quiere decir lugar de la creación, del nacimiento. 
He sabido que los Incas tenían por lugar de origen, tradicional- 
mente, el áeTamputoko llamado también Pakarüampu (110). Este 
último nombre corrobora lo que se ha dicho del anterior, pues Pa- 
kari significa origen (111) y por eso adoraban los indios los ce- 
rros, lagunas, árboles de donde creían que se originaban, con la 




denominación general de Pa/carma tan conocidas y señalados por 
los extirpadores de las idolatrías (112). 

Por usar del lenguaje tradicional he calificado con Molina de hi- 
jos de Huirakocha á Tokapo Huirakocha y á Imaimana Huirakocha 
cuando en realidad sólo son nombres de la misma divinidad. An- 
tes de probarlo debo dar á conocer lo que dice sobre ambos el se- 
ñor Lafone Quevedo. 

He aquí lo que escribe: « Tocapo Viracocha. Que este también 
es dios, se desprende de la voz Viracocha con que se designa, como 
en los otros dos casos; pero falta que nos demos cuenta del nom- 
bre ó calificativo Tocapo. Molina dice que esto significa «El Hace- 
dor»; pero así como está parece como si fuese un tema compues- 
to de Toco, ventana, y Apu, señor : « Señor de la Ventana » (1 1 3). 



30 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Molina está en lo cierto, pues Tokapu se descompone en Apu, se- 
ñor, y en la raíz Toe que significa crear, fornnar, literalmente «se- 
ñor creador». Su símbolo ventana, ideado porLafone Quevedo, só- 
lo le pertenece en virtud de lo que ya se ha expuesto anteriormen- 
te cuando tiene esta forma y posición □, □□ y no cuando tiene 

esta otra <^N (114). Como el cuadrado simple fué primitivamente 

un círculo, por eso los dos cuadrados unidos, símbolo especial del 
creador, son el ideograma del círculo ; y una plancha en esta for- 
ma representaba también al Hacedor, como escribe Santa Cruz Pa- 
chakutek (115). 



Fi? 



Respecto del otro hijo de Huirakocha, dice Laíone Quevedo: 
«Imay mana, derivado verbal de una raíz t'ma, cosa, etc. El íema, 
así como está, diría: Hacedero de cosas!! » 

«Imaymanaó maimana : Todas las cosas. (Ver González Hol- 
guin, ó mejor, von Tschudi) (116). De manera que según este 
distinguido escritor argentino Imaimana Huirakocha vale tanto 
como «dios hacedor de todas las cosas». No puedo detenerme 
en la discusión puramente filológica de que ima no es el sustan- 
tivo de cosa sino solamente una forma interrogativa en que suele 
ir añadida esa idea (117). 

La voz Imaimana se descompone del siguiente modo: En ima 

cielo del súmero /y\^\T *^^^ cielo y de ima tierra, proveniente 



IIUIRAKOCHA 



31 



también de la misma voz súmera que sip^nifica también tierra; 
(118) por lo cual significa el apelativo «dios de cielo y tierra». 

El mismo pez que lleva Huirakocha en su busto tiene en el cuer- 
po señalado vanos triángulos que son simbólicos, pues, esta figura 
P> es el emblema de creación como paleo cuneiforme del signo 

j^T ideograma del mismo pensamiento (119). 

No tiene en kechua significado aceptable y defendible la voz 
akapana. nombre del gran monolito. Está formada por dos voca- 





Fiff. 12 



h\os aka y pa7ia, el primero significa grande, poderoso, eterno y 
viene del súmero|>ZZ y ag fuerte, elevado y 1^ w aga, eter- 
nidad (120), que han dado en kechua un homófono. El segundo, se 
deriva del verbo asiño bdnu ?_ crear y (121), así ambas voces uni- 
das valen tanto como « grande, poderosa, eterna creación » (122). 

Simbólico también es el significado de Tiahuanako que se com- 
pone de Ku lugar huana, derivación del mismo verbo bánu crear, y 
de tia equivalente á Kia tierra y agua ó sea en términos generales 
el mundo; de este modo se llega á que Tiahuanako dice: «lugar 
de la creación del mundo» (123). 

Para concluir la explicación de la portada de Akapana, falta dar 



32 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



á conocer las figuras mitológicas que rodean á Huirakocha. Este 
dios está en esa portada en medio de seres fantásticos y realmente 
simbólicos, pues, todas las figuras son aladas, tienen cuerpo hu- 
mano y llevan cabezas monstruosas de hombres y de aves, siendo 
lo más notable que tanto en las cabezas como en las alas y en el 
resto del cuerpo, se diseñen otros animales formando parte inte- 
grante de los dichos seres (fig. 9 y 10). Estos son, á no dudarlo, 
la representación gráfica de los primeros seres que menciona Bero- 
sio en su cosmogonía y de que ya se ha hablado. 

He aquí lo que dice un fragmento épico sobre las primeras ge- 



i 



Fig. 13 



neraciones monstruosas desarrolladas en el origen del mundo en el 
seno del caos. « Nada se elevaba de la tierra ;. .. Guerreros con 
cuerpos de aves del desierto, seres humanos con cara de cuervo 
habían creado los grandes dioses ». . . etc. (124). Cualquiera puede 
decir con fundamentó, que para hablar así, se han tenido en mira, 
y á la vista, las figuras laterales esculpidas en Akapana (fig. 
11 y 12). 

Hasta en las funciones inferiores de Ea, se descubre paridad y 
y semejanza con Huirakocha. Ea llenaba ciertas funciones cerca de 
los muertos, y así se le mira representado al pie del lecho del di- 
funto, disponiéndose á entregar el cuerpo á los que debían condu- 
cirlo á su morada de ultratumba (125). 

En un paño mortuorio extraído en Ancón por Wiener, se halla 



HÜIRAKOCHA 33 

esla divinidad caldea, perfectamente dibujada con su cara huma- 
na, su mitra asiría y su cuerpo de pez, estando el centro del mismo 
paño ocupado por la barca de Ea (126), j la representación ictio- 
morfa de este mismo dios (fig. '13). 

Este conjunto de datos, base de una similitud y un paralelo asom- 
brosos, permiten, pues, concluir deque el más viejo mito sumérieo 
Ea, la casa de las aguas, el abismo de las aguas, se encuentra co- 
piado ó mejor dicho transportado al más viejo mito americano, en 
la figura de Huirakocha ; ese dios sin nombre, como lo llamó hace 
muchos años el General Mitre, de la raza desconocida que lo conci- 
bió según su ideal de convención, y lo grabó en piedra según su 
-canon hierático. 



bibliografía 



1. HoMMEL, Historia de Babilonia y Asiría, en la Historia Universal de Onken, 
Yersión española, tomo 1°, páginas 101 y 102. 

2. Obra y tomo citados, página 8. 

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4. Ledrain, Diciionnaire de la langue de l'aiicienne Chaldée, páginas 241 y 1. 

5. HoMMEL,obray tomo citados, página 101. Ledrain, obra citada, páginas 134 y 1. 

6. Maspero, Histoire ancienne des peuples de l'Orient classique, Les origines, 
página 638, nota 3. 

7. Lenormant, La magie chez les Chalde'ens, páginas 18 y 22. 

8. Lenormant, id. id. 

9. Ledrain, Dictionnaire de la langue de l'ancienne Chaldée, página 359. 

10. Lenormant, obra citada, página 207. 

11. NuTALL, Z. The fundamental principies of oíd and neto world civilizations 
ethnological and archaeological papers of Peabody Museum, página 335. 

12. Lenormant, obra citada, páginas 149 y 150. 

13. Renouvier, Philosophie analytique de V Histoire, tomo 1°, página 183. 

14. Hommel, obra y tomo citados, página 160. 

15. Lenormant et Babelon, Histoire ancienne de l'Orient, tomo 5°, página 231. 

16. Lenormant et Babelon, obra y tomo citados, página 231. Jensen., Die Kos- 
mologie der Babylonier, página 268 y 275. 

17. Renouvier, obra y tomo citados, página 188. 

18. HoMMEL, obra y lomo citados, página 160, nota 6. 

19. Maspero, obra y tomo citados, página 538. 

20. Lenormant et Babelon, obra y tomo citados. 

21. Lenormant, Les origines de l'Histoire, tomo 1, página 506. 

AN. SOC. CIENT, ARG. — T. Lll 3 



y 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



Indudablemente que ha debido ser una reflexión de Berosio el recuerdo de la 
conservación de las figuras en el templo de Bel, á cuyo cuerpo sacerdotal él 
pertenecía. 

22. Renouvier, obra y tomo citados, página 185 ; Maspero, obra y tomo citados, 
página 545 y 547. El signo iVu/i se lee también han y quiere decir pez (Ledrain, 
obra citada, páginas 148, 221, 222, 358). 

23. Layard, Discoveries in íhe ruins of Nineven and Babylon, página 343, la 
lámina y página 350. Menant, Les píerr es gravees de laHauleAsie,2^pa.Tte. 

24. Bassi, Mitología babilonese-assira, página 51. 

25. Maspero, obra y tomo citados, páginas 640, 644, 645. 

26. Lenormant et Babelon, obra y tomo citados, página 231 y 232. 

27. Bassi, obra citada, página 50. 

28. Villar, Lexicología keshua, Uiracocha. Stubel y Uhle, Die Ruinetistaette 
V071 Tiahuanaco. , 

29. Crónica del Peni, T parte, capítulos XLIII, LXXIV, XCVHI, CI ; 2' parte, 
capítulos III, V. 

30. Betanzos, Suma y narración de los Incas, capítulos 11, XI. 

31. Comentarios reales, parte 1^, libro 5°, capítulo XIII. 

32. Historia Natural y Moral de las Indias, libro V, capítulo III. 

33. Documentos inéditos de Indias, colección Mendoza, tomo XXI. 

34. Villar, obra citada, páginas? y 9. 

35. Historia del Nuevo Mundo, tomo IV, página 76 y 77. 

36. Memorias del Perú, edición de Jiménez de la Espada, página 67. 

37. li-es relaciones de antigüedades peruanas, página 137. 

38. Obra citada, tomo 3°, página 321. 

39. Obra citada, 1^ parte, libro 2°, capítulo 2°, libro 5", capítulo XXI. 

40. Historia del descubrimiento y conquista, libro 1" capítulo X, Crónica del 
Peni, 2' parte, capítulo 5°. 

«41. VoRTERBUCH, página 340. 

42. CuLTURHisTOR, página 196. 

43. Contributions towards a grammar and dictionary of quichua, página 184. 

44. La Gaceta Científica de Lima, tomo 1°. 

45. Ollanta, introducción; Wórterbuch des Runasimi, página 464 ; Perú, 
tomo 3°, página 442 y 452. 

46. Les races aryennes du Pe'rou, página 192 y 193. 

47. Obra citada, página 11. 

48. El culto de Tonapa, en la Pevista del Museo de La Plata, tomo 3°, página 
341 ; Tesoro de catamarqueñismos , en Anales de la Sociedad Cientifica Argen- 
tina, tomo XLIV, páginas 214 y siguientes. 

49. É Ludes étyniologiques. 

50. ¿os ojos de Imaymana y el Señor de la Ventana, en el Boletín del Insti- 
tuto Geográfico Argentino, tomo XX, página 452 y 453. 

51. Ledrain, obra citada, página 218. Hommel, Sumerische, etc., número 394. 

52. González Holguin, Vocabulario citado. 

53. Brunnow, A classified list of all simple and compound cuneiform Ideo- 
graphs, 10,156; 11,317. 

53\ Hommel, Sumerische, etc., número 6. 

54. lIoMMEL, Sumerische, etc., número 379. Ledrain, página 120. 



HUIRAKOCHA 35 

55. Lenormant, Études accadiennes, tome 1", troisiéme partie, número 502. 

56. Brunnow, obra citada, número 1725. 

57. Brunnow, obra citada, número 1727. 

58. Brunnow, obra citada, número 6269. 

59. Brunnow, obra citada, número 6235. 

60. Ledrain, obra citada, página 47. 

61. HoMMEL, Sumerische, etc., página 91. Muss Arnolt, Assyrisch-englisch- 
Deutsches Hand Worterbuch, página 187. 

62. Delitzsch, Assyrisches Hand Worterbuch, página 539. 

63. HoMiMEL, Sumerische, etc., número 379; Historia de Babilonia y Asiría, 
en la obra citada, página 62, nota 2. 

64. Muss Arnolt, obra citada, página 188. 

64.. jg. ^ ,^ ,e corresponde e. As.io la palabra apsú que 
significa abismo, océano (Ledrain, obra citada, página 120 ; Muss Arnolt, obra 
citada, página 80). Esta voz asiria se ha formado de la suraérica p-o— í | ^^í 

que significa abismo, casa de las aguas ; (Jensen, obra citada, páginas 243 y 244. 
HoMMEL, Sumerische, etc., número 6). 

65. Pertenece á la lengua chibcha, Kuchahuira, denominación con que adora- 
ban los naturales de las llanuras de Bogotá al arco iris. « La matriz keshua kocha- 
uira debe haber sido formada, escribe Villar, en el concepto de que el arco iris es 
un producto del lago » (obra citada, página 6). Véase Uricochea, Grammaire de 
la langue Chibcha. 

66. Ledrain, obra citada, página 47. 

67. Muss Arnolt, obra citada, página 1.38. 

68. Tres relaciones de antigüedades peruanas, páginas 35 y 36. 

69. Comentarios Reales, V parte. 

70. Ritual formulario é institución de curas, Lima 1631, página 133, número 
74 y página 153, número 74. 

71. Tres Relaciones de antigüedades peruanas, página 248 ; Lafone Quevedo, 
Culto de Tonapa, en Revista del Museo de La Plata, tomo 3°, página 339. 

72. Villar, obra citada, página 15. 

73. Tres Relaciones, etc., página 260 ; Lafone Quevedo, Culto de Tonapa, pá- 
gina 345. 

74. Ritos y leyes de, los Incas, ¡Vlanuscrito de la Biblioteca del Coronel Zega- 
rra, hoy en la Biblioteca de Lima. Traducción inglesa de Markham, página 29. 

75. MomíEU Sumerische, Bic, número 6. Además es preciso recordar que el 
mismo signo ab vale por mar. Véase Ledrain, obra citada, página 6; Brunnow, 
obra citada, número 3822. 

76. .Menant, Manuel de la langue assyrienne, página 44. Brunnow, obra ci- 
tada, número 10156. 

77. Menant, obra citada, página .30. 

78. Los ojos de Imaymana, etc., Boletin citado, página 452, nota 2. 

79. HoMMEL, Sumerische, etc., número 442. 

80. Patrón, Los dioses de la tempestad, en Anales de la Sociedad Científica 
Argentina, 1901. Allí estudio este vocablo. 



36 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

81. Los ojos de Imaymana, etc., página 452, nota 8. 

82. Ledrain, obra citada, páginas 404 y 176. 

83. HoMMEL, Sumeris che, etc., número 388. 

84. Ledrain, obra citada, página 14. 

84\ HoMMEL, Sumerische, etc., número 63. 

85. Memorias, edición de Jiménez de la Espada. 

86. Ledrain, obra citada, página 486. 

87. Ledrain, obra citada, página 438. 

88. Dioses de la tempestad, en Anales de la Sociedad Científica Ái-gentina, 
1901. 

89. Suma y narración de los Incas, edición de Jiménez de la Espada, capítulo 
V>. Cobo, obra citada, tomo 3°, capítulo 2°, página 308. Stubel y Uhle, obra ci- 
tada, texto, página 4 y 7. 

90. Fábulas y ritos de los Incas, en el manuscrito de la Biblioteca Zegarra, 
ja citado. 

91. Garcilazo, obra citada. Molina, obracitada. Cobo, obra citada, tomo 3° y 4". 

92. Cieza, Señorío de los Incas, capítulo 5°. 

93. Memorias histórico-físicas, artículo XX, número 18, manuscrito de la Bi- 
blioteca Nacional. 

94. Véase las obras citadas de Betanzos, Molina, Cieza, etc. 

95. Crónica del Peni, 1" parte, capítulo CV. 

96. Comentarios Reales, 1' parte, libro 3°, capítulo 1°. 

97. Obra citada, tomo 5°, páginas 69, 70 y 81. 

98. L'Homme Americain, tomo 1°. Stubel y Uhle, obra citada, History of the 
<;o7iquest of Perú. Historia de la América antecolombina. 

99 Las ruinas de Tiahuanac&, páginas 33, 34, 35 y 36. 

100. Obra citada, texto, página 65 y 66. « Wenndie Hauptfigur die Sonnenicht 
warsteltt so musste sie loohl Viracocha sein sollen^^. 

101. Cobo, obra citada, tomo 3°, página 322. 

102. « En la cabeza unas como medias lunas de plata que llaman Chakra- 
hinka y otras que llaman huana ». (Arruga, Extirpación de la idolatría). Com- 
prueba esto la figura de un zorro con media luna enVun cántaro como represen- 
tación de una divinidad que era adorada en Pachakamak. « En el templo muy 
principal de Pachacama los peruanos tenían una zorra en grande estimación, la 
cual adoraban ». (Cieza). 

103. Lenormant, Études accadiennes, tomo T, 3' parte, página 58, número 
489. Brunnow, a clasifed list of all simple and compound cuneiform ideographs . 
número 10,172. Ledrain, obra citada, páginas "5 y 76. 

104. Lenormant, Études accadiennes, página 53, número 507; Delitzsch, Die 
Entstehung des atiesten Schriftsytems, página 98. Ledrain, obra citada, páginas 
75, 265 y 339. 

105. Tres Relaciones de antigüedades peruanas, páginas 244 y 245. 

106. HoLGUiN, Vocabulario Quichua. 

107. HoMMEL, Historia de Babilonia y Asiria, obra citada, página 99. 

108. M ÁSPERO, obra y tomo citados, página 537, nota 2. 

109. LedraiN; obra citada, páginas 33 y 96. ' 

110. Cobo, obra citada, tomo 3", página 122. 

111. GoNZALES HoLGUiN, Vocabulario Quichua. 



HUIRAKOCHA 37 

112. AimiAGA, Exlirpación de la Idolatría; Villagome y Costa, Pastoral sobre 
extirpación de la Idolatría. 

113. Los ojos de Imayinana, etc., en el Boletín citado, página 456. • 

114. Paleo-ideograma de Sitj rahdín. Menant, Manual citado, página 31. 

115. QQ Le corresponde la voz súmera nigin círculo. Hommel, Sume- 
rische, etc., número 398. « Una plancha de oro fino que significaba que hay Ha- 
cedor del cielo y tierra ». íSanta Cruz Pachacuti, página 244, en Tres Relaciones 
de antigüedades peruanas. 

116. Los ojos de Imaymana, etc., página 454. 

117. Véase Middendorf, Die Kechua Sprache, Tchudi, Der Organismus die 
Kechua Sprache. 

118. Ledrain, obra citada, página 163. Bruninow, 8363. 

119. Lenormant, Études, citados, 3^ parte, tomo 1', página 21, número 141. 
Delitzsch, Die entstehung, etc. pág. 9. 

120. Ledrain, obra citada, página 9. Véase también, en confirmación, iMuss 
Arnolt, obra citada, página 33. 

121. Muss Arnolt, obra citada, página 173. 

122. Banú es en asirio constructor, de donde el nombre de Akahuana Inka, 
Inka gran constructor, nombre dado por Garcilazo á uno de los artífices de la for- 
taleza del Kusko. (Comentarios Reales, P parte, libro 7°, capitulo XXIX). 

123. Hommel, Sumerische, etc., Muss Arnolt, obra citada. Ledrain, obra citada. 

124. Lenormant et Babelon, obra citada, página 236. 

125. Ea era figurado otras veces en la forma de un busto humano cubierto con 
una tiara y terminado en una cola de pez; y bajo este aspecto se le ve grabado 
en diferentes piedras. Lenormant et Babelon, obra citada, tomo citado, página 
282. Menant, Les pierres gravees de la Haute Asie, 2" parte, página 64. 

126. WiENEu, Pérou et Bolivie, página 761. De la obra citada de StÜBEL y 
Uhle, sobre Tiahuanaco se han tomado las láminas. Los huacos que han ser- 
vido para las otras están en la Sociedad Geográfica de Lima. Falb (Das Landder 
Inca), se ocupa detenidamente de Tiahuanako; pero altera las figuras, y toda su 
disertación no es de ninguna utilidad. Léase de preferencia el capítulo 2° y el 
párrafo 2" del capítulo 4° ; cierto que en el 9° capítulo (páginas 438 y 439) habla 
de Oannes, más lo relaciona coa Tiahuanako valiéndose de argumentos inacepta- 
bles y en defensa de una idea sumamente errónea por decir lo menos. 



LAS 

MEJORAS BDILIGIAS DE BUENOS AIRES 

Por CARLOS MARÍA MORALES 

MEMORIA PRESENTADA iL SEGUNDO CONGRESO CIENTÍFICO LATINO-AMERICANO, 
REUNIDO EN MONTEVIDEO 

(Conlinuación) 



«. Abonarán por ello un derecho de pesos... 

« Su falta de presentación en la Oficina del Catastro, á dichos 
efectos, será pasible de una multa de 200 pesos con invalidación 
del acto intervenido. 

« Art, 11. — No podrá tener lugar ningún remate de terreno 
edificado ó sin edificar, cuyo plano no haya sido previamente re- 
cabado de la Oficina del Catastro, con todas las indicaciones de 
su ubicación. 

« La Oficina, en cambio, cobrará un derecho fijo de 10 pesos, y 
y 1 peso por los pesos 10.000 primeros del valor de la venta, con 10 
centavos más sucesivamente por cada valor adicional de 10.000 en 
10.000 pesos. 

«La falta de cumplimiento hará pasible al rematador de una 
multa de 200 pesos, con invalidación de la venta. 

« Art. 12. — Los propietarios podrán pedir á la Oficina del Ca- 
tastro el diseño calcado de su propiedad, mediante el pago de 20 
pesos. 

« Art. 13. — El Poder Ejecutivo decretará para cada parroquia ó 
sección del municipio, debidamente catastrada, la planteación del 
sistema rentístico y legal basado en el Catastro. 

« Art. 14. — Subvenciónase á la obra del Catastro, por el ejerci- 
cio de 1898, con la suma de 200.000 pesos á entregar á la Inten- 
dencia municipal por mensualidades». 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 39 



AFIRMADOS 

Son quizá losafirmados construidos en estos últimos años^ Mos 
que más han contribuido á cambiar el aspecto do Buenos Aires. La 
obra de transformación llevada á cabo con ellos puede calificarse 
de colosal. 

En el primer Congreso Científico Latino Americano que se reunió 
en Buenos Aires el año 1898, presenté una memoria completa so- 
bre afirmados, por lo que no entraré aquí en detalles^ que pueden 
consultarse en dicha memoria (I). Agregaré sólo á las conclusio- 
nes á que entonces llegaba, los trabajos ejecutados en gestos últi- 
mos tres años y las observaciones que me ha sugerido la expe- 
riencia. 

Los primeros empedrados construidos en Buenos Aires estaban 
formados con piedras irregulares de todos tamaños, asentadas so- 
bre una capa de arena del río que, por lo general, tiene una buena 
porción de tierra. 

En el año 1865 se construyeron los primeros adoquinados, lo 
cual pareció entonces, y lo era en efecto, un gran adelanto; me re- 
fiero al adoquinado común de granito, asentado como el anterior 
sobre una base de arena del rio. Dos años más tarde se construye- 
ron los primeros caminos macadamizados. 

El año 1893 se construyeron los primeros adoquinados de gra- 
nito con base de hormigón, el que estaba formado poruña mezcla 
de Vs de metro cúbico de piedra quebrada, 1/3 parte de arenaorien- 
tal y 200 kilos de cemento portland. Se ha empleado este hormi- 
gón con un espesor de 12 centímetros, colocando sobre él una ca- 
pa de arena oriental de ocho centímetros de espesor después de 
apisonado el firme, sobreesté van los adoquines. 

En los barrios apartados se emplea un hormigón más económico, 
formado por V3 partes de metro cúbico de ladrillo quebrado ó es- 
combro limpio, 1/3 parte de arena del río y 200 kilos de cal del 
Azul. Se colocaba este hormigón con el mismo espesor que el an- 
terior, esto es de 12 centímetros, sobre el que se colocaba una capa 
de arena del río de 10 centímetros de espesor. Respecto á estos 

sistemas, decía en mi memoria ya citada ; «El resultado obtenido 

« 

(1) Véase el número 64 de la Revista Técnica. 



40 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

con este afirmado (hormigón de cal) ha sido excelente, hay calles 
que tienen más de dos años de pavimentación y se conservan en 
perfecto estado». • 

El tiempo transcurrido desde entonces no ha hecho sino confir- 
mar este juicio, á punto tal, que sólo por excepción se usa el hor- 
migón de piedra y portland para el adoquinado de granito, pues 
el hormigón de cal ha resistido perfectamente en calles de gran 
tráfico. Lo único que se ha hecho es modificar su composición 
reemplazando la arena del río por la oriental. 

De acuerdo con loque indicaba entonces, se ha hecho un ensayo 
con adoquines en forma de paralelepípedos perfectos, de O'^MO de 
ancho, 0"'20 de largo y 0"'20 de alto; el resultado, como era de es- 
perarse, ha sido excelente, obteniéndose con este procedimiento un 
afirmado casi tan cómodo como el pavimento liso, é infinitamente 
más durable. 

El material con que se ha hecho el ensayo ha sido una arenizca 
de Spezia que reputo superior al granito porque siendo menos 
dura que éste, se pule menos con el uso y se pone menos resbalosa. 
Existe en Sampacho, provincia de Córdoba, un material muy pare- 
cido al que he indicado y con el cual se van á construir varias cua- 
dras. En la ciudad del Rosario se han pavimentado muchas cua- 
dras con ese material y los informes no pueden ser más favorables. 

En la parte central déla ciudad se ha continuado en grandeescala 
con el empleo del pavimento liso, madera y asfalto, estando casi 
totalmente pavimentada la zona destinada á esta clase de afirmado. 

La madera empleada ha sido el algarrobo, que considero la me- 
jor de todas las conocidas hasta la fecha, sin exceptuar el «Karri » 
de Australia, que tan óptimos resultados ha dado en Londres, y á 
la cual supera en duración. En cuanto ája dimensión de los ado- 
quines, la práctica ha demomostrado la conveniencia del tamaño 
pequeño que indicaba en 1898, esto es, O'^IS de largo, 0"10 de alto 
y 0'"Ü6 de ancho. 

También se ha empleado, aunque en menor proporción que el 
algarrobo, el pavimento de asfalto, sistema Barber, empleando el 
asfalto de la isla de la Trinidad. Constituye también este sistema, 
un excelente pavimento liso; tiene el inconveniente de hacer sen- 
tir mayor calor en los días de verano en las calles en que se em- 
plea, al mismo tiempo que se ablanda, sobre todo, en las partes 
expuestas al sol; en cambio, es más higiénico y más durable que 
la madera. 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 41 

En Buenos Aires se ha díido preferencia al algarrobo por tratar- 
se de un material del país. Actualmente existen 431.257 metros 
cuadrados de algarrobo y 100.967 metros cuadrados de asfalto. 

El asfalto se ha empleado en las calles en que lo han solicitado 
los vecinos, comprometiéndose á pagar la tercera parte del costo 
total en vez de la cuarta parte que por la ley les corresponde. 

Y á este respecto debo mencionar aquí una iniciativa de los pro- 
pietarios, que ha contribuido en parte para llevar adelante la gran 
obra de pavimentación realizada. 

Como ya he indicado, la Municipalidad no puede atender lodos 
los pedidos de pavimentación que se le hacen de los diferentes ba- 
rrios, y entonces sucede á menudo que los vecinos resuelven cons- 
truir el adoquinado á su solo costo ó pidiéndole á la Municipalidad 
una módica contribución ; así se han pavimentado muchas cua- 
dras en estos últimos años. 

La ley actual de afirmados establece que en las calles donde no 
haya tranvías, los propietarios pagarán dos terceras partes del im- 
porte de la obra y la Municipalidad la otra tercera parte. Donde 
hay tranvías, el pago se divide en cuatro partes, esto es, 25 ""/o á 
cada propietario, 25% á la empresa respectiva y 25 7o a la Muni- 
cipalidad. 

Ahora bien, en todas las calles donde se construye e! pavimento 
de asfalto es á pedido de la mayoría de los propietarios, los que 
se comprometen á pagar el 33 % en vez del 25 % que por ley les 
corresponde, de manera que si todos los vecinos firmasen el pedi- 
do^ el pago se haría en esta forma : 33% cada propietario, 25 7o 
la empresa del tranvía que nunca firma, 8,33 % la Municipalidad, 
pero como hay propietarios que no firman, y que por lo tanto sólo 
pagan el 25%, la Municipalidad refuerza el 8,33% con un 3 7o 
adicional, y por esto, en las calles donde ha empleado el asfalto, 
ha obtenido una buena economía, pues si bien éste es más caro 
que la madera, la diferencia se halla ampliamente compensada 
por la forma de pago que he indicado. 

Actualmente se halla á la consideración del Honorable Congreso 
un proyecto de ley por el cual se dispone que en las calles donde 
haya tranvías el pago se hará en la siguiente forma : una tercera 
parte cada propietario y la otra tercera parle entre la empresa 
respectiva y la Municipalidad, dividida así : 25 por ciento aquella 
y 8,33 por ciento ésta última. 

Los adoquines usados que se extraen de las calles centrales se 



42 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

emplean en los barrios apartados donde la propiedad es menos va- 
liosa. 

El macadam se ha empleado poco en Buenos Aires, existe actual- 
mente en el camino de Flores á Liniers y las Avenidas Alvear y 
Vértiz que conducen á Palermo y Belgrano respectivamente. En mi 
memoria del año 1898 me manifestaba contrario á este sistema de 
pavimento, pues si bien es cómodo y hermoso cuando está bien 
mantenido, su costo resulta excesivo por los gastos de conservación 
que requiere. Puede convenir en Montevideo, donde el subsuelo es 
muy diferente al de Buenos Aires, y donde la piedra es abundante 
y barata, pero aquí resulta su conservación sumamente costosa, y 
se deteriora rápidamente cuando tiene que soportar un tráfico ex- 
cesivo. 

Se ha objetado por algunos que se emplea en Buenos Aires un 
exceso de material en la construcción de la base de los afirmados, 
pero no debe olvidarse la mala calidad del subsuelo y el enorme 
tráfico que circula por sus calles, especialmente por las centra- 
les. , 

De un promedio de observaciones tomadas en varias de estas 
últimas resulta que circulan 7200 vehículos por cuadra cada 24 
horas. En varios cuadros gráficos indico la marcha que ha seguido 
la construcción de los afirmados desde el año 1895, esto es desd'e 
que se decretó el uso de la base de hormigón, y el estado de las 
mismas. 

En el cuadro de la figura 2 se indica el número total de cua- 
dras pavimentadas por año desde 1895 hasta 1900 inclusive. Como 
se ve, los dos últimos años se destacan notablemente de los ante- 
riores, marcando el recorí/ en la construcción de afirmados. 

En el de la figura 3 se indica la marcha que ha seguido men- 
sualmente en esos dos años la construcción ; como se ve en el año 
1899, los puntos culminantes corresponden á los meses de enero y 
diciembre, en que los días son más largos. También en 1900 el dia- 
grama alcanza su mayor altura al principio y fin del año. 

En el cuadro de la figura 4 se indica lo gastado en los últimos 
seis años y la mejora que se ha ido obteniendo en los precios. 

En el año 1895 se pavimentó un total de 193 cuadras, gas- 
tándose por la parte municipal pesos 668.851 ,51 moneda nacional, 
lo que da un costo por cuadra de pesos 3i64,50 moneda na- 
cional. 

El año 1896 se pavimentaron 273 cuadras con un costo total 



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LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUEKOS AIRES 43 

de pesos '1.465.133,26 moneda nacional, lo que arroja un im- 
porte por cada cuadra (parte municipal) de pesos 3366,78 moneda 
nacional. Como se ve, hubo un aumento en dicho año sobre el costo 
por cuadra, con relación al anterior, pero ésto se explica fácilmen- 
te teniendo en cuenta que en ese año de 1896 se empleó, en mucha 
mavor proporción que en 1895, la base de hormigón de portland. 
El año i 897 aumenta aun algo el costo por cuadra, porque hubo 
ese año un aumento en el precio délos materiales. 

El año 1898 mejoran notablemente los precios de construcción, 
pues no habiendo casi empleado el antiguo pavimento sobre arena 
del río se obtiene un costo por cuadra de pesos 4314,82 moneda 
nacional. 

El año 1899 se obtiene olra mejora sensible, pues el costo por 
cuadra resulta de pesos 3492,43 moneda nacional, casi el mismo 
que el año 1895, en el que se construyó en mayor proporción el 
adoquinado sobre base de arena del río. 

Finalmente, el año 1900, que marca el record en la construcción 
de afirmados, acusa una nueva mejora en el costo por cuadra, 
pesos 3186,58 moneda nacional, esto es, menos que el año 1895 
en que se construyeron muchas cuadras sobre base de arena única- 
mente. 

En la figura o se presenta gráficamente el estado actual de 
la pavimentación de Buenos Aires. Como se ve, predomina aún el 
adoquinado sobre base de arena del río y el empedrado mixto, 
pero ya se ha hecho una buena calidad sobre base de hormigón, la 
que alcanza, entre el asfalto, la madera y el granito á 1 .941 .839,23 
metros cuadrados. 

Finalmente, en la figura 6 se indica el total de la superficie pa- 
vimentada y la que carece de todo pavimento. Aquella representa 
un valor total de cuarenta y cuatro millones de pesos moneda na- 
cional. 

El costo actual de los diferentes pavimentos que he mencionado 
es el siguiente : 

Pavimento de algarrobo con base de hormigón de portland, pie- 
dra y arena oriental, pesos10,50 moneda nacional, por metro cua- 
drado ; Ídem de asfalto sobre la misma base, pesos 14,50 moneda 
nacional ; ídem de granito sobre la misma base, pesos 12 moneda 
nacional ; ídem de granito sobre base de hormigón de cal, ladrillo 
y arena oriental pesos 10,50 moneda nacional por metro cua- 
drado. 



4Í- ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

En resumen, el plan que se ha seguido hasta la fecha es el de 
emplear pavimento liso, asfalto ó madera en las calles centrales 
donde la propiedad es muy valiosa j donde el tráfico de tranvías y 
carruajes es enorme. También se ha colocado éste afirmado en al- 
gunas calles que conducen á ciertos paseos y estaciones de ferro 
carril. En las demás calles se emplea el adoquinado de granito 
sobre base de hormigón de cal. 

Últimamente se ha ensayado los adoquines de asfalto compri- 
mido, pero no lian dado buen resultado ; considero este sistema in- 
ferior al algarrobo y al asfalto monolítico. 

El adoquinado sobre base de arena ha sido abandonado, empleán- 
dose únicamente en el barrio de la Boca por una razón especial. 
Allí se'ha efectuado el levantamiento del nivel de sus calles de un 
metro aproximadamente, para lo cual se ha empleado en el terra- 
plenamiento la [arena que se extrae del dragado del Canal Sud 
del Puerto. Como esta capa, de un metro de espesor, puede resistir 
por algún [tiempo el tráfico de esa localidad, se ha colocado los 
adoquines sobre esa base. Se colocará el hormigón una vez que el 
terraplén haya alcanzado su asiento definitivo. 

Es claro que los resultados á que llego se refieren á la ciudad de 
Buenos Aires, los que pueden seguramente variar según las loca- 
lidades en que deban construirse, teniendo en cuenta las condicio- 
nes del suelo, tráfico, materiales disponibles, etc., etc. Así, por 
ejemplo, creo que en Montevideo el adoquinado de granito que se 
emplea es el indicado ; constituye un excelente afirmado pues la 
naturaleza del subsuelo hace innecesario el uso del hormigón. En 
cuanto al pavimento liso, no podría emplearse por las fuertes pen- 
dientes que hay en la mayoría de sus calles. 

Como he dicho ya también, creo que el macadam ha sido con 
toda razón empleado en los caminos que dan acceso á Montevideo 
y cuyo buen estado de conservación tiene que impresionar favo- 
rablemente á todo el que recorra sus alrededores. 



NIVELACIÓN 

Como es sabido, Buenos Aires se halla ubicado en un terreno 
que ofrece pocos accidentes, por lo que sucede que sus calles tienen 
por lo general la pendiente escasamente necesaria para su desagüe 
Debido á esto, antes que se construyeran las obras de salubridad 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 45 

se construyeron los íifirmados con dobles pendientes en uníi misma 
cuadra, esto es, elevando el centro de ésta última á fin de facilitar 
los desagües. Cuando se empezó á construir los pavimentos sobre 
base de hormigón, se suprimieron éstas dobles pendientes, adop- 
tando una rasante única de boca-calle á boca-calle lo que obligó á 
efectuar desmontes que á veces alcanzaban, en el centro de la 
cuadra, hasta un metro. 

Esto originó quejas por parte de algunos propietarios que se 
veían obligados á rebajará su vez los umbrales de sus casas y á 
veces los pisos interiores. No obstante, los niveles de los nuevos 
afirmados se siguen fijando de acuerdo con el procedimiento que 
he indicado, pues hubiera sido apartarse de toda regla de arte 
construir pavimentos lisos con subidas y bajadas continuas, sin 
objeto alguno, y dificultando el tráfico grandemente, sobre todo en 
los días de lluvia ó humedad. Á fin de evitar el inconveniente apun- 
tado de tener los propietarios que efectuar obras con motivo de la 
alteración en el nivel de la calzada, desde hace un año, al fijar la 
línea para la construcción de un edificio se le señala el nivel de- 
finitivo con la relación al que tiene ó deba tener la calzada ; por 
este servicio se cobra un derecho que se llama de nivel. Hay zonas 
donde todavía no se fija ese nivel por no estar terminada la nivela- 
ción correspondiente. 

(Continuará.) ' 



MISCELÁNEA 



Visita al Hospital IVacional de Alienadas. — Tuvo lugar el 
13 del mes pasado la visita al Hospital Nacional de Alienadas. Situado en uno de 
los parajes más altos de Barracas, encerrando él y dejando ver en sus contornos 
árboles en profusa variedad, circundado por una verja alta y hermosa, pintada de 
ante, asi como los aislados pabellones coronados por el gris obscuro llamativo de 
las pizarras, el que de lejos al desconocerlo, pretende imaginarse su grandeza, al 
encontrarse en él, dominando con la vista por completo sus alrededores, se em- 
pieza á dar cuenta de que hay mucho bueno que ver por los rincones de la gran 
capital y que un algo de ese mucho es el más grande y cómodo de los Asilos 
que ha instituido la Beneficencia Nacional. Serían como las 10 a. m. cuando el 
doctor Pinero, su digno director, saludaba á los miembros de la Comisión Direc- 
tiva de la Sociedad y á los invitados que no bajarían de 60, dando principio á la 
visita . 4. 

Tocó el turno primero á la cocina donde se pudo admirar la más escrupulosa 
limpieza y facilidad para el trabajo^ debido á la moderna instalación, llamando la 
{(tención sobremanera las inmensas calderas de bronce que en ese momento re- 
volvían hirvientes en su seno millares de trozos de puchero. En los sótanos de 
éste departamento, la carne, los comestibles, conservas, verduras y frutas conve- 
nientemente separados y acondicionados dan idea del orden con que se marcha 
cuando existe una buena administración. Preparóse delante de los visitantes una 
botella de soda y otra de limonada, según dijo el doctor Pinero con los mejores 
elementos y por el ínfimo precio de 0.02, agregando que de ese modo se dará el 
lujo de dar á sus enfermos mejor y más barata soda que la que él podía conse- 
guir para su casa. 

Visitóse enseguida el departamento de máquinas, en el cual hay dos dinamos 
con sus respectivos motores que trabajan alternativamente día y noche. 

Allí mismo se pudo ver el gran pozo semisurgente que surte aunqueincomple- 
tamenteátodo el vasto edificio. 

En los sótanos una sencilla máquina por intermedio del frío producido por la 
evaporación del cloruro de etilo garante el hielo necesario para todo el Hospital. 
Pasóse después al Anfiteatro y Laboratorio. Y es aquí sobre todo donde se dan 
la mano muy armoniosamente las necesidades más modernas de la ciencia ex- 



MISCELÁNEA 47 

perimental y de observación con las comodidades y el confort, de tal manera que 
no falte nada, que todo esté al alcance déla mano y que los hombres destinados 
á usufructar semejantes construcciones no encuentren en la prosecución de su 
trabajos otros obstáculos que las dificultades de los problemas para resolver. 

El doctor Tedeschi encargado de la sección Anátomo-Patológica, tuvo la defe- 
rencia de proyectar en el magnífico Anfiteatro, con la Cámara de Teiss, varias de 
sus preparaciones de sistema nervioso, para dar una idea á los presentes de las 
facilidades y beneficios que semejantes adquisiciones reportan á la enseñanza. 

Asimismo el doctor Sivori encargado de la sección Bacteriología había coloca- 
do en las platinas de varios microscopios, preparados de diversas especies bacte- 
rianas que pudieron observar los visitantes. 

Visitáronse en seguida algunos pabellones cuya construcción y comodidad son 
inmejorables ; sus camas sencillas y adecuadas á las ocupantes y perfectamente 
eslerilizables. 

En uno de ellos se pudo observar una alienada en un momento de excitación 
encerrada en la cámara destinada á esos tan desgraciados momentos. 

Poco después sentados en torno de una bien servida mesa el doctor Pinero ha- 
cía partícipes á los visitantes de un almuerzo verdaderamente argentino, sin que 
por eso faltase al final el tradicional champagne y los brindis de estilo, haciendo 
uso de la palabra el ingeniero Buschiazzo, el doctor Morales y el doctor Pinero. 

Terminada la comida se pasó á visitar el pabellón de Pensionistas que es verda- 
dero palacio y no un departamento destinado á enajenadas. Vieronse allí unas en- 
fermas leyendo, otras cabizbajas que apenas levantaban la vista con indiferencia 
al pasar por su lado, otras las más sociales en esos instantes para los presentes, 
se entretenían sentadas al piano, en demostrar que no están reñidas la armonía 
musical con la desarmonía intelectual. La sección destinada á electricidad y ma- 
saje, excelente, posee una cámara para baño de luz eléctrica y un aparato para ma- 
saje de temblor que probaron, éste último, con agrado los presentes. En una pa- 
labra por todos lados, codeándose los últimos adelantos de la cienciacou un bien- 
estar lujoso y confortable algo más que democrático y destinado á pobres infe- 
lices que seguramente miran con despreciólo que seguramente llama y llamará la 
atención de todos. 

Todo es cierto debido á la Sociedad de Beneficencia, pero también injusto sería 
no decirlo, al celo infatigable del doctor Pinero, cuya preparación científica, apti- 
tud administrativa no común y constancia en el trabajo han conseguido triunfar 
de todas las dificultades y dotar á Buenos Aires de un magnífico y grandioso 
Asilo para locas. Los visitantes, después de saludar al doctor Pinero agradecién- 
dole sus atenciones, se retiraron, tarde ya, convencidos de que por lo general las 
obras grandes y de mucho aliento se llevan á cabo en el silencio del trabajo fruc- 

tuoso.'y cuotidiano. 

José A roe. 

Conversaciones científicas del doctor Pablo Patrón. —A 

solicitud de un distinguido núcleo de estudiosos la comisión directiva de nuestra 
sociedad invitó al doctor Pablo Patrón á que diese en una ó más sesiones un re- 
sumen general sobre su teoría respecto de un origen súmero-asirio de las lenguas 
Kechua y Ayraará, presentando resultados generales y ejemplos característicos. 
El distinguido y sabio investigador accedió gustoso á la invitación fijándose los 



40 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

días 20 y 21 del pasado mes de junio para dar las conferencias solicitadas. En 
la primera de ellas trató de una manera general la comparación de las lenguas 
Kechua y Súmera presentado como base de sus afirmaciones una larga tabla de 
equivalencias fonológicas. Luego estudió detenidamente una serie de nombres y 
palabras quechuas explicando, valido de la mencionada tabla, sus afinidades con 
las lenguas orientales, arribando el erudito disertante á curiosos resultados. 
Siguió á esta clase de pruebas un prolijo estudio comparativo de la religión, 
cerámica y arquitectura. 

El doctor Patrón cree encontrar representada en el dios peruano Huiracocha 
á la divinidad asirla Ea ó abismo de las aguas y aún más hizo mención de hallazgos 
de objetos peruanos que tienen representaciones de dicha divinidad. 

En la segunda conferencia pasó en revista al culto, organización general del 
imperio, tradiciones, costumbres, navegación, trabajos en metales, ele, tanto 
entre los orientales como en los antiguos habitantes del Tahuantinsuyu. 

Por cierto que las disertaciones del doctor Patrón fueron escuchados por una 
numerosísima concurrencia ávida de conocer tema tan interesante tratado con la 
erudición y el fácil decir del conferenciante. 

Asistieron entre otros los siguientes señores : Norberto Pinero, Juan B. Ambro- 
setti, Carlos M. Morales, Juan A. Buschiazzo, Roberto Wernicke, Eduardo Schiaífino, 
Juan P. Paz Soldán, Félix F. Outes, Manuel J. Arce, Manuel B. Bahía, etc., y un 
distinguido núcleo de socios como asimismo una selecta representación de la 
colectividad peruana entre nosotros. 



SOCIOS HONORARIOS 



l)r. Germán Burmeisler f. — Dr. Benjamín A. Gould f — Dr. R. A. Philippi. 
Dr. Guillermo Rawsonf. — Dr. Carlos Berg. — Dr. Juan J. J. Kyle. — Ing. LuisA.Huergo (padre). 
Ing. J. Mendizábal Tamborrel. — Dr. Valentín Balbin. f 



SOCIOS CORRESPONDIENTES 



Aguilar Rafael México. 

Arechavaleta, José Montevideo. 

Arieaga Rodolfo de Montevideo. 

Ave-Lailemant, Germán Mendoza. 

Brackebusch, Luis Córdoba. 

Carvalho José Carlos Hio Janeiro. 

Lafone Quevedo, Samuel A. . . . Catamarca. 

Lillo, Miguel Tu'cuman. 



Morandi, Luis Villa Colou(U.) 

Paterno, Manuel Palermo (It.). 

Reíd, Walter F Londres 

Scalabrini, Pedro Corrientes. 

Tobar, Carlos R Quito. 

Villareal, Federico Lima. 

Von Ihering, Hermán San Paulo (B.) 



SOCIOS ACTIVOS 



Abella Juan 

Acevedo Ramos, R. de 
Adano, Manuel. 
Aguirre, Eduardo. 
Alberdi, Francisco N. 
Albert, Francisco. 
Almeida, Arturo M. 
Alric, Francisco. 
Alvarez, Fernando. 
Amadeo, Alejandro M, 
Anasagasti, Ireneo. 
Anasagasti, Horacio 
Ambrosetti, Juan B. 
Arata, Pedro N. 
Arigós, Máximo. 
Arce, Manuel J. 
Arce, Santiago. 
Arditi, Horacio. 
Arroyo, Franklin. 
Atíenza, Mario. 
Aubone, Carlos. 
Avila Méndez, Delfín. 
Avila, Alberto 
Aztiria, Ignacio. 

Babuglia, Antonio 
Bahia, Manuel B. 
Bancalari, Juan. 
Bancalari, Juan M. 
Barabino, Santiago E. 
Barilari, Mariano S. 
Barzi, Federico. 
Basarte, Rómulo E. 
Battilana Pedro. 
Baez, Domingo A. 
Baudrix, Manuel C. 
Bazan, Pedro. 



BeHck, Pablo 
Benoit, Pedro (hijo). 
Berro Madero, Miguel 
Berro Madero, Carlos 
Beron de Astrada, M. 
Besana, Carlos. 
Bessio, Moreno Nicolás 
Biraben, Federico. 
Bosch, Benito S. 
Bosch, Eiiseo P. 
Bosch, Anreliano R. 
Bonanni, Cayetano. 
Bosque y Reyes, F. 
Brian, Santiago 
Buschiazzo, Francisco. 
Buschiazzo, Juan A. 
Bustamante, José L. 

Cáceres, Dionisio R. 
Candiani, Emilio 
Cálcena Augusto. 
Cagnoni, Alejandro N. 
Cagnoni.Juan M. 
Candioti, Marcial R. 
Gánale, Humberto. 
Canovi, Arturo 
Cano, Roberto. 
Cantilo, José L. 
Cantón, Lorenzo. 
Carranza, Marcelo. 
Cardóse, Mariano J. 
Cardoso, Ramón. 
Garrique, Domingo 
Casullo, Claudio. 
Castellanos, Carlos T. 
Castañeda. Ramón 
Castex, Eduardo. 



Gasliglioiie, Enrique. 
Castro, Vicente. 
Cerri, César. 
Cilley, Luis P. 
Chanourdie, Enrique. 
Ghapiroff, Nicolás de 
Checchi, Amoldo. 
Cheraza, Gerónimo. 
Chiocci Icilio. 
Chueca, Tomás A. 
Clérice, Eduardo E. 
Cobos, Francisco. 
Cock, Guillermo. 
Collet, Carlos. 
Coni, Alberto M. 
Coquet, Indalecio 
Cornejo, Nolasco F. 
Corvalan Manuel S. 
Coronen, J. M. 
Coronel, Policarpo. 
Corti, José S. 
Courtois, U. 
Cremona, Andrés V. 
Gremona, Víctor. 
Curutchet, Luís. 
Curutchet, Pedro. 

Damianovich, E. A. 
Darquier, Juan A. 
Dasseii, Claro C. 
Dates, Germán. 
Davila, Bonifacio. 
Davel, Manuel. 
Dawney, Carlos. 
Domínguez, Juan A. 
Dorado, Enriqu e. 
Douce, Raimundo. 



Doyle, Juan. 
Duhart, Martin. 
Duncan, Carlos D. 
Dufaur, Estevan F. 
Drago, Luis M. 

Echagüe, Carlos. 
Elía, Nicanor A. de 
Eppens, Gustavo A. 
Estevez, José 
Estevez, Luis. 
Estrada, Miguel. 
Espina sse, Jorge. 
Etcheverry, Ángel 
Ezcurra, Pedro 

Fasiolo, Rodolfo 1. 
Fernandez, Daniel. 
Fernandez, Alberto J. 
Ferrari, Rodolfo. 
Ferreyra, Miguel 

Fynn, Enrique. 
Flores, Emilio M. 
Fraga, Antonio. 
Franco, Vicente, 
Foster, Alejandro. 
Friedel Alfredo. 

Gaínia, Alberto de. 
Gallardo, Ángel. 
Gallardo, José L. 
Gallardo, Miguel A. 
Gallego, Manuel. 
Gallino, Adolfo. 
Gallo, Delfín 
Gamberale, Humberto 



SOCIOS ACTIVOS (Continuación) 



Gándara, Federico W. 
Garay, José de 
García, Carlos A. 
Gentiliui, Pascual. 
Geyer, Carlos. 
Ghigliazza, Sebastian. 
Gioachini, Arriodante. 
Giménez, Joaquín. 
Giménez, Ángel M. 
Girado, José I. 
Girado, Francisco i. 
Girado, Aleiandro 
Girondo, Juan. 
Girondo, Eduardo. 
GoUan, José E. 
Gómez, José C 
Gómez, Pablo E. 
Gonzales, Arturo. 
González, Agustín- 
González Lelong, G. 
Gotusso, Luis 
Gradin, Carlos. 
Granella, Antonio. 
Gregorina, Juan 
Guido, Miguel. 
Gutiérrez, Ricardo P. 

Herrera Vega, Rafael. 
Herrera Vega, Marcelino 
Herrera, Nicolás M. 
Henry. Julio 
Hicken, Cristóbal. 
Holmberg, Eduardo L. 
Hubert, Juan M. 
Iluergo, Luis A. (hijo). 
Hughes, Miguel. 
Hulchison, Lorenzo. 

Iraelu, Juan B. 
Iriarte, Juan 
Isnardí, Vicente. 
Israel, Alfredo C. 
Iturbe, Miguel. 

Jaeschke, Víctor J. 
Jaureguiberrí, Luis. 
Juni, Antonio. 
Jurado, Ricardo. 

Krause, Otto. 
Klein, Hermán 
Klimann, Mauricio. 

Labarthe, Julio. 
Lacroze, Pedro. 
Lagos García, Garlos 
Lagrange, Carlos. 
Langdon, Juan A. 
Laporte LuisB. 
Larregui, José 
Larguía, Carlos. 
Latzina, Eduardo. 
Eavalle C, Carlos. 
Lavergne, Agustín 
León, Emilio de 
Leonardis, Leonardo 
Lehmann, Guillermo. 
Lehemann, Rodolfo. 



Levy, Raúl. 
Lizarralde, Daniel 
López, Aniceto. 
López, Martin J. 
López, Pedro i. 
Loyola, Luis. 
Lucero, Apolinario. 
Lugones, Arturo. 
Lugones Velasco, S<>". 
Luiggi, Luis 
Luro, Rufino. 
Luro, Pedro G. 
Ludwig, Carlos. 

Machado, Ángel. 
Madrid, Enrique de 
Mallea, Benjamín 
Mallol, Benito J. 
Marín, Placido. 
Marquestou, Alejandro. 
Marcet, José A. 
Martini, Rómolo E. 
Marty, Ricardo 
Mary, Antonio. 
Matharán, Pablo. 
Massini, Carlos. 
Massini, Estevan. 
Massini, Miguel. 
Maza, Henedícto. 
Maza, Juan. 
Matienzo, Emilio. 
Mattos, Manuel E. de. 
Meana, Néstor. 
Medina, José A. 
Méndez, Teófilo F. 
Mendizabal, José S. 
Morían, Eduardo 
Mermos, Alberto. 
Meyer Arana, Felipe. 
Miguens, Luís. 
Mignaquí, Luis P. 
Millan, Máximo D. 
Mitre, Luis. 
Molina, Waldino. 
Mon, Josué R. 
Monsegur, Sylla 
Morales, Carlos María. 
Moreno, Jorge 
Morón, Ventura. 
Morón, Teodoro F. 
Mosconi, Enrique 
Mosto, Andrés. 
Mugica, Adolfo. 

Naon, Alberto 
Navarro Viola, Jorge. 
Negrotto, Guillermo. 
Newton, Artemío R. 
Newton, Nicanor R. 
Niebuhr, Adolfo. 
Newbery, Jorge. 
Nocetí, Domingo. 
Nogués, Pablo. 
Ñongues, Luis P. 

Ocampo, Manuel S. 
Ochoa, Arturo. 
O'Donell, Alberto C. 



Olazabal, Alejando M . 
Olivera, Carlos C. 
Oliveri, Alfredo 
Ortiz, Díolimpio 
Orzabal, Arturo. 
Otamendi, Eduardo. 
Otamendi, Rómulo. 
Otamendi, Alberto. 
Otamendi, Juan B. 
Otamendi, Gustavo. 
Outes, Félix F. 
Outes, Diego E. 

Padilla, Isaías. 
Padula, Umberto. 
País y Sadoux, C. 
Paitoví Oliveras A. 
Palacios, AlbertoC. 
Palacio, Emilio. 
Páquet, Carlos. 
Parera Muñoz, Carlos 
Paz, Manuel N. 
Pelízza, José. 
Pereyra, Emilio. 
Petersen, H. Teodoro. 
Pigazzí, Santiago. 
Pouyssegur, Luis. 
Piaña, Juan. 
Piaggio, Antonio. 
Pirovano, Juan. 
Puente, Guillermo A. 
Puig, Juan de la C. 
Puiggari, Pío. 
Puiggari, Miguel M. 
Prins, Arturo. 

Quintana, Antonio, 
Quiroga, Atanasio. 

Raffo, Bartolomé M. 

Ramos Mejía, Ildefonso 

Robora, Juan. 

Recagorri, Pedro S. 

Repello, Luis M. 

Rettes, Antonio. 

Reynoso, Higinío 

Riglos, Martiniano. 

Rivara, Juan 
Rivas Jordán, Leandro. 

Rodríguez, Luís C. 

Rodríguez, Miguel. 

Rodríguez González, G. 
Rodriguezdela Torre, C. 

Roífo, Juan. 

Rojas, Esteban C. 

Rojas, Félix. 

Romano, Mario. 

Romero, Armando. 

Romero, Carlos L. 

Rosetti, Emilio. 

Rospide, Juan. 

Ruíz Huidobro, Luis. 

Saenz Valiente, A. 
Sagaslume, José. M. 
Saílovilz, Manuel. 
Sánchez, Emilio J. 
Sanglas, Rodolfo. 
Santángelo, Rodolfo. 



Sántillan, Santiago P. 
Sarrabayrouse, Euge^'" 
Segovia, Fernando 
Sauze, Eduardo. 
Segovia, Vicente 
Seníllosa, José A. 
Saraleguí, Luis. 
Sarhy, José S. 
Sarhy, Juan F. 
Schickendantz, Emilio. 
Seguí, Francisco. 
Selva, Domingo. 
Senat, Gabriel. 
Seníllosa, Juan A. 
Seurot, Edmundo. 
Seré, Juan B. 
Schaw, Carlos E. 
Silva, Ángel. 
Sílveyra Luís 
Silveyra, Arturo 
Simonazzi, Guillermo. 
Siri, Juan M. 
Soldani, Juan A. 
Solíer, Daniel (hijo). 
Solveyra, Mariano 
Spinola, Nicolás 
Speroní, Daniel C. 
Swenson, U. 

Taiana, Hugo. 
Taiana, Alberto. 
Taminí Crannuel, L. A. 
Tassi, Antonio 
Taurel. Luis F. 
Tejada Sorzano , Carlos . 
Texo, Federico 
Thedy, Héctor. 
Torres, Luis M. 
Torrado, Samuel. 
Trelles, Francisco M . 
Tressens, José A. 

Uriaríe Castro Alfredo. 

Valenzuela, Moisés 
Valerga, Oronte A. 
Várela Rufino (hijo) 
Vázquez, Pedro. 
Vidal, Magin. 
Vidala, Baldomcro. 
VillanovaSanz,Florencí° 
Villegas, Belisario. 

Wauters, Garlos. 
Wernícke, Roberto 
W^hite, Guillermo. 
Wilmart, Raimundo 
Williams, Orlando E. 

Yanzí, Amadeo 

Zabala, Carlos. 
Zalazar, Benjamín. 
Zamboni, José J: 
Zavalía, Salustiano. 
Zamudío, Eugenio 
Zeballos, Estanislao S. 
Zuníno, Enrique. 



ANALES 



DE LA 



SOCIEDAD científica 

ARGENTINA 



Director : Ingeniero EDUARDO AGUIRRE 
Secretarios : Agrimensor Alejandro Foster y señor Félix F. Outes 

REDACTORES 

Ingeniero Ángel Gallardo, señor Juan B. Ambrosetti, ingeniero José S. Corti, in- 
geniero Santiago E. Barabino, ingeniero Federico Birabén, ingeniero Nicolás 
de Chapiroíf, ingeniero Garlos Paquet, ingeniero Vicente Castro, ingeniero Claro 
C. Dassen, doctor Enrique Fyn, doctor Rómulo E. Martini, ingeniero Eleodoro 
A. Damianovich, ingeniero Eduardo Latzina, doctor 4tanasio Quiroga, señor 
Antonio Paitovi Olivera. 



AGOSTO 1901. — ENTREGA II. — TOMO LII 



PUNTOS Y PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN 

LOCAL DE LA SOCIEDAD, CEVALLOS 289, Y PRINCIPALES LIBRERÍAS 

Por mes $ m/, t . 00 , 

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Número atrasado » 2.00 

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BUENOS AIRES 

IMPRENTA Y C.iSA. EDITORA DE CONI HERMANOS 
684 — CALLE PERÚ — 684 

1901 



.^,^ ^»» '"-"'%- 



[^ FEB 9 1927 



Ot' 



JUNTA DIRECTIVA 



Presidente Doctor Carlos M. Morales. 

Vice-Presidente i° Arquitecto Juan A. Buschiazzo. 

Id. 2° Ingeniero Domingo Selva. 

Secretario de actas Igeniero Manuel J. Arce. 
— correspondencia Señor José Larreguy. 

Tesorero Ingeniero Luis A. Huergo (hijo). 

Bibliotecario Señor Nicolás Besio Moreno. 

/ Doctor Eduardo L. Holmberg. 

Ingeniero Arturo Prins. 

Ingeniero Ignacio Aztiria. 
Vocales ¡ Ingeniero Sebastián Ghigliazza. 

Ingeniero Antonio Piaggio. 

Ingeniero Higinio Reyngso. 

Señor Luis Curutchet. 
Gerente Señor Juan Botto. 



índice de la presente entrega 



Discurso del presidente de la Sociedad Científica Argentina en el XXIX" aniversario 
de su fundación 49 

Eduardo L. Holmberg, De siglo á siglo, conferencia leída en la fiesta del XXIX" 
aniversario de la Sociedad Científica Argentina 51 

Ángel Gallardo, Concordancia entre los polígonos empíricos de variación y las 
correspondientes curvas teóricas 61 

Carlos M. Morales, Las mejoras edilicias de Buenos s (continuación) 69 

Miscelánea : La edad geológica del piso del Paraníí ..'.'.''. 88 

Bibliografía : Borchert, Die MoUusken fauna und das Alter der Paraná-Stufe. — 
Griffon, L'assimilation chlorophyllienne et la structure des plantes — Herrp,ra 
Vegas y Cranwell, Los quistes hidatídicos en la Bepública Argentina. — Ma- 
drid, Lecciones elementales de histología é histogenia 90 

Movimiento social 95 



DISCURSO 



DEL PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

DOCTOR CARLOS M. MORALES 

EN EL XXIX ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN 



ExceletUísimo señor : 
Señoras y señores : 

Como en años anteriores la Sociedad Científica Argentina no ha 
querido dejar pasar desapercibido el aniversario de su fundación, 
y al efecto ha organizado esta fiesta que desde luego recibe bri- 
llante sanción por la distinguida concurrencia que la honra con su 
presencia. 

Y hay razón para que así sea, pues la obra de la Sociedad Cien- 
tífica Argentina en sus veintinueve años de existencia representa 
un esfuerzo colosal y un éxito, si se tiene en cuenta el medio poco 
propicio en que ésta ha tenido que desenvolver su acción. 

El año 1872 un grupo de estudiantes, aceptando la feliz iniciati- 
va del doctor Estanislao Zeballos, fundaba nuestra Sociedad. Es 
indudable que si se compara sus progresos con los que la Repúbli- 
ca ha realizado en ese lapso de tiempo no hay relación entre unos 
y otros, pero precisamente la marcha vertiginosa y por consiguien- 
te llena de accidentes '-^ ?ste país hacia un futuro engrandecimien- 
to, ha sido obstáculo pii.,c,pal para que la labor científica alcance 
aquí su máximo desarrollo. 

No pasa entre nosotros como en las naciones del viejo continente, 
•en las que salvo períodos excepcionales, su marcha regular, y so- 

A.N. SOC CIENT- ARG. — T. LlI 4 



50 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

bre todo el caudal científico acumulado durante siglos de existen- 
cia ofrece ancho campo á los que se entregan al estudio en todos 
los ramos del saber humano. 

Aquí en cambio los que se dedican á estudios científicos tienen 
que soportar una indiferencia desalentadora. 

Contra ese mal se puede luchar, y ha luchado valientemente la 
Sociedad Científica y dan fe de su constancia y abonan sus méritos 
los cincuenta y un tomos de sus Anales, que son sus pergaminos 
de nobleza. 

No obstante las dificultades apuntadas, no ha sido estéril la la- 
bor realizada, se ha preparado terreno para el porvenir, aportando 
nuestro grano de arena á la obra eterna en pro del adelanto de las 
ciencias. 

Continuemos, pues, trabajando en este siglo que si bien recibe 
del que le precede muchos tristes ejemplos, y muchos pavorosos 
problemas sin resolver, recibe en cambio la obra genial de los que 
han descollado en las ciencias y las artes, que nos sorprende día 
por día con las aplicaciones maravillosas de la electricidad, pene- 
tra con paso firme en el mundo de los infinitamente pequeños y 
llega hasta suprimir las distancias sin tener que recorrerlas como 
antes con el hilo trasmisor del pensamiento. 

Continuemos trabajando, pero siendo optimistas, combatiendo 
el indiferentismo que engendrando el hálito fatal del desencanto 
mata tantas iniciativas generosas. 

Ese es el mal de nuestra época, hay que tener fe en el porvenir 
de la humanidad, fe en el éxito final de la jornada, para obtener 
la victoria definitiva, pues nunca la alcanzaron los que entraron á 
la lucha temiendo los contrastes. 

La Sociedad Científica Argentina continúa sin interrupción su 
labor tranquila y perseverante, confiada en el porvenir de la Re- 
pública que prevee grandioso en una época de paz y de ventura, 
que comprenda á toda la América. 

Y anualmente, como breve pero agradable paréntesis á sus ta- 
reas, celebra fiestas como ésta, en las que invita á la sociedad de 
ésta capital á honrarla con su presencia y cuyo concurso agradece 
principalmente á las damas que siempre vienen como un rayo de 
sol á confortarnos en los momentos de prueba ó á alegrarnos en 
nuestros días de expansiones. 

En nombre de la Sociedad Científica Argentina tengo el honor de 
declarar abierto este acto. 



DE SIGLO Á SIGLO 

CONFERENCIA LEÍDA EN LA FIESTA CONMEMORATIVA DEL XXIX" ANIVERSARIO 
DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Por el doctor EDUARDO L. HOLMBERG 



Señoras, 

Señor Presidente de la República, 

Caballeros : 

Grandes problemas agitan en este momento el corazón y el ce- 
rebro de las naciones. Mientras en el hemisferio del Norte sacude su 
melena ensangrentada el león del imperialism'o, un puñado de fa- 
náticos valientes enseña el mundo, desde el Sur, que la raza de 
Leónidas puede encontrar Termopilas por cualquier parte, y derra- 
mar la sangre generosa por la sagrada libertad, aunque sus hijos no 
hayan nacido en las comarcas que el Mediterráneo acaricia con el 
murmullo de sus ondas civilizadoras. 

En el lejano Oriente, un pueblo vetusto y prolífico, que mantiene 
estacionaria una civilización definitiva, entrega al mundo los des- 
pojos de las primeras víctimas espiatorias de esa grande, colosal 
hipocresía del mercantilismo que, con las apariencias de una man- 
sedumbre portadora de biblias, ha envenenado con el opio la sangre 
de 500.000.000 de hombres activos, inteligentes y sobrios. 

Más al Sur, un continente insular preludia, sin sacudimientos de 
guerra, las notas de su himno de redención, y ensaya, bajo la tutela 
de un poder centralizado en sus antípodas, los primeros pero no 
vacilantes pasos de la autonomía nacional. 

Pueblos que, por su riqueza y adelanto, marchan al frente de los 
otros, han llevado sus huestes protectoras á comarcas lejanas para 



52 ANALES ÜE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

qii9 SU indisciplina se humillara ante la cultura del Japón ; y por 
todas parles el fierro, el noble fierro que marcó la prístina etapa del 
mayor progreso, se halla colocado al servicio de la crueldad y de la 
matanza ; y el cerebro, esa nobilísima pasta encerrada en el cráneo, 
y que llegó un día en sus fulguraciones sublimes hasta crear un 
Dios para el consuelo y la esperanza, é inventar las matemáticas 
que son la encarnación del Infinito, torturándose para inventar 
nuevas crueldades, nuevas cadenas, y nuevas hipocresías. 

Ah señores i disculpadme este lenguaje que puede sonar destem- 
pladamente en muchos oídos; pero mi sangre de Argentino bulle 
enestosdias precursores de nuestros grandes centenarios, y que re- 
cuerdan aquellos gloriosos en que los leones heráldicos se inclina- 
ban á besar el regatón de nuestra bandera. 

¿Qué se han hechos los grandes pueblos que coronaban de guir- 
naldas la frente de la civilización? ¿Qué nuevas ideas de amor á 
la patria y honor de las naciones se corporizan hoy en la lucha 
monstruosa délas sociedades maculadas por el oro de los merca- 
deres? 

¿Será cierta la afirmación de Fernando de Ñapóles de que á los 
pueblos se domina con tres efes, [orza, [esta y fariña ? 

¿No habrá llegado el momento de preguntarnos, manteniéndo- 
nos en el mundo sereno de las abstracciones, si la humanidad mar- 
cha ya, por sendas ignoradas, á una forma definitiva de organiza- 
ción social y política que engendre la tranquilidad universal y la 
paz de las naciones en cuyas puertas se sienten resonar los golpes 
í!on que anhelante las llama el progreso? 

Tristes reflexiones I La Naturaleza-, con su eterno dominio, las 
envía de tarde en tarde á nuestro espíritu para que seamos más 
curiosos y más sinceros; para que podamos penetrar más honda- 
mente en sus designios ; para que alejemos de nuestro ser todas 
las quimeras é ilusiones, y tomando la antorcha de la razón penetre- 
mos decididamente en el oscuro laberinto de los problemas huma- 
nos ; — y uno de los primeros hechos que se nos presentan es un 
hecho anatómico: implantados en la boca del hombre hay cuatro 

colmillos ! 

La paz universal es una quimera, porque la paz engendra la ri- 
queza, la riqueza engendra el ocio, el ocio la pereza, y la pereza es 
la nodriza del hambre, porque el seno fecundo de la tierra no se 
abre para los haraganes, y el hambre es el móvil esencial de la in- 
vasión y de la guerra . 



DE SIGLO A SIGLO 



53 



No se aguz;) cierlamenle el cerebro creador entre los deleites per- 
petuos déla mesa, y por esto vemos que las grandes figuras de la 
Hisloria, en las épocas en que la cuna ilustre se hallaba vinculada 
á la fortuna, surjen con mayor frecuencia de entre los humildes, 
casi siempre de los desheredados del bienestar y de la opulencia. 

El Hombre tiene la pugnacidad natural de su estirpe de colmillo : 
es una especie que lucha en todos los centros y con todos los me- 
dios ; y si partiendo de esta base nos remontamos al estudio del 
progreso en su esencia natural, encontraremos que el progreso es 
la suma de los coeficientes de pugnacidad inteligente y armónica 
en un momento dado de la evolución del Hombre. 

Aunque á grandes rasgos — demasiado rápidos, dada la índole de 
la tarea, he procurado presentar un cuadro del estado actual de las 
naciones^ y si vuestra benevolencia nunca desmentida lo comple- 
menta con el caudal de cada uno, tendremos que reconocer que la 
Humanidad pasa actualmente por un período crítico, violentísimo, 
porque todas las fuerzas inteligentes, unidas á las fuerzas brutas, 
se han acumulado, se han aglomerado en este momento histórico, 
que podemos llamar la aurora del siglo xx, pero de un modo ciego, 
porque se han aglomerado sin ideal. 

Estamos en la aurora del siglo xx. 

Como todos los que nos hallamos aquí congregados pertenecemos 
al xrx, nos hemos familiarizado con él de tal modo que no pode- 
mos apreciarlo todavía ; nos encontramos en el caso del refrán : 
«No hay grande hombre para su ayuda de cámara ». Sin embargo, 
en esa gran ficción de las convenciones humanas que se llama un 
siglo, elxix empieza á individualizarse en nuestro entendimiento ; 
ya se hunde un poco en la depresión del pasado }• sus contornos co- 
mienzan á perfilarse entre los que le precedieron. 

Esforzándonos un tanto, vemos la herencia que nos ha dejado, y 
conviene, por lo mismo, examinarla á grandes rasgos también, para 
no tener esperanzas ilusorias sino un conocimiento aproximativo 
de loque ha de suceder, ó, en otros términos, determinar lo que 
nos espera. He dicho anteriormente que nos encontramos envueltos 
por una acumulación enorme de fuerzas inteligentes y brutas aglo- 
meradas sin ideal. 

Vamos. á pasar en revista loque se ha hecho en el siglo xix y to- 
memos las ciencias como objetivo principal de nuestro examen. 

En Astronomía no puede decirseque los descubrimientos presen- 
ten algo que no sea consecutivo al perfeccionamiento de los medios 



54 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de investigación. En el siglo xviii, descubre Herschell el planeta 
Urano, y lo descubre por casualidad, comparando una sección del 
plano celeste que estaba tendido sobre su mesa con la sección del 
cíelo encerrada en el retículo de su telescopio : aquí se presentaba 
un astro no señalado aún. Estudia sus elementos, determina la dis- 
tancia y comprueba la ley de Bode. Urano extendía los límites de 
las órbitas solares á más de 700.000.000 de leguas, siguiendo á 
Saturno, conocido desde la más remota antigüedad. En el siglo xix 
Leverrier amplía más aún el campo de nuestro sistema solar. Estu- 
diando las perturbaciones de Urano, y aplicando nada más que el 
cálculo á su estudio, pues no hizo uso del telescopio, señala la po- 
sición de un planeta nuevo, Neptuno, que poco después se mues- 
tra donde él lo había indicado. Los asteroides, situados entre Mar- 
te y Júpiter, y de los cuales, el primero, Ceres, se descubre el 1° de 
Enero de 1801 , alcanzan á unos 300 al finalizar el siglo. No creo ne- 
cesario mencionar los trabajos de astrografía de Beer y Moedler sobre 
la Luna, del padre Secchi sobre el Sol, de Schiapparelli sobre 
Marte, y otros, pues ellos derivan de una observación prolija, con 
instrumentos de exquisita perfección. Se ha determinado la posi- 
ción y forma del anillo de bólidos que rodea al Sol, los movimien- 
tos de la superficie de éste por Jansen, se ha discutido la existencia 
de Vulcano entre el Sol y Mercurio, y la de los satélites de Marte; las 
observaciones de los dos tránsitos de Venus dignifican á las nacio- 
nes que las auspiciaron ; el estudio de la química de las estrellas 
por medio de las rayas de Frauenhoíer en el espectroscopio es alta- 
mente meritorio ; los catálogos y mapas de estrellas de Argelander, 
Herschell, Gouldy otros, han enriquecido los archivos científicos, así 
como otras muchas observaciones ; pero puede admitirse que aún 
es problema oscuro en demasía el que se relaciona con la excentri- 
cidad inmensa de la órbita de los cometas. La medida de las distan- 
cias de las estrellas es una operación matemática, y, para abreviar, 
recordaremos que, de las ciencias físicas, la Astronomía es la más 
matemática de todas. Kepler, Ropérnico, Galileo, Roemer, Bradley, 
Bode, Newton, le habían dado ya bases sólidas, y si ello no hubiera 
sido así, Leverrier no descubre á Neptuno. El siglo xix recibe la 
Astronomía como ciencia hecha ; su tarea ha consistido en perfec- 
cionarla ampliándola. 

La Física aplicada ha tomado en el siglo xix un vuelo extraordi- 
nario. En dinámica y mecánica, figuran en primer término, la crea- 
ción de los métodos gráficos, en termologia la delicadeza de la 



DE SIGLO Á SIGLO 55 

demostración por la excelencia de los instrumentos y apáralos, y 
otro tanto puede decirse de la óptica, de la acústica, agregando á 
ésta cuanto se relaciona con el fonógrafo, y de las maquinase vapor, 
que crean, como por encanto, una nueva especie de navegación, y los 
ferrocarriles, y multiplican de un modo extraordinario las fuerzas 
fecundas de la industria, aplicándose á todo género de máquinas 
y llevando el movimiento hasta los mismos instrumentos de Agri- 
cultura. Pero, donde aparecen los prodigios déla Física es en la 
electricidad y en el electro-magnetismo. Los telégrafos, teléfonos, 
tracción, rayos de Roentgen y por último la telegrafía sin liilos, de 
Marconi, que ofrece por vez primera una base experimental sólida 
á las investigaciones que, bajo el nombre de telepatía, etc., realiza 
el fisiólogo. El estudio de las vibraciones, con sus interesantes 
claros, la demostración definitiva de la correlación de las fuerzas 
y por lo tanto la de su equivalencia en la transformación, y otros 
muchos puntos análogos, crean bases inconmovibles para la Filo- 
sofía positiva. 

Empírica absoluta hasta 1774, año en que Lavoisier descubre el 
Oxígeno, la Química pierde desde entonces su ropage vulgar; aban- 
dona los problemas del alcaest, la palingenesia, el homunculus y 
la piedra filosofal, en lo que tenían de absurdo innoble, para conser- 
var solamente el principio teórico de intuiciones maravillosas, y se 
remonta gradualmente, por una nomenclatura discreta, una mani- 
pulación severa y un método intachable, hasta formular, dentro de 
principios matemáticos, las leyes que rigen la materia. Dalton, 
Berthellot, Naquet, Hoffmann, Frezenius, Wurtz, y otros químicos 
ilustres, exhuman de su tumba de 20 siglos los átomos del gran 
sábio-poeta Lucrecio, establecen la moderna teoría atómica, ilumi- 
nan el abismo del caos molecular, y presentan al mundo contem- 
poráneo la estructura del invisible. Los trabajos fundamentales 
del desgraciado Lavoisier, que acabó en la guillotina por preferir 
reyes degenerados por la rutina á descamisados frenéticos, los 
de Vauquelin que tuvo el mismo fin, los de Thénard, Berzelius, 
Scheele, Gay Lussac, Berthollel, Regnault, Chevreuil y tan- 
tos otros, sirven de fundamento á la nueva teoría, y cuando, á 
semejanza de la Astronomía, se impregna de matemáticas, se con- 
vierte en exacta, Mendeleieff descubre las familias de equivalentes, 
y la piedra filosofal de los antiguos alquimistas, que por amor al 
estudio desafiaban las hogueras de la Inquisición, esa gran cha- 
musquina del fanatismo y de la ignorancia, penetra modestamente 



56 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

una vez más en algunos espíritus modernos, para ocupar un sitio 
en el conjunto de las posibilidades científicas. 

Pero el espíritu del siglo xix es esencialmente utilitario. El quid 
bonum, el para qué sirve eso del especiero, no entiende de cosas 
filosóficas, no le importan las grandes coronas que se derraman en 
cascadas sobre una -civilización gloriosa — es necesario que pro- 
duzcan algo, que la Humanidad saque de ello algún provecho — j 
así la Industria, apoderándose de los descubrimientos de los sa- 
bios, abandona la prehistórica vela de sebo para reemplazarla por 
la de estearina y por los producios de la nafta, brilla el gas en los 
mecheros, el carbón depositado por miles de siglos en el seno de 
la tierra se convierte en luz eléctrica y en fuerza, el galvanismo 
pasaá manos de estañadores y brilla el oro superficial sobre uten- 
silios de cobre; la Medicina da cuerpo fundamental á las intuicio- 
,nesdel genio hipocrático; ClaudeBernardcrea una nuevaíisiología; 
la terapéutica se transforma en ciencia ; la razón química de las 
alteraciones del organismo perfecciona el diagnóstico de las enfer- 
medades ; el cerebro pasa al laboratorio para revelar al mundo es- 
tupefacto que piensa por el fósforo, y la psicología de antaño se 
abandona como una reliquia mística á los claustros y á las escuelas 
donde la trigonometría se enseña antes que la aritmética, y la me- 
tafísica y la lógica preceden al conocimiento del cuerpo humano. 
Todas las artes, ingeniosas abejas del anhelo de bienestar, liban 
constantemente en esa gran flor de las reacciones, del análisis y de 
la síntesis; — la Agricultura se transforma por ella; la guerra 
levanta laboratorios en los mismos arsenales — y, para volver como 
sobre un recuerdo, ¿qué diremos al mencionar el hecho citado de 
que las estrellas mismas envían su rayo de luz á nuestros apara- 
tos para revelarnos el secreto de su composición ? No acabaríamos 
nunca si hubiéramos de señalar cuánto debemos á la Química del 
siglo xix; pero si, con un lijero esfuerzo de la fantasía, nos asoma- 
mos por sobre el horizonte para examinar á la Europa, encontrare- 
mos que el impulso colosal recentísimo que ha elevado á tan grande 
altura la industria alemana se debe á la Química. 

Al penetrar en los dominios de la Historia Natural, encontramos 
la Mineralogía. Aunque algoso hizo en el siglo xviii para conocer 
la composición de los minerales, esta parte de la ciencia sigue los 
progresos de la Química, y, por lo tanto, debe todo al xix. En cuan- 
to á los caracteres naturales, son patrimonio del xviii, en particular 
la cristalografía que, aunque modificada lijeramente por causa 



DE SIGLO Á SIGLO 57 

(le los nuevos métodos deinvesligaciou, hybí;» sido casi definiliva- 
menle formulada por Haüy. 

La Geología no se eleva a la categoría de una Ciencia sino en el 
siglo XIX, cuando un eclecticismo discreto y observador refunde 
las hipótesis cosmogónicas (leíales, Anaxímenes, Anaximandro, an- 
tiguos sabios griegos, esas sombras venerables que se ciernen 
inmortales sobre todo lo que es grande y noble en el espíritu hu- 
mano — y además de refundirlas, las enriquece con los descubri- 
mientos de Jorge Cuvier^ el creador de la Paleontología, ese estudio 
maravilloso de las formas orgánicas que vivieron en un pasado de 
millones de siglos, pasado que las matemáticas y la observación han 
sometido á su crisol purísimo, y han permitido relegar aquellos 
4004 de antaño á los rincones que ya sabemos. Pero dejemos la 
Geología por un momento. 

La Biología, con la Botánica y la Zoología, nos abre sus puertas. 
En el siglo iv antes de Cristo brilla Aristóteles, llamado «El Padre 
de las Ciencias Naturales» ; su discípulo Teofrasto es «El Padre de 
la Botánica». Observaciones juiciosas, descripciones estimables^ 
intuiciones vagas. Las Ciencias Naturales tienen ya una cuna ; pero 
no es más que cuna. En tiempo de Nerón escribe Dioscórides sobre 
las plantas — es más médico que naturalista, es un terapéutico. 
Plinio es un recopilador. Después, nada. En la Edad Media, 
sombra profunda. Kl hambre, la peste, el terror, el fanatismo. 
Prosperan los conventos. La morbilidad reinante engendra esas 
grandes epilepsias que pasan á la Historia con el nombre de Cru- 
zadas y que consumen en los arenales de la Siria la flor y nata de 
los nobles paladines europeos, para dejar triunfantes en los gran- 
des señoríos á los abates de horca y cuchilla, señores de pernada. 
Se dan batallas sangrientas por una coma; combates horribles que 
parecen obra de demonios locos para determinar si Jesu-Cristo es 
homusius ú homoiusius, j para, consignar opiniones de esas con- 
troversias interminables, se raspan los pergaminos que guardaban 
flores gratísimas del pensamiento helénico y de la civilización lati- 
na, mientras Omar, menos responsable porque es más ignorante, 
quema la Biblioteca de Alejandría. 

Pero ya pasa la Edad Media. Un resplandor divino se esparce 
por las riberas del Mediterráneo y brilla nuestra cuna, la aurora 
de nuestra civilización moderna. Ahí está el Renacimiento. Los 
portugueses llegan á la India por el Cabo de Buena Esperanza, 
Cristóbal Colon descubre la América, renacen las artes, resurgen 



58 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

las ciencias, el sentimiento de libertad y de justicia se abren paso 
para encarnar luego los principios republicanos, mientras Bacon, 
por la creación del método, aplasta para siempre la hidra del fana- 
tismo. Desde entonces comienza la pesquisa incesante; créanse los 
museos ; pacientes coleccionistas recorren el mundo entero, arran- 
cándole sus tesoros de la Flora, de la Fauna, de la Gea, de la 
Arqueología, de la Etnología, y se acumulan por todas partes, des- 
pertando por todas ellas el espíritu del orden. Para ordenar, em- 
pero, es necesario conocer las semejanzas y las diferencias, y así 
nacen estudios prolijos para consignarlas, y lo queenun principio 
sólo tenia un fin que podría llamarse doméstico de ordenación, 
engendra la idea de clasificación que, artificial en sus comienzos, 
con Lineo á la cabeza, se convierte en natural y filosófica á fines 
del siglo XVIII, en manos de Antoine Laurent de Jussieu para al- 
canzar un grado de perfección extrema (aunque no definitiva) en 
el XIX, y permitir á Darwin, con su doctrina soberana, contestar á 
aquellas antiguas preguntas : qué somos, de dónde venimos y d dónde 
vamos, y que nuestra respuesta pase á los siglos futuros como la 
coronación de las conquistas de la ciencia humana. 

Pero arriba de la corona está la aureola, esa aureola que brilló 
en la frente del primer hombre que se empeñó en conocer la ver- 
dad ; esa aureola cuya luz se infiltra en todas las adquisiciones del 
espíritu humano, porque es la verdad misma en todos los siglos y 
en todos los pueblos : las Matemáticas. Por eso el siglo xix no pue- 
de reclamarlas como propias ; pero no es menos cierto que, si su 
caudal ha sido escaso, en ninguno de los siglos anteriores ha teni- 
do aplicaciones más útiles ni más profundas, desde el cálculo que 
fija el mínimo. próximo del diámetro del átomo hasta las teorías 
que encierran dentro de leyes inviolables la marcha de los astros 
en el seno del Infinito. 

Después de ésto ¿qué nos falta? Decídmelo vosotros, cada uno 
de los cuales sabe tanto ó más que yo, y todos juntos infinitamente 
más que yo. 

Nos falta el Ideal ! 

Pero ¿qué ideal podrían tener hoy los pueblos? Y ¿cuál de ellos 
sería el que nos lo presentara? A cualquiera se le ocurre que si 
estas páginas, en vez de mostrarse tijeras y fugaces, para ser leídas 
en pocos minutos, lo fuesen de un libro, se impondría un examen 
prolijo de cada pueblo; — pero no es así, y lo único que se puede 
consignar ahora es que, si es verdad que cada uno de los pueblos 



DE SIGLO Á SIGLO 59 

despertaría muchos aplausos, no lo es menos que arrancaría mu- 
chos vituperios. 

Un hombre de gran mérito por su ilustración, inteligencia y es- 
píritu conciliador — y creo haber dado pruebas deque no soy de 
los defensores de su gremio, ~ un hombre de gran mérito, decía, 
el Papa León XIII, proclama, á la faz del mundo, que la Humanidad 
sólo puede salvarse por la Religión. Pero los pueblos ya han pasa- 
do y pasan por todos los grados de la evolución religiosa, desde el 
Fetiquismo que impone la adoración délas piedras, las plantas, los 
animales y los astros, hasta el Monoteismo que es la expresión más 
elevada del concepto dinámico universal, ya lo enseñen Moisés, 
Sócrates, Cristo, Mahoma ó Voitaire. ¿Qué ideal religioso puede 
surgir de una Humanidad briosa, activa, pugnaz y científica, que 
todo lo trastorna, lo analiza, destila, depura, examina, funde y 
critica? ¿Qué nueva forma de ideal podría cautivar á pueblos en- 
vejecidos en todas las tentativas religiosas? 

En Política se han ensayado todas las formas de gobierno, desde 
la monarquía absoluta del mandón incontrolable hasta la democra- 
cia comunista, y todas las opiniones tienen ilustres defensores, y 
todas las formas eminentes prosélitos sinceros, desde aquel que 
piensa que, nivelando las fortunas, se nivela la pugnacidad que es 
ley orgánica de la especie, hasta el revolucionario enceguido que 
piensa cortar los vicios sociales cortando la cabeza más linda que 
haya coronado hombros de mujer. Y sin embargo, los reyes no se 
degradan, sino los pueblos. El nombre de Victoria Augusta de In- 
glaterra brillará entre los de los santos de la Humanidad, mientras 
que ésta tendrá siempre un estigma para los mercachifles que piso- 
tearon la patriarcal independencia de los boers. Y sin embargo, 
esta obra es fomentada por una parte considerable de un pueblo 
que, por su colosal comercio, en su forma bien entendida, estaba 
llamado á transportar la civilización hasta los últimos rincones del 
mundo. 

Nó, el ideal no hade surjir de allí. 

Una noble institución de la que sólo conozco lo que todo el mun- 
do conoce, y que, después de depurarlas adquisiciones de las cien- 
cias y del progreso universal, transforma su esencia en dogma, lo 
proclama en forma trinitaria para mantener hasta en el símbolo y 
por él, la tradición que la acompaña: la ciencia, ]a. justicia y el tra- 
bajo. Pero el ideal no es trinitario, el ideal es uno y simple. Todo 
vive y muere, todo evoluciona ; la muerte es una ley de la vida, el 



60 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

trabajo es el vehículo que lleva á los hechos, la ciencia es un con- 
junto de etapas. En el fondo de todas las evoluciones políticas, re- 
ligiosas y sociales, hay algo que se mueve, que se mueve siempre, 
y que jamás se ha agitado tanto como ahora, porque, en este mo- 
mento histórico, casi todos los problemas de la ciencia de todos ios 
siglos y de las aspiraciones de todos los tiempos, se están resol- 
viendo, cristalizando en fórmulas matemáticas ; lucha por surjir 
desde la verdad que se encarna en la ciencia, en el arte, en la poe- 
sía, en el templo, en el palacio y la cabana, en la guerra y en la 
paz. El siglo XIX nos ha entregado un tesoro inmenso de proyec- 
ciones infinitas. Demos forma á ese ideal que nos falta. La Justi- 
cia! que pugna por reinar soberana como una aspiración que pasa 
de siglo á siglo. 



Buenos Aires, juüo de 1901. 



r 



CONCORDANCIA 



ENTRE LOS 



POLÍGONOS EMPÍRICOS DE VARIACIÓN 

Y LAS CORRESPONDIENTES CURVAS TEÓRICAS 
Por ángel GALLARDO 



En un artículo anterior, publicado en estos misnnos Anales bajo 
el título de Las matemáticas y la biología {\), hemos expuesto 
los principios generales del método estadístico aplicado al estudio 
de la variación orgánica. Puede verse en ese resumen que las cur- 
vas simples unimodales se reducen á cinco tipos estudiados mate- 
máticamente por Pearsoii. Para determinará cuál de estos tipos 
corresponde la curva deducida de un sistema dado de dalos empí- 
ricos existe un método debido á Pearson que se funda en la consi- 
deración de las relaciones entre los cuatro primeros momentos del 
sistema de frecuencias alrededor de la ordenada media de dicho 
sistema. 

Estas relaciones están ligadas por una «función crítica» de cuja 
discusión se deduce á cuál tipo de curva corresponde el sistema 
dado. 

Una vez determinado el tipo se puede calcular las coordenadas 
de los puntos de la curva de acuerdo con su ecuación y en función 
de los da-tos empíricos. Uniendo los extremos de las ordenadas de 
la curva, que dan las frecuencias teóricas de las clases sucesivas, 
se obtiene el polígono teórico de variación, inscripto en la curva. 

A fin de saber si efectivamente la curva obtenida representa de 
una manera satisfactoria la ley de la variación del carácter consi- 
derado falta sólo determinar el grado de concordancia entre el polí- 
gono empírico y el polígono teórico correspondiente. 

(I) Anales de la Suciedad Científica Argentina, lomo Ll, páginas 112-122. 



62 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Cuando se trata de variaciones que proceden por núnieros enteros 
(número de órganos ó de partes de órganos) Pearson calcula para 
cada clase el cuanto por ciento de su frecuencia empírica represen- 
ta la diferencia 3 entre la frecuencia teórica y (ordenada de la cur- 
va ó del polígono teórico) j la frecuencia empírica / (ordenada del 
polígono empírico) ; la media de estos tantos por ciento determi- 
nará el grado de concordancia entre la teoría y la observación. 

En el caso de variaciones continuas (pesos, longitudes," superfi- 
cies, volúmenes, etc.) la variación total está representada por la 
superficie comprendida dentro de la curva de variación, el eje de 
abscisas y las ordenadas extremas (cuando no son nulas). Para 
apreciar la concordancia Pearson mide en este caso por medio del 
planímetro la superficie comprendida entre el polígono empírico y 
el teórico y calcula cuanto por ciento de la superficie de variación 
representa dicha superficie comprendida entre ambos polígonos. 

Duncker ha propuesto un método para apreciar la concordancia 
entre la teoría y la observación que puede aplicarse en todos los 
casos (I). 

Damos en seguida una demostración elemental de este método 
que nos parece más clara que la de Duncker. 

La superficie en que ambos polígonos no se sobreponen está re- 
presentada por: 

1° Una serie de trapecios cuyas bases son las diferencias entre 
las ordenadas ó frecuencias teóricas y y las ordenadas ó frecuen- 
cias empíricas /", siendo las alturas iguales á la distancia u entre 
dos ordenadas consecutivas que es generalmente igual á la unidad 
de las clases; 

2° Cuando una de estas diferencias es nula el trapecio se reduce 
á un triángulo ; 

3° En caso que dos ordenadas consecutivas sean de signos dife- 
rentes la superficie de no coincidencia es la suma de dos triángulos 
opuestos por el vértice. 

Pueden verse estos casos en la figura adjunta en la cual el polí- 
gono empírico está trazado en líneas continuas y el teórico en líneas 
punteadas y rayadas. 

Como el caso límite del triángulo cae como caso particular den- 



(1) Duncker G., Die Methode der Variationsstatistik, en: Archiv für Eníiüic- 
kelungsmechanik der Organismen, tomo VIII, páginas 112-183, ]899, páginas 
31-32 del tiraje aparte. 



POLÍGONOS empíricos DE VARIACIÓN 



63 



Iro de la categoría de los trapecios, podemos obtener la superficie 
total de no coincidencia sumando todos los trapecios y restando de 
osa suma los triángulos sombreados en la figura que ocurren en 
los cambios de signo. Si ü (D) representa la superficie buscada, 
H (T) la de los trapecios y H (C) la de los triángulos sombreados, 
tendremos : 

2 (D) = 2 (T) — :: (€). 

Vamos á calcular estos valores. 




Sean da y di, las diferencias consecutivas entre dos pares de or- 
denadas. La superficie del trapecio será : 



T = u 



da + d„ 



La suma de todos los trapecios, llamando o á las diferencias de 
los pares de ordenadas, se expresará por : 

S (T) =z uL (o). 

Calculemos ahora la superficie C de los triángulos substractivos 
sombreados en la figura. Se obtiene como diferencia entre la su- 
perficie del trapecio de bases cíe J ^4 + i J la suma de las superfi- 
cies del triángulo de base de y altura m y del triángulo de base 
de 4- 1 J altura n, es decir que : 



Pero 



dc-]-de^x ímdn , ndo + i 



m dr 



n dc + i 



64 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de donde 

m -{- n u d,. + ^4 4- 1 . 



es decir que 



m m de 

de 

de + «íe + 1 



m = u 



Análogamente 



Luego 



^c + 1 

n = u j—r^i 

ft'c "r "'c + 1 



m c/c n dg + 1 _ u (dj + rfc~+- 1) 
2 ^ 2 ~2(4 + c/o + i)* 

Por consiguiente, sustituyendo en el valor de C, tendremos : 

u ( , I , dg ~ 4- da\ y \ 

w rfc~ + 2rfc 4 ^ 1 + 4'+ 1 — 4~ — 4~+ 1 
^-%^ d, + d,^, 

ele CIq ^ 1 



C = w 



íl^c + í/c + 1 



Si llamamos en general Oc y o< 4-1 dos diferencias consecutivas de 
signos diferentes la suma total de las superficies que deben sus- 
traerse, será : 



{C.) = uT ' '-''-' 



^Oc + Se 4-1, 

Luego lasujDerficie en que no coinciden ambos polígonos es: 

E (D) = 5 (T) - 2í: (C) = u [^ (o) - ( /lV]_J ]- 

Como u en la práctica es generalmente igual á la unidad, pode- 
mos deducir de la fórmula anterior la regla siguiente para calcular 
la superficie de no coincidencia de ambos polígonos : súmense to- 
das las diferencias entre las ordenadas empíricas y teóricas respec- 



POLÍGONOS EMPÍRICOS DE VARIACIÓN 65 

tivas, sin considera?- sus signos, y réstese del total la suma de los 
cocientes que se obtienen dividendo los productos de los valores ab- 
solutos de cada dos diferencias consecutivas de signos contrarios por 
la suma de dichos dos valores absolutos. 

En caso que u no sea igual á la unidad, basta multiplicar la can- 
tidad obtenida según la regla enunciada por el valor de u para ha- 
llar la superficie buscada. 

El pjlígono teórico y el ennpírico tienen la misma superficie. 

a = n. u. i 

en que n representa el total de las variantes observadas, es decir, la 
suma de todas las frecuencias/', u la unidad de las clases (abscisas) 
é i la unidad de las frecuencias (ordenadas). 

La suma de las superficies de ambos polígonos es, por consi- 
guiente: 

2 n u i 

Si llamamos A el tanto por ciento de esta superficie total que la 
superficie S (D) representa, tendremos : 

A _ S(D) 



1 00 2 nui 
de donde 

._ 2(D) 



2 n u i 



00 



en que A es un número abstracto que varía desde O (en el caso en 
que ambos polígonos coinciden exactamente) hasta 100 (cuando no 
tienen ninguna porción de superficie común). 

Se ve, pues, que el número A puede servir para apreciar el grado 
de concordancia entre el polígono teórico y el empírico. Se admite 
que la concordancia entre la teoría y la observación es satisfactoria 
cuando 

Veamos algunos ejemplos. 

Duncker ha estudiado la variación del número de radiosen la aleta 

AN. SOC CIENT. ARG. — T. IJl 5 



66 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

dorsal de icerma ceniiíaL. (1) y ha encontrado que los datos entipí- 
ricos conducen aproximadanaente á admitir como ley de variación 
de dicho número de radios una curva del tipo V cuyas ordenadas 
teóricas y están dadas junto con los valores de las clases V, de las 
frecuencias empíricas f, de las diferencias 8 y de los cocientes 



§e + 8c + 1 


11 ci í^uau 


1 u niguiciin 




V 


f 


y 





10 





0,0 


0,0 


11 


1 


0,0 


+ 1,0 


12 


2 


2,1 


- o,r 


13 


189 


200,4 


— 11.4 


14 


1234 


1212,4 


+ 21,6- 


15 


454 


473,3 


—19,3- 


16 


20 


11,9 


+ 8,1- 


17 





0,0 


0,0 



0,09 

7,46 

10,19 

5,71 



S 1900 1900,1 61,5(2) 23,45 

Luego 

S (D) = w p (o) — S (C)J ^ \ . (61 ,5 — 23,45) 



. 61,5 23,45 ,_- , r./. n/ 

^= 3800 -'QQ-'-Q^Vo 



'100 j , , , . . . 

que es menor que -^=, de modo que la concordancia es satisiac- 
^ v/3800 

toria,es decir, que la curva deGauss(tipo V, de Pearson) representa 

aproximadamente la ley de la variación del número de radios en la 

aleta dorsal de Acerina cemua L. 

Ludwig ha estudiado la variación del número de espiguillas en 

la inflorescencia de Lolimn perenne L. que, según la discusión 



(1) DuNCKEU G., Korrelationsstudien an den Strahlzellen einiger Flhssen von 
Acerina cemua L., en : Biologisches Centralblatt, t. XVII, p. 785 á 794, 815 á 
831, 1897. 
(2) Suma de los valores absolutos. 



POLÍGONOS EMPÍRICOS DE VARIACIÓN 67 

ríe la función critica, parecería corresponderá una curva del tipo 
IV (1). 

El cuadro siguiente da los valores ennplricos, teóricos, etc., con 
las mismas notaciones que en el ejemplo precedente. 



0,083 
0,321 
0,164 



V 


f 


y 


3 


2 





0,1 


- 0,1 


3 


1 


0,5 


-f 0,5- 


4 


1 


1,9 


— 0,9* 


5 


7 


6,8 


+ 0,2- 


6 


23 


21,8 


+ 1,2 


7 


81 


60,6 


+20,4 


8 


113 


139,6 


—26,6' 


9 


236 


270,6 


-34,6 


10 


386 


367,7 


+ 18,3* 


11 


433 


409,4 


+23,6 


12 


376 


360,6 


+15,4 


13 


265 


259,0 


+ 6,0 


14 


122 


157,4 


—35,4* 


15 


88 


84,2 


+ 3,8- 


16 


41 


41,1 


- o,r 


17 


26 


18,9 


+ 7,r 


18 


10 


8,3 


4- 1,7 


19 


5 


3,6 


+ 1,4 


20 





1,5 


- 1,5' 


21 


1 


0,7 


+ 0,3- 


22 





0,3 


~ 0,3' 


23 





0,1 


- 0,1 


24 





0,1 


- 0,1 



.11,546 
.11,969 



5,130 
3,432 

0,097 
0,099 



0,724 
0,250 
0,150 



S 2215 2214,8 199,6(2) 33,965 

S(D) = 1. (199,6 — 33,965) 

199,6 — 33,965 , ^^^^ .3 ^, , 
^ = 4430 100 = 3,/4Vo 



(1) LuDwiG F., Uber Variaiionspolygone und Wahrscheinlichkeilscurven. 11. 
Weitere Beiirüge zur Variationsstalislik der Pflanzen,tTa : Bolanisches Cen- 
tralblatt, Beihefte, t. IX, parte 2', 1900. 

(¿) Suma de los valores absolutos. 



68 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

que es mayor que -^== v por consisruiente la curva no representa 

satisfactoriamente al polígono empírico. Este está formado por ma- 
terial heterogéneo á juzgar por las irregularidades que presenta en 
varias de sus clases y en efecto Ludwig llega á la conclusión de que 
\3l especie Lo lium perenne h. comprende varias razas que presen- 
tan diferencias en cuanto á la variación del carácter considerado. 
Creemos que estos dos ejemplos bastan para dar idea de la apli- 
cación del método de Duncker, el cual no sólo puede emplearse en 
los estudios biostadísticos sino también en cualquiera otra clase de 
trabajos estadísticos, como criterio de la concordancia entre la ob- 
servación y la teoría. 



LAS 

MEJORAS EDILIGIAS DE BUENOS AIRES 

Por CARLOS MARÍA MORALES 

MEMORIA PRESENTADA iL SEGUNDO CONGRESO CIENTÍFICO LATINO-AMERICANO 
REUNIDO EN MONTEVIDEO 

(Continuación) 



La nivelación de toda la ciudad se lleva á caba actualmente por 
un personal especialmente encargado de ese trabajo, y una vez ter- 
minado, se construirá el plano acotado correspondiente. Al mismo 
tiempo se irán estableciendo puntos fijos de reíerencia con relación 
á los cuales será muy fácil establecer el nivel de los edificios que 
se construyan . 

En Buenos Aires se producen inundaciones en ciertos barrios, 
que se repiten en la época de las lluvias ; pasa algo análogo á lo 
que sucede en Montevideo en el barrio conocido por « Galicia 
Chica ». 

Estas inundaciones tienden por lo general á aumentar en núme- 
mero y en el caudal de agua que traen, y ésto se explica fácil- 
mente. 

Por un lado la edificación que limita cada vez más la zona de 
desagüe y por otro los nuevos afirmados sobre base impermeable 
que evitan toda la filtración, hacen que si bien corre el agua 
con mayor rapidez, se acumule en cambio mucha mayor cantidad 
en un punto determinado. A esto obedecieron indudablemente ios 
desbordes de los arroyos Vega y Maldonado durante las lluvias del 
invierno pasado. 

La solución del problema de estos desagües tiene que hacerse 
por medio de un alcantarillado bien distribuido y es á la Comisión 
de Obras de Salubridad á la que corresponde la ejecución de éstas 



70 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

obras, la que ja tiene proyectado la extensión de las mismas para 
una gran zona que hoy carece de esos servicios. 

Mientras tanto y como solución provisoria, se practica el ensan- 
che y rectificación del cauce de esos desagües naturales que cruzan 
zonas ya bastante pobladas. 

Donde se ha llevado á cabo una obra de gran aliento es en la 
Boca del Riachnelo, la que ha transformado por completo esa lo- 
calidad. Ese barrio, que ha sido durante muchos años la constante 
preocupación de las -autoridades municipales, constituía un in- 
menso foco de infección. Ubicado en terrenos bajos que se trans- 
formaban en bañados á la menor lluvia, terrenos que se inundaban 
frecuentemente, unas veces debido á las crecientes del Riachuelo, 
y otras á las fuertes lluvias del invierno, constituían una sucesión 
de verdaderas lagunas pontinas sobre las cuales se elevaba una 
edificación exclusivamente de madera, habitada por una población 
sui generis característica de un barrio marítimo como el de que se 
trata, y que se hallaba en condiciones de ser devastado por una 
epidemia ó destruido por un incendio. 

Pues bien, todo esto ha desaparecido casi en absoluto, y hoy la 
Boca constituye un barrio en mejoi'es condiciones que otros más 
centrales. Se ha conseguido esto, efectuando un levantamiento ge- 
neral en esa zona, que ha variado entre un metro y un metro cin- 
cuenta centímetros. La municipalidad solo ha efectuado ese levan- 
tamiento en las calles, para lo cual como ya he dicho, ha empleado 
la arena extraída en el dragado del Riachuelo y el canal de en- 
trada. 

Terraplenadas las calles en la forma que queda dicho, las man- 
zanas no tenían desagües posibles toda vez que su nivel quedaba 
más de un metro más bajo que aquellas ; ésto ha obligado á los 
propietarios á efectuar el terraplenamiento de sus terrenos al mis- 
mo tiempo que la municipalidad practicaba el de las calles. 

De este modo, en un lapso de tiempo no mayor de seis años, ese 
barrio que tenía fama de peligroso por su falta de higiene, se ha 
transformado por completo, sus calles, que formaban pantanos in- 
transitables, se hallan hoy perfectamente pavimentadas y ya em- 
piezan á surgir los edificios de material que dentro de muy poco 
tiempo habrán reemplazado el hacimiento de casillas de madera 
donde aún se alojan más de 40.000 individuos. 

Otra zona del municipio que se halla todavía en malas condi- 
ciones higiénicas, es la ocupada por el bañado de Flores. Esta se 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 71 

extiende desde el pie de las barrancas situadas al Sud oeste de la 
ciudad hasta el Riachuelo y couiprendeuna superficie, aproximada 
de 2247 hectáreas ; está constituida por un terreno anegadizo que 
felizmente carece casi en absoluto de edificación. 

Considero que será obra relativamente fácil la del saneamiento 
de estos terrenos, pues bastará para ello un drenaje conveniente- 
mente distribuido, lo que podrá hacerse con un costo reducido. 
Además hay el provecto de rectificar y dragar el Riachuelo, desde 
Barracas hasta el límite del Municipio, lo que evitará en parte los 
desbordes que hoy se producen y permitirá al mismo tiempo levan- 
tar con la tierra proveniente de esas excavaciones, los terrenos con- 
tiguos á ambos costados y en los cuales se piensa formar un paseo 
en el futuro. 

TRANVÍAS 

Se ha dicho que Buenos Aires es la ciudad de los tranvías, y hasta 
cierto punto está justificado ese calificativo por la gran extensión 
de sus vías, que ocupan en totalidad las calles centrales, y los 
principales caminos que conducen al centro, esto es, al núcleo de 
población que se halla al Este de las Avenidas Callao y Entre Ríos. 

La extensión de las vías de las diferentes empresas que funcio- 
nan en Buenos Aires, alcanza á 439 kilómetros, los que se descom- 
ponen así : 

Kilómetros 

Anglo Argentino 1 04 

Ciudad de Buenos Aires 61 

Gran Nacional 76 

La Nueva 43 

Metropolitana 27 

Rural 29 

Buenos Aires y Belgrano (Eléctrico) 46 

La Capital (Eléctrico) 44 

Eléctrico de Buenos Aires 9 

Total.... „ 439 

Se han hecho concesiones que alcanzan á 303 kilómetros, todas 
ellas para tracción eléctrica. 

El primer tranvía á sangre se estableció el año 1858, y son intere- 



72 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

santes las controversias que con motivo de esa concesión se suscita- 
ron, llegando á tratarse la cuestión hasta en el Congreso Nacional. 
Hubo diario' que dijo que detrás de cada coche de tranvía debía la 
autoridad llevar una ambulancia para recoger los muertos y heri- 
dos que aquellos irían sembrando en su camino. Los propietarios 
protestaban por la desvalorización que traería á sus propiedades 
el paso continuo de los tranvías frente á las mismas. 

Como es sabido, al principio iba adelante de cada coche un hom- 
bre á caballo que á son de corneta anunciaba en cada boca-calle la 
aproximación del tranvía. 

Años más tarde, recorren la misma ciudad en una extensión de 
más de cuatrocientos kilómetros, esas mismas máquinas de destruc- 
ción y su paso es saludado con alborozo en los barrios en que apa- 
recen por primera vez. 

El año 1896 se otorgó la primera concesión para establecer un 
tranvía eléctrico al señor Carlos Bright, estableciéndose por vía de 
ensayo un pequeño trayecto en la Avenida las Heras desde la Peni- 
tenciaria hasta los Portones de Palermo. 

Poco tiempo después el tranvía La Capital propuso el cambio de 
tracción en sus vías á sangre, estableciendo al mismo tiempo una 
línea hasta Floresy los Nuevos Mataderos ; entonces pudo apreciar- 
se las ventajas del nuevo sistema sobre el antiguo. 

Entreoirás muchas pueden enumerárselas siguientes : 

Mayor rapidez en las comunicaciones, pues si bien en las calles 
centrales no puede exceder su marcha de 12 kilómetros por 
hora, fuera ya de la parte central pueden circular con mucha ma- 
yor rapidez que los tranvías á sangre (20 kilómetros por hora). 
Comodidades en los coches, que son más confortables y espléndida- 
mente iluminados, á punto tal que su circulación durante la noche 
presenta un hermoso espectáculo. 

Mayor suavidad en el movimiento, pues sus rieles son más pe- 
sados que los de tracción á sangre, y la vía tiene que ser colocada 
sobre una sólida base de hormigón, de manera que no se producen 
las oscilaciones tan frecuentes eft los tranvías á sangre. 

Ventajas evidentes para los pavimentos por la ^supresión de los 
caballos y mayor limpieza en las calles por ésta misma razón. 

Desaparición de los depósitos de caballos en las estaciones, que 
tan molestos son sobre todo en el verano. 

Como sucede siempre con toda innovación, la instalación de 
los tranvías eléctricos despertó algunas resistencias, sobre todo 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 73 

porque se creía que los hilos conductores de la corriente ofre- 
cían un peligi'O constante á los transeúntes. 

Puede decirse que después de un mes de estar en circulación los 
tranvías eléctricos había desaparecido éste temor convencidos todos 
de las grandes ventajas que presenta el nuevo sistema detracción. 

Es indudable que el sistema de trolley con cable aéreo indica 
un período de transición ; hacen el efecto los coches, con ese 
apéndice, de un organismo que no ha terminado su evolución, 
pero llegará el día que el acumulador, que ja ha dado la solu- 
ción teórica del problema, la dé para los tranvías en el sentido 
de que pueda reemplazar al trolley sin resultar muy costoso como 
sucede hasta el presente. 

Yes indudable que todavía no se ha llegado á la solución 
definitiva con los acumuladores, cuando en casi todas las ciudades 
europeas se continúa otorgando concesiones con el empleo del tro- 
lley, también en los Estados Unidos se emplea casi sin excepción 
éste sistema. 

La principal objeción que á mi juicio puede hacerse á éste siste- 
ma es del punto de vista estético, pues las columnas brazos y rose- 
tas destinadas á sostener los cables presentan por lo general un 
aspecto poco agradable, sobre todo en las curvas donde para seguir 
la forma del riel con el cable hay que colocar á veces una verdade- 
ra red de hilos. 

En cuanto á los accidentes producidos por el contracto de otros 
hilos con el del trolley. son raros y no ofrecen un peligro inminen- 
te para los transeúntes, pues la corriente, quees alrededor de 500 
volts, salvo casos especiales, produce sólo una fuerte sacudida. 
Sin embargo, un guarda tren del tranvía La Capital fué muerto 
instantáneamente por el contacto de un hilo del trolley que se ha- 
bía roto. Es el único accidente con resultado fatal que ha ocurrido 
hasta la fecha. En cambio, el año pasado, el gerente del mismo tran- 
vía fué envuelto por el alambre del trolley hallándose con la ropa 
mojada, es decir en peores condiciones para recibir la corriente, la 
que le hizo perderel sentido, pero á los cinco minutos había vuelto 
en sí sin sentir mayor molestia. 

En cambio, los caballos son tan sensibles á la corriente que caen 
fulminados al mayor contacto. He presenciado algunos casos de 
caballos que han sido tocados por un hilo del teléfono que al caer 
se ha puesto en contacto con el alambre del Trolley, habiendo caido 
muertos instantáneamente. 



74 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Para evitaren lo posible eslosaccidentes secolocaáiolargode] tro- 
lley, un poco más elevado que éste, dos alambres que impiden el con- 
tacto en caso de ruptura de los alambres del teléfono ó del telégrafo. 

En algunas ciudades se ha colocado bajo tierra el cable conductor 
de la corriente, pero este sistema, aparte de ser mucho más costoso 
que el aéreo, ofrece dificultades para su conservación. Es induda- 
ble que la solución final serán los acumuladores, el día que pueda 
disminuirse el peso propio de los coches para hacer de éste sistema 
la solución práctica tan esperada. 

Al principio se dudaba en Buenos Aires del éxito de la tracción 
elétrica, del punto de vista económico, pues siendo ésta más cara 
que en Europa ó Norte América y en cambio la tracción á sangre 
más barata, se temía que los grandes gastos que demanda el cam- 
bio de tracción no fuesen compensados por los beneficios que se 
obtuviesen con el nuevo sistema. Felizmente la práctica ha demos- 
trado que éstos temores eran infundados. 

En efecto, el diagrama déla figura 6 demuestra con toda elocuen- 
cia los resultados qnese obtienen con la tracción eléctrica. 

La curva correspondiente demuestra gráficamente el movimien- 
to de pasajeros durante los años 1 899 y 1900 del tranvía « Ciudad 
de Buenos Aires », el más importante de los de tracción á sangre 
porque tiene las calles centrales de mayor tránsito y donde el tráfico 
de pasajeros es mayor; pues bien, como indica esa curva, empieza 
á bajar desde principios de 1 899 y aunque lentamente, continúa ese 
descenso hasta el 28 de febrero del corriente año. 

Igual cosa sucede con el « Anglo Argentino » otra empresa que 
tiene también las principales calles centrales y que es la que tiene 
mayor recorrido, 104 kilómetros; y como se ve, en el diagrama á 
igual de la « Ciudad de Buenos Aires » el movimiento de pasajeros 
aunque lentamente, disminuye en estos dos últimos años. 

Pasemos ahora álasdos Compañías de tracción eléctrica. La cur- 
va del diagrama que corresponde al tranvía « La Capital » demues- 
tra que contrariamente á lo que sucede con las detracción á san- 
gre que hemos estudiado, el movimiento de pasajeros ha ido en 
aumento hasta la fecha. Igual cosa sucede con el de « Buenos Aires 
y Belgrano » cuya curva demuestra un movimiento«ascensional aun 
más rápido que el anterior. Hay que advertir que esta empresa re- 
cién el año último suprimió en absoluto la tracción á sangre. Otro 
dato importante: al principio, el tranvía Buenos Aires y Belgrano 
transportaba 470 obreros por día, con menor tarifa que la ordina- 



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LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 75 

ria, hoy llega ese número á 1750, loque permite á estos buscar 
habitaciones fuera del centro, más cómodas é higiénicas. 

Puede decirse que las vías eléctricas absorben el tráfico de pasa- 
jeros con perjuicio de las de tracción á sangre que día á día ven 
disminuir el suyo. Un ejemplo que corrobora lo que demuestran los 
cuadros gráficos que acabo de estudiar, lo ofrecen los tranvías «An- 
glo Argentino » y « La Capital ». Ambos conducen desde la Plaza de 
Mayo hasta Flores, el primero por un camino más directo que el 
segundo y sin embargo, desde que funciona éste con su tracción 
eléctrica, el tráfico de pasajeros aumenta en él diariamente mien- 
tras que en el otro disminuye. Esto ha dado por resultado que el 
«Anglo Argentino » haya obtenido déla Municipalidad el permiso 
para cambiar de tracción, obra á la que ya ha dado comienzo y 
que terminará en el corriente año. 

Los gastos de explotación en la tracción eléctrica pueden calcu- 
larse en un 65 por % de las entradas brutas y los de la tracción á 
sangre en un 80 por % • 

Al principióse han producido numerosos accidentes como sercho- 
ques con otros vehículos, personas lastimadas, etc., debido en gran 
parteáque los conductoresnoeransuficientementeprácticos. Actual- 
mente cada noche va provisto de un aparato salvavida, especie de 
miriñaque que en la práctica ha dado buen resultado. En el año \ 900 
los accidentes han disminuido en un 39% con relaciona los de 1899. 

Además, según lo dispone el reglamento últimamente sanciona- 
do por la Municipalidad, los conductores deben ser sometidos aun 
examen práctico antes de ser admitidos en el servicio. 

Comoya he dicho el « Anglo Argentino» ha empezado á cambiar 
su vía para establecer la tracción eléctrica, también lo harán en 
breve « La Nueva » y el « Metropolitano », así es que quizá dentro 
de muy pocos años pueda festejarse al igual de los Estados Unidos 
la desaparición del último tranvía á sangre. 

Las primeras concesiones se otorgaron con la condición de ilumi- 
nar el recorrido con dos lámparas de rail bujías por cuadra. 

En las últimas concesiones sólo se establécela obligación de ilu- 
minar los puntos de su recorrido en que no haya alumbrado públi- 
co, con lámparas incandescentes en una proporción de 200 bujías 
por kilómetro de recorrido (1). 

(1) Se agrega al final del trabajo del doctor Morales una planilla relativa á la 
explotación del tranvía Buenos Aires y Belgrano,on 1899 y 1900. fN. de la R.) 



76 ANALES DE LA SOCIEDAD CIEMTÍFICA ARGENTINA 

Otro dato que demuestra lo que prosperan las empresas de trac- 
ción eléctrica con relaciona las de sangre es el producido bruto du- 
rante las meses de enero y febrero de los años 1899, 1900 y '1901 de 
las empresas de tranvías Ciudad de Buenos Aires, A 7ig lo Argentino, 
Buenos Aires y Belgrano y La Capital. Las dos primeras son las de 
mayor importancia de las de tracción á sangre; las dos últimas, 
como ya se ha dicho, son de tracción eléctrica. 

El cuadro de esos producidos es el siguiente: 

Ciudad de Buenos Aires 

$ m/n 

1899 enero y febrero 526.375 

1900 » » 522.729 

1901 » » 511.526 

Anglo Argentino 

1 899 enero y febrero 508 . 666 

1 900 » » 496 . 250 

1901 » » 485.638 

La Capital 

1899 enero y febrero 163.220 

1900 » » 212.697 

1 901 » » 233 . 778 

Buenos Aires y Belgrano 

\ 899 enero y febrero 1 58 . 069 

1900 » » 227.963 

1901 » » 282.772 

Como se ve, el producido de las empresas de tracción á sangre, 
aunque lentamente, disminuye desde el año 1899, y en cambio, las 
entradas de las empresas de tracción eléctrica aumentan considera- 
blemente. 

Ya he indicado que hay concesiones hechas que alcanzan á 303 
kilómetros, todas ellas para tracción eléctrica. Temo que ninguna 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS SIRES 77 

de ellas llegue á realizarse porque estando ocupadas tocias las ca- 
lles centrales, esas concesiones se han proyectado en lazonasubur- 
bana en la que no puede haber un tráfico suficiente de pasajeros 
para connpensar los gastos crecidos que demanda una instalación 
de esta naturaleza. Resulta de ésto que los núcleos de población 
que se van formando dentro del Municipio no tienen fácil comuni- 
cación con el centro; á fin de obviar este inconveniente, el Depar- 
tamento de Obras públicas de la Municipalidad proyectó un trazado 
que pasando por varias localidades importantes llega á la Plaza de 
Mavo, para lo cual el Concejo Deliberante debe declarar neutrales 
las calles centrales que debe recorrer, ya ocupadas por otras em- 
presas. Esta concesión d^e otorgarse por licitación pública y es en 
mi concepto el procedimiento que debe adoptarse en adelante: es- 
tudiar los trazados que más convengan á los barrios que se vayan 
formando, y otorgar las concesiones respectivas previa licitación; 
de este modo se evitará el cúmulo de solicitudes que se presentan 
anualmente, absurdas unas, y otras que no tienen más objeto que 
ser vendidas tan pronto como se han obtenido. 

Indicaré, para terminar, que se ha comprobado en la práctica 
que los coches con imperial deben ser desechados. Aparte de exi- 
gir mayor gasto de corriente, cada vez que tienen que bajar los pa- 
sajeros de la imperial, hay una pérdida de tiempo casi doble de la 
que exigen los otros coches. El tipo de coches que la práctica acon- 
seja como de más fácil adaptación á las ciudades populosas, es el 
de dos ejes y dos motores, sin imperial y con capacidad para 32 á 
40 pasajeros sentados. En este tipo, el considerado mejor, del 
punto de vista económico, es el convertible, que puede cambiarse 
con toda facilidad de coche cerrado en jardinera y vice-versa, con 
lo que se evita un juego doble de coches. 

Las dimensiones de este coche son : 

Metros 

Longitud entre puertas de. . . , 5.50 á 6.50 
Altura de 2.30 á 2.40 



En Montevideo se han hecho gestiones para cambiar la tracción 
á sangre por la eléctrica y es de desear se salven los inconvenientes 
que se han presentado para la realización de ese hermoso proyecto 
que implicaría un gran adelanto para esta ciudad, donde por otra 
parte están indicadas las ventajas de la tracción eléctrica, debido á 



78 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

las fuertes pendientes que se suceden sin interrupción y que indu- 
dablemente hacen más costosa la tracción á sangre. 



ALUMBRADO 

En Buenos Aires, no obstante su importancia, ha tardado bastan- 
te en aparecer la luz eléctrica, recién el año i891 se empleó en el 
alumbrado público. 

Anteriormente, el alumbrado público había sido á gas y á ke- 
rosén. ^ 

La primera concesión para el alumbrado á gas fué hecha á la 
Compañía Primitiva, el M de mayo de 1854. Vino luego la Compa- 
ñía Argentina, el 2 de octubre de 1868, la Compañía Nueva Buenos 
Aires el 11 de octubre de 1872 y la de Belgrano el 7 de noviembre 
de 1891. 

Las Compañías de gas existentes en la actualidad son tres, ha- 
biéndose refundido el año 1891 la Compañía Cooperativa de Gas en 
la del Gas Argentino y esta á su vez en la Compañía de Belgrano, 
tomando el año 1898 la designación de Compañía de Gas del Río de 
la Plata. 

La extensión de sus cañerías en la actualidad es la siguiente: 

Kilómetros 

Compañía Primitiva 286 

» Nueva Buenos Aires 265 

» Río de la Plata 482 

La producción de gas el año 1900 se divide entre las tres Compa- 
ñías del modo siguiente: 

Metros cúbicos 

Compañía Primitiva 11 .666.100 

» Nueva Buenos Aires. . 10.309.941 
» Río de la Plata 15.540.640 

Total 37.516.681 

La intensidad media es de 20 bujías inglesas con una presión 
media de 30 milímetros. 
El capital de estas Compañías es en la actualidad : 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 79 

Compañía Primitiva 4.000.000 $ m/n 

» A'ueva Buenos Aires. .. . 500.000 Libras 
» Rio (le laPlala 1.500.000 » 



Las compañías de luz eléctrica que existen actualmente son 
cuatro : 

Compañía General de Electricidad Ciudad de Buenos Aires. — 
Concesión R. Várela (hijo), 28 de noviembre de 1893 y 17 de octu- 
bre de 1896, transferida á la Compañía General en 12 de junio de 
1897. 

Compaída Primitiva de Gas, (Sección Luz Eléctrica). — Los 
Estatutos de la Sociedad para la luz eléctrica Edison fueron apro- 
bados en 4 de junio de 



Compañía Luz Eléctrica y Tracción Rio de la Plata. — Obtuvo la 
concesión Municipal el 30 de junio de 1893. 

Compañía Trasatlántica de Electricidad. — Concesión el 1 1 de 
junio de 1897. 

Compañía Primitiva de Gas. (Sección Luz Eléctrica). — Esta 
Compañía posee 4 motores uno Mac-Intosh y Seymour de 650 H. P. 
y tres Williams de 1700 H. P. que accionan 6 dinamos de 250 Kws 
cada uno, dos de la Compañía General Eléctrica de Estados Unidos 
y cuatro Siemens Bros de Londres. El sistema de canalización es 
decorriente continua á tres hilos con una tensión de 220 volts en 
los extremos. 

Compañía General Ciudad de Buenos Aires. — La Compañía Ge- 
leral posee 6 motores de varias fábricas con una fuerza total de 
5000 H.P, que accionan cuatro alternadores monociclos de la Unión 
de Berlin con un poder de 500 Kws á 3200 volts y 60 ciclos, á más 
3 dinamos de corriente continua de la General Electric con un po- 
der de 1000 Kws á 500 volts; estos dinamos sirven para la tracción 
eléctrica de tranvías. El sistema de distribución es á 3400 volts con 
cámaras do transformación á 115 voltsy230 volts. 

Compañía Luz Eléctrica y Tracción Rio de la Plata. — Esta Com- 
pañía posee 2 motores Mac-íntosh y Seymour de 800 H. P. acopla- 



80 ANA.LES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

dos á dos alternadores monociclos de la General Electric, de 500 
kws á 3200 volts y 600 ciclos ; efectúase la distribución en cámaras 
de transformación reducida á 220 y 440 volts. 

Compañía Alemana Trasatlántica. — La Compañía posee 5 mo- 
tores, tres de 1000 H. P. y dos de 2000 H. P., procedentes de la 
íábrica de Francisco Tossi (Italia) acoplados á siete dinamos de la 
Compañía Alemana de Electricidad General de Berlín, de 750 kws, 
de corriente continua á 550 volts. La distribución de la corriente 
eléctrica se efectúa para la luz con el sistema á tres conductores, 
con una tensión de 440 volts en los extremos y, para la tracción de 
tranvías, á dos conductores con una tensión de 550 volts. 

Las canalizaciones de todas estas Compañías son subterráneas, 
no permitiendo las ordenanzas municipales vigentes la colocación 
de cables aéreos dentro del radio que ocupan. 

Los conductores de las tres primeras Compañías son con cables ais- 
lados, no así el delaúltima (Alemana) que es con el neutral desnudo. 

Al solicitarla Compañía lainstalacion.de este sistema, fué ne- 
gada su colocación por la Dirección General de Alumbrado, por no 
admitirlo el reglamento en vigencia y con motivo de los peligros de 
la electrólisis. 

Con este motivo se produjo un interesante debate, resolviéndose 
en definitiva autorizar la colocación del cable desnudo. 

El capital empleado por las cuatro Compañías asciende á 
34.500.000 francos. 

PROVISIÓN DE AGUA 

Como el servicio de obras de salubridad y aguas corrientes, que 
no depende de la Municipalidad, no alcanza á los barrios apar- 
tados del Municipio, se proyectó un servicio local para la provi- 
sión de agua en Villa Catalinas, núcleo de población situado el 
extremo oeste del mismo. De acuerdo con ese proyecto se constru- 
yeron dos pozos semisurgentes, con un depósito de 80.000 litros, 
que proveen de agua excelente á 320 propiedades. 

El ensayo ha dado buen resultado y ya se proyecta la instalación 
de un nuevo motor y depósito para extender considerablemente esos 
servicios. 

Se estudia además la instalación de otros pozos en barrios ya 
poblados y que carecen de estos servicios. 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 81 

Las obras de salubridad hacen la provisión de agua en Belgrano 
con un pozo seraisurgente y una espléndida instalación que llena 
ampliamente las necesidades de la localidad. 

Otra instalación análoga se está terminando en Flores, la que 
podrá proveer de agua hasta Almagro, es decir, hasta llegar por el 
centro del Municipio, á la zona que está ya provista de agua del río. 

La tarifa para la provisión de agua en Belgrano, que es la misma 
que la Municipalidad ha adoptado en Villa Catalinas, es la siguiente : 

Pesos 
por metro cuadrado 

Por cada casa que ocupe una superficie de 1 á 
500 metros cuadrados 2 » 

Por cada casa que ocupe una superficie de 50 1 á 

1000 metros cuadrados 4 » 

Por cada casa que ocupe una superficie de 1001 
á 1 500 metros cuadrados 6 » 

Por cada! 00 metros cuadrados más de superficieá 0.10 

Sólo mencionaré aquí el servicio de obras de salubridad y aguas 
corrientes, obra colosal que ha transformado por completo las con- 
diciones higiénicas de la Ciudad de Buenos Aires y en la cual se ha 
invertido 35.000.000 pesos oro. 

La administración de estas obras depende de una comisión es- 
pecial nombrada por el Gobierno Nacional, y ellas han sido des- 
criptas detalladamente en diversas publicaciones. 



NUEVOS MATADEROS PÚBLICOS 

Dentro de breve plazo serán inaugurados los nuevos mataderos 
de Liniers. 

Esta obra fué empezada por una Sociedad Anónima que adquirió 
una gran extensión de terrenos en esa localidad. No obstante tener 
una concesión muy favorable, esa Sociedad consideró como negocio 
secundario el de los Mataderos, atendiendo principalmente el de 
la especulación en la venta de los terrenos adquiridos, destinando 
los mejores á ese fin. 

Así se explica la ubicación de los mataderos, que sorprende á 
todo el que visita aquellas grandes construcciones levantadas en 

A\. SOC. CIENT. 4RG. — T. LU 6 



82 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

la parte más baja de esa zona. Felizmente cruza en ese mismo 
punto un desagüe natural conocido con el nombre de « Arroyo Cil- 
dañes » que permite la eliminación de todas las aguas servidas del 
establecimiento. 

Con motivo de la crisis del año 90 la Sociedad no pudo continuar 
las obras empezadas y las ofreció en venta á la Municipalidad la 
que las adquirió el año 1895 por la suma de 1.500.000 pesos mo- 
neda nacional, en títulos de la deuda consolidada. 

Creo que fué un error esta adquisición, pues con la suma que se 
ha gastado en esa operación y en terminar las obras, que ascienden 
á un total de 3.500.000 pesos moneda nacional, se hubiera podido 
construir unos mataderos tan buenos como los que en breve que- 
darán terminados y mejor ubicados. 

No obstante, estas obras, salvo defectos fundamentales que no 
ha sido posible corregir, constituyen una instalación completa^ 

El terreno dentro de muros comprende una superficie de 319.773 
metros 16 y afecta la forma de un rectángulo que mide 346 metros 
60 de frente al N. O. por 922 metros, 60 de frente al S. E. 

Contra el muro exterior se hallan construidos los corrales desti- 
nados al mercado de hacienda y para el abasto. Los primeros en 
número de 44 y los segundos de 96. La superficie de cada uno de 
los primeros es de 1400 metros cuadrados y la de los segundos 350; 
de manera que en total hay capacidad para encerrar treinta mil 
animales vacunos. 

Los corrales han sido construidos con tablones pino tea y tienen 
un piso de ladrillos colocados de canto. A la entrada de cada corral 
está la casilla para los abastecedores. 

Viene luego la doble manga, á lo largo de los corrales y brete de 
matanza, que forma la calle de entrada para la hacienda y otra ca- 
lle más angosta para encerrar en los bretes los animales que deben 
ser faenados. 

Después de la manga están los bretes de matanza y antebretes 
en número de 72 destinados en sus respectivas secciones á la ma- 
tanza de vacunos, lanares y porcinos. 

El pavimento en casi todo el establecimiento es de asfalto de la 
Lsla de Trinidad, hay otra parte de adoquinado de granito sobre 
base de hormigón; en los bretes y antebretes el piso es de piedra 
del Azul asentada sobre hormigón. El techo de estos últimos y de 
la cancha de matanza es de teja. En el espacio interior limitado 
por los bretes se halla ubicada la casa de máquinas para la luz 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 83 

eléctrica y para las bombas de los dos pozos semisurgentesque han 
de proveer de agua al establecimiento ; la casa para los veterinarios 
y los cuatro departamentos de letrinas. 

En el extremo N. O. se halla el crematorio para la destrucción de 
los residuos y animales inutilizados, y contiguos á este los galpo- 
nes y vías de los tranvías de la Capital y del Oeste destinados á las 
maniobras de los vagones, que han de transportar la carne. 

Los vagones, que serán movidos por tracción eléctrica, llegarán 
hasta los mismos bretes de matanza por tres vías paralelas que 
corren á lo largo de estos. 

El resto del terreno, desocupado actualmente, había sido desti- 
nado por la Sociedad Constructora para la irrigación á fin de elimi- 
nar las aguas servidas, pero, como puede verse por sus dimen- 
siones, es insuficiente para ese destino. Actualmente se piensa 
aprovechar para reconcentrar en él todas las fábricas de embutidos 
lo que permitiría una intervención eficaz de la Municipalidad en 
esa industria. 

Al frente, sobre la calle San Fernando, está la casa de la Admi- 
nistración y los dos grandes edificios que primitivamente se habían 
destinado para hoteles. Actualmente se ha resuelto dar ese destino 
ai de la derecha, reservando el de la izquierda para instalar una 
escuela que ya funciona, una sala de primeros auxilios, botica, ofi- 
cina de correos y telégrafos, teléfono, etc. 

En el extremo S. E. y pertenecientes también á los mataderos, 
hay doce manzanas de terreno donde se piensa construir más tarde, 
el gran mercado de hacienda lanar y vacuna y donde se instalarán 
las vías férreas que ligarán el establecimiento con las otras líneas 
que concurren á la Capital, lo cual facilitará enormemente el trans- 
porte de la hacienda. 

Después de efectuado el encierre y una vez hecho el aparte en los 
corrales de abasto, de los animales que se deben faenar, estos pa- 
san al callejón contiguo á los bretes de matanza y penetran en estos 
últimos, para lo cual los portones que tienen los bretes, al abrirse 
interceptan dicho callejón. 

Deseando la Municipalidad modificar el sistema actual de ma- 
tanza por el cual se faenan los animales en el suelo, llamó á licita- 
ción para la instalación de guinches que serían movidos por el 
vapor ó la electricidad. Se presentaron tres propuestas haciendo 
cada una su instalación y se practicó un ensayo en presencia de 
una comisión designada por la Intendencia, la que aconsejó la adop- 



84 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ción de los guinches eléctricos colocados por los señores Brechl, 
Bulchers Supply y Compañía, que son los que se emplean en los 
mataderos de Chicago. 

Por medio de estos guinches se puede faenar la res colgada, de 
manera que podrá desangrar mucho mejor que como lo hace ahora, 
lo que, como es sabido, mejorará notablemente las condiciones de 
la carne. Se colocará también un riel aéreo de circunvalación á lo 
largo de los bretes para llevar las reses siempre suspendidas hasta 
los vagones ó la cámara frigorífica . 

Otro asunto que ha preocupado seriamente á las personas que 
han tenido que intervenir en esta construcción es la del desagüe. 
Se trató de construir un caño que permitiese llevar las aguas ser- 
vidas á las cloacas, pero después de un detenido estudio, la Comi- 
sión de las obras de salubridad, informó no ser posible la realiza- 
ción de ese proyecto por las dificultades con que se tropezaba en el 
terreno y excesivo costo que demandaría. 

Ha sido pues necesario, ^por el momento, utilizar el pequeño arro- 
jo Cildañes que va de los Mataderos á desaguar en el Riachuelo. 

Es bueno advertir que la sangre no será eliminada por este pro- 
cedimiento, pues por un contrato anterior celebrado con la primi- 
tiva Empresa — contrato que debe respetar la Municipalidad — esa 
sangre será beneficiada por un particular. 

Hay tres concesiones de tranvías á los Mataderos por medio de 
los cuales se hará el transporte de la carne. Dos de éstos están 
listos para funcionar, el tercero aún no ha dado comienzo á los 
trabajos, pero los primeros tienen elementos suficientes para el 
transporte. 

PLAZAS, PARQUES Y PASEOS 

Las plazas y paseos de Buenos Aires han sufrido una transforma- 
ción completa en estos últimos años. Su estado actual nada deja 
que desear ; el Parque de Palermo es un hermosísimo paseo que 
asumirá proporciones grandiosas una vez que se termine, la nueva 
Sección comprendida entre el arroyo Maldonado y Belgrano. 

No obstante, dado el desarrollo que ha adquirido la edificación 
en estos últimos años, puede decirse que faltan aún plazas en Bue- 
nos Aires para que en cada barrio exista uno de estos puntos de 
desahogo tan necesarios para la higiene de la población. 

Aparte de los paseos y parques que ya existen, hay que diseminar 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 85 

por toda la ciudad pequeñas plazas donde las familias puedan en- 
viar sus niños con toda facilidad; en cada barrio nuevo que se for- 
me debe dejarse una manzana para plaza, aún cuando baja que 
bacer sacrificios para conseguirlo, pues más tarde babrá que ba- 
cerlos y entonces su costo será infinitamente mayor. 

Sin embargo, se ha becbo mucbo en estos últimos diez años bajo 
la bábil dirección del señor Carlos Tbays. 

En el año 1891, la ciudad de Buenos Aires contaba con un total 
de 26 plazas, paseos y jardines; actualmente ese número ba au- 
mentado á 75. 

Parques 
'1 . Parque «3 de febrero» : 

Metros ciifidrados 

h Sección 1 .454.575 

2=* Sección 2.222.889 3.677.464 

2. Parque «Intendente Alvear» : 

h Sección 54.132 

2^ Sección (Asilo de Mendigos) 13.792 

3^ Sección (Avenida Alveary C.América) 10.800 78.724 

3. Parque «Lezama» 76.637 

4. Parque « Bernardino Rivadavia » 47.847 

5. Parque «Saavedra» 126.397 

6. Parque « Rancangua » 50.000 

7. Parque del oeste (Proyectado 1.700.000 metros 

cuadradros) 

Superficie total de los parques existentes 4.057.069 

Plazas (sud) 

Metros cuadrados 

8. Plaza de Mayo 19.713 

9. » Colón (frente al Palacio de Gobierno) 46.814 

10. » Lorea 7.458 

1 1 . » Moreno 6.372 

12. » Independencia. 7.228 

13. » Borrego j .^qo 

14. » Garay 48.048 

15. » Virrey Vértiz 18.080 

1 6 . » Herrera i\ 2.Q2H 



86 A^ALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Metros cuadrados 

17. Plaza Solis 8.788 

í 8 . » Constitución 50.065 

19. » España 20.964 

20. » Coronel Pringles 4,312 

Superficie total de plazas (Sud) 222.1 70 

Plazas {norte) 

21 . Plaza General Lavalle 25.645 

22. » Libertad 10.^76 

23. » Vicente López 22.311 

24 . » San Martín 27.729 

25. Bajada de Maipú 8.121 

26. Ensanche frente al Pabellón Argentino 2.400 

27. Plaza General Las Heras 7.300 

28 . » Güemes 3.254 

29. » Rodríguez Peña 20.176 

30. » General Sarmiento 4.900 

31 . » Once de Septiembre 27.053 

32. » Primera Junta 1.141 

33. » Etchegaray 14.536 

34. » Vélez Sarsfield 12.225 

35. » Villa Crespo 12.100 

36 . » Santa Rosa (Villa Devoto) 32.580 

37 . » Pueyrredón 1 .200 

38. » General Belgrano ' 10.200 

39. » Mercado (Belgrano) 4.514 

40. » Castelli 10.217 

41 . Barranca Viejo Belgrano 71 .622 

42. Plaza Echeverría (Villa Catalinas) 5.600 

Superficie total de Plazas (Norte) 335.100 

Paseos 

43. Paseo de Julio 14.164 

44. » Colón » 20.215 

45. » Santa Fé (entre Thames y Godoy Cruz) 10.065 

46 . » Rivadavia (Caballito) 490 

47. » Calle General Las Heras 7.000 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 87 

Metros cuadrados 

48. Paseo Callao (de Alvear á Paseo de Julio) '1.800 

49. » Monte Castro y Gauna 1.260 

Superficie total de los paseos 54.994 



Jardines 

oO. Jardín del Sud (Criadero Municipal) 29.684 

51. » Botánico (del Norte) , 77.644 

52. n Zoológico 179.400 

53. )) infantil 38.178 

54 . » (frente Cementerio del Oeste) 56.000 

55. .) Arrendado Pabellón Argentino 13.546 

Superficie total de los jardines 394.452 



(Concluirá.) 



MISCELÁNEA 



Lia edad g-eológ-ica del piso del Paraná (1). — Los datos hasta 
ahora publicados sobre las relaciones estratigrdficas y el yacimiento de los se- 
dimentos marinos terciarios de la provincia argentina de Entre Rios, conocidos 
con el nombre de formación del Paraná ó de Entre Ríos se pueden reasumir en 
lo siguiente. Los depósitos del piso del Paraná se hallan extendidos principal- 
mente en la cuenca del Paraná y del Río de la Plata. Las capas yacen casi sin 
accidentes y ligeramente inclinadas hacia el sud. En la ciudad del Paraná la 
capa inferior yace casi al mismo nivel que el rio y en Buenos Aires, por el con- 
trario, donde se han encontrado los fósiles característicos en la perforación de 
pozos artesianos, se presenta la capa superior á 20 metros debajo del nivel del 
mar. El terreno inferior, llamado terciario guaranílico por D'Orbigny, está for- 
mado por arenisca roja sin fósiles que es reemplazada á menudo por arcilla roja. 
El terreno superior forma el lecho de la Pampa. Este cubre casi completamente 
los depósitos marinos del terciario, de modo que se encuentran algo escasos los 
buenos afloramientos. Los mejores perfiles se encuentran en las cercanías de la 
ciudad del Paraná en las barrancas á pique del río del mismo nombre, y también 
en los valles de los afluentes que vienen del este, principalmente del arroyo del Salto. 

La serie de capas es diferente en los afloramientos separados; á menudo cambia 
considerablemente en distancias muy cortas. Sin embargo, se distinguen siem- 
pre dos horizontes principales: el inferior consta principalmente de arenas ama- 
rillas obscuras ó grises verdosas mientras el superior presenta un depósito predo- 
minante de calcáreo y fósiles en ambos horizontes ; en la región calcárea se 
encuentran frecuentes moldes de las mismas especies, que apareceu con cascaras 
bien conservadas en la región arenosa. El conjunto del piso del Paraná alcanza 
una potencia de 17 metros. 

Sobre la edad del piso del Paraná hay las mayores controversias. D'Orbigny 
en su Viaje, no resuelve la cuestión y expresa en un punto sólo la opinión que la 
gran formación patagónica puede ser equiparada al calcáreo grosero de París. En 
el tercer tomo del Pródromo, por el contrario, coloca á los fósiles de su patagó- 
nico en el faluniano. Darwin, que como D'Orbigny comprende á todos los depó- 
sitos terciarios de Sud América como productos de una transgresión marina casi 
contemporánea, se inclina á parangonarlos con los depósitos eocenos de Norte 
América. 

(1) Comunicación preliminar de A. Borchert, Freiburg i Br., 16 de enero de 1901. 



MISCELÁNEA 89 

Doering transporta el piso del Paraná al eoceno superior y oligoceno, Philippi 
al eoceno, v. Ihering al mioceno. 

La causa de esta inseguridad en la determinación de la edad, depende en mi 
opinión, de que hasta ahora sólo se ha hecho conocer una pequeña parte de su 
fauna de moluscos. D'Orbigny y Darwin sólo conocieron siete especies. Bravard 
reunió en verdad una rica colección ; pero no dio á conocer de ella nada fuera 
de algunos nombres. Después de la muerte de Bravard, Burmeister, el conser- 
vador de la colección, envió algunos duplicados al señor doctor R. A. Philippi, 
en Santiago de Chile, quien dibujó y publicó unas cortas diagnosis de 25 especies 
en el año 1893 en los Anales del Museo Nacional de Chile El hace resaltar que 
entre las 32 especies conocidas hasta entonces, no se encuentra ninguna que sea 
idéntica con las que actualmente viven. Esta opinión es sostenida también por 
V. Ihering. 

Después de haber permanecido muchos años en el Museo Nacional de Buenos 
Aires, la colección de Bravard fué mandada por el doctor C. Berg, director actual 
del Museo, al profesor doctor Steinmann, quien me la remitió para su estudio 
en el verano de 1899. Haciendo exclusión de algunos ejemplares muy mal con- 
servados, se pudieron determinar y describir 61 especies, de las que eran 38 la- 
melibranquios, 22 gasterópodos y un erizo de mar (Monophora Darwini Des.). 
Resulta de este estudio que la fauna del piso del Paraná es casi del todo diferente 
de la formación patagónica, en cuanto es conocida ésta hasta la fecha. En el 
piso del Paraná sólo se encuentran tres especies, que tienen sus más próximas 
afines en la formación patagónica. Además una comparación exacta que hice en 
el Museo de historia natural de Berlín con las especies que actualmente viven, me 
dio el resultado sorprendente, que entre las 61 especies mencionadas, había nada 
menos que 36, ó sea en número redondos 60 por ciento, que deben ser conside- 
radas como precursores más ó menos directos de las que hoy viven en los mares 
cercanos. De las 36 especies recientes, viven sólo cinco en la costa occidental de 
América, y por el contrario, las restantes 31, ó sea 50 por ciento en el Océano 
Atlántico, y de éstas, 17 en la inmediata vecindad de la localidad, en las costas 
brasilera y patagónica y 14 en el Mar de las Antillas, á donde habían emigrado 
probablemente durante la época glacial. De estas últimas 14 especies, algunas 
llegan hasta Río Janeiro y San Pablo. El número de las especies completamente 
idénticas ó casi idénticas alcanza á 17 ; las 14 restantes se diferencian por pe- 
queños caracteres. 

La alta proporción de especies vivientes prueba una edad muy moderna, y creo, 
que podemos considerar con toda seguridad al piso del Paraná como plioceno : 
resultado al que ha llegado también últimamente Woodward como consecuen- 
cia de su trabajo sobre los peces fósiles del piso del Paraná {An. and Mag. of 
nat. hist., 1900. Ser. VIÍ, vol. Vi, número 31, página 7). 

De esta determinación de la edad del piso del Paraná, se deduce que todas las 
capas superiores son más recientes que el plioceno. Se encuentran así completa- 
mente confirmadas las opiniones de Burmeister y de Steinmann, sobre la edad 
pleistocénica del lehm de la Pampa. 



fCenlralblatl für Mineralogie, Geologie und Paleontologie, 1901, N" 4.) 



BIBLIOGRAFÍA 



CIENCIAS NATURALES 



Borchert ÍA.). Die Mollusken fauna und das Alter der Paraná-Stu 
fe, in tomo IX de: Beitrage zur Geologie und Palaeontologie von Südameri- 
ka unter mitwirkung von Tachgenossen herausgegeben von G. Steinmann. 
Stuttgart, 1901. 

El autor, discípulo del conocido geólogo señor Steinmann, describe en este 
importante trabajo los moluscos de la colección Bravard, la cual había sido en^ 
viada por el Museo nacional de Buenos Aires á Alemania para ser estudiada deta- 
lladamente. Dicha colección procede de la formación paranense ó entrerriana y 
el autor se ocupa en la introducción de dar un resumen sobre nuestros conoci- 
mientos de las capas geológicas que la componen, reasumiendo las opiniones de 
D'Orbigny, Burmeister, Bravard, Napp, Stelzner, Both y Valentín. 

Según los autores se distinguen en la formación paranense dos horizontes di- 
ferentes, separados por un banco de ostras, compuesto casi solamente de Ostrea 
patagónica ; el horizonte inferior se compone en general de arenas amarillo- 
morenas ó verde-grises, mientras que el superior presenta sedimentos calcáreos. 

Sigue la descripción detallada de los moluscos: son 61 especies, entre éstas 
29 nuevas. Son de interés para otros ramos de la ciencia las conclusiones resul- 
tantes sobre la edad geológica de la formación paranense. Las opiniones de los 
autores hasta von Ihering son diferentes y contradictorias. Este último lo ha indi- 
cado primeramente y Borchert le da razón, de que la formación paranense es más 
reciente que la formación patagónica, atribuyendo las capas de Entre Bios al 
mioceno, la formación patagónica al eoceno reciente y la de Santa Cruz (tam- 
bién adoptada por von Ihering) al oligoceno y al mioceno inferior. Hatcher, por 
su parte, dice que es muy probable que las capas marinas pliocénicas de la Pa- 
tagonia, que él había descubierto y denominado « Cap Fairweather-Beds » co- 
rrespondan á ciertas capas marinas del Paraná, una opinión que Borchert acep- 
ta basándose sobre el material de sus moluscos. Además, el mismo Hatcher ha- 
bía encontrado el fósil típico de la formación paranense la Ostrea patagónica de 



BIBLIOGRAFÍA 91 

D'Orbigny, cerca de ^an Julián en capas superiores á la formación patagónica. 
Por otra parte Orstmann, había determinado esta última formación como mioce- 
no-inferior. 

El autor del trabajo que analizamos llega á conclusiones análogas en cuanto á la 
edad geológica de la formación paranense, la fauna estudiada por él es bastante 
diferente de la fauna de la formación patagónica, mientras que existen relaciones 
íntimas con la fauna del terciario reciente europeo. El carácter mismo de la fauna 
de la formación paranense es evidentemente atlántico. De las 61 especies, 31, es 
decir 50 por ciento, son idénticas ó muy parecidas á formas que hoy en dia toda- 
vía viven en las partes vecinas del océano Atlántico desde la costa patagónico- 
brasilera hasta el mar Caribe. Resulta pues, una edad relativamente reciente para 
la formación paranense, indicándola el autor con toda seguridad como plioceno. 
Lo mismo ha encontrado últimamente Woodward en sus esludios sóbrelos peces 
fósiles de dicha formación. 

Las capas geológicas superiores de la formación paranense serán, pues, más 
recientes que la formación pampeana cuaternaria, como siempre lo habían opina- 
do Burmeister y Steinmann, Carece, pues, de base científica la opinión de la 
existencia del hombre terciario sudamericano emitida por Ameghino, Roth y 
otros. 

Hemos dado un resumen algo detallado de este importante trabajo el que pa- 
rece probar definitivamente la edad pliocena de la formación paranense. Sin em- 
bargo, en cuanto ala opinión del autor sobre la formación pampeana y el hom- 
bre terciario, reservamos nuestro juicio hasta la publicación de un viaje efectua- 
do para el estudio de la formación pampeana, junto con nuestro colega geólo- 
go el doctor Burckhardt y cuya publicación estamos preparando para la Revista 

del Museo de La Plata. 

R. Lehmann-Nitsche. 



Griffon (EdJ. L'assimilation ehloropliyllieiine et la structure des 
plantes. Serie Biologique Scientia, 1 vol en 8°, París. 

Las condiciones que determinan las funciones de nutrición de las plantas se 
conocen hoy día bastante bien debido al adelanto que la fisiología vegetal ha 
adquirido en estos últimos tiempos. 

Gran número de fisiólogos se han ocupado con especialidad de esta función 
y con cierta predilección sobre lo que se refiere á la asimilación clorofílica. 

Los libros que tratan acerca de las propiedades físico-químicas de la materia 
verde, son tan numerosos que formarían ellos solos una envidiable biblioteca y 
tan numerosos son también los procedimientos experimentales empleados para 
medir los gases resultantes de la asimilación. 

No sucede lo mismo respecto del estudio que relaciona la asimilación con la 
estructura de las plantas. Pocas son las observaciones y experimentos que se 
tienen y estos datos aislados y distribuidos en distintas obras dificultan sobre- 
manera la interpretación de tan interesante función. 

El libro que nos ocupa reúne todos estos resultados aislados y dispersos, en- 
sayando su interpretación racional y tratando deducir las consecuencias que 
puedan echar aun más luz sobre el mecanismo íntimo de la nutrición vegetal. 

En cuatro capítulos se ha dividido la obra. 



92 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Después de dar la definición de la energía asimilatriz, su diferencia con la 
respiración, indica el autor la influencia que el medio puede tener sobre la nu- 
trición. 

El capítulo II está dedicado al estudio de la asimilación clorofílica comparada 
en las plantas que pertenecen ya sea á variedades, ya sea á especies próximas, 
pero cuyas hojas son verdes en distinto grado y plantas que viven á expensas 
de materias organizadas muertas (saprofitos) ó vivas (parásitas). Un pequeño 
apéndice destinado á indicar la asimilación de las algas termina el capítulo. 

En el capítulo líl, el autor se ocupa de la influencia ejercida directamente 
sobre la estructura, y por consiguiente, indirectamente sobre la energía asimila- 
triz, por el calor, luz, estado higrométrico y sales minerales. 

El capítulo IV se refiere á la estructura y asimilación, indicando varias hipó- 
tesis sobre la significación de la empalizada en el mesófilo de la hoja. 

Muy interesantes son los resultados que se citan en esta obra. Pero las plan- 
tas presentan en su estructura tantas variedades, hereditarias unas, adquiridas 
otras, que nuestros conocimientos en la materia hoy en día, son pocos en rela- 
ción á los numerosos descubrimientos que en el campo de la experimentación 
aun quedan reservados. 

C. M. HiCKEN. 



CIENCIAS MEDICAS 



Herrera Veg-as 'i\I.) y^ Cran^vell (Daniel J.). Enfermedades parasi- 
tarias. Los quistes laidatidicos en la República Argentina. Buenos Ai- 
res, casa editora de (^oni hermanos, 1901. 

Precedido de un elogioso prólogo del sabio director del Museo Nacional, doctor 
Carlos ^erg, presentan los doctores Herrera Vegas y Cranwell un completo estu- 
dio de los quistes hidatídicos en la República Argentina que forma un nutrido 
volumen de 466-xiv páginas. 

Comienzan los autores por hacer una reseña histórica de la enfermedad, desde 
el tiempo de Hipócrates hasta el presente, dando las diversas interpretaciones que 
ella recibió hasta que Virchow reconoció como verdadero causante de estas pro- 
ducciones patológicas á la tenia equinococo. 

Después de algunos datos generales sobre las tenias se encuentra la descripción 
y biología de la Taenia echinococcus Lieb. 

Explícase en seguida la forma de infestación del hombre y de los animales por 
los huevos del parásito, que entran en general por la vía digestiva por medio de 
alimentos vegetales contaminados, y del agua no filtrada ni hervida. 

Después de estudiar el desarrollo de la tenia. Herrera Vegas y Cranwell dan 
una interesante estadística de esta enfermedad en Buenos Aires, basada sobre 
los datos que figuran en los archivos de los hospitales. Respecto de la distribu- 
ción geográfica de la afección han acumulado los autores un gran número de 
datos y estadísticas de los cuales resulta que ella es frecuente en los países gana- 
deros donde abundan los perros, huéspedes intermediarios del parásito. Islandia 
ha tenido la reputación de ser el país en que la tenia equinococo producía el 
mayor número de víctimas ; Australia se halla también muy infestada y puede 



BIBLIOGRAFÍA 93 

verse ahora por el libro que extractamos que en la República Argentina los quis- 
tes hidalídicos son tan frecuentes como en Australia, y que si la enfermedad si- 
gue difundiéndose en la misma proporción que en los últimos tiempos, pronto 
tendremos el triste privilegio de ocupar el primer sitio que hasta hace poco co- 
rrespondía á Islandia. 

Para impedir esta expansión de la enfermedad proponen los autores acertadas 
medidas profilácticas que tienden á disminuir el número de perros, impedir su 
infestación y evitar que esta alcance al hombre haciendo hervir el agua y los 
alimentos vegetales que puedan hallarse contaminados. 

Estúdianse en el siguiente capitulo los quistes hidatídicos del hígado (que son 
sin duda los más frecuentes, sus síntomas, ruptura, y supuración, diagnóstico, 
pronóstico, etc. Dedícase un importante capítulo á los tratamientos de estos 
quistes ya sean médicos ó médico-quirúrgicos. Luego se trata, con interesantes 
detalles, de los quistes del pulmón, bazo, riñon, quistes múltiples del abdomen, 
del cerebro, de la pelvis y órganos genitales de la mujer, de los músculos y del 
tejido celular, de la órbita, de los huesos, de las mamas, del cuerpo tiroides, 
del corazón y gruesos vasos y del páncreas. 

Buenas reproducciones fotográficas de los enfermos y de los órganos afecta- 
dos, ilustran esta parte médica que es de la mayor importancia para los profe- 
sionales. En su redacción han tenido en cuenta los autores, no sólo cuanto se 
ha escrito anteriormente, sino también los resultados de su práctica en numero- 
sos casos de esta afección. 

La obra termina con una estadística metódica que comprende 970 historias 
clínicas de oíros tantos casos de quistes hidatídicos tratados en la República 
Argentina, entre los cuales hay más deí^un centenar observado por los autores 
del libro. 

Esta importante obra contribuirá, sin duda, á disminuir por sus indicaciones 
profilácticas la frecuencia de esta enfermedad que aumenta alarmantemente en 
el país, generalizando al mismo tiempo entre los médicos el conocimiento de los 
mejores procedimientos de tratarla. 

Los jóvenes autores han dado con ella un bello ejemplo de laboriosidad y de 
dedicación al estudio y á la producción científica seria y no podemos menos que 
hacer nuestras las palabras con que el doctor Berg termina su introducción, 
deseando también por nuestra parte que los doctores Marcelino Herrera Vegas y 
Daniel J. Cranwell tengan muchos imitadores en el país. 

A. Gallardo. 



iVIadrid (Samuel de). Lecciones elementales de histología é histogenia, 
tomo II, Buenos Aires, imprenta de Coni hermanos, 1899. 

Aun cuando con algún retardo, queremos dejar constancia en las páginas de 
estos Anales de la aparición del segundo tomo de la importante obra sobre 
hista logia é histogenia, emprendida por el doctor Samuel de Madrid, de cuyo pri- 
mer tomo nos ocupamos con elogio en la época de su aparición. Este segundo 
tomo forma un volumen de 376 páginas, profusamente ilustrado con 260 figu- 
ras, en parte iluminadas, y con 8 láminas. Estas últimas representan prepara- 
ciones embriológicas personales del autor, habiéndose adaptado las otras de las 
obras más acreditadas. 



94 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Después de una interesante introducción en que se discuten trascendentales 
temas de filosofía científica, se definen y delimitan las ciencias que se ocupan 
del estudio déla célula y de los tejidos, etc., comienza el autor la descripción 
de la célula en general, tratando del protoplasma y del núcleo, sus propieda- 
des, estructura y composición química. Ocúpase en seguida de las elaboracio- 
nes endoplásmicas y exoplásmicas. El capítulo siguiente trata de la dinámica 
celular: movimientos diversos del protoplasma, fototaxia, quimiotaxa, geotaxia, 
termotaxia, galvanotaxia, reotaxia y tigmotaxia. La reproducción celular es lue- 
go estudiada en detalle, en particular la división indirecta ó cariocinesis en sus 
formas normales y excepcionales. El conocimiento de la conjugación celular pre- 
para para el estudio de la fecundación en los animales y vegetales. 

En el capítulo décimo trata el autor del crecimiento y de la reproducción ce- 
lular bajo la influencia de las taxias, de los tropismos y de las acciones tróficas 
de la adaptación funcional. 

Expone luego de Madrid sus ideas sobre la clasificación de los tejidos, de que 
ya nos hemos ocupado con motivo de la publicación del Ensayo crítico de una 
clasificación histológica sistemática del mismo autor. 

El último capítulo trata de la adaptación funcional, considerada desde el punto 
de vista biomecánico que profesa de Madrid, quien da con este motivo una sín- 
tesis de las ideas de Roux y de Delage. 

Una abundante bibliografía aumenta la utilidad de este tratado, facilitando á 
los estudiantes el camino de la producción original. 

Es difícil dar en un breve resumen idea acabada de la cantidad de material 
contenido en este libro que constituye el mejor tratado escrito en español sobre 
el asunto, según la autorizada opinión de Renaut. 

Por nuestra parte sólo nos proponíamos llamar de nuevo la atención sobrees- 
té considerable esfuerzo realizado por un joven argentino que merece el más ca- 
luroso y decidido estímulo por haber realizado una obra de largo aliento y de 
correcta información, animada de ideas propias, en medio de las dificutades de 
toda clase con que se debe luchar entre nosotros para la preparación y publica- 
ción de un trabajo de esta índole. 

A. Gallardo. 



MOVIMIENTO SOCIAL 



El domingo 21 del pasado mes de julio celebróse en el Politeama Argentino 
la matinée organizada por la sociedad para conmemorar el XXIX" aniversario de 
su fundación. 

La comisión directiva había dedicado toda su atención á los trabajos para organi- 
zar dicha fiesta y de ahí el brillante resultado obtenido al que contribuyó también 
en gran parte el valioso concurso de la señora Pezzana y señorita Santarelli y de 
los profesores Marchal y Rossenger. 

El canto XVÍ del Purgatorio del Dante fué declamado admirablemente por la 
señora Pezzana, de la manera como ella solo sabe hacerlo. 

En cuanto al Raconto de Andrea Chenier y la romanza de Mignon, de la de- 
licada opera de Thomas, interpretada por la señorita Santarelli obtuvieron gran- 
des aplausos de la numerosa y distinguida concurrencia congregada. 

InofiiCioso nos parece el decir que Marchal supo deleitar por un buen rato con 
el Adagio y la Danse des Elfesde Popper como asimismo el señor Mario Rossen- 
ger en una suite de Aires Húngaros. 

Merece una mención especial la orquesta de 60 profesores dirigida hábil- 
mente por el maestro Conti. 

En cuanto á la parte « seria » de la fiesta, diremos así, estubo á cargo de los doc- 
tores Carlos M. Morales y Eduardo L. Holmbergy del señor F. H. Chevallier Bou- 
tell. De las piezas leídas por los dos primeros nada diremos pues forman parte del 
cuerpo de los Anales pero sí queremos dar una breve noticia de la conferencia del 
señor Chevalier Boutell : « Chile y su comparación con la Argentina », tema intere- 
santísimo tratado brillantemente por el conferenciante é ilustrado con gran número 
de proyecciones luminosas que reproducían los hermosos paisajes andinos y los 
pueblecitos y edificios más notables de la república de ultra cordillera. No faltó 
en la conferencia del señor Chevalier Boutell la nota de humour hábilmente tocada, 
como la de fina ironía, las que valieron al distinguido conferenciante nutridos 
aplausos. 

Concurrió el señor Presidente de la República, General Julio A. Roca, acompa- 
ñados de sus ministros Wenceslao Escalante, Juan S. Serú y Amánelo Alcorta, 
y el señor Ministro de Bolivia doctor Juan C. Carrillo- 



96 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Para finalizar diremos que la clásica fiesta de la sociedad fué realzada con la 
presencia de un gran número de familias distinguidas entre las que recordamos 
á las de : 

White, Morales, Huergo, Outes, Guerrico, Estrada, Viale, Anchorena, Peralta 
Ramos, Oyuela, Carranza, Holmberg, Nazar, Miguens, Anasagasti, Ambrosetti, 
Buschiazzo, Davel, Zamudio, Gallardo, Marín. Echagüe, Prins, Saenz Valiente, 
Lezica, Cobo, Frías, Zavalía, Ezcurra, Mulhall, Arteaga, Llambí, Lugones, Pero, 
Murature, Biaus, Bernárdez, Alvarez, Biedma, etc. 

Han ingresado como socios nuevos los señores Evaristo M. Moreno, Enrique 
Herrera Ducloux, Hermenegildo F. Spinedi y Carlos Nystromer. 
Se han reincorporado los señores Rómulo Ayerza y Baltasar Besio Moreno. 



SOCIOS HONORARIOS 



Dr. Germán Burmeister -f. — Dr. Benjamín A. Gould f — Dr. R.A. Philippi. 
Di. Guillermo Rawsonf. — Dr. Carlos Berg. — Dr. Juan J. J. Kyle. — Ing. LuisA.Huergo (padre). 
Ing. J. Mendizábal Tamborrel, — Dr. Valentín Balbin. f 



SOCIOS CORRESPONDIENTES 



Aguilar Rafael México. 

Arechavaleta, José Montevideo. 

Arieaga Rodolfo de Montevideo. 

Ave-Lallemant, Germán Mendoza. 

Brackebusch, Luis Córdoba. 

Carvalho José Carlos Kio Janeiro. 

Lafone Quevedo, Síimuel A. . . . Catamarca. 

Lulo, Miguel Tucuman. 



Morandi, Luis Villa Coloii(U.) 

Paterno, Manuel Palermo (It.). 

Reid, Walter F Londres- 

Scalabrini, Pedro Corrientes. 

Tobar, Carlos R Quito. 

Villareal, Federico Lima. 

Von Ihering, Hermán San Paulo (B.) 



SOCIOS ACTIVOS 



Abella Juan 

Acevedo Ramos, R. de 
Adano, Manuel. 
Aguirre, Eduardo. 
Alberdi, Francisco N. 
Albert, Francisco. 
Almeida, Arturo M. 
Alric, Francisco. 
Alvarez, Fernando. 
Amadeo, Alejandro M, 
Aaasagasti, ireneo. 
Anasagasti, Horacio 
Ambrosetti, Juan B. 
Arata, Pedro N. 
Arigós, Máximo. 
Arce, Manuel J. 
Arce, Santiago. 
Arditi, Horacio. 
Arroyo, Franklin. 
Atienza, Mario. 
Aubone, Carlos. 
Avila Méndez, Delfín. 
Avila, Alberto 
• Ayerza, Rómulo 
Aztiria, Ignacio. 

Babuglia, Antonio 
Bahia, Manuel B. 
Bancalari, Juan. 
Bancalari, Juan M. 
Barabinn, Santiago E. 
Barilarí, Mariano S. 
Barzi, Federico. 
Basarte, Rómulo E. 
Battilana Pedro. 
Baez, Domingo A. 
Baudrix, Manuel C. 
Bazan, Pedro. 
Bee.ck, Pablo 



Benoit, Pedro (hijo). 
Berro Madero, Miguel 
Berro Madero, Carlos 
Beron de Astrada, M. 
Besana, Carlos. 
Besio, Moreno Baltazar 
Bftsio, Moreno Nicolás 
Biraben, Federico. 
Bosch, Benito S. 
Bosch, Elíseo P. 
Bosch, Anreliano R. 
Bonanni, Cayetano. 
Bosque y Reyes, F. 
Brian, Santiago 
Buschiazzo, Francisco. 
Buschiazzo, Juan A. 
Bustamante, José L. 

Cáceres, Dionisio R. 
Candianí, Emilio 
Cálcena Augusto. 
Cagnoni, Alejandro N. 
Cagnoni.Juan M. 
Candiotí, Marcial R. 
Canale, Humberto. 
Canovi, Arturo 
Cano, Roberto. 
Cantilo, José L. 
Cantón, Lorenzo. 
Carranza, Marcelo. 
Cardoso, Mariano J. 
Cardoso, Ramón. 
Carrique, Domingo 
CasuUo, Claudio. 
Castellanos, Carlos T. 
Castañeda, Ramón 
Castex, Eduardo 
Gastiglione, Enrique. 
Castro, Vicente. 



Cerri, César. 
Gilley, Luis P. 
Chanourdie, Enrique. 
Ghapiroff, Nicolás de 
Checchi, Amoldo. 
Cheraza, Gerónimo. 
Chiocci Icilio. 
Chueca, Tomás A. 
Clérice, Eduardo E. 
Cobos, Francisco. 
Gock, Guillermo . 
Gollet, Garlos. 
Coni, Alberto M. 
Coquet, Indalecio 
Cornejo, Nolasco F. 
Corvalan Manuel S. 
Coronen, J. M. 
Coronel, Policarpo. 
Corti, José S. 
Courtois, U. 
(^remona, Andrés V. 
Gremona, Víctor. 
Curutchet, Luis. 
Curutchet, Pedro. 

Damianovich, E. A. 
Darquier, Juan A. 
Dasseu, Claro C. 
Dates, Germán. 
Davila, Bonifacio. 
Davel, Manuel. 
Dawney, Garlos. 
Domínguez, Juan A. 
Dorado, Enrique. 
Douce, Raimundo. 
Doyle, Juan. 
Duhart, Martin. 
Duncan, Carlos D. 
Dufaur, Eslevan F. 



Drago, Luis M. 

Echagüe, Carlos. 
Elía, Nicanor A. de 
Eppens, Gustavo A. 
Estevez, José 
Estevez, Luis. 
Estrada, Miguel. 
Espinasse, Jorge. 
Etcheverry, Ángel 
Ezíurra, Pedro 

Fasiolo, Rodolfo 1. 
Fernandez, Daniel. 
Fernandez, Alberto J. 
Ferrari, Rodolfo. 
Ferreyra, Miguel 

Fynn, Enrique. 
Flores, Emilio M. 
Fraga, Antonio. 
Franco, Vicente, 
Foster, Alejandro. 
Friedel Alfredo. 

Gainia, Alberto de 
Gallardo, Ángel. 
Gallardo, José L. 
Gallardo, Miguel A. 
Gallego, Manuel. 
Gallino, Adolfo. 
Gallo, Delfín 
Gamberale, Humberto 
Gándara, Federico W. 
Garay, José de 
García, Garlos A. 
Gentilini, Pascual. 
Geyer,Garlos. 
Ghigliazza, Sebastian. 



SOCIOS ACTIVOS (Continuación) 



Gioachini, Arriodanle. 
Giménez, Joaquín. 
Giménez, Ángel M. 
Girado, José I. 
Girado, Francisco J. 
Girado, Alejandro 
Girondo, Juan. 
Girondo, Eduardo. 
Gollan, José E. 
Gómez, José C. 
Gómez, Pablo E. 
Gonzales, Arturo. 
González, Agustín. 
González Lelong, G. 
Gotusso, Luis 
Gradin, Carlos. 
Granella, Antonio. 
Gregorína, Juan 
Guido, Miguel. 
Gutiérrez, Ricardo P. 

Herrera Vega, Rafael. 
Herrera Vega, Marcelino 
Herrera, Nicolás M. 
Herrero, Duclon Enrique 
Henry. Julio 
Hicken, Cristóbal. 
Holmberg, Eduardo L. 
Hubert, Juan M. 
Huergo, Luis A. (hijo). 
Hughes, Miguel. 
Hutchíson, Lorenzo. 

Iraeta, Juan B. 
Iriarte, Juan 
Isnardi, Vicente. 
Israel, Alfredo C. 
Iturbe, Miguel. 

Jaeschke, Víctor J. 
Jaureguiberri, Luis. 
Juni, Antonio. 
Jurado, Ricardo. 

Krause, Otto. 
Klein, Hermán 
Klimann, Mauricio. 

Labarthe, Julio. 
Lacroze, Pedro. 
Lagos García, Carlos 
Lagrange, Carlos. 
Langdon, Juan A. 
Laporte Luis B. 
Larreguy, José 
Larguia, Carlos. 
Latzina, Eduardo. 
LavaUe C, Carlos. 
Lavergne, Agustín 
León, Emilio de 
Leonardis, Leonardo 
Lehmann, Guillermo. 
Levy, Raúl. 
Lizarralde, Daniel 
López, Aniceto. 
López, Martin J. 
López, Pedro J. 
Loyola, Luis. 



Lucero, Apolinario. 
Lugones, Arturo. 
Lugones Velasco, S""»'. 
Luiggi, Luís 
Luro, Rufino. 
Luro, Pedro 0. 
Ludwig, Carlos. 

Machado, Ángel. 
Madrid, Enrique de 
Mallea, Benjamín 
Mallol, Benito J. 
Marín, Placido. 
Marquestou, Alejandro. 
Marcet, José A. 
Martini, Rómulo E. 
Marty, Ricardo 
Mary, Antonio. 
Matharán, Pablo. 
Massini, Carlos. 
Massini, Estevan. 
Massini, Miguel. 
Maza, Benedicto. 
Maza, JuHii. 
Matienzo, Emilio. 
Mattos, Manuel E. de. 
Meana, Néstor. 
Medina, José A. 
Méndez, Teófilo F. 
Mendizabal, José S. 
Merian, Eduardo 
Mermos, Alberto. 
Meyer Arana, Felipe. 
Míguens, Luís. 
Mignaqui, Luis P. 
Millan, Máximo D. 
Mitre, Luis. 
Molina, Waldino. 
Mon, Josué R. 
Monsegur, Sylla 
Morales, Carlos María, 
Moreno, Jorge 
Moreno, Evaristo V. 
Morón, Ventura. 
Morón, Teodoro F. 
Mosconi, Enrique 
Mosto, Andrés. 
Mugica, Adolfo. 

Naon, Alberto 
Navarro Viola, Jorge. 
Negrotto, Guillermo. 
Newton, Artemio R. 
Newton, Nicanor R. 
Niebuhr, Adolfo. 
Nistrómer, Carlos 
Newbery, Jorge. 
Nocetí, Domingo. 
Nogués, Pablo. 
Nougues, Luis P. 

Ocampo, Manuel S. 
Ochoa, Arturo. 
O'Donell, Alberto C. 
Olazabal, Alejando M. 
Olivera, Carlos C. 
Olí veri, Alfredo 
Ortiz, Diolimpio 



Orzabal, Arturo. 
Otamendí, Eduardo. 
Otamendí, Rómulo. 
Otamendí, Alberto. 
Otamendí, Juan B, 
Otamendí, Gustavo. 
Outes, Félix F. 
Outes,. Diego E. 

Padilla, Isaías. 
Padula, ümberto. 
País y Sadoux, G. 
Paitoví Oliveras A. 
Palacios, AlbertoC. 
Palacio, Emilio. 
Páquet, Carlos. 
Parera Muñoz, Carlos. 
Paz, Manuel N. 
Pelizza, José. 
Pereyra, Emilio. 
Petersen, H. Teodoro, 
Pigazzi, Santiago. 
Pouyssegur, Luis. 
Piaña, Juan. 
Piaggio, Antonio. 
Pirovano, Juan. 
Puente, Guillermo A. 
Puig, Juan de la C. 
Puiggari, Pío. 
Puiggari, Miguel M. 
Prins, Arturo. 

Quintana, Antonio. 
Quiroga, Atanasio. 

Raífo, Bartolomé M. 

Ramos Mejía, Ildefonso 

Robora, Juan. 

Recagorri, Pedro S. 

Repelto, Luís M. 

Rettes, Antonio. 

Reynoso, Higinio 

Riglos, Martiniano. 

Rivara, Juan 
Rivas Jordán, Leandro. 

Rodríguez, Luis C. 

Rodríguez, Miguel. 

Rodríguez González, G 
Rodríguez de laTorre, G. 

Roffo, Juan. 

Rojas, Esteban C. 

Rojas, Félix. 

Romano, Mario. 

Romero, Armando. 

Romero, Carlos L. 

Rosetti, Emilio. 

Rospide, Juan. 

Ruiz Huidobro, Luis. 

Saenz Valiente, A. 
Sagastume, José. M. 
Sallovitz, Manuel. 
Sánchez, Emilio J. 
Sanglaí, Rodolfo. 
Santángelo, Rodolfo. 
Santillan, Santiago P. 
Sarrabayrouse,Euge";''' 
Segovia, Fernando 
Sauze, Eduardo. 



Segovia, Vicente 
Senillosa, José A. 
Saralegui, Luis. 
Sarhy, José S. 
Sarhy, Juan F. 
Schickendantz^ Emilio. 
Seguí, Francisco. 
Selva, Domingo. 
Senat, Gabriel. 
Senillosa, Juan A. 
Seurot, Edmundo. 
Seré, Juan B. 
Schaw, Carlos E. 
Silva, Ángel. 
Silveyra Luis 
Silveyra, Arturo 
Simonazzí, Guillermo. 
Siri, Juan M. 
Soldaní, Juan A. 
Solier, Daniel (hijo). 
Solveyra, Mariano 
Spinedí, Hermenegildo 
Spinola, Nicolás 
Speroni, Daniel C. 
Swenson, U. 

Taiana, Hugo. 
Taiana, Alberto. 
Tamini Crannuel, L. A. 
Tassi, Antonio 
Taurel, Luis F. 
Tejada Sorzano, Carlos. 
Texo, Federico 
Thedy, Héctor. 
Torres, Luis M. 
Torrado, Samuel. 
Trelles, Francisco M. 
Tressens, José A. 

Uriarte Castro Alfredo. 

Valenzuela, Moisés 
Valerga, Orón te A. 
Várela Rufino (hijo) 
Vázquez, Pedro. 
Vidal, Magin. 
Vidala, Baldomero. 
Villanov.aSanz,Florenci° 
Villegas, Belisario. 

Wauters, Garlos. 
Wernicke, Roberto 
White, Guillermo. 
Wilmart, Raimundo 
Williams, Orlando E. 

Yanzí, Amadeo 

Zabala, Carlos. 
Zalazar, Benjamín. 
Zamboni, José J. 
Zavalia, Salustiano. 
Zamudio, Eugenio 
Zeballos, Estanislao S. 
Zunino, Enrique. 



■■y 



ANALES 



DE LA 



SOCIEDAD científica 

ARGENTINA 



> "■» - « 



Director : Ingeniero EDUARDO AGÜIRRE 
Secretarios : Agrimensor Alejandro Foster y'señor Félix F. Oütes 

REDACTORES 

Ingeniero Ángel Gallardo, señor Juan B. Ainbrosetti, ingeniero José S. Gorti, in- 
geniero Santiago E. Barabino, ingeniero Federico Birabén, ingeniero Nicolás 
de Chapiroff, ingeniero Carlos Paquet, ingeniero Vicente Castro, ingeniero Claro 
C. Dassen, doctor Enrique Fyn, doctor Rómulo E. Martini, ingeniero Eleodoro 
A. Damianovich, ingeniero Eduardo Latzina, doctor Atanasio Quiroga, señor 
Antonio Paitovi Olivera. 



SEPTIEMBRE 1901. — ENTREGA III. — TOMO LII 



PUNTOS Y PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN 

LOCAL DE LA SOCIEDAD, CEVALLOS 289, Y PRINCIPALES LIBRERÍAS 

Por mes $ m/ii i.oo 

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Número atrasado )> 2.00 

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BUENOS AIRES 

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JUNTA DIRECTIVA 



Presidente .... Doctor Carlos M. Morales. 

V ice-Presidente 1° Arquitecto Juan A. Buschiazzo. 

Id. 2° Ingeniero Domingo Selva. 

Secretario de actas Igeniero Manuel J. Arce. 
— correspondencia Señor José Larreguy. 

Tesorero Ingeniero Luis A. Huergo (tiijo). 

Bibliotecario Señor Nicolás Besio Moreno. 

/ Doctor Eduardo L. Holmberg, 

Ingeniero Arturo Prins. 

Ingeniero Ignacio Aztiria. 
Vocales { Ingeniero Sebastián Ghigliazza. 

Ingeniero Antonio Piaggio. 

Ingeniero Higinio Reynoso. ' 

Señor Luis Gurutchet. 
Gerente Señor Juan Botto. 



índice de la presente entrega 



Domingo Selva : Consideraciones sobre edificación obrera 97 

Samuel de Madrid: El método comparado y genético en la evolución de las 

ciencias biológicas 113 

Carlos M. Morales, Las mejoras edilicias de Buenos Aires (conclusión) 122 

Los nuevos socios correspondientes 127 

Bibliografía : Ameghino, Notices préliminaires sur des ongulés nouveaux des 
terrains crétacés de Patagonie. — Comunicaciones del Museo Nacional de Buenos 
Aires. — Spegazzini, Contribución al estudio de la flora del Tandil. — Bu- 
CHENAU, Marsippospermum Reicher Fr. B. eine merkwürdige neue Juncacacee aus 

Patagonien 140 

Movimiento social 144 



CONSIDERACIONES SOBRE EDIFICACIÓN OBRERA 

CONFERENCIA LEÍDA EN LOS SALONES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 
EL 2 DE AGOSTO DE 1901 

Por domingo SELVA 



Señor presidente : 
Señores : 

La agitación obrera que hoy conmueve al mundo entero, preocu- 
pando seriamente á pueblos y gobiernos, no puede menos que in- 
teresar á los intelectuales de todos los países, despertando en ellos 
el deseo de penetrar los fundamentos de aquella, estudiar sus mo- 
dalidades y buscar la solución del arduo problemaque ella envuelve. 

Y que esta agitación obrera no es cosa despreciable ya, lo com- 
prueba el hecho de que el capital \msln. hace poco erguido sobre el 
trabajo, hasta hace poco desdeñando oír siquiera los clamores de 
la familia obrera, hoy desciende de su olimpo y discute las peticiones 
que aquella eleva, aparentando á veces no ver que éstas ya dejan 
de ser peticiones para convertirse en verdaderas imposiciones . 

El capital, ya no trata al trabajo como esclavo uncido á su carro 
triunfal, y transije con las exigencias de éste, temeroso ante un por- 
venir de dudas y de misterios. 

Comprueba también la gravedad de la situación el hecho de que, 
gobiernos que hasta hace poco contestaban al quejido de la miseria 
obrera con el peso de una autoridad basada en el poder de la fuer- 
za bruta, acallando petitorios justos y dando alas al despotismo del 
dondinero, hoy cambian de actitud ; y mientras el emperador de 
Alemania compromete sus miras bélicas del porvenir, enfriando 
sus amistades diplomáticas con algunos países, obligado por el 
sordo rumor de las masas que tenazmente le exige vuelva hacia 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. LlI 7 



98 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ellos, hacia sus miserias, su vista de gobernante sagaz y astuto, el 
joven rey de Italia da el más bello ejemplo de actuación democrá- 
tica, poniéndose él á la cabeza de la agitación obrera en la penín- 
sula. Pues no otra cosa significa el hecho de dejar que libremente 
se propague esa agitación, imponiéndole como única condición la 
de que los medios de que se valgan para apoyar sus gestiones no 
han de salir de los que la ley general permite. 

Es muy lógico entonces, queel ingeniero habituado á quererlo ex- 
plicar todo, á buscaren todo la ecuación para.despejar la incógnita, 
se sienta arrastrado á meditar sobre este gran problema que el si- 
glo XIX ha legado al siglo xx. Y es esto tanto más natural, en cuan- 
to que en la vidadiaria es el ingeniero quien lieneocasión más pro- 
picia, más inmediata, para conocer los males que afligen al obrero, 
para reflexionar sobre la situación ambigua de ese gremio, para 
cavilar sobre las consecuencias de perdurar un orden tal de cosas, 
y es de consiguiente, el más indicado, tal vez, para buscar el re- 
medio, para arbitrar la forma cómo ha de despejarse esa incógnita 
para mayor gloria de la humanidad y mayor estabilidad de la so- 
ciedad moderna. 

Es á raíz de este pensamiento, que me propongo desarrollar, muy 
someramente por cierto, los siguientes temas, que á mi manera de 
ver encuadran perfectamente el problema obrero : 

1° Cuál es la situación del obrero ; 

2" Qué falta al obrero para tranquilizarse concluyendo con la agi- 
tación callejera ; 

.3° Qué medios son los más indicados para obtener ese objeto. 

Debo ante todo declarar que no me propongo hacer mi profesión 
de fe socialista ó cosa parecida, primero, porque no conozco el 
credo oficial de aquéllos y segundo por que el problema que estudia- 
mos es tan importante en sí que ciertamente no puede ser el pa- 
trimonio exclusivo de un grupo más ó menos numeroso de perso- 
nas: ha de ser, sí, patrimonio de todo el mundo pensante y reflexivo. 

Estudiemos la situación real del obrero, y para ello vamos á con- 
siderarle actuando en nuestra gran capital, con lo que me habría 
colocado en un terreno desfavorable ciertamente para su causa. 

Un buen obrero aquí, sin considerar los dedicados á industrias 
especiales, encuentra trabajo con más ó menos facilidad. Y esto, 
ya es mucho decir. En el mejor de los casos trabaja en el mes 26 ó 
27 días, pues cuando no llueve, festejamos alguna ascención ó 
alguna circuncisión que el almanaque nos recuerda, aparte de 



CONSIDERACIONES SOBRE EDIFICACIÓN OBRERA 99 

que el séptimo díéi de la semana es ley de Dios descansar siquiera 
medio día. 

Supongamos que nuestro hombre gana el jornal medio de pesos 
3,50 moneda nacional; esto le importará en el mes 27 por 3,50, pe- 
sos, igual 94,50 moneda nacional. Admitamosquesea soltero, que no 
tenga familia ninguna, — que sea solo en este mundo á consumir 
el fruto de su trabajo, — y hagámosle el presupuesto de gastos ; se 
tendrá : 

Pesos moneda 
nacional 

Habitación (en sociedad con otro) 10 

Comida(dos veces á la fonda los 30 díasdelmes). 36 

Lavado, etc 5 

Ropa y calzado 3 

Tramways, pequeños vicios 10 

Total 64 

Resulta, pues, que nuestro obrero podría ahorrar mensualmente 
30 pesos moneda nacional. 

¿Y los ahorraría? No, señores ; puede aún que cargue en deu- 
das ; y se explica. Ese hombre sin familia, puramente con amigos 
como él, es dueño exclusivo de sus acciones, los días que no 
trabaja no se queda en su pieza haciendo vida claustral, ni se limi- 
ta á salir á la calle para distraerse con ver la gente que pasa, mi- 
rar un escaparate, reírse con el Quijote expuesto en alguna 
vidriera, ú ocupando el tiempo en cualquier forma para pasar de- 
sapercibido las horas que median entre el almuerzo y la comida, y 
entre ésta y el recojimiento. No señores, nuestro hombre pasa su 
día en la taberna, jugando, bebiendo, discutiendo los sueltos sen- 
sacionales de los diarios de una semana atrás^ tal vez, y allí, en- 
tre una consumación y otra, va poco apoco, cediendo á la tentación 
decompañeros más corridos que él, de entre quienes, los unos, le 
piden prestado si le conocen unos mendrugos en el bolsillo, otros, 
leinsinuarán las deliciasde conocer los hipódromos, los velódromos, 
los frontones, etc., y todos le van, poco apoco, haciendo desaparecer 
los ahorros de un mes de labor dura y continuada, sin contar, que 
insensiblemente también lehabitúan á descansar un medio lunes de 
las fatigas del reposo dominguero, mermándole los jornales y ex- 
poniéndole tal vez á verse un buen día despedido del trabajo. 

Resumiendo, entonces, los 30 pesos moneda nacional que ese 



100 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

obreropudo ahorrar mensualmenle, han volado... j muy lejos para 
que él los pueda recobrar. ¿Qué le falta entonces á este hombre para 
no ser víctima desús amigos y de su propia situación desamparada? 

Le falta, señores, algo que sea para él un fin á que tiendan sus 
esfuerzos ; un algo que le absorba ese sobrante de sus jornales en 
forma más provechosa para él. ¿Qué le faltará entonces? Por lo 
pronto, una familia. Una mujer, que con las dulzuras propias de 
su sexo le consuele en los momentos de pena, que todos los hom- 
bres tienen, — que le encántela habitación'donde mora, quelereten- 
ga á su lado con los atractivos que sólo sabe desplegar la esposa, 
haciéndole cien veces más agradable el techo que cobija á la com- 
pañera de su vida, que el arlesonadode la taberna emponzoñada 
y la compañía de los desventurados que sólo buscan ahogar en los 
excesos del vicio los estallidos de una conciencia que todos sienten 
tener. Sí, una familia es lo que necesita ese hombre, una familia 
que, bajo la forma de mayor gasto en comida, en locación, en ves- 
tir, le absorba parte de ese ahorro, despertándole al mismo tiempo 
una inclinación noble: la economía. 

Porque si bien es cierto que la mujer y los hijos le aumentan 
los gastos, también por inclinación atávica, y por sujeción á un sen- 
timiento que es honra de la humanidad, el hombre se siente lleva- 
do á economizar un algo hoy, otro algo mañana, otro pasado, bus- 
cando poder hacer frente un día á la desgracia que puede herirle 
en los seres queridos que comparten su pan. Porque la familia es 
para el hombre el aguijón de las pasiones nobles á cuyo calor germi- 
nan los más delicados sentimientos de altruismo y de sacrificio para 
los demás es lo que le inspira la noción de que es útil y necesario 
al mismo tiempo para el bien ; le insinúa que su labor no es estéril, 
que sus afanes responden á un objetivo y que, cuando llegue el fin 
de la jornada, exhausto, imposible ya para ser apoyo de nadie, 
ha de necesitar un ambiente de amor y ternura que le consuele, y 
en los hijos un amparo que le asegure la subsistencia en los últi- 
mos días de su vida. 

Quiere decir entonces, que lo principal para contener al obrero, 
preciándole moralmente y preparándole para un bienestar mate- 
rial, es la familia. 

Demos entonces una familia al obrero, esto es, consideremos el 
caso de un obrero con mujer é hijos y estudiemos cuál es su si- 
tuación. 

Este hombre, perfectamente enterado de la responsabilidad que 



CONSIDERACIONES SOBRE EDIFICACIÓN OBRERA lüi 

sobre él graviU), será eo el mejor de los casos un lionesto trabaja- 
dor; un asiduo asistente á sus quehaceres, no conocerá, por así 
(iec'irlo, la taberna, los juegos, las diversiones dispendiosas. Cuan- 
do no pueda concurrir al trabajo pasará el día en su hogar, entre- 
tenido con los hijos, ayudando a la esposa en los quehaceres grue- 
sos de la casa. Los días de fiesta saldrá con su mujer y con sus 
hijos á andar por los paseos públicos, deleitándose con la compa- 
ñía de sus seres queridos, regresando temprano á su casa a fin de 
que la esposa le prepare la comida de la noche. Se recogerá muy 
luego para estar habilitado y poder proseguir al día siguiente su 
trabajo del día anterior, afanado por no perder un mediodía que 
disminuiría los modestos recursos con que ha de contar al cabo del 
mes para reembolsar al panadero, al carnicero, al casero, etc. Lle- 
vará, en una palabra, en el mejor de los casos, una vida tan me- 
tódica y arreglada, como es difícil encontrar en la generalidad de 
la familia obrera. 

Pues bien, con eso, el no ha de aumentar sus ingresos; con eso, 
él no ha de percibir al fin del mes, más de los 94.50 pesos indica- 
dos. En cambióla habilación le ha de costar por lo menos pesos 20 
moneda nacional ; la comida le ha de costar por lo menos pesos 45 ; 
el vestir no ha de suplirlo con 8 pesos al mes, una que otra vez 
ha de tener una medicina que adquirir ó un gasto extraordinario 
indispensable que hacer; en fin^ los 94 pesos se le han de ir por 
completo, sin poder ahorrar tal vez un solo peso. 

Y yendo las cosas así, todavía se dará por bien servido. 

Pero es el caso que puede á su vez caer enfermo, y aunque la 
caridad pública acude presurosa en su ayuda dispensándole mé- 
dicos y medicinas, el jornal no le correrá, al fin del mes le faltará 
en sus recursos 10, 15, 20 ó más pesos, y los gastos no por eso 
habrán disminuido. En resumen, ese mes tendrá un déficit en su 
presupuesto, déficit que muy difícilmente podrá cubrir después, y 
que le creará muy pronto una situación angustiosa é imposible. 
Y de estos males el obrero no está exento, como no está tampoco el 
que no es obrero. 

Cierto es, que en previsión de estos hechos el hombre puede in- 
gresar en una de esas asociaciones que prestan ayuda mutua en 
casos así, pero ello no será más que una ayuda^ que contribuirá 
á hacerle menos gravosa la situación. Nunca llegará á restablecer 
el equilibrio en su hacienda. Pero, podemos agregar algo más. 

¿Dónde vive el obrero? Una de dos : ó en el conventillo, ó en los 



102 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

arrabales. En el primero albergado en una habitación de 70 me- 
tros cúbicos, cuarto donde se hacinan, marido, mujer, un par de 
hijos ; donde se come, se duerme, se vive el día entero ; donde á 
veces, en días fríos ó lluviosos hasta se cocina. En un conventillo, 
donde, tabique de por medio, comparte su vida con la de otra fa- 
milia ; con paredes que tienen oídos y ecos, donde no puede cruzar 
dos palabras con la mujer sin que lo sepa la vecina y por ésta, la 
casa y el barrio entero; donde también habitan solteros de toda 
especie que acechan á la esposa honrada atribulando el alma del 
pobre marido, que saliendo por la mañana de su hogar no vuelve 
hasta la noche, inquieto siempre, temeroso de ver en cualquier 
momento rota la paz de su familia. 

Y en el conventillo, el casero completa esta situación de dolor 
con sus exigencias á plazo fijo por la locación, sin considerar que 
á veces el pobre obrero después de sacrificarse un mes entero no 
recibe de su patrón sino un á cuenta de sus jornales que á penas 
le basta para llenar las necesidades más apremiantes de la vida. Y 
entonces se agrava la situación del obrero, se acumulan los dos 
meses fatídicos de alquiler; viene la intimación del desalojo, apa- 
rece la citación ante el alcalde, quien las más de las veces es un 
confabulado con el casero, é impasible ante la congoja de un pa- 
dre que clama por el albergue de sus hijos aduciendo razones de 
á puño, amparado en el rigor de la ley, decreta sin miramientos la 
inmediata expulsión del pobre, quien sobre el dolor consiguiente 
tiene que perder un jornal ó dos buscando otra pieza en otro con- 
ventillo, recargando así su presupuesto ya desequilibrado con los 
gastos de la mudanza y la diminución de los jornales. ¿Y todo 
esto para qué? Para que le suceda lo mismo en cualquier otro 
momento. 

Pero, se preguntará ¿por qué habita el conventillo cuando con el 
raisnno dinero podría tener una pieza ó dos en un barrio más apar- 
tado, viviendo independientemente, sin los sinsabores de la vida 
en comunión? Porque la ciudad es extensa, el trabajo muy des- 
parramado, el horario de trabajo muy matutino para comenzar y 
muy vespertino para terminar, y entonces el obrero tiene en gene- 
ral que buscar habitación próxima á su centro de trabajo, pagando 
más alquiler, pero economizando tiempo, pues si se decide á ha- 
bitar muy lejos, pagando menos tal vez, se ve obligado á gastar en 
tramways, y á sacrificar sueño y reposo, lo que viene á represen- 
tarle mayor carga. Y si los puntos de trabajo son muy centrales. 



CONSIDERACIONES SOBRE EDIFICACIÓN OBRERA 103 

«ntonces las únicas casas donde el pobre obrero puede encontrar 
albergue relativamente barato, es el conventillo. 

He allí, pues, el destino de nuestro pobre obrero. Hombre hon- 
rado, trabajador, temperante, forma una familia que le permite 
mantenerse en ese tren de vida ejemplar, y después de sacrificarlo 
todo ; después de uo escatimar hasta su salud para asegurar á sus 
hijos un pedazo de pan, cuando para ahorrar diez centavos de 
tramwaj, regresa por la noche á pie á su casa andando 40 ó 50 
cuadras, después de un día de dura labor, después de todo esto, 
de la noche á la mañana, por unos días de enfermedad ó por una 
semana de mal tiempo, se ve expuesto á ser arrojado á la calle con 
todos sus trapos, su mujer, sus hijos, y con la mala patente de 
embrollón ó cosa parecida. Se verá también á veces en la imposi- 
bilidad de adquirir un abrigo cualquiera á su hijito que por esta 
causa se enferma, no obstante adeudarle su patrón sendos jornales. 

Ahora bien, pregunto yo ahora: ¿ante tal situación, es posible 
que el obrero conserve su serenidad, que no reflexione sobre el ne- 
gro porvenir que el destino le depara á él y su familia, que callado 
soporte las injusticias humanas, y ante el cachetón que recibe en 
una mejilla, presente la otra para que se le dé la segunda de 
cambio? 

No ; ¡ eso no es humano ! 

El pobre obrero comienza á reflexionar sobre su suerte é insensi- 
blemente se deja llevará hacer comparaciones que son siempre 
odiosas. Insensiblemente parangonará su situación con la de su 
patrón, por lo pronto, y en su mente ya germinarán pensamientos 
pocos conformes con la disparidad material de los hombres ante 
las necesidades de la vida. Su ánimo se agriará; tomará el trabajo 
como una carga, la familia le será un gravamen más que un pla- 
cer, en el hogar no reinará ya la tranquilidad de un día y la pobre 
mujer sufrirá las consecuencias del malhumor de su esposo. Este, 
poco á poco, irá siendo terreno propicio para que germine la si- 
miente de las agitaciones sociales buscando un ideal aun no bien 
comprendido. Y nuestro hombre que con poco podía haber conti- 
nuado siendo un elemento conservador por excelencia de la socie- 
dad, entrará en la milicia obrera, tomará parte en las manifesta- 
ciones callejeras clamando por los derechos del proletariado, hará 
huelga, provocará disturbios, dará trabajo á las autoridades y 
será en breve, en cambio, un verdadero elemento de trastorno 
social. 



104 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Pero, no se detiene aquí por cierto. Cuando al cabo de algún 
tiempo de luchar confiado en la evolución paulatina de las cosas, 
vea que sus ideales no triunfan, se dejará llevar por otra corriente 
más impetuosa, en la cual van arrastrados otros obreros que con- 
fiarán á la violencia, al crimen, á los medios extremos, al caos, la 
solución de los grandes problemas que le interesan. Nuestro hom- 
bre habrá pasado de golpe, del socialismo moderado al anarquis- 
mo brutal... ! Forjará en su mente proyectos de destrucción de 
magnates y pudientes, bajará al crimen considerando éste como 
un último recurso para despejar la incógnita de su vida y termina- 
rá en el patíbulo ó entre las frías paredes de una cárcel, dejando á 
su mísera familia hundida en el oprobio, la vergüenza y la mi- 
seria ! 

Esta es la verdad de las cosas y no de otro modo se han formado 
los Bresci, los Pollas, los Ravachol y tantos otros desequilibrados 
por el estilo, que han llenado el mundo con el horror de sus crí- 
menes. 

¿Qué se impone entonces^ como deber de humanidad, como con- 
veniencia para el sostenimiento del orden y de las instituciones 
sociales? 

¿Qué medios habrá que arbitrar para que no nos ocurra lo que 
hoy sucede, mientras unos navegan en aguas tranquilas, otros 
danzan en un mar agitado? ¿Qué puede, qué debe hacer la socie- 
dad para que el brazo derecho del capital, para que el trabajo no 
tenga que mostrar su miseria con los estallidos de un volcán y 
exigir miramientos, consideración, mejoras, por los medios extre- 
mos que alteran la paz de la familia, que contienen el progreso 
de las instituciones, que coartan el desenvolvimiento de la riqueza 
pública, que pervierte hasta los más sublimes sentimientos del ho- 
gar? Como primera medida se ha de aconsejar el mejoramiento de 
los emolumentos que el obrero percibe por su trabajo, pero esto no 
ha de bastar. Y digo que no ha de bastar, por cuanto esa mejora no 
puede exceder de ciertos límites. A un albañil, á un herrero, á un 
carpintero, se le podrá pagar un jornal de pesos 4 moneda nacio- 
nal, tal vez pesos 4,50, pero en general, eso ha de ocurrir con un 
hombre que ha encanecido ya en su oficio, que ha llegado después 
de muchos años al sumum del perfeccionamiento en su profesión y 
que de consiguiente habrá tenido ocasión de experimentar más de 
una vez, los atrasos de la falta de trabajo por un tiempo ó de una 
enfermedad. 



CONSIDERACIONES SOBRE EDIFICACIÓN OBRERA 105 

Ocurrirá para un hombre á quien ese aumento en sus recursos, 
no ha de representarle una mejora en su situación, sino que ha de 
servirle para hacer frente á un aumento de gastos también. 

Por otra parte, el aumento del jornal no puede llegar hoy á un 
límite elevado por razón de conveniencia propia del mismo obrero. 

Y me explico. 

Si al albañil ha de pagársele un jornal mínimum de pesos cua- 
tro ; al peón un jornal de pesos tres; al carrero, al hornero, otro 
tanto, es evidente que el costo de la edificación ha de encarecerse 
notablemente y el pobre devolverá bajo forma de mayor alquiler la 
mayor parte de lo que ha ganado como aumento en el jornal. 

Y lo que digo para la casa, se podría decir del vestido, del ali- 
mento, de lodo lo que constituye lo indispensable en la vida, pues 
ésta no es más que un fenómeno de equilibrio con sus tres estados 
perfectamente caracterizados, entre los cuales, el obrero representa 
el inestable con toda su cohorte de consecuencias funestas. 

Es indudable, que bajo este punto de vista, algo se podría hacer^ 
toda vez que el capital se conformara con ganancias más reduci- 
das; toda vez que un empresario se conformará con ganar el 10 % 
en una construcción cualquiera, y á su vez el propietario aceptará 
percibir un interés menor sobre el dinero que invierte, con lo cual 
podría pagar algo más la obra encomendada, sería posible mejorar 
los jornales del personal que trabaja, sin conseguir con ello salvar 
totalmente á aquél de la crítica situación que le espera, si es que 
no la ha alcanzado ya. 

Pero, es el caso, que cuando se emprende el estudio de cuestio- 
nes de tanta importancia, con la mente de buscarles soluciones 
inmediatas y eficientes, es bueno no teorizar, es bueno no incurrir 
en el error de todos los propagandistas de oficio, que pretenden 
algo así como el nivel absoluto de la tabla rasa del capital, de la 
actividad, de la inteligencia. 

Y bien, el que el empresario, el propietario, reduzcan sus ambi- 
ciones de lucro no es de esperar, tanto más, cuanto que las leyes 
los amparan, tienen el poder de contrarrestar los clamores del pro- 
letario, colocando en el otro platillo de la balanza, quintales de 
oro! Y sino, veamos ejemplos recientes. Ahí tenemos en la gran 
República del Norte, cuna de las instituciones democráticas, for- 
marse trust para todo, para el hierro, para el pan, para la sal, 
buscando monopolizarlo todo, ¿con qué objeto? 

No ciertamente para favorecer al obrero, pero sí para encarecer 



106 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

€l artículo y realizar más pingües ganancias I Y bien, hace pocos 
días se anunció una huelga general de los obreros mineros al ser- 
vicio del trust áe\ acero. Se habla de una huelga de iíOO.OOO hom- 
bres, la mayor hasta hoy conocida, un verdadero ejército que en 
cualquier momento puede dar por tierra con cualquiera de las ins- 
tituciones sociales existentes, y opuesto á ellos, el capital, un ca- 
pital de 1000 millones de dollars dispuesto á luchar. Todo el inun- 
do ansiaba noticias sobre el temible choque que iba á tener lugar 
entre los dos colosos. Todo el mundo esperaba que esta vez el di- 
nero saldría triunfante. Y bien, ¿qué ha ocurrido? que si bien se 
había anunciado la tal huelga, una simple demostración de ese 
capital la hizo fracasar. 

¿Y por qué? Porque tal vez para desdoro de la humanidad, con 
la miseria no se corrompen conciencias ni se compran caudillos, 
mientras que con el oro, sí. 

¿Es entonces práctico confiar la mejora de la clase obrera á los 
primeros impulsos del capital, manifestados bajo la forma de un 
acrecentamiento de los jornales? ¿Es práctico creer que una medida 
de esa índole, que si bien serviría para dar al obrero mayor hol- 
gura por un tiempo, no ha de impedir que el día menos pensado, 
caigan él y su familia en el timón de la desgracia; es práctico 
creer, repito, que esa medida ha de bastar para restablecer el equi- 
librio^ roto ya en la constitución social? Imposible! 

Quedaría, aparentemente un último recurso; que los gobiernos 
con todo el peso de la fuerza de que disponen, entraran á actuar 
como ciudadanos en la contienda, en procura de la salvación de su 
propia autoridad y por espíritu propio de conservación. 

Pero también esta última tabla de salvación, hoy por hoy, no 
flota en el mar agitado de las pasiones humanas. Que la sociedad 
ha de ir transformándose en forma radical, no cabe duda ; pero ha 
de ser una transformación lenta que exigirá siglos y siglos, y el 
problema obrero no puede perdurar sin solución. 

En todo el transcurso de este siglo xx ha de tener una solución 
práctica, porque la montaña avanza y está muy cerca ya. La in- 
cógnita ha de despejarse, la ecuación ha de resolverse con raíces 
reales, pues las imaginarias militan en el campo de las utopías. 
Un siglo puede que espere la miseria obrera, pero más, nó. 

Y los gobiernos nada pueden hoy, por cuanto ellos son el resul- 
tado de esta organización social defectuosa. Su poder emana de la 
sociedad misma, directa ó indirectamente, y en su desenvolví- 



CONSIDERACIONES SOBRE EDIFICACIÓN OBRERA 107 

miento, tiene que sujetarse al pentagrama de la constitución do 
aquella. 

Todo lo que ellos pueden hacer, es ?,&v indiferentes en la contien- 
da, esto es, dejar que libremente resuelvan entre el trabajo y el 
capital, las cuestiones que los agitan, siempre que el orden insti- 
tucional no se altere. Y esto ya será mucho, pues hasta hoy los 
gobiernos han hecho siempre causa común con el capital en detri- 
mento de los derechos del trabajador, y es por eso que se ha seña- 
lado antes el joven rey de Italia, como un verdadero inspirado en 
su situación actual, tanto que de seguir en esa senda, será acla- 
mado muy en breve, el primer obrero del reino. 

Pero entonces, si el aumento en los salarios no basta para volver 
el sociego ai obrero ; si los gobiernos no pueden actuar favorecien- 
do los intereses de aquél ; si la sociedad necesita centurias para 
llegar á satisfacer todas las aspiraciones y el problema obrero no 
admite ya sino décadas, ¿qué es lo que puede arbitrarse para con- 
cluir con un orden de cosas que no puede perdurar? ¿de qué me- 
dios habrá que echar mano para encausar una corriente que viene 
desbordando, creciendo por momentos, amenazando concluir con 
lodo y con todos ? i Ahí está la gravedad del problema obrero 1 He 
ahí por qué en cien años que se estudian estas cosas, aún no se ha 
encontrado la fórmula salvadora! i He ahí, el por qué es deber de 
los intelectuales abordar estas cuestiones y contribuir con su mo- 
desto grano de arena, al levantamiento del glorioso edificio de la 
satisfacción humana, con prescindencia de ideas partidistas y de 
miras políticas, teniendo como único norte, la devolución al obrero, 
del bienestar que merece, como apóstol del trabajo, el cual honran- 
do altamente al que lo profesa, se torna para él en la realidad de 
la vida, una verdadera carga, una verdadera desilusión ! 

Hemos analizado hasta aquí la vida de un obrero ya un tanto 
favorecido en el jornal y hemos llegado á conclusiones desastrosas. 
Pregunto yo ahora : ¿Qué ocurrirá entonces con esa gran mayoría 
de jornaleros cuyos emolumentos no pasan de pesos 2 por día, y 
tienen familia y necesidades que satisfacer? 

Cierto es, que se conforman con comer lo necesario una sola vez 
por día... ala noche, desayunándose con el trabajo y almorzando 
un pedazo de pan con sudor. Cierto es, que la ropa se les caerá de 
encima á girones, después de haber sufrido todas las metamorfosis 
camaleónicas posibles, antes de que adquieran otra. Cierto es, que 
la habitación donde viven son antros, donde sólo encuentran có- 



108 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

modo albergue la tuberculosis, el reumatismo, la peste en general. 
Cierto es, que el hijito, llegando á los seis años, en vez de asistir á 
á la escuela donde acarrearía gastos imposibles al padre, es adies- 
trado en la venta de diarios, en el lustrar calzado, en el ambulante, 
en el verdadero píllete, en una palabra, primera etapa del correc- 
cional, del penitenciario; cierto es, que la niña á la misma edad 
es esclavizada como mucamilla en cualquier casa, donde tal vez 
es encaminada en el sendero del vicio, de la corrupción; cierto es, 
que con esto, el pobre padre acrecienta el exiguo haber y puede 
así sostenerse contra las necesidades de la vida. Pero, digo yo, ¿no 
es esto abominable sencillamente? 

¿No es esto la negación de los más sagrados principios de la mo- 
ral humana, no es esto una demostración palpable de cuan más pro- 
fundo es el abismo que encierra el problema obrero, y de cuan 
necesario es abordarle de una vez, con valor, con decisión y con 
espíritu práctico ? 

A eso invito á todos los intelectuales del mundo, á eso invito á 
todos los hombres de cabeza y corazón. 

Entro ahora al objeto verdadero de esta conversación. 

Reflexionando un momento sobre este cuadro de miseria que he 
bosquejado, he llegado á formarme unas convicciones que son las 
que voy á exponer. 

Ante todo, es indiscutible ya, la conveniencia de que un obrero 
tenga una familia. Hombre casado, hombre reposado , dice un refrán 
y de hombres reposados necesita la sociedad moderna. Pero es 
preciso darle al obrero la seguridad de que, trabajando y econo- 
mizando, su familia no ha de pasar necesidades, y que además, en 
forma paulatina ha de ir avanzando hacia una ancianidad sose- 
gada y quieta, y que los últimos días de su vida los ha de pasar 
gozando la satisfacción del deber cumplido y de la holgura mate- 
rial que á fuerza de trabajo y temperancia, se habrá conquistado 
aunque sea al cabo de bastante tiempo. 

Porque, en efecto, ¿ no es más que probable que, cuando el obrero 
se vea por delante ese porvenir ha de esíor/^arse por morigerar sus 
costumbres si son malas, ha de ser más que nunca asiduo á su 
trabajo, ha de escapar de entre las manos de los predicadores de 
oficio, y cuando sea invitado á militar en cualquier agitación calle- 
jera ó violenta, ha de contestar alistándose en las filas de los elemen- 
tos conservadores, y será á su vez un conservador por excelencia? 



CONSIDERACIONES SOBRE EDIFICACIÓN OBRERA 1Ü9 

Porque el obrero no es en general un pervertido ni un matoide. 
Porque el obrero clama cuando la rueda de las necesidades le toca 
los talones, pero cuando tiene un principio de bien pasar, se con- 
vierte y fácilmente dedica lodos sus esfuerzos en conservar lo que 
tiene, v que ha conseguido seguramente á costa de sacrificios sin 
cuento. 

Y sino, ahí tenemos el ejemplo viviente éntrela familia obrera 
de Europa y la de la América latina. 

Mientras allí la vida se ha hecho imposible y ya ella se agita, se 
convulsiona y sale á la calle clamando pan, clamando misericordia, 
aquí donde afortunadamente la situación no es aún tan desespe- 
rante, el pueblo obrero calla, trabaja, economiza, rehuye la huelga, 
desprecia la agitación y se labra, segundo por segundo, y céntimo 
por céntimo su bienestar del porvenir. 

Ahora bien, construyan los gobiernos barrios obreros en sitios 
apropiados, con casas económicas, en terrenos relativamente redu- 
cidos, pero no tanto como para que hayan huertas y jardines, y 
donde el obrero desde el momento que entra á habitar la casa pue- 
da considerarla como suya desde que mes á mes la irá adquiriendo 
con la cuota de locación que se fije. 

Hágase que ésta no supere sino en muy poco lo que hoy abona en 
alquiler de las piezas que habita. Resérvese el gobierno determina- 
dos lotes, las esquinas por ejemplo, para construir casas de negocio 
para renta, mientras llegará el día que pueda instituirse provisiones 
cooperativas, y explote él los mercados á fin de que con parte de esa 
renta puede costear los servicios municipales del barrio. 

Destine el resto de esa renta para construir fondos de caridad, 
que vayan á engrosar los recursos de una asociación nacional de 
seguros sobre la salud y la vida del obrero á la cual concurrirá el 
gobierno con una insignificante parte de sus rentas generales y un a 
cuota modesta que abonará el obrero. Propéndase á aumentar este 
fondo con donaciones y tal vez erogaciones impuestas al patrón, 
como consecuencia de una ley que se deberá dictar reglamentando 
el trabajo del obrero. Destínese ese fondo á integrar al obrero los 
jornales que pierda por enfermedad y en caso de defunción á abo- 
nar á la viuda las cuotas fallantes para quedar con la propiedad 
de la casita que ya ha pagado en parte. Destínese otra parte de ese 
fondo á ayudar á la viudaen proporción del número de hijos meno- 
res en el caso desgraciado de perder al esposo. Establézcase pre- 
mios semestrales 6 anuales á la constancia del trabajo ó á la tem- 



lio ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

perancia, bajo forma de perdonar tantas cuotas del alquiler á 
abonar por la casa. Prohíbase la vagancia de la niñez en el barrio 
y establézcase en canabio jardines de infantes y escuelas de artes y 
oficios, con lo cual, la mujer del obrero podrá más fácilmente ayu- 
dar al marido acrecentando los recursos de la familia, y se incul- 
cará desde temprano en el niño obrero el hábito al trabajo, dándole 
los medios de formar luego á su vez una familia. Hagan todo esto 
los gobiernos y ya verán como las huelgas desaparecen, y como las 
industrias progresan, como la riqueza pública aumenta y como la 
población se dignifica, dignificando al pabellón que lo cubre. 

Y nótese que hecho uno, dos, tres barrios, con el producido del 
alquiler se podrá ir construyendo otros para los nuevos obreros que 
vengan, y así, insensiblemente, dado una vez el primer paso, se 
podrá fácilmente persistir, mientras tanto, se habrán acallado las 
quejas de una gran familia y se habrá ganado tiempo para ir arbi- 
trando otros medios para completar la solución del gran problema 
obrero. 

Familia y habitación es el lema que deben tener los gobiernos 
que quieran amparar al obrero; la familia para crearle obli- 
gaciones materiales. Hacedle propietario al obrero, aunque sea á 
la larga; hacedle entrever que el final de su sacrificio actual no 
será el caos, el infortunio, !a desgracia, como hoy, sino el bienes- 
tar, el cariño á los suyos, la propiedad de algo que permita á la viu- 
da y á los hijos seguir sin contratiempo los vaivenes de la vida y 
estad ciertos que la sociedad habrá cimentado su base sobre roca 
inconmovible. 

Estad cierto que nunca las instituciones humanas habrán tenido 
defensores más entusiastas, más sinceros y de más valer. 

Pero con el haberme dirigido á los gobiernos para que implanta- 
sen esas mejoras, no he querido decir que la iniciativa privada no 
tenga campo de acción en esta cruzada. Todo lo contrario. 

Lo tiene, y qué vasto ! Lo tiene y qué hermoso! Pero ha de ser 
la iniciativa privada del hombre de corazón, ha de ser la iniciativa 
del hombre que considere suficiente interés para su capital las ben- 
diciones de miles y miles de sus semejantes, ha de ser la iniciativa 
del hombre que quiere legar á sus hijos como herencia gloriosa, el 
recuperar peso por peso la fortuna que supo acumular, después de 
haber servido para redimir otros tantos hijos que no difieren de 
los suyos sino por la cuna que han nacido. 

Ha de bastar, pues, quince, veinte de nuestros hombres de capi- 



CONSIDERACIONES SüBRE EDIFICACIÓN OBRERA Ht 

la! que se resuelvan á prestar á la sociedad en que viven, por 20 
años, una parle insignificante de su haber y emprendan la creación 
(le estos barrios. 

Ha de bastar que un núcleo de el ejemplo para que otros los si- 
gan : hade bastar que so lance la primera piedra. Y entonces, 
(jué espectáculo más grandioso, más en armonía con lo excelso de 
la naturaleza humana, el ver que el favorecido por la fortuna, el 
hijo predilecto del pasado tiende entusiasta sus manos y arranca 
del abismo á millares de sus semejantes, salvándoles del hambre, 
de la miseria, del crimen! Qué satisfacción más grande para el 
corazón de esos hombres y qué mayor mérito para la glorificación- 
de sus nombres ! 

Pero hay algo más. 

La edificación obrera, sana, higiénica, bien estudiada, importa 
asegurar al obrero la salud; importa asegurarle una economía, 
tanto bajo la forma de gastos que no hace, como de jornales que 
no pierde; importa suprimir esos focos de infección donde hoy ha- 
bita el obrero, minando su salud, la de su familia, la de la socie- 
dad en que vive. 

Este asunto de higienización déla vivienda obrera no sólo afecta 
al obrero mismo, sino que nos afecta á todos sin distinción alguna. 

Y en efecto, en el conventillo «verdadero vestíbulo de la muer- 
te», como lo ha definido el distinguido doctor Coni, es donde se 
procrean todos los elementos patógenos infecciosos. Es allí donde 
germinan la tuberculosis, la viruela, el sarampión, la escarlatina, 
la coqueluche y tantas otras efermedades no menos terribles. 

Es allí donde se preparan en gran escala los cultivos de esos se- 
res que propagados luego por el obrero en toda la ciudad, dan ori- 
gen á esas epidemias desastrosas que no perdonan hogar, que no 
eligen la victima, que no averiguan antes de entrar en una casa, si 
sus moradores son pobres ó son ricos. 

La higienización de la habitación obrera es, pues, además de un 
contributo para solucionar el gran problema obrero, una medida 
de interés general. Es una medida que los gobiernos no debieran 
descuidar. aI mismo tiempo que se destinan millares y millares de 
pesos para acaparar elementos bélicos destinados á combatir al 
hombre invasor, se debieran destinar también algunos miles, si- 
quiera para combatir, otro enemigo más pequeño sí, pero más 
terrible tal vez y ante el cual la diplomacia nada puede: el micro- 
bio invasor. 



U2 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Y pregunto yo: ante tal cuadro, ante estas verdades que no ad- 
miten observación en contra, ¿es posible que permanezcamos im- 
pasibles, es posible, que nos encojamos de hombros profesando el 
refrán francés laissons courrir? 

1 No, señores ! 

Y no se nos diga que predicamos un imposible, no se nos diga 
que teorizamos, que todo lo expuesto es factible, que las medidas 
que he aconsejado no salen del terreno práctico, lo demostraré 
con cifras, en próximas conferencias, recordando que la «aritmé- 
tica no es una opinión», y probaré que para realizar este ideal 
sólo falta un poco de buena voluntad y un poco de altruismo. 

Y ojalá, señores, esta horade conversación tenga sus frutos; 
ojalá la benemérita Sociedad Científica Argentina no deje caer en 
el vacío esta prédica del más modesto de sus miembros, y se haga 
la iniciadora de una gran asociación nacional Pro-obrero, cuya mi- 
sión no sea la de fomentar ambiciones políticas, la de sostener uto- 
pías, la de favorecer agitaciones callejeras, sino la de estudiar este 
gran problema, ir deduciendo medidas tendentes á favorecer su 
solución, sostenerlas ante los gobiernos y los particulares, y no 
cejar hasta obtener su implantación en el país 1 Ojalá, sea este 
ambiente de luz, de sonrisa y de verdad, el crisol donde fundan 
todas las opiniones para provocar este gran movimiento social, 
movimiento, que á la par que traerá lustre incalculable á la misma 
asociación, hará que cien millones de obreros del orbe aclamen al 
primer país del mundo donde se inicien los trabajos para su rege- 
neración, para que el nombre de nuestra querida república, flote 
con su obra humanitaria por sobre todas las aspiraciones imperia- 
les, de hegemonía y de destrucción, que hoy caracterizan desgra- 
ciadamente á más de un pueblo hermano de la tierra. 



EL MÉTODO COMPARADO Y GENÉTICO 

EN LA EVOLUCIÓN DE LAS CIENCIAS BIOLÓGICAS 
Por el doctor SAMUEL DE MADRID 

Profesor suplente en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires 



Una de las peculiaridades de la presente época que más satisfac- 
ciones brinda al que atento escudriña y analiza los movimientos 
del alma nacional, es el visible agrado con que, en las másvariadas 
esferas, se contemplan los esfuerzos que darán nueva vida á nues- 
tro pueblo estimulando su inteligencia y energía. 

Preñada de promesas de renacimiento, nuestra Universidad, por 
tanto tiempo víctima del más estéril aislamiento, sacude su inmovi- 
lidad y su apatía, estimulando los anhelos en pro de genuina cien- 
cia nacional. 

Así también, animados por patriótico impulso, el Parlamento, 
las corporaciones científicas, el profesorado y hasta ese espíritu 
anónimo que flota sobre las grandes multitudes, siguen ansiosos los 
progresos que suscita la reforma de la enseñanza é indagan el por 
qué de sus vaivenes. 

Pero en medio de la multiplicidad de las tendencias y del flujo 
y reflujo deopiniones, olvídanse elementos de doctrina cuya ausen- 
cia han de lamentar amargamente las generaciones intelectuales 
venideras. Causa de pretericiones y vacíos que creo oportuno de- 
mostrar es, aún en el día, la escasa importancia que se atribuye al 
concepto de la Universidad como organismo único y completo, in- 
tegrado por las Facultades ala manera como se hallan constituidos 
por órganos, entre sí dependientes y conexos, los seres más elevados 
de la escala animal ó vegetal. 

Víctimas de tal estado de cosas son sobre todo aquellas ciencias 
que, por su índole, debieran prestar apoyo á la enseñanza en dos ó 

A.\. SOC. GIENT. ARG. — T. Lll 8 



•1 14 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

más Facultades, siendo por esta razón de lamentársela excesiva 
independencia de estas últimas, que suelen perder de vista por 
completo los lazos de unión que hubieran de ligarlas. 

Un malestar de esta índole flajela la enseñanza médica de nuestra 
juventud, á la cual faltan, como veremos, los elementos de ilustra- 
ción que resultarían de una comunión más íntima entre las ramas 
que cultiva y aquellas que forman el tema de las ciencias naturales. 

Notable sobre lodo es la ausencia de todo centro de enseñanza en 
que puedan adquirirse, siquiera en forma elemental, las conquis- 
tas que el método genético ha hecho en los últimos siglos en el 
terreno de la ciencia de la vida. Se ignora por completo, en una 
palabra, el alcance de dos ramas fundamentales de la misma^ á 
saber: la Anatomía comparada y la Embriología; se ignora que la 
Morfología ha dejado de ser ciencia meramente descriptiva, pasan- 
do á ser de tiempo atrás estrictamente explicativa; se presume apre- 
ciar en alto grado las aplicaciones de la Anatomía á la Patología y 
se ignora que no hay Teratología donde no hay Embriología, que 
no hay Histología normal ni patológica donde no hay Anatómica 
comparada y que es imposible el cultivo y ejercicio de la Fisiolo- 
gía para aquellos que ignoran los rudimentos de la Zootomía. 

« La Anatomía descriptiva es explicada por la Embriología. La 
primera nos enseña cómo son las cosas, la segunda nos muestra 
porqué son así (Mathias Duval) ». La Ginecología, la Cirugía y la 
Obtetricia darán, por último, enorme cabida á la memoria de pala- 
bras y con ella á la cohorte de errores que la siguen, mientras falten 
como hoy las disciplinas mencionadas ó se aprendan en las figuras 
de los libros. ¿Quién puede adquirir nociones sólidas sobre la pato- 
genia de \Rspina bifida, del labio leporino, de las malformaciones de 
los órganos sexuales, del esqueleto, etc., ignorando hasta los más 
groseros rudimentos de la historia del desarrollo de los organismos? 

Así también veremos, dejando el dominio de las ciencias apli- 
cadas para entrar en el de las puramente especulativas, que « la 
Embriología », según ya decía Fol en 1884, « si bien no era en un 
principio más que una pequeña rama de la Fisiología y de la Ana- 
tomía comparada, ha prosperado de tal modo que ha llegado áser 
el tronco principal en el cual sólo es ya una rama la Anatomía com- 
parada. Es necesario estar poco al corriente de los progresos ac- 
tuales de la ciencia zoológica para atreverse á afirmar lo contrario,, 
porque basta echar una ojeada á la bibliografía contemporánea 
para convencerse de que la Embriogenia absorbe las tres cuartas. 



EL MÉTODO COMPARADO Y GENÉTICO H5 

partes del trabajo de la generación actual de los anatómicos y que 
á ella es á quien se pide la solución de lodos los grandes problemas 
de Morfología y de Histología». 

Pero hasta el estudio de la Psicología normal y patológica se ha- 
ce imposible sin el conocimiento de la Embriología porque ¿ quién 
podrá vislumbrar la sede y génesis de los procesos hereditarios si 
ignora las leyes fundamentales que los rigen? ¿quién distinguirá 
las tendencias congénitas de las adquiridas, quién apreciará el 
estado rudimentario del desarrollo del sistema nervioso central ó 
lie los órganos de los sentidos, ignorando las fases de su evolución 
en el feto ? ¿quién, por último, comprenderá la génesis de las sensa- 
ciones y de las ideas en el cerebro patológico ignorando su desarro- 
llo en el normal? 

Nadie discute en nuestros días la utilidad de la enseñanza de la 
Morfología y de la Embriología, siendo pocas las universidades eu- 
ropeas que no han erigido para su estudio una cátedra especial; 
en Francia la sección de medicina del último Congreso de la ense- 
ñanza superior ha llegado á adoptar por unanimidad, á propuesta 
del señor G. Loisel, las tres proposiciones siguientes : 

1^ Que se cree en cada universidad una sola enseñanza elemen- 
tal de la embriología del Hombre y de los Vertebrados, allí donde se 
encuentren reunidos todos los elementos necesarios; 

2^ Que esta enseñanza sea instituida de manera que pueda reu- 
nir á todos los estudiantes que para su carrera ulterior tengan ne- 
cesidad de conocimientos embriológicos elementales (cualquiera 
que sea la Facultad ó escuela á que pertenezcan) ; 

3^ Que la enseñanza elemental de la Embriología forme parte de 
las materias del P. C. N. 

Entre nosotros sólo existen obstáculos de poca consistencia opues- 
tos al cultivo de la Anatomía comparada y de la Embriología, si 
bien han faltado voces autorizadas que hayan recordado con la ne- 
cesaria insistencia el vacío que su ausencia constituye. 

El desarrollo de estas ramas en el tiempo, su evolución históri- 
ca, en una palabra, es naturalmente el testimonio más alto, la ul- 
tima ratio que. en pro desús gestiones pueda darse; en lo siguiente 
trataremos de esbozarla á grandes rasgos (1). 



(1) Las consideraciones apuntadas en el curso del siguiente bosquejo histórico 
fueron en gran parte objeto del discurso inaugural del curso libre de Histología 
dictado el presente año. 



116 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



Al reseñar las diversas fases que ha debido atravesar la conside- 
ración científica de la estructura y génesis de los organismos ani- 
males antes de su actual florecimiento, es necesario proseguir con 
estricta consecuencia la marcha del pensamiento en cada una de 
ellas, sin perder de vista el apoyo que á los estudios en cuestión 
han prestado las ciencias hermanas. 

Así como la creación de clasificaciones artificiales y naturales 
era condición indispensable para toda visión de conjunto que abra- 
zara las analogías y diferencias que separan los diversos grupos de 
la escala animal, y que sin el conocimiento acabado de su distri- 
bución geográfica apenas hubiera sido posible explicar el «cómo» 
y el «por qué» de esas acciones (ya observadas mucho antes de Hi- 
pócrates) que sobre los seres vivos ejercitan «el aire, el agua y los 
lugares», así también la Anatomía comparada nació en un princi- 
pio como modesto arte zootómico en el seno de la Fisiología y el 
conocimiento de los restos fósiles de generaciones pasadas ha fun- 
dado las ideas de parentesco entre los organismos que registra la 
historia de la tierra. 

Ligadas en un principio, las diversas disciplinas que hoy recon- 
centran los esfuerzos tendentes á la investigación de la Naturaleza 
han crecido por cierto tiempo separadas, constituyendo cada una 
para sí su historia propia, pero lejos de seguir direcciones diver- 
gentes, semejan, antes que vegetaciones aisladas é inconexas, raí- 
ces que marchan á reunirse en el tronco de una ciencia única. 

El error antropocéntrico que aun hoy vemos dominar la filosofía 
délos monopsiquistas y que les lleva á formular el axioma «ni/nl 
est in universo quod non antea fuerit in intellectu » y el de que « uni- 
versus est pars animce nostrce », exigió también á la ciencia de los 
antiguos, explicaciones rápidas é inmediatas sóbrelas formas y 
procesos de la Naturaleza, entregándola á hipótesis aventuradas, 
destinadas á esclarecer los problemas más confusos. 

Razones esta que impidió á la Anatomía comparada seguir en 
sus primeros balbuceos el camino lógico que nuestros actuales cono- 
cí mientes determinan y que, partiendo del estudio de los organis- 
mos más simples, funda por sucesivos desarrollos la historia de la 



EL MÉTODO COMPARADO Y GENÉTICO 117 

génesis de los más complicados. Ora groseramenle mecánico, ora 
exclusivamente espiritualista, el estudio de los procesos que go- 
biernan la formación del mundo animal olvidó los beneficios de 
una inducción rigurosa para pretender, por consideraciones aprio- 
rísticas, que todo se halla en la Naturaleza bella y adecuadamente 
arreglado v que los mismos órganos, según su significado, han sido 
llevados á determinados sitios de la economía. 
• Así también; echando una ojeada al estado de cosas que dominó 
en la ciencia anatómica y zoológica hasta fines del siglo xviii, puede 
comprobarse la ausencia de toda aplicación del método genético al 
estudio de los seres vivos, malgrado el progreso que para ella su- 
ponían la idea de la unidad de estructura de los animales y la cla- 
sificación preliminar y segura que la ponía al abrigo de confundir 
los objetos propios á esa « scientia omnium amplissima ob tot tan- 
taque obiecta» (Linneo). 

No obstante la sorprendente similitud de muchos animales, 
careció de base científica durante toda la antigüedad la idea de 
su encadenamiento ó afinidad. Antes de los griegos faltaba aún to- 
da palabra destinada á designarla, siendo notable esta ausencia en 
un idioma tan rico como el sánscrito en que « kula y gotra no indi- 
can comunidad de origen y gdti, que por su raíz corresponde al 
griego yér¡oq, sólo es empleado en sentido filosófico» (Carus). Fácil, 
en cambio, es seguirá través de Homero, Heródoto y Aristóteles la 
génesis de una serie de expresiones destinadas á designar el paren- 
tesco entre las familias, para llegar con el último de dichos auto- 
res á los yerr¡ ¡jiyi^xa, los arf/sveTa, los p-opf^ arf/evó-uaír), que correspon- 
den á nuestra expresión biológica de afine, y fundan y promueven 
nuestro concepto actual del «género». 

El estudio de la estructura de los animales, que muchos siglos 
después debía fundar con base científica dicho concepto de afini- 
dad, continuaba en tanto en manos délos sacerdotes y de losaugu- 
res, que tenían, por sus ocupaciones habituales, mejor ocasión de 
investigar el cuerpo del hombre y délos animales. Con relación á 
la medicina hallábanse las ciencias naturales, en efecto, en una re- 
lación de dependencia, cuyas nocivas consecuencias percibimos aún 
en nuestros días. Así también ninguna rama del saber humano 
tuvo que combatir con prejuicios tan tenaces como los que en un 
principio detuvieron en su marcha á la ciencia del desarrollo de 
los organismos y de las razas. 

Es necesario para encontrar por fin los primeros bosquejos de la 



118 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Morfología científica llegar hasta Aristóteles, que por sus trabajos 
merece ser celebrado en verdad entre los primeros fundadores de 
aquella, no obstante que su concepto de la organización animal, 
impregnado de una teleología estrecha, le vedaba emprender toda 
explicación mecánica de las estructuras animales, malgrado las 
tentativas prematuras de Empedocles (que floreció 440 años antes 
de J. O- 

Admirable, sin embargo, es el acierto con que Aristóteles llegó á 
establecer ciertas leyes formativas cuja trascendencia sólo fué reco- 
nocida más tarde, la de la correlación de las partes, por ejemplo, 
que contribuyó á fundar sin duda sus ideas sistemáticas y fisioló- 
gicas. Al frente de ellas no puso en verdad jo que desde Cuvier acá 
llamamos tipo ó p/anc/e/brmació?! y que tantos servicios ha prestado 
á la Anatomía, haciéndola entrar en el rango de las ciencias induc- 
tivas. Pero obtuvo sí, por una observación apasionada de la estructura 
y de la vida animal, el concepto de relaciones morfológicas generales 
(que se deducen de los ejemplos de economía ó compensación del 
crecimiento que presenta), coincidentes hasta cierto punto con lo 
que en nuestro tiempo ha denominado J. B. Meyer « ley del equili- 
brio armónico ». 

Pero al lado de la perspicacia que desarrolló al descubrir estas 
correlaciones cuyos últimos fundamentos aun se ignoran, bastaría 
para inmortalizar su nombre el hecho de haber sido el primero que, 
de acuerdo con un plan científico, creó un tratado del reino animal, 
permitiendo así que el descubrimiento de nuevos métodos de inves- 
tigación y el perfeccionamiento de otros ya existentes ampliara y 
reformara el amplio edificio ya trazado. 

Á su lado resultan de valor muy secundario para el desarrollo 
de la Anatomía comparada los trabajos de Claudio Galenus (131- 
í>fOI después de J. C), el más grande pero también el últimoanató- 
mico de la antigüedad. 

Las convulsiones que precedieron y siguieron á la caída del im- 
perio romano, comparables á explosiones volcánicas, cubrieron con 
escorias y cenizas los sólidos cimientos de la ciencia de la antigüe- 
dad, borrando hasta el recuerdo de muchas obrasen que, cernién- 
dose sobre el rico y complicado espectáculo de la vida animal, des- 
plegaran sus alas por entero las facultades analíticas y sintéticas 
del pensamiento. 

Fué necesario que tornara á descubrirse el prodigioso arte déla 
imprenta para que, á impulsos de la difusión de las obras de los an- 



EL MÉTODO COMPARADO Y GENÉTICO 119 

tiguos, se hicieran accesibles sus beneficios á un círculo cada vez 
más vasto de pensadores que, si no pretendieron sorprender acto 
continuo las secretas leyes de la Naturaleza, diéronse por lo menos 
á discernir en las autoridades clásicas lo cierto de lo dudoso, notando 
■cuan turbias liabían sido hasta entonces las fuentes del saber. 

Las tendencias de la filosofía escolástica, imponiendo confianza 
ilimitada en estas últimas, detuvo por un momento la marcha se- 
guida por la ciencia en su afán de indagar los procesos de la vida 
por la observación directa de la Naturaleza. Único aliciente para 
esta última fueron en efecto, por mucho tiempo, las necesidades 
de la materia médica, que se proponía descubrir nuevos «simples» 
mediante el conocimiento de las formas vegetales. El reino animal , 
en cambio, sólo excitaba el interés de los letrados como tema de la 
inagotable facundia con que se exaltaba el maravilloso carácter de 
las creaciones de Dios. Apenas si, al lado de estas conside^-aciones, se 
concebía la importancia que para el arte de curar podía tener un 
conocimiento más acabado de la historia natural de los animales, 
ya que no en el sentido fisiológico y comparado, demasiado lejano 
todavía, por lo menos en el biológico y terapéutico. 

La duda, ese factor potente de progreso, vertió en primer lugar 
su levadura en las más vastas cuestiones filosóficas, aquellas por 
lasque, en línea recta se creía llegar á la Verdad, las cuestiones 
religiosas, en una palabra, y sólo holló más tarde y sucesivamente 
los diversos dominios del saber, conmoviendo en sus más íntimos 
resortes á la humanidad que impulsara con el genio de Lutero, 
Hooker, Rabelais, Copérnico, Keppler, Galileo, Descartes y Bacon. 

Las obras de Wotlon (1492-1555) y de Gesner (1515-1565) abren 
así en el siglo xvi una era de renacimiento en la consideración cien- 
tífica délas formas animales, que trataron de enumerar y clasifi- 
car partiendo del concepto aristotélico y de acuerdo con el estado 
de los conocimientos zoológicos de la época. Muy sensible es en 
ellas sin embargo la ausencia de consideraciones anatómicas gene- 
rales que, permitiendo la génesis de ideas de conjunto, hicieran 
posible la apreciación científica de las clases animales. Por esta 
razón las descripciones de Gesner, como las de Ulisses Aldrovandi 
(1522-1605) y de Johnston, que florecieron en el siglo siguiente, se 
muestran bajo este punto de vista aisladas é inconexas, no pudién- 
doseles asignar otro valor que el de compilaciones masó menos 
vastas, ajenas las más veces á toda investigación personal y casi 
siempre á los estímulos de la Anatomía comparada. 



120 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



II 



Esta última no se había constituido aún como ciencia autó- 
noma, cujo objeto residiera en sí misma : hallábase, con respecto 
á la medicina en un estado de relativa dependencia del cual, con 
grave perjuicio para ambas, no ha podido libertarse por completo. 
Ya en aquel entonces se establecieron sin duda reales comparacio- 
nes, extrañas á toda aplicación práctica inmediata ; pero el princi- 
pal impulso que condujo, por el análisis de los detalles anatómicos, 
á una concepción más amplia de la estructura de los animales, 
debió su origen á las discusiones suscitadas acerca de la validez 
de las autoridades clásicas, sobre temas conexos á las necesidades 
médicas y fisiológicas. Por esta razón fueron anatómicos y no zoó- 
logos los que, por descripciones directas de la naturaleza, hicieron 
dar al movimiento reformador un paso decisivo, entregando al olvi- 
do el « magister dixit » que tantos obstáculos opusiera al Renaci- 
miento. 

El más grande anatómico de aquel tiempo, Andreas Vesalius (Wit- 
ting de Wesel, 1514-1564), en su obra fundamental, aparecida en 
1543, «Sobre la estructura del cuerpo humano», fundó en parte 
sus concienzudas descripciones en el estudio anatómico délos ani- 
males. Tratábase en aquella época de defender ó refutar á Galeno, 
así como en otros dominios del saber sólo se procuraba combatir 
en pro ó en contra de Aristóteles. Como dice un notable publicista, 
Vesalio dio el paso decisivo, «de Galeno á la Naturaleza», é hizo 
notar que, si sus descripciones contradecían en parte las de aquel, 
causa era de ello en buena parte el hecho de haber tenido en vista 
otro objeto de estudio. Sus descripciones, enriquecidas con graba- 
dos que utilizó el reformador de la cirugía, Ambroise Paré (1517- 
1590), contribuyeron en gran manera á que se determinaran de 
una manera precisa en el dominio de ésta, los hechos que debían 
fundar su actividad. En esta última lucha entre la tradición y el 
nuevo espíritu se distinguieron entre los defensores de Galeno ana- 
tómicos como Bartolomeo Eustachio, que refirió el origen de algu- 
nas aparentes contradicciones á la variabilidad propia á ciertas 
disposiciones anatómicas. 

La osteología del hombre y de los animales superiores concentró 
en un principio la atención délos anatómicos, dando lugar á que 



EL MÉTODO COMPARADO Y GENÉTICO 124 

Paré comparara los esqueletos de un mamífero y de un ave con el 
del hombre, é indicara expresamente las partes correspondientes ; 
así también Riolano el joven (1577-1657) describió en su osteogra- 
fía del hombre el esqueleto del mono, y Volcher Coiter ('1535-1600) 
comparó los huesos de fetos humanos y del niño con el esqueleto 
del adulto. 

Coiter contribuyó también al conocimiento de la zootomía en ge- 
neral, investigando las partes blandas de las diversas clases de 
vertebrados (con excepción de los peces), pero se limitó á poner 
las formas animales unas al lado de las otras, sin establecer com- 
paraciones, y ni siquiera prosiguió la observación á través de un 
gran número de animales en los órganos que desempeñan la misma 
función. Fué de gran alcance para su época, sin embargo, su acción 
científica, porque nunca hubiera podido la Anatomía comparada 
elevarse á la categoría de ciencia morfológica autónoma, sin una 
cantidad de facía suficiente para establecer por inducción las leyes 
que la rigen. 

(Continuará) 



LAS 

MEJORAS EDILIGIAS DE BUENOS AIRES 

Por CARLOS MARÍA MORALES 

MEMORIA PRESENTADA IL SEGUNDO CONGRESO CIENTÍFICO LATINO-AMERICANO 
REUNIDO EN MONTEVIDEO 

(Conclusión) 



Plazoletas (sección sud) 

Metros cuadrados 

56 . Plazoleta Alsina 1 36 

57. » Brasil (Puerto) 2.250 

58. » Vélez Sarsfield (frente Comisaria 27"). . 1.100 

Superficie total de plazoletas (sud). 3.48fi 

Plazoletas {sección norte) 

Metros cuadrados 

59. Plazoleta Viamonte 636 

60. )) del Carmen 1 .63á 

61. )) Meló (Centro América) 1.200 

62. » Esmeralda (San Martin) 1 .500 

Superficie total de plazoletas (Norte) 4.968 

Hospitales 

Metros cuadrados 

63. Hospital Rawson 41.530 

64. » San Roque 19.713 

65. » de las Mercedes. 48.775 

66. )) Pirovano 2.960 

67. )) Flores 1 .200 

68. )) del Norte 780 

69. )) de la Boca 857 

Superficie total de jardines. 115.815 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 123 

Plazas, jardines y varios en formación 

Metros cuadrados 

70. Plaza 9 de Julio 86.400 

71 . )) Brown (Boca) 8.360 

72. )) Gallo 880 

73. )) Guanacalla (Belgrano) 11.400 

74. Ensanche Jardín Botánico (Vacuna) 9.600 

75. Jardín Japonés (Paseo de Julio á Callao y Parque 

Intendente Alvear 55.523 

Superficie total 1 72.1 63 



RESUMEN 

Metros cuadrados 

1 . Parques 4.057.069 

( Plazas (Sección sud) 222.170 

^'\ )) (Sección norte) 335.100 

3. Paseos 54.994 

4 . Jardines 394.452 

( Plazoletas (Sección sud) 3.486 

'{ )) (Sección norte) 4. 968 

6 . Jardines en los Hospitales 11 5.81 5 

7. Plazas j Jardines (en formación) 172.163 

Total general 5.360.21 7 

Metros cuadrados 

Sea : quinientas treinta y seis hectáreas, y con el 

Parque del Oeste proyectado 7.060.271 

Plantaciones 

En el año 1900, las plantaciones de árboles y arbustos han al- 
canzado á un total de 355.275 ejemplares, cuyo detalle es el si- 
guiente : 

Parque « 3 de Febrero )) árboles 262.062 

Avenidas y calles » 21.127 

Plazas y paseos árboles y arbustos. . 25.819 

Reparticiones municipales » » .. 8.606 



124 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Reparticiones nacionales árboles y arbustos 
Gobernaciones y Municip. » » 

Asilos, Colegios, etc. » » 

Comisarías » » 

Varios » » 

Total general 



5.766 


7.286 


5.314 


1.015 


18.280 



355.275 



Vivei'o de árboles 

Para asegurar el servicio de las plantaciones, la Municipalidad 
cuenta con cuatro centros de reproducción y formación de árboles : 

1° El Jardín Botánico (norte). — Centro de estudio y reproducción 
de plantas y árboles de adorno, de introducción reciente en los 
cultivos. 

Existencia actual : 

Plantas en tinas 66 

» en macetas 22.353 

» de adorno (palmeras, etc.).. . . 3.625 

Arboles y arbustos 1 9.307 45.351 

2° Jardín Caseros (sud). — Lugar de reproducción en grandes 
cantidades de árboles y plantas necesarias para la formación délos 
paseos nuevos. 

Plantas en tinas 495 

» en macetas 56.327 

» de adorno (palmeras, etc.).. . . 1.927 

Arboles y arbustos 8.200 66.949 

3° Vivero Maldonado (norte). — Donde se crían los árboles para 
formación de bosques en los parques, para las avenidas urbanas, etc. 
Existencia actual : 

Arboles 563.327 

Arbustos . . . 12.320 

Plantas de adorno (palmeras, etc.).. . 830 576.477 

4° Vivero Rivadavia (sud). — Criadero de árboles para avenidas^ 
Existencia actual : 



LAS MEJORAS EDILICIAS DE BUENOS AIRES 425 

Arboles 19.635 

Arbustos 7.327 26.962 



RECAPITULACIÓN DE LAS EXISTENCIAS ACTUALES 

Jardín Botánico (norte) 45.351 

Jardín Caseros (sud) 66.949 

Vivero Maldonado (norte) 576.477 

Vivero Rivadavia (sud) 26.962 

Total general 715.739 

Y- 

El año 1898 elevé á la Intendencia un proyecto para la fornna- 
ciónde una gran Avenida de 100 metros de ancho, que partiendo 
de la Dársena Norte iría á ternainar en la Avenida Sarmiento en Pa- 
lermo. Con este proyecto se ganan al río 750.000 metros cuadrados 
libres de calles, cuya venta contribuiría á costear la ejecución de 
esta obra que si llega á realizarse será un hermosísimo paseo de 5 
kilómetros de extensión sobre el Río de la Plata. Más tarde quizá 
pueda prolongarse hasta Belgrano en su intersección con la Aveni- 
da, también de 100 metros, que debe separar el Municipio déla 
Capital de la Provinciade Buenos Aires; éstaAvenida sigae hasta 
el Riachuelo que debe ser rectificado como ya he dicho, y á lo lar- 
go del cual se formará también un paseo, viniendo á cerrarse este 
gran circuito con los jardines que ya existen en los paseos Colón y 
de Julio. 

• • 

He terminado ésta Memoria en que he tratado de presentar 
en forma sintética parte de los trabajos realizados en Buenos Aires 
en los últimos 20 años. Mucho más de lo que dejo enumerado se 
ha hecho y mucho queda por hacer aún, pero es de esperar que 
ésta marcha hacia un futuro engrandecimiento no se vea interrum- 
pida, ni en ía República Argentina ni en ningún otro país de Amé- 
rica, de ésta América en la que hay tierra fecunda para que á la 
sombra de la concordia de todos los pueblos que la forman pueda 
la ciencia dar sus frutos en todos los ramos del saber humano. 

Carlos M. Morales. 

Buenos Aires, marzo de 1901 . 



i 26 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



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LOS NUEVOS SOCIOS CORRESPONDIENTES 



FLORENTINO AMEGHINO 



SOCIO CORRESPONDIENTE EN LA PLATA 



Entre el limitado número de argentinos que han dedicado su 
vida por entero á investigar los antecedentes de la historia física y 
moral del extremo sud de América, ocupa el doctor Florentino 
Ámeghino el lugar más distinguido. Su constante labor, sus tras- 
cendentales trabajos y la seriedad de su producción en general han 
hecho que su fama de hombre de ciencia haya traspasado los límites 
de nuestro país para ir á llamar la atención de los más concien- 
zudos investigadores de Europa y Estados Unidos, quiénes no han 
tenido inconveniente alguno en admitirle en el selecto Areópaga 
formado por los Lydekker, los Woodwards, los Gaudry, los Zittel , los 
Cope, los Scott y tantos otros que han ilustrado la ciencia con sus 
producciones. 

El doctor Ámeghino es joven aún pues nació ellS de septiembre 
de 1854 en la Villa de Lujan (provincia de Buenos Aires) y las di- 
ferentes etapas de su vida se hallan perfectamente caracterizadas. 
De los años 1860 á 1867 fué alumno de la escuela elemental de 
aquella villa, en 1868 ayudante en la misma escuela, en los años 
1869 y 1870 estudiante en el antiguo Colegio Normal de Buenos 
Aires ; 1871 á 1876 sub-preceptor en el colegio municipal de Mer- 
cedes (provincia de Buenos Aires), 1876 á 1877, director del mismo 
establecimiento. Durante los años 1878 á 1882 realiza un viaje de 
estudio á Europa. Regresa á Buenos Aires y de 1882 á 1884 instala 
una pequeña librería en dicha ciudad ; 1884 á 1886 catedrático de 
la universidad de Córdoba. Al finalizar este último año es llamada 



128 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

á ocupar el puesto de sub-director del museo de La Piala, destino 
que abandona en 1887 cuando creyó herida su delicadeza personal; 
hasta que por último desde 1892 á 1901 mantiene una librería en 
La Plata obligado por la inexorable ley de la strugle for Ufe. 

Estos datos á pesar de lo sintéticos que son dan elementos sufi- 
cientes para presentar al doctor Ameghino como un verdadero tipo 
de self made man y de un constante luchador. Tiene una otra cua- 
lidad el doctor Ameghino, una exagerada modestia, condición 
rarísima en nuestro país donde germinan un enjambre de pe- 
queñas miserias engendradas por el aplauso prodigado servilmente 
y poruña mal entendida emulación y pedantería sin límites: su 
obra es grande y por cierto perdurará por largo tiempo. 

En un principio sus investigaciones fueron bien distintas de las 
que hoy realiza. Durante un buen número de años se dedicó con 
preferencia á estudiar el origen de los primitivos habitantes de 
nuestra República, siendo su primer trabajo publicado en el Jour- 
nal de Zoologie de París y en el cual describía una serie de restos 
del hombre y objetos de su industria, mezclados con despojos de 
animales cuaternarios hallados en las proximidades de Mercedes, 

A partir de esa época comienza una lucha continua en favor de 
sus ideas que admitían la posibilidad déla coexistencia del hombre 
con los mamíferos extinguidos de las formaciones antiguas de la 
Argentina, en la que alcanzó un completo triunfo. Durante su es- 
tadía en Europa realiza una serie de detenidas excursiones al 
clásico yacimiento de Chelles cuyos resultados publica en íaRevue 
d' Anthropologie y el Bulletin de la Société d' Anthropologie de 
París. 

Fué también por aquella época que lanzó á la publicidad su gran- 
de obra La antigüedad del hombre en el Piala (dos volúmenes en 
8°), en la que reunía y presentaba bajo una forma científica los 
conocimientos que hasta entonces se tenían sobre la antigüedad del 
hombre en Sud América y á los que agregaba numerosísimas 
observaciones y hallazgos hechos personalmente por el autor. No 
obstante haber transcurrido tanto tiempo desde su publicación es 
la fuente obligada de los que actualmente investigan la prehistoria 
argentina. 

Luego de publicada esta obra comienzan á manifestarse en el 
doctor Ameghino señaladas tendencias á especializarse en el es- 
tudio de la Paleontología y Geología que ya habían tenido sus co- 
mienzos al publicar en 1880 en colaboración con el profesor H. 



LOS NUEVOS SOCIOS CORRESPONDIENTES iÍ9 

Gervais, Los mamíferos fósiles de la América meridional. Ya imbuido 
en esta clase de investigaciones publica su libro Filogenia, princi- 
pios de clasificación transformista basados sobre leyes naturales y 
proporciones matemáticas, en el que pone de manifiesto su autor lo 
profundo de sus conocimientos y la originalidad de sus teorías no 
obstante que aquel trabajo fué escrito « viéndome — dice el autor 
— en la obligación de procurarme el alimento cotidiano atendien- 
do un negocio de librería, y escribo cada renglón de esta obra 
entre la venta de cuatro reales de plumas y un peso de papel ». 

En 1889 publica su monumental Contribución al conocimiento 
de los mamíferos fósiles de la República Argentina, dos gruesos vo- 
lúmenes en folio, estudio que fué premiado con medalla de oro en 
la Exposición de París de ese mismo año. Numerosísimas mono- 
grafías ha publicado en los últimos años las que han aparecido en 
la prensa diaria y las revistas científicas más acreditadas del país 
y del extranjero. 

Aun más, el doctor Ameghino ha llevado su altruismo por la 
ciencia hasta mantener con su propio peculio detenidas explora- 
ciones en la Patagonia, para las cuales ha encontrado su más 
decidido colaborador en su hermano Carlos, quien desde 1887 hasta 
la fecha ha realizado numerosísimos viajes en los que ha obtenido 
proficuos resultados. 

Ha presentado sus trabajos en cinco exposiciones habiendo obte- 
nido las recompensas siguientes: 

Primer concurso y exposición de la « Sociedad Científica Argen- 
tina » en 1875 : mención honorífica. 

Exposición Universal de París de 1878 : medalla de bronce. 

Exposición continental de Buenos Aires de 1882 : primer premio, 
medalla de oro. 

Exposición de París de 1889 : primer premio, medalla de oro. 

Exposición de Chicago : primer premio. 

En cuanto á los cargos honoríficos con que ha sido distinguido 
recordamos las siguientes : Doctor honoris causa de la Facultad de 
Ciencias fisico-matemáticas de ¡a universidad de Córdoba (Repú- 
blica Argentina) ; catedrático titular de Geología y Mineralogía de la 
misma facultad en la universidad de La Plata (República Argen- 
tina) y Académico titular de la misma ; antiguo catedrático de Zoo- 
logía y Anatomía compai'ada en la universidad de Córdoba, ex 
miembro académico de la Facultad de ciencias físico-matemáticas 
y de ciencias médicas de esa universidad ; ex miembro académico 

APÍ. SOC. CIENT. ARG. — T. LIl O 



430 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

y ex vice decano de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la 
provincia de Buenos Aires; ex vice director del museo de La Plata ;. 
Ex conservador del museo de Paleontología, Antropología y Zoología 
de la universidad de Córdoba, etc., etc. 

Forma parte, entre otros, de los centros científicos siguientes: 

Presidente honorario de la Sociedad Amigos de la Historia Na- 
tural del Paraná, Miembro honorario de la Sociedad Científica 
de Chile, Corresponsal de la Sociedad Zoológica de Londres, de 
la Academia de Ciencias de Filadelfia, del Instituto Geográfico 
Argentino, de la extinguida Sociedad Geográfica Argentina, de 
la Sociedad Científica Antonio Álzate de México, de la Sociedad 
de Historia Natural de Nimes, de la Sociedad de Ciencias Na- 
turales y Matemáticas de Cherbourg de la Academia Hippone 
(Bone, Argel), Miembro activo de la Academia Nacional de Ciencias 
de la República Argentina, de la Sociedad Geológica de Francia, 
de la Sociedad de Antropología de París, de la Sociedad Geográfica 
francesa, etc., etc. 

Y es en esta clase de ejemplos de laboriosidad persistente, de 
estudio constante, de vida fecunda en que deben inspirarse los 
frivolos elementos de las jóvenes generaciones y no en las críticas 
soñolientas de políticos aburridos que enrrostran á la juventud 
para evitar el tedio que les invade en un ocaso improductivo. 

Como complemento de esta breve nota biográfica presentamos á 
continuación los antecedentes de la nobleza intelectual del doctor 
Florentino Ameghino. 

F. F. 0. 



Nouveaux débris de Vhomme et de son industrie, mélés a des ossements d'ani- 
maux quaternaires, recueülis pres de Mercedes. En el Journal de Zoologie, 
vol. V, pág. 27. París, 1875. 

Ensayos para servir de base d un estudio de la formación pampeana. Merce-. 
des, 1875. 

Notas sobre algunos fósiles nuevos de la formación pampeana, in-8°, 8 pág., 
Mercedes, ¡,1875. 

El hombre cuaternario en la pampa. Memoría presentada á la Sociedad Cientí- 
fica Argentina, 1876. (No se ha publicado). 

Ensayos de un estudio de los terrenos de transporte cuaternarios de la pro- 
vincia de Buenos Aires. Memoria presentada á la Sociedad Científica Argentina eu 

1876. (No se ha publicado). 

El hombre fósil argentino. Articulo publicado en La Libertad del 27 de marzo d& 

1877, en La Prensa del 27 de marzo y en La Reforma del 3 de abril del mismo año. 



LOS NUEVOS SOCIOS CORRESPONDIENTES 431 

Noticias sobre antigüedades de la Banda Oriental. In-12° de 80 páginas con 
tres láminas fotografiadas, Mercedes, 1877, 

Llwmme préhislorique dans le bassin de la Plata. En los Comptes-Rendus 
sténographiques du Coiígrés iiiternational des scicnces anthropologiques, tenu a 
París du 16 au 21 aout 1878- 

Catalogue spécial de la section anthropologique et paléontologique de la Répu- 
blique Argentine a l'Exposition Universelle de 1878. In-8° de 80 pág., 1878. 

Llwmme ■préhislorique dans La Plata. In-8° de 40 pág., en La Revue d'An- 
Ikropologie, ser. 2% vol. II, pág. 210, 1879. 

Inscripciones antecolombianas encontradas en la República Argentina, con 
dos láminas fotografiadas. En los trabajos del Congreso internacional de Ameri- 
canistas de Bruselas, 1879. 

La plus haute antiquité de Vhomme en Amérique, con una lámina litografia- 
da. En los trabajos del Congreso internacional de Americanistas de Bruselas, 
y en Comptes-Rendus du Congrés des Anie'ricanistes de Bruxelles, 1880. 

Armes et instruments de Vhomme préhislorique des Pampas. In-8° de 16 pág. 
y tres grandes láminas litografiadas. Paris, 1880. tn la Revue d'Anthropologie , 
vol. III, serie 2% pág. 1 y sig., 1880. 

Los mamíferos fósiles de la America Meridional. En colaboración con el doc- 
tor H. Gervais. Con doble texto, español y francés, in-8'' de 225 pág. París, 1880 
y Buenos Aires. 

La formación Pampeana. Un vol. in 8° de 370 pág. con dos grandes láminas 
litografiadas. París y Buenos Aires, 1880. 

Sur quelques excursions aux carriéres de Chelles fenvirons de Paris). Super- 
position du Moustérien au Chelléen et du Robenhausien au Moustérien. En los 
Bulletins de la Société d'Anthropologie de Paris, troisiérae serie, vol. III, pág. 
638-646, con dos grabados intercalados. París, 1880, 

Nouvelles recherches sur le gisement de Chelles. En Bull. etc., serie 3% t. 4°. 
pág. 96-101, 1881. 

Recherches sur le gisement de Chelles. En Bull. etc., serie 3% t. 4°, pág. 192- 
206, con tres grabados intercalados, 1881. 

Elude sur le gisement de Chelles. En Bull. etc., serie 3\ t. 4", pág. 558 y sig. 
con dos grabados intercalados, a. 1881. 

Le quaternaire de Chelles. Bulletin de la Société Géologique de Frunce, ser. 
3% t, IX, con grabados intercalados. 1880-81. 

La antigüedad del hombre en el Plata. 2 vol. in-8'' de 600 páginas cada uno, 
con 25 grandes láminas litografiadas y 700 figuras representando objetos prehis- 
tóricos de diferentes épocas, encontrados en la región del Plata. París y Buenos 
Aires, 1880-81. 

Taquigrafía Ameghino. Nuevo sistema de escritura, in-4°. Buenos Aires 
1881. 

Catálogo explicativo de las colecciones de antropología prehistórica y de pa- 
leontología, de Florentino Ameghino. In-8" de 8 pág. 

Anexo al catálogo de la sección de la provincia de Buenos Aires. En la E.xpo- 
sición Continental Sud-Americana, marzo de 1882. Pág. 35-42. 

La edad de la piedra. En el Bol. Tnst. Geog. Arg., t. III, pág. 189-204,' 1882. 

Un recuerdo á la memoria de Darwin. — El transformismo considerado como 
ciencia exacta. Bol. etc., t. III, ent. XII, pág. 205 y sig., 1882. 



132 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Sobre la necesidad de horrar el género Schistopleurum y sobre la clasificación 
y sinonimia de los Glyptodontes en general. In-S" de 34 pág., 1883. Bol. Acad. 
etc., 1. V, pág. 1-34, 1883. 

Sobre una colección de mamíferos fósiles del piso mesopotámico de la forma- 
ción patagónica, recogidos en la barranca del Paraná por el profesor Pedro 
Scalabrini. In-8" de 18 pág., 1883. Bol. etc., t. V, pág. 101-116, 1883. 

Sobre una nueva colección de mamíferos fósiles recogidos por el profesor Pe- 
dro Scalabrini en las barrancas del Paraná. In-8'' de 50 páginas, 1883. Bol. 
etc., t. V. pág. 257-306, 1883. 

Excursiones geológicas y paleontológicas en la provincia de Buenos Aires. 
Ia-8° de 99 páginas con una gran lámina y grabados intercalados, 1884. Bol. 
etc., t. VI, pág. 161-257, 1884. 

Las secas y las inundaciones en la provincia de Buenos Aires. Disertación 
leída el 16 de mayo 1884 en el instituto Geográfico Argentino. Bol. etc., t. V, 
pág. 106-124, 1884. 

Filogenia. Principios de clasificación transformista basadas sobre leyes natu- 
rales y proporciones matemáticas. Un volumen in-8° de LVII-390 páginas, con 
grabados intercalados, cuadros, árboles genealógicos, etc., 1884. 

Nuevos restos de mamíferos fósiles oligocenos recogidos por el profesor Pedro 
Scalabrini y perteneciente al Museo provincial de la ciudad del Paraná. In-8'' de 
205 páginas. Bol. Acad. etc., t. VIIÍ, pág. 5-207, 1885. 

Informe sobre el Museo Antropológico y paleontológico de la Universidad na- 
cional de Córdoba durante el año 188ií. In-8° de 16 páginas, Bol. etc., t. ^lll, 
pág. 347-360, 1885. 

Oracanthus Burmeisteri. Nuevo edentado extinguido de la República Argentina. 
ín-8° de 8 páginas con una lámina, En Bol. etc., t. Vil, pág. 499-504, 1885. 

Oracanthus y Ccelodon. Géneros distintos de una misma familia. In-8'' de 8 
páginas, Bol. etc., t. VIII, pág. 394-398, 1886. 

Oracanthus und Caelodon verschiedene Gattungen einer und derselben familie. 
In-S" de 4 páginas. Extracto de las Actas de la Academia de Ciencias de Prusia, 
1886. En Sitzungsberichte der Koniglich preussischen Akademie der Wissenschaf- 
ten, t. XXIV, Berlin, 1886. 

Contribuciones al conocimiento de los mamíferos fósiles de los terrenos ter- 
ciarios antiguos del Paraná, por F. Ameghino. In-8' de 226 páginas. Bol. etc., 
t. IX, pág. 5-228, 1886. 

Las secas y las inundaciones en la provincia de Buenos Aires. In-12'' de 102 
páginas, 1886. 

Monte- Hermoso. In-8'' de 10 páginas, 1887. 

Apuntes preliminares sobre algunos mamíferos extinguidos de Monte-Her- 
moso. In-S" de 20 páginas y dos láminas en fototipia. Buenos Aires, 1887. 

Observaciones generales sobre el orden de mamíferos extinguidos sudameri- 
canos llamados Toxodontes y sinopsis de los géneros y especies hasta ahora co- 
nocidos. In-folio de 66 páginas, 1887. 

El yacimiento de Monte-Hermoso y sus relaciones con las formaciones ceno- 
zoicas que lo han precedido y sucedido. Conferencia dada en la Sociedad Cientí- 
fica Argentina el 28 de julio de 1887 y publicada en los números de La Nación 
del 5 y 6 de agosto del mismo año. 

Enumeración sistemática de las especies de mamíferos fósiles coleccionados 



LOS NUEVOS SOCIOS CORRESPONDIENTES 133 

por Carlos Aineghino en los terrenos eocenos de la Patagonia Austral. In-S" de 
26 páginas, 1887. 

Rápidas diagnosis de algunos mamíferos fúsiles nuevos de la República Ar- 
gentina. In-S" de 17 páginas, 1888. 

Lista de las especies de mamíferos fósiles del mioceno superior de Monte- 
Hermoso hasta ahora conocidos, In 8° de 21 páginas, 1888. 

El temblor del 4 de junio f-lSSSj ; sus antecedentes geológicos. En La Nación 
del 14 de junio de 1888. En Revista Sociedad Geográfica Argentina, t. VI, pág. 
163-170, 1888. 

Los Plagiaiilacideos argentinos y sus relaciones zoológicas, geológicas y geo- 
gráficas. In-8' de 62 páginas con 10 grabados intercalados, 1890. En Boletín del 
instituto Geográfico Argentino, t. XI, pág. 143-208, 1890. 

Les mammiféres fossiles de la République Argentine, en Revue Scientifique de 
julio 1890, t. XLVI, pág. 11, y en Revista Argentina de Historia Natural, t. I, 
pág. 60-63, febrero 1891. Nouvelles explorations des gites fossiliferes de la Pa- 
tagonie australe, en Revue Scientifíque, t. XLVI, pág. 506-507, numero du 18 
octobre 1890. 

Físidn y rea¿idac¿ (alegoría científica). Conferencia dada el 17 de octubre de 
1889 por el Instituto Geográfico Argentino en honor del doctor Zeballos. Boletín 
del Instituto, t. XI, pág. 340-350, 1889. 

Una rápida ojeada á la evolución filog enética de los mamíferos. Conferencia dada 
en el Instituto Geográfico Argentino el 27 de mayo de 1889 en ocasión del 10° ani- 
versario de su fundación y publicada en el tomo X del Boletín dellnstituto, pág. 
163-174, 1889, y en Revista Argentina de Historia Natural, t. I, pág. 17-28, 
1891. 

Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la Repiiblica Argen- 
tina. (Obra premiada con medalla de oro en la Exposición Universa] de París). 
Un volumen in-folio de XXXII-1028 páginas con numerosos cuadros filogenéticos 
y grabados intercalados y un atlas de 98 láminas conteniendo más de 2000 figu- 
ras originales con sus correspondientes explicaciones, 1889 y en Actas de la Aca- 
demia Nacional de Ciencias de Córdoba, 1889. 

Trachytherus spegazzinianus. Nuevo mammífero fósil del orden de los toxo- 
dontes. In-12'' de 8 páginas. Mayo, 1889. 

Observaciones críticas sobre los caballos fósiles de la República Argentina. 
En Rev. Hist. Nat., pág. 4-7 y 65-88, con 18 grabados intercalados. Mayo, 1891. 
Tirage aparte, in-8° de 40 páginas. 

La cuenca del Río Primero en Córdoba, por G. Bodenbender. Revista crítica 
en Rev. Arg. de Hist. Nat., t. I, pág. 45-52. Mayo, 1891. 

Sobre algunos nuevos restos de mamíferos fósiles, recogidos por el señor Ma- 
nuel B. Zavaleta en la formación miocena de Tucumán y Catamarca, en Rev. 
Arg. de Hist. Nat., pág. 88-101, con 7 grabados intercalados. Abril, 189]. 

Revista Crítica y Bibliográfica. Exploración arqiieológica de la provincia de 
Catamarca. Paleontología, por F. P. Moreno y A. Mercerat, en Rev. Arg. de 
Hist. Nat.. t. I, pág. 199-207, con un grabado. 1891. 

Caracteres diagnósticos de cincuenta especies nuevas de mamíferos fósiles 
argentinos, en Rev. Arg. de Hist. Nat., t. I, pág. 129-167, con 60 grabados 
intercalados. Junio, 1891. 

Sobre la distribución geográfica de los creodontes, en Rev. Arg. de Hist. Nat., 



134 ANALES DE LA SOCIEüAL» CIENTÍFICA ARGENTINA 

t. I, pág. 214-219. Agosto, 1891 y en Crónica Científica de Barcelona, t. XlV, 
pág. 377 y sig. Octubre 1891. 

Mamíferos y aves fósiles argentinos. Especies nuevas, adiciones y correccio- 
■nes, en Rev. Arg. de Hist. Nat., t. I, pág. 240-259, con grabados intercalados. 
Agosto, 1891. 

Revista critica y hihliográfica. Sinopsis de la familia de los Astrapotheriida', 
por Alcides Mercerat, en Rev. Arg. de Hist. Nat., t. 1, pág. 275-280. 1891. 

Nuevos restos de mamíferos fósiles, descubiertos por Carlos Ameghino en el 
«oceno inferior de la Patagonia austral. Especies nuevas, adiciones y correccio- 
nes. In-S" de 42 páginas. Agosto, 1891 y en Rev. Arg. de Hist. Nat., t. I, pág. 
289 y sig. Octubre, 1891. 

Las antiguas conexiones del continente sud-americano y la fauna eocena 
argentina, en la Crónica Científica de Barcelona, t. XIV, pág. 152 y sig. Sep- 
tiembre, 1891 y en Rev. Arg. de Hist. Nat., t. I, pág. 123-126, 1891. 

Determinación de algunos jalones para la restauración de las antiguas cone- 
xiones del continente stcd-americano, en la Crónica Científica de Barcelona, 
t. XIV, pág. 399 y sig. Octubre, 1891 y en Rev. Arg. de Hist. Nat., t. I, pág. 
282-288. 

Revista crítica y bibliográfica. Burmeister, Adicioiies al examen de los mamí- 
feros fósiles tratados en el artículo cuatro anterior, en Rev. Arg. de Hist. Nat., 
t. I, pág. 259-290. 1891. 

Observaciones críticas sobre los mamíferos eocenos de la Patagonia austral, 
en Rev. etc., t. I, pág. 328-380, con 7 grabados intercalados. Octubre, 1891. 

Observaciones sobre algimas especies de los géneros Typotherium y Enteln- 
miorphus, en Rev. etc., t. I, pág. 433-437, con un grabado. Diciembre, 1891. 

Sobre la supuesta preseJicia de Creodontes en el mioceno superior de Monte- 
Hermoso, en Rev. etc., t. I, pág. 437. Diciembre, 1891. 

Los monos fósiles del eoceno de la República Argentina, en Rev. etc., t. I, 
pág. 383-397, con 18 grabados intercalados. Diciembre, 1891. 

Enumeración de'las aves fósiles de la República Argentina, en Rev. etc., pág. 
441-453, 1891. 

Sobre algunas especies de perros fósiles de la República Ar'gentiiia, en Rev. 
€tc., t. I, pág. 438-441, con dos grabados intercalados. 1891. 

Revista Argentina de Historia Natural, con la colaboración de los doctores 
E. L. Holmberg, Estanislao S. leballos, G. Bodenbender, Fed. Kurtz, Carlos Spe- 
gazzini, Félix Lynch Arribálzaga, etc., t. I, 1 vol. de 456 páginas in-8°, con 100 
grabados intercalados. 1891. 

Mamíferos fósiles argentinos. Especies nuevas, adiciones y correcciones, en la 

Crónica Científica de Barcelona, t. XIV, pág. 340-348 y 380-383. Septiembre, 1883. 

Bibliografía. La distribución geográfica de los moluscos de agua dulce. H. v. 

Ihering, üie geographische Vergreitung der Flussmuscheln], en Rev. etc., t. I, 

pág. 270-273. 1891. 

Repliques aux critiques du docteur Burmeister sur quelques genres de mam- 
mi f eres fossiles de la République Argentine, en Boletín de la Academia Nacional 
de Ciencias de Córdoba, t. XII, pág. 437-469 y tiraje aparte, in-8° de 35 páginas. 
1892. 

Les mammiféres fossiles de la Patagonie australe, en Revue Scientifique, 
t. LI, pág. 13-17, número del 7 de enero de 1893. 



LOS NUEVOS SOCIOS CORRESPONDIENTES 135 

Nouvelles découvertes dans la Patagonie Australe, en Revue Scientifique, 
t. LI, pág 731, numero du 10 juin 1893. 

New discoveries of Fossil Mammalia of Southern Patagonia, en American 
Naturalist, t. XX Vil, pág. 445 y sig. 1893. 

Les premiers mammiféres. Relations entre les mammiféres diprotodontes 
éocenes de VAmérique du Nord et ceux de la Républiqve Argentine, con grabados 
intercalados y una nota prefacio del doctor Trouessart, en Revue Genérale des 
Sciences purés et appliquées, 4° année, numero 3, pag. 77. 1893. 

Apuntes preliminares sobre el género Theossodon, con un'grabado intercalado, 
en la Revista del Jardín Zoológico de Buenos Aires, t. I, pág. 20-29, 1893. 

Sobre la presencia de vertebrados de aspecto mesozoico en la formación San- 
tacruceña de la Patagonia Austral, en Revista del Jardín Zoológico de Buenos 
Aires, t. I, ent. 3", pág. 75-84 y aparte de 9 páginas. Marzo, 1893. 

Énumération synoptique des espéces de mammiféres fossiles des formations 
éocenes de Patagonie. In-8° de 196 páginas y 66 grabados intercalados. Febrero, 

1894 y en Bol. Acad. Nac. de Cieñe, t. XIII. 1894. 

Sur les ongulés fossiles de V Argentine. Examen critique de l'ouvrage de M. R. 
Lydekker : A study of the extinct ungulates of Argentina, en Rev. del Jard. 
Zool. de Buenos Aires, t. II, pág. 219-303, 1894, con 19 grabados intercalados. 
Aparte, in-8° de 111 páginas. 

Terremotos, en La Prensa., noviembre 19 de 1894. 

Sur les oiseaux fossiles de la Paíap'ome,in-8°del04páginasy44grabados inter- 
calados, Buenos Aires 1895 y en Bol. Inst. Geog. Arg., t. XX, pág. 501-602, 1895. 

Premiére contribution a la connaissance de la faune mammalogique des con- 
ches a Pyrotherium, ia-S" de 60 páginas y 4 grabados intercalados. Buenos Aires, 

1895 y en Bol. Inst. Geog. Arg., t. XV, pág. 603-660. 1895. 

Sur les édentés fossiles de V Argentine (examen critique, revisión et correction 
de l'ouvrage de M. R. Lydekker, The extinct edentates of Argentina, etc.), en 
Bol. del Jard. Zool. de Buenos Aii-es, t. III, ent. á\ pág. 97-198, con numero- 
sos grabados. 

Notas sobre cuestiones de Geología y Paleontología Argentina. In-8° de 35 
páginas y en Bol. Inst. Geog. Arg., t. XVII, pág. 87-119, 1896. 

Sur l'évolution des dents des mamiféres. In-S" de 139 páginas con 4 grabados. 
Bol. Ac. N. €., t. XIV, pág. 381-517, 1896. 

Bibliografía. Manual de Paleontología por Carlos A. Zittel en Bol. Inst. Geog. 
Arg., t. XVII, pág. 231-239, 1896. 

Notes on the Geology and Palaeontology of Argentina (Translated with Suple- 
mentary Observations, by Arthur Stnith Woodward), en Geological Magazine, 
decade IV, vol. IV, n° 391, pág. 4-118, enero 1897. 

La Argentina al través de las últimas épocas geológicas. In-8° de 35 páginas 
y 24 grabados intercalados. Buenos Aires, 1897. 

South América as the source of the Tertiary Mammalia. (Translated byMrs. 
Smith Woodward) en Natural Science, vol. XI, n" 68, páginas 256-264, octubre 
1897. 

Les mamiféres ere taces de V Argentine. En Bol. Inst. Geogr. Arg., t. XVIIl, 
1897, con 86 grabados intercalados y aparte in-8° de 112 páginas. 

Sur les anciens mamiféres de Patagonie, en Revue Scientifique del 10 de 
Julio de 1898. París. 



436 ANALES DE LA SOCIEDAD CIEMÍFICA ARGENTINA 

Sinopsis geológico-paleontológica (de la Argentina). En Segundo Censo de la 
República Argentina^ A. t. In-4*, pág. 112-255, con numerosos grabados. 
Buenos Aires, 1898. 

Premiére notice sur le Neomylodon Listai, un représentant vivant desanciens 
édentés gravigrades fossiles de l'Argentine, 8 páginas La Plata 1888 y versión 
inglesa, An Existint Ground Sloth in Patagonia, en Natural Science vol. XIII, 
pág. 324-326. London, 1898. 

Sur VArhinolemur, mammifére aberrant du tertiaire de Paraná, en Comptes- 
rendus des se'ances de l'Académie des Sciences, Paris, 1898. 

De la cause qui a produit Vavancement ou le retard du développemení des- 
différentes catégories de molaires dans la classe des mammiferes, en Bulletin 
de la Société Géologique de Frailee, 1898. 

Nota preliminar sobre el Loncosaurus argentinus, en Anal. Soc. Cient. Arg., 
tomo XLVII, pág. 61-62. 

Un sobreviviente actual de los Megaterios de la antigua Pampa en La Pirámi- 
de, capítulo 11, páginas 51-54, Junio 15 de 1899, y capítulo III, pág. 82-84,, 
julio 1" de 1899. 

Sinopsis geológico-paleontológica. Suplemento. In-folio de 13 páginas. La 
Plata, julio de 1899. 

El mamífero misterioso de la Patagonia [NeomyUdon Lis tai). InS" de 16 
pág. La Plata, 1899. 

ios infinitos, en La Pirámide, t. I, capítulo V, páginas 141-142. La Plata,. 
agosto 1» de 1899. 

El infinito materia, en La Pirámide t. II, pág. 244 y sig. 1899. 

La constitución de la materia y el infinito movimiento, en La Pirámide, t. II,- 
pág. 311 y sig. 1899. 

Los Arrhinolemuroidea, un nuevo orden de mamíferos extinguidos, en comu- 
nicaciones del Museo Nacional de Buenos Aires, t. I. n° 5, páginasl46-51, 1899.- 

On the Primitive Type of the Plexodont Molars of Mammals, en Proceed, 
Zool. Soc. of London, 1899, páginas 555-571, con 16 grabados intercalados. 

Presencia de Mamíferos diprotodontes en los depósitos terciarios del Pararía, 
en Anales Soc. Cient. Arg. t. XLIX, pág. 245 y sig. (con grabados) 1900, y aparte. 
in-8* de 8 páginas. 

Das Neomylodon Listai. Ein unlángst aufgefundenes Megatherium, en 
MuiterErde,iyBd. n» 27, pág. 2, marzo, 1900, Berlín. 

Mamíferos del cretáceo inferior de Patagonia (Formación de las areniscas 
abigarradas), en Comunicaciones del Museo Nacional de Buenos Aires, t. I, n" 6, 
pág. 197-206, mayo de 1900, con 5 figs. y aparte. 

Grypotherium, nom degenre á effacer, en Comunicaciones del Museo Nacional 
de Buenos Aires, t. I, n» 7, páginas 257-260, 1900. 

Notices préliminaires sur des ongulés nouveaux des terrains crétacés de 
Patagonie en Bol. Acad. Nac. de Cieñe, t. XVI, pág. 349, y sig. yaparte de 80- 
páginas, 1901. 



LOS NUEVOS SOCIOS CORRESPONDIENTES 137 

DOCTOR PABLO PATRÓN 

SOCIO CORRESPONDIENTE EN LIMA (PERÚ) 



El doctor Pablo Patrón ocupaunlugardislinguidísimoen el selecto 
grupo de intelectuales del Perú. Ha dado preferencia en sus estu- 
dios á las investigaciones tendentes á solucionar el origen de las 
curiosas sociedades que habitaron el territorio del antiguo Tahuan- 
linsuyu, sin que por ello haya dejado de lado el análisis de puntos 
relacionados con la medicina, su profesión. Muy joven aún presen- 
taba su primer monografía, la que contiene algunas observacio- 
nes á la clásica obra El Perú de Raymondi. 

Continuó publicando numerosos estudios ya sea en folletos ó en 
revistas, artículos que por su erudición contribuyeron á asentar 
definitivamente el renombre de su autor. 

Entre estos estudios citaremos dos: La verruga peruana en el 
que investiga el origen de esta curiosa enfermedad, sumamente 
común con el Perú y El cultivo del trigo en la costa. 

Pero el estudio fundamental del doctor Patrón es aquel en el cual 
presenta su teoría sobre un probable origen súmero-asirio de las 
lenguas Kéchua y Aymará, monografía que representa una labor 
enorme y en la que se pone de manifiesto los grandes conocimientos 
del autor tanto delabibliografía americana como de la oriental. 

Puede decirse que aun no se conoce e! todo de este trabajo del 
doctor Patrón, pues hasta la fecha sólo ha publicado un breve fo- 
lleto en el que expone los fundamentos generales de su teoría. 

Nuestros ^na/es han sido honrados con su valiosa colaboración 
habiendo aparecidos dos artículos. Los Dioses de la Tempestad en 
el antiguo Perú y Huirakocha, siendo este último una de las 
conferencias que dio en los salones de la Sociedad. 

Sus compatriotas reconociendo sus méritos le nombraron en 1897 
miembro honorario de la Facultad de Letras de la Universidad de 
San Marcos en Lima, siendo presentado por los doctores G. A. Seoa- 
ne y J. Prado y Ugarteche. Representó oficialmente á su país en el 
2° Congreso Científico Latino-Americano reunido en Montevideo, 
del que fué nombrado Vice-Presidente, siendo además designado 



138 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

para presidir la mesa directiva de la sección de Ciencias Antropoló- 
gicas. 

En los salones de nuestra Sociedad leyó tres conferencias que 
-congregaron selecto auditorio. Fué la primera la ya mencionada 
Huirakocha, mientras que en las otras dos hacía una detenida 
comparación de las tradiciones, cosmogonías, usos y costumbres, 
arquitectura, industrias^ etc., tanto entre los Súmeros y Asirios 
como en los Kéchuas j Ajmaráes. 

El doctor Patrón es miembro de la «Sociedad Geográfica» y del 
«Ateneo» de Lima, siendo además socio correspondiente de nu- 
merosos centros científicos tanto de su país como del extranjero. 

F. F. O. 



CARLOS SPEGAZZINI 

socio CORRESPONDIENTE EN LA PLATA 

Hace más de veinte años que el distinguido botánico doctor Car- 
ios Spegazzini publica en las páginas de estos i?2a/e5 los resultados 
de sus importantes esludios sobre la flora argentina con los que 
ha conquistado un elevado puesto en el mundo científico. No es 
pues necesario presentar á nuestros lectores al nuevo socio corres- 
pondiente que ya lo era de hecho y de derecho desde mucho tiempo 
antes de la acertada designación de la asamblea. 

Es bien sabido que Spegazzini es el creador de la micología ar- 
gentina, pues ha descripto muchos centenares de nuevas especies 
de hongos de la República Argentina y países limítrofes, siendo así 
una de las más altas autoridades contemporáneas en la materia . 

Poco tiempo después de llegar al país acompañó al teniente Bove 
en su exploración antartica, como enviado de la Universidad de 
Buenos Aires. Este viaje lo familiarizó con la flora patagónica y de 
ia Tierra del Fuego que ha descripto en una serie de importantes 
artículos aprovechando el material recogido personalmente ó por 
otros viajeros. 

También haproducido importantes contribuciones al conocimien- 
to de la flora bonaerense, en particular sobre la vegetación de las 
sierras de la Ventana y del Tandil. Vemos, pues, que sin dejar de lado 



LOS NUEVOS SOCIOS CORRESPONDIENTES 439 

SUS predilectas investigaciones micológicas no ha descuidado por 
eso la flora fanerogámica, en la cual cultiva especialmente el difí- 
cil estudio de las Gramíneas y délas Cactáceas. 

Además de su enorme actividad como botánico sistemático, el doc- 
tor Spagazzini ha prestado y presta importantes servicios á la en- 
señanza superior desde las cátedras de la Universidad de Buenos 
Aires, del Colegio Nacional déla Plata, de la Universidad de la Pla- 
ta y de la Facultad de Agronomía y Veterinaria, donde ha trabaja- 
do de una manera extraordinaria. En efecto, Spegazzini se interesa 
mucho por las aplicaciones prácticas de la botánica, habiendo 
prestado importantes servicios á nuestra agricultura, tanto en la 
Facultad últimamente indicada, como en su actuación en las ofici- 
nas técnicas del Ministerio nacional de Agricultura y del Ministerio 
de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires. 

Tal es, á grandes rasgos, la simpática, progresista y útil labor de 
la importante personalidad científica del distinguido botánico que 
la Sociedad Científica Argentina por un acto de estricta justicia ha 
incorporado al benemérito grupo de sus socios cor-espondientes, 
designación que honra tanto al doctor Spegazzini como á la misma 
Sociedad. 

A. G. 



bibliografía 



Ameg-hino (Florentino) — Notices préliminaires sur des Ongulés nou- 
veaux des terrains crétaeés de Patagonie, en : Boletín de la Academia 
Nacional de Ciencias de Córdoba, t. XVI, p. 349-426, 1901. 

El eminente paleontólogo argentino nos da una enumeración preliminar de las 
principales formas nuevas del grupo délos Ungulados de las formaciones cretáci- 
cas patagónicas, según los materiales recogidos por su hermano Carlos Ameghino 
durante los años 1896 á 1899. Según el autor estas nuevas formas demuestran 
que los Ungulados derivan directamente de los marsupiales primitivos de la fa- 
milia de los Microbioterideos, permitiendo sorprender el momento mismo de su 
origen y de su diversificación. 

Asícomolo ha hecho en trabajos anteriores, Ameghino establece en el presente 
un gran número de especies. Este procedimiento que le ha valido muchas críti- 
cas es sin embargo muy explicable en el estudio paleontológico, pues es de buena 
lógica describir bajo nombres diferentes los materiales recogidos mientras no se 
pruebe que pertenecen á una misma especie, sin perjuicio de reunirlos ulterior- 
mente bajo la misma denominación cuando se adquiera el convencimiento de su 
común origen. 

Muchas de las nuevas designaciones genéricas recuerdan los nombres de perso- 
nalidades científicas que se han distinguido en el estudio de la paleomamalogía y 
aunque en la mayor parte de los casos es fácil comprender su derivación damos 
entre paréntesis los nombres de los sabios á quienes están dedicadas las nuevas 
formas. He aquí una nómina de las nuevas designaciones. 

Ord. Protungulata. CAROLO AMEGHÍNIOAE, n. f. — Caroloameghinia ma- 
ter, n. g. n. sp. (Carlos Ameghino), C. tenue n. sp. Ord. Primates — Subord. 
Prosimiae — NOTOPITHECIDAE — ^djoú/iecits amplidens, n. sp., Transpithecus 
obte/itus, n. g. n. sp., Antepithecus brachystephanus, n. g., n. sp., Infrapithecus 
cinstus, n. g., n. sp., HENRICOSBORNIDAEn. i. — Henricosbornia lophodonta, 
n. g., u. sp, — (Henry Fairfiel Osborn), Othnielmarshia lacunifera, n. g., n. sp. 
(t Othniel Charles iMarsh), Postpithecus curvicrista, n. g., n. sp. P. reflexa, n. 
sp. — ARCHAESPITHECIDAE Archaeopithecus alternans, n. sp., A. rigidus^n. 
sp., UUrapithecus rutilans, n. g., n. sp., U. rusticulus, n. sp., Guilielmoscottia 
plicifera, n, g., n. sp. (William B. Scott). — Ord. Hyracoidea — ARCHAEO- 



BIBLIOGRAFÍA 141 

IIYRACIDAE — ¿ Argyrohyrax acuticostatus, n.sp., Árchaeohyraxnesodontoides 
n. sp., A. concentricus, n. sp., Notohyrax coniciis, n. g,, n. sp., Pseudohyrax 
eutrachy Iheroides , n. g., n. sp., Eohyraxrusticus, n. g.,n.sp.,£^. strangulatus,n. 
sp., ACOELOniDAE, n. f. Acoelodus oppositus,A. debililatus, n.sp., A. connectus, 
n. sp., A. microdon, n. sp., Oldfieldthoniasia furcata, ii. g., n. sp. (Oldfield 
Thomas), O. cunéala, n. sp., 0. ciiigulata., n. sp., 0. marginalis, n. sp., O. co- 
nifera, n. sp., O. parvidens, n. sp., O. pulchella, n. sp., O. transversa, n. sp,, 
O. septa, n. sp.; O. anfractuosa, n. sp., Anchistrum sulcosum, n. g,, n..sp., 

— Ord. Typotheria. — HEGETOTHERIDAE. — Eoliegetotherium priscum, n. g., 
n. sp., Eopachyrucos pliciferus, n, g., n. sp., Pseudopachy rucos foliiformis, 
n. g., n. sp., Propachyrucos aequilatus. a. sp., Prosotherium quartum, n. sp., 

— Ore?. LiTOPTERNA — ADI.\NTIDAE — Proadiantus pungidens, n. sp., P. gibbus, 
n. sp., Pseudadiantus secans, n. g., n. sp., Ps. imperfectus, n. sp. — NCTO- 
HIPPIDAE — Eomorphippus obscurus, n. g., n. sp., E. rutilatus, n. sp., core- 
sodon cancellatus, n. sp., Morphippus paternus, n. sp., 31. quadi'ilobus, n. sp., 
Rhynchippus mediajius, n. sp. — Ord. Condylartra — PHENACODONTIDAE — 
Exiprotogonia patagónica, n. sp., E. trigonalis, n. sp., Didolobus crassicuspis, 
n. sp,, Lainbdaconus mamina, n. sp., L. porcus, n. sp., L.alms, n. sp., Decaco- 
nus intricatus, n. g., n. sp., Enneocomus parvidens, n. g., n. sp., Lonchoconus 
lanceolatus. n. g., n. sp., Asmithwoodwardia subtrigona, n. g., n. sp. (Arthur 
Smith Woodward), Ernestokokenia nítida, n. g., n. sp. (Ernst Koken), E. mar- 
ginata, n. sp., Selenoconus centralis. n. g., n. sp., S. senex, n. sp., 5. agilis, 
n.sp. — MENISCOTHERIIDAE— Ernestohaeckelia ac%ileata, a . g.,n. sp. (Ernst 
Haeckel), £". acutidens, n. sp., Victorleinoineia labyrinthica, n. g., n. sp. (f Víc- 
tor Lemoine), V. emarginata, n. sp., Anisolambda fissidens, n. g., n. sp., A. 
longidens, n. sp., A. latidens, n. sp., Josepholeidya adunca, n. g., n. sp. 
(t Joseph Leidy), J. deculca, n. sp., Rutimeyeria conulifera, n. g., n. sp. (f Lud- 
wig Rutimeyeri, Amünedwardsia brevicula, n. g., u. sp. (f A. Milne-Edwards) 

— Ord. Probosgidea — Subord. Pyrotheria PYROTHERIÍDAE — Pyrotherium 
pluteum, n. sp., Propyrotherium saxium, n. g., n. sp. ~ CAROLOZITTELIDAE 
n. f. — Carolozittelia tapiroides, n. g., u. sp. (Karl A. Zittel) C. eluta, n. sp. 
Paulo gervaisia inusta, n. g., n. sp. (f Paul Gervais), P. celata n. sp., Ricar- 
dowenia mysteriosa, n. g., n. sp. (f Richard Owen) — Ord. Amb'lypoda — Su- 
bord. Taligrada — TRIGONOSTYLOPIDAE, n. f., Trigonoslylops secundarius, 
n. sp., T. integer, n. sp., T. minimus, n. sp., T. trigonus, n. sp., T. subtri- 
gonus, u, sp., T. insumptus, n. sp., T. eximius, n. sp., T. scabellum, n. sp., T. 
hemicyclus, n. sp., ? T. dúplex, n. sp., Pleurystylops glebosus, n. g., n. sp., 
Edrardocopeia sinousa n. g., n. sp. (f Edward D. Cope), Pseudostylops sulqua- 
dratus, n. g., n. sp., Tychostylops marculus, n. g., n. sp. — PANTOLAMBDI- 
DAR — Ricardolydekkeria praerupta, n. g., n. sp.. ¡Richard Lydekker), R. pro- 
funda, n. sp., Guilielmofloweria plicata, n. g., n. sp, (f William Henry Flowerj 

— Subord — Astrapotheroidea — ALBERTOGAUDRYIDAE, n. f. — Albertogau- 
drya única, n, g., n. sp. (Albert Gaudry), Scabellia laticineta, n. g., n. sp., 
Edvardo Irouessartia sola, n. g., n. sp. (Edouard L. Trouessart) — ASTRAPO- 
THERIIDAE — Astraponotus assymmetrum, n. g., n. sp., Parastrapotheriiim 
martiale, n. sp., P. superabile, n. sp., P. insuperabüe, n. sp., P. variabile, 
n. sp., Loxocoelus obturtus, n. sp., Henricofilholia lústrala, n. g., n. sp. (Henri 
Filhol), H. inaequilalera, n. sp., jfí. circumdala, n. sp. — Ord. Ancylopoda 



142 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

LEONTINIIDAE, n. g., n. sp. C arólo darwinia pyramidenta, n. g., n. sp. 
(f Charles Darwin), Hedralophus bicostatus, n- g., n. sp., Stenogenium aenigma- 
liciim, n. sp., Ancylocoelus lentus, n. sp., A. minor, n. sp., HOMALODONTO- 
THERIDAE — Asmodeus circunflexus , n. sp., A. armatus, n. sp., Thomashuxleya 
rostrata, n. g., n. sp. (f Thomas H. Huxleyj, T. artuata, n. sp. — T. robusta, 
n. sp., T. externa, n. sp. — Isotemnidae — Isotemnus distentus, n. sp., I. 
lophiodontoides, n. sp., I. enecatus, n. sp., i. cuspidadatus, n sp., J. apicatus, 
n. sp., J. consumatus, n. sp., /. emundatus, n. sp., Maxschlosseria praeterita^ 
n.g., n. sp. íMax Schlosser), Pleurostylodon similes, n. sp., P. plexus, n. sp., 
P.notabilis, n. sp., P. divisus, n. sp., Dialophus simus, n. g., n. sp.,Paginula 
parca, n. g., n. sp., Trimerostephanes coalitus, n. sp., jT. coarctatus, n. sp., 
r. sigma, n. sp., T. cuneolus, n. ps., T. itltimus, n. sp., Eochalicotherium 
cretaceum, n. g., n. sp., £■. crassidens, n. sp., E, robustum, n. sp,, minutum, 
n. sp. — Ord. Tillodonta — NOTOSTYLOPIDAE — Notostylops escaridus, n. 
sp.. A'', complexus, n. sp., iV. irregularis, n. sp., Catastylops pendens, n. g.,[n. 
sp., Pliostylops magnificus^ n. g., n. sp., Acrostylops pungiunculus, n. g., n. 
sp., Homalostylops rigeo, n. g., n. sp., ií. interlissus, n. sp., Coelostylops 
crassus, n. g., n. sp., PANTOSTYLOPIDAE, n. f. — Pantostylops typus, n. g., 
n. sp., P. incompletíis, n. sp., P. minutus, n. sp., Eostylops diversidens, n. g., 
n. sp., J?. obliquatus, n. sp., Entelostylops completus, n. g. , n. sp., £". incoluinis, 
n. sp., £■. Iriparlitus, n. sp., i?, cestillus, n. sp., Microstylops clarus, n. g., n. sp. 

A. Gallardo. 

Comunicaciones del Museo Nacional de Buenos Aires, t. I. N* 9^ 
agosto 6 de 1901. 

En esta nueva entrega prosigue el doctor Carlos Berg sus interesantes comuni 
caciones ictiológicas, ocupándose de 10 especies de peces argentinos, entre las 
cuales tres son nuevas para la ciencia: Doras laevigatulus, Trachycorystes albi- 
crux y Tetragonopterus rubropictus. Un índice alfabético permite orientarse con 
facilidad en la abundante sinonimia de las especies tratadas. 

Cambia el doctor Berg dos nombres genéricos de lepidópteros proponiendo' 
Pterotes en ve.z de Pteroma Staudinger y Diphacelophora en lugar de Phacelo- 
phora Staudinger. 

Continúa el doctor Spegazzini sus descripciones latinas de algunas nuevas plan- 
tas de la América austral, dando á conocer las siguientes especies : Nasturtium 
pamparum, Acanthosyris platensis, Oxyosmiles viscosissima (representante de 
un nuevo género), Scutellaria platensis y Elatine nivalis. Una lámina ilustra 
este importante artículo. 

El doctor Berg da á conocer siete especies de Sílfidos argentinos (coleópteros) 
que no habían sido mencionados como miembros de nuestra fauna ó lo habían 
sido sólo de una manera imperfecta. Este trabajo acompañado de una clave ana- 
lítica para la determinación de las especies, contiene importantes enumeraciones 
sinonímicas y bibliográficas é indica la distribución geográfica de los insectos de 
que se ocupa. A. Gallardo. 

Speg'azzini (C). Contribución al estudio de la Flora del Tandil, 1901. 
En esta importante contribución se enumeran 362 especies de plantas Faueró- 



BIBLIOGRAFÍA 14$ 

g amas de las cuales son nuevas las siguientes: Portulaca platensis, Mimosa tan- 
dilensis, Opunlia bonaej'eiisis, Vernonia oreophila, Baccharis tandilensis, Pere- 
zia pampeana y Verbena tandilensis. Las diagnosis de las nuevas especies son 
latinas, las descripciones y demás datos están escritos en castellano. En cuanto 
á las criptógamas se enumeran 8 especies de heléchos y 7 de hongos, agregán- 
dose ciertos datos generales sobre los musgos, hepáticas, liqúenes y algas que se 
encuentran en los alrededores del Tandil. 

A. Gallardo. 

JBuchenau (Franz). Marsipposperimim Keich.er Pr. B., eine merk— 
■würdig-e nevie Juncacacee aus Patagonien, en : Berichten der Deutschen 
Botanischen Gesellschaft, i. XIX, parte 3°, p. 159-170, 1901. 

El profesor doctor Buchenau, uno de los botánicos de más autoridad en el es- 
tudio de los representantes de las Juncáceas y de las familias afines, describe en 
este artículo una nueva especie del género Marsippospermum, género notable 
por el tamaño de sus flores, que son mucho mayores que las de las otras plantas 
de la familia, provistas, como es sabido, de numerosas flores pequeñas. Sólo dos 
especies se conocían de este género, ambas del hemisferio austral : una M. gran- • 
difloriom., de la Patagonia austral é Islas Malvinas ; la otra M. gracilede Nueva 
Zelandia y de las Islas Auckland y Campbell. 

La nueva especie, Marsippospermum, Reicher Fr. B., está fundada sobre el 
estudio de dos de los ejemplares recogidos por el señor Reicher en el mes de fe- 
brero de 1900, sobre un monte de la Patagonia austral, situado al este del Seno 
de la Ultima Esperanza, á una elevación de 1000 metros sobre el nivel del mar, 
altura en que reinan las nieves eternas en aquella latitud de 50°30'. 

Las plantas, cuyas flores son de unos 15 milímetros de largo; se elevan poco 
sobre el suelo y tienen un aspecto muy particular. 

La gran importancia morfológica de M. Reichei consiste en que ella establece 
una transición entre el curioso género Marsippospermum y las formas del géne- 
ro Juncus. Para demostrar este punto hace el distinguido botánico de Bremen un 
detallado estudio comparativo entre dichas plantas. Una buena lámina con diez; 
figuras acompaña el interesante trabajo que dejamos rápidamente extractado. 

A. Gallardo. 



MOVIMIENTO SOCIAL 



El 21 de agosto próximo pasado, se celebró en el « Prince Georges Hall » una 
, velada organizada por la sociedad y en la que tomaron parte los señores Cattelani 
y Gori, el primero ejecutando en el violín números escogidos de música y el se- 
gundo presentando 130 proyecciones de fotografías sacadas en su reciente viaje 
al sud en compañía del pintor Ángel Tomassi. Las dos partes en que dividió el 
doctor Gori su conferencia fueron precedidas poruña detenida introducción sobre 
los lugares á recorrer, siendo además ilustrada cada vista por breves referencias 
del hábil conferenciante quien, como de costumbre, se hizo aplaudir por su fácil 
decir y su claro método de exposición. El señor ingeniero Juan Abella tuvo la gen- 
tileza de hacerse cargo de las proyecciones, las que llamaron justamente la 
atención por su belleza y nitidez. 

En cuanto á la concurrencia nos parece innecesario el decir que fué numerosa 
y distinguida. 

En la asamblea celebrada el 2 de agosto próximo pasado fueron nombrados so- 
cios correspondientes los señores : doctor Florentino Ameghino, en La Plata ; doc- 
tor Pablo Patrón, en Lima (Perú]; doctor Carlos Spegazzini, en La Plata. 

Han ingresado como socios nuevos los señores Rodolfo Martínez Pita, R. P . 
Fr. Enrique D. Sisson, F. H. Chevallier Boutell. 



SOCIOS HONORARIOS 



Dr. Germán Burmeister f. — Dr. Benjamín A. Goiild f — Dr. R. A. Philippi. 

Di. Guillermo Rawson-}-.— Dr. Carlos Berg. — Dr. Juan J. J. Kyle. — Ing. Luis A. Huergo (padre). 

• Ing. J. Mendizábal Tamborrel. — Dr. Valentín Balbin. f 



SOCIOS CORRESPONDIENTES 



Aguilar, Rafael México. 

Ameghino, Florentino La Plata. 

Arechavaleta, José Montevideo. 

Arieaga Rodolfo de Montevideo. 

Ave-LaJiemant, Germán Mendoza. 

Brackebusch, Luis Córdoba. 

Garvalho José Carlos Hio Janeiro. 

Lafone Quevedo, Samuel A. . . . Catamarca. 

Lillo, Miguel Tucuman. 



Morandi, Luis Villa Colon(ü.) 

Paterno, Manunl Palermo (It.) 

Patrón, Pablo Lima. 

Reid, Waller F Londres 

Scalabrini, Pedro Corrientes. 

Spegazzini, Carlos La Plata. 

Tobar, Carlos R Quito. 

Villareai, Federico Lima. 

Von Ihering, Hermán San Paulo (B.) 



SOCIOS ACTIVOS 



Aballa Juan 

Acevedo Ramos, R. de 
Adano, Manuel. 
Aguirre, Eduardo. 
Alberdi, Francisco N- 
Albert, Francisco. 
Almeida, Arturo M. 
Alric, Francisco. 
Alvarez, Fernando. 
Amadeo, Alejandro M, 
Aaasagasti, Ireneo. 
Anasagasti, Horacio 
Ambrosetti, Juan B. 
Arata, Pedro N. 
Arigós, Máximo. 
Arce, Manuel J. 
Arce, Santiago. 
Arditi, Horacio. 
Arroyo, Franklin. 
Atíenza, Mario. 
Aubone, Garlos. 
Avila Méndez, Delfín. 
Avila, Alberto 
Ayerza, Rómulo 
Aztiria, Ignacio. 

Babuglia, Antonio 
Bahía, Manuel B. 
Bancalari, Juan. 
Bancalari, Juan M. 
Barabino, Santiago E. 
Barilari, Mariano S. 
Barzi, Federico. 
Basarte, Rómulo E. 
Battilana Pedro. 
Baez, Domingo A. 
Baudrix, Manuel C. 
Bazan, Pedro. 
BeHck, Pablo 



Benoit, Pedro (hijo). 
Berro Madero, Miguel 
Berro Madero, Carlos 
Beron de Astrada, M. 
Besana, Carlos. 
Besio, Moreno Baltazar 
Besio, Moreno Nicolás 
Biraben, Federico. 
Bosch, Benito S. 
Bosch, Elíseo P. 
Bosch, Anreliano R. 
Bonanni, Cayetano. 
Bosque y Reyes, F. 
Brian, Santiago 
Buschiazzo, Francisco. 
Buschíazzo, Juan A. 
Bustamante, José L. 

Cáceres, Dionisio R. 
Candían!, Emilio 
Cálcena Augusto. 
Cagnoni, Alejandro N. 
Cagnoni.Juan M. 
Candioti, MarcialR. 
Gánale, Humberto. 
Canovi, Arturo 
Cano, Roberto. 
Cantilo, José L. 
Cantón, Lorenzo. 
Carranza, Marcelo. 
Cardóse, Mariano J. 
Cardoso, Ramón. 
Carrique, Domingo 
Casullo, Claudio. 
Castellanos, Carlos T. 
Castañeda. Ramón 
Castex, Eduardo 
Gastíglíoiie, Enrique. 
Castro, Vicente. 



Cerrí, César. 
Gilley, Luis P. 
Chanourdíe, Enrique. 
Chapiroñ", Nicolás de 
Checchi, Amoldo. 
Cheraza, Gerónimo. 
ChevallierBoutellF.H, 
Chiocci Icilío. 
Chueca, Tomás A. 
Clérice, Eduardo E. 
Cobos, Francisco. 
Gock, Guillermo. 
Collet, Garlos. 
C.oni, Alberto M. 
Coquet, Indalecio 
Cornejo, Nolasco F. 
Corvalan Manuel S. 
Coronen, J. M. 
Coronel, Policarpo. 
Cortí, José S. 
Cpurtoís, U. 
Cremona, Andrés V. 
Gremona, Victor. 
Curutchet, Luís. 
Curutchet, Pedro. 

Damianovich, E. A. 
Darquier, Juan A. 
Dassen, Claro C. 
Dates, Germán. 
Davila, Bonifacio. 
Davel, Manuel. 
Dawney, Carlos. 
Domínguez, Juan A. 
Dorado, Enrique. 
Douce, Raimundo. 
Doyle, Juan. 
Duhart, Martin. 
Duncan, Carlos D. 



Dufaur, Estevan F. 
Drago, Luis M. 

Echagüe, Carlos. 
Elía, Nicanor A. de 
Eppens, Gustavo A. 
Estevez, José 
Estevez, Luis. 
Estrada, Miguel. 
Espínasse, Jorge. 
Etcheverry, Ángel 
Ezcurra, Pedro 

Fasiolo, Rodolfo 1. 
Fernandez, Daniel. 
Fernandez, Alberto J. 
Ferrari, Rodolfo. 
Ferreyra, Miguel 

Fynn, Enrique. 
Flores, Emilio M. 
Fraga, Antonio. 
Franco, Vicente, 
Foster, Alejandro. 
Friedel Alfredo. 

Gainza, Alberto de. 
Gallardo, Ángel. 
Gallardo, José L. 
Gallardo, Miguel A. 
Gallego, Manuel. 
Gallino, Adolfo. 
Gallo, Delfín 
Gamberale, Humberto 
Gándara, Federico W. 
Garay, José de 
García, Carlos A. 
Gentilini, Pascual. 
Geyer,Carlos. 
Ghigliazza, Sebastian. 



SOCIOS ACTIVOS (Continuación) 



<iioachioi, Arriodante. 
Giménez, Joaquín. 
Giménez, Ángel M. 
Girado, José I. 
Girado, Francisco J. 
Girado, Alejandro 
Girondo, Juan. 
Girondo, Eduardo. 
Gollan, José E. 
Oomez, José C. 
Gómez, Pablo E. 
Gonzales, Arturo. 
González, Agustín. 
González Leiong, G. 
Gotusso, Luis 
Gradin, Carlos. 
Granella, Antonio. 
Gregorina, Juan 
Guido, Miguel. 
Gutiérrez, Ricardo P. 

Herrera Vega, Rafael. 
Herrera Vega, Marcelino 
Herrera, Nicolás M. 
Herrero, Ducloux E. 
Heury. Julio 
Hicken, Cristóbal. 
Holmberg, Eduardo L 
Hubert, Juan M. 
Huergo, Luis A. (hijo) 
Hughes, Miguel. 
Hutchison, Lorenzo. 

Iraeta, Juan B. 
triarte, Juan 
Isnardi, Vicente. 
Israel, Alfredo C. 
Iturbe, Miguel. 

Jaeschke, Victor J. 
Jaureguiberri, Luis. 
Juni, Antonio. 
Jurado, Ricardo. 

Krause, Olto. 
Klein, Hermán 
Klimann, Mauricio. 

Labarthe, Julio. 
Lacroze, Pedro. 
Lagos García, Garlos 
Lagrange, Carlos. 
Langdon, Juan A. 
Laporte Luis B. 
Larreguy, José 
Larguia, Carlos. 
Latzina, Eduardo. 
Lavalle C., Carlos. 
Lavergne, Agustín 
León, Emilio de 
Leonardis, Leonardo 
Lehmann, Guillermo. 
Lehemann, Rodolfo 
Levy, Raúl. 
Lizarralde, Daniel 
López, Aniceto. 
López, Martin J. 
López, Pedro J. 



Loyola, Luis. 
Lucero, Apolinarío. 
Lugones, Arturo. 
Lugones Velasen, S^". 
Luiggi, Luis 
Luro, Rufino. 
Luro, Pedro 0. 
Ludwig, Carlos. 

Machado, Ángel. 
Madrid, Enrique de 
Mallea, Benjamín 
Mallol, Benito J. 
Mario, Placido. 
Marquestou, Alejandro, 
Marcet, José A. 
Martínez Pita Rodolfo, 
Martiní, Rómulo E. 
Marty, Ricardo 
Mary, Antonio. 
Matharán, Pablo. 
Massini, Carlos. 
Massiní, Estevan. 
Massini, Miguel. 
Maza, Benedicto. 
Maza, Juan. 
Matienzo, Emilio. 
Mattos, Manuel E. de. 
Meana, Néstor. 
Medina, José A. 
Méndez, Teófilo F. 
Mendizabal, José S. 
Merían, Eduardo 
Mermos, Alberto. 
Meyer Arana, Felipe. 
Miguens, Luis. 
Mignaquí, Luís P. 
Millan, Máximo D. 
Mitre, Luís. 
Molina, Waldino. 
Mon, Josué R. 
Monsegur, Sylla 
Morales, Carlos María 
Moreno, Jorge 
Moreno, Evaristo V. 
Morón, Ventura. 
Morón, Teodoro F. 
Mosconi, Enrique 
Mosto, Andrés. 
Mugica, Adolfo. 

Naon, Alberto 
Navarro Viola, Jorge. 
Negrotto, Guillermo. 
Newton, Artemio R. 
Newton, Nicanor R. 
Niebuhr, Adolfo. 
Nistromer, Carlos 
Newbery, Jorge. 
Noceti, Domingo. 
Nogués, Pablo. 
Ñongues, Luis P. 

Ocampo, Manuel S. 
Ochoa, Arturo. 
O'Donell, Alberto C. 
Olazabal, Alejando M. 
Olivera, Carlos C. 



Oliveri, Alfredo 
Orliz, Diolimpío 
Orzabal, Arturo. 
Otamendi, Eduardo. 
Otamendi, Rómulo. 
Otamendi, Alberto. 
Otamendi, Juan B. 
Otamendi, Gustavo. 
Outes, Félix F. 
Outes, Diego K. 

Padilla, Isaias. 
Padula, Umberto. 
País y Sadoux, C. 
Paitovi Oliveras A. 
Palacios, AlbertoC. 
Palacio, Emilio. 
Páquet, Carlos. 
Parera Muñoz, Carlos. 
Paz, Manuel N. 
Pelizza, José. 
Pereyra, Emilio. 
Petersen, H. Teodoro, 
Pigazzí, Santiago. 
Pouyssegur, Luis. 
Piaña, Juan. 
Piaggio, Antonio. 
Pirovano, Juan. 
Puente, Guillermo A. 
Puig, Juan de la C. 
Puiggari, Pío. 
*S*uiggari, Miguel M. 
Prins, Arturo. 

Quintana, Antonio. 
Quiroga, Atanasio. 

Raffo, Bartolomé M. 

Ramos Mejía, Ildefonso 

Rebora, Juan. 

Recagorrí, Pedro S. 

Repetto, Luis M. 

Rettes, Antonio. 

Reynoso, Higinio 

Riglos, Martiniano. 

Rivara, Juan 
Rivas Jordán, Leandro. 

Rodríguez, Luis C. 

Rodríguez, Miguel. 

Rodríguez González, G 
Rodríguez de la Torre , C. 

Roffo, Juan. 

Rojas, Esteban C. 

Rojas, Félix. 

Romano, Mario. 

Romero, Armando. 

Romero, Carlos L. 

Rosetti, Emilio. 

Rospide, Juan. 

Ruíz Huidobro, Luis. 

Saenz Valiente, A. 
Sagastume, José. M. 
Sallovitz, Manuel. 
Sánchez, Emilio J. 
Sanglas, Rodolfo. 
Santángelo, Rodolfo. 
Santillan, Santiago P. 
Sarrabayrouse, Euge"'" 



Segovia, Fernando 
Sauze, Eduardo. 
Segovia, Vicente 
Senillosa, José A. 
Saralegui, Luís. 
Sarhy, José S. 
Sarhy, Juan F. 
Schickendantz, Emilio. 
Seguí, Francisco. 
Selva, Domingo. 
Senat, Gabriel. 
Senillosa, Juan A. 
Seurot, Edmundo. 
Seré, Juan B. 
Schaw, Garlos E. 
Silva, Ángel. 
Silveyra Luis 
Silveyra, Arturo 
Simonazzi, Guillermo. 
Siri, Juan M. 
Sisson, Enrique D. 
Soldaní, Juan A. 
Solier, Daniel (hijo). 
Solveyra, Mariano 
Spínedi, Hernieneg.F. 
Spinola, Nicolás 
Speroni, Daniel C. 
Swenson, U. 

Taiana, Hugo. 
Taíana, Alberto. 
Tamini Crannuel, L. A. 
Tassi, Antonio 
Taurel, Luis F. 
Tejada Sorzano , Carlos . 
Texo, Federico 
Thedy, Héctor. 
Torres, Luis M. 
Torrado, Samuel. 
Trelles, Francisco M. 
Tressens, José A. 

Uriarte Castro Alfredo. 

Valenzuela, Moisés 
Vctlerga, Oronte A. 
Várela Rufino (hijo) 
Vázquez, Pedro. 
Vidal, Magín. 
Vidala, Baldomcro. 
VillanovaSanZjFlorenci" 
Villegas, Eelisario. 

Wauters, Carlos. 
Wernicke, Roberto 
White, Guillermo. 
Wilmart, Raimundo 
Williams, Orlando E. 

Yanzi, Amadeo 

Zabala, Carlos. 
Zalazar, Benjamín. 
Zamboni, José J. 
Zavalia, Salustíano. 
Zamudío, Eugenio 
Zeballos, Estanislao S. 
Zuníno, Enrique. 






ANALES 






DE LA 



SOCIEDAD científica 

ARGENTINA 




Director : Ingeniero [EDUARDO ÁGUIRRE 
Secretarios : Agrimensor Alejandro Foster y señor Félix 

[REDACTORESl 



Ingeniero Ángel Gallardo, señor Juan B. Ambrosetti, ingeniero José S. Corti, in- 
geniero Santiago E. Barabino, ingeniero Federico Birabén, ingeniero Nicolás 
de Chapiroíf, ingeniero Carlos Paquet, ingeniero Vicente Castro, ingeniero Claro 
C. Dassen, doctor Earique Fyn, doctor Róraulo E. Martini, ingeniero Eleodoro 
A. Damianovich, ingeniero Eduardo Latzina, doctor Atanasio Quiroga, señor 
Antonio Paitovi Olivera. 



OCTUBRE 1901. — ENTREGA IV. — TOMO LII 



PUNTOS Y PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN 

LOCAL DE LA SOCIEDAD, CEVALLOS 289, Y PRINCIPALES LIBRERÍAS 

Por mes $ m/ii i . 00 

Foraño » 12.00 

Número atrasado. » 2.00 

— para los socios » l.OO 

La suscripción se paga anticipada 






BUENOS AIRES 

IMPRENTA Y CASA EDITORA DE CONI HERMANOS 

— CALLE PERÚ — 



1901 



JUNTA DIRECTIVA 



Presidente Doctor Carlos M. Morales. 

V ice-Presidente 1° Arquitecto Juan A. Buschiazzo. 

Id. 2° Ingeniero Domingo Selva. 

Secretario de actas Igeniero Manuel J. Arce. 
— correspondencia Señor José Larreguy. 

Tesorero Ingeniero Luis A. Huerco (hijo). 

Bibliotecario . . . . . . Señor Nicolás Besio Moreno. 

Doctor Eduardo L. Holmberg. 

Ingeniero Arturo Prins. 

Ingeniero Ignacio Aztiria. 
Vocales ¡ Ingeniero Sebastián Ghigliazza. 

Ingeniero Antonio Piaggio. 

Ingeniero Higinio Reynoso. 

Señor Luis Curutchet. • 
Gerente . : Señor Juan Botto. 



índice de la presente entrega 



Samuel A. Lafone Quevedo, Los indios Mosetenes y su lengua 145 

Juan B. Ambrosetti, Antigüedades calchaquíes. Datos arqueológicos sobre la pro- 
vincia de Jujuy (República Argentina) 161 

José S. Corti, La hélice de cálculo 177 

Florentino Ameghino, L'áge des formations sédimentaires de Patagonie 189 

Samuel de Madrid : El método comparado y genético en la evolución de las 

ciencias biológicas 198 

Bibliografía : Domínguez, Nota sobre Fagetes glandulífera Schr. — Silvestri, 
Note preliminare sui Termitidi snd-americani. — Silvestri, Descrizione dei 
nuovi Termitolofili e relazione di essi con gli ospiti. — Boero, Fabrication et 

eraploi des chaux hidrauliques et des ciments 206 

Movimiento social , 208 



LENGUAS AMERICANAS 
(sección solivia) 



LOS INDIOS MOSETENES Y SU LENGUA 

INTRODUCCIÓN 
Por SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO M. A. 

Encargado de la Sección Lingüística del Museo de La l'iata 

NOTICIAS GENERALES Y VOCABULARIOS 
Por el P. Fr. NICOLÁS ARMENTIA 

Obispo electo de La Paz 



INTRODUCCIÓN 



LOS INDIOS MOSETEWES Y SU CLASIFICACIÓN 

Los indios Mosetenes, naturales de Bolivia y ubicados al Norte 
de la Paz, fueron clasificados por d'Orbigny como segunda rama 
de la raza Andino-Peruana (1), equivocadamente según yo creo, 
como se verá de las descripciones que se reproducen en seguida, 
la una correspondiente á los Mosetenes, la otra á lo rama chiqui- 
ta na de la raza Pampeana. 



Les Mocéténés — «Leurs trais 
n'ont aucun rapport avec ceux 
des Yuracarés : leur face est 
ronde, assez pleine, les pom- 
mettes sont peu apparentes, le 
front moyen, le nez tres court;, 
un peu élargi, les narines peu 
cuvertes, la bouche mediocre, 
les lévres assez minees, les 



«Lestraits des Chiquitéens 
sont typiques; látete estgrosse 
presque ronde, noncomprimée 
sur les cotes ; la face tres pleine, 
arrondie, les pommettes ne 
sont nullement saillantes ; le 
front est has et bombé; le nez, 
toujours court, et moins epaté 
que celui des races des plai- 



(1) D'Orbigny, L'Homme Américain, pág. 368. 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. LlI 



10 



U6 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



yeux noirs, pelits,hor¡zontaux; 
les oreilles petites, les sourciis 
arques et étroits. Nous ne leur 
avons pas vu de barbe ; il est 
vrai qu'iis s'arrachent lout ce 
qu'ils peuvent en avoir. Leurs 
cheveux sonl noirs, droils et 
longs; leur physionomie est 
gaie, douce, expressive; leur 
figure tres effémiüée peut fa- 
cilement faireprendreunhom- 
me pour une femme; car les 
deux sexes présentent la méme 
expression et la méme regula- 
nte dans les traits ». (íbid. 
p. 370). 



nes ; les yeux sont petits, vifs, 
expressifs, presque toujours 
horizontaux; mais, chez quel- 
ques individus, l'angle exté- 
rieur en est bridé, el annonce 
une tendance a se rélever, córa- 
me dans la race guaranie; les 
lévres sont assez minees, la 
bouche beaucoup moins gran- 
de que chez les nations du Cha- 
co, el toujours préte á sourire ; 
le mentón arrondi etcourl; les 
sourciis minees et bien mar- 
qués. La barbe ne couvre que 
le dessous du mentón el la 
mouslache conslamment peu 
fournie, n'est pas frisée. La 
physionomie est ouverte, an- 
nonce la gaité, la franchise, 
beaucoup de vi vacilé... En ge- 
neral, la figure des hommes 
n'a rien de mále (t. II, p. ISS 
y 134). 



La altura de unos y otros indios es como de 1^663 á 1'"665. 
En cuanto á la tez ambos la tienen de un bronceado algo claro, 
y sus lenguas son armoniosas sin guturaciones ni redundancias 
de consonantes, etc., etc. 

Fundándome en lodo esto digo, que los indios Mosetenes perte- 
necen á la misma raza que los Chiquitos ; y como se diferencian 
tanto unos y otros por sus rasgos físicos, etc., de las razas Andino- 
Peruanas y Pampeanas, por no separarme demasiado de la clasifi- 
cación de d'Orbigny, las coloco entre las dos, como los eslabones 
que las unen. 

En cuanto al color, d'Orbigny aumenta algunos detalles más, 
puesdicequees6rw2e ou légérement basanéemais assez claire pour 
paraitre presque blanche. También se habla de esas pecas ó man- 
chas que les da el aspecto de overos. 



LOS INDIOS MOSETENES Y SU LENGUA 147 



II 



UBICACIÓN GEOGRÁFICA DE LOS MOSETENES 

Los Mosetenes, según d'Orbigny (página 365), viven en las mon- 
tañas. Los Yuracarés les dan el nombre de Manicjuies, y los bolivia- 
nos erróneamente Chunchos. También llaman Magdalenas, Chima- 
nisas ó Chimanis á los que viven en las puntas del río de Coendo; 
Muchanis, á los del río Beni y Tucujn, á los de las juntas del río Bog- 
pí con el río Beni. 

Estos indios viven en las profundidades de las quebradas que 
forman la cuenca del río Beni, y sus afluentes, desde el río de la 
Reunión, al norte de Cochabamba, hasta el norte de La Paz, y ocu- 
pan unas 30 á 50 leguas geográficas de la región montañosa com- 
prendida entre los 15° y 16" de latitud sur y 69° á 71° de longitud 
oeste del meridiano de París. Por el nordeste la tierra de los Yura- 
carés los separa de las llanuras de los Mojos, y al sudoeste los deli- 
mitan las faldas orientales de los Andes de Bolivia. Las muchas 
tribus de que consta esta nación, distribuidas en villorios, rodean 
los arroyos emboscados que largan sus aguas al Beni. Sus vecinos 
del norte son los Apolistas ; los del oeste, los Aymarás ; los del sur, 
los Quichuas y los del este, los Mojos y Yaracarés. (Ibid., pág. 
368 y 369). 

III 



ALGUNOS usos Y COSTUMBRES, ETC. 

Los Mosetenes son mansos, pero saben hacerse respetar. Son 
alegres, confiados^ buenos, se dejan engañar. Admiten el cristia- 
nismo con facilidad. Viven de la caza y pesca, pero suelen también 
tener sus sementeras, especialmente de Yucas. Los monos y los 
chanchos del monte son su caza favorita. Hacen sus viajes á la 
provincia de los Yungas para proveerse de hachas y cuchillos, pero 
las mujeres no los acompañan, porque son muy celosos. 

Las mujeres son hábiles hilanderas y tejedoras, y entendidas en 
el arte de teñir. Los hombres no saben hacer canoas, y se sirven de 



148 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

unas balsas sencillas construidas de trozos livianos amarrados con 
lianas del monte. Sus armas son el arco y la flecha. 

Su vestido es una túnica sin mangas, color violeta, bordada de 
encarnado y en lela fina de algodón, v que les alcanza hasta las ro- 
dillas. El cabello, cortado de adelante, forma trenza de atrás, y de 
ella cuelgan el cuchillo. No se arrancan las cejas, y se embijan la 
cara con tres rayas azules: la una en forma de arco desde las meji- 
llas hasta el labio superior ; la segunda, abajo del labio inferior; y 
la tercera sobre la nariz. Llevan orejeras, y cuando bailan adornan 
la cabeza con penachos de alas de papagayo. 

El gobierno es de caciques á quienes sólo obedecen cuando quie- 
ren, y tal vez sólo en la guerra. 

D'Orbigny no alcanzó á conocerles la religión; sólo sí notó que 
los convertidos no eran muy fervorosos cristianos (pág. 371 y 373). 



IX 



LA LENGUA DE LOS MOSETENES 

D'Orbigny se queja (pág. 370) que no le fué posible apuntar la 
lengua de estos indios, pero la pondera como tres euphonique. Gra- 
cias á los esfuerzos del misionero y explorador fray Nicolás Armen- 
tia, y á los empeños del señor M. V. Ballivian de La Paz, la Socie- 
dad Científica de Buenos Aires puede hoy llenar el vacío con el con- 
tenido de uno de los muchos manuscritos sobre lingüística boli- 
viana enviados por el primero. 

Hasta aquí no es posible fijar el grupo á que corresponde el idio- 
ma Moselén, me limitaré pues á reproducir unos paradigmas de 
lenguas que nos proporciona el mismo P. Armentia en su obra Aa- 
vegación del Madre de Dios, á que me remito en general, por los 
valiosos datos que ese libro contiene. Como podrá ver el lector, me 
he permitido cambiar el orden metiendo el Pacaguara después del 
Mosetén; porque conviene que el Tacana, el Araona y el Cavineño 
vayan juntos. 

En este interesante cuadro nos muestra el P. Armentia lo lejos 
que están el Mosetén y el Pacaguara, uno de otro, y los dos del 
Tacana, Araona ó Cavineño; y no obstante todos cinco tienen un 
punto de contacto, la raizMi del pronombre de 2" persona. 



LOS INDIOS MOSETENES Y SU LENGUA 149 



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152 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 









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LOS INDIOS MOSETENES Y SU LENGUA 



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154 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



El año 1889 el señor LucienAdam, deRennes publicó un artículo 
en la Revue de Linguisíique sobre la lengua de los Mosetenes. Los 
antecedentes en que se fundaba eran : I" un trabajo del señor 
Edwin R. Heath publicado en el Kansas City Review el mes de abril 
de 1883, y 2° la Doctrina y Oraciones Cristianas en Lengua Mosetena 
del P. Fray Andrés Herrero, publicado en Roma el año 1834. Dada 
la rareza de estas obritas, y la competencia reconocida del autor 
que las comenta, he creído conveniente reproducir aquí lo funda- 
mental que contiene el artículo aludido. 

En cuanto á la fonética, las vocales son ; a, e, i, o, u ; y las con- 
sonantes: c, qu, g, j, ch, ts, y, ñ, t, d, s, r, n, p, b, /", v, gu, m. 

En seguida da una tabla de divergencias entre las voces del mis- 
mo significado dadas por Herrero y por Heath, á que se agregarán 
las correspondientes según el P. Armentia. 



Español 


Herrero 


Héath 


Armentia 


1 . Hombre, 


Tsoñi, 


Zoñi, 


Soñi. 


"■Á. Vida, 


Tsa-mo, 


Za, 


Za. 


3. Mujer, 


Pen, 


Phen, 


Phen. 


4. Hijo, 


Aba mu, 


Anamu, 


Aua, Auamo. 


5. Vientre 


Guoco, 


Voco, 


Vojco. 


6. Carne, 


Sus, 


Chiljs, 


Chinch. 


7. Bueno, 


Jom, 


Hem, 


Hem ó Hemsi 


8. Todo, 


Erog, 


Ere, 


Ere. 


9. Mentir, 


Boñui, 


Ueñey, 


Ueñey. 


10. Marido, 


Bomchi, 


Ueutchi, 


Uenlchi. 


1 1 . Tierra, 


Jac, 


Ac, 


Ac. 


■12. Corazón, 


Cogchi, 


Cotchi, 


Cotchi. 


13. Robar, 


Suai, 


Choay, 


Choay. 


14. Diez, 


Arat-tac, 


Araj-tac, 


Tac. 



En esta tabla bastará si llamamos ligeramente la atención á los 
siguientes puntos; los números son los del orden de las voces: 

4. La n de Heath sin duda responde á error de transcripción : la 
nyla w se confunden al escribir y leer. La v y la w son la misma 
letra. 



LOS INDIOS MOSETENES Y SU LENGUA 155 

5. Herrero oyó Uoco y escribió Guoco, según el fonelismo vulgar 
del castellano. 

6. Las diferencias aquí pueden responder á una ú otra clase de 
carne. 

7. La /nuestra es una h aspirada. Para la ecuación o = e véan- 
se 8, 9 y 10. 

9. Las ecuaciones v = u, o — e, explican todo. 

10. Ver 9. Ueutchi es sin duda error por Uentc/ii. 

11. Ver 7. 

12. El sonido ^c/ii ó íc/ii es demasiado complicado para el fone- 
tismo castellano. 

13. La 5' esta es sin dudas gruesa. Armentia escribe con un sig- 
no especial ch subrayado . 

14. Para Armentia « diez » es Tac — Según el mismo Arai es : 
ha de haber, y Áraj : casi, apenas. Así tal vez se expliquen 
las diferencias. 

EL GÉNERO 

Según Herrero no parece que exista el género gramatical; pero 
Heath dice que en los pronombres posesivos de la 1** persona se 
distinguen dos formas ye-tchi y ye-si (ye-se) ; la primera sirve para 
designar varón, ó cuando es varón quien la usa ; y la segunda para 
designar mujer, ó si es de este sexo quien la usa. 

Así :\° El varón dice : yetchimumu (mi padre), yelchi ze (mi ma- 
dre). La mujer dice: yesimu ??^M(mi padre), yesi ze (mi madre). 

%° El varón y la mujer dicen : Yetchi nentchi (mi marido), Yese 
;)/ien (mi mujer), Yetchi vogü (mi hermano), Yesi vogi sotclii (mí 
hermano). 

Aquí me permitiré una observación por cuenta propia, fundán- 
dome en el vocabulario del P. Armentia. 

Aparte de la pista que nos abre el doctor Adam de otra lengua 
con rastros de lengua varonil y mujeril, llamo la atención de los 
curiosos á los siguientes ejemplos de terminaciones genéricas en 
este idioma, ex Armentia : 



Hermano 


Vogit. 


Hermana 


Vogis. 


Hijo 


Aua. 


Hija 


Auañe. 


Viudo 


Muñet. 


Viuda 


Muñes 


Viejo 


Piret. 


Vieja 


Pires. 



156 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



De aquí se desprende que la t es terminación de masculino y la s 
de femenino. 



NUMERO 



No parece que haja concordancias en este sentido, cosa muy ge- 
neral en lengua de indios ; pero se hace exclusión de los pronom- 
bres, que como siempre se distinguen según el número, como se 



verá en seguida. 



PRONOMBRES PERSONALES 







Heatli 


Herrero 


Armentia 


1. 


Yo 


Ye, 


ÑUS, Ñu, 


Ye, 


2. 


Tu 


Mi, 


Mi, 


Mi, 


3. 


Él 


Mo, 


— 


Mo, 


1. 


Pl. Nosotros 


Tsün, 


Tsum, 


Tsuñ, 


2. 


Vosotros 


Mi-m, 


Miin, 


Mi-in, 


3. 


Ellos 


Mo-m, 


Mo-n, 


Mo-in 



Lo curioso en este paradigma es ese Ñus ó Ñu, yo, que usa 
Herrero, cuya explicación medio se vislumbra en el plural Tsuñ, 
nosotros. La ñ es un sonido castellano, que en estas lenguas 
equivale á i?i ó ni, ó sea, yn ó ny. Se ha consultado el punto al 
P. Armentia y me reservo para cuando reciba su contestación. 
¿ Pero claro está que el mismo sonido de ñ incluye la y de ye, yo. 
Sería curioso que resultasen las dos formas ser restos del habla 
mujeril y varonil 

En estos ejemplos vemos que la terminación n ó m, escrita á ve- 
ces ni, es de plural, y Armentia en su vocabulario dice terminan- 
temente que « in se pospone á los nombres para formar el plural». 
Parece que algo por el estilo sucede con los verbos ; porque de incai, 
ir, tenemos incain, van. 



POSESIVACIÓN 

En general se subfija la terminación s ó si al agente poseedor, 
V. g.: Eva-s abamu, Eva de los hijos ; Vchaa-si ñiveisim, Los peca- 
dos de el perdón. 

En los pronombres se sigue la misma regla, v. g.: Ñu-si uchaa, 
mía culpa ; Mi-s reino, tuyo reino. 

En esta parte Armentia aumenta datos muy importantes, porque 
distingue los géneros, v. gr.: 



LOS INDIOS MOSETENES Y SU LENGUA 157 





Masculino 




Femenino 


MÍO 


Yetchi, 


Mia 


Yesi, 


Tuyo 


Mitchi, 


Tuya 


Misi, 


Suyo 


Motcl.ii, 


Suya 


Mosi, 


Nuestro 


Tsuntchi, 


Nuestra 


Tsutisi. 


Vuestro 


Munich i, 


Vuestra 


Miinsi. 



Es cierto que esto se relaciona más Bien con las diferencias entre 
la lengua varonil y mujeril, que las que tienen que ver con el gé- 
nero gramatical ; más en todo caso son interesantísimas, j corres- 
ponde hacerlas notar, rauj particularmente, desde que la clasifica- 
ción mía tiende á reunir á los Mosetenescon los Chiquitos, naciones 
en que se distinguen las dos lenguas de una manera tan marcada 
como en el mismo Caribe, la lengua típica de este género de recur- 
sos gramaticales. 

CASO 

Los casos se forman, como siempre en América, por medio de 
partículas allegadizas ó aposiciones, que en este caso, como en tan- 
tos otros, son posposiciones. Adam nos da una larga serie de ejem- 
ploSj sacados de Herrero, que no reproduzco, porque pienso dar 
los textos al pie de este trabajo. En su lugar daré las partículas 
según Armentia, como que son más completas : 

Por, Yes, Ya ó Ve. Tsun-yes dogit conyeeme. Rue- 

ga á Dios por nosotros. 

Sobre (En), Tanche, Cheve, Crus-che, En la cruz. (Ex-He- 

Che. rrero). 

Con, Twm, Ya. Choya, Con los labios; Pero- 

tum, Con Pedro. 

A, Ve, Ya, Can. Guachive, A Guachi, Chihoy- 

ya, a (^hiboj, Infierno can, 
al infierno. 

De, Fe, Ya, Can. Mi- ve, De tí, Moveya ec/ieti, de 

allí empieza, Pechecañ, de- 
bajo. 

De esto se ve que las tale^ partículas son de un uso tan general 
•que su valor léxico sólo se determina por el sentido de la frase. 
Donde Herrero usa la forma Mum, Armentia da Tu7n. Falta que sa- 



158 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ber á que responde esta diferencia. En los textos se podrá estudiar 
el modo de usar todas estas proposiciones. 



EL VERBO 

La conjugación se hace con los pronombres personales y cierta» 
partículas que indican tiempo, etc. Los ejemplos son de Herrero. 

Presente 

Chiata ñus chicagsi, De veras yo creo. 

Uts {\) mic jom cogchicam chi- ¿Estas palabras bien corazón 

cagsi mi ? de crees tú ? 

Pasado, Subfy'o, que ó ique 

Ucha-ique ñus, Pequé yo. 

Tnyi iqué, Fué concebido. 

Futuro, Afijo, arai (habrá ó ha de haber) 

Amba arai cubi uchain flus, No he de otra vez pecar yo. 

Jom-arai, boin mi, Bien has de vivir tú. 

Ñec achijurasi arai mi, Ni mal jurar has de tú. 

Tsi-cam arai incain, (2) Al fuego han de ir. 

Subjuíitivos y Gerundivos 

Estos se forman mediante una partícula ya, que siempre admite 
la traducción por en ; v. gr.: 

Quim c/iig soñi-arai ya tsum, Ahora y morir habiendo de en 

nosotros (cuando hemos de 
morir). 

En el anterior ejemplo la combinación del ya es con la partícula 
de futuro rai ó arai ; pero puede usarse también con temas verba- 
les que llevan la terminación sim ó im, v. gr.: 

(1) No hay concordancia genérica en Mosetén. 

(2) Aquí está una n final de plural. 



LOS INDIOS MOSETENES Y -SU LEKGUA 159 

Mitchili-rai-mi Santa Iglesia Ayunar has de lú Santa Iglesia 

geacaim ya, manda cuando. 

A raíz de estos ejennplos, da otros Adaní en que no entra la com- 
binación con la partícula ya, á pesar de ser temas verbales termi- 
nados en sim ; pero se advierte que en el anterior ejemplo se trata 
de una írase en que entra una condición, mientras que en el que 
sigue sólo tenemos la expresión gerundiva tan usada por los Indios. 
Ex. gr.: 

Mi tie borbeac-sim cauchitim Ti á invocado gimiendo y 11o- 

guati-sim. rando. 

Imperativo 

Los ejemplos que da Adarri son de Herrero y se reducen á dos 
formas : la una que termina en ba y la otra en ca ; ex. gr.: 



Doroye-ba — Vuelve. 
Incoyecse-ba — Muestra. 



Boi-ti — Que estás. 



Meiiti-ca mi — Aparta de nos- 
otros. 
Conyete-ca-i — Ruega. 

Participios 

Jomtaqu-i-ti — El que hace. 

Verbos substantivos 



Boin — Estar. {Bei en Armen- Etsi (Itsi en Armentia) — No 

tia), hay. 

Ato — Es. [At en Armentia, ser Moyagem — Hay. (Muya en Ar- 

ó haber). mentía). 

I* 

Demostrativos 



Uts — Este, 
Mo — Aquel, 
Mee — Eso. 



Jetye — ¿ Qué cosa ? 
Tchugsa — ¿Quién ? 
Uñugsi — ¿Dónde? 



Uts — Este, Oí, Esta. 
Mo — E\ ó aquel. 
Meo — Ese, esa. 

Interrogativos 

Armentia 

Eye, Eyetchic. 

Tchitchic. 

Oña. 



460 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 









ISumerales 






Heath 






Herrero 


Armentia 


1. 


Zrit, 




Yeret, 




Irit (uno), iris (una) 


2. 


Pana, 








Pana. 


3. 


Chibbin, 




Chivin, 




Chivin. 


4. 


Tsis, 








Tsis. 


5. 


Canam, 




Canam, 




Canann. 


6. 


Ebeun, 








Eheuñ. 


7 . 


Ye ve ti ye, 








Yevetige. 


8. 


Quoncam, 








Quencañ. 


9. 


Araj-tac, 








Arajtac. 


10 


. Tac, 




Tac, 




Tac. 


20 


. Zrit-tac('l) 








Panaquitac. 


30 


. Pana-tac('l) 


j 






Chibinquitac. 


40, 


. Chibbin -tac 


(1) 






Tsisquitac. 



(1) Está claro que Heath se equivocó en estos tres casos. 



(Continuará) 



ANTIGÜEDADES GALCHAQUIES 

DATOS ARQUEOLÓGICOS SOBRE LA PROVINCIA DE JUJUY (REPÚBLICA ARGENTINA) 



Por JUAN B. AMBROSETTI 



De algún tiempo á esta parte, se ha empezado á extraer de las 
antiguas tumbas de la zona norte y noroeste de la provincia de 
Jujuy interesantes restos arqueológicos. Esta región nos prepara 
grandísimas sorpresas á causa de que su clima, completamente 
seco, permite que lleguen intactos hasta nosotros muchísimos ob- 
jetos de madera, cuero, tejidos, etc., que en los demás valles de la 
región Calchaquí de las provincias de Salta, Catamarca, La Riqja y 
San Juan son raros porque la humedad y los insectos los han hecho 
desaparecer. Lo mismo ha sucedido con los cadáveres que aquí se 
hallan casi siempre momificados ó desecados naturalmente; y es 
por esto que la zona de Jujuy presenta para el arqueólogo, las 
mismas ventajas que la región seca del Perú. 

¿ A qué pueblo ó nacionalidad pueden referirse los objetos 
arqueológicos de Jujuy? Contestaremos sin vacilar que sus antiguos 
habitantes han sido los mismos Calchaquíes de las demás provin- 
cias argentinas, aunque la historia colonial nos los presente con otros 
nombres : Omaguas (1) Omaguacas, Omahuacas ó Humahuacas {2) ; 
Tilcaras, Prunmamarcas, Cochinocas, Casabindos (3), etc. 



(1) Historia de la provincia del Paraguay de la Compañía de Jesús, por el 
P. Nicolás del Techo (1673, edic. Madrid, 1897, tomo I, lib. 2°, cap. 6°, pág. 221). 

(2) Historia de la conquista del Paraguay, Rio de la Plata y Tucumán, por 
el P. Pedro Lozano (edic, Lamas, 1873, tomo I, en distintos capítulos). 

(3¡ Historia de la Conquista del Rio de la Plata y Tucumán hasta fines del 
siglo XVI, por el P. José Guevara (edic. Lamas, 1891, en distintos capítulos). 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. LII 11 



162 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Estos Calcliaquíes, que vivían en pueblos, y que aunenconlraron 
los españoles en tiempo de la conquista^ pertenecen á esa gran fa- 
milia etnográfica andino-argentina ó Kaka7i, que abarcó en nues- 
tro país la enorme zona de territorio montañoso que se extiende de 
norte á sud desde la altiplanicie boliviana hasta una gran parte 
de la provincia de San Juan y quizcí hasta muy cerca de la de Men- 
doza y de oeste á este, desde la Puna de Atacama y faldas de la Cor- 
dillera, hasta las vertientes orientales del Aconquija y sus ramifi- 
caciones (1) con representantes desprendidos en Santiago del Estero 
y Córdoba (2). 

Etnográficamente (3) la civilización Kakana ó Diaguita-Calchaquí, 
tiene grandes analogías con la civilización de los i< Pueblos » del 
noroeste de México y sudoeste de Estados Unidos (4) y no debe 
considerarse como Peruana, si se quieren evitar confusiones que 
entorpezcan los estudios, sino, como lo ha propuesto ya el señor 
H. Ten Kate (5) como una civilización del desierto, ó como anterior- 
mente la llamó el señor Frank H. Cushing, « Desert Culture ». 

Las razones en que me fundo para incluir á los antiguos indios 
que nos ocupan entre los Calchaquíes son numerosas. 

La primera y de más peso es la analogía y semejanza de los 
objetos que se hallan y de su simbolismo, lo que haré resaltar al 
examinarlos. 

La segunda : las mismas condiciones de medio y por fin, el 
testimonio de los mismos cronistas españoles, donde vemos, á 
cada paso, la causa común que hacen los indios de Jujuy en todos 
los alzamientos Calchaquíes, y en el cual nos hablan hasta del 
uso del mismo idioma (6). 

íl) Ambrosetti, La civilizalion Calchaquí, CoDgreso de americanistas de 
París, 1900. 

(2) Ambrosetti, iVoíícias sobre la alfarería prehistórica de Santiago del Es- 
tero {An. Soc. Cient. Arg., tomo LI, pág. 164 y siguientes). 

(3) Datos particulares y fotografías de objetos inéditos, hallados en Córdoba 
que rae han sido remitidos por el doctor Jacobo WoltT. 

(4) Ambrosetti, Rastros etnográficos comunes en Calchaquí y México 
{An. Soc. Cient. Arg., tomo LI, pág. 5 y siguientes, 1901). 

(5) Rapport sommaire sur une excursión archéologiqtie dans les provinces 
de Catamarca, de Tucuman etde Salta {Rev. 3Ius. de La Plata, tomo V, pág. 
346 y siguientes, 1893). 

(6) En la Relación de las provincias de Tucumán que dio Pedro Sotelo Nar- 



ANTIGÜEDADES CALCHAQUIES 163 

El P. Lozano, al hablar de la provincia Calchaquí, nos dice : « Que 
las serranías que encerraban dicho valle (léase valles) se conti- 
nuaban hacia el norte con las de los Lipes y que éstas sedan la 
mano con las de Omahuaca por el oriente en 22 grados, que es hasta 
donde se extiende la jurisdicción de la provincia deTucunaán » (1). 

Denlro de esta región menciona los pueblos numerosos de Co- 
chinoca y Casabindo, y á 13 leguas de este último, el célebre 
pueblo de Omahuaca, cuyos naturales resistieron muchos años 
al español (2). 



vaez, vecino de aquellas provincias, al muy ilustre señor Licenciado Cepeda, pre- 
sidente desta real audiencia de la Plata en 1583, encontramos el siguiente dato 
importantísimo : 

« ... Acábase este valle cerca de la Puna.de los Indios de Casabindo, questán 
cerca de los Chichas, cuya lengua hablan demás de la natural suyaquesla Dia- 
guita». {Relaciones geográficas de Indias, por M.Jiménez de la Espada, to- 
mo II,pág. 148j. 

En cuanto al habla diaguita, sabemos por el P. Alonso de Barzana, que era la 
Caca, según se ve por la importantísima carta que escribió al Padre Juan Sebas- 
tián, su provincial, fechada en la Asunción del Paraguay, á 8 de septiembre de 
1594, inserta en las mismas Relaciones (pág. LIV), y de la cual extractamos este 
interesante párrafo : 

« La Caca usan todos los diaguitas y todo el Valle de Calchaquí y el Valle de 
Catamarca y gran parte de la conquista de la Nueva Rioja y los pueblos casi to- 
dos que sirven á Santiago. Así los poblados en el Rio del Estero, como muchos 
otros, que están en la Sierra». 

íl) Lozano, op. cit., tomo I, pág. 179. 

Para abundar en datos sobre estos indios de la Puna y Humahuaca, transcri- 
bo dos párrafos de la Carta del Factor de Potosí, Juan Lozano Machuca, al Vi- 
rrey del Perú, en donde se describe la provincia de Lipez : 

« Y ansimismo, dice, hay otros indios que confinan con los indios de guerra de 
Omaguacas y Casavindo y tienen trato y comercio con estos lipes» (pág. 24). 

Y más adelante : 

« Y con estos indios Atacamas y cien españoles se podría conquistar toda la 
tierra de Omaguaca questá 40 leguas de Atacama y se tratan y tienen rescate en- 
tre ellos de oro y plata y saben toda la tierra, y los Omaguacas es poca gente y 
tienen mucho ganado de la tierra y mucho oro y plata (1581), pág. 26. Relacio- 
nes geográficas ». 

(2) El doctor Max Uhle, en 1893, recogió en Cochinoca, Casabindo y Santa Cata- 
lina, además de un gran número de objetos arqueológicos, una serie de 100 crá- 
neos, los que, estudiados por el eminente profesor Yirclaoví fVerhanlung en Berli- 
ner Antropol. Gesellschaft, 1894] presentan un tipo braquicéfalo aunque no de- 
formado. La braquicefalia es uno de los caracteres calchaquíes, según resulta de 
los estudios del doctor H. Ten Kate (Anthr. des anciens habitants de la Región 
Calchaquie fAnn. Museo de La Plata, 1896J. 



164 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



HISTORIA DE LOS INDIOS DE JUJUY 

Los cronistas españoles todos tienen un recuerdo especial para 
los indios de esta provincia, que sobresalieron desde el principio 
de la conquista del Tucumán por su osadía y bravura. 

Como la entrada era por el valle ó quebrada de Humahuaca, que 
correcasidenorteásudja vanguardia Calchaquí estaba desparrama- 
daentodasu longitud y dividida en una serie de pequeñas poblacio- 
nes, cuyo núcleo principal se hallaba en el pueblo que lleva hoy el 
mismo nombre y en sus alrededores. De ahí que desde el principio 
se llamara á todos los indios bravos de la comarca, Humahuacas. 

En caso de guerra, todos los pueblos se comunicaban entre sí, 
protegiéndose mutuamente. 

Otros dos grandes centros de población, también calchaquíes é 
íntimamente vinculados con los Humahuacas, eran las poblaciones 
de Casabindo (1) y Cochinoca. muy al oeste de la quebrada de Hu- 
mahuaca entre las sierras de Tejada y Aguilar y la de Cochinoca^ 
y al oeste de la llanura de Abra Pampa . 

El PadreOvalle (2), hablando de la primera expedición militar, 
que pisó el suelo de Jujuy, la de Almagro, en 1536, en su marcha á 
la conquista de Chile dice : « que Humahuaca es un lugar ó provin- 
cia de gente muy belicosa y comedora de carne humana á quien 
los Ingas tuvieron siempre temor ». 

El Padre Lozano (3), al relatarlo mismo dice : « que los primeros 
cinco españoles que se adelanta"on de la vanguardia de Almagro, 
lo que entraran al valle de Jujuy (Humahuaca) pagaron luego la 
pena de su mal acuerdo porque los Jujuies, que ni le profesaban 
vasallaje (al inca) ni querían ver trajinado su país de extranjeros 

(1) Como á dos ó tres leguas del actual pueblo de Casabindo y en las faldas y 
quebradas del cerro, en tres lugares distintos, se ve aun gran cantidad de rui- 
nas de poblaciones, acequias y antiguos campos de cultivo delineados con pie- 
dras, formando cuadrados, etc. Al sudeste, en un punto llamado Sarugi, tam- 
bién hay muchas pircas y restos de fortificaciones. 

En estos mismos parajes, en su viaje de 1893, el señor G. Gerling halló mu- 
chos sepulcros, pero todos ya profanados, y en ellos marlos de maíz y huesos 
quebrados de animales. 

(2) Histórica relación del Reino de Chile y de las misiones y ministerios que 
ejercitaba en él la Compañía de Jesús, por el P. Alonso de Ovalle (Roma, 1646. 
edic. Medina, tomo I, cap. 16, pág. 251). 

[3] Op. cit., tomo I, páginas 17-19. 



ANTIGÜEDADES CALCHAQUÍES 165 

se aconsejaron con su fiereza y á los tres dieron cruel muerte, sal- 
vándose los otros dos con la fuga ». 

Sabedor de esto Almagro, y creyendo que tenía que habérselas 
con indios sin mayor importancia, envió al capitán Salcedo con se- 
senta caballos y peones para escarmentarlos. Pero los Jujuies se 
habían prevenido, y después de convocar á todas las tribus vecinas 
y hecho solemnes sacrificios, esperaron á los españoles fortificados 
con pericia militar, construyendo pozos con púas de madera en el 
fondo y disimulados con césped para que la caballería no pudiera 
maniobrar, manteniendo incesante vigilancia por medio de un cor- 
dón de espías, los que llegaron á introducirse con habilidad en el 
mismo campo español. 

Salcedo, á pesar de todo lo que hizo no pudo forzar el paso, y 
tuvo que pedir refuerzos á Almagro, quien le envió al capitán Fran- 
cisco de Chaves con un buen número de soldados é indios Yanaco- 
nas, lo que también fué inútil. 

Los Jujeños atropellaron el campo de Chaves de improviso, ma- 
tando á muchos Yanaconas, y arrebatándoles todo el bagaje, que se 
llevaron por los caminos fragosos de sus serranías á la vista de los 
españoles, quienes, ciegos de despecho, retrocedieron y volvieron 
á juntarse con su general, por orden de éste, el cual se convenció 
de que continuar esa guerra era exponerse á malograr su expedi- 
ción á Chile. 

Los Jujuies, orgullosos con este hecho, tuvieron el coraje de con- 
tinuar picando la retaguardia de Almagro, hasta que sus herma- 
nos, los del valle de Lerma, los combatieron en Chicoana; y los del 
valle Calchaquí lo siguieron hostilizando hasta que, entrando en 
la Puna abandonó la valiente región Kakana. 

Razón tuvo el inca Paullo cuando en Tupiza aconsejó á Almagro 
seguir el camino del Inca, que pasa por la Puna y que, sin obstá- 
culos, lo hubiese conducido á Copiapó ; y le objetó la entrada por 
Calchaquí, cuya puerta estaba tan bien guardada por esos feroces 
Omahuacas á quienes los incas conocían mejor que nadie y con 
razón les tenían temor. 

Después de esto, conviene reproducirla pintura que el Padre Lo- 
zano hace del carácter indómito de los Humahuacas (I ). « Eran los 
Humahuacas gente por extremo feroz é indómita que, aunque al em- 



(1) Descripción corográf(.ca del Gran Chaco Gualamha, por el P. Pedro Loza- 
no, en Córdoba 1733 [cap. 21. pág. 120). 



166 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

pezarse la conquista de la provincia del Tacumán, habían estado 
sujetos á los españoles y abrazado la santa fe ; pero mal hallados 
con la sujeción j con la estrechura de la Ley de Cristo, anhelaron 
siempre por su antigua libertad y sacudiendo el yugo se rebelaron 
apostatando de la fe, treinta años antes, y mataron los sacerdotes 
que los doctrinaban y á muchos españoles que cayeron en sus ma- 
nos, infestando con robos y muertes los caminos públicos, y confe- 
derándose con los Chiriguanas para asolar la ciudad de Jujuy y 
estancias comarcanas délos españoles. 

« Estaban armados de todo género de crueldades para cerrar la 
entrada á sus tierras á los españoles, que varias veces lo habían 
intentado en vano : vivían con sus antiguos ritos y costumbres, mez- 
clados apóstatas é infieles sin diferenciarse en nada sino en ser 
aquéllos peores que éstos, y todos se hallaban mancomunados para 
no permitir entrase extranjero alguno á su país ; disputándole la 
entrada con todo su poder y fiereza, y les servía de no despreciable 
defensa la aspereza de las sierras de su habitación que eran aque- 
llas que^ por una parte cercan el Chaco ». 

En 1550, cuando la entrada del gobernador del Tucumán, Juan 
Núñez del Prado, los Humahuacas quisieron oponerse al maestro 
de campo Miguel de Ardiles, jefe de la vanguardia, pero gracias á 
las armas de fuego y á la incansable actividad de este jefe, los in- 
dios fueron sangrientamente derrotados; pero al año siguiente to- 
maron su revancha acosando sin cesar á este mismo capitán, en un 
segundo viaje y matándole, sin que escapase uno solo, á cuarenta 
soldados que venían deChuquisaca y Potosí contratados por él, para 
continuar la conquista del Tucumán en que estaba empeñado Prado. 

Los indios de Jujuy, á pesar de sus contrastes, encastillados entre 
lasbreñasy precipicios de sus serranías y quebradas, fueron el terror 
y el azote de todos los que tenían que transitar del Tucumá n al Perú ; 
así es que fué preocupación constante de todos los conquistadores 
el dominarlos, para asegurarse esa importante vía de comunicación. 

Varias tentativas fracasaron ; en 1561, el fundador de ciudades, y 
gran estratégico de Calcliaquí, el general Juan Pérez de Zurita, ten- 
tó fundar por la primera vez á Jujuy con ese propósito y, para 
ello, eligió el sitio de la ciudad actual más ó menos en el valle que 
entonces se llamaba de Jibijibe (I). 

Zurita no alcanzó sino á trazar la ciudad, á la que puso el nom- 

(1) Según el Padre Lozano (op. cit., tomo I, pág. 175), el nombre de Jibi-jibe, 



ANTIGÜEDADES CALCHAQUÍES 167 

deNieva; su sucesor, el gobernador Francisco de Castañeda, po- 
niendo en práctica los procedimientos brutales, comunes á casi 
todos los conquistadores de los siglos xv y xvi, lo tomó preso en 
momentos en que iba á realizar su idea. 

Castañeda, tratando á su antecesor como al último de sus ene- 
migos, comprendió, sin embargo, la importancia de su proyecto y, 
sobre la traza de Zurita, fundó, con el mismo nombre, la ciudad el 
20 de agosto del mismo año, dejando allí al Capitán Pedro de Za- 
rate con una guarnición para su custodia. 

A pesar de las cédulas reales de encomienda y repartición de los 
indios de Cochinoca, Casabindo y Humahuaca, que Zurita había con- 
seguido del virrey del Perú, la estabilidad de los españoles en Ju- 
juy fué efímera. 

Los indios hicieron poco después causa común con el cacique don 
Juan de Calchaquí y lo apoyaron en el terrible alzamiento general 
que arrasó con todo lo español establecido dentro de las montañas 
de la gobernación del Tucumán y obligaron al capitán Zarate á 
despoblar la flamante ciudad de Nieva. 

En 1570, los Humahuacas y Puquilesdel valle de Prumamarca, 
que cae á la quebrada de Humahuaca, espantaron á la población 
del Tucumán con el asalto y asesinato de los famosos conquista- 
dores Juan Gregorio Bazán y Diego Gómez de Pedraza. 

Siempre con el afán de cerrar el paso, habían preparado palizadas 
en los caminos. 

Seis años después, don Jerónimo Luis de Cabrera, con las mis- 
mas razones de Zurita, intenta volverá fundar la ciudad de Jujuy, 
y el mismo capitán Zarate se encargó de su custodia ; pero el 
nuevo gobernador, Gonzalo de Abreu y Figueroa, celoso de la obra 
de Cabrera y no contento con asesinarlo vilmente, llamó á Zarate 
con sus soldados á Santiago del Estero, lo que aprovecharon los in- 
dios para arrasarla de nuevo y masacrar á la población blanca que 
cayó en sus manos. 

Abreu, comprendiendo, aunque tarde, el error que había come- 
tido, resolvió ese mismo año reedificar la ciudad, á diez leguas de 
su primitiva ubicación en el valle de Siancas; pero los Cochinocas, 

sería el origen del actual Jujuy; pero en una merced de tierras dada por don 
Francisco Argañarás á la Compañía de Jesús, en diciembre de J593, publicada 
por don Ricardo Trelles en la Rev. de la Bibliot. públ. de B. Aires, tomo II, 
pág. 42, vemos que el río que señala como límite se llama Sivi-sivi, lo que da- 
ría una confusión de la J por la S ó vice-versa. 



168 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Humahuacas y otros indios Calchaquíes lo hostilazaron tanto, que 
la deserción cundió en el campo español con tal fuerza, que sólo 
quedaron diez y ocho soldados los cuales apenas se salvaron gracias 
al socorro de Hernando Mejía de Mirabais que oportuno llegó en el 
momento más crítico. La nueva ciudad también fracasó esta vez. 

Los indios de Jujuj continuaron rebelados y dando mucho que 
hacer á los españoles hasta que, con la fundación estratégica de 
la ciudad del Salla en 1582 por Hernando de Lerma, recién puede 
decirse que por lo menos se empezó á tenerlos á raya (1). 

Por fin, en 1593, la ciudad de Jujuy pudo fundarse defini- 
tivamente por el teniente gobernador don Francisco de Argañaras, 
quien la puso el nombre de San Salvador y entonces los españoles 
entraron á conquistar y á reducir á los indios en detalle, repar- 
tiéndose en encomienda, entreoíros los de Casabindo y Cochinoca; 
pero los Humahuacas resistieron hasta más tarde, pues el Padre 
Lozano nos dice otra vez que siguieron causando grandes estragos 



(1) En el acta de la fundación de la ciudad de Salta, se puede leer... «Por 
cuanto es notorio en esta gobernación y provincias del Tucumán, su señoría el 
señor Gobernador ha venido á este dicho valle (de Salta, hoy de Lerma), y asien- 
to con campo formado y gente de guerra á la conquista de los naturales de este 
valle de Salta, Jujuy, Calchaquí, Fulares, Cochinoca, Humahuaca, é todos los 
demás circunvecinos é comarcanos que son de guerra é revelados contra el ser- 
vicio de Su Majestad... Y al dia siguiente, en la ordenanza en que determina los 
límites de la jurisdicción de Salta, también repite lo mismo : « otro sí, su seño- 
ría, el dicho señor Gobernador dijo que señalaba, y señaló, y en nombre de Su 
Majestad, hacía merced á esta dicha ciudad, por término y jurisdicción de ella, 
desde el asiento de Calahoyo hacia esta ciudad, que es de cinco leguas de Tali- 
na, y cuarenta y cinco de esta ciudad y otras tantas leguas en circuito por aquella 
parte, en que se ha de incluir é incluyen para repartir y encomendar, en nombre 
de Su Majestad, en vecinos de esta ciudad todos los naturales que están en gue- 
rra y rebelados dentro délos dichos términos, y especialmente los indios de este 
valle de Salta y del valle de Calchaquí, Tafi, Chicoana, Fulares, Cochinoca, Casa- 
bindo, Humahuaca y Jujuy». (Mariano Zorreguieta, Apuntes históricos de la 
provincia de Salta en la época del coloniaje, Salta, 1877). 

En la importante: Relación de las provincias de Tucumán, que dio Pedro So- 
telo Narvaez, vecino de aquellas provincias, al muy ilustre señor Licenciado Cepe- 
da, Presidente de la Real audiencia de La Plata, fecha de 1583, se lee al hablar 
de la importancia de Salta : 

« Seria de importancia de sustentalla, por estar en el camino, y della se po- 
drían traer de paz, muchos indios de importancia que están de guerra en su co- 
marca, como son los del valle de Calchaquí, Omaguaca y Jujuy, tierra muy rica 
de minas de oro y plata.) Relaciones geográficas de Indias, publicadas por don 
Marcos Jiménez de la Espada (tomo I, pág. 150). 



ANTIGÜEDADES CALCHAQUÍES n 469 

y muertes en lodo género de personas y pusieron en gran cuidado 
á la nueva ciudad de San Salvador, hasta que, por fin, con la en- 
trada de los jesuítas, sobre lodo del eminente misionero Gaspar 
de Monroy, que supo conquistarse la simpatía de sus caciques 
principales Piltipico y Telui, hicieron la paz con los españoles en 
1595. siendo gobernador don Pedro de Mercado y Peñaloza. 

En 1627, cuando el alzamiento calchaquí del cacique Chelemín, 
vemos levantarse también á los indios de Jujuy (1). 

(1) En 1655, 26 de octubre, don Pablo Bernárdez de Ovando, hace merced á 
los indios de Casabindo y Cochinoca de los terrenos dentro de los siguientes lí- 
mites : « desde el cerro y quebrada de la Leña por cabecera y travesía, hasta la 
cordillera del pueblo de Casabindo y cerro que llanian Poste, y, del dicho, co- 
rriendo por la dicha cordillera y antiguas fundaciones de Cochinoca y un pueblo 
viejo que llaman Chichanto hasta llegar á una abra que es desde donde se divisan 
las pampas de Moretay nacen algunas ciénagas que corren hacia Casabindo: que 
la dicha abra se llama Mora-mora (Boyungra), donde ha de correr la deresera al 
pueblo viejo y Chira y de él á unos paredones antiguos de adobe que están cer- 
ca de la Abra y de allí al pueblo viejo de Ivara y por su cordillera y vertientes 
hasta volver allegar á la dicha quebrada de la Leña ». 

Esto consta entre los papeles de la sucesión del Marqués del Tojo y la Llave 
en el archivo de Salta. 

En los mismos papeles se hallan ios siguientes nombres de indios que ejercían 
cargos en Cochinoca y Casabindo en distintas épocas : 

En 1682, Baltasar Quipildor, cacique principal del pueblo de Casabindo y go- 
bernador del pueblo de Cochinoca. Este apellido existe todavía en los valles de 
Calchaquíes de Salta, en Molinos y Cachi. 

1717 ; Diego Chichulamas, alcalde de Cochinoca. En los empadronamientos de 
indios de fines del siglo xvu y principios del xviii del archivo de Catamarca, 
publicados por Lafone Quevedo, en su Tesoro de catamarqueñismos,se vejepeti- 
do el apellido Chullama tres veces : uno como de Pisapanaco, otro como caci- 
que de Saujil, ambos de la cuenca de Londres, y otro sin indicación. El prefijo 
Chi puede indicar reduplicación. 

Andrés Cachisumba, gobernador de Casabindo. Este Cachisumba bien pudo ser 
Cachichumba ó Cachichumpa; en el primer caso tendría que ver con los indios 
de Machigastay Belén, de la famosa familia de los Chumbitas, y, en el segundo, 
con la no menos célebre de los Chumbichas, el hermano del poderoso cacique don 
Juan de Calchaquí, de quien tanto nos habla la historia. 

Miguel Sarapura, gobernador de Cochinoca. El señor Lafone Quevedo, indícalo 
como de Santa María y Yapura también; he encontrado este mismo apellido en 
Cachi (Salta), y ambos parecen de puro origen Kakan. 

1786; Matías Chuychuylamas, cacique principal de Cochinoca. Chuy, en los va- 
lles, quiere decir frío. Este modismo Chuy = tengo frío, y su opuesto Tuy ^ten- 
go calor, son kakanes. Quizá este apellido sea modificación ó verdadera forma 
del de Chichulamas expresado más arriba y que esta duplicidad se la debamos á 
los copistas. 



170 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Y en 1658 cuando el último alzamiento de Bohorquez, los in- 
dios de Casabindo y Cochinoca se entendieron con él, sin llegar 
á levantarse, porque ya en el siglo xvii los españoles habían cimen- 
tado su poder, y si bien los Calchaquíes hicieron prodigios de valor, 
las comunicaciones con el Perú estaban aseguradas, y los indios 
de Jujuy muy diezmados y demasiado cerca de los centros de re- 
cursos de los españoles, para poder actuar con toda la eficacia de 
sus buenos tiempos, cuando ni Salta, ni San Salvador existían, ni 
el camino á Tupiza se había allanado, para que las tropas del 
virrey pudiesen volar en socorro de los gobernadores del Tu- 
cuQián. 

Con Piltipico desaparecen losHumahuacas : era ya tiempo; como 
vanguardia de la nación Calchaquí, sufrieron el choque de todos los 
que se abrieron paso hacia el Tucumán, y en sesenta años de lucha 
intermitente cualquier tribu de indios, por más guerrera y brava 
que sea, pierde su nervio y se desangra cuando la lucha en propio 
territorio agota ios recursos y, como en este caso, sus flechas se 
embotaban en las armac^uras ó las balas de los arcabuces y pedre- 
ros derribaban desde lejos á los combatientes que, inútilmente 
blandían sus hachas de piedra rugiendo de coraje. 

Los elementos de que dispongo para escribir este trabajo son : 

Upa importante colección de objetos extraídos de los sepulcros 
ó huacas de la Rinconada (prov. de Jujuy), que me ha sido obse- 
quiada por el teniente coronel del ejército nacional don Manuel I. 
Córdoba, jefe de la escolta de la Comisión de límites con Bolivia. 

Datos y fotografías recogidos por el señor Pedro R. Crouzeilles, 
administrador de dicha comisión. 

Datos, fotografías, algunos objetos y manuscritos del señor Gui- 
llermo Gerling, ex viajero del museo de La Plata, que tuvo la for- 
tuna de recoger una valiosa colección, cuyo catálogo descriptivo é 
ilustrado ha sido publicado por el señor Roberto Lehmann 
Nitsche (1) director de la sección antropológica de dicho estableci- 
miento, prestando así á los Americanistas una valiosa contribu- 
ción para el estudio de nuestra Arqueología. 

Datos y croquis de la colección recogida por el doctor Max Uhle, 
depositada actualmente en el museo Etnográfico de Berlín, que me 



(i) Catálogo de las antigüedades de la provincia de Jujuy conservadas en el 
museo de La Plata. Revista del Museo de La Plata, tomo 10. 



ANTIGÜEDADES CALGHAQÜÍES 171 

han sido facilitados por el mismo doctor Lehmann Nitsche y otros 
publicados por el doctor Seler (1). 



ARQUEOLOGÍA 

Momias 

La figura i, fotografía de un hallazgo en Humahuaca, nos 
muestra cuatro momias de esa región, rodeadas por todos los 
objetos que las acompañaban en sus tumbas. 

Examinando estas momias, se observa, en primer lugar, que la 
posición que se les imponía al enterrarlas no era una sola, ritual, 
entre los indios de Jujuy ; igual cosa sucede en los valles Calcha- 
quíes, y sino, no tenemos más que repasar la serie variadísima 
de sepulcros y la posición de sus cadáveres de un solo lugar, 
Loma Rica, que el lápiz paciente de mi buen amigo don Adolfo 
Methfessel ha reproducido en su interantísimo diario de explora- 
ciones, desgraciadamente aun inédito porel Museo de la Plata, y del 
cual el doctor Ten-Kate extrajo las figuras que presenta en la pri- 
mera parte de su bello trabajo ya citado. 

Estas cuatro momias muestran cuatro posturas distintas; si bien 
todas ellas tienen las piernas encogidas, en cambio, el resto del 
cuerpo y los brazos están en actitudes diversas. Hay mucha varie- 
dad entre la posición de la primera momia, seguramente de mu- 
jer, encogida de un modo forzado, con la actitud serena de reposo 
altanero de la segunda que yergue su cabeza y cruza sus brazos 
sobre el vientre. 

El tercer cadáver, también sentado, contrasta en su posición medi- 
tabunda con la del cuarto que se retuerce en un supremo espasmo 
de dolor, quizás el último y, en el que, abandonado por los suyos, 
según costumbre de los indios (2) la rigidez cadavérica le conser- 

(1) Verhandlunger der Berliner Gesellschaff für Anthropologie enel Zeistriff 
für Ethnologie 1894^ páginas 409 y 410. 

¡2j Sobre esta costumbre de abandonar á los que van á morir y aún de despe- 
narlos ó anticiparles la muerte quebrándoles el espinazo, véase mi trabajo Cos- 
tumbres y sxípersticiones en los valles Calchaqities, provincia de Salta en los 
An. de la Sqc. Cient. Argentina, tomo XLl, pág. 41 y siguientes. Prácticas 
funerarias. 



172 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

vó el aspecto, que más larde la momificación natural se encargó 
de hacer perdurar. 

El Museo Nacional posee la momia de un hombre procedente de 
Santa Catalina, que perteneció á la colección Zavaleta. Suposición 




Fig. 1. — Momias de lu^ r-cpuicros de Humahuaca 

difiere algo de las que hemos descripto; tiene también las piernas 
encogidas, las rodillas á la altura de los hombros, y los brazos 
cruzados sobre el pecho, pero la cabeza en vez de estar erguida se 
halla inclinada hacia adelante apoyando la cara sóbrelas rodillas; 
esta momia demuestra que el cadáver ha sido atado en esa posición 
inmediatamente después de la muerte. Junto á ella se hallaron 
varios objetos, como ser : un arco corto, algunas flechas, pucos de 
barro cocido, varios mates, una fuerte soga de totora y algunos 
útiles de madera iguales á los que más adelante se describirán. 

Otra momia, de un jefe, á juzgar por la insignia de mando que, 
entre otras cosas, se encontró en su sepulcro, en las barrancas del 



ANTIGÜEDADES CALCHAQUIES 



173 



ríoSan Juan de Mayo por el señor Gerling, actualmente en el Museo 
de La Plata, se hallaba simplemente acostada con las piernas 
encogidas. 

Entre los objetos que estudiamos me llegó la momia de una cria- 
tura de más ó menos un año de edad (fig. 2). 

La desecación ha sido natural y se ha producido dentro de la 
urna en que fué encerrada y la posición de encogimiento que 
presenta es simplemente el producto del peso de su cuerpo, en la 
posición forzada que adquirió al ser introducida en el recipiente. 

El cráneo está intacto y el cuero cabelludo, ya seco y disten- 




Fis 



Momia de niño y su urna funeraria, de la Rinconada 



dido muestra, por transparencia, el losange de la fontanela an- 
terior. 

Sobre estos enterratorios en urnas, de niños, ya me he ocupado 
anteriormente y remito al lector á dichos trabajos (I). 

La urna que acompaña á esta momia es de una forma rara en 
Calchaquí : tosca, de barro rojo sin dibujo ni adorno, tiene 23 
centímetros de alto por 1 8 centímetros de diámetro ; la forma es casi 
cilindrica con una gran boca de bordes poco salientes y descansa 
sobre una base cónica invertida. Dos asas grandes achatadas de 
0,015 de ancho y poco destacadas del cuerpo de la urna, arrancan 
después del borde y están colocadas en sentido vertical. 



(1) La antigua ciudad de Quilines {Bol. del Inst. Geogr. Arg., tomo XVIII. 
página 33 y siguientes ) . 



Í7.4 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



ídolos de piedra 



Dos ídolos de esta naturaleza estudio en este trabajo : el primero 
es tosco, tallado en piedra negra pulida con bastante seguridad. La 
parte posterior es plana y la anterior algo convexa ; representa un 
ídolo antropomorfo de medio cuerpo y del sexo femenino (fig. 3). 

La cabeza, casi triangular, tiene la factura común de los ídolos 
calchaquies de barro cocido. La nariz de poco relieve, arranca de 



Fig. 3. — ídolo de piedra, Casabindo, del tamaño natural 

la línea que marca la frente : es larga y cuadrangular arriba y un 
poco redondeada en la punta. Los ojos y la boca están formados por 
óvalos algo salientes, con una raya transversal en su interior. Un 
profundo surco circular separa la cabeza del cuerpo que es casi 
cuadrado. De los hombros arrancan los brazos, también de re- 
lieve, toscos con alguna indicación de dedos en la parte correspon- 
diente á las manos. El cuerpo, del lado derecho inferior muestra 
una pequeña escotadura profunda y en el medio de su base un 
óvalo de relieve con un surco vertical, indica el órgano genital fe- 
menino. La posición de los brazos es curiosa, el izquierdo sobre el 
pecho lleva la mano hacia la boca, y el derecho se halla extendido 
sobre el vientre, con la mano dirigida hacia el costado izquierdo. 
Esta actitud se puede ver también en otros ídolos calchaquies 



ANTIGÜEDADES CALCHAQUÍES 175 

como : en el de madera de Santa María de la colección Lafone Que- 
vedo que reproduje en mis Notas de Arqueología calchaquí bajo el 
número 12; en la urna antropomorfa de Colomé (núm. 26) que 
lleva su mano izquierda á la boca y la derecha hacia la región ge- 
nital ; en el falo antropomorfo de piedra de Saujil, del señor La- 



N 




Fig. 4 — Falo de piedra, Salinas 'Grandes, -r,- ., \r--t^ ri o ,,=,.« i 

mitfirlrlpl tnmnfinnat.Mrnl viítn rlA frpntP. iflg.b.— V IblO Cíe perní 



fone Quevedo (núm. 107) en que la actitud de los brazos se halla 
invertida; en el vaso antropomorfo femenino de Vipos de la colec- 
ción WolíFy por fin en el ídolo de barro de Pisapanaco (n° 221), 

El segundo ídolo es un falo de piedra y lo debo á la gentileza del 
señor Camilo Geritault que lo halló en las Salinas Grandes, entre 
Salta y Jujuy (fig. 4 y 5). 

Es de forma cilindrica de quince centímetros de largo y de tres y 
medio de diámetro El glande es comprimido de casi cuatro centí- 



176 ANALES DE LA SOCIEDAD CIECÍTÍFICA ARGENTINA 

metros de largo, y está separado del cuerpo del falo por un surco 
circular poco profundo. Otro surco, también simple, lo divide á su 
vez verticalmente en dos porciones laterales, cruzando la parte co- 
rrespondiente al meato. 

Cada una de estas dos secciones presenta en su parte externa 
dos concavidades circulares, una á cada lado, y debajo de ellas una 
transversal alargada mayor, de modo que este glande tiene el as- 




/ 



\ /,?/ 



Fig. 6. — Disco de bronce, Casabindo, un quinto del tamaño natural 

pecto de una estatua de Jano rústica, con dos caras humanas 
opuestas. 

La forma antropomorfa del falo es común en Calchaquí. En un 
trabajo anterior (1) he descripto y figurado dos ejemplares intere- 
santes : uno del Saujil, de que ya hice mención y otro de Capayan 
déla colección Quiroga; y en ambos la cara humana se presenta 
perfectamente grabada. 

El empleo de estos falos de piedra, creo haberlo ya indicado en 
ese mismo trabajo. 

(1) Notas de arqueología Calchaqui, numero 15 ; ídolos fdlicos de piedra, 
Bol. del Inst. Geogr. Arg,, tomo XIX. página 71 y siguientes. 

(Continuará) 



LA HÉLICE DE CALCULO 

Por JOSÉ S. CORTI 



Conocida es la vetitaja que en la práctica ofrece la Regla de Cál- 
culo, que reemplaza á las tablas de logaritnaos y que sirve para 
efectuar rápidamente las operaciones de multiplicación, división, 
elevación á potencias, extracción de raíces, cálculo de proporciones, 
etc., etc. 

Conocidos son también sus iisconvenientes ; á causa de que su 
longitud debe ser reducida, á fin de que su manejo no resulte engo- 
rroso, sólo puede contarse con una aproximación grosera en los 
resultados (^), suficiente en muchos casos pero en otros no. 

Geo. Fuller, Hon. M. Inst. C. E., tuvo la idea de reemplazar la 
escala logarítmica recta de las reglas comunes, por una escala arro- 
llada en forma de hélice sobre una superficie cilindrica circular, 
obteniendo así las ventajas que reporta el uso de una escala muy 
larga, por medio de un instrumento de fácil manejo. 

La hélice de Fuller, construida por W. F. Stanley, de Londres, 
consta de un cilindro hueco A provisto de un mango m j con un 
índice fijo F (fig. 1). 

Sobre este primer cilindro A se mueve un segundo B, el cual á 
frotamiento suave, puede subir ó bajar y girar á derecha ó izquier- 
da, hasta ocupar cualquier posición sobre el cilindro fijo. El cilin- 
dro movible B lleva trazada una hélice que da exactamente cincuenta 

(*) La regla Tavernier-Gravet, de 50 centímetros de largo, es ya algo incómoda, 
y sin embargo, sólo permite leer tres cifras y apreciar una cuarta, en una peque- 
ña parte de su escala. 

AN. SOC CIENT. iRG. — T. LU 11 



178 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

vueltas sobre su superficie ; siendo de SO"^" el diámetro externo del 
cilindro B, el desarrollo de la hélice resulla ser de ■I2'"'"50. 

Sobre la hélice esta trazada una sola escala logarítmica, mien- 
tras que en la regla ordinaria es menester que ésta sea doble, de 
donde resulta que la hélice de cálculo equivale á una regla de cál- 
culo de 25 metros de largo, sin tener los inconvenientes de ésta^ 



FlG. 1 



pues en el peor de los casos nunca tiene más de 60 centímetros de 
largo, incluyendo el mango. 

La longitud total de la hélice está dividida proporciona Imente á 
la mantisa de los logaritmos de los números 100 á 1000, estando 
numerado cada rasgo con el número que corresponde al logaritmo 
cuya mantisa expresa su distancia al rasgo 100. Sobre la hélice se 
halla^ pues, esmío cualquier número de 100 á 1000. El intervalo 
entre dos rasgos numerados consecutivos está subdividido en diez 
partes para los rasgos comprendidos entre 100 y el 650, y en cinco 
partes para los rasgos entre el 650 y el 1000 (fig. 2 y 3). 



710 711 



I I I I I I I I I I I I I I I I II I III I I I 

FlG 2 FiG. 3 

En la figura 2 la distancia de cada rasgo al 178 es el incremento 
dellogaritmo de 178,1, de 178,2 y sobre el logaritmo de 178. Pue- 
de, entonces, leerse una cuarta cifra por el rasgo no numerado, y 
como la distimcia entre dos de estos se subdivide fácilmente á ojo en 
10 partes, una quinta cifra se estima. Asi, para el punto a la lectu- 
ra sería 17848 : 178 se halla escrito, 4 está marcado y 8 se estima. 

En la figura 3 en vez de tener trazados todos los décimos del 
intervalo 710-7, sólo lo están los pares, y como se puede aun apre- 
ciar un décimo entre dos rasgos no numerados, se tendrá la lectura 
con aproximación de dos unidades de la quinta cifra. Así, para el 



LA HÉLICE DEL CÁLCULO 179 

punto b la lectura es 71058 : 710 se halla escrito, 4 está marcado y 
9 X 2 = 18 se estima. 

En la parte superior del cilindro B (íi^. 1) hay una escala de 
partes iguales dd, trazada sobre una sección recta (ó directriz) de 
dicho cilindro. Hay en ella 20 divisiones equidistantes, numeradas 
de 0,000 á 0,020 ; cada intervalo de estos está subdividido en 10 
partes ¡guales no numeradas, y estimando el décimo de una de es- 
tas subdivisiones, se apreciará 1/^000 del desarrollo de la directriz. 

Dentro del cilindro fi)0 A se mueve á frotamiento suave un tercer 
cilindro C, al cual está fijada una reglila metálica MM' con dos ín- 
dices M y M ' y una escala de partes iguales g en su canto izquierdo. 
La distancia entre los dos índices M y M' es exactamente igual á la 
longitud axial de la hélice, y cuando el instrumento está rectificado 
y listo para el trabajo, si el índice M apunta al origen de la hélice, 
el M' debe apuntar su término. Si la línea MM' no resultara para- 
lela á las generatrices del cilindro, el juego de tornillos que fija á 
C la pieza MM ' permite á esta un ligero movimiento para hacer esta 
rectificación, única que exige la hélice. 

La escala g está dividida en 50 partes iguales numeradas 0,00 ; 
0,02 ; 0,04 hasta 0,100, y su longitud iguala á la distancia de M á 
M', es decir, es también igual á la longitud axial de la hélice. 

Empleando esta escala en conexión con la d, trazada sobre el ci- 
lindro B, se tiene subdividido el desarrollo de toda la hélice en 
100.000 partes iguales. 

Si se pone el índice fijo F de modo que indique una cantidad 
cualquiera a y el movible M (*) una cantidad h, la distancia de F á 
M (ó de a á 6) contada sobre la hélice será la diferencia log a — 

log b, igual por consiguiente á log t-' sí, después, se mueve el ci- 
lindro B hasta que F indique una nueva cantidad a' , sin cambiar 
la posición relativa de ¥ y M, el índice M indicará 6' y la distancia 
de a' á 6' será 

a' 
loga' — log 6' = log^; 

pero, corno la distancia de F á M se ha dicho que no ha variado, 
resultará 

, a . a' 

[*] Lo que se diga de M será válido también para M'. 



180 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de donde 

a a' 

Luego, el empleo del cilindro B en conexión con el índice fijo F y 
los movibles M ó M', permite hallar la cuarta proporcional entre 
tres cantidades dadas, pudiéndose, por lo tanto, hallar el producto 
de dos ó más factores, el cociente de dos cantidades, dividir una 
cantidad dada en partes proporcionales á otras cantidades también 
dadas y, en general, hacer cualquier operación de las que se efec- 
túan con la Regla de Cálculo. 

Al usar el instrumento, convendrá tomarle del mango con la 
mano izquierda y actuar sobre el cilindro é índices movibles con la 
derecha, lo que podrá hacerse sin dejar el lápiz ó pluma con que se 
anoten los resultados. 

Para la explicación del manejo del instrumento emplearemos la 
palabra pó?ier para expresar que deberá moverse uno de los índi- 
ces y la palabra traer para expresar que deberá moverse el cilin- 
dro. 

Hecha esta convención, calculemos la fórmula 

= r' (I) 

que puede escribirse — = -j--En esta última forma vemos que r' 

es el cuarto término de una proporción geométrica cuyos tres pri- 
meros lo son m, a y b. Entonces, para obtener á r' habrá que pro- 
ceder así : traer a á F, poner M en m, traer 6 á M y leer r ' en F. 
Si la expresión dada fuera 



se haría 



aXbxcxdxe ._. 

z= r (2) 

mXn X p X q 



aXb , r' xc „ r" X d ,„ r'"Xe 

— — :— = r' , = r , =: r y = r ; 

m n p '' q 

y se calcularía sucesivamente cada uno de estos valores como caso 
particular de (1), sin necesidad de leer los resultados parciales r', 
r" y r"\ 



LA HÉLICE DEL CALCULO 181 

La sucesión de operaciones para el cálculo de r es, pues (*), 

Traer a é F \ - / poner M en p 

poner M ^^^^^ axbxc>:dxe \ ^'''' ^ ^ ^ 
traer b á M mxnxpxq = ^ P«"^'' ^ ^" ^ 

poner M en n ) f traer e á M 

traer c á M / \ leer r en F 

La fórmula (2) es general, y de ella se deducen las fórmulas para 

el producto de dos ó más factores. Así para calcular axb bastará 

poner m = 1 , conservar ay by quitar las demás letras, con lo que se 

. , a X b ^ , , , , , axbxc 

tendrá — ¡ — = r. Para calcular a XoXcse pondrá — ; ; — =r. 

1 ^1X1 

n ^.A^/^.j , , a X bxcx d 

Para a X o X c x a se pondrá — ; — = r y asi sucesiva- 

^ 1X1x1 "^ 

mente. 

Entonces, para la multiplicación habrá que operar así : 

/ Traer a á F 
a X b = r I Traer aáF aXb xc=:r{ poner M en 100 

\ poner M en 100 ) traer 6 á M ó M ' 

« X ^ ^ y. i traer 6 á M ó M ^ a X 6 x c ^ ^ j poner M en 100 
' \ leer r en F 1X1 I traer c á M ó M ' 

\ leer r en F 

Traer aáF 

poner M en 100 
a X 6 X c X flí = r Uraer 6 á M ó M ' 

poner M en 100 

aXbxcxd ^ ^ \ traer c á M ó M ' 

1x1x1 / poner M en 100 

traer á á M ó M' 

leer r en F 

Gomóse ve, habrá que ejecutar la misma sucesión de operacio- 

(*) Nótese que los índices movibles M y M' tienen dos puntas cada uno, una 
á la izquierda y otra á la derecha. Generalmente se trabaja con la primera, 
pero, si al terminar una operación el índice F estuviera colocado sobre la re- 
gla MM', no se podría leer el resultado, y en ese caso se salva el inconve- 
niente operando con la punta derecha. 



lo2 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

nes, cualquiera que sea el número de factores cuyo producto se 
quiera hallar. 

Se ha dicho más arriba que hay dos índices movibles, uno M y 
otro M '. Si al hacer el producto axb = r resultara que por haber 
traído 6 al índice M, el índice íljo F quedara mas allá del término 
de la escala helicoidal, no sería posible leer el producto r sobre 
esta escala y frente á F. En este caso el factor b deberá traerse al 
índice M ' en vez de M, y esto hará que la escala helicoidal se corra 
de toda su longitud hacia adelante, con respecto al lugar que ocu- 
paría trayendo 6 á M, resultando entonces que la característica del 
logaritmo del producto es una unidad mayor que la suma de las 
características de los logaritmos de los factores, en vez de serle 
igual, como sucede cuando sólo se hace uso de M. 

Luego, se puede decir : súmense las características de los factores 
y d esta suma agregúese una unidad cada vez que un factor sea 
traído al índice M' {no al M) ; este resultado será la característica 
del producto. 

De la misma fórmula (2) se deducen las fórmulas para la divi- 
sión. Así, para calcular — bastará poneré = 1, conservar a y m y 

a X '1 

quitar las demás letras, con lo que se tendrá == r. Para cal- 

^ m 

cular se pondrá = r. Para se pondrá 

m X w mXn mxn ^ 

axbx\ 

= r y asi sucesivamente. 



mx.n 

Entonces, para la división habrá que operar así 



Traer a á F 



Í7n ^í'<r n 
Traer a á F = r i poner M en m 

poner M en m ) traer 1 00 á M 

aX \ ) traer 100 á M a x 1 X 1 ) P^*^^^ M en n 

m leer r en F m xn ^^ ^ í traer 100 á M 



leer r en F 



axb 
mXn 



Traer a á F 
poner M en m 
traer 6 á M 



a X 6 X 1 / poner M en M 

traer 1 00 á M 



m xn 



leer r en F 



LA HÉLICE DEL CÁLCULO 183 

Como se ve, habrá que ejecutar la misma sucesión de operacio- 
nes cualquiera que sea el número de faclores del dividendo y del 
divisor. 

Si durante la operación hay necesidad de hacer uso del índice M' 
en vez de M, esto aumentará la característica del término del co- 
ciente al cual pertenece el factor sobre que se ha operado con M. 

Luego, se puede decir : de la suma cíe las características de los 
factores del numerador (*) réstese la suma de las características de 
los factores del denominador ; á esto agregúese una unidad cada vez 
que un factor sea traido á M' (no áM) y quítese una unidad cada 
vez que },1' (no M) sea llevado d un factor ; el resultado será la ca- 
racterística del cociente. 

La fórmula (1), caso particular de la (2), nos permitirá calcular 
las proporciones. Así, para subdividir á la cantidad a en tres par- 
tes-i-, r' y r" proporcionales á b, c y d, se hará bxcxd^mj 
entonces 

a'X b axc , aX.d , 

m ' m ' m ' 

Para el cálculo de estas proporciones habrá que operar así : 

Traer a á ¥ Poner M en m 



axb ^traer^áM aXc ,^lraercáM aXd „^traerc¿áM 

m (leerrenF m (leerr'enF m (leerr^enF 

Ejemplos. — Multiplicación : ¿Cuánto cuestan 225 metros linea- 
les de tabla de pino de 0'"305 de ancho, á razón de $ 1 ,50 por cada 
metro cuadrado ? Para efectuar esta multiplicación habrá que pro- 
ceder así : 

' Traer 225 á F 

poner M en 100 

traer 305 á M ' 

poner M en 100 

traer 150 á M 

leer 10294 en F 



(*) Siempre que intervengan un factor 100 deberá recordarse que éste sobre 
la hélice, equivale á 1 y que su característica es 0. 



184 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Se hubiera podido también traer 305 á M j después 150 á M', 
pero no 305 y 150 ambos á M. En virtud de esto, siendo 2, 9 j O las 
características de los tres factores, la del producto será 2 + 9 -f O 
+ 1 =2y el producto $102, 94. El cálculo directo daría $102,9375. 

División. — Un cilindro metálico con base circular de 13 centí- 
metros de diámetro y con 11,6 centímetros de altura, pesa 11.228 
gramos ¿cuál es su densidad ? 

Si P es el peso, d la densidad, D el diámetro de la base y H la 
altura del cilindro, se tendrá 

3,14]6.D.D.H.¿¿ 

~ 4 

de donde 

4.P 4. P. 1.1.1 



d 



3,1416. D.Ü.H 3,1416.D.D.H 

Para calcular esta expresión habrá que proceder así : 

/ Traer 4 á F 
poner M en 31416 
traer 1 1 -228 á M 
poner M en 13 
traer 1 00 á M 
pcner M en 13 
traer 100 á M 
poner M ' en 116 
traer 1 00 á M 
leer 7292 en F 

Las características del numerador suman O + 4 =: 4 ; las del de- 
nominador suman O -f 1 + 1 + 1 = 3 ; la diferencia de estas su- 
mas es 1, pero como se ha puesto en un fafitor (116) M' en vez de M, 
habrá que rebajar 1 á esta diferencia y el resto O será la caracterís- 
tica del cociente. El cociente será, pues, d = 7,292. El cálculo di- 
recto daría 7,293. 

Proporciones. — Por una partida de hierro en barras se pagó 
pesos 451 ,75 de flete. Esta partida comprendía 2917 metros de hie- 
rro número O, con peso bruto de 5913 kilogramos ; 1720 metros de 
hierro número 1, con 5216 kilogramos y 975 metros de hierro nú- 
mero 2, con 3200 kilogramos. ¿Qué recargo por metro lineal tiene 
cada clase, por este concepto? 



LA HÉLICE DEL CÁLCULO 185 

Peso bruto total 14.329 kijogramos; luogo 

451,75 r r' r" 



U.329 5913 5216 3200 

y para calcular los fletes totales por número habrá que proceder 
así : 

Traer 45.1 75 á F Poner M en 1 4.329 



traer 591 3 á M ' traer 521 6 á M ' traer 3200 á M ' 

leer 18.643 en F leer 16.444 en F leer 10.088 en F 

características de los resultados, 2 según la regla ; luego 

r = pesos '1 86,43, r' = ] 64,44 r" = 1 00,88. 

Para hallar el flete unitario por número solo, restará calcular 

186,43 _ 164,44 _ 100,88 _„ 

2917 "" 1720 "" ^ 975 ~ 

por lo cual habrá que proceder así : 

Traer 1 8643 á F Traer 1 6444 á F Traer 1 0088 á F 

poner M' en 2917 poner M ' en 1720 poner M' en 975 

traer 1 00 á M traer 1 00 á M traer 1 00 á M 

leer 6391 en F leer 9560 en F leer 10347 en F 

las características serán — 2, — 2 y — 1 según la regla ; luego 
R =r peso 0,06391 R ' = 0,09560 R" = 0,1 0347. 

El cálculo directo daría 
R = peso 0,063907 R ' = 0,095608 R" = 0, 1 03474. 

Como se habrá podido observar, este instrumento ofrece una gran 
ventaja, además de lasque se apuntaron más arriba : las lecturas 
se hacen por Índices fijos en vez de hacerse por coincidencia de divi- 
siones, como en las reglas de cálculo comunes. 

El empleo combinado de las escalas dy g permite hallar el loga- 



186 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ritmo que corresponde á un número dado, y, recíprocamente, el 
el número que corresponde á un logaritmo dado. 

Así, si se quiere hallar ellogaritmo de 39427, habrá que poner M 
en 39427, leer 58 en la escala g, en su intersección con la primera 
espira de la hélice, v OI08OO en la escala d, en su intersección con 
la g ; la mantisa del logaritmo pedido será 58 -f 01580 = 59580. 

Recíprocamente, para hallar el número cuyo logaritmo tiene por 
mantisa 62291 se pondrá el cilindro B de modo que el canto de la 
escala g marque sobre la d 00291 y la escala g encuentre con su 
rasgo 62 á la primera espira de la hélice; el índice M marcará en- 
tonces el número pedido 41967. 

Con esto se podrá resolver el problema siguiente : Hallar la raíz 
séptima de 72970. 

Las escalas de partes iguales nos dan, para logaritmo de este 
número, 4,86314. La escala logarítmica nos da, para un séptimo 
de esta cantidad, 0,69474. Las escalas de partes iguales nos dan, 
después, para número correspondiente 4,9516. El cálculo directo 
daría 4,9515. 



HÉLICE TAQUIMETRICA FUI.LER-BAKEWELL 

W, N. Bakewell, M. Inst, C. E. ideó trazar sobre la superficie del 
cilindro A dos escalas que han aumentado considerablemente la 
utilidad de este instrumento, haciéndole propio para calcular la 
distancia horizonlal y la diferencia de nivel entre un punto en que 
se haya estacionado con un taquímetro de graduación sexagesimal 
y el punto en que se haya colocado una mira vertical, en función 
del número generador y del ángulo de inclinación i. 

La primera escala, colocada en la parte inferior del cilindro A, 
está trazada sobre una hélice de paso igual al de la hélice trazada 
sobre B y que da 8 V2 vueltas. Hay en ella 36 rasgos numerados 
desde O hasta 35°. Entre O y 1° no hay subdivisión alguna ; á ojo 
puede estimarse un décimo de grado. De 1 á 10° cada grado está 
subdividido en diez partes no numeradas (10') estimándose á ojo 
las subdivisiones. De 10 á 35° cada grado está subdividido en doce 
partes (5') estimándose á ojo las fracciones. 

La segunda escala, que es en dos partes, está trazada sobre una 
hélice de paso igual á las ya citadas y que da en todo 85 vueltas. En 
la parte inferior, de 50 vueltas, hay una serie de rasgos todos nu- 



LA HÉLICE DEL CÁLCULO 187 

merados desde 34' y variando por 1 ' hasta 5°46'. En la parte su- 
perior sig'ue la graduación como en la inferior, desde 5°46' hasta 
8°. De 8 á 20° siguen trazados los rasgos de todos los minutos, pero 
sólo están numerados de 2' en 2' entre 8 y 12° y de 5' en 5' entre 
12 y 26°. De 26 á 36° las divisiones son de 5' en o', estando mar- 
cadas las decenas. De 36 á 39" las divisiones son también de 5' en 
5' pero la numeración es de 30' en 30'. Por fin, de 39 á 45° las 
divisiones son de 10' en ']()', estando numerados sólo los grados. 

La primera escala, graduada de arriba hacia abajo, da los valores 
de cos~^ y sirve para la reducción de las distancias al horizonte. 

La segunda, graduada de abajo hacia arriba, da los valores de 
cos^ i tang i = sen i eos i y sirve para el cálculo del desnivel. 

En conexión con estas dos escalas se usan dos índices z y z' , co- 
locados en la parte inferior y en la superior del cilindro B. 

Para darse cuenta del uso de estas escalas, consideraremos tres 
casos numéricos : 

I. Sea KG = 129,7, i = I3°2'l ' (K constante del anteojo, G nú- 
mero generador, i ángulo de inclinación de la visual) ; 

Tráigase z á 0° sobre la primera escala ; póngase M en 129,7 so- 
bre la escala del cilindro A ; traígase z á 13°21 ' sobre la escala y 
léase 122,79 en M (distancia). 

Traígase z' (por ser i >> d'^46') á 13°21 ' en la parte superior de 
la segunda escala y léase 29,14 en M (desnivel). 

n. SeaKG = 141,5, i = 2°17'. 

Tráigase z á 0° sobre la primera escala ; póngase M en 141,5 so- 
bre A ; traígase z á 2°17' sobre la primera escala y léase 141,25 en 
M (distancia). 

Tráigase z (por ser i < o°46') á 2°17 ' en la parte inferior de la 
segunda escala y léase 5,63 en M (desnivel). 

III. Sea KG = 96,2, z = 27'. 

Traígase z á 0° en la primera escala ; póngase M' en 96,2 sobre 
A ; tráigase z á 27 ' en la primera escala y léase 96,1 9 en M ' (dis- 
tancia). 

Traígase 96,2 á F sobre A ; póngase M en 1 000 ; traígase 0,00785 {^) 
áMy léase0,755 en F. 

Como se ve, la reducción al horizonte se calcula en todos los ca- 
sos del mismo modo. 



(*) El factor 0,00785 se tomará frente al ángulo ¿=: 27' de lá tabla que se 
inserta al fin. 



i 88 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Para el desnivel, si i > 5°46 ' se usa z ' con la parle superior de 
la segunda escala ; si 35 ' <i< 5°46' se usa z con la parte infe- 
rior de esa misma escala y si i < 35 ' se usa la tabla auxiliar y la 
escala del cilindro A. 

En cuanto á la característica de los resultados, no puede haber 
duda : la distancia horizontal es siempre menor que KG, pero en 
la práctica nunca menor de KG/IO; el desnivel, paraí>5°46', 
es mayorqueKG/10, para 35' <2<5°46', es menor que KG/10 
y mayor que KG/100. para i < 35', es mayor que KG/100. 



r 


.00029 


18' 


.00524 


2' 


.00058 


19' 


.00553 


3' 


.00087 


20' 


.00582 


4' 


.00116 


21 ' 


.00611 


5' 


.00145 


22' 


.00640 


6' 


.00174 


23' 


.00669 


7' 


.00204 


24' 


.00598 


8' 


.00233 


25' 


.00727 


9' 


.00262 


26' 


.00756 


10' 


.00291 


27' 


.00785 


11' 


.00320 


28' 


.00814 


12' 


.00349 


29' 


.00843 


13' 


. 00378 


30' 


.00872 


14' 


.00407 


31-' 


. 00901 


15' 


.00436 


32' 


.00930 


16' 


.00465 


33' 


.00960 


17' 


.00494 


34' 


.00990 



L'AGE 



DES 



FORMATIONS SÉDIMENTAIRES DE PATAGONIE 

' Par florentino AMEGHINO 

(Suite) 



Si noLis passons aux mollusques, ce qiii írappe immédiatement, 
c'est que nous nous trouvons en présence d'un monde compléte- 
ment éteint, du moins en ce qui concerne les mollusques typiques, 
caries molluscoídes (Brachiopodes et Bryozoaires) élant des tjpes 
plus persistants, ils n'ont pas subi les mémes changements. Les 
savants qui ont élabli les grandes divisions de Tere lertiaire ont 
pris pour chronométre les gastropodes et les lamellibranches. 
Quand on juge de Táge des formations tertiaires d'aprés le degré 
de changement de la faune, on a done tort de considérer comme 
un ensembie les mollusques et les molluscoídes ou autres inverté- 
brés, car au point de vue de leur longévilé ils n'ont pas la méme 
valeur. Chacun des grands groupes du régne animal fournit un 
chronométre géologique de graduation diííerenle et dont les résul- 
tats n'ont de valeur qu'á la condition de les compulser séparé- 
ment. 

La lisie des vrais mollusques de la formation patagonienne con- 
tientlOGespéces, desquelles 103 sontcertainemen'téteintes. Les trois 
restantes sonl : la premiére, une Siphonalia, représentée par un 
moule et rapprochéeavec beaucoup dedoute a S. nodosa acluelle ; 
la deuxiéme, un Mytilus, rapproché aussi avec doute a M. chorus 
actuel el représentée seulement par le moule, de sorle qu'il ny a 
pas de cerlitude sur son identification spécifique ; la troisiéme est 
également un Mytilus rapporté par Ortmann a M. magellanicus 
actuel, mais sans donner aucun détail ; il est possible que cette 
identification repose aussi sur quelque empreinte, ce qui la ren- 



190 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

drait aussi incertaine que Íes deax precedentes (I). On avait fait 
mention de deux espéces vivantes du genre Trochüa, mais d'aprés 
les derniéres recherches il paraíl que les échantillons en question 
proviennent d'unecouche plus récente qui, a l'embouchure du rio 
Santa-Cruz, surmonte le patagonien. 

11 s'agit done d'une faune de mollusques compléternent ou pres- 
que compléternent éteinte, et qui par cela méme ne peut étre 
rapportée qu'á Téocéne. Ajoutons encoré que quelques espéces 
sont identiques ou irés rapprochées a des espéces ci:étacées, dont 
le nombre aujourd'hui restreint sera certainement augmenté quand 
on aura determiné les nombreuses collections du patagonien infé- 
rieur constituant l'étage julien. 

Si nous comparons celte faune avec celle du santacruzien, nous 
trouvons qu'il n'y a qu'une quinzaine d'espéces qui soient com- 
munes aux deux formations, tandis que i'on en trouve 20 dans le 
lebuvien du Chili et 16 dans le tertiaire de Navidad, de telle sorle 
qu'au point de vue paléontologique la différence est plus grande 
avec celle qui se trouve immédiatement au-dessus qu'avec celles 
de la cote du Pacifique. Nous remarquons également que plusieurs 
espéces communes au tertiaire le plus ancien du Pacifique (lebu- 
vien) et de l'Atlantique (patagonien), ont persistes sur les deux cotes 
de l'Amérique jusqu'á l'époque du santacruzien en Patagonie etdu 
tertiaire de Navidad au Cbili. 



FORMATION SANTACRUZIENNE 



Dans la Patagonie australe, dans le territoire de Santa-Cruz, 
reposant sur la íorraation patagonienne, existe un autre systéme 
de couches marines et sous-aériennes, lequel dans certaines loca- 

(1) Ces lignes étaientdéja écrites quand j'ai recu le Mytilus magellanicus d'une 
formation beaucoup plus récente que le patagonien et contenant VOstrea patagó- 
nica. Comme l'échanlillon d'Ortmann vient de San Julián, localité oú dans quelques 
endroits les couches de la formation tehuelche marine sous la forme d'anciens 
ravinements remplacent dans les falaises d'en tiaut jusqu'en bas, celles de la 
formation patagonienne, je crois que M. Halcher s'est trompé et a pris pour 
patagoniens des fossiles provenant de la formation tehuelche. C'est ce qui est 
arrivé aussi a Darwin dans la méme localité. Mon échantillon a été determiné par 
M. Ihering. 



LAGE DES FORMATIONS SÉDIMENTAIRES DE PATAGONIE 191 

liles peul atteindre plusieurs centaines de mélres d'épaisseur; 
j'ai doniié á ce systéme le nom de « formalion sanlacruzien- 
ne » (3, pages 16-)7), Toiit d'abord j'ai cru que cetle íormation 
élait ó'ági^ plus ancien que le palagonien, el quoique j'en ai fait 
la reclificalion avant que personne s'en soit apergu, on s'esl 
empaté de celle méprise pour l'exploiler á mon préjudice sous 
loules les formes possibles, loul en aja ni le plus grand soin de iie 
pas faire la moindre allusion a la véiilable source de l'erreur. 
Celte source n'est pas connue de ceux qui ne sonl pas bien familia- 
risés avec les Iravaux géologiques se rallachanl au terliaire de 
TArgentine, de sorle que pour faire cesser l'exploilalion donl je 
viens de faire menlion, il esl nécessaire queje fasse un peu d'his- 
toire, qui aura aussi son ulilité. 

En 1897, M. Halcher (12, page 333), discutant la posilioii slrali- 
graphique des conches á Pjrotherium (lesqueiles, soil dit en pas- 
sant, iui sonl encoré inconnues!), prélend que Ton doit s'éU'e 
trompé dans la détermination slraligraphique, el que ees couches 
doivcnl élre plus récenles que le palagonien ; il allegue, comrae 
raison, que Carlos Ameghino a Iravaillé dans le sanlacruzien pen- 
danl plusieurs années avanl de reconnailre que celte formalion 
recouvre le palagonien. J'eus l'occasion d'expliquer personnelle- 
menl á M. Halcher la cause de cetle erreur, bien différente de celle 
que, d'apres ses critiques insidieuses, on pourrait supposer. L'ex- 
pression que je viens d'employer esl dans le cas bien applicable, 
car malgré les renseignemenls que je Iui avais fournis, renseigne- 
menls qui nehii permeltaient pas de feindre ignorer leschoses, dans 
son récenl mémoire (et naturellement aussi M. Rolh, dans 33, 
page 261) il se plaít a insisler longuemenl sur celte erreur(2, page 
103), si erreur il y a. Or, il n'esl pas exacl que Carlos Ameghino se 
soit trompé dans la slraligraphie, et je ne me suis pas trompé 
non plus dans la délerminalion de Fáge relatif des formalions 
donl j'ai eu des raalériaux á ma disposilion. 

Cela n'élant probablement pas suffisanl á amoindrir la valeur 
des observalions de C. Ameghino, il assure (ibid, méme page) que 
c'esl M. Mercerat qui, en 1893^ a reconnu les véritables relations 
slratigraphiques des formalions santacruzienne et palagonienne, 
et que l'année d'apres C. Ameghino ne fil que coníirmer les obser- 
valions de cel auleur, Ceci est complélemenl inexacl; et Ton a 
de la peine á comprendre que l'on puisse, dans un rapport scienti- 
fique, insérer des afíirmalions erronées, surloul quand le savant 



192 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

qui le rédige sait perlinemment qu'elles sont le contraire de la 
veri té. J'ai fait connaítre la véritable relation stratigrapliique des 
deux formations en question, d'aprés les observations de Carlos 
Ameghino, dans 4, pages 4 á 8, etj'invite tout simplemenlM. Hat- 
cher á m'indiquer le numero de la page d'une publieation anté- 
rieure dans laquelle M. Mercerat affirme d'une maniere precise 
que la formalion sanlacruzienne repose sur la formation patago- 
niennel . . . 

M. Hatcher (ibid, méme page) s'étonne qu'apres avoir reconnu 
que le patagonien se trouve au-dessous du santacruzien je n'aie 
pas apporté un plus grand changement dans l'áge respectif de 
ees formations. Mais cela aussi est iiiexact ; en 1889(3, page 14 
et passim) je consideráis la formalion santacruzienne comme étant 
de l'éocéne moyen, et la formation patagonienne, telle qu'alors 
elle étail connue, comme correspondant á l'éocéne supérieur et á 
Toligocéne ; or le changement a élé si considerable que j'ai place 
le patagonien dans l'éocéne inférieur et le santacruzien dans 
l'éocéne supérieur. 

Maintenant, pour apprécier la valeur de ees changements, pour 
connaitre la véritable source de l'erreur et que l'on puisse juger 
jusqu'á quel point j'en suis responsable, il faut se repórter á l'épo- 
que oú j'écrivais et á Tétat de nos connaissances géologiques 
d'alors. 

Plus haut, j'ai déjá eu l'occasion de rappeler que l'on ne recon- 
naissait á cette époque qu'une seule grande formalion torliaire 
marine, la formation patagonienne, ainsi nommée par Darwin et 
d'Orbigny qui, séparément, l'avaienl éludiée sur leseóles de Pata- 
gonie el aux environs de Paraná dans la province d^Enlre-Rios. 
Les deux savanls onl reconnu ees lerrains (de Paraná et de la cote 
de Palagonie) comme étant de la méme époque el caractérisés 
paléontologiquement par les mémes espéces de mollusques íossi- 
ies, spécialement par une grande buitre nommée par d'Orbigny 
Ostrea patagónica. Tous les savanls qui, poslérieurement, onl. 
étudié la question sur place, comme Bravard, Burmeisler, Stelz- 
ner, Doering, etc., sonl arrivés exaclement á la méme conclusión, 
c'esl-á-dire que le lertiaire marin de Paraná el de Palagonie étail 
d'une méme époque et constituait la formation patagonienne. Pa- 
raná étail devenue la localité classique pour I'étude de cette 
formalion. 

De 1882 á 1886 j'eus l'occasion d'étudier successivemenl plu 



l'aGE des FORMATIONS SÉOIMENTAIRES DE PATAGONIE 193 

sieiirs series — queiques-unes assez considerables — de débris 
fossiles de mammiferes du terliaire desenvirons de Paraná, prove- 
iiant en parlie de dépots places aii-dessous des couches á Oslrea 
patagónica. Naturellement, et d'accord en cela avec tous les natu- 
raiisles.J'ai consideré ees mamnaiférescomme constituant la faune 
mammalogique de la formalion palagonienne, telle qu'alors elle 
étail conniie. 

La question en était la, qiiand en 1887, Carlos Ameghino rap- 
porta de son premier voyage en Patagón ie loute une serie de 
mammiferes fossiles compiétement diííerenls de ceux de la forma- 
mation palagonienne de Paraná. Ces fossiles provenaient d'une 
formation d'eau douce ou sous-aérienne qui, dans sa parlie infé- 
rieure, passail insensiblemenl á une couche marine á fossiles 
difTérents de ceux de la formalion palagonienne. Les rapporls slra- 
tigraphiques enlre celle formalion de l'inlérieur el la formation 
marine de la cote dite palagonienne n^avaient pu étre élablis. 
Malgré cela, l'élude de ces nombreux mammiferes nouveaux me 
démonlra qu'iis se trouvaient dans un état d'évolution beaucoup 
moins avancé que ceuxdu terliaire de Paraná; par coiiséquent, 
j'ai pu établir avec loute cerlitude que celle faune mammalogique 
de la Patagonie auslrale étail beaucoup plus ancienne que la faune 
mammalogique de Paraná qu'alors on appelait palagonienne. Si 
les mammiferes étaient plus anciens, plus ancienne aussi devait 
étre la formalion qui les conlenait ; el j'ai donné á celle formalion 
plus ancienne le nom de « santacruzienne». La formation palago- 
nienne étanl alors considérée cornme éocéne, j'ai place la formalion 
santacruzienne dans l'éocéne mojen et inférieur. 

Les années suivanles, C. Ameghino continua á recueillir des 
fossiles de la formalion santacruzienne dans Fintérieur du lerri- 
loire oú il n'y avait pas d'affleuremenls de formalions plus an- 
ciennes. Ce ful seulement pendant le voyage de 1892-93, que 
portant pour la premiére fois ses rechercljes sur la cote de l'Allan- 
tique, il reconnul immédiatement les relations straligraphiques 
de la formalion santacruzienne avec la formation marine de la cote 
dite palagonienne, laquelle se trouvait au-dessous et non au- 
dessus ; mais, avec grand étonnement, on se rencontra aussi avec 
une formalion contenant des fossiles absolument difTérents de 
ceux de la formalion marine des environs de Paraná, dite égale- 
ment palagonienne. Ce n'élait done pas moi qui m'élais trompé, 
car ma détermination de l'áge de la forínation santacruzienne au 

AN. SOC CIENT. ARG. — T. Lll 13 



4 94 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

nioyen des mammiféres et par rapport á celle de Paraná dite pata- 
gonienne, était parfaitement exacte. Ceux qui s'étaient trompes, 
c'étaient raes devanciers, á partir de Darwin et d'Orbigny, qui, 
soiis la dénomination de formation patagonienne, avaient confondu 
deux formations marines d'áges tres diíférents. Ainsi, je me suis 
troiivé avec deux formations bien distinctes portant le méme nom : 
I'' celle des environs de Paraná, d'áge relativement moderne, se 
distinguant par la présence de VOstrea patagónica, fossile que l'on 
considérait comme caractéristique déla formation patagonienne; 
2° celle des cotes de la Patagón ie australe, d'une époque beaucoup 
plus ancienne etcontenant une grande liuitre diíFérente de l'Ostrea 
patagónica. J'aurais puconsidérer celte derniére íormation comme 
nouvelleet lui donnerun nom nouveau; j'aurais élé dansmondroit, 
et peut-élre alors ne m'aurait-on pas attribué desrenversementsde 
succession, etc., mais j'ai préféré lui conserver celui de «patago- 
nienne »etdésigner celle de Paraná sous le nom de « entrerienne». 

Bref, avec l'aide des observations de Carlos Ameghino, j'ai 
demontre pour la premiére fois : 1° que le tertiaire marin des 
environs de Paraná constituait une formation distincte de celle de 
Patagonie et d'áge plus recen t que la formation santacruzienne; 
2° que la formation marine qui doit porter le nom de patagonienne, 
c'est celle des cotes de la Patagonie australe, d'áge beaucoup plus 
ancien et avec fossiles tous diíférents ; 3° l'existence d'une trbisié- 
me grande formation, plus récente que la patagonienne et plus 
ancienne que l'entrerienne, avec fossiles tous diíférents, et qui 
porte le nom de santacruzienne. 

Pour avoir demontre tout cela, pour avoir débrouillé un peu la 
confusión qui y régnait, on m'en fait comme un crime; on m'at- 
tribue des erreurs, des fausses observations, des renversements de 
succession stratigraphique, etc. Est-ce que cela est juste? J'en 
appelle au bon sens de ceux qui détestenl la chicane, au bon sens 
des savants consciencieux I 

La formation santacruzienne est une des formations tertiaires 
des plus puissanteset de plus longue durée. Dans la región com- 
prise entre les rios Santa-Cruz et Gallegos, C. Ameghino il y distin- 
gue deux étages : 1° un étage inférieur, d'origine marine et d'une 
trentaine de métres d'épaisseur, auquel j'ai donné le nom de « su- 
perpatagonien»; 2° un étage supérieur, d'eau douce au sous- 
aérien, de 200 métres d'épaisseur etcontenant denombreux débris 
demammiíéres, que j'ai nommé dsantacruzien». La partie infé- 



l'age des formations sédimentaires de patagonie 195 

rieure du sanlacruzien se présente interstratifiée avec les couches 
supérieures du superpatagonien, deserte que ees deux étages, dans 
une partie considerable de leur épaisseur sont cotitemporains, ne 
représentant que deux facies, l'un nriarinj et l'autre sous-aérien, 
d'une méme formation. Dans cette región, il y a un hiatus consi- 
derable entre le Palagonien et le superpatagonien. Plus á l'intérieur 
prés des Andes, il apparait des couches d'eau douce plus ancien- 
nes que les deux étages en question; ees couches se caractérisent 
paléontologiquennent parla présence de débrisdu genre I\ oto hippus 
etconstitueront l'étage Notohippidien (couches a JNotohippus). Dans 
l'extrémité méridionale de la Patagonie, dans la región de Maga- 
llanes, le sjstéme santacruzien est plus complet qu'au nord. La 
base est íormée par une serie de couches constituant le magella- 
nien (Magellanian beds) correspondant á l'hiatus qu'á Santa-Cruz 
on observe entre le superpalagoruen et le patagonien. Le superpa- 
tagonien et le santacruzien ils y sont representes par la formation 
lignitifére, au dessus de laquelle vient une serie de couches marines 
plus recentes, qui constitueront l'étage areneen, le plus récent de 
la formation santacruzienne. 

Pour faciliter la comprehension du sujet et pouvoir mieux sui- ^ 
vre les arguments de M. Hatcher, je crois utile d'exarainer chaqué 
étage sous un titre áparl. 



ETAGE SUPERPATAGONIEN 

Les couches marines de cet étage se montrent au sud de l'embou- 
chure du rio Santa Cruz dans les collines du León, oú on les ob- 
serve un peu au-dessus de la moitié de la hauteurde ees collines 
avec unetrentaine de métres d'épaisseur. Ces couches réposentsur 
la formation patagonienne et s'abaissent graduellement vers le 
sud, jusqu'á disparaitre sous les eaux de la mer aux environs de 
Coyle. Le superpatagonien repose sur le patagonien d'une maniere 
passablement concordante; pourtant, on observe par endroits, des 
discordances locales, ce que unie á la différence presque complete 
de la faune, indique que dans cette región, entre les deux forma- 
tions il y a un hiatus considerable. Cet hiatus n'est pas general ; 
dans 11, pagel 33, j'ai fait remarqaer qu'au golfe de San Jorgeoú 
le superpatagonien a plus de cent métres d'épaisseur, le passage 
d'une formation a l'autre était presque insensible. 



196 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Dans son premier rapport, M. Hatcher considere le superpata- 
gonien comme constituant une fornnation distincte á la fois du pa- 
tagonien et dusantacruzien (12, page 337) ; d'accord avec la déter- 
mination des fossiles faite par le docteur Ortmann, il place cetétage 
dans le naiocéne. II reconnait qu'aprés la déposilion du palagonien 
toute la contrée a éléélevée au dessus de la mer durant tres long- 
temps et soumiseá une forte erosión. Cette période d'érosion, fut, 
dit-il assez longue pour qu'il y ait eu un cliangement complet dans 
la faune marine, et en appui de cette afirmation il donne une liste 
de fossiles pour la plupartdifférents deceux du Patagonien. Comme 
dans le cas de la formation patagonienne, dans son deuxiéme 
mémoire (2, pages i 00-! 03) il est d'un tout autre a vis sansque Ton 
puisse se rendrecomptedela cause de ce cliangement. Main tenante 
pour lui le superpatagonien n'esl plus separable du patagonien. 
De l'hiatus qui séparait ees deux formations ainsi que déla longue 
période d'érosion correspondanle á cet hiatus il n'en fait plus 
mention. Quant aux fossiles lis ne sont plus différents de ceux du 
patagonien ! 

Pour pouvoir arriver á cet étrange résullat, il fait mention de 
plusieurs localités ou il dit avoir trouvé mélés ensembie et á diffé- 
rents horizons, des fossiles donné comme étant caractéristiques du 
patagonien avec d'aulres consideres comme élant propres du san- 
tacruzien. Pourtant, comme sous un méme nom il confond des 
espéces différentes, les listes d'association d'especes qu'il donne 
n'ont pas beaucoup de valeur. En outre, avec ce systéme, en fait 
desynchronisme on peut arriver aux résullats les plus absurdes, 
et pour que Ton puisse mieuxsaisir ou il peut conduire, imitant le 
méme procede, en voici un exemple. 

A Monte Observation, dans le superpatagonien, avec Cucullaria 
tridentata, Arca patagónica, Leda glabra, Cardita pseudopatagoni- 
ca, etc., caractéristiques du superpatagonien, sont associées, Solen 
elytron, Bulla Remondi, Turritella affinis du cretacé d'Algarrobo. 
Siphonalia noachina, Ficula Carolina, Turritella ambulacrum, Ve- 
nus meridionalis, etc., du Patagonien. Cardita elegantoides, Trocbi- 
ta Merriami, Chthamalus antiquus, etc., du magellanien (Magella- 
nian beds). Pectén centralis, Pectén patagoñeiisis, Trophon lacinia- 
tus, etc., de la formation tehuelche. Crepidula gregaria, Terebra- 
tula patagónica, Natica oblecta, Natica solida, du tertiaire récent 
de Caldera et Coquimbo. Trochita corrúgala, Trochita clypeolum, 
des dépots récents. D'aprés cet exemple et en suivant strictement 



L^AGE DES FORMATIONS SÉDIMENTAIRES DE PATAGONIE 197 

la maniere de raisonner de M. Halcíier on pourrait reunir tous 
les lerrains lerliaireset ceiix ducrétacé supérieur, dans une seule 
forníialion présenlanl des facies différents. 

Cela n'est pas une mélhodescienliíique, car elle ne sert qu'áenn- 
brouilier les questions au lieu de les éclaircir. Nousne somnfieplus 
uTépoque ou Ton croyait que chaqué étageavait unefaune qui lui 
élait exclusive. Aujourd'hui Ton sait que deux formations qui se 
succédenl riineárautre, onl loujours en comnaun un nombreassez 
considerable d'espéces, surlout vers les poinls de contad, les dif- 
férences ne s'accenluant qu'aux exlrémités. C'est égalemenl un 
faitbien connu des géologues et des paléontologistes, que tous les 
fossiles d'un étage géologique, on peut les trouver ailleurs, un 
par un, associés a des fossiles d'étages plus modernes ou plus an- 
ciens. 

C'est avec ees raisonnements arriérés d'un demi siécle, que M. 
Hatcher arrive á la conclusión que le superpalagonien ne repré- 
sente qu'une différence lócale du Patagonien, et il propose de subs- 
tituer le nom desuperpatagonien par celai de facies superpatago- 
nienne de la formation patagonienne (supra-Patagonian fase of the 
patagonian beds), pretendan! que ce facies représente les dépóts 
accumulés dans leseaux nnoins profondes. Ce changennent de dé- 
nomination n'estqu'un jeu de nnots destiné a augmenter le trouble. 



(A suivre.) 



EL MÉTODO COMPARADO Y GENÉTICO 

EN LA EVOLUCIÓN DE LAS CIENCIAS BIOLÓGICAS 

Por el doctor SAMUEL DE MADRID 

Profesor suplente en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires 

(ContiniiaciónJ 



Merced al método de exposición adoptado por Coiter, sus investi- 
gaciones comparadas sólo parecen guiadas por el propósito de ha- 
cer resaltar más claramente las condiciones anatómicas del cuerpo 
humano, por lo cual, si bien le corresponde el honor de haber sido 
el primero que persiguiera el desarrollo del pollo, no podría en 
modo alguno considerársele fundador de la Embriología, pues el 
escasísimo conocimiento de la organización de los vertebrados 
propio á aquella época rio permitía esbozar siquiera un análisis 
científico de los procesos del desarrollo. También es sensible que 
en sus descripciones sólo se esforzara en establecer las diferencias 
que median entre las formas comparadas, y nunca sus analogías ó 
semejanzas. 

Su contemporáneo Hieronjmus Fabriciusde Aquapendente (1 537- 
1619) trata, en cambio, de seguir una función determinada á través 
de una serie deformas animales, con el objeto de referir la comu- 
nidad del fenómeno á cierta concordancia en la estructura de los 
órganos respectivos; sólo procura, en una palabra, analizar los he- 
chos zootómicos en provecho de otra ciencia : la Fisiología. No lo 
preocupa investigar los fundamentos anatómicos del origen de las 
formas animales : aspira únicamente á la rebusca y colecta de he- 
chos aplicables á la indagación del mecanismo funcional. Sólo por 
un abuso de palabras podría adjudicársele el título de fundador de 
la Anatomía comparada. 



EL MÉTODO COMPARADO Y GENÉTICO 199 

Es notable, sin embargo, el hecho de que, sin otro medio de in- 
vestigación que el escalpelo y en ausencia de toda idea general 
sobre la estructura de los vertebrados, llegara á vislumbrar Fabricio 
el alcance de la Embriología, pues estudió el desarrollo del pollito 
anotando y diseñando día adía las modificaciones experimentadas 
en su transcurso. Tampoco debe echarse en olvido, para apreciar 
en su verdadero alcance los toscos ensayos de Fabricio, la circuns- 
tancia deque floreció en una época en que apenas se consideraba 
admisible la observación de la Naturaleza no guiada por algún ob- 
jeto práctico ajeno á ella; por esta razón era forzoso que el estudio 
délas relaciones de forma y posición, que median entre las diversas 
partes del cuerpo animal, quedara rezagado con relación al de la 
génesis de los fenómenos de la vida en particular. 

Discípulo de Fabricio, Harvey,á quien de tantos servicios es deu- 
dora la Fisiología, no sólo determinó el significado de las diversas 
partes del sistema vascular, por su doctrina de la circulación de la 
sangre sino que estableció las bases sobre las cuales pudo elevarse 
más tarde el método genético, y se entregó á investigaciones em- 
jriológicas que le permitieron fundar el axioma célebre « 07nne vi- 
vum ex ovo » . 

El estado de los conocimientos zoológicos en aquella época no era 
tal que permitiera fundar la Morfología como ciencia exclusivamen- 
te destinada al estudio de las formas animales, pues no sólo se ig- 
noraban por completo las afinidades reales que las ligan, sino que 
apenas se había abierto paso el deseo de establecer un orden, si- 
quiera fuera externo y aparente, fundando la clasificación en las 
semejanzas y diferencias observadas. 

Las necesidades de la Anatomía y de la Fisiología humana, y por 
lo tanto, del arte de curar, indujeron á Marco Aurelio Severino 
(1580-1656) á publicar el primer trabajo exclusivamente dedicado 
á la zootomía, cuyo objeto y métodos trata de tornar más accesibles 
y fructíferos. Dicho trabajo sólo contiene escasas descripciones ana- 
tómicas y se ocupa especialmente de encomiar la utilidad de la 
zootomía, por lo cual es poco adecuado para dar á conocer la mul- 
titud de observaciones zootómicas ya recogidas en su tiempo ; pero 
tuvo el mérito de generalizarla idea de que, para el progreso de la 
Anatomía y Fisiología, no convenía limitársela la disección y análi- 
sis del organismo humano, sino que era necesario obtenei' un ma- 
terial abundante y adecuado mediante el estudio de los animales. 

Desligadas de todo vínculo lógico hallábanse hasta fines del si- 



200 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

glo XVII las observaciones recogidas por los que, en el estudio de la 
Naturaleza viviente, se habían sentido impulsados á describir las 
relaciones de forma y estructura que median entre las diferentes 
especies animales. Las prescripciones metodológicas de Descartes 
j Newton habían permanecido aún infructuosas para la Zoología, 
desarrollada hasta entonces como ciencia esencialmente descripti- 
va. Por otra parte, las doctrinas de Spinoza y del mismo Leibnitz 
habían dado excesiva acogida á las concepciones ultranaturales y 
deísticas que, si bien excitaban el amor por la Naturaleza, eran ina- 
plicables por completo á la ciencia de la vida. Bajo ese punto de 
vista sirvieron de fermento extraordinariamente benéfico las tenta- 
tivas por las cuales Gassendi, Hobbes y Locke proclamaron ser el 
testimonio de los sentidos la única fuente de lo inteligible. Errado 
sería, sin embargo, creer que mediara entre estos escritos filosófi- 
cos y el progreso de la Biología animal una relación de causa á 
efecto. Más lógico es suponer que un mismo y común impulso mo- 
vió al espíritu humano en ambas series de manifestaciones, engen- 
drando el deseo de sacudir toda prematura generalización metafí- 
sica. 

La acumulación de materiales inconexos comenzaba entretanto á 
constituir un serio obstáculo para la comparación científica, pues 
ésta requería como base una clasificación sistemática formal, que 
permitiera demostrarla unidad en la multiplicidad de las relacio- 
nes de forma. Para alcanzar tal resultado era necesario hacer plás- 
tico, por decirlo así, el material existente, para poderlo llevar á 
moldes que permitieran reconocer y catalogar de una manera fácil 
y segura las estructuras animales, haciendo posible la ordenación 
de las sucesivas adquisiciones descriptivas. Desde este punto de 
vista pocas conquistas de la Biología han tenido una importancia 
comparable á la de la definición del concepto de la especie natural, 
hecha por Ray y de la terminología y nomenclatura binaria plan- 
teadas por Linneo. 

Fué sensible á la verdad que se diera á las unidades creadas por 
el concepto de especie una inflexibilidad, cuya inconveniencia sólo 
pudo ser demostrada por esfuerzos extraordiinarios que aun con- 
tinúan en nuestros días. Pero si bien es cierto que los antiguos 
zoólogos encontraban en la concepción aristotélica un método que 
les permitía reunir las formas conocidas en grupos entre sí conexos, 
y coordinarlos á otros, sin acoger ideas preconcebidas sobre la natu- 
raleza de algunos, no lo es menos que la considerable riqueza de 



EL MÉTODO COMPARADO Y GENÉTICO 201 

formas descubierlas en la edad moderna hacía imposible toda or- 
denada invesligaoión, mientras no se catalogaran metódicamente 
los organismos yendo de lo particular á lo general. 

El conceptode «especie» planteado por Ray y Linneo, se apoya- 
ba en la invariabilidad relativa de las formas (speciem suam perpe- 
tuo servanl), pero en opinión de sus autores Cde Ray especialmen- 
te) no pretendía fosilizarse como lo fuera más larde, pues se con- 
cedía cierta variabilidad á las formas que reunía. ¡Lástima grande 
que muchos observadores se hayan dejado llevar (aún en nuestros 
días) por una admiración desmedida liacia la forma de descripción 
y ordenación que caracteriza la sistemática de Linneo y la hayan 
confundido con la verdadera ciencia, cuando juzgan ser la de- 
terminación y descripción de las especies único objeto y tema pro- 
pio de la Zoología! 



III 



Lentos eran, pues, en apariencia, durante el siglo xvn, los progre- 
sos del método comparado y genético; solóse «comparaban» los 
animales superiores con el hombre y cuando se extendía la compa- 
ración á los inferiores era para atribuirles caracteres que les eran 
impropios ó forzar el significado de su mecanismo funcional para 
acogerse á explicaciones arbitrarias. La fuente más fructífera de 
verdades generales, la Embriología, fué arrastrada á una injusta 
incorporación con la Fisiología, que sólo sacó de ella una mínima 
parte de los recursos que se prometía. Sólo se trataba en aquella 
época dedemostrar la unidad en la multiplicidad de relaciones, por 
lo que apenas si encontramos en Thqmas Willis una consideración 
de las condiciones anatómicas algo más consciente que la de sus 
predecesores, ya que caiga en igual error al buscar en los animales 
inferiores relaciones de forma conocidas por el estudio del hombre 
y de los vertebrados superiores; ignorábase, en una palabra, por 
completóla existencia de esos movimientos lentos que en la natu- 
raleza viva presiden el desarrollo de los organismos y de las espe- 
cies. 

La insuficiencia del aparato visual había impuesto vallas natu- 
rales á la concepción anatómica de los organismos más elementa- 
les, como también al detenido examen de la estructura íntima de 



202 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

los superiores. Dotando á la visión de nueva potencia, el microsco- 
pio hizo crecer en proporciones imprevistas el caudal de estructu- 
ras conocidas y determinó el lazo causal que une á los procesos 
orgánicos, al parecer más simples, con complicados procesos for- 
mativos. Una serie fructífera de trascendentales ideas generales de- 
jó vislumbrar progresivamente la comunidad de estructura que li- 
ga á las diversas partes de la máquina animal, en tanto que ines- 
peradas observaciones descubrían un nuevo mundo de elementales 
organismos encada gota de agua, en cada partícula orgánica. 

Ya Marcello Malpighi (nac. 1628) valiéndose de los nuevos me- 
dios ópticos de amplificación estudió, además de la metamorfosis 
de los insectos, el desarrollo del embrión en el huevo incubado de 
gallina, reconociendo así por vez primera las vesículas primitivas 
del encéfalo, la aparición de las vértebras primordiales, etc. No 
obstante fallarle la noción del esbozo típico de un vertebrado é ig- 
norar los procesos que intervienen durante las primeras 24 horas, 
sus grabados sobre el desarrollo del pollito representan un pro- 
greso extraordinario sobre los correspondientes de Coiter jFabricio. 
Sus importantes trabajos sobre la estructura del hígado, delalen- 
gua, de la piel, del bazo, del cerebro, del epiplón, etc., como tam- 
bién el generalizado empleo que dio á las inyecciones, antes de él 
utilizadas por Swammerdam j Ruysch, permiten celebrarlo como 
uno de los fundadores de la Anatomía microscópica. 

En este carácter y al lado de él, merece recordarse el nombre de 
Antón von Leeuwenhoek ('1632-1723) que, si bien no aplicó un mé- 
todo rigurosamente cientííico á los estudios emprendidos, dejó 
apenas sistema anatómico alguno en el cual no encontrara nuevos 
hechos (I). 

Pero por sobre todos sus contemporáneos descuella Malpighi, 
aun más que por el valor material de sus gestiones, por la eleva- 
ción de sus conceptos en cuanto al alcance de la investigación hu- 
mana en su lucha con los secretos de la Naturaleza. Trató de des- 
ligar por completo el estudio de la estructura del cuerpo animal de 
la dependencia en que se hallaba con relación á la Fisiología y á la 
Medicina, contribuyendo á libertar los trabajos en cuestión déla 



(1) Observó las estrías transversales de las fibras musculares estriadas, des- 
cubrió los glóbulos rojos de la sangre, los conductitos dentarios, las fibras del 
cristalino, las escamas del epidermis, etc.; fué también quien por vez primera 
observó la circulación de la sangre en los vasos de la cola del renacuajo. 



EL MÉTODO COMPARADO Y GENÉTICO 203 

indigna vigilancia de toda dirección profesional y práctica. Su 
método de exposición naanifiesta, en efecto, un concepto general 
del estudio del mundo animado que lo lleva á rechazar toda consi- 
deración extraña á sus propósitos. Así también en sus estudios so- 
bre la anatomía de las plantas abrió los primeros cimientos á esa 
doctrina de la composición celular de los cuerpos organizados, que 
en sus posteriores desarrollos ha logrado plantear seguramente la 
consideración genética del mundo animado. 

Las primeras fases de la génesis y de la evolución embrionaria de 
los organismos habían tenido el privilegio de acumular sobre sí 
una serie de prejuicios con los cuales se ocultaba la ignorancia 
acerca de la anatomía y fisiología de los productos de la genera- 
ción. El papel activo de los espermatozoides, ya descubiertos por 
un discípulo de Leeuwenhoek, Luis Hammer ó Ham de Slettin 
(1677), sólo fué demostrado mucho más tarde, pero las investiga- 
ciones de Swammerdam (nac. 1637) y de Francesco Redi (de Arezzo) 
demostraron el papel fecundante del esperma, asestando un golpe 
mortal ala teoría de la generación espontánea que, á partir de él, 
tuvo que refugiarse en regiones cada vez más apartadas del reino 
animal (I ). 

Desgarrado así por varias partes el velo con que la pereza inte- 
lectual se oponía á toda desinteresada investigación, presentáronse 
sucesivamente en los dominios de la Anatomía observadores pa- 
cientes y escrupulosos que la enriquecieron con nuevos y precio- 
sos detalles. Los descubrimientos deHarvey sobre el sistema circu- 
latorio, los del danés Thomas Bartholin sobre los vasos linfáticos, 
los de Steno y Borelli sobre los músculos y su papel en los movi- 
mientos voluntarios, los de Nehemia Grew sobre los órganos de la 
digestión, etc., contribuyeron así á dar un aspecto totalmente dife- 
rente á la ciencia de las estructuras anatómicas. Aparecieron al 
propio tiempo dos obras importantes de conjunto, que trataron de 
exponer metódicamente los conocimientos zootómicos de la época, 
la Anatomia animalium de Gerardus Blasius (Amsterdam, '1681) 

(1) Fué necesario que transcurriera un siglo para que las investigaciones de 
Lázaro Spallanzani (1729-1794), demostraran experimentalmente el paperdeenis- 
peñado por el espermatozoide en la fecundación y para que Gaspar Friedrich Wolff 
(1735-1794), á quien debe honrarse entre los fundadores de la Embriología mo- 
derna, diera á conocer la forma de los primeros esbozos de los diferentes órga- 
nos en el huevo incubado, demostrando la inconsistencia de las doctrinas pre- 
forraistas que sustituyó por las epigenéticas. 



204 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

y el Amphüheatrum zootomicwn (Frankfurl, 1720) de Michael 
Bernhard Valenlini. Poco puede computarse en ellas, sin duda, de- 
íinilivaníiente al haber de la Anatomía comparada, pero es de no- 
tar que desde Willis se empleaba esta expresión para designarlas 
descripciones zootómicas que ya acompañaban sistemáticamente á 
las descripciones estructurales del cuerpo humano. 

Causa de enorme impulso para las investigaciones naturales en 
general fueron también las diversas sociedades sabias, que se fun- 
daron en todos los países y á cuyo lado se organizaron museos y 
colecciones, que contribuyeron tanto más al progreso de los prime- 
ros esbozos de la Anatomía comparada, cuanto que su aparición 
coincidió con una perfección mayor de las piezas anatómicas; se- 
ñálase por esta razón contemporáneamente una serie de trabajos tan 
importantes como los de Duverney (1748-1730), Jean Mery (1645- 
1722) y Claude Perrault (1613-1688). El contacto personal á que 
conducían dichas academias, como también los beneficios que su 
existencia suponía para la división del trabajo científico y para la 
impulsión de nuevas investigaciones, cuya ordenación y publica- 
ción facilitaban, ha hecho de su creación uno de los acontecimien- 
tos más felices en la historia de la Morfología general y compa- 
rada. 

El ardor con que se prosiguió durante la primera mitad del si- 
glo xvm la enumeración y ordenación de los organismos, valiéndo- 
se, sobre todo, de la observación de sus caracteres más aparentes y 
superficiales, impuso cierta lentitud á los progresos de la xMorfolo- 
gía interna, alejando al parecer indefinidamente toda considera- 
ción histórica, por no decir genética, del reino animal. Si bien Sa- 
rrasin, Douglas, Tyson, Garengeot, Blair, Charras, Cheselden, Lo- 
renzini, Jacobsen, Vallisnieri, etc., acrecentaban entretanto el cau- 
dal de hechos adquiridos en el terreno de la anatomía de los ani- 
males, sólo en 1744 apareció un trabajo que, aunque incompleto, 
demuestra la necesidad que se sentía de elementos bibliográficos 
generales en el terreno de la Anatomía comparada, el trabajo de 
Alexander Monro, padre (1697-1767), el primero publicado en la 
edad moderna. 

Pocos progresos experimentaba entretanto en Alemania y Francia 
la Anatomía humana (que tanta influencia ha tenido en el desarrollo 
de la Morfología), debido á la escasez del material disponible y á su 
imperfecta utilización ; apenas si puede señalarse la aparición de al- 
gún trabajo general como el de Lorenz Heister (publicado en 1 71 7), 



EL MÉTODO COMPARADO Y GENÉTICO 205 

el compendio de Winslow que enseñó en París en niejores condi- 
ciones, etc. Más ñoreciente era el estado de la Anatomía en Italia 
donde dejaron luminosa huella de su paso Valsalva, Santorini y 
, Morgagni. Al propio tiempo emprendía en Holanda Bernhard Sieg- 
fried Albinus disecciones cada vez más minuciosas y regulares, 
elevando la factura de los cuadros anatómicos al rango de tareas 
artísticas. Merece también recordarse el trabajo de Needham de for- 
mato fcBtuen que determinaba las bases, que debía tener en cuenta 
la Embriología, para establecer una comparación entre el desarro- 
llo del huevo de las aves y el del óvulo délos mamíferos. 

Pronto, en cambio, asumió vastas proporciones la labor analítica 
en casi todas las clases del reino animal, merced á las investigacio- 
nes y colecciones emprendidas por Balsh, Monro, Meyer, Peter 
Camper, etc., pero faltaban ideas generales directrices en el estu- 
dio de la estructura anatómica de los organismos animales. Era 
necesaria la intervención de hombres tan ricamente dotados por la 
Naturaleza como BuíFon y Bonnet, para que se iniciara, por fin, la 
tarea de dar conexión cientííica al ya rico material de observacio- 
nes recogidas. 



(Continuará.) 



bibliografía 



Domin^uez (JuaüA.). Nota sobre Fag-etes glandulífera Schr., en La 
Semana médica, año VIII, N° 30, pág. 439-443, julio 25 de 1901. 
El laborioso é inteligente director del Museo de Farmacología de la Facultad 
de Medicina, publica una interesante nota sobre Fagetes glandulífera Schr, en 
en la cual da la sinonimia, caracteres morfológicos é histológicos, composición 
química y propiedades medicinales de ésta compuesta aromática, conocida con 
el nombre vulgar de chinchilla, que tan frecunte es en los alrededores de Bue- 
nos Aires y otros puntos de la República. Una buena reproducción fotográfica 
del ejemplar del herbario formado por el profesor Domínguez ilustra este ar- 
tículo. 

A. Gallardo. 

Silvestri (Filippo). Nota preliminare sui Termitidi sud-americani, 
en : Bolletino dei Musei di Zoología ed Anatomía compárala di Toríno, t. 
XVI, N''389. 1901. 

En esta nota enumera el autor los termites que ha recogido en la República 
Argentina, Paraguay y Matto Grosso y da diagnosis latinas de 29 nuevas especies 
entre las cuales pertenecen á la fauna argentina las siguientes : Calotermes mo- 
destus, C. triceromegas, C. lobicephalus, Auritermes aurifer, A. brevícorniger 
j Anoplotermes reconditus. 

A. Gallardo. 

Silvestri (Filippo). Descrizione dei nuovi Termitolofili e relazione di 
essi con gli ospiti, in : Bolletino dei Musei di Zoologia ed Anatomía com- 
parata di Torino, t. XVI, N° 395, 1901. 
, Describe en latín unajiueva especie de díptero neraócero Termitomastus leclo- 
proctus, tipo de un nuevo género y de una nueva familia, que vive como hués- 
ped euxeno en los nidos de Anoplotermus reconditus Silv., tanto en Misiones 
como en Cuyabá (Brasil). 

Parece que los termites, con los cuales vive en perfecta armonía, se alimentan 
del estiércol del díptero. 

Además describe dos nuevas especies Termitococcus áster y T. brevicornis 
que forman un nuevo género de Hemípteros homópteros. Estos pequeños insectos 
viven como huéspedes indiferentes ó synocketes en nidos de termites paraguayos 
y brasileros. 

A. Gallardo. 



BIBLIOGRAFÍA 207 

Boéro (S). Pabrication. et emploi des chaux hidrauliques et des ci- 

ments, 1901. 

Comienza con una ligera reseña histórica sobre la fabricación de la cal hidráu- 
lica é indica someramente los trabajos ejecutados al respecto por Vicat y Ville- 
neuve. Describe en seguida los diferentes sistemas de explotación de canteras 
de cal así como los hornos empleados para la cocción de esos calcáreos, expli- 
cando la importancia que tiene el combustible empleado sobre la calidad de cal 
obtenida. 

Trata en seguida de las cámaras de extinción de la cal, del cernido de ésta y 
de sus propiedades físicas y químicas. — Pasa en seguida á describir suscinta- 
mente algunos de los aparatos de ensayo de cales y morteros á la tracción y com- 
presión y termina con el análisis químico de los calcáreos. Como conclusión de 
la primera parte de la obra, da algunos datos necesarios para instalar una usina 
para fabricación de cal. 

La segunda parte trata délos cementos naturales, su fabricación, descripción 
ligera de hornos, composición química de los cementos y ensayos. 

La tercera parte, trata del cemento Portland artificial, los diferentes procedi- 
mientos de fabricación, elección de calcáreos, descripción de trituradoras, cer- 
nidores y hornos, haciendo una descripción bastante completa délos más usados. 
Trata en seguida de las propiedades del cemento Portland, de los diferentes en- 
sayos de este material y condiciones exigidas para su recepción en las oficinas 
de puentes y calzadas. Hace en seguida un breve estudio de la preparación de 
morteros y hormigones, terminando la obra con una ligera descripción de las 
aplicaciones del cemento armado á las construcciones. 

D. Selva. 



MOVIMIENTO SOCIAL 



El 13 de septiembre próximo pasado tuvo lugar la conferencia de nuestro con- 
socio Juan B. Ambrosetti, sobre mitología indígena en la República Argentina. 

Este trabajo forma parte de una obra general que oportunamente será publi- 
cada en estos Anales, razón por la cual no la insertamos ahora. 

Trató de las divinidades adversas del Panteón indio, á las que dividió en dos 
grupos: Dioses principales y secundarios. En el primero pasó en revista á Pillan 
éntrelos Araucanos, el Chiqui entre los Calchaquíes, Aña de los Guaraníes, etc. 
Y entre los segundos estudió á los Gualichos y sus congéneres de la Pampa 
y los Aoots de la región chaqueña y un sinnúmero de númenes maléficos de las 
distintas mitologías regionales del país. 

La conferencia fué escuchada por selecta y numerosa concurrencia. 



SOCIOS HONORARIOS 



Dr. Germán Burmeister f. — Dr. Benjamin A.Gould f — Dr. R A. Philippi. 
Guillermo Rawsonf.— Dr. Carlos Berg. — Dr. Juan J. J. Kyle. — Ing. Luis A. Huergo (padre). 
Ing. J. Mendizábal Tamborrel. — Dr. Valentín Balbin. f 



SOCIOS CORRESPONDIENTES 



Aguilar, Rafael México. 

Ameghino, Florentino La Plata. 

Arechavaleta, José Montevideo. 

Arieaga Rodolfo de Montevideo. 

Ave-Lallemant, Germán Mendoza. ' 

Brackebusch, Luis Córdoba. 

Carvalho José Carlos Rio Janeiro. 

Lafone Quevedo, Samuel A. . . . Catamarca. 

Lillo, Miguel Tucuman. 



Morandi, Luis Villa Colon(U.) 

Paterno, Manuel.. Palermo (It.). 

Patrón, Pablo Lima. 

Reid, Walter P. Londres- 

Scalabrini, Pedro Corrientes. 

Spegazzini, Carlos La Plata. 

Tobar, Carlos R '! Quito. 

Villareal, Federico Lima. 

Von Ihering, Hermán San Paulo (B.) 



SOCIOS ACTIVOS 



Abella Juan 

Acevedo Ramos, R. de 
Adano, Manuel. 
Aguirre, Eduardo. 
Alberdi, Francisco N. 
Albert, Francisco. 
Almeida, Arturo M. 
Alric, Francisco. 
Alvarez, Fernando. 
Amadeo, Alejandro M, 
Anasagasti, ireneo. 
Anasagasti, Horacio 
Ambrosetti, Juan B. 
Arata, Pedro N. 
Arigós, Máximo. 
Arce, Manuel J. 
Arce, Santiago. 
Arditi, Horacio. 
Arroyo, Frankiin. 
Atienza, Mario. 
Aubone, Carlos. 
Avila Méndez, Delfín. 
Avila, Alberto 
Ayerza, Rómulo 
Aztiria, Ignacio. 

Babuglia, Antonio 
Babia, Manuel B. 
Bancalari, Juan. 
Bancalari, Juan M. 
Barabinn, Santiago E. 
Barilari, Mariano S. 
Barzi, Federico. 
Basarte, Rómulo E. 
Battilana Pedro. 
Baez, Domingo A. 
Baudrix, Manuel C. 
Bazan, Pedro. 
geKck, Pablo ' 



Benoit, Pedro (hijo). 
Berro Madero, Miguel 
Berro Madero, Carlos 
Beron de Astrada, M. 
Besana, Carlos. 
Besio, Moreno Baitazar 
Besio, Moreno Nicolás 
Biraben, Federico. 
Bosch, Benito S. 
Bosch, Eliseo P. 
Bosch, Anreliano R. 
Bonanni, Cayetano. 
Bosque y Reyes, F. 
Brian, Santiago 
Buschiazzo, Francisco. 
Buschiazzo, Juan A. 
Bustamante, José L. 

Cáceres, Dionisio R. 
Candiani, Emilio 
Cálcena Augusto. 
Cagnoni, Alejandro N. 
Cagnoni.Juan M. 
Candioti, Marcial R. 
Canale, Humberto. 
Canovi, Arturo 
Cano, Roberto. 
Cantilo, José L. 
Cantón, Lorenzo. 
Carranza, Marcelo. 
Cardoso, Mariano J. 
Cardoso, Ramón. 
Carrique, Domingo 
Casullo, Claudio. 
Castellanos, Carlos T. 
Castañeda, Ramón 
Castex, Eduardo 
Castiglione, Enrique. 
Castro, Vicente. 



Cerri, César. 
Cilley, Luis P. 
Chanourdie, Enrique. 
Chapiroff, Nicolás de 
Checchi, Amoldo. 
Cheraza, Gerónimo. 
ChevallierBoutellF.H. 
Chiocci Icilio. 
Chueca, Tomás A. 
Clérice, Eduardo E. 
Cobos, Francisco. 
Cock, Guillermo . 
Collet, Carlos. 
Coni, Alberto M. 
Coquet, Indalecio 
Cornejo, Nolasco F. 
Corvalan Manuel S. 
Coronen, J. M. 
Coronel, Policarpo. 
Corti, José S. 
Courtois, U. 
Cremona, Andrés V. 
Gremona, Víctor. 
Curutchet, Luis. 
Curutchet, Pedro. 

Damianovich, E. A. 
Darquier, Juan A. 
Dassen, Claro C. 
Dates, Germán. 
Davila, Bonifacio. 
Davel, Manuel. 
Dawney, Carlos. 
Domínguez, Juan A. 
Dorado, Enrique. 
Douce, Rainmndo. 
Doyle, Juan. 
Duhart, Martin. 
Duncan, Carlos D. 



Dufáur, Estevan F. 
Drago, Luis M. 

Echagüe, Carlos. 
Ella, Nicanor A. de 
Eppens, Gustavo A. 
Estevez, José 
Estevez, Luis. 
Estrada, Miguel. 
Espinasse, Jorge. 
Etcheverry, Ángel 
Ezcurra, Pedro 

Fasiolo, Rodolfo I. 
Fernandez, Daniel. 
Fernandez, Alberto J. 
Ferrari, Rodolfo. 
Ferreyra, Miguel 

Fynn, Enrique. 
Flores, Emilio M. 
Fraga, Antonio. 
Franco, Vicente, 
Foster, Alejandro. 
Friedel Alfredo. 

Gainia, Alberto de. 
Gallardo, Ángel. 
Gallardo, José L. 
Gallardo, Miguel A. 
Gallego, Manuel. 
Gallino, Adolfo. 
Gallo, Delfín 
Gamberale, Humberto 
Gándara, Federico W. 
Garay, José de 
Garcia, Carlos A. 
Gentilini, Pascual. 
Geyer,Carlos. 
Ghigliazza, Sebastian. 



SOCIOS ACTIVOS (Continuación) 



Gioachiai, Arriodante. 
Giménez, Joaquín. 
Giménez, Ángel M. 
Girado, José I. 
Girado, Francisco J. 
Girado, Aleiandro 
Girondo, Juan. 
Girondo, Eduardo. 
Goilan, José E. 
Gómez, José C. 
Gómez, Pablo E. 
Gonzales, Arturo. 
González, Agustín. 
González Leiong, G. 
Gotusso, Luis 
Gradin, Carlos. 
Granella, Antonio. 
Gregorina, Juan 
Guido, Miguel. 
Gutiérrez, Ricardo P. 

Herrera Vega, Rafael. 
Herrera Vega, Marcelino 
Herrera, Nicolás M. 
Herrero, Ducloux E. 
Henry. Julio 
Hicken, Cristóbal. 
Holmberg, Eduardo L. 
Hubert, Juan M. 
Huergo, Luis A. (hijo). 
Hughes, Miguel. 
Hutchison, Lorenzo. 

Iraeta, Juan B. 
íriarte, Juan 
Isnardi, Vicente. 
Israel, Alfredo C. 
Iturbe, Miguel. 

Jaeschke, Víctor J. 
Jaureguiberri, Luis. 
Juni, Antonio. 
Jurado, Ricardo. 

Krause, Otto. 
Klein, Hermán 
Klimann, Mauricio. 

Labarthe, Julio. 
Lacroze, Pedro. 
Lagos García, Garlos 
Lagrange, Carlos. 
Langdon, Juan A. 
Laporte Luis B. 
Larreguy, José 
Larguia, Carlos. 
Latzina, Eduardo. 
Ea valle C, Carlos. 
Lavergne, Agustín 
León, Emilio de 
Leonardis, Leonardo 
Lehmann, Guillermo. 
Lehemann, Rodolfo 
Levy, Raúl. 
Lízarralde, Daniel 
López, Aniceto. 
López, Martin J. 
López, Pedro J. 



Loyola, Luis. 
Lucero, Apolinario. 
Lugones, Arturo. 
Lugones Velasco, S^<"f. 
Luiggi, LUÍS 
Luro, Rufino. 
Luro, Pedro 0. 
Ludwig, Carlos. 

Machado, Ángel. 
Madrid, Enrique de 
Mallea, Benjamín 
Mallol, Benito J. 
Marín, Placido. 
Marquestou, Alejandro. 
Marcet, José A. 
Martínez Pita Rodolfo, 
Martíni, Rómulo E. 
Marty, Ricardo 
Mary, Antonio. 
Matharán, Pablo. 
Massini, Cárl«s. 
Massiní, Estevan. 
Massini, Miguel. 
Maza, Benedicto. 
Maza, Juan. 
Matienzo, Emilio. 
Mattos, Manuel E. de. 
Meana, Néstor. 
Medina, José A. 
Méndez, Teófilo F. 
Mendizabal, José S. 
Merían, Eduardo 
Mermos, Alberto. 
Meyer Arana, Felipe. 
Miguens, Luis. 
Mignaqui, Luis P. 
Millan, Máximo D. 
Mitre, Luís. 
Molina, Waldino. • 
Mon, Josué R. 
Monsegur, Sylla 
Morales, Carlos María. 
Moreno, Jorge 
Moreno, Evaristo V. 
Morón, Ventura. 
Morón, Teodoro F. 
Mosconi, Enrique 
Mosto, Andrés. 
Mugíca, Adolfo. 

Naon, Alberto 
Navarro Viola, Jorge. 
Negrotto, Guillermo. 
Newton, Artemio R. 
Newton, Nicanor R. 
Niebuhr, Adolfo. 
Nistrdmer, Carlos 
Newbery, Jorge. 
Noceti, Domingo. 
Nogués, Pablo. 
Nougues, Luís P. 

Ocampo, Manuel S. 
Ochoa, Arturo. 
O'Donell, Alberto C. 
Olazabal, Alejando M . 
Olivera, Carlos C. 



OliveVi, Alfredo 
Orti-z, Díolimpío 
Orzabal, Arturo. 
Otamendí, Eduardo. 
Otamendi, Rómulo. 
Otamendi, Alberto. 
Otamendi, Juan B. 
Otamendí, Gustavo. 
Outes, Félix F. 
Outes, Diego E. 

Padilla, Isaías. 
Padula, ümberto. 
Pais y Sadoux, C. 
Paitoví Oliveras A. 
Palacios, AlbertoC. 
Palacio, Emilio. 
Páquet, Carlos. 
Parera Muñoz, Garlos. 
Paz, Manuel N. 
Pelizza, José. 
Pereyra, Emilio. 
Petersen, H. Teodoro. 
Pigazzí, Santiago. 
Pouyssegur, Luis. 
Piaña, Juan. 
Piaggio, Antonio. 
Pirovano, Juan. 
Puente, Guillermo A. 
Puig, Juan de la C. 
Puiggarí, Pío. 
Puiggari, Miguel M. 
Prins, Arturo. 

Quintana, Antonio. 
Quiroga, Atanasío. 

RaíTo, Bartolomé M. 

Ramos Mejía, Ildefonso 

Rebora, Juan. 

Recagorrí, Pedro S. 

Repello, Luis M. 

Relies, Antonio. 

Reynoso, Higinio 

Riglos, Martiniano. 

Rivara, Juan 
Rivais Jordán, Leandro. 

Rodríguez, Luis C. 

Rodríguez, Miguel. 

Rodríguez González, G. 
Rodríguez de la Torre, C. 

Roffo, Juan. 

Rojas, Esteban C. 

Rojas, Félix. 

Romano, Mario. 

Romero, Armando. 

Romero, Carlos L. 

Rosetti, Emilio. 

Rospide, Juan. 

Ruiz Huidobro, Luís. 

Saenz Valiente, A. 
Sagastume, José. M. 
Sallovílz, Manuel. 
Sánchez, Emilio J. 
Sangías, Rodolfo. 
Santángelo, Rodolfo. 
Santillan, Santiago P. 
Sarrabayrouse, Euge"'" 



Segovia, Fernando 
Sauze, Eduardo. 
Segovia, Vicente 
Senillosa, José A. 
Saralegui, Luis. 
Sarhy, José S. 
Sarhy, Juan F. 
Schickendantz, Emilio. 
Seguí, Francisco. 
Selva, Domingo. 
Senat, Gabriel. 
Senillosa, Juan A. 
Seurot, Edmundo. 
Seré, Juan B. 
Schaw, Garlos E. 
Silva, Ángel. 
Sílveyra Luis 
Silveyra, Arturo 
Simonazzi, Guillermo;, 
Siri, Juan M. ; 

Sisson, Enrique D. ! 
Soldaní, Juan A. 
Solier, Daniel (hijo). 
Solveyra, Mariano 
Spinedí, Herrneneg. F. 
Spinola, Nicolás 
Speroni, Daniel C, 
Swenson, ü. 

Taiana, Hugo. 
Taiana, Alberto. 
Tamini Crannuel, L. A. 
Tassi, Antonio 
Taurel, Luis F. 
TejadaSorzano, Carlos. 
Texo, Federico 
Thedy, Héctor. 
Torres, Luis M. 
Torrado, Samuel. 
Trelles, Francisco M . 
Tressens, José A. 

Criarte Castro Alfredo. 

Valenzuela, Moisés 
Valerga, Oronte A. 
Várela Rufino (hijo) 
Vázquez, Pedro. 
Vidal, Magín. 
Videla, Baldoniero. 
VíllanovaSanz,Florenci° 
Villegas, Belisario. 

Wauters, Carlos. 
Wernícke, Roberto 
White, Guillermo. 
Wilmart, Raimundo 
Williams, Orlando E. 

Yanzi, Amadeo 

Zabala, Carlos. 
Zalazar, Benjamín. 
Zamboni, José J. 
Zavalia, Salustiano. 
Zamudío, Eugenio 
Zeballos, Estanislao S. 
Zunino, Enrique. 






ANALES 



DE LA 



SOCIEDAD científica 

ARGENTINA 



Director : Ingeniero EDUARDO AGUIRRE (^ Jü|. I 2 1926 TÍ 

Secretarios : Agrimensor Alejandro Foster y señor Félix F. \nj||£s ^ 

REDACTORES 



Í5O/VAL M\J^ 



Ingeniero Ángel Gallardo, señor Juan B. Ambrosetti, ingeniero José S. Corti, in- 
geniero Santiago E. Barabino, ingeniero Federico Birabén, ingeniero Nicolás 
de Chapiroff, ingeniero Carlos Paquet, ingeniero Vicente Castro, ingeniero Claro 
C. Dassen, doctor Enrique Fyn, doctor Rómulo E. Martini, ingeniero Eleodoro 
A. Damiaiiovich, ingeniero Eduardo Latzina, doctor Atanasio Quiroga, señor 
Antonio Paitovi Olivera. 



NOVIEMBRE 1901. — ENTREGA V. — TOMO LII 



PUNTOS Y PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN 

LOCAL DE LA SOCIEDAD, GGVALLOS 289, Y PRINCIPALES LIBRERÍAS 

Formes $ nVÍi i.OO 

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BUENOS AIRES 

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1901 



imkm 






JUNTA DIRECTIVA 



Presidente Doctor Carlos M. Morales. 

Vice-Presidente 1° Arquitecto Juan X. Buschiazzo. 

Id. 2° Ingeniero Domingo Selva. 

Secretario de actas Igeniero Manuel J. Arce. 
— correspondencia Señor José Larreguy. 

Tesorero Ingeniero Luis A. Huerco (hijo). 

Bibliotecario Señor Nicolás Besio Moreno. 

Doctor Eduardo L. Holmberg. 

Ingeniero Arturo Prins. 

Ingeniero Ignacio Aztiria. 
Vocales. ¡ Ingeniero Sebastián Ghigliazza. 

Ingeniero Antonio Piaggio. 

Ingeniero Higinio Reynoso. 

Señor Luis Curutchet. 
Gerente Señor Juan Botto. 



índice de la presente entrega 



Alejandro Foster, Régimen del Río de la Plata y su corrección 209 

Adán QuiROGA, Ruinas calchaquíes. Fuerte Quemado 235 

Florentino Ameghino, L'áge des formations sédimentaires de Patagonie (conti- 
nuación) ....'. y 243 

Samuel de Madrid, El método comparado y genético en la evolución de las cien- 
cias biológicas (continuación) . . . > 251 



RÉGIMEN DEL RIO DE LA PLATA Y SU CORRECCIÓN 

CONFERENCIA LEÍDA EN LOS SALONES 
DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AR&ENTINA EL 9 DE OCTUBRE DE 1901 

Por alejandro FOSTER 

Ingeniero de 2" clase en la Inspección General de Navegación y Puertos 



Setfor presidente : 
Señores : 

El establecimiento de una fácil y cÓQioda comunicación fluvial 
«ntre los puertos del interior, la Capital Federal y el Atlántico, es 
sin duda uno de los problemas más importantes que actualmente 
preocupan al Gobierno de la Nación y cuya resolución reclaman 
urgentemente las provincias del litoral; esperándola con anhelo, 
tanto el comercio en general, como todos los que se interesan en el 
progreso y prosperidad de la República Argentina. 

La resolución del problema enunciado, depende principalmente 
del mejoramiento y corrección de los grandes ríos Paraná y Uru- 
guay y sobre todo del Río de la Plata, cuyo estudio presenta doble 
interés, porque al científico que tiene el de uno de los estuarios más 
extensos del mundo, está unido el económico del desarrollo comer- 
cial y el engrandecimiento de las provincias. 

Por mi parte, deseando contribuir con el escaso concurso de mis 
conocimientos profesionales á que la navegación de los ríos se rea- 
lice, á la brevedad posible, en condiciones que satisfagan los valio- 
sos intereses de nuestro comercio, me atrevo á ocupar unos instan- 
tes vuestra atención dando á conocer á grandes rasgos los resultados 
de mis primeros estudios al respecto, agradeciendo de antemano 
vuestra asistencia y pidiendo disculpa por la deficiencia de expo- 
sición. 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. LU 14 



210 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Empezaré con una rápida descripción del estuario y topografía 
de su lecho; estudiaré después el régimen de sus aguas, conside- 
rando por separado las tres fuerzas principales que 'lo dominan, 
indicando cómo su acción sobre el lecho del río ha producido lacon- 
formación actual, cómo ésta tiene que modificarse en el porvenir 
y por último trataré de los inconvenientes que hoy presenta á la 
navegación, de su corrección y del modo como creo que ésta debe 
verificarse. 

RIO DE LA PLATA 

Descripción general 

El majestuoso é imponente Río de la Plata, es un caso típico de 
los estuarios abiertos que tienen por afluente un río importante. 

Su extensión superficial excede de 20.000 kilómetros cuadrados, 
teniendo cerca de 300 kilómetros de longitud y anchos que varían 
desde 300 kilómetros que tiene en su desembocadura entre los 
cabos San Antonio y Santa María, hasta 1800 metros que cuenta 
en su origen á la altura de Punta Gorda. 

Puede considerarse dividido en tres secciones bien distintas, por 
la configuración de sus costas, sus fondos y el régimen que las do- 
mina. 

La primera sección, que denominaremos Plata inferior, se ex- 
tiende desde el cabo de San Antonio, situado en la Provincia de 
Buenos Aires y el de Santa María, en la República Oriental del Uru- 
guay, hasta Montevideo y Punta Piedras, entre cuyos puntos el an- 
cho del río disminuye á 100 kilómetros más ó menos. 

Esta sección, que abarca aproximadamente 12.000 kilómetros 
cuadrados, es completamente abierta; pues, con el ancho máximo 
y mínimo de 300 y 100 kilómetros respectivamente, que hemos in- 
dicado, sólo alcanza á tener unos 80 kilómetros de largo. 

Sus costas son completamente distintas. La de la República 
Oriental es alta, recortaday firme; mientras que la de la Argentina por 
la que desagua el río Salado, es baja, anegadiza y poco definida, 
cubriendo y descubriendo en ella la marea grandes extensiones. 

La configuración circular de la última, formando la bahía de San 
Borombón, la debe á la dirección de las corrientes que en esa parte 
se producen, á cuya acción resiste únicamente debido á su reduci- 
da pendiente. 



RÉGIMEN DEL RÍO DE LA PLATA Y SU CORRECCIÓN 2H 

La topografía del lecho presenta un canal por cada costa, siendo 
mucho más profundo el Oriental, separados por una región de 
grandes bancos; variando sus profundidades desde 20 metros hasta 
7, 5 y aún 2 que se encuentran en los bancos de Rouen, Inglés, Me- 
dusa, Arquimedes y Narciso, y 5'"40 á que se llega en la Barra 
del Indio. 

Las aguas en esta primera sección, son completamente saladas y 
sus fondos son de arena, salvo en la bahía de San Borombón donde 
son de arena muy sucia y un barro casi fluido. 

La segunda sección que llamaremos Plata medio, comprende la 
zona desde Montevideo hasta la Colonia por la costa Oriental y des- 
de Punta Piedras á Punta Lara, por la Argentina. 

Su largo aproximado es de 150 kilómetros y sus anchos varían 
desde 100 kilómetros que hay entre Punta Piedras y Montevideo 
hasta 35 kilómetros que se cuentan de Punta Lara á la Colonia, 
abarcando por consiguiente, esta sección, unos 5000 kilómetros 
cuadrados. 

Sus costas conservan su carácter distintivo. La Argentina, se ele- 
va un poco con relación á la de la anterior sección ; pero, es todavía 
baja y sin accidentes ; es ligeramente convexa y tiene orientación ge- 
neral de sureste á noroeste estando situado en ella el puerto de La Pla- 
ta. La costa Oriental, siempre alta y recortada, forma la bahía de Mon- 
tevideo en cuya orilla se halla la ciudad del mismo nombre y una 
extensa entrada por la que desagua en el Plata, el río de Santa Lu- 
cía ; durante los primeros 70 kilómetros á contar desde Montevideo, 
su orientación es también de sureste á noroeste, pero, después se 
inclina al oeste, produciendo esto la diminución rápida que se nota 
en el ancho del río hasta Punta Lara y la Colonia. 

Los fondos de esta sección son de barro en general, hallándose 
arena solamente contra la costa Oriental. Sus relieves nos mues- 
tran un gran banco denominado Ortiz que llega hasta la costa Orien- 
tal en toda la parte que dijimos tenía rumbo este-oeste, extendién- 
dose luego en forma de triángulo con su vértice en las cercanías 
de Punta del Indio y un gran canal entre dicho banco y la costa 
Argentina, con profundidad . de 9 metros, frente á la ciudad de 
La Plata, que va disminuyendo hasta la Barra del Indio, donde se 
encuentran 5 metros 40 centímetros de agua. 

En el mencionado canal, se encuentran el banco Chico, sobre el 
que sólo hay 2 metros de agua y el banco del Coracero, en las in- 
mediaciones de Punta del Indio. 



212 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Entre el banco Ortiz y la costa Oriental, existe también otro canal 
bastante profundo; pero que no tiene importancia, porque se cie- 
rra aguas abajo de Puerto Sauce. 

En esta sección del río de La Plata, las aguas son ya dulces, pe- 
netrando en ella poco las saladas, aún con ios temporales del Sur- 
este. 

La tercera sección que se ha empezado á designar con el nombre 
de Plata superior, abarca el espacio desde Punta Lara y la Colonia 
hasta el delta del Paraná y Punta Gorda, paraje donde desemboca 
el río Uruguay. 

Esta sección consta aproximadamente de 3000 kilómetros cua- 
drados y respecto á sus costas, diremos: que la Argentina sigue con 
la misma orientación que en la anterior, pero se va levantando has- 
ta llegará presentar hermosas barrancas en los Olivos y San Isidro, 
encontrándose en ella, la ciudad de Buenos Aires; la Oriental, tie- 
ne el mismo aspecto que antes y con sus puntas salientes de la 
Colonia y Martin Chico, ejerce especial influencia, en la conforma- 
ción de los fondos. 

Es en esta sección también que concurren al estuario del Plata 
los grandes ríos Paraná y Uruguay y respondiendo á su influen- 
cia, su lecho se ha dividido en dos cuencas separadas por el ban- 
co de la Playa Honda. 

En la cuenca del lado Argentino se ha formado una canal llamado 
de Las Palmas, entre el banco del mismo nombre y la Playa Honda, 
con profundidades de 7 metros y que termina con una barra 
denominada también de Las Palmas, en laque se encuentra 2 me- 
tros 75 centímetros de agua. 

En la cuenca oriental, existe igualmente un canal, pero mucho 
más profundo que el que se acaba de mencionar, el cual se bifurca 
para contornear la isla de Martín García, después de la que se sub- 
divide en los numerosos canales que en conjunto se designan con 
el nombre de Canales de Martín García, siendo los más importan- 
tes, el Buenos Aires, con 9 metros de profundidad, terminado por 
la Barra del Globo, en la que hay solamente 3 metros 50 centí- 
metros de agua y el Nuevo, que es la ruta seguida actualmente por 
la navegación en razón de que la Barra de San Pedro, que hay que 
atravesar para llegará él, tiene 5 metros 50 centímetros, de profun- 
didad mínima, es decir, 2 metros más que la del Globo. 

Aguas abajo de las barras citadas, el río alcanza profundidades 
hasta de 12 metros junto á la Colonia, donde el lecho está sembra- 



RÉGIMEN DEL RÍO DE LA PLATA Y SU CORRECCIÓN 2i3 

do de rocas, apareciendo allí también, los islotes de Hornos y el 
Farallón. 

Los fondos del Piala superior son en su mayoría de barro, ha- 
llándose fondos de arena en la región de los canales de Martin Gar- 
cía y en la parte más próxima de la Playa Honda y de arcilla rosá- 
cea, vulgarmente llamada tosca, en algunas partes Jel canal Nuevo . 

El material que constituye los fondos en la costa Argentina, es 
una arena arcillosa muy lina y de naturaleza completamente dis- 
tinta á la de !a banda Oriental. 

A través de la Playa Honda, costeando el delta del Paraná, existe 
otro canal secundario que tiene hasta 6 metros de profundidad ; 
pero, aguas arriba, está cerrado por un banco sobre el que sólo 
hay 30 centímetros de agua. 

Este canal se denomina Pozos del Barca Grande y se une al de las 
Palmas cerca de la barra. 

Con esto hemos descripto á grandes rasgos la topografía del lecho 
del estuario, la configuración de sus costas y la constitución de sus 
fondos; pasemos ahora á estudiar la acción de las principales fuerzas 
que rigiendo el movimiento de sus aguas, han producido su estado 
actual, fuerzas que seguirán dominándolo hasta que llegue el inge- 
niero á sobreponerse á ellas, utilizando su poderoso concurso en 
bien de los intereses de la Nación. 

Las fuerzas á que se ha hecho referencia, son tres : la marea, los 
vientos y los grandes ríos y de ellas vamos á ocuparnos, empezando 
por la primera, porque su acción domina en la casi totalidad del 
estuario. 

MAREAS 

La onda de marea del océano Atlántico, llega al Río de la Plata 
con una amplitud muy reducida; domina en ella la onda semi- 
diurna ó lunar, sintiéndose también, la influencia de la onda solar 
ó diurna, por la diferencia de altura de las dos mareas del día, 
que se observa especialmente en la costa Argentina, donde la osci- 
lación es más importante. 

En el cabo de Santa María y en Montevideo, la curva de mareas 
presenta curiosas ondulaciones de un cuarto y de media hora de 
duración; pero lo que caracteriza las mareas en el río de la Plata 
es su irregularidad y se explica que así sea, porque una onda como 
la que se presenta en su desembocadura, que tiene solo 40 centí- 



214 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

metros de amplitud media y que se propaga al interior de un es- 
tuario de las dimensiones del que nos ocupa, tiene forzosamente 
que quedar á merced de los vientos que soplan en su superficie 
con toda libertad. 

En Punta Piedras, hay días que se produce una sola marea y las 
curvas de Punta' del Indio, presentan á menudo un segundo má- 
ximo. 

Los datos que se poseen respecto á las mareas en el río de la 
Plata, son todavía muy reducidos y no permiten estudiarlas en sí 
mismas ; pero alcanzan ya á dar idea de su modo de propagación 
y á mostrar la acción que tienen en la conformación del lecho 
del río. 

En el Plata inferior, faltan aún por completo las observaciones 
de mareas. Recientemente han colocado los Uruguayos, mareógra- 
fos en Punta del Este (MaWonado) y en La Paloma (Cabo Santa 
María), mientras que en el lado Argentino, carecemos por completo 
de observatorios ; sin embargo, con los datos recogidos en Monte- 
video y Punta Piedras, estudiando la topografía del lecho de esa 
parte del estuario, podemos explicarnos el régimen de las aguas 
en esa sección y las condiciones en que la marea penetra a la parte 
estudiada, que es la del Plata medio y superior, 

La onda de marea del océano Atlántico que llega á esta parte de 
la América, viene del Sudeste y como la desembocadura del Río de 
la Plata, ó lo que es aproximadamente lo mismo, la sección entre 
Cabo de San Atonio y Maldonado, está orientada justamente per- 
pendicular á dicha dirección, la marea se hace sentir simultánea- 
mente en todos sus puntos. 

Esta sección, como puede verse en la figura número 1, presenta 
un canal junto á cada una de las costas, separados por el banco 
Rouen, seguido en el interior del río por el Inglés, Arquímedes y 
Medusa, situados más ó menos en la misma dirección. 

Al enfrentar la expresada sección, la marea, sintiendo la influen- 
cia de los fondos, penetra de preferencia por los canales, quedán- 
dose atrasada en la región de los bancos, y se formarj así dos ondas 
que siguen una por la costa Oriental y otra por la Argentina. 

La marea que se propaga por la costa Oriental, lo hace por gran- 
des fondos que no alcanzan á influenciarla y así llega á Montevi- 
deo, con solo 45 centímetros de amplitud media; en cambio, la 
que sigue por el lado Argentino, aunque se propaga también por 
grandes fondos, estos no son tan profundos como junto á la costa 



RÉGIMEN DEL RÍO DE LA PLATA Y SU CORRECCIÓN 215 

Oriental y por consiguiente disminuyen su velocidad, llegando 
la marea á Punta Piedras, situada aproximadamente á la misma 
distancia de la desembocadura del río, que Montevideo, una hora 
después queá este último punto pero, con 70 centímetros de am- 
plitud media; sin embargo, como las profundidas son grandes, su 
influencia es muy pequeña y se anula con sólo la diferencia de am- 
plitud, llegando las crestas de las ondas que siguen ambos cami- 
nos, simultáneamente á Montevideo y Punta Piedras. 

Las referidas dos ondas de marea, propagándose por caminos 
distintos con amplitudes diferentes y que vienen á encontrarse en 
la sección Montevideo-Punta Piedras producen en el Plata inferior 
un especial juego de corrientes digno de ser estudiado, tanto por 



ÁtJiJonjt^^ 




Fig. 1. — Perfil transversal del Rio de la Plata entre Maldonado y Cabo San Antonio 

el propio interés que inspira, como por ser la causa principal de la 
existencia de la barra del Indio. 

Al iniciarse el flujo en Montevideo, la diferencia de amplitud de 
la marea entre ese lugar y Punta Piedras, produce un desnivel que 
origina una corriente transversal hacia la costa Argentina y las 
aguas traídas por el flujo atraviesan el estuario y vienen á engro- 
sar el caudal del reflujo que domina todavía por este lado y en 
lodo el interior del río. 

A medida que el flujo avanza por nuestra costa la corriente 
transversal vá girando por el Oeste hacia el Norte, hasta que llega- 
do el primero á la barra del Indio y penetrando al Plata medio des- 
pués de salvar este obstáculo, la segunda se debilita paulatinamente 
y concluye por anularse. 

En las últimas horas del flujo y al iniciarse el reflujo simultá- 
neamente en Montevideo y Punta Piedras se establece también una 
corriente transversal pero en sentido opuesto al anterior, que lleva 



216 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

las aguas al lado Oriental y va girando hacia el Sur y debilitándo- 
se á medida que el reflujo avanza, terminando en las últimas ho- 
ras de éste, en las que vuelve ya á establecerse la corriente hacia 
la costa Argentina. 

Las referidas dos ondas diferentes, adquiriendo preponderancia 
una á otra, según el viento reinante, son las que indudablemente 
producen los máximos dobles que se notan á veces en la curva de 
Punta del Indio y penetrando una ú otra ó las dos interferidas al 
Plata medio, según la desigual importancia que adquieren por 
causas accidentales, producen en el interior del estuario mareas 
todavía más irregulares que lo que tienen que ser en virtud de las 
condiciones en que se propagan. 

En el Plata medio, la onda de marea encuentra igualmente dos 
canales, uno por cada costa, separados por el banco Ortiz, por los 
cuales se propaga, pero de manera muy diferente. 

La parte que sigue la costa Oriental lo hace por fondos que no 
se prestan al aumento de su amplitud y así llega á Puerto Sauce 
con solo 50 centímetros de oscilación siendo las curvas observadas 
en dicho punto, sumamente irregulares. 

Pasado Puerto Sauce, el canal se encuentra interrumpido por el 
banco Ortiz que á esa altura se extiende hasta la costa; y la onda de 
marea, que no puede vencer ese obstáculo, se pierde en ese paraje, 
pasando por allí hasta la Colonia solamente en circunstancias 
excepcionales. 

En cambio, la parte de la marea que se propaga por el lado Ar- 
gentino con la energía acumulada hasta la barra del Indio, donde 
alcanza una amplitud media de 80 centímetros salva, sin romper- 
se, este obstáculo que se presenta á su paso y encuentra después 
fondos más profundos, pero que no son suficientes para amorti- 
guarla y así llega á banco Chico, donde conserva 57 centímetros de 
amplitud media siendo aun mayor en la costa alcanzando en La 
Plata á 65 centímetros. 

La curva media de banco Chico, representada en la figura 2, tie- 
ne la forma característica de las curvas de mareas en canales limi- 
tados por bancos y acusa igual duración de los períodos del flujo 
y reflujo, mientras que en las observadas en las costas, se nota, la 
preponderancia de éste sobre aquél al mismo tiempo que fuertes 
corrientes por la costa Argentina durante las primeras horas del 
flujo. 

L*as corrientes de flujo y reflujo en esta zona, tienen direcciones 



RÉGIMEN DEL RIO DE LA PLATA Y SU CORRECCIÓN 



217 



perfectamente opuestas, salvo en la barra del Indio donde están 
influenciadas por las corrientes transversales que se forman en el 
Plata inferior. 

Su dirección general, es la de los canales y es mucho más im- 
portante la de la costa Argentina. 

Bajo la acción de las corrientes del reflujo, las aguas del Plata 
superior, penetran al Plata medio y al pasar la sección Punta Lara 
y la Colonia, sienten la influencia déla costa oriental, que con la 
punta de la Colonia, aumenta las velocidades en esa parte, produ- 
ciendo una socavación del fondo; pero, en seguida, el río se ensan- 





































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Fig. 2. — Banco Chico Curva de marea media. 



cha por el lado oriental, lo que produce la rápida diminución de 
la velocidad adquirida por las aguas, que dejando depositar las 
materias que traían en suspensión, forman el gran banco Ortiz. 

La presencia de este banco tiende á encausar más las aguas en 
el lado Argentino, manteniéndose las profundidades del canal allí 
formada, hasta la barra del Indio, donde se produce el embauca- 
miento, no tanto debido á la diminución de velocidades, que se 
conservan fuertes todavía, sino á la mezcla con el agua salada que 
precipita las materias en suspensión y á las corrientes transversa- 
les que impiden su avance hacia el mar. 

La marea que llega al Plata superiores la que se propaga por 
el canal Argentino, el cual tiene en la sección Punta Lara y la Colo- 
nia, 50 centímetros de amplitud media. Pasada la expresada sec- 
ción, se divide en dos partes : una que se dirige á la costa Oriental, 
por fondos que amortiguan aún más su energía, teniendo en la 
Colonia 40 centímetros de amplitud media y que al llegar á la ba- 



218 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

rra de San Pedro, vence con mucha dificultad este obstáculo, que- 
dando muy atrasada en su camino; y otra que continua por la 
costa Argentina donde encuentra una suave rampa que ascender, 
rehaciendo por esta causa suenergfa ya gastada por el largo trayec- 
to recorrido y alcanzando en Buenos Aires una amplitud media de 
75 centímetros. 

La Viltima onda mencionada, que avanza á lo largo de la costa y 
penetra en el Paraná de las Palmas, en cuya desembocadura con- 
serva todavía 55 centímetros de amplitud media, desprende una 
parte que atravesando la Playa Honda, se dirige á las canales de 
Martín García, refuerza la que á ellos llega por la barra de San Pe- 
dro y se introduce después al Uruguay con sólo 30 centímetros en 
término medio de oscilación. 

La dirección general de propagación de la marea en el Plata su- 
perior, es oblicua á las costas, debido á que avanzando ésta con 
más rapidez por la costa Argentina, se dirige luego á través de la 
Playa Honda hacia Martín García. 

Esta dirección general es también la de los canales que presenta 
el lecho del estuario en los parajes donde prepondera la acción de 
la marea sobre la de los ríos. 

La zona de separación de las dos influencias enunciadas, se 
halla en las barras del Globo y de las Palmas, desde que aguas 
arriba de ellas, la corriente del río no se invierte en término me- 
dio, durante las horas del flujo; ocurriendo sin embargo, la inver- 
sión á menudo con mareas altas en la boca de Las Palmas y Martín 
García. 

Trasmitiéndose mucho más rápidamente y con mayor amplitud 
la marea por la costa Argentina, es en esta parte del río que notare- 
mos mejor su influencia. 

La curva de marea en Buenos Aires, representada en la figura 3, 
que es típica de la costa Argentina, presenta una rápida ascensión 
durante las primeras horas del flujo lo que indica que se producen 
en esas horas fuertes corrientes. 

Cuando existe la fuerte velocidad que denota esta curva, las co- 
rrientes de flujo es capaz de formar canales; pero, durando por lo 
general pocas horas y amortiguándose á medida que avanzan aguas 
arriba, los canales excavados por el flujo, tienen la particularidad 
de ser cerrados en su extremidad superior. 

Las valizas exteriores de Buenos Aires, seguidas de los pozos 
frente á Belgrano y los pozos del Barca Grande, son ejemplos típi- 



RÉGIMEN DEL RÍO DE LA PLATA Y SU CORRECCIÓN 219 

eos de esta clase de canales. El primero, alcanza una profundidad 
de 5 metros 20 centímetros, y termina aguas arriba por un banco 
con 90 centímetros de agua, y el segundo, tiene profundidades 
hasta de 6 metros y está separadp del canal del Guazú por un ban- 
co en el que se encuentra 30 centímetros de agua. 

Podría creerse que los Pozos del Barca Grande fueran formados 
por los desagües de los brazos del Paraná del mismo nombre y del 
Paraná Mini; pero, del primero lo separa un banco con 1 metro 20 
centímetros de profundidad que cierra su desembocadura, y el 



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Fig.3. — Buenos Aires, curva de marea media. 



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segundo tiene su pequeño canal propio terminado por una barra 
con I metro 20 centímetros de agua. 

Los dos referidos canales, son pues, socavados por el flujo sin 
duda alguna y marcan bien la dirección de propagación de la marea. 

En cuanto á los canales formados por las corrientes de reflujo, el 
de las Palmas, aguas arriba de la barra, sigúela dirección que da 
á las aguas el arrambamientodel Paraná de las Palmas; pero, una 
vez que esta influencia se amortigua forma un codo y se dirige á 
las vaíizas exteriores de Buenos Aires con la dirección general de 
propagación de la marea. 

El canal del Guazú, inmediatamente después de la desemboca- 
dura, toma también la dirección general, pero, desviado por la in- 
fluencia de la costa Oriental y de la isla de Martin García, se incli- 
na hacia ella y forma aguas abajo de la última, los numerosos ca- 



220 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

nales que se designan en conjunto con el nombre de canales de 
Martín García. 

Sin embargo, en la extremidad del canal Buenos Aires donde ya es 
poca la influencia de la costay empieza á preponderar la marea, exis- 
ten dos bolzas de muy reciente formación, que siguen la dirección 
general, excavándose rápidamente y que tienen ya 4 metros de agua.' 

Por conclusión, en todo el estuario del Plata, lo marea es mucho 
más regular é importante por el lado de la costa Argentina, que se 
presta más fácilmente ásu propagación, que la Oriental. 

Conocida ya la influencia de la fuerza principal y quemas acción 
tiene en el estuario, pasaremos ahora á dar idea de otra no menos 
importante y que modifica profundamente la primera. 



VIENTOS 

Este poderoso agente atmosférico tiene particular importancia 
en todo el estuario debido á la gran distancia que existe entre sus 
márgenes, que lo expone á los vientos que soplan de todas direc- 
ciones y en el que aún los transversales á su curso, pueden formar 
olas importantes, que por la poca profundidad de las aguas, re- 
mueven profundamente el lecho sobre los bancos y las barras, im- 
pidiendo su crecimiento. 

A pesar déla inmensa zona que abarca el estuario, dominan en 
él generalmente los mismos vientos siendo las diferencias que á 
veces se presentan, debidas á causas locales y accidentales y por 
consiguiente, sin acción sobre las aguas que obedecen sólo á los 
generales y de cierta duración. 

Los vientos dominantes en todo el estuario son los del noreste 
pero siendo ordinariamente de velocidad moderada tienen poca in- 
fluencia sobre las aguas. Mientras soplan ellos, el río se halla en 
su estado normal, su altura media es la ordinaria y la marea se 
trasmite regularmente en las condiciones que indicamos al hablar 
de ella. 

Algunas veces cuando su velocidad aumenta, acumulan las aguas 
del Plata superior, en la costa Argentina, levantando el nivel en 
ella inás que en la Oriental ; pero esta acción es pequeña y no altera 
el régimen del río. 

Siguen en importancia los vientos del Norte y Noroeste; los pri- 
meros son más constantes y de regular intensidad, y los segundos 



RÉGIMEN DEL RÍO DE LA PLATA Y SU CORRECCIÓN 2521 

suelen ser violentos, pero de poca duración. Estos vientos enfilando 
aguas abajo el estuario, producen una bajante general de las aguas 
y se oponen á la propagación de la marea. 

Cuando dominan ellos en el Plata Medio y especialmente en e! 
superior la marea tiene una amplitud muy pequeña y hasta deja á 
veces de producirse. 

Pero los vientos cuya influencia es verdaderamente importante 
son los del Sur y Sureste. Estos son por lo general tempestuosos y 
cuando soplan duran de uno á tres días. 

Como su dirección es la misma que la de la parle interior del es- 
tuario, acumulan en ella una inmensa masa de agua que eleva no- 
tablemeatesu nivel y produce las más altas mareas conocidas. Esta 
gran sobreelevación impide á la marea siguiente producirse, y es 
regla general que bajo la acción de estos vientos en la parte interior 
del estuario, se produce una sola marea al día, muy alta, seguida 
de un largo período de reflujo que dura todo el tiempo y á veces 
más del que debía emplear la marea subsiguiente. 

Es bajo la acción de estos vientos que el gran caudal que por la 
forma abierta del estuario se acumula en su desembocadura, al pe- 
netrar al interior y al pasar por la sección estrecha entre Colonia y 
Punta Lara, con la dirección que le ha imprimido la costa Oriental, 
se recuesta á la Argentina ejecutando el trabajo de erosión que ya 
hemos hecho notar y relegándose en ella para dirigirse transversal- 
mente á los canales de Martín García, donde producen las fuertes 
marejadas que son características de esos parajes, agravadas aún 
más en el Canal Nuevo por la resaca, debida á la proximidad de la 
costa con la cual choca casi perpendicularmente. 

Estos vientos son los que producen las tempestades en el océano 
y durante ellas depositan grandes cantidades de arena en toda la 
costa marítima déla provincia de Buenos Aires, desviando hacia el 
Este todas las bocas de los ríos y arroyos que desaguan por ella. En 
el estuario del Plata ejércela misma acción: el cabo de San Antonio, 
que avanza hacia el Norte, rompiéndola regularidad de la forma 
circular que tiene la costa en la Bahía de San Borombón, es exclu- 
sivamente formado por las arenas acarreadas por el mar; y si 
este depósito está interrumpido por la fuerte corriente que allí se 
produce aparece en seguida formando los grandes bancos del Plata 
inferior. 

En toda la costa Argentina del Plata medio y superior, estos vien- 
tos arrastran también materiales hacia la costa ; el río Santiago, en 



222 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

La Plata, y el Riachuelo en Buenos Aires, mostraban su desemboca- 
dura desviada hacia el Norte antes de ejecutadas las obras de los 
puertos en ambos puntos, y el canal Sur del Puerto de Buenos 
Aires, cuyos malecones se construyeron cortos por las exigencias 
del momento y que después hubo que defenderlo de estos vientos, 
prolongando el de su costado Sur. 

Además, el material que forma el lecho del río junto á la costa 
Argentina, es una arena muy fina mezclada con barro ; éste no es 
material traido por los ríos y su procedencia es indudablemente de 
aguas abajo. 

En cuanto á los vientos del Oeste y Suroeste son poco frecuentes ; 
pero de ordinario bastante fuertes. Soplando transversalmente al 
estuario hacen descender las aguas del lado Argentino y las elevan 
en la costa Oriental donde producen también fuertes marejadas. 

Con estos vientos es que se producen las mayores bajantes en 
nuestra costa. Son sumamente incómodos en el puerto de Monte- 
video, y como vienen generalmente después de los temporales, tan- 
to allí como en los canales de Martín García, prolongan el mal 
tiempo uno ó dos días más. 

Los vientos del Sureste en todo el estuario y los del Suroeste con- 
tra la costa Oriental, levantan grandes olas que por la poca pro- 
fundidad del agua remueven el lecho del río, siendo el gran factor 
para el mantenimiento de su profundidad y debiéndose á ellos en 
gran parte la diferencia de altura de las barras de las Palmas, el 
Globo y San Pedro, desde que la costa Argentina es mucho más 
tranquila que la Oriental. 

Pasaremos ahora á estudiar la influencia que los grandes ríos 
Paraná y Uruguay tienen en el de La Plata del cua! son afluentes 
y cuya acción es predominante en su extremo superior. 



LOS Ríos 

El grandioso río Paraná que sirve de vía de comunicación á 
las ricas provincias del litoral y á la república del Paraguay, trae 
en término medio un caudal de 58.000.000 de metros cúbicos por 
hora y desemboca en el Plata por los numerosos brazos de su in- 
menso delta 

A la altura del Baradero, su cauce principal se divide en dos im- 
portantes brazos: el Paraná Guazú y el Paraná de las Palmas; el 



RÉGIMEN DEL RÍO DE LA PLATA Y SU CORRECCIÓN 223 

primero que es el mayor, se dirige hacia la costa Oriental, frente á 
la cual desemboca después de un recorrido de lOi- kilómetros por 
entre isljs bajas y anegadizas. Durante su curso se subdivide en 
varios brazos, de los cuales los más importantes como el Paraná 
Bravo, el Sauce y el Ceibo, llevan también sus aguas á la cuenca 
Este del Plata Superior ; y los otros como el Barca Grande y el Pa- 
raná Mini, desembocan frente á la Playa Honda, trayendo sus aguas 
á la cuenca Oeste, á la cual concurre también el Paraná de las Pal- 
mas después de recorrer un largo trayecto de 127 kilómetros, cos- 
teando por el Oeste el delta. 

El Barca Grande está cerrado en la boca por una barrado 1,20 
metros de profundidad ; el Paraná Miní forma un pequeño canal 
terminado también por una barra de '1 ,20 metros y sólo el Paraná 
de las Palmas se continúa por el canal de su mismo nombre debi- 
do más bien á la acción de la marea que á la del río, y que tiene 
15 kilómetros de largo con una profundidad de 7 metros termi- 
nando por la barra de las Palmas con 2,75 metros de agua. 

Las aguas del río Paraná son relativamente limpias pues sólo 
traen en suspensión en término medio 70 gramos por metro 
cúbico, que llegan á 200 gramos por metro cúbico, en épocas de 
creciente, de un material muy liviano que se deposita en los ban- 
cos de Las Palmas, parte déla Playa Honda y las barras de los 
ríos, pero que sobre todo constituye el lecho del estuario en el 
Plata Medio. 

Además déla materia que acarrea el río en suspensión, siendo 
el lecho de su parte superior lodo de arena muy movediza trans- 
porta parte de ella por arrastre. No se tienen datos sobre la impor- 
tancia de este arrastre y sólo se sabe que este material llega hasta 
los canales de xMarlín García donde forma el lecho del río en unión 
con la que viene del Uruguay, lo mismo que en la parte vecina 
de la Playa Honda. 

La marea del Río de la Plata se propaga por el Paraná hasta 150 
kilómetros de la desembocadura, en término medio, pero de ma- 
nera muy distinta por sus dos brazos principales. 

El flujo llega á la boca del Paraná de lasPalmas45 minutos antes 
que á la del Guazú siendo esta diferencia aun mayor con el reflujo 
que llega al primer punto 1 hora 30 minutos antes que al segundo. 

La onda de marea tiene en la boca del Paraná de las Palmas 55 
centímetros de amplitud media propagándose al interior en tan 
buenas condiciones que en Campana á 50 kilómetros de la desem- 



22i ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

bocadura conserva todavía una amplitud media de 30 centímetros. 

En cambio en la boca del Guazú la marea tiene sólo 30 centíme- 
tros de amplitud y la onda que se hace sentir allí se dirige de pre- 
ferencia al Uruguay y sólo penetra por el Guazú una pequeña 
parte, pues en la isla de los Patos, á 20 kilómetros aguas arriba, 
se reduce ya su amplitud á 1 5 centímetros. 

El río Uruguay preséntala particularidad de desembocar en el 
Plata no por un delta sino por un gran estuario. En efecto : este río 
quetraeuncaudal mediode 1 1 .000.000 metros cúbicos porhora tiene 
hasta Fray Bentos un cauce apropiado á su caudal y sembrado de 
islas; de este último punto aguas abajo su curso cambia completa- 
mente de aspecto, las islas desaparecen y su lecho se agranda 
desmesuradamente hasta alcanzar 12 kilómetros de ancho vol- 
viendo luego á enangostarse hasta la parte comprendida entre Punta 
Chaparro y Punta Gorda por donde comunica con el Plata. 

Las mareas de este último que sólo tienen 30 centímetros de 
amplitud media en Nueva Palmira se propagan sin embargo por 
el Uruguay hasta 250 kilómetros aguas arriba é invierten con faci- 
lidad la corriente hasta Fray Bentos habiendo llegado esta inversión 
hasta Concepción del Uruguay á 250 kilómetros de la desemboca- 
dura, con los fuertes temporales del Sureste en el Río de la Plata. 

Con este régimen y con la topografía bien distinta de las dos 
zonas se puede decir que el río Uruguay termina en Fray Bentos 
extendiéndose después un vasto estuario de 800 kilómetros cua- 
drados de superficie, prolongación del del Plata y que podemos lla- 
mar estuario del Uruguay. 

El lecho del Uruguay y su estuaria es de arena y en partes de 
roca, encontrándose también barro en la costa Argentina. Las 
aguas son muy limpias pues sólo traen alrededor de 20 gramos 
por metros cúbico de materia en suspensión, en término medio 
y sólo llegan á tener 80 gramos por metro cúbico, en épocas de 
crecientes que son fuertes pero pasajeras. 

Si el caudal del Uruguay es pequeño con respecto al del Paraná 
en cambio la marea acumula en su estuario un respetable volumen 
de agua y como su forma es la de un estuario cerrado, el volumen 
acumulado, por la marea únicamente, da en la sección de Punta 
Gorda un caudal que llega en termino medio hasta 35.000.000 
de metros cúbicos porhora. 

Con este poderoso concurso aumentado todavía con el río Negro 
de la Banda Oriental y algunos de los brazos del Paraná, su influen- 



RÉGIMEN DEL RÍO DE LA PLATA Y Sü CORRECCIÓN 225 

cia llega á ser mucho más preponderante que la de este, y concen- 
trando su acción en la sección estrecha de Punta Gorda excava allí 
un profundo Canal quesigue con rumbo Sureste, peroque después de 
recibir el caudal del Paraná Guazú que desagua en él, se desvía al 
Sur buscando la dirección general de las corrientes de marea. Pero 
€stas mismas corrientes debieron formar un pozo profundo entre 
la isla de Martín García y la Punta de Martín Chico, análogo a 
que se encuentra actualmente junto á la punta de La Colonia y que 
se forma en general en todas las puntas salientes de la costa ; este 
pozo desvió el canal que venía del Uruguay obligándolo á pasar 
entre la isla y la costa Oriental y aumentando allí todavía más 
su caudal con el volumen acumulado por la marea en la ensenada 
que forma la costa aguas arriba; recobra nueva energía y forma los 
canales de Martín García terminados unos á los lo kilómetros por 
la barra del Globo con 3,50 metros de agua y las más cercanos á la 
costa á los 30 kilómetros por la de San Pedro que tiene 5,50 metros 
de agua. 

Al desembocar los ríos en el de la Plata con el aumento enorme 
de sección su pendiente cae rápidamente y reduciéndose muchísi- 
mo su velocidad, las aguas depositan las materias que traen por 
arrastre y parte de las que transportan en suspensión. Este depo- 
sito forma los bancos, que una vez que adquieren cierta importan- 
cia, aminoran con su poca profundidad, aún más la velocidad del 
agua que deposita sobre ellas mayor cantidad de materiales, favo- 
reciendo su crecimiento. 

El río de la Plata superior ocupado en su mayor parte por los 
bancos de Las Palmas y de la Playa Honda, siguiendo esta ley, tie- 
ne que rellenarse; este relleno es retardado por la gran anchura 
del río que permite la formación de grandes olas que remueven 
elfondo sobre los bancos impidiendo su crecimiento; no se tie- 
nen datos sobre la importancia de este crecimiento pero es sin 
embargo bastante rápido porque lo nota claramente el que haya 
navegado estos parajes durante unos cuantos años, por las super- 
ficies que quedan en seco en las grandes bajantes. 

Con el crecimiento de los bancos el agua tiene que encausarse 
en los canales tendiendo á su profundización y esto se ha consta- 
tado en los canales de Martín García, única parte del río en que se 
han hecho estudios de esta clase, y especialmente en las barras del 
Globo y San Pedro llegando la excavación en el extremo del canal 
Buenos Aires á 10 centímetros por año. Esta rápida excavación 

Ai\. SOC. CIEJÍT. ARG. — T. LJl 15 



226 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de la barra del Globo es la prueba más evidente del crecimiento- 
de la Playa Honda ; porque si el río excava activamente, una barra 
que en otro tiempo dejó formar, muestra claramente que pugna por 
abrirse allí camino un caudal que antes se escapaba por sobre el 
banco y que ahora está forzado á seguir los canales. 

El delta del Paraná no avanza regularmente, el poco material 
que traen los rios,'las condiciones especiales en que se encuentra 
por la anchura del estuario y las fuertes marejadas que en él se 
levantan, retardan y liasta parece que interrumpen por tempora- 
das más ó menos largas su marcha progresiva aguas abajo. 

Como sus costas no pueden avanzar, todo el material es emplea - 
do en formar los grandes bancos que lo prolongan y que tienen 
que extenderse en una gran superficie, con pendientes muy suaves 
para poder resistir al oleaje, amortiguarlo y facilitar de ese modo 
el avance del delta. 

La influencia de los ríos llega hasta las barras de Las Palmas, el 
Globo y San Pedro. Aguas abajo de éstas dominan por completo^ 
las corrientes de marea ; en Buenos Aires ya no se sienten ó se 
sienten de manera insignificante las más grandes crecientes del 
Paraná, en cuanto á las del Uruguay se amortiguan en su propio 
estuario. 

Hemos ya estudiado las tres fuerzas que regulan las aguas del 
Plata. Conocemos su régimen y la topografía de sus fondos expli- 
cándonos el modo cómo han llegado á su estado actual. 

Podemos ahora darnos cuenta del inmenso caudal de agua de 
este verdadero mar dulce y la poderosa energía que representa ba- 
jo la acción de los elementos, pero si nos quedamos extasiados 
ante la grandiosidad de esta obra de la naturaleza y de su marcha 
secular; la contemplación dura poco, en seguida nos viene la idea 
de que si el destino nos ha colocado frente á tales prodigios, debe- 
mos ponernos á su altura y nos asalta el deseo de dominarlo pa ra- 
que si es grande por si, lo sea más aún cuando sometido á nuestra 
voluntad ponga sus inmensas fuerzas al servicio de nuestro de- 
sarrollo y de nuestra prosperidad. 



CORRECCIÓN DEL RIO DE LA PLATA 

De la fácil navegación del río de la Plata, depende todo nuestro 
comercio con el exterior y si gran parte de la provincia de Buenos 



Lámina 1 




i 



36*= 



Notas. — Longitud Oeste de Greemvich 
Las cotas son en metros 



LÁma» 1 



34° 



35- 



30" 




>0T««. — Longitud (U»it dt Grttntrith 
L*t tolas «OM rn mtiro» 



RÉGIMEN DEL nío DE LA PLATA Y SU CORRECCIÓN 227 

Aires está servida, regularmente, por el puerto de la Capital, no se 
hallan en las misnnas condiciones las demás, y las del litoral recla- 
man con urgencia su mejoramiento. 

Siendo la ciudad de Buenos Aires Capital de la República y su 
centro comercial más importante, no sólo por estas circunstancias 
sino también por su situación, tiene que ser la cabecera de la na- 
vegación fluvial. 

Su puerto necesitó la construcción de un costoso canal con 20 
kilómetros de largo que entorpece su acceso y recarga los gastos de 
explotación. 

Una de las causas que más detiene el desarrollo comercial de las 
provincias son, las grandes distancias á recorrerse; acortar éstas» 
proporcionar comodidades al transporte y sobre todo, abaratar los 
fletes, son los problemas á resolver para nuestro engrandecimiento. 

La corrección del río de la Plata, tiene pues que dilucidar tres 
principales cuestiones: 

1* Hacer segura, fácil y económica la navegación de los buques 
de ultramar que vienen á Buenos Aires ó pasan á los puertos del 
Paraná ; 

2* Facilitar la navegación fluvial, acortando lo más posible la 
ruta entre Buenos Aires y el interior del país ; 

3^ Mejorar el acceso ai puerto de Buenos Aires. 

Para conseguir lo indicado, tenemos á nuestra disposición la 
energía de los ríos y las corrientes de marea y sin oponernos á la 
acción de los vientos que no podemos dominar, debemos servir- 
nos de ellos y aprovecharlos haciendo que cooperen á la realización 
de obras que faciliten la diminución de los trayectos y aumenten 
económicamente la profundidad de los canales. 

La ruta que siguen actualmente los buques de ultramar, es la 
que está indicada con línea gruesa llena en el plano lámina T. Es de 
fácil navegación, porque estando ya valizado perfectamente con bo- 
yas luminosas el canal de Martín García,, presenta sólo dos pasos de 
poca agua, que son : la barra de San Pedro, que se está dragando, 
y la barra del Indio, que tiene 5,40 metros de profundidad. 

Este último paso difícil, no está aún estudiado. Los únicos da- 
tos que tenemos referentes á esa parte del estuario, son los que 
proporcionan las cartas del Almirantazgo Inglés, y los que hemos 
presentado respecto á corrientes transversales, son el resultado de 
estudios muy recientemente iniciados. Con los pocos conocimien- 
tos que de él se tiene, parece que el único medio para mejorarlo, 



228 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

es el dragado; pero, ese medio no corrige, abre tan sólo un camino 
que corno no responde á la acción de los elementos, hay que defen- 
der constantemente de ellos. 

Salvada la barra del Indio, los buques tienen libre acceso á los 
puertos de La Plata y de Buenos Aires. 

El primero, tiene á su entrada un canal entre malecones de cinco 
kilómetros de largo, con 6,70 metros de profundidad y para pasar- 
los los buques de mayor calado aprovechan la alta marea. 

Al segundo, sellega porun largo canal con 20 kilómetros de exten- 
sión y 6,40 metros deagu.iylas grandesembarcaciones, necesitando 
por lo meaos dos horas para rer^orrerlo y entrar al puerto, no pue- 
den utilizar para ello la alta marea. 

La navegación que se dirige á los ríos lo hace por la costa Orien- 
tal, siguiendo la línea gruesa del plano, pasando por el Canal Nue- 
vo de Martín García y penetrando luego al Uruguay y al Paraná por 
el Guazú, teniendo sólo como paso de poca agua, la barra de San 
Pedro que se está dragando actualmente á 6,40 metros de profun- 
didad. 

Para los buques que navegan entre Buenos Aires y los puertos del 
Paraná hay dos caminos ; el de las Palmas, que sólo siguen los que 
tienen menos de 2,70 metros de calado y el de Martín García que 
hemos dicho, tendrá pronto 6.40 metros de profundidad mínima. 

Este último cara i no, indicad o por la línea gruesa del plano (lam.2^) 
que sigue aproximadamente la trayectoria del actual valizamiento 
luminoso, obliga á los buques ádar un gran rodeo, que si bien lo 
acortan mucho los que calan menos de 4 metros, resulta siempre 
excesivamente largo. 

Por la escasa profundidad de la barra de las Palmas el camino 
de este nombre, es poco frecuerUado y se puede decir que la única 
ruta que actualmente sigue tanto la navegación de ultramar como 
la de cabotaje, es la de Martín García, la que si bien realizadas las 
obras que en ella se ejecutan, responderá en parte á la primera 
cuestión planteada, no sólo dejará de satisfacer, sino que será per- 
judicial á la segunda y tercera. 

Para la navegación de ultramar, la ruta por los canales de Martín 
García no es cómoda y aunque ha mejorado mucho con el valiza- 
miento, siempre tendrá el inconveniente de los canales estrechos. 

La navegación fluvial, hemos dicho que tenía que hacer un largo 
rodeo parallegar á Buenos Aires, este tiene porobjeto salvar el banco 
de laPlaya Honda. Ahora bien este banco como hemos dicho crece. 



Lámina 2 



•ierita.1 del 'LJr'uig^xxa.y 




Escala 1 : 590.000 



Nota. — Las cotas son en metros. 

Errata. — Donde dice valizas interiores, léase exteriores. 



Lámina 2 



República Oi'iental del Ui^ug-viay 




R.ejD\ifc>lica A.rg-en.t.irLa 



Escala 1 : nno.ooo 

Nota. — Las colas son en metros. 

Errata. — Donde dice valieas interiores, léase exteriores 



RÉGIMEN DEL RÍO DE LA PLATA Y SU CORRECCIÓN 229 

no podemos decir en qué proporción poríalta de dalos, pero de una 
manera bástanle rápida para que sea notada por el que frecuente 
esos parajes, y si ese crecimiento es relativamente rápido, á pesar 
de las fuertes marejadas que á él se oponen, el avance del Banco 
aguas abajo, sin tener este inconveniente, debe ser mucho más rá- 
pido todavía y obligará á los barcos para salvarlo á dar mayor ro- 
deo cada día. 

Además, la navegación de los ríos requiere embarcaciones de po- 
co caladq con gran capacidad para poder abaratar los fletes y este 
tipo de buques no puede adoptarse, porque les sería muy penosa 
la travesía por los pasos de Martín García, que con las fuertes ma- 
rejadas que allí se producen, dificultan ya la navegación. 

En consecuencia, la ruta entre Buenos Aires y los ríos por los pa- 
sos de Martín García, se irá alargando paulatinamente en contra de 
toáoslos intereses del comercio y de la navegación, que exigen el 
acortamiento de las enormes distancias que separan nuestros dis- 
tintos centros, estableciéndose por parajes aún más abiertos que 
los actuales. 

En cuanto á la cuestión del acceso á Buenos Aires, tenemos que 
hacer notar que la costa Oriental se presenta con la punta de la Co- 
lonia en idénticas condiciones que con la de Martin Chico, frente á 
Martin García y que como la última desvió el canal hacia ella, la 
primera ejercerá la misma influencia en una época nomuy lejana. 

Frente á la Colonia, existen pozos profundos como frente á Mar- 
tin García y cuando las barras en su marcha progresiva aguas aba- 
jo, lleguen á su zona de acción, las aguas de los canales se precipi- 
tarán por el caminoya abierto acumulandojunlo á la costa Oriental 
gran parle del caudal que ahora se reparte en esta sección, por todo 
el ancho del río. 

Con esta alteración en el régimen de las aguas, se facilitará el 
embarcamiento frente á Buenos Aires y obligará á este puerto á 
prolongar sus canales de entrada ya demasiado largos, aumentan- 
do enormemente sus gastos de conservación y dejándolo cada vez 
más separado de la línea de navegación de ultramar que se recos- 
tará hacia la Banda Oriental. 

Como vemos, la rula por Martín García no satisface ninguna de 
las tres grandes cuestiones que debe resolver del mejoramiento del 
estuario del Plata. Si la navegación la sigue actualmente, se debeá 
que es el camino más profundo para entrar á los ríos y el único 
que pueden seguir los buques de regular calado y si hasta ahora ha 



230 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

llenado, aunque no cumplidamente, las necesidades del comercio 
de los ríos, en el día impide su desarrollo y pronto será completa- 
mente insuficiente. 

Para resolver satisfactoriamente el problema déla corrección del 
río de la Plata, habría que establecer la navegación por el canal 
de las Palmas, siguiendo la línea gruesa punteada del plano (lámi- 
nas \ j 2). Con elle se acortaría la rula de la navegación de ultra- 
mar, haciéndola más directa, se disminuiría en cerca de 100 kiló- 
metros la distancia por agua entre Buenos Aires y los puertos del 
Paraná y se colocaría á Buenos Aires en el camino que seguirían 
los buques de ultramar. 

Para establecer la navegación por las Palmas, se tiene que ahon- 
dar el canal existente y debemos utilizar para ello las fuerzas na- 
turales. 

De las tres fuerzas principales que rigen las aguas del Plata, dos 
de ellas, la marea y los vientos, favorecen á la costa Argentina y 
solólos ríos son los que llevan su caudal más importante hacia la 
costa Oriental. 

Conviene, pues, aunar dichas fuerzas y hacer que su acción ten- 
ga su mayor efecto en el canal de las Palmas. 

Por suerte, es sólo la acción de los ríos, la que mejor podemos 
dominar de las tres, la que necesitamos modificar, haciendo que 
el río Paraná preste su poderoso concurso á esta parte del es- 
tuario. 

Si es sólo el régimen del Paraná el que debemos modificar para 
conseguir el objeto deseado, no conviene hacer ninguna obra con 
este finen el río de la Plata, donde la libre acción de los vientos, el 
fuerte oleaje que se levanta y la falta del encausamienlo de las 
aguas, haría su construcción costosa y dudoso su resultado. 

Debemos, pues, internarnos en el delta y allí, al reparo de las 
islas y con ríos perfectamente encausados, donde se puede traba- 
jar con seguridad, buscar la solución del problema. 

Sabemos ya que el río Paraná á la altura del Baradero, se divide 
en dos brazos: el Paraná Guazú y el Paraná de las Palmas; que 
el primero se dirige hacia la costa Oriental frente á la cual desem- 
boca después de subdividirse en varios brazos y que el segundo 
costea por el oeste al delta, desembocando en el Plata, cerca de la 
costa Argentina. 

El Paraná de las Palmas, el Miní y el Barca Grande, son ríos 
muy profundos, cuyo cauce no responde á su importancia actual, 



RÉGIMEN DEL RIO DE LA PLATA Y SU CORRECCIÓN 231 

pareciendo que han tenido en otra época una naucho mayor y que 
la han perdido después, lo que se explica fácilmente por el avance 
del delta. 

El camino más directo entre el Paraná y el río de la Plata era el 
seguido por el Paraná de las Palmas y antiguamente éste debe ha- 
ber sido el brazo principal ; pero á medida que el delta avanzaba, 
aumentaba el recorrido de todos los brazos, disminuyendo su pen- 
diente. Siendo el Paraná de las Palmas, el brazo más importante, 
es natural, que por este lado avanzara más rápidamente el delta, 
y es natural también que el mayor caudal de agua se desviara hacia 
la costa Oriental, siguiendo los caminos más cortos. En seguida 
del Paraná de las Palmas, locó el turno al Miní y después al Barca 
Grande en ser el brazo principal. Estos brazos, pasada su época de 
importancia, se han cerrado en su desembocadura y si no ha su- 
cedido lo mismo con el de las Palmas, que conserva todavía un 
canal de i 5 kilómetros de largo, es debido á la acción de la marea 
que tiene en él particular influencia, porque desemboca junto á la 
costa Argentina. 

Llegado el caudal principal á desembocar frente á la costa Orien- 
tal, por el Guazú, se ha encontrado con el gran canal formado por el 
desagüe del estuario del Uruguay y las fuertes corrientes que allí 
se producen, han impedido el avance, del delta por ese lado, per- 
maneciendo asi el Paraná Guazú, mucho más tiempo que los otros 
como brazo principal. 

La falta de avance del delta en la boca del Guazú, no ha fijado, sin 
embargo, el cauce principal del Paraná en este brazo y las aguas, 
siguiendo la misma tendencia que antes, han buscado un camino 
más corto, encontrándolo en el Paraná Bravo, por el cual pasa ya 
mayor caudal que por el Guazú, que pierde poco á poco su im- 
portancia, cerrándose en el paso de la Paloma. 

Ya al presente, la línea de navegación se está desviando hacia 
el Bravo, prefiriendo seguirlo los buques muy cargados ; porque, 
si bien los obliga á dar una vuelta mayor, tienen la ventaja de un 
canal más profundo. 

Actualmente el Guazú tiene una longitud de 104 kilómetros ó 
100 siguiendo por el Bravo ; mientras que la del Paraná de las Pal- 
mas, es de 127 kilómetros. 

Esta diferencia de recorrido entre puntos que tienen aproxima- 
damente la niisma cota, explican la preponderancia del uno sobre 
el otro brazo. 



232 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Necesitándose que el Paraná concurra con su acción principal 
á la cuenca oeste del Plata superior, hay pues que volverle al Pa- 
raná de las Palmas^ su perdida importancia. 

Para dar mayor importancia á un río en las condiciones del de 
las Palmas, hay tres medios; pero, dos de ellos son inaplicables 
en nuestro caso. 

Uno consistiría en aumentar la sección del río por el dragado ', 
pero, debido á la gran movilidad del lecho del Paraná, no puede 
aplicarse, porque se llenaría al momento la sección excavada. 

Otro sería el de disminuir artificialmente una sección del Guazú; 
pero, tampoco este medio es aplicable, debido á la poca consisten- 
cia del terreno de las islas que forman sus márgenes, exponiéndo- 
nos á ver abrirse un nuevo brazo donde menos lo esperamos, lo 
que destruirá todo lo hecho. 

Queda, pues, como único medio para conseguir el objeto buscado, 
la rectificación del curso del río. 

En efecto, rectificando el curso del Paraná de las Palmas, de modo 
que su recorrido fuera menor que el del Guazú, el caudal del río 
seguiría de preferencia por el primero que pronto adquiriría mayor 
importancia que el segundo. 

Consecuencia inmediata de esta rectificación sería la más rápida 
y mejor propagación de la marea con lo que se aumentaría aún más 
el caudal del río y no en cantidad despreciable, y las dos influen- 
cias combinadas tenderían á ahondar y prolongar el canal de las 
Palmas, rechazando la barra aguas abajo. 

Esta barra tiene sólo 2 metros 7o centímetros de agua ; mientras 
que la del Globo situada á la misma altura aproximadamente, tiene 
como profundidad mínima 3 metros 60 centímetros, debido á que 
siendo las olas mucho más importantes sobre la barra del Globo 
que sobre la de las Palmas, su acción sobre el fondo, llega á mayor 
profundidad. 

Corriéndose la barra de las Palmas aguas abajo, llegaría á para- 
jes donde las olas son más importantes y no le permitirían alcanzar 
tanta altura ; al mismo tiempo que las corrientes de marea serían 
más enérgicas, tendiendo también á excavarla. 

La rectificación del Paraná de las Palmas es no sólo posible sino 
también de fácil ejecución. 

En efecto, cortando la gran vuelta que tiene en su comienzo en la 
forma indicada en el plano con el corte número 1 (lám. 2) llevaríamos 
su embocadura á 1 2 kilómetros aguas arriba de la actual ; con este 



RÉGIMEN DEL RÍO DE LA PLATA Y SU CORRECCIÓN 233 

corle, que sería de 15 kilómetros de longitud, acortaríamos el cur- 
so del Paraná de las Palmas en 20 kilómetros y efectuando el corle 
número 2, en las vueltas de los Patos y de los Carneros, lo acorta- 
ríamos todavía en 7 kilómetros más. 

De la manera expresada, con solo un canal de 20 kilómetros á 
dragar, quedarían el Guazú, con 11 6 kilómetros de recorrido, ó solo 
1 12 siguiéndose por el Bravo y el Paraná de las Palmas tendría úni- 
camente 100 kilómetros, loque basta para dar la preponderancia 
á este. 

Como el Paraná de las Palmas perdió su antigua importancia 
debido al avance del delta, podría objetarse que con la corrección 
que propongo no se evita este inconveniente y que con el aumento 
de caudal del río, el delta avanzaría más rápidamente en la boca, 
volviendo por consiguiente, dentro de poco tiempo, las cosas á su 
estado actual ; pero, para salvar este inconveniente, es que se ba 
alargado un poco el corte número i hasta establecer la embocadura 
del Paraná de las Palmas, aguas arriba de la isla del Dorado y re- 
petir con ella lo que sucede actualmente en el paso de la Paloma. 

La isla de la Paloma está situada un poco aguas abajo de la boca 
del Bravo y el río que allí es bastante ancho, se enangosta inmedia- 
lamente después de pasar la isla; esta sección angosta, embalzalas 
aguas, disminuyendo su velocidad, lo que provoca el embanca- 
miento que se produce en ese paraje ; las aguas así embalzadas, no 
atacan las costas, porque se escapan por el Bravo, que les ofrece un 
camino mejor que el del Guazú. 

De la misma manera, una vez efectuado el corte número 1, po- 
demos enangostar una sección del río aguas abajo de !a isla del 
Dorado, con lo que se provocará un embancamiento junto á ella, 
asegurándose de este modo la preponderancia del Paraná de las 
Palmas. 

Corregido el Paraná de las Palmas, podría suceder que el canal 
que lo prolonga en el Plata superior no siguiera la traza del thal- 
weg actual, sino que prolongándose en la dirección que ahora tie- 
ne, se desviara hacia la costa Oriental á través de la Playa Honda; 
esto es muy poco probable por las proporciones que ha alcanzado 
esta playa y la dirección de las corrientes de marea que tenderían á 
impedírselo, pero, si esto sucediera llegaría entonces el caso de 
construir un dique donde efectúa actualmente su cambio de direc- 
ción, que echara las aguas hacia Buenos Aires. 

La corrección y mejoramiento del Paraná de las Palmas, no per- 



234 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

judica en nada las condiciones actuales de los canales de Martín 
García, desde que estos dependen principalmente del caudal que la 
marea acumula en el estuario del Uruguay, cuja propagación no 
se modifica de ninguna manera. 

Establecida la navegación por las Palmas, se resuelven satisfac- 
toriamente las tres cuestiones que nos hemos propuesto al plantear 
el problema y aún otra no menos importante. 

La navegación directa de ultramar á los ríos acortaría su ruta ac- 
tual en 25 kilómetros si se considera el camino del Guazú, ó en 40 
kilómetros si el del Bravo ; la navegación por el delta se efectuaría 
por parajes poblados y con recursos y no por entre islas bajas, ane- 
gadizas y con escasísima población como en la actualidad y salien- 
do al estuario se encontraría un camino más bonancible que el de 
Martín García. 

Las mejoras que se conseguirían para la navegación fluvial, son 
de mucha mayor consideración; la distancia entre Buenos Aires y 
los puertos del Paraná se disminuiría en cerca de i 00 kilómetros, 
siendo este acortamiento, doblemente ventajoso porque se efectúa 
en su mayor parte evitando la travesía del río de la Plnta^ que es 
la parte difícil de esta navegación que se haría entonces por para- 
jes de ordinario mucho más tranquilos y por una ruta que no ten- 
dería á alargarse de día en día, como la actual y que es mucho más 
susceptible de ser mejorada y conservada. 

Por último, colocaríamos á Buenos Aires en la rula al exterior, 
lo que mejora considerablemente su situación y estableceríamos la 
corriente de la navegación por una costa poblada y rica, con cen- 
tros importantes como Campana y Zarate, donde la Marina de Gue- 
rra tiene un arsenal, y además con numerosos establecimientos in- 
dustriales, y beneficiaríamos considerablemente lodo el Norte de la 
Provincia de Buenos Aires poniendo sus puertos en directa comuni- 
cación con el exterior. 

Con la ruta propuesta podrían adoptarse vapores del tipo de los 
usados en los Estados Unidos de Norte América y que tan ventajo- 
sos son para la navegación de los ríos y los vapores rápidos de pa- 
sajeros disminuirían el tiempo de sus viages en 5 ó 6 horas pu- 
diendo entonces competir con los ferrocarriles desde que ofrecen 
comodidades muchísimo mayores. 

He dicho. 



RUINAS CALCHAQUÍES 

FUERTE QUEMADO 

Por el doctor ADÁN QUIROGA 



A rumbo oeste de la población de Fuerte Quemado, en el valle de 
Santa María, y como á un kilómetro, más ó menos, del centro de 
la misma, encuéntrase sobre los cerros que la rodean la muy inte- 
resante fortificación nativa que lleva el nombre de Fuerte Quemado. 

Esta fortaleza está construida en un punto verdaderamente es- 
tratégico. Fuerte Quemado es un divisadero, pues desde encima de 
los cerros sobre los que se alza, domínase todo el valle Calchaquí 
al NE., hasta la punta de Quisca, detrás de la cual está ubicado el 
pueblo de Tolombón. De la íortaleza á la Quisca habrá unas nueve 
leguas. Dirigiendo la vista al E. y SE. vense todos los campos y 
planicies abiertas hasta las sierras de Siquimí y demás ramales del 
Aconquija. A los pies de la fortaleza dilátanse las verdes labranzas 
de la población, en un suelo sin accidentes, hasta la margen mis- 
ma del río Santa María, el que, como una serpiente brillante, se 
tuerce en forma de S, para seguir su curso con dirección NE. En 
la figura 1 aparece fotografiado el valle, desde las torres del Fuerte 
de que paso á dar cuenta. 

Después de andar un kilómetro desde el centro de la población, 
siguiendo el rumbo más arriba indicado, al doblar el camino que 
va á la Ghilca, dámonos ya, sobre las colinas, con el grupo de las 
tres torres cilindricas (figura 2) escalonadas de queme he ocupado 
en otra ocasión, atribuyéndolas á Inlihuatanas ó adoratorios sola- 
res. La primera de las torres hállase en un morro de fuerte pen- 



236 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

diente, y á 19, 70 metros de altura sobre el nivel del camino; la se- 
gunda se alza más arriba á 1 ,20 metros de distancia de la primera, 
y la tercera á 10,80 metrosde la segunda, todas ellas en línea recta. 
El muro de las torres consiste en una pirca construida muy sólida- 
mente de lajas planas y delgadas, acarreadas de la cima del morro, 
ligadas por un barro gredoso. Estas pircas tienen unos 0,65 centí- 
metros de espesor. Las torres han sido construidas en la pendiente 
de la loma que mira á la población, habiéndose derrumbado gran 
parte de sus muros respectivos, tal como se ve en la lámina. 



^ 




FiG. 1. —El valle desde his torres de Fuerte Quemado 



La mayor altura de la pirco conservada de la primera de las 
torres es de 2,10 metros; 2,08 metros déla segunda, y 2,10 metros 
de la tercera. La primera de estas medidas es, sin duda, el alto que 
las torres tuvieron. El diámetro de las tres torres es respectivamen- 
te de 4,10 metros, de 2,80 y de 3,20 metros. 

Las torres, de perfecta forma circular, se parecen alas de Watun- 
gasta (Tinogasta), con lasdiferenciasdequeestas últimas son enteras 
de barro, mientras que las primeras son de láminas de laja, revo- 
cadas con barro, el que en algunas partes consérvase aún adheri- 
do exteriormenie al muro. 

Cada una de las torres está provista desu puerta de entrada, con su 



FUERTE QUEMADO 237 

umbrtil, de 0,60 centímetros de luz cada puerta, las dos primeras 
abiertas del ladoS.O. de las torres, y la última del lado sud. Cada 
torre tiene al exterior una escalinata para subir y bajar, la que es 
formada por lajas salientes, unas después de otras, para asentarlos 




KiG. 2. — Toi'res cilindricas de Fuerte Quemado 

pies, distribuidas con su inclinación correspondiente para facilitar 
el acceso á las construcciones, ó para salir de ellas si fuesen ocupa- 
das sus puertas de entrada. 
Estos sólidos monumentos, que pudieron también haber servido 




FiG. 3. — Restauración de una torre cilindrica 



paraguarecerá los jefes que defendían la fortaleza, están asenta- 
dos sobre grandes rocas firmes y terraplén compacto de pedregullo. 
Ofrecemos una restauración de las torres en la figura 3. Va también 
la fotografía tomada del grupo de las mismas (figura 4). 

Frente á estas construcciones, y en una pequeña colina de unos 8 
á 9 metros de alto, del otro lado del camino, también se han cons- 
truido fortificaciones, consistentes en trincheras de piedra, muchas 
de ellas caídas. Estas protegían á la primera torre, desde una dis- 
tancia de 38 metros. 



238 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



A la izquierda de la fortaleza, como á una cuadra, hay un porte- 
zuelo por donde se entra á una quebrada que conduce al Cajón y á 
otros puntos. Este portezuelo queda perfectamente defendido por 
las construcciones militares de que acabo de dar cuenta, á lasque 
sirve-de complemento un gran cuadrado pircado de laja chica, suel- 
ta, sin barro, sobre lo alto del morro, y á 65 metros de distancia de 
la tercera torre. 

Las torres cilindricas no son masque los primeros reductos de la 




FiG. 4. — Torres circulares de Fuerte Quemado. 



gran fortaleza, que corona consusatrevidasy sólidas construcciones 
militares de piedra cinco elevados morros, que se suceden con una 
continuidad que el indio ha sabido aprovechar. Sobre el terreno mis- 
mo, y en dosdíasconsecutivosde trabajo, levantamos con Eduardo A. 
Holmberg el plano general de la fortaleza (figura o), el que dauna 
idea cabal de la manera como nuestros indios sabían defenderse en 
los contrafuertes de la montaña, aprovechando sus accidentes y sus 
asperezas, sus morros y sus flancos verticales que la hacen inacce- 
sible por uno de sus costados las sinuosidades del suelo y las pe- 
queñas quebradas por donde se internan ó se descuelgan los ca- 
minos, que es necesario defender, aunque no sea que para darse 
tiempo á emprender la retirada á la áspera y salvaje quebrada del 



FUERTE QUEMADO 



239 





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F'uGr/e ()ue¿r¿ci.dM 



240 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Cajón, que, como su nombre lo está indicando, es un refugio se- 
guro, guardado por muy escarpadas y altas montañas, en cuyos 
senos intransitables hay numerosas guaridas, conocidas sólo por 
las «ovejas de la tierra». 

El plano de la fortaleza nos está indicando gráficamente como 
aquella comienza con diseminadas defensas, que se protegen las 
unas á las otras, y en donde resistían á la ofensiva las avanzadas 
délos ejércitos indios, haciendo primero uso de la honda con pro- 
yectiles de piedra, cuando el enemigo se preparaba á ascender la 
montaña ó comenzaba á treparla; después valiéndose de peñascos 
rodados, aprovechando la inclinación del suelo cuando aquél cos- 
teaba las laderas, y después de la flecha, de la lanza y la macana, 
cuando embestía las trincheras ó se aventuraba á pelear cuerpo á 
cuerpo. Las pequeñas fortificaciones continúan sucediéndose hasta 
que se llega al centro mismo de lafortaleza, con sus cuadros pir- 
cados, pegados los unos á los otros, como las celdas del panal de 
las abejas, y defendidos aquellos á su vez por una doble ó triple 
corrida y sucesión de trincheras de piedra, escalonadas, en cada 
una de las cuales hay forzosamente que librar un combate desven- 
tajoso para el asaltante, el que arremete á pecho descubierto ó sim- 
[)lemente protegido por sus escudos de cuero, que sonarían como 
cajas destempladas cuando golpeaba sobre ellos una granizada de 
mortíferos proyectiles. Para dar una idea de estas construcciones, 
ofrezco el ejemplar de pircas (figura C). 

Cinco son, como lo dejé dicho, los morros sucesivos que el indio 
de Fuerte Quemado ha aprovechado para esta secular construcción. 
Dando vuelta por el camino de la Chilca, indicado en el plano, he 
llegado al pie del morro más alto, M\ y lo he ascendido á pie, tre- 
pando media hora el cerro, en dirección á las construcciones A, A ' 
A", alas cuales llegué á descansar de la fatiga del ascenso. Sobre 
este morro hay una pequeña planicie circular, limpia de piedras, 
de 24 metros de diámetro, viéndose en sus bordes el descensode una 
pirca caída, que rodeaba el morro, el que hacía las veces de una 
gran atalaya fortificada. Las construcciones A, A' , A", están le- 
vantadas dos en costado oeste, y la A" mirando al sud. Estas cons- 
trucciones consisten en cuadrados pircados, de las siguientes di- 
mensiones: A, 3,3 metros de ancho por 5,23 metros de largo; A', 
2,50 metros de ancho por 2,77 metros ; A", 2,30 metros por 7,50. 
El ancho medio de las pircas es de 0,60 centímetros. El alto de la 
pirca oeste déla casa A, que mira á la quebrada de la Chilca, es de 



FUERTE QUEMADO 241 

1,95 metros, y de la A', 2,20 metros, esta última sin duda más 
alta, por haber caido ana parle de arriba. 

He dicho, y así se ve en el piano^ que este morro está rodeado de 
una pirca; pues bien: no ha sido construida sólo esta línea de trin- 
chera, sino dos nicís, la B y B', que defienden el acceso al morro 
por sus costados O. y S., no necesitándolo por el E., porque la gran 
trinchera del morro siguiente M^ ataja el paso, y por el lado norte 
de la montaña en conjunto ésta es inaccesible, por ser naturalmen- 









FlG. 6. 



Pircas de la cima 



te cortada casi á pique. La pirca C del M^ es la misma B' á la vuel- 
ta del morro. 

La línea de trinchera de este segundo morro tiene abierta una 
puerta de 1,80 metros de ancho, que da paso hacia el oeste, estan- 
do indicada por dos pequeñas líneas paralelas que cortan la gruesa 
línea de trincheras. 

El tercer morro, M^ tiene dos casas, DD, y está defendido por 
una línea de pirca E. Al comenzar este morro del lado del Naciente, 
y coronándolo se alzan las nueve construcciones F, escalonadas, 
del mismo estilo de las A y A'. Estas construcciones tienen siempre 
su puerta de entrada mirando al Naciente, estando las puertas for- 
madas por piedras paradas. Treinta metros más abajo del morro, 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. LU 16 



2-42 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

y en sus faldeos, hay muchas otras conslrucciones, bastante 
regulares, apoyadas en trincheras, para defender la entrada de la 
denominada Quebradita del Portezuelo, Todas las aristas y filos de 
los faldeos están hábilmente aprovechados. Las pircas de este mo- 
rro son muy altas y anchas, conservándose casi en perfecto estado. 
Las construcciones principales se alzan sobre enormes peñascos. 
Siguiendo el descenso, y á la mitad de este morro, en medio de 
las construcciones, hay una gran gruta de piedra, que servía de 
casa natural, y que podría haber sido la carpa inmóvil del estado 
mayor; tiene 6 metros de largo, y bajo ella puede andar un hom- 
bre en pie. Las líneas escalonadas de trincheras y grupos de cons- 
lrucciones de este morro, son siete, tales como aparecen en el pla- 
no, y en perfecta disposición estratégica. 




Fie. 7. — Menhir. 



El morro M^ es sumamente interesante. En primer lugar, á su 
falda NO. tiene las tres torres cilindricas de defensa T, T, T, de que 
he dado cuenta al comenzar este trabajo (figura 2); enseguida, su- 
cédense grandes construcciones sobre la alta pendiente del Nacien- 
te, hasta que encima nos damos con cuatro grandes menhires tum- 
bados, uno de ellos G de dos metros exactos de alto, siendo talla- 
das sus caras, y teniendo insinuada su cabeza fálica (figura 7). 
Estos cuatro menhires pueden haber sido un observatorio solar, los 
que señalarían los cuatro puntos cardinales, indicando además las 
diversas estaciones del año, por la dirección y largo de la sombra 
proyectada; y, a propósito de observatorio solar, constataré además 
la existencia en estas montañas de Fuerte Quemado de Inti-huata- 
nas caldas, óadoratorios solares, sobre los que ya ha llamado bre- 
vemente la atención Lafone Quevedo (1). 

En la sección del morro de que acabo de hablar, como vese en el 
plano, levántase una construcción en cuadrado, rodeado de gran- 
des piedras, todo circuido, 20 metros más abajo, por una gruesa 
línea de trinchera H. Son estas las más largas pircas envolventes, 
de unos 300 metros de largo. 

(1) Tesoro de Catamarqueñismos , verb. Intihuatanas . 



FUERTE QUEMADO 243 

El pequeño morro MUiene altas pircas sobre una superficie pla- 
na. Las pircas son casi rectas, altas jmuy bien trabajadas. Las lí- 
neas de defensa son triples. 

El morro M^' está coronado de ruinas, que ocupan una vasta ex- 
tensión, j que consisten en trincheras que se han levantado en 
cualquier accidente de la montaña, para detener el avance del asal- 
tante. El morro es casi tan alto como el M\ y tiene dos trincheras 
escalonadas y otras paralelas de menor importancia, I. 

El morro M'^, frente á los M^ j M^, ocupa una larga extensión de 
cerro, que corre de este á oeste, con ligero declive hacia esta últi- 
ma dirección. Encima del morro aparecen tres construcciones cua- 
dradas, J;, encima. Los costados norte j sud del morro son inacce- 
sibles, y por lo tanto no han necesitado de defensas, que noexisten. 

Entre los morros M\y M^ hay una notable depresión de la mon- 
taña. A la mitad del camino entre los morros, se levantan una 
habitación grande y dos pequeñas unidas, K; y más abajo dos 
construcciones sucesivas, L, escalonadas, que hacen de reductos 
sobre un camino que por allí pasa. Finalmente, cerca délas torres 
cilindricas T, T, T, hay una gran casa en ruinas, con sus habitacio- 
nes, en la que viviría el jefe de la fortaleza, ya sobre el llano, N. 

Es de notar que en el campo bajo de una quebrada, á la parte 
inferior de la lámina, y á la derecha del camino á la Chilca, existe 
un gran panteón, formado áemounds, ó colinas artificiales revesti- 
das de pedregullo. Las excavaciones practicadas hacia el interior 
de los túmulos dieron por resultado encontrar numerosos cadáve- 
res y urnas funerarias, debiendo estos ser muy numerosos, pues 
sólo cinco délos monumentos sepulcrales han sido removidos. 



L'AGE 



DES 



FORMATIONS SÉDIMENTAIRES DE PATA60NIB 

Par florentino AMEGHINO 

(Suite) 



La supposition que le superpatogonien représente seulement les 
dépóls qui se sont accumulés dans les eaux peu profondes, est une 
erreur inexcusable puisqu'ily adanslesdeux formations desgrands 
bañes d'huitres qui prouvent que aussi bien dans le patagonien 
que dans le superpatagonien il s'esl accumulés des depots dans 
deuxeaux peu profondes. En plus, Tabsence de coquilles d'eau sau- 
mátre dans le superpatagonien, la rareté de Balanus, et la pré- 
sence de plusieurs genrescomme Bulla, Eulima, Fossarus, Tricho- 
thropis, Odonlostomia, etc., qui manque ou sont rares dans le Pata- 
gonien, indiquent que le superpatagonien, du moins en partie, 
s'est deposédans des eaux plus profondes qu'une partie du pata- 
gonien ; ceci est confirmé par l'abondance des Dentalium et d'es- 
péces de genres d'eau profondecommeles Pectén, Venus, Turritella 
Terebratula (Magellania), etc. 

A ce point de vu M. Hatcher n'a pas raison et il a encoré moins 
au point de vu stratigraphique. Les grands facies géologiques 
dépendant de la déposition des couches á une méme époque et dans 
des conditions diíférentes, ne se présentent pas supperposés verti- 
calement, si non se succedant horizontalement. Le cas présent est 
totalement différent. Dans le territoire de Santa Cruz le superpata- 



L^AGE DES FORMATIONS SÉDIMENTAIRES DE PATAGONIE 245 

gonien oii peut le suivre du nord au sud a pyrtir du Rio Sehuen 
jusqu'au delá de Coyle, c'est-;i-dire dans utie dislance de 160 kiló- 
metros; dans cet eiidroit il disparait sous les eaux de l'océan et 
au-dessous de couches plus moderiies. Vers Toiiest on peut le suivre 
depuis les bords de l'Atlantique jusqu'au pied des cordilléres sur 
une dislance de prés de 200 kilométres. II reparail dans le golfe de 
San Jorge, et 600 kilométres plus au nord dans le voisinage de 
Camarones, se présente encoré plus puissant qu'á Santa-Cruz. Of 
sur cette vaste étendue, le superpatagonien présente toujours le 
méme aspect el les mémes fossiles différeiUs de ceux du patagonien ; 
par tout le superpatagonien repose sur le patagonien ; a Sania Cruz, 
la séparation entre ees deux systémes de couches est nette el bien 
tranchée. Comment prelendre que deux formationssuperposéessur 
une si vaste región elavec des fossiles différents, ne représentent 
que deux facies d'une méme formation? Pour moi c'est une preten- 
sión absurde. 

Quant á des facies locaux superposés et avec allernance de fos- 
siles, il n'y a pas lieu d'en parler. C'est vrai que M. Halcher prétend 
que depuis la base du patagonien jusqu'au sommet du superpata- 
gonien on trouve partout les mémes espéces, maisnous avons déjá 
vu a l'aide de quel procede il arrive á ce résultat si disparate. Pour 
ma pan, quant á la distribulion des espéces parétages je m'en tienl 
aux resultáis de C. Ameghino, qui a colleclionné les fossiles de 
ees deux foruiations avec le plus grand soin, précisement en vu 
d'établir la distinction paléontologique entre ees deux series de 
couches. 

Sur ce point, dans les publications de M. Halcher el Orlmann on 
ne peut obtenir aucune informalion precise ou l'on y Irouve des 
renseignements de nalure á confondre á lous ceux qui n'ont pas 
l'occasion de conlrolerces renseignents sur place el par l'examen 
des collections. 

Comme exemple je vais m'arreter seulemenl un momenl sur les 
buitres. 

Le patagonien est caractérisé par une buitre tres grande el tres 
large qu'on l'avail toujours confondue avec VOstrea patagónica 
Orb. ; cette buitre ful reconnue comme espéce différente parM. Ihe- 
ringqui la nomma O.percrassa, et parM. Orlmann qui la designa 
sous le nom de O. Hatcheri, ce dernier nom ayant la priorilé par 
queslion de jours. Dans la formation santacruzienne il y a une au- 
Ire buitre différente de la precedente, el que comme celle-ci,on l'a- 



246 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

vait confondue aussi avec O. patagónica^ Philippi identifiaá tort 
cette espéce avec VO. Bourgeoisi de R. de Corbineau, et M. Orlmann 
la separa comme conslituant une espéce distincle qu'il nomma O. 
Philippi; M.Iliering, qui d'abord considérait cette forme comme 
constituantune varíete de V O. patagónica, YienlóereconmxílrQ qu'il 
s'agit d'une espéce difiéreme. M. Hatcher dans son premier rap- 
port (12, p. 337-338) il dit qu'il a trouvé ees deux espéces dans 
deux horizons différents, VO. Hatcheri dans la formation patago- 
nienne et VO. Philippii ádins Vétage superpatagonien, tel comme 
antérieurement avait été établi par C. Ameghino. Mais, dans son 
deuxiémerapport(2, p. 100-104) il nereconnaít plus de différence 
entre le patagonien et le superpatagonien qui ne constitueraient 
qu'une seule formation avec les mémes fossiles d'en basjusqu'en 
haut. M. Ortmann de son cote, soutient (98, p. 379) que les deux 
buitres qu'il avait décrit comme constituant deux espéces diffé- 
rentes, ne se distinguen! pas l'une de l'autre et ne représentent 
qu'une seule espéce qui serait aussi la méme que l'on trouve dans 
le lertiaire de la Nouvelle Zélande décrite par Zittel sous le nom 
d'O. ingens. 

Je ne suis pasmalacologiste mais malgré cela je distingue faci- 
lement l'une de l'autre les deux buitres de Palagonie^ et tous ceux 
qui lesonl examinées les ont trouvée différeiites. A un naturaliste^ 
sous le pretexte le plus savant que l'on veuille, il ne lui ail pas per- 
mi de confondre deux formes que ceuxqui ne sontpas naturalistes 
distinguen! tres bien Tune de l'autre. Ce n'est pas possible de con- 
fondre la grande buitre du Patagonien excessivement épaisse et 
Iréslarge, sur le typedel'O. ma¿c?'ma, avecl'huítredu superpatago- 
nien, pluspetite, plusminceet trésallongéesurletypedel'O. edulis. 
Comment est-il done possible que deux formes réellementdifféren- 
tes puissents'identifieravec une troisiéme? 

M. Ibering a fait examineráce point de vueau Musée de Vienne 
les lypes de O. ingens et l'on a reconnu qu'iis différenl de ceux des 
espéces de Patagonie; le méme auteur, dans un mémoire tout 
récent, demontre que O. Hatcheri áiííére óe O. Philippii. Or, nous 
Voyons M. Hatcber faire á cbaque instant mention de VO. ingens 
comme se trouvant aussi bien dans le patagonien que dans le 
superpatagonien, tandis que l'buítre qui porte ce dernier nom est 
une espéce qui n'existe méme pas dans la Patagonie. D'aprés ees 
renseignementsi! est absolument impossible de savoir dans cbaque 
cas s'il s'agit de la forme ronde et gigantesque (0. Hatcheri) oú 



l'age des formations sédimentaires de patagonie 247 

decelle plus petite et allongée (0. Philippii); on ne peut pas savoir 
davanlage si les écliantillons dont i\ parle viennent du patagonien 
inférieur, du patagonien supérieur ou du superpatagonien, etc. 
Bref : c'est un chaos, et Ton comprendra que pour la partie strati- 
graphique je ne puisse altacher aucune intiportance aux listes de 
fossiles et de localilés conlenues dans son dernier rapport. 

Dansson premier essai, fait avecplusde prudence, i I a étéaussi 
plus heureux; on y trouve des renseignements plus précis et que 
i'on peut, en partie du moins, utiliser. Ainsi, il reconnaítque dans 
les formations marines de la cote, Ostrea Halcheri se trouve dans 
le Patagonien, et Osírea PAí7i/j/)ü dans le superpatagonien, mais 
il ajoute que dans quelques localilés de l'intérieur il a trouve ees 
deux formes associées. Le fait esl bien naturel, car toujours entre 
deux formations qui se succédent sans discontinuité dans une mé- 
me contrée, on doit trouver des points de Iransition dans le sens 
vertical etaussi dans le sens horizontal. Cette association existe, 
mais seulement dans les endroits ou il ya transition entre les deux 
series, comme cela a été constaté par C. Ameghino au golíe de San 
Jorge (I I , p. 1 33) et autres localités. 

La succession naturelle, á partir d'en has est done la suivante: 

1° Formation patagonienne avec Ostrea Hatcheri seulement; 

2° Conches locales, de transition, avec Ostrea Hatcheri et Ostrea 
Philippii ; 

3° Formation santacruzienne(étage superpatagonien) avecOsirea 
Philippii seulement. 

Quand M. Hatcher pourra nous indiquer une localité oú Ton 
puisse constater que cette succession se trouve invertie, avec YOs- 
trea Philippii á la base et VOstrea Hatcheri aii sommet alors je rec- 
connaitrai que tous ees dépots sont d'une méme époque; en atten- 
danttous les faits prouvent le contraire. 

La distinction de ees deux formations á été reconnue aussi par 
tous les voyageurset naturalistes qui dans ees derniéres années 
ont eu occasion de les observer, en commencent par M. Mercerat 
(23, 24 et 25). M. Hauthal, nous aprend que dans le S. O. du terri- 
toire de Santa-Cruz, on rencontre les deux formations (57, pag. 46- 
47), et constate q-ue les dépots tertiaires inférieurs correspondants 
au patagoniens reposent directement sur le crétacé et sont caracté- 
risés par VOstrea Hatcheri ; ce n'est que plus haut, dans les cou- 
ches superposées du santacruzien qu'il constate Tapparition de 
VOstrea Philippii. M. Andró Touernouér qui vient de visiter la ré- 



248 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

gion